Te dije que no, Dobe.

¿Por qué no?

Porque no.

¡Esa no es una respuesta! Vamos, necesitamos relajarnos, acabó la ronda de exámenes.

Pero, ¿por qué en mi casa? Siempre es en la tuya.

Porque es... mejor así, ¿no? Una vez tú, una vez yo...

La ceja del Uchiha se levantó. Sentado en su escritorio, su mente se separó de los libros para recordar la charla con su mejor amigo. Era sospechoso, ya que era Naruto el que siempre se negaba a ir a otra casa que no fuera la suya. Siempre ofrecía su mansión para las fiestas. ¿Por qué ahora no? Se detuvo a pensar y su ceño se frunció cuando encontró la respuesta. Era por Sakura. ¿Cómo no lo había pensado antes? La insistencia del rubio era obvia últimamente, iba más seguido a su casa, se lo pasaba largas tardes ahí, bajando y subiendo en vez de quedarse quieto en una habitación. Apretó el lápiz que tenía entre los dedos y dejó de estudiar.

—Asqueroso, depravado de mierda.

El rubio era un pervertido, que se llevara a una chica a la cama no era novedad alguna, era bien sabida de su debilidad por las faldas y muslos bonitos. A Sasuke, eso no podría importarle menos, lo que hiciera o no el rubio con lo que tenía entre las piernas, era un tema de lo más irrelevante. No sabía cómo podían existir chicas tan tontas como para caer tan rápido, incluso, eso le causaba risa. Por eso era extraña la sensación de irritación que reinaba en su vientre al imaginar a la de ojos verdes bajo el cuerpo del Uzumaki... La sola imagen en su cabeza lo hizo apretar los puños. Ella era tan pura, tan inocente, no permitiría que el tarado ese la manchara con sus asquerosas manos.

Recordó la conversación que tuvo con ella el día anterior. Llegaba cansado de la clase de deportes, luego de una ducha bajó a la terraza. Naruto, Sakura y su hermana conversaban animadamente disfrutando de un té helado. El pelinegro decidió hacerles compañía por la insistencia de su hermana, se sentó junto a ellos y tras horas parloteando, el par de rubios se fue a la piscina. Sakura sonreía tranquila, Sasuke estaba a su lado. Lo sabía porque su perfume inundaba sus fosas nasales.

—¿Quieres más té? —Preguntó él.

—Por favor.

No le apetecía, pero no quería ser descortés al rechazar la preocupación del chico. El sabor del té de limón era diferente, tenía un toque dulzón esta vez.

—Está más rico que antes. ¿Le has puesto algo? —Curiosa, cuestionó.

—Tal vez.

—¿Qué cosa es?

—Es un secreto.

—Dime, Sasuke-kun.

Volvió a negarse con una pequeña sonrisa, Sakura rió cuando adivinó lo que era; una pizca de miel.

El desinterés marcaba completamente su cara. Con su madre fuera por un viaje y el personal encargado del orden y la limpieza fuera por el fin de semana (Exceptuando a Hinata y su hermana), al final dio el permiso y el rubio hiperactivo consiguió lo que tantos días insistió; el acceso del Uchiha a realizar una fiesta en su hogar.

—Bien, teme... Ya tengo la lista, vamos a comprar. —Habló el entusiasmado Uzumaki.

—Limpiarás todo mañana. Tú solo, nadie más te ayudará. —Bramó el pelinegro.

—La fiesta ni empieza y ya estás amargado, ttebayo. No hay caso contigo...

Sasuke rodó los ojos, sin darse cuenta que no había sido el único testigo de la frase.

—¿Fiesta? ¡Ah! Supongo que estoy invitada, ¿verdad? —Preguntó Ino. Sonó eufórica, entusiasmada, esperando que ese día fuera la excepción a la regla. Sin embargo, la respuesta de su hermano fue inamovible.

—Claro que no.

—¡Pero... ! Sasuke-Niisan...

—No. Ya te dije que no, maldita sea. Tú no bajas, Ino.

Sin poder hacer nada, con los labios apretados dio media vuelta y se fue, agitando su rubia y larga cabellera. —Ni sé para qué lo intento... —Masculló. La regla no cambiaba; ella no podía bajar a unirse a las fiestas organizadas por su hermano, y a ellos, que ni se les ocurriera asomarse al segundo piso. A pesar de nunca decirle directamente el porqué, ella sabía que era por cuidarla, mas tanta sobreprotección lograba enfurecerla.

