MESES OTOÑALES: LA TRISTEZA DE LA SEPARACION Y LA NOSTALGIA DEL AMOR
Holas!
Me reporto de regreso, no estaba perdida ni este fic ni ningún otro de los míos abandonado. Es mas podría haber actualizado juntos los dos capítulos pero preferí dejar pasar un tiempo entre ambos así los podían leer y disfrutar mejor.
Tengo que aclarar que este capitulo es 100% mío. Es la visión de Matsuri de modo que mi editor Pornográfico no tenia nada que opinar. Y no habrá lemon, si muchos "caldos de cabeza" y dosis de llantos varios.
En fin, muchas gracias por leerme se agradecen los reviews. Y ahora no sigo lateando por mas rato. Hago el respectivo disclaimer "KISHIMOTO SAMA" es el PUTO AMO, el BIG BOSS y Naruto con sus personajes son de su propiedad. Las invito a rezar hermanas para que el Gaamatsu sea canon; ¿Cuantas dicen ey men?
Cuando ocurre una ruptura, en los primeros días el hombre se ve muy tranquilo y hasta feliz; ha recuperado su libertad. Conforme pasan los días y las semanas esa alegría va decayendo hasta llegar a la franca desesperación al darse cuenta que está solo y no es más el centro de interés de nadie. Si sus sentimientos son genuinos intentara enmendar su error o buscara un reemplazo para no seguir solo.
En las mujeres en cambio el proceso es diferente, los primeros días llora, se siente fatal, pero conforme pasan los días y semanas su estado anímico va en franca mejoría hasta llegar a alcanzar un estado de equilibrio y tranquilidad que le permitirá estar con la mente abierta y bien dispuesta para nuevas experiencias
CEBOLLAR
Matsuri llego antes del tiempo presupuestado a su nuevo puesto de trabajo. Este era en una unidad de manejo de explosivos dedicada específicamente al recambio de minas explosivas en el desierto. La base donde ahora se encontraba residiendo se llamaba "el cebollar", ubicada en un oasis donde antiguamente se plantaban cebollas a 4.800 metros sobre el nivel del mar (Suna se encontraba a 1.600 metros sobre el nivel del mar) lo que creaba un clima muy agreste, hasta -15 º C al amanecer y una máxima de 11 º C al medio día, que caía abruptamente a las 17 hrs cuando se iniciaban ráfagas de viento de hasta 80 km/hr.
Su llegada al lugar fue todo un acontecimiento, era una base donde debido a la naturaleza de su existencia y ubicación, se encontraban acantonados ahí de forma exclusiva shinobis, ella era la primera kunoichi destinada allá.
El jefe de la base al ver llegar a Matsuri en lugar de un shinobi se rasco la cabeza sin lograr entender porque le mandaban a esa kunoichi, menos una bajita y menuda como ella, no veía para que podría ser útil alguien tan magro como ella, además que no era tonto y se daba cuenta que su presencia había causado un gran alboroto hormonal a sus hombres. Era una auténtica locura, una frágil palomita en el nido de los halcones.
Lo que ignoraba por completo el jefe era la naturaleza de la que estaba hecha Matsuri, tan pronto llego y sintió sobre si las miradas lujuriosas de sus nuevos compañeros y la mirada desdeñosa de su jefe subestimando sus capacidades como ninja, sumado a la intensa amargura y descontento que traía desde Suna, le dieron la fortaleza necesaria para no dejarse pasar por encima y cerrarle la boca al jefe que espera se quebrase. Pero lo primero que hizo fue poner en su lugar a sus compañeros; a pesar de no tener ropa femenina (por el contrario, vestía igual que cualquier hombre con varias capas de ropas sueltas que no destacaban en lo absoluto sus formas) estos parecían escolares hiper hormonados y no perdían oportunidad de dedicarle miradas impertinentes y comentarios lujuriosos entre dientes.
