—¿La contrataron? ¿Mamá estuvo de acuerdo?
Tanto tiempo fuera y recién se enteraba, para ser sincero, había olvidado ese detalle. Entonces, cuando salió de la habitación, sintió a alguien merodeando en uno de los pasillos. Tremenda fue su sorpresa al encontrarse a una niña tanteando las paredes. Poco le costó notar que la chica de cabello rosa era ciega, y no pudo hacer más que acercarse para apreciar el color de esos ojos. Fue ahí cuando le habló, no sabía quién era o qué hacía ahí, en su casa. La notó nerviosa, probablemente para ella fue complicado escuchar una voz desconocida. Aún estaba desconcertado, nadie le había informado que ese pequeño punto rosado viviría bajo su mismo techo. Tampoco era un detalle que le preocupara, él solía encerrarse en su cuarto la mayor parte del tiempo. La otra, no estaba en casa.
—A Sakura no le llevó más de dos minutos conquistar el corazón de mamá. ¿Qué tienen esas niñas? Dan ganas de tenerlas cerca todo el tiempo. —Parloteó su rubia hermana, levantándose de la cama. —¡Sa-su-ke! Acompáñame al centro comercial, hay un nuevo vestido y...
Ah, ese sería un largo día.
La segunda vez que la vio, ocurrió cuando fue a la cocina en busca de una botella de agua. Sakura degustaba un plato de galletas, la saludó por cortesía, y ella no tardó en devolver el saludo con dulces palabras y una sonrisa. Le deseó un buen día, pues era bastante temprano. Él, hombre de pocas palabras, sólo respondió (Luego de una larga pausa), un neutro "Hasta pronto". Tuvo presente la curva de esos rosados labios todo el maldito día.
La tercera, no sabía que sería hoy. Llegó a casa luego de caminar por el parque, disfrutaba de sus últimos días libres. La rutina de la escuela no tardaría en hacer su aparición, y debería ver a los escandalosos casi todos los días. Eso era estrés asegurado, especialmente pasar tiempo con el idiota de su mejor amigo. Lo apreciaba, sí, pero a veces daban ganas de arrancarle la voz de un buen golpe. Sintió unos delicados pasos, el tarareo suave de una canción que él no conocía. Volvía a verla, tal como la había encontrado la primera vez. Lo que se le hizo raro, fue que no era su mano la que tanteaba las paredes, era su pie que se movían suavemente sobre el suelo.
—¿Te has perdido de nuevo? —Preguntó, con atención en sus movimientos. Vio a Sakura quedar quieta por un segundo, como buscando entre sus recuerdos al poseedor de esa voz. Al parecer logró encontrarlo, había sonreído y negado. Lo que no sabía el pelinegro, era que ella jamás hubiera olvidado a quién pertenecía ese tono.
—No, estaba memorizando la posición de los muebles. Ahora sé que es la tercera puerta.
—Hm. —Se expresó él, simple.
—Disculpe... —Llamó ella, en un suave murmullo, pareció tímido. —¿Puedo pedirle un favor?
—Dime.
—Esta vez no me perdí, pero... no até bien la cinta de mi cabello y se cayó. ¿Puede verla? Y decirme dónde está. Tiene un pequeño corazón en el centro.
Le sorprendió que no le pidiera el objeto, sólo que le indicara dónde estaba. Ese comentario llamó notablemente su atención. Ella reconocía la forma de un corazón, eso podía significar, tal vez, que Sakura no había nacido ciega. ¿Qué pudo pasar para que ella quedara en ese estado? Bajó la vista, a una corta distancia estaba el lazo rojo, con el pequeño corazón que lo adornaba en el centro.
—Tres pasos a tu izquierda.
—Gracias. —La sonrisa que elaboraron sus labios hizo a Sasuke quedar perplejo. No era la primera vez que la veía sonreír, más bien, era eso; que ella siempre sonreía. O más bien, siempre le sonreía. No enseguida, cuando la había visto, luego de un cruce de palabras, ella alzaba sus comisuras y creaba esa cautivadora curva. Brillaba cuando sonreía, estaba seguro de que no eran ideas suyas.