Antes de que dieran las once de la noche, el patio trasero era inundado de gritos alegres, música y risas. El ambiente no era apto para todo público, mucho menos tomando en cuenta a las parejas que en algunas esquinas, perdían el pudor entre caricias. Y si bien, en la primera planta todo era inmoral, en la segunda tres chicas disfrutaban de una pijamada. Gozando de golosinas, se divirtieron escuchando música, maquillándose y peinándose. Buscaban más que nada, actividades que Sakura también pudiera disfrutar. Las risas embargaban la habitación, intentando ignorar el bullicio que abajo reinaba. Eran jóvenes, y por ende, curiosas. Mejor que nadie las tentara.

—¡Sakura-chan, mi bella flor! ¿Dónde estás? ¡Necesito tu belleza!

Esa frase les taladró los oídos. Confundidas, comenzaron a reír. "Es Lee", confirmó Ino, entre risas. Ese fue el impulso que la rubia necesitó para llevar a cabo su travesura.

—¿Bajemos?

—¡No! Chicas, abajo no es un lugar para ustedes. I-Ino, a Sasuke le daría un ataque. —Hinata se negó rotundamente. Alrededor de una hora, se despidió y fue a su cuarto, agotada por el trabajo de la semana. Se escuchó nuevamente un grito, el responsable fue el mismo que la vez anterior, y la de azulados ojos, excitada con la idea de desafiar las leyes, susurró a su amiga: —Sakura... —Y continuar no fue necesario, sin la necesidad de más palabras, Sakura rió y asintió: Eran perfectas cómplices.

—Si Sasuke-Niisan nos ve, diremos que... ¡No importa!

—Diremos que... ¡Ya! Finjamos que vamos a buscar algo a la cocina.

—¡Sí, sí! El plan perfecto.

Salieron con cautela de la habitación, olvidando las fachas en las que estaban. No era nada tan grave, pero sí lograban una imagen tal vez un poco atrevida. La pijama de Ino constaba de un suéter, y un pequeño short que resaltaba sus firmes glúteos, mas no era para nada vulgar, pero la idea de que sus piernas estuvieran tan descubiertas, seguramente ni a su hermano ni a su padre pondría contentos. Sakura, era lo contrario. Llevaba un pantalón de tela, pero una camiseta de tirantes muy pequeña y ajustada. Resaltaba su fina cintura e incluso dejaba ver parte de su plano abdomen.

Estando en "un área segura", estallaron a carcajadas por su travesura. Lograron atravesar el primer obstáculo, que se trataba de Hinata, ahora, mientras el segundo, que era Sasuke, no las encontrara, todo estaría perfecto. Sólo debían mantener el perfil bajo.

—¡Sakura-chan, Ino-chan! ¡Las estaba esperando mis lindas flores! —Gritó un, aparentemente, ebrio Lee. Eran muy escasas las personas que estaban en la sala, incluso podían contarse con los dedos de las manos. La mayoría estaba disfrutando de la música y la piscina.

—¿Quiénes son esas bellezas? —Se escuchó una voz, Ino sólo saludó, no conocía al sujeto. Lo que le causó gracia, a ella y a Sakura, fue a quien escucharon a continuación.

—Pero qué, es... es... ¡Es la futura madre de mis hijos! Oh, no, son... ¡Son las futuras madres de mis hijos! Neh, ¿de dónde salieron? —Y se presentó, impresionado por la belleza de ambas mujeres, intentando decidir quién de las dos era más hermosa... pero eso parecía una tarea imposible. Suigetsu Hōzuki, así se llamaba, hizo reír tanto al par de chicas que su conversación fue duradera. El susurro que llegó a la oreja del peliblanco reflejó auténtico terror en sus facciones, ella debía ser la preciada hermana del Uchiha.

—A Ino no la mires si aprecias tu vida. —Se burló Tenten, que recién entraba a la sala. Saludó a las chicas, y la plática siguió. Se vio interrumpida cuando Lee comenzó a gritar nuevamente, todo describiendo la belleza de la invidente. Ino llegó a las lágrimas de tanta risa, pero el ambiente de rompió de golpe.

—¿Qué tanto gritas, cejotas? —Preguntó Naruto, lamentablemente para las chicas, Sasuke entró poco después junto a Shikamaru y Shino. El pelinegro casi pone el grito en el cielo al ver a su hermana ahí, parada, rodeada de buitres intentando coquetear con ella... con ellas. Su enojo incrementó al ver a Sakura parada junto a ella. ¿Es que no conocían los riesgos? ¡Estaban rodeadas de gente sin noción! A la rubia la tomó de un brazo, y la alejó del montón.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—¡Sólo bajamos a buscar algo! No te alteres tanto.

