El aburrido martes les daba la bienvenida con cálidos rayos de sol que se colaban a través de la ventana, despertando a un pálido azabache de su profundo sueño. Puso un pie sobre el suelo, luego el otro, y así comenzó su día. Lo único bueno de ese día de la semana, era que salía temprano para su gusto. Antes de las una de la tarde ya estaba en casa. Luego del almuerzo, se quedó en el sofá de la sala principal leyendo un libro. El timbre sonó, miró extrañado, ese día no esperaba a nadie. Su hermana, jamás recibía visitas, además, estaba fuera de casa, pero tenía llaves, por eso le pareció curioso.

Abrió la puerta, "Mejor no lo hubiera hecho", pensó. Y es que intuía, en una pequeña parte, lo que hacía ese trío ahí. Y no, no era visitarlo, por lo menos, no a él.

—¡Hola, Teme! —Saludó el eufórico de Naruto. La mirada de los tres presentes se dirigía al interior de la mansión, Kiba estiraba el cuello para intrusear, Lee movía los ojos hacia todos lados, y Naruto, meneaba la cabeza, intentando ver sobre los hombros de Sasuke. La cosa es, que las miradas de ellos, estaban dirigidas a cualquier parte, menos a la persona que tenían en frente. "Son unos malditos obvios", pensó. —Eh, nosotros venimos a, eh...

—Sakura no está. —Soltó.

Hubo, precisamente, dos segundos de silencio, en donde el Uchiha pensó que se darían media vuelta y se irían. No fue lo que pasó.

—¡Pues la esperamos! —El rubio de su amigo, olvidó los modales (Tampoco es como que los tuviera en cuenta muy a menudo), y entró junto a los otros dos, empujando gratuitamente al pelinegro, que ni el permiso de pasar les había dado. Quedó con las palabras en la boca, el ceño fruncido, y la cólera comiéndole las manos por agarrar a esos idiotas a golpes. Recordó la vez pasada, había bajado la mitad de las escaleras, y escuchó la dulce voz de la ojijade. Escuchó también, el bullicio que metían los otros cuando la halagaban. Eran una tropa de pervertidos idiotas, sí, vaya que lo eran, pero, jamás los había visto cortejar de esa manera a alguien. Si no era para llevarlas a la cama... no, ni para eso usaban palabras tan dulces como las que le dedicaban a la invidente. ¿Y ahora debería soportarlo de nuevo? ¡Qué patéticos se veían babeando así por una chica!

Chistó los dientes, fulminó a su mejor amigo. ¿Quién se creía que era para empujarlo así en su propia casa? Bien dispuesto que estuvo a golpearlo, cuando la señora Chiyo apareció. Saludó a los "niños", como siempre los había tratado (Especialmente al rubio al haberlo visto crecer junto con el joven), y los atendió, consintiéndolos con unos dulces postres. El pelinegro sólo bufó, ya no había manera de sacar a esas garrapatas de su hogar.

Aproximadamente, media hora después, la puerta principal se abrió. Voces dulces y risas suaves, todos adivinaron a quiénes correspondían.

—Oh. Saku, están los chicos acá. —Se sorprendió la rubia, sonriendo. Avanzaron hacia ellos, por supuesto, guió consigo a la de ojos verdes, quien tomaba su brazo.

—¡Chicos! —Exclamó ella, eufórica, reacción que asombró al grupo de jóvenes, poniendo a los tres visitantes más que contentos.

Hubo saludos de por medio, eso fue normal. Las tonterías de los muchachos vinieron luego.

El primero en hablar, fue Lee.

—¡Hermosa Sakura! No aguantaba un día más sin tu belleza juvenil. ¡Ella es tan linda!

El segundo, fue Kiba.

—¡Qué bonito vestido! Sakura, oh, Sakura.

El tercero, y con una pésima excusa, fue el Uzumaki.

—Venimos a... ¡Enseñarte de historia!