Eso hasta que Matsuri escucho un comentario dicho a sus espaldas y se dio vuelta exigiendo al que lo dijo que se lo repitiese en su cara. El susodicho lo repitió creyendo que no pasaría nada, pero estaba muy equivocado; ella estaba muy frustrada, furiosa por todo lo que había vivido hacia tan pocos días y tampoco estaba dispuesta que le faltasen el respeto nunca más. Por lo mismo lo tomo por el cuello con facilidad y lo levanto de su silla tras lo cual lo golpeo con fuerza en la cara y no conforme salto como fiera encima de el para continuar moliéndolo a golpes en el piso. Se lo tuvieron que quitar de las manos.
El jefe de la unidad estaba sorprendido; no esperaba que una kunoichi tan menuda fuese capaz de ser una fiera en el taijutsu, parecía que el rango de jounin no era porque sí.
A partir de ese momento, nadie más se atrevió a molestar a Matsuri con comentarios desubicados ni requiebros amorosos, algo que ella agradecía.
Las primeras semanas de adaptación a la altura fueron un verdadero infierno para ella, todas las mañanas apenas se levantaba de la cama, le atenazaban unas fuertes nauseas que le hacían devolver el desayuno y por las tardes a la hora de la cena padecía una somnolencia que le afectaba su razonamiento y como todos en el lugar debido al frio había desarrollado una gran afición al chocolate en todas sus formas: en barra, infusión, con almendras, etc. Y esa nueva afición había causado en menos de 3 meses un aumento de peso de aproximadamente 5 kilos que se disimulaban bastante bien bajo todas las capas de ropa.
Todos sus achaques los disimulaba y ni muerta los admitiría al jefe o sus compañeros, ella quería demostrarles y demostrarse a sí misma que no era una frágil muñeca, sino que era una kunoichi fuerte e independiente que no necesitaba que la protegieran.
Pronto las náuseas cedieron, pero la somnolencia persistía junto con nuevos síntomas, como sus pies hinchados al final del día a los que atribuyo como causa la falta de oxígeno debido a la gran altura en que se encontraba trabajando y lo agotador de su trabajo.
Debía ocupar al igual que sus compañeros ropa protectora para poder trabajar con explosivos que en conjunto pesaba 15 kg. Todas las mañanas la levantada era a las 3 am y a las 4 am se partía al lugar donde trabajarían; este consistía en detectar minas antiguas enterradas en la arena, debían desenterrarlas con cuidado y desactivarlas. Posteriormente instalaban un nuevo aparato explosivo más seguro. Debido a la naturaleza deslizable de la arena era inútil hacer mapas de ubicación, por lo mismo las minas debían ser detectadas con un aparato especial. Debido a las escasas horas de luz y el frio del lugar que tenía un solo clima en todo el año, a las 20 hrs. todos ya estaban dormidos.
El jefe de la unidad superado el escepticismo inicial estaba muy contento con el desempeño de Matsuri, no solo era tan competente como cualquier shinobi no requiriendo de ningún trato especial, sino que también había demostrado dotes excepcionales para organizar, planificar y ejercer liderazgo; ya comandaba su propia compañía y desde que había llegado, la base no solo se encontraba tan limpia como para comer en el piso, sino que no había tenido falta de víveres o de elementos básicos para vivir, los libros de control estaban ordenados y los informes que eran redactados por ella, eran enviados puntualmente a Suna. Nunca había funcionado tan bien la base hasta ese momento y el jefe no tenía intenciones de dejarla ir.