—No soy idiota, Ino. Jamás bajaste antes, ¿por qué ahora sí?

—¿Por qué no? Sólo nos divertíamos hablando. —Intentó defenderse la rubia, ambos hermanos con el ceño fruncido. —Sube ahora mismo, Ino. —La situación se agravió un poco cuando el azabache tomó la muñeca de la rubia, llegando a apretarla más de la cuenta. La poca gente que ahí se encontraba, cada uno estaba ensimismado en sus pláticas. Sólo uno estaba atento al par de hermanos, que al ver el agarre que fue ejercido sobre la delgada rubia, se acercó sin pensarlo a interrumpir la escena.

—Sasuke, contrólate. No está haciendo nada malo. —La voz de Shikamaru fue dura, el azabache se sorprendió, jamás había escuchado ese tono viniendo de él.

—No te metas, Shikamaru.

—Entonces suéltala.

Se enfrascaron en una lucha de miradas desafiantes, Ino, perpleja, se arrepintió de haber bajado. No quería hacerlos discutir. Afortunadamente, Sasuke notó cómo la estaba tomando a la menor de su familia, enseguida, la soltó, y, prefiriendo no descargar su frustración con ella, se fue. Ino le sonrió tímidamente a Nara. —Gracias.

—Tampoco estoy de acuerdo en que estés aquí. —La voz no fue tan dulce como ella esperaba, esto la hizo fruncir los labios.

—¿Tú también?

—Cualquiera podría aprovecharse, nadie está completamente lúcido, deberías tener más cuidado.

Tenía ganas de regañarla, pero él, débil, perdió la mirada en esos azulados pozos que intentaban seducirlo, apagar ese tono áspero y dar paso a uno sedoso y acaramelado. Lo estaba seduciendo con esa mirada tan tierna que buscaba convencerlo de que ella no había hecho algo malo... y lo estaba consiguiendo. Shikamaru tuvo que cerrar los párpados brevemente y suspirar para controlarse. Cuando la volvió a mirar, contempló un suave sonrojo sobre los pómulos de la rubia. La tentación fue demasiada, su mano actuó por sí sola. Había obsequiado una tierna caricia que estremeció a la chica.

—Ve a dormir.

Hipnotizada, débil ante él, el único que la enloquecía, asintió, estremecida por el contacto. La mágica situación se apagó cuando vio a Hinata bajar, envuelta en una bata de seda y con un semblante preocupado.

—Sakura. —Llamó la Hyuga, captando la atención de su hermana. La de rosados cabellos seguía junto al peliblanco y a Tenten, y ante el llamado de su hermana, se despidió con una pequeña reverencia y avanzó por las escaleras para ir con ella. Ino subió junto a Sakura, antes de que Hinata también lo hiciera, Sasuke le dijo algo. Ella asintió, y cuando pensaba subir las escaleras, una mano rozó sus dedos.

—¿Naruto-kun?

—Hinata...

Se miraron, ella, esperando una respuesta de porqué detuvo su camino, y él, perdido en esos ojos con los que día y noche soñaba desde que la vio.

—Ah, yo... ¿Por qué no te quedas un rato? —Invitó el Uzumaki, susurrante, rascando nerviosamente su nuca. La fémina sonrió con dulzura, y con la misma, rechazó la oferta.

—Lo siento, Naruto-kun. Debo ir a ver a Sakura. Será en otra oportunidad, ¿está bien?

Un ruido sacó al rubio de su ensimismamiento, echó una ojeada y vio cómo un grupo de tres integrantes se deleitaba la vista con las curvas de la muchacha. Ardiendo en rabia, el Uzumaki asintió.

—Sí, es mejor que te vayas. —Pero su tono rígido sorprendió a la mujer frente a él, y, milagrosamente, él lo notó. —¡Quiero decir...! Es mejor que no estés aquí, Hinata. Este no es un ambiente para ti. —Terminó con una sonrisa que la enterneció. La Hyuga, encantada por la preocupación del chico, le obsequió una amplia sonrisa antes de despedirse y marcharse a su habitación.

Las acciones de esa noche, tuvieron sus consecuencias. Partiendo especialmente por la desobediencia de la rubia. La relación de los hermanos se notaba tensa, Sasuke, cada vez que podía, le echaba en cara a su hermana que era una irresponsable. Las cosas no mejoraron, y todo fue de mal en peor cuando Ino se paseó por la casa con un diminuto traje de baño.