Los siguientes días, pasaron sin inconvenientes. La casa estaba en calma. Mikoto, compartía el tiempo con sus hijos, las nuevas chicas, y su trabajo. Hinata había logrado adaptarse con facilidad a las normas de la casa, habían dos personas más trabajando junto a ella: Mito y Chiyo, adorables señoras que no buscaban más que ayudarla. El trabajo no era para nada pesado, no se comparaba con ninguno de sus otros trabajos. Estaba feliz. Su hermana estaba feliz. Sakura e Ino estaban pegadas todo el día. Hablando, hablando y hablando por horas. La falta de visión en la de cabello rosa no había sido ningún obstáculo para que se creara esa amistad, aunque ella decía constantemente que le hubiera gustado haberla visto alguna vez para saber cómo era físicamente. Decía que la imaginaba como una preciosa modelo de revista.
El tiempo de vacaciones había terminado para los Uchiha. Debían retomar sus responsabilidades, y eso no tenía muy contenta a la rubia; sería menos tiempo para pasar con su nueva amiga. Pudo acoplarse al pasar las semanas, a la rutina que acostumbraba; a dormir a una hora impuesta, a arreglar sus cosas la noche anterior, a salir temprano de la cama, a crear un horario de estudio. "Ojalá pudiera traerte conmigo", le decía a la Haruno cada vez que debía ir a la cama temprano, ya no podían platicar hasta la madrugada.
—Tienes un cabello muy lindo, pero me preocupan tus puntas. Además está disparejo y las puntas abiertas, tenemos que arreglar eso. —Los finos dedos de la ojiazul resbalaron por la rosada melena. Las protestas de la dueña del cabello no se hicieron esperar.
—Pero eso no importa mucho, Ino-chan... De todas formas, ¿quién lo verá?
—Ay, mi querida Sakura. ¿Es que no lo entiendes? Una mujer debe lucir siempre bella, y no para el resto, sino que para sí misma. No hay nada mejor que mirarse al espejo y encontrar que luces hermosa.
—¡Pero...!
—¡Eh! Sé que dirás algo como "pero yo no puedo ver". Esas son tonterías. No es necesario de los ojos, cuando te arreglas no sólo te ves linda, te sientes linda. Tocas tu piel y es suave y agradable, sientes los aretes decorando tus orejas y te sientes radiante. El aroma de un buen perfume y el cabello limpio te hacen sentir la más hermosa.
—Ino-chan. —Sonrió. Las palabras de su amiga rápidamente la hicieron cambiar de parecer.
—Así que... ¡A por ello! ¿Confías en mí?
—Confío en ti.
Dejando todo en las manos de Ino, su mente buscaba imaginar un posible resultado. Su larga cabellera antes, llegaba hasta las caderas. Ahora llegaba hasta mitad de espalda, la diferencia era mucha; se veía fuerte y sano, brillante. No sólo le arregló el cabello, se preocupó de la forma de sus cejas, de teñir sus labios con un rosa más potente. La sorprendió cuando dijo que había comprado un vestido para ella, aunque no pudo conocerlo, confiaba en el gusto de su amiga.
—¿Entonces?
—La primera guerra mundial comenzó el año 1914.
Sakura caminaba de un extremo a otro. El vestido se ceñía perfecto a su figura, era algo ajustado, un verde pastel que llegaba hasta mitad de muslo. Tenía una corrida de botones adelante, y le lucía muy recatado. Sus piernas se veían más largas por los tacones, el aroma que desprendía era tan seductor. Caminaba con un libro en la cabeza, le costó un montón al principio, pero pasada la hora se complicó mucho menos. Ino le hablaba de historia, algo de cultura no le venía mal a nadie. Observaba orgullosa del resultado de su trabajo, al fin había cambiado eso que tanto la inquietaba. "Es preciosa, pero no se saca provecho", se decía cada vez que la veía. Sakura acostumbraba a vestir con ropa cómoda, pero poco atractiva: Grandes suéteres, peinados desaliñados, y la forma de caminar que le crispaba los nervios a la rubia. Su espalda no estaba recta casi nunca. Fuera de eso, estaba contenta con lo otro. La Haruno siempre movía sus manos con elegancia, su forma de comer también era sofisticaba, y de su boca no salían malas palabras. Sentada sobre el sofá, mientras bebía su humeante té, sonreía orgullosa. La aprobación de Hinata había sido inmediata, festejó con gritos de euforia lo hermosa y radiante que se veía su hermana, y un apretado abrazo a la rubia por haber realizado tan espectacular cambio.