A Matsuri la estadía en la base de desminado había abierto frente a ella un mundo de posibilidades que nunca había pensado; siempre a la sombra de Gaara, siempre al pendiente de sus deseos, jamás se había planteado que era lo que quería ella o más bien que deseaba hacer, siempre había pensado de sí misma que era débil, frágil y dependiente. Había descubierto que no solo no lo era, sino que era además de muy competente una buena líder y que todas sus dotes habían estado eclipsadas tras la sombra de Gaara. Por ese motivo es que decidió dar un paso más en su carrera militar y se inscribió para rendir el examen de Toukubetsu Jounin y así pasar a formar parte del alto mando del ejército ninja de Suna; hasta ese momento nunca se había planteado comandar su propia unidad, pero se había dado cuenta que estaba más que preparada para ese nuevo desafío y deseaba fervientemente demostrarlo cuanto antes y de paso darles en la cara a los viejos vinagres del consejo que no olvidaba la habían exiliado de Suna, por considerarla insignificante y poca cosa. Destruyendo de paso sus ilusiones y sueños algo que no estaba dispuesta a olvidar y menos aun perdonar.
UNA NUEVA ESPERANZA
Los meses lejos de Suna había traído tranquilidad a su corazón; no había olvidado en lo absoluto a Gaara, pero ya no lloraba todas las noches añorándolo y preguntándose qué había sucedido; si bien el jamás le había dicho te amo, sus miradas y sus gestos se lo gritaban. No podía olvidarlo y sabía que jamás lo haría, pero tampoco estaba dispuesta a quedarse viviendo de los recuerdos y por lo mismo necesitaba de nuevos desafíos para continuar. En la base se trabajaban 20 días y se descansaban 10.
En su necesidad de alejarse de Suna, los días de descanso en lugar de ir a la aldea de la arena, prefería ir a la capital del país del viento, aun no se sentía lista para poner un pie en Suna y verle, aunque fuese de lejos y ni hablar de tenerlo frente suyo. Temía hacer el ridículo y llorar a mares en publico.
Por medio de las cartas le llego la invitación al matrimonio de Temari quien además deseaba que fuese una de sus damas de honor, invitación que ella declino enviándole una sentida carta más su regalo; aún no estaba en condiciones de encontrarse con Gaara en un mismo lugar sin romper en llanto. De hecho, parecía que estaba cada vez más sensible y lloraba cada vez con mayor facilidad y le era toda una odisea disimular sus deseos de llorar frente a sus compañeros. Afortunadamente, por ser la única mujer de la base tenía una habitación con baño privado para ella sola, así que podía encerrarse a llorar libremente y no solo eso: durante el día, pero con mayor intensidad por las noches sufría intensos ataques al colon que le producían fuertes cólicos, parecía que sus intestinos se le retorcían y por más que tomaba toda clase de medicamentos no lograba eliminar los gases retenidos y por el contrario con cada semana que pasaba los cólicos parecían ir en aumento.
Por las cartas se enteró que Temari se había casado con 6 meses de embarazo y que Sari tenia también 5 meses de embarazo. Parecía que la cigüeña estaba haciendo estragos a los hermanos Sabaku No; fue inevitable para ella el llorar amargamente, ya que si no estaba con Gaara jamás estaría con otro y por lo tanto nunca seria madre, siempre estaría sola. Sin duda su camino nunca se cruzaría nuevamente con el amor y esa expectativa reavivo en ella el dolor de la perdida.
Aun dejando de lado esos episodios donde se le hacía más patente su soledad, el tiempo se había ido deslizando y ya habían pasado cuatro meses sumida en las alturas; la mayor parte del tiempo se encontraba tranquila concentrada en hacer bien su trabajo y en su tiempo libre en prepararse para el examen para el que solo faltaban dos meses. Tenía pedidas vacaciones para el último mes previo al examen para prepararse bien ya que deseaba fervientemente conseguir el ascenso. Desde que Gaara la tomo por alumna hasta ese momento nunca había tomado vacaciones, si quisiese podría pasar medio año en vacaciones. No podía evitar sentir anticipación, aunque las fuese a pasar mayormente estudiando, nunca había tenido un descanso y además del estudio planeaba disfrutar un poco de la capital y sus alrededores, como lo haría una persona normal.