"Pero si es el peor de la clase", pensó el pelinegro. Este los estuvo observando todo el tiempo con una cara de desaprobación. Pero cómo les gustaba hacer el ridículo a esos tarados. No tenía cosas que hacer, así que se quedaría viendo el espectáculo. Un trío de los peores payasos que se podrían contratar. Lo que lo descolocó un poco, fue el entusiasmo que nació en la de cabello rosa. La amplia sonrisa abarcaba toda su cara, y él se preguntaba, ¿por qué? Una chica inteligente se mantendría bien alejada de ellos, por su bien. Y recordó, que en todas las semanas que había estado viviendo ella, nunca había visto que fuera grosera con alguien. Su comportamiento siempre era amable, bondadoso. No hacía diferencias, trataba bien a todos, y siempre sonreía. A su mente, vino la imagen de una princesa Disney, ¡si lo único que le faltaba eran los animales! Una risa surcó de sus labios por ese tonto pensamiento, cómo se reirían los demás si supieran de esa comparación que se le había ocurrido.

—¡Hablemos del accidente de Chernóbil ! —Mostró su entusiasmo ella.

—Eso, pues... Fue... —Naruto se tomó la palabra, Ino se cubrió la cara con la mano por tal respuesta. —¡Una bomba! E hizo, ¡clash! Y todo voló por los cielos.

—Pss, Naruto. Estás dejándonos en vergüenza. —Masculló Kiba. La melodiosa risa de Sakura se oyó.

Sasuke alzó una ceja. Esperó alguna reacción negativa, un regaño al Uzumaki por su extrema estupidez, pero nada, no hubo nada más que diversión en los brillantes ojos de la delgada chica. El tema cambió cuando Lee nuevamente habló.

—¡Sakura-chan, Ino-chan! Trajimos dulces para ustedes. Son rosas como tu cabello, mi linda flor de la juventud.

—¡Me gusta el rosa!

El Uchiha rodó los ojos. ¿Por qué ella les seguía el juego? ¿Lástima, acaso? No, en sus sonrisas y respuestas no habían rastro de falsedad, ella se desenvolvía con tanta naturalidad, que era difícil pensarlo. Cualquier chica los hubiera enviado a volar hace rato, se hubiera hastiado de tanto comentario idiota, de la atención sumamente obvia con fines de interés amoroso, de incomodidad al estar ellos constantemente hablando tanta bobería.

Comprendió que ella no era como cualquier chica.

La expresión de Sasuke era serena, escuchaba hablar al grupo, él comentó algunas cosas, aunque más de cuatro palabras no eran. Lo que más se escuchaban eran las risas de su hermana, lo único positivo de esa reunión era eso, a su juicio; que su hermana se estaba divirtiendo. El semblante del azabache cambió con las palabras de Rock Lee.

—¡Sakura-chan! ¿Quiere conocerme? Con sus bellas manos usted podría acariciar mi rostro.

Esperen, ¿qué? Las cejas del Uchiha se fruncieron. ¿Qué clase de estúpido era ese? Pero qué vergüenza tenerlo como amigo. Y más vergüenza le dio lo que pasó a continuación. Sakura se había mostrado positiva ante la idea, los tres visitantes de miraron entre ellos, y empezaron una lucha por quién sería el primero. Sakura se contagiaba de la risa de su rubia amiga, esta, en un momento de quietud a su jolgorio, apreció la expresión de su hermano. No parecía contento... En realidad, pocas veces lo estaba, pero, esto era diferente. Lo comprobó cuando las blancas manos de la Haruno se posaron sobre el rostro de Naruto, que había sido el ganador del breve concurso, decidido a base de empujones. El semblante de Sasuke pareció endurecerse, incluso, desvió la mirada de la escena, y eso le pareció sumamente extraño a la de ojos azules. No dijo nada, disimuló su descubrimiento, y volvió a pegar la vista en el espectáculo.

