Disclαimer αpplied.
Pólvorα & Polvo
II
En las manos del ser extraño
No entendía las razones que la llevaban a hacer lo que hacía. Retener a un japonés en el granero de su casa no solo podía resultar peligroso, sino letal, considerando que podía ser un espía o el señuelo para que más soldados enemigos se adentraran en la aldea y la destruyeran tal como pasó con su pueblito pesquero seis años atrás.
Un poco más de opio podía… No, no lo haría. Ella no era como ellos. No era una asesina.
No era como ellos y nunca lo sería.
Al principio creyó que ambos se parecían: heridos y abandonados a su suerte. Completamente solos. Pero con el tiempo se dio cuenta de que no era así. Sesshōmaru tenía un porte magnífico incluso estando al borde de la muerte, y ahora que se estaba recuperando esa impresión no hacía más que volverse todavía más fuerte.
Debía hacer algo. Y debía hacerlo ya.
—¿Rin? —Sango la sacó de sus cavilaciones—. ¿Te encuentras bien, querida?
La reunión de esa noche se llevaba a cabo en la casa de Sango y Miroku, un matrimonio joven con tres hijos pequeños. Rin volvió en sí y notó que las miradas de todos los presentes se encontraban clavadas en ella.
—No —reconoció—. No estoy bien. Tengo que confesarles algo.
—Nos estás preocupando, Rin —dijo Miroku—. ¿Qué pasa? ¿Algo anda mal con Natsuko?
Entonces Rin se armó de valor:
—Tengo a un soldado japonés guarecido en el granero.
Un silencio mortal se hizo tras pronunciar aquellas palabras. Rin tragó en seco, sumamente nerviosa. Aquello podía ser considerado una traición de su parte.
—¿Tienes… tienes a un maldito japonés en tu granero? —preguntó Kohaku, el hermano de Sango, anonadado por la noticia.
—Rin…
—¡¿Y por qué no nos lo dijiste?! —saltó Inuyasha, irritado—. ¿Por qué te callaste?
—¡Lo siento! Estaba herido y no supe qué hacer con él —se disculpó, pero supo por la mirada de Inuyasha, que esta no era una excusa válida.
—Cálmate, Inuyasha —intervino Miroku—. Esto no es culpa de nadie.
—Seguro —ironizó el aludido—. Seguro que te encuentras con un jodido japonés todos los días en el bosque.
—Inuyasha, estás siendo cruel.
—¡Pero si es cierto!
—Silencio —llamó Miroku, y todos lo miraron—. Dinos cómo lo encontraste, Rin.
Y ella, sintiéndose un poco culpable, decidió contarlo todo tal y como había pasado, incluso que llevaba varios días escondiendo al hombre en su casa. Pudo ver las expresiones de sus compañeros, y estas variaban entre la comprensión, la ira y la decepción.
—Hay bases militares cerca de aquí —comentó Kohaku—. He descubierto una a cuatro días de camino. Es un hecho que viene de ahí.
—Entonces hay algo que debemos hacer de inmediato —dijo Inuyasha, levantándose del suelo en donde se sentaba, y dirigiéndose rápidamente a la puerta de la cabaña.
—¡Inuyasha! —exclamaron al unísono, pero el muchacho no les respondió.
Sesshōmaru se encontraba en medio del sueño y la vigilia, observando sin ver una mancha en la pared del granero, cuando oyó cómo la puerta se abría con violencia y dejaba pasar a un furibundo joven de pelo negro y ojos sorprendentemente dorados.
Dorados como los míos, alcanzó a pensar antes de que el desconocido acercara un cuchillo peligrosamente afilado a su garganta.
—Escúchame bien, maldito puerco —siseó el joven: —no vas a ser el artífice de nuestra desgracia. Rin es generosa y te salvó de la muerte, pero yo no lo soy.
La punta del cuchillo rozó la delicada piel de su cuello, y Sesshōmaru estuvo seguro de que una fina línea de sangre comenzó a brotar de ella.
—¡Inuyasha! —exclamó otro hombre que había entrado a la estancia—. ¡Inuyasha, baja ese cuchillo ahora!
Mas el aludido no lo hizo; tan solo se limitó a dirigirle la mirada a aquel que hablaba.
—Tú, japonés —continuó el recién llegado, y Sesshōmaru notó el tono peyorativo con el que dijo su nacionalidad—. Rin te salvó, y deberías estar agradecido con ella por el resto de tu vida.
»Nosotros no somos asesinos como ustedes. El invierno está por llegar, y la nieve lo cubrirá todo a su paso. Te quedarás aquí con nosotros hasta entonces. Pero recuerda: la estadía aquí será buena o mala dependiendo de ti. —Sonrió—. Déjalo, Inuyasha.
Entonces, cuando el muchacho bajó el arma, quiso responder a la amenaza de aquellos hombres.
Pero no pudo.
No pudo porque en ese instante sus ojos y los de Rin hicieron contacto. Y, por primera vez, ella no lo miraba con odio.
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¿Se merece un review?
Bitácorα de Jαz: decidí adelantar el segundo capítulo porque fueron demasiado generosas conmigo [corazones]. Aunque como le comenté a una de las churras en un MP, quería actualizar cada tres semanas, pero al cambiar ciertas cosas de la estructura, voy a procurar que sea, al menos, cada dos domingos.
Muchísimas gracias. En serio, no las merezco :3
»lisa.
»Cecil Pierce.
»Ainhoa11.
»Katy Beth.
»Simy-chan.
»April Starligth.
»lieyeih.
»Cath Meow.
»Milagros Ala.
»Rin Hudson.
»danae.
»Invitada.
»Jaz.
¡Muchísimas gracias por sus reviews!
¡Jajohecha pevẽ!
11 de julio de 2018, miércoles.
AH: Si les gusta el Inukag, pueden pasar por Sinners are saints [ojitos].