Las cosas se encontraban en ese tenor cuando en uno de sus descansos viajo a la capital, donde además de estudiar aprovecharía de pasear y descansar. También tenía pensado ir a ver un médico para ver si le ayudaba con sus malestares que si bien no eran invalidantes le causaban incomodidad por su persistencia, además que se le había sumado un nuevo y molesto síntoma; cuando sentía deseos de orinar debía hacerlo de inmediato, sino de lo contrario se orinaba encima, lo que era muy incómodo cuando se encontraba con 15 kg de ropa y en medio del desierto rodeada de subalternos.
Claro que una vez paseando por la capital sus intereses médicos habían pasado a quinto plano. Ese día se había vestido con unos jeans de hombre que le quedaban muy sueltos y eran de corte recto y simple que en el descanso anterior le quedaban sueltos de la cintura: ahora le quedaban incómodamente ajustados y tuvo que acomodarlos a sus caderas (debería aflojarle a los chocolates pensó, pero después del examen para tolerar mejor la ansieda, se dijo) y lo acompaño de una leñadora también de hombre que le quedaba muy holgada, debajo una camiseta blanca y unas zapatillas de running muy cómodas. Así vestida de forma muy sencilla salió a pasear dispuesta a disfrutar del día.
Mientras caminaba relajada saboreando un helado de limón que había añorado por semanas (había llegado a soñar con el, llegando incluso a sentir su gusto acido en la boca), su vista se posó en el titular secundario de un diario que señalaba que el Kazekage ese día tenía una entrevista matrimonial con una linajuda y acaudalada heredera.
La supuesta calma de Matsuri se desmorono, todo su pequeño mundo que había construido durante esos meses se vino abajo en pocos segundos; un dolor inmenso se instaló en su corazón oprimiendo su pecho, dejándola sin aire y no pudo reprimir los deseos de llorar a los gritos, sentía un gran malestar físico, parecía su cabeza daba miles de vueltas y en su vientre sus intestinos habían enloquecido y giraban para todos lados, presionando con intensidad provocando un gran dolor en su columna lumbar y su bajo vientre, sentía que la presión buscaba salida entre sus piernas. De pronto todo se oscureció y solo escuchaba voces desde lejos y con gran esfuerzo tuvo que sujetarse de extraños para evitar caer al piso.
No tuvo noción de lo sucedido, se sentía muy agotada, no sabía en donde estaba, pero se sentía muy cómoda en una cama, por más que lo intentaba no lograba abrir sus ojos y el sueño la vencía sin misericordia y termino rindiéndose a el. Despertó a la mañana siguiente en un hospital civil de la capital, según dedujo por la ambientación del lugar, en lugar de su ropa vestía una sencilla bata de hospital y tenía un suero puesto en la vena de un brazo. Se incorporó un poco en la cama y se dio cuenta que no estaba sola en la habitación, sino que junto a ella se encontraban otras siete mujeres en evidente estado de embarazo. No lograba comprender que estaba haciendo ahí en medio de esas embarazadas.
-Al fin despertaste bella durmiente, parece que estaban cansados tú y él bebe- le dijo la partera que llego a controlar sus signos vitales, quien sin pedirle permiso le puso un termómetro bajo una axila y le tomo la presión en el otro brazo.
-Creo que hay una equivocación, yo no estoy embarazada- dijo Matsuri intentando incorporarse en la cama, acción que fue detenida por la partera, quien la acomodo nuevamente en la cama y le descubrió el vientre.
Con asombro Matsuri sintió como las manos de la partera al tocar su vientre activaba los cólicos que sentía desde ya cuatro meses y que habían ido en paulatino aumento.