La atmósfera de paz se rompió cuando una de las empleadas fue a abrir la puerta. Los recién llegados pronto estarían en la sala. ¿Quiénes serían los responsables de tanto escándalo nada más a segundos de llegar? No necesitó ser adivina, la ojiazul supo de quiénes se trataban apenas escuchó la puerta abrirse. Se notó desconcierto en la cara de Sakura.
—¿Dónde está ese tarado? Tenemos que entregarlo mañana, ya vamos muy tarde. —Escuchó.
—Vienen los amigos de Sasuke-niisan. Son algo idiotas, pero son buenos chicos. —Informó Ino, dejando el té sobre la mesa de centro. La invidente se tranquilizó, continuó intentando mantener el equilibrio del libro sobre su cabeza. Cuando volvió a escuchar esas voces, sostuvo el libro entre sus manos. Sintió nervios, no estaba acostumbrada a conocer gente.
Los dueños del bullicio fueron apareciendo. Por orden: Lee, Shino, Shikamaru, Kiba, Jūgo, y el más energético de todos, Naruto. Todos amigos y compañeros de clases de Sasuke.
—Todo es tu culpa, Naruto. Te has quedado jugando videojuegos todos los días. —Reprendió Shikamaru, con aires despreocupados.
—Si serás idiota, reclamas cuando tú tienes la cul...pa. ¡¿Ah?! —Kiba había empezado el regaño al rubio, con la frente fruncida. Se detuvo, abrupto, cuando sus ojos se toparon con la exótica chica que estaba de pie. Dos segundos pasaron y él, desvergonzado, ya tomaba la mano de la Haruno, que sonreía sin entender muy bien la situación, pero, extrañamente, no se sentía incomoda. —Hola, belleza. Puedes llamarme Kiba.
—Hola, Kiba. —Saludó, su voz se mostró tímida.
Los chicos tardaron lo suyo en comprender la situación (Algunos más que otros), analizando la mirada de la chica, pudieron entender el motivo. Eso fue ventajoso para ellos, pudieron mirarla de pies a cabeza, sin que ella se sintiera irritada por esto. Sus medidas no eran nada exuberante, y ella movía con gracia sus manos. Era una belleza, un diamante. Y la rubia se sentía feliz de haberlo pulido. Supo que su trabajo había sido muy bueno por la reacción de los hombres.
Se levantó, se ubicó tras de Sakura y puso ambas manos sobre sus hombros para presentarla.
—Ella es Sakura, es hermana de una chica que trabaja con nosotros. —Ahora presentó a los chicos, Ino mencionaba sus nombres y ellos decían algo. "Mucho gusto", "hola", "Es un placer, Sakura". Pronto, agregó: —La vestí y peiné, no la maquillé porque no creo que lo necesite, tiene una piel muy bonita. ¿Creen que hice un bien trabajo? —Quiso saber la rubia, llena de entusiasmo. Todos asintieron, pero algunos... estaban más emocionados de la cuenta con la chica.
—¡Sí! Ino-chan es la mejor. Sakura-chan, usted no pude ver, ¡pero yo seré sus ojos! Soy Rock Lee, para servirle. Te protegeré con toda mi vi...
—¡No es cierto! Yo la protegeré. ¡Mi nombre es Naruto Uzumaki!
—¡Idiotas! Yo seré quien la cuide de ustedes. Linda Sakura, soy Kiba. Cuando quieras que salga contigo, sólo tienes que decírmelo.
Se desató una cómica batalla entre esos tres. Sakura reía, Ino también lo hizo. ¿Siempre serían así de impulsivos? Eran un desastre. La rubia acomodó su cabello tras la oreja, su vista se encontró con unos oscuros ojos que la miraban, el dueño de estos, Shikamaru, tenía una pequeña curva en sus labios. Al parecer, llevaba tiempo apreciándola. Ella se ruborizó ligeramente, miró hacia otro lado y disimulada sonrió. En su estómago sintió un cosquilleo.
—Van a espantarla, compórtense. —Reprendió Jūgo.
Tomaron asiento, Ino les contó lo que le estaba enseñando a la chica, y el trío de ruidosos discutió sobre quién era mejor en historia para enseñarles la materia.
Sakura se sintió feliz. Sentía que no había gota de maldad en esos chicos, se sintió rebosante de alegría, pero un pequeño porcentaje de ella se sentía frustrada. Hubiera dado cualquier cosa por ver en ese momento. Nunca se había sentido tan feliz, a ellos parecía no importarles que ella fuera ciega. No hicieron ninguna pregunta que pudiera incomodarla, la trataban normal. Aunque la idiotez de Naruto saltó en una oportunidad.