Esa tarde fue de lo mejor. Todo fue risas, hasta que llegaron las nueve de la noche y los chicos decidieron que ya era hora de marcharse. Los despidieron en la puerta y cada uno se fue a su habitación. Lo más interesante que había dejado esa junta, era el plan que les esperaba el viernes. Harían una íntima reunión en la piscina, y las chicas esperaban ansiosas ese día. La voz se corrió solamente en el grupo de los amigos más cercanos, que fueron los mismos que Sakura conoció la vez anterior.

Cuando el tan esperado día llegó, a las tres de la tarde comenzaron a llegar. Primero que todos, llegó Naruto. Luego Jūgo y Shino, junto a una chica de oscuro cabello castaño, que al parecer, se llevaba bastante bien con Ino. La chiquilla se la presentó enseguida a Sakura, y la sonrisa nadie se la quitó de la cara cuando descubrió lo bien que ambas se llevaron.

—Deberías venir más seguido, Tenten. —Reclamaba la Uchiha, sentada en la terraza, junto a la piscina.

—He estado algo atareada con los estudios, pero prometo que las visitaré. —Contestó, ganando un efusivo asentimiento de la dueña de la melena rosada, y una extendida sonrisa de la otra rubia.

Las tres chicas bebían un té helado, mientras que los demás bebían jugos, gaseosas o de sus latas de cerveza. Los últimos en hacer su entrada fueron Shikamaru y Kiba. Ino vio al primero caminar hacia ellos, y unas cosquillas se presentaron en su vientre. Acomodó su cabello, su mirada bajó para jugar con la pajilla de su vaso, intentando verse distraída. Su mirada se alzó justo cuando ellos saludaban, pero se decepcionó un poco al percatarse de que los ojos del Naara no se posaron en ella.

Luego de horas con las tonterías de los chicos, en un momento se dispersaron y cada uno viajó a su mundo. Tenten nadaba, Shino dormía en el césped, a un lado de la terraza, mientras que Kiba, medio ebrio, le hablaba sobre quién sabe qué cosa. Naruto empujó a Ino a la piscina y ahí se quedaron jugando junto a Lee. Sentados permanecieron Shikamaru, Sasuke, Sakura y Jūgo. Los primeros dos mantenían una conversación de cosas de la escuela, el par restante permaneció en un cómodo silencio, aunque en una ocasión, amablemente Jūgo le preguntó a Sakura si necesitaba algo. Ella, con una de sus dulces sonrisas, le dijo que no se preocupara. Estaba perfecto para ella, sentía ruidos, tantos sonidos que era un reto identificarlos. Eso le gustaba, el silencio la irritaba de manera increíble. Disfrutaba de ese día, estaba segura que lo atesoraría por siempre, aunque algo la ponía triste, y era que su hermana no estaba ahí para disfrutar tanto como ella.

Ino y Naruto entraron para cambiarse de ropa. La primera buscó entre sus pertenencias, y el otro, en las de Sasuke. Bajaron a los pocos minutos, y él se fue a la cocina. Hace tiempo que no probaba los deliciosos refrescos que Chiyo hacía para él, así que iría a exigir uno. Entró, imprudente como siempre.

—Chiyo-baasama.

—¿Necesita algo?

Silencio. Una voz tan suave lo sorprendió. ¿Quién era ella? Había visto a muchas mujeres hermosas en su vida. No hace mucho había conocido a otra, la bella Sakura, pero la mujer frente a él... no lo supo explicar. ¿Quién demonios era esa chica? Intentó buscar una respuesta, recopilando información que fuera útil. Y de golpe algo vino. ¡La hermana de Sakura! No la conoció antes porque no le importó. Era una empleada nueva, de seguro era una abuelita más, quizá una con mal genio. Qué equivocado había estado.

—Esto... ¿Puedo ayudar? —Preguntó Hinata, acomodando el mandil blanco. ¿Por qué la miraba tanto? La mirada logró ponerla nerviosa.