-Por el tamaño de tu útero tienes cerca de 28 semanas o sea unos siete meses, esto que toco aquí es su traserito, esta es la cabeza, su columna y aquí están sus brazos y sus piernas. Ahora escucharemos su corazoncito- dicho esto acerco a su vientre un aparato parecido a un micrófono embebido en gel, de inmediato se escucharon unos latidos muy rápidos, casi al triple de la velocidad del corazón de Matsuri, claramente "eso" que latía no era su corazón, era el corazón de su… ¿bebe?
Las lágrimas brotaron gruesas de los ojos de Matsuri al tomar bruscamente contacto con la realidad; había estado embarazada por 7 meses y no se había dado cuenta. Su bebe había sido expuesto a grandes riesgos al estar trabajando a gran altura, usando explosivos, la ropa protectora tan pesada. Se sentía muy estúpida por no darse cuenta y culpable por no cuidarlo. Con las manos temblorosas se acarició con cuidado su vientre.
- No lo quieres, ¿verdad? ¿por eso lo niegas tu embarazo y estas llorando? - le dijo la partera con preocupación.
-No lo voy a abandonar, de verdad no sabía que estaba embarazada, sino lo hubiese cuidado mucho- le respondió Matsuri emocionada y sin dejar de acariciar su vientre, sintiendo los movimientos de su bebe como tales y no como molestos cólicos.
El resto del día se lo paso en revisiones médicas, donde además de medir a su bebe con el ultrasonido le dijeron que era un varón y si bien ella se desmayó en la calle debido a un sobre esfuerzo físico y emocional, tanto la madre como él bebe se encontraban en perfectas condiciones, si bien solo había aumentado cinco kilos en lugar de 7 como era lo mínimo esperable a los 7 meses de embarazo, su hijo era muy saludable, ella había adelgazado, pero también estaba muy sana y debía recuperar peso si quería lograr amamantar a su bebe (la grasa era muy necesaria para producir una cantidad adecuada de leche le explicaron). A pesar del shock inicial, se sentía muy feliz de saber que tenía un bebe creciendo dentro suyo, ya nunca más estaría sola.
A la mañana siguiente regreso al hospedaje; tenía mucho en que pensar y replantearse su vida. Ya no se trataba solo de ella, sus necesidades y sus metas a lograr, ahora debía pensar en dos y debía primar el bienestar del pequeño que estaba creciendo en su vientre.
Ahora sabía que lo que ella creía cólicos eran los movimientos de su bebito y que todos sus síntomas tan extraños se explicaban por su embarazo.
Descarto de plano regresar al campo de desminado, el médico le explico que el trabajar a gran altura la exponía a un parto prematuro, ya que le provocaba alzas de presión (por eso sus pies hinchados) que cargar pesos (la ropa protectora) también le ponía en riesgo que se desprendiera la placenta y provocar una hemorragia con el riesgo inmenso que significaba para la vida de los dos, claramente debía realizar trabajos livianos o descansar en casa. Si su situación fuese regular, no estaría trabajando o lejos de casa con un embarazo tan avanzado. Ella debería estar en casa, descansando, durmiendo y engordando tranquila, siendo mimada por Gaara, felicitada por todos sus amigos por ser la futura madre de un precioso niño. Pero esa no era la suerte que le había tocado.
El verse cara a cara a solas con su realidad le causo una nueva crisis de llanto; seria madre soltera y tendría que criar ella sola a su hijo. Gaara había sido muy claro con respecto a sus sentimientos. No la amaba y ella no estaba dispuesta a atarlo con un hijo. Su bebe era ahora lo más bello y más sagrado que tenía, por lo mismo descartaba de plano el utilizarlo como moneda de cambio para obtener a Gaara.
Y su amor propio que había sido herido profundamente al escuchar que él no le amaba, no hacia nacer en ella el deseo de hablarle del bebe, por el contrario a pesar de amarle como jamás amo (ni amaría a nadie) lo deseaba lejos, lo más lejos posible de ella y su bebe, no deseaba hacerse más daño de lo que ya estaba sufriendo por su rechazo, además que pensaba en su hijito al que tampoco estaba dispuesta a que fuese lastimado "es mejor un padre inexistente que uno indiferente o negligente" y no estaba dispuesta que su bebe conociera el rechazo o la indiferencia. No si ella podía evitarlo, para eso lo llenaría de amor, le daría todo el amor que tenía para entregar.