—¡No, mírame a mí, Sakura-chan! —Todos quedaron en silencio, el rubio no entendió el porqué, y cuando al fin se percató de su gravísimo error, esperó lo peor. Pero todos se sorprendieron cuando una dulce risa calmó el ambiente. Sakura no lo juzgó, simplemente se divirtió con lo tonto que había sido. Siguió la risa de Naruto, mientras este se rascaba la cabeza. Siguió la de Ino, seguido de un "Eres un idiota, Naruto", y de buena gana los demás lo insultaron de la misma forma. Conversaron un poco más, comenzaron a contar anécdotas divertidas. Sakura reía como nunca en su vida lo había hecho, en una ocasión tuvo que limpiarse los ojos, estaban húmedos por tanta risa. Hubo un momento en que cual Hinata sintió el enorme jolgorio y asomó su cabeza para ver lo que ocurría. Una lagrima escapó de alegría al ver tanta atención dirigida a su hermana, tantas buenas intenciones. No quiso interrumpir, siguió con sus deberes.
El grupo de jóvenes se olvidó del tiempo, platicaron entre carcajadas, incluso los más difíciles de hacer reír lo hicieron con algunos comentarios de las chicas, como fue en el caso de Jūgo y Shino. Todo era fiesta, hasta que una profundo voz imponente hizo que todos se callaran.
—¿A qué hora piensan subir? —Cuestionó Sasuke, a mitad de las escaleras. Su mirada fulminante, parecía querer matar al grupo impertinente que tenía por amigos. ¿No era que habían quedado por un trabajo de investigación urgente? ¡Entonces qué hacían abajo jugando!
—Ya se arruinó la diversión. —Masculló Naruto.
—Sakura, vete a tu habitación, por favor. —Tuvo el atrevimiento de mandar, Ino quiso protestar, pero Sasuke también la regañó. "Tú ya deberías estar en tu habitación", y ella, frustrada, frunció sus labios. El Uchiha le tenía restricciones, no le gustaba que su hermana menor estuviera en medio de sus amigos, ella pocas veces había tenido la oportunidad de estar con ellos, le agradaban, y a ellos les agradaba su presencia, pero Sasuke era estricto en ese sentido. Él, que sabía lo pervertidos que eran los chicos con los que se juntaba, no aceptaba que su inocente hermana se mezclara con ellos. Sus amistades masculinas no debían formar vínculos con la Uchiha. Fue un descuido haberse dormido tanto tiempo, para cuando bajó por el ruido, ya era tarde. Ambas niñas estaban de lo mejor con la tropa de idiotas.
Se escucharon los comentarios disconformes de los hombres. Las chicas, tan amables como siempre, se despidieron. Subieron a la Habitación de Ino, Sakura quedó sentada sobre la cama y la dueña del cuarto, se perdió en sus pensamientos a través de la ventana.
—¿No lo crees, Ino?
—¿Eh? —Volvió la mirada a Sakura. Algo le había preguntado, pero no sabía qué.
—Ino... ¿Cuál es?
—¿Es qué?
—El chico que te gusta.
¡Ah! Sakura no podía ver, pero no era tonta. Notó ese nerviosismo en la Uchiha cuando le avisó de la llegada de los amigos de Sasuke, ¿a qué se debería? Si sus ojos la hubieran apoyado, no hubiera necesitado preguntar para descubrirlo por sí misma. Ino enrojeció, intentó negarse, pero fue en vano. Ya la había descubierto.
—¡Q-qué dices!
—¡Já! ¡Te descubrí!
—Shikamaru. —Soltó, estirándose en la cama.
—¿Y él lo sabe? —Preguntó interesada la Haruno.
—No lo sé...
—¿No han hablado?
—Sólo unos saludos, pero... ¡Ay! Él a veces me mira. Eso significa algo, ¿no? Yo creo que sí.
—¡A ver, descríbemelo! Te diré si te conviene.
Esa noche, Ino se excedió en su hora de ir a la cama. Platicaron tanto con Sakura respecto al tema del pelinegro, que ambas se quedaron dormidas en la cama de la rubia, de madrugada. Por consecuencia, la menor de los Uchiha no fue a la escuela, pero eso sería un secreto entre ambas.