—¡Ah! Tú eres la hermana de Sakura-chan. —Reaccionó, habló tan rápido como pudo, lo primero que le vino a la mente. "No se parecen en nada", pensó. Desechó la idea cuando de ella brincó una sonrisa tan cálida, que le brindó paz. Sí, algo tenían en común.

—Sí. Soy Hinata. ¿Y usted es...?

—Sí, ttebayo. —Contestó.

—¿D-disculpe? —Su cara fue de confusión total. Rascó suavemente su mejilla en un gesto de timidez. Al verla, Naruto sacudió bruscamente su cabeza. ¡Se estaba comportando como un estúpido!

—¡No, quise decir... ! Digo, ah. Soy Naruto, Naruto Uzumaki.

—Es un placer conocerlo, Naruto-san.

—Sólo Naruto. —Ella iba a protestar. "Por favor", agregó él con una sonrisa que terminó por convencerla.

La tarde, para todos, estaba siendo una de las mejores en mucho tiempo. Poco a poco habían perdido esa costumbre de reunirse, y el haberlo hecho ahora, fue la mejor decisión que pudieron haber tomado. Se dieron cuenta de cuánto habían extrañado y necesitado estar juntos, ahora, con dos nuevas integrantes en el grupo, que aportaron bastantes risas y bromas agradables. Estaba siendo un día atractivo, sí, pero... la mejor sorpresa se la llevó la rubia de ojos azules.

Ino bajaba las escaleras, secando su cabello con una toalla. Se ubicó cerca de la piscina al volver al patio, su mirada se posaba divertida en Lee. Había obligado al pobre de Jūgo a entrar al agua. "¡Sakura-chan, haré muchas acrobacias en tu nombre!". Gritaba eufórico el de gruesas cejas, siendo el blanco de carcajadas de la rubia. Mientras reía, sintió una presencia acercarse a ella. No habían compartido ningún cruce de palabras en lo que llevaba de día, ni un saludo, y eso tuvo bastante desmotivada a la chica, mas su ánimo subió por las palabras de apoyo de su amiga. Si bien, Ino no le dijo directamente la causa de sus prolongados silencios, Sakura no tardó mucho en adivinarlo. "Sólo diviértete, ahora no es tiempo para que pienses tonterías", le había aconsejado. Tomó la sugerencia con una sonrisa, no debía dejar que aquello arruinara algo que debía disfrutar. Su sorpresa fue inmensa cuando lo vio ahí, hablándole. Ella continuó riendo, su mirada enfocaba los extraños movimientos de Lee. Visualizó a Sakura, ella solamente reía por los gritos que escuchaba, y junto a ella. vio a su hermano, que se tocaba la cara, probablemente avergonzado por las acciones de su amigo.

—No hay caso con ellos, ¿verdad? —Comentó Shikamaru.

—No. Siempre tan escandalosos como siempre. —Rió la Uchiha. —Pobre Sakura.

—Le tienes mucho cariño. —No fue una pregunta, él lo afirmaba.

Haciendo memoria, nunca había visto a Ino con una chica en casa. Una amiga, alguna compañera, no, ¡menos con un chico! Siempre la veía sola y callada, pero de silenciosa, la rubia no tenía nada si estaba en confianza. Lo comprobó esa tarde, que la vio rebosante de energía y felicidad, compartiendo opiniones y chistes con los chicos. Estaba explorando el mundo, así lo sintió él todas las veces que le puso los ojos encima.

—Sí... es como la hermana que nunca tuve. —Confesó, suspirando. Estaba tan feliz.

—Me alegra verte tan feliz, Ino. —Soltó el pelinegro, enfocando el mar que la rubia tenía en los ojos. Ella ni parpadeó, estaba tan asombrada y nerviosa, sus pómulos se colorearon, no fue notorio, pero sí hubo un cambio en el color de su piel. Antes de que pudiera responder, él le obsequió una de esas encantadoras sonrisas que la desarmaban y la dejaban fuera de juego, y se fue. Caminó hasta Kiba, le dijo algo, pero Ino no fue capaz de escuchar. Su corazón latía desenfrenado.

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