Por otro lado, también estaba el consejo, si los viejos se enteraban que estaba esperando un hijo de Gaara, podrían intentar quitárselo sin tener piedad alguna sin importarles el bienestar de él, argumentando su bajo rango y sus pocos recursos para poder cuidarlo de forma apropiada y Gaara lo más probable es que no hiciera nada por defenderlos a ella y al bebe. Para el siempre estarían primero la aldea y los deseos del consejo.
Por lo mismo era de rigor aprobar el examen si o si para ingresar al alto mando. Sería la única forma de poner su hijo a salvo de las sucias manos del consejo y evitar que lo separasen de ella y una vez que él bebe estuviese en condiciones, se podrían marchar lejos de Suna en alguna misión que durase varios años hasta que el niño estuviese en edad de ingresar a la escuela ninja, siempre que tuviese condiciones para ingresar y si le interesase ser un ninja.
Debía en adelante, planificar cuidadosamente cada uno de sus pasos y no debía cometer errores, que podrían tener graves repercusiones y causar daños irreparables en la vida de su pequeñito que había llegado silenciosamente de polizón a su vientre y que en cosa de horas había puesto patas arriba toda su triste y gris vida, llenándola de alegría, color, amor, esperanza y energía, todo lo bueno por lo que valía la pena vivir. Y por El, por su bienestar estaba dispuesta a luchar y protegerlo. Su objetivo en adelante sería la felicidad de su bebito.
Pero de momento debía de disfrutar de su instante único. Por ignorancia había dejado pasar valiosos meses de su embarazo y ahora deseaba disfrutar del pequeño que crecía en su vientre y que era suyo, absolutamente suyo, parte no solo de su cuerpo sino de su alma. Ella había amado con todas sus fuerzas y dio todo lo mejor de sí y ese bebito dentro suyo era sin duda el mejor de los pagos, el consuelo a todas las penas sufridas a lo largo de los últimos meses.
Se desnudó de todas sus ropas y se observó en un espejo de cuerpo entero que había en la habitación que ocupaba en el hospedaje. Por meses se había vestido a las apuradas incluso a oscuras, pero ahora viéndose a plena luz y con calma notaba los cambios en su cuerpo. Sus senos habían aumentado tres tallas de brassier (lo había achacado a al aumento de peso) y sus pezones y areolas ahora eran muy grandes y se habían oscurecido, ya no eran rosados, sino que de color marrón claro. Las venas en los senos se le habían marcado y parecía se iban a reventar por la presión. Y en su vientre que lucía apenas abultado por su desarrollo muscular y su escaso aumento de peso se marcaba una línea marrón que lo recorría de arriba abajo y si lo forzaba a salir su vientre sencillamente se veía enorme. Sus caderas estaban más anchas y de perfil se notaba la curva de las vértebras lumbares más acentuada que antaño haciendo contrapeso a su vientre en crecimiento. A pesar de la incertidumbre por el futuro, estaba feliz de saber que dentro de dos meses tendría a su bebe entre sus brazos; después de tantas tristezas ya nunca más estaría sola, ahora tendría a su hijo, su propia familia y al final eso era lo que importaba.
Pero de momento sabía que debía ser cautelosa, si era descubierta antes del examen no le permitirían rendirlo por su avanzado embarazo e intentarlo después sería muy difícil de aprobar teniendo que cuidar de su bebe.