Sakura aprendió todo del tema. Ino lo conoció cuando tenía catorce años. Volvía de compras con su madre, y los amigos de Sasuke estaban en casa. A Naruto siempre lo había conocido, desde niños, y, al ver que no habían intereses amorosos el uno por el otro, Sasuke no tenía problemas en que ellos se juntaran. Pero con los demás era diferente, varias veces habían hecho comentarios de la belleza de Ino y eso lo molestaba. Curiosamente, quien jamás había mencionado algo de ella, era quien le interesaba a la chica, pero ella no sabía nada de esos comentarios y no comentarios hacia su persona. Le contó a la de cabello rosa, que cuando lo vio, fue como ver a su estrella favorita de cine. Él no la notó hasta meses después. En una de las tardes en el parque con su hermano, se encontraron con él y con Naruto. Se saludaron, y cuando lo vio sonreír, ella quedó flechada. Nunca se atrevió a hablarle, y cuando fue creciendo, se percató que él la miraba. Eso le hacía creer que , quizá, quizá, él podía considerarla linda. Sakura carcajeó, alegando la idiotez de su amiga: "Ni a un ciego podrías parecerle poco atractiva". También descubrió que la rubia, podía ser insegura cuando se trataba de Shikamaru.
Un viernes por la noche, la casa quedó bastante desolada. Mikoto se había ido de viaje por asuntos de negocios, la señora Chiyo tenía la semana libre. Ino dormía, al igual que Mito, y Sasuke estaba fuera de casa. Las únicas que merodeaban por la mansión eran las hermanas. Era más de medianoche. Hinata terminaba unos asuntos en la cocina, y Sakura deambulaba por las escaleras. Le gustaba salir a explorar y conocer los rincones de la casa cuando nadie estaba alrededor de ella, no quería molestar.
Sintió a alguien llegar, escuchó la puerta cerrarse y unas pisadas avanzar hacia la escalera. Quedaron a pocos pasos, y ella lo reconoció, a pesar de que esa persona no habló en ningún momento.
—Bienvenido, Sasuke-kun. —Una sonrisa se pintó en su cara. El desconcierto de él fue épico.
—¿Cómo...?
—Su perfume no pasa desapercibido para mí.
El pelinegro guardó silencio. Parado frente a ella analizó las finas facciones de la joven, su piel pura y su aroma excitante. Las curvas de su delgado cuerpo, la camiseta que se apegaba a su torso. Husmeó la piel del pecho que quedaba descubierta, sus dedos picaron; quiso saber qué se sentiría poner la mano sobre esa lechosa tez. Disipó esa clase de pensamientos, desvió la mirada de ella, porque supo que si llegaba a dar con esas piedras verdes, sería difícil alejar sus ojos de ahí.
—Deberías tener más cuidado, podrías caerte. —Dijo al verla en las escaleras. Recordó que ella siempre las bajaba con ayuda, y tardaba lo suyo en hacerlo.
—Puedo hacerlo, sólo necesito tiempo. Pronto la subiré corriendo, incluso más rápido que usted. —Alzó una ceja. El optimismo de la chica lo hizo esbozar una ladina sonrisa. No por esto, su tono de voz varió. Siguió igual de duro que siempre.
—No te exijas demasiado. Por cierto, no es necesaria tanta formalidad. Puedes tutearme.
Ella asintió. El pie de Sasuke estuvo en proceso a subir al siguiente peldaño, quedó hombro contra hombro al lado de ella, pero la dulce jovencita habló, y él tragó saliva.
—Me agrada el sonido de tu voz.
Pareció ser que la imagen se petrificó, ninguno de los dos se movió. La expresión de él era neutra, ella no sonreía, pero su rostro seguía igual de apacible. No era necesario que sus labios provocaran una sonrisa, era su mirada la que estaba llena de dulzura. Sonreía con los ojos. Miró de soslayo a la chica, pero pronto alzó la cabeza hacia el frente, y habló, o más bien, ordenó.
—Vete a la cama.
Sintió pasos alejarse cada vez más, él se había ido segundos después de haber hablado. Sakura no tuvo la fortuna de apreciar ese rostro, pero ese tono, de él, solamente lo había escuchado cuando se dirigía a Ino o a Mikoto-san. Ese tono delató, que hubo calidez en sus palabras.