Lo primero que hizo por proteger a su bebe, fue adelantar sus vacaciones con el pretexto de preparar su examen y se estableció de forma temporal hasta el examen en la capital, decidió evitar ir a Suna para no ser descubierta y para pasar tranquila los últimos meses de embarazo, además de asistir con total tranquilidad a sus controles de embarazo lejos de miradas indiscretas y preguntas inoportunas. Llegaría a Suna solo dos días antes de la fecha del examen y sería muy discreta haciéndose notar lo menos posible, evitando al máximo el dejarse ver en público. Era una ventaja que ese examen no evaluase ninjutsu, taijutsu o genjutsu lo que hubiese sido muy arriesgado en su estado; ese examen media competencias de otro tipo como administración, estrategia, planificación, etc. que marcaban la diferencia de quienes estaban en el alto mando con quienes solo eran ninjas operativos. Tenía dos etapas: un examen escrito que duraba cinco horas y una ronda de interrogaciones frente a un jurado. En total las evaluaciones se extendían por tres días o incluso por una semana si es que el jurado tenía dudas o discrepancias en su apreciación. Y si bien no tendría que realizar esfuerzos físicos, mentalmente seria agotador y extenuante además de tener que pasar horas sentada, todo un reto considerando su avanzado estado. No podría decir que sería una prueba sencilla de pasar.
Moría de ganas de contarle toda la verdad a Sari, que también seria madre dentro de poco tiempo, pero sabía que ella no sería capaz de guardar el secreto, menos si sabía que se presentaría al examen, sin dudarlo correría a contárselo a Kankuro y ahí seria de conocimiento inmediato de Gaara cosa que de momento no le apetecía, ya que no se sentía de ánimos para escuchar de su boca alguna verdad dolorosa que le hiciese daño a ella y a su bebe. Y menos aún tener que soportar su indiferencia y frialdad.
Finalmente, no se pudo contener y le contó a Sari la verdad a medias: le dijo que tendría una cita a ciegas con un tipo dentro de dos meses. Sari enloqueció de curiosidad tapándola de preguntas y cada día era más difícil contentarla con pistas muy vagas, pero debía contenerse sino de lo contrario todos sus planes cuidadosamente trazados se irían al tacho, al menos hasta aprobar el examen.
Sari le pidió ser su madrina de bodas, se casaría con Kankuro a las 40 semanas de embarazo, prácticamente casi a punto de parir, pero sería en consideración a ella y a su necesidad de rendir tranquila el examen. La verdad es que en ese momento ya no le preocupaba ver a Gaara, por el contrario, era claro que si tenía la oportunidad, ese era el momento para hablarle del bebe, solo para informarle no porque esperase que él le pidiese matrimonio, ni siquiera esperaba que se ofreciese a hacerse cargo del niño. Estaba mentalizada para ser madre soltera e inscribir a su pequeño como hijo de padre desconocido. Sería una mera conversación informativa, rodeados de extraños por lo tanto sería muy breve y concisa al final de la fiesta de bodas por las dudas por si tenía que salir a las apuradas de ahí para evitar que le viesen su rostro anegado en lágrimas o si su bebe se molestaba y debía correr al hospital. Quedaba claro que los días había ido transcurriendo aclarando sus ideas y sus planes para el futuro inmediato de ella y su bebe.
Establecida su residencia temporal en la capital, totalmente concentrada en su bebe y en el examen y dejando de lado sus otras preocupaciones por el momento, ya tenía claro que le tocaría presentarse al examen con 37 semanas de embarazo, prácticamente con nueve meses, pero no tenía otra opción y si se ponía complicado y el bebe se adelantaba tenía la tranquilidad que él estaba listo para nacer, lo que le daba seguridad para seguir adelante. Así que solo quedaba cerrar los ojos y concentrarse en dar su mejor esfuerzo en el examen.
Las semanas se deslizaron rápidamente entre el estudio, las clases de preparto donde le enseñaron lo necesario para cuidar de un recién nacido (ella no sabía nada de bebes nunca había estado con uno cerca, ni siquiera hasta ese momento sabia como se tomaban en brazos), el entrenamiento físico especial para embarazadas al que se inscribió, donde asistía junto a otras embarazadas para prepararse de forma física y mental para el parto ( le habían enseñado a como respirar para disminuir el dolor y también como era un parto y lo que ella debía hacer), además de sus controles médicos a los que asistió puntualmente cada semana. Su vientre había seguido creciendo, si bien no tan abultado como en la mayoría de las embarazadas, ya era de dimensiones importantes y ella se esmeraba en lucirlo en sus clases y disfrutaba de ver en un espejo como este se deformaba con los movimientos de su bebe.
Pero sin duda alguna lo más sorprendente era el cambio en su delantera que de ser del montón ahora era enorme, capaz de poner verde de envidia a Tsunade Senju. Era sin duda la delantera perfecta, lástima que con la panza no lucia del todo; le era llamativo como a hombres de todas edades y condiciones desviaban su vista a sus ahora "melones". Sin duda algo importante a tener en cuenta si quería disimular su vientre abultado al regresar a Suna era distraer la vista con sus "melones", así que puso manos a la obra y preparo un nuevo vestuario apropiado para su regreso a Suna, que disimularía su vientre y usaría su delantera y sus largas piernas como distractores.
Recordó que antes de partir había destruido su apartamento y sus muebles. No le quedó más remedio que pedirle ayuda y alojamiento a Sari, que sabia estaba viviendo junto a Kankuro en el apartamento familiar donde también se encontraba Gaara.
Sari estaba muy sorprendida por su petición, jamás imagino que su dulce hermanita podría reaccionar de una manera tan violenta destruyendo su hogar en un ataque de ira; le permitiría usar su apartamento mientras reparaba el suyo a las apuradas en espera de que llegase pronto el "visitante", ya que le señalo sería muy complejo que el "visitante" (Sari creía que se trataba de un novio que había conocido por una página de internet) estuviese en el apartamento suyo, a ella le ponía en una situación incómoda con los Sabaku No, algo que Matsuri le pidió le explicase pero Sari no pudo o no quiso. De modo que después del examen tendría poco tiempo para acondicionar su apartamento y recibir a su bebe, con suerte un par de semanas si lograba llegar a las 40 semanas de embarazo.
Comenzó finalmente el viaje de retorno a Suna, faltaban menos de 48 hrs. para rendir su examen, subió al vagón del tren y no pudo evitar sonreír como una niña pequeña. Hasta ese preciso momento jamás había viajado en el coche de primera clase, pero su bebe lo valía y sabia debía viajar con la mayor comodidad posible (en realidad no debería viajar a ninguna parte por su avanzado embarazo). Y se dispuso de inmediato a dormitar lo que durase el viaje hasta Suna.
Antes de bajar del tren, como era habitual todos los pasajeros fueron sometidos a un control de identidad, ella lo paso sin problemas, por el contrario, los ninjas que lo efectuaban la reconocieron de inmediato y la saludaron afectuosamente y sin dilación le estamparon el permiso de ingreso. En poco rato ya estaba instalada en el apartamento de Sari disponiéndose a descansar para iniciar una nueva etapa en su vida. Ya solo faltaban 24 hrs. Para el examen y para lo que fuese que estuviese por venir.
Esto seria todo por hoy mi gente querida. Espero les agrade y si no me pueden mandar sus tomates por reviews, PM etc.
El próximo capitulo se llamara "Celos y Verdades" y tendrá los puntos de vista de Gaara y Matsuri, ahí nuevamente comparto créditos con mi amado editor pornográfico. Solo les adelantare que no será verse y fueron felices para siempre...
Una vez mas muchas gracias por leerme y gracias a quienes siguen esta historia y muchas gracias a quienes me escriben sus reviews o PM.
Recuerden que "todo nos impulso hacia adelante, incluso una patada en el culo"
Besos y gracias totales.