—Suigetsu vendrá, así que cúbrete. —Demandó el Uchiha, bajando las escaleras. Ino estaba de acuerdo, no le agradaba que alguien ajeno la viera de esa manera, pero solamente por llevarle la contraria a su hermano, se negó.

—No eres quién para darme órdenes. Me puedo poner lo que quiera, si me miran los hombres, será divertido para mí. —Fue una mala idea, pero lo supo demasiado tarde. Ninguno presagió que esto enfurecería tanto al Uchiha, y cuando eso pasaba, simplemente se dejaba dominar por el enfado, diciendo cosas de las cuales podría arrepentirse.

—No sé en qué momento te convertiste en una cualquiera.

Ino, con los ojos muy abiertos en sorpresa, subió corriendo las escaleras. Y como la niña que era, lloró amargamente sobre su cama. Sasuke supo que la había cagado en todas sus letras, pero ya era demasiado tarde, nada borraría el dolor que causó en su hermana.

Sakura regresó a casa esa tarde en compañía de su hermana. La había acompañado a hacer las compras de la casa, cuando llegaron, saludaron al pelinegro y su amigo, posteriormente, cada una fue a sus actividades. Hinata a la cocina, Sakura, fue a ver a Ino. Cuando tocó su puerta y entró, percibió unos suaves sollozos. El llanto de Ino disminuyó gracias al fuerte abrazo y a las bromas que lanzaba su amiga para animarla luego de contarle lo ocurrido con el gruñón de su hermano. La amarga sensación de esa discusión disminuyó con las galletas que Sakura trajo para ella.

Sin embargo, Sakura no pudo olvidarse de ese episodio. Nunca se imaginó que doliera tanto sentir a Ino en ese estado, y a la vez, se sintió tan feliz. Ahora no tenía solamente una persona importante en su vida y por la cual daría todo, ahora eran dos.

Esa noche, cuando sintió la puerta abrirse (Sabiendo que Sasuke había salido y era el único que debía entrar por ella a esas horas), se levantó del escalón en donde tomaba asiento y lo llamó.

—Sakura. —El fue simple al responder. Se posó frente a ella, esperando escuchar lo que debía decirle. Enfado con ella también tenía, no olvidaba la sensación desagradable que sintió al ver cómo tantas miradas se dirigían a ella y a su figura, y ella, tan inocente y sin poder verlas, provocó el enojo en él. Pero sobre ella, ningún derecho tenía. Fue por ello que subió las escaleras y, tocando la puerta de Hinata, le informó la situación.

—Sasuke-kun. Lo de la otra vez... Fue mi culpa. Ino no tuvo nada que ver. Yo le insistí en que bajáramos, estaba aburrida en el cuarto. No te enojes con ella, sólo me acompañó.

Se formó un silencio, Sasuke entró en una especie de trance. Eso... jamás se le había pasado por la cabeza. ¿Sakura la responsable? Era probable, porque Ino nunca antes había desobedecido. Su expresión se endureció, al igual que su tono al dirigirse a ella. Ya no la veía como una blanca paloma.

—Qué irresponsabilidad la tuya, Sakura. No arrastres a mi hermana a tus malos pasos.

Asintió, y, simplemente, guardó silencio. Sakura no lo dudó, que la culpa recayera en ella, que Sasuke no estuviera enfadado con su hermana, era lo único que quería. Odiaba ver a Ino desanimada. Hinata también se había molestado con ella, pero con un par de besos en las mejillas, eso no duró mucho. Lamentablemente, la relación de los Uchiha no corrió la misma suerte. Ahora, quien sufría el desprecio de Sasuke, era ella. Ese jueves, en la noche, sobre el amplio sofá Ino pintaba los labios de Sakura mientras tarareaba una canción.

—¿Tú no deberías estar durmiendo? —Le preguntó el Uchiha a la rubia al llegar a casa.

—Ya iré a la cama, sólo un poco más. De igual manera, no es tu problema. —La rubia seguía a la defensiva, por la simple y sencilla razón de que ni siquiera una disculpa le había dado su hermano. Lo que la enfureció, fue la manera despectiva que tuvo para tratar a su amiga. Eso jamás lo vio venir.

—Sakura, no deberías estar aquí. No te corresponde.

—¿Pero quién te cre...? —Ino se levantó, y, evitando cualquier discusión, la Haruno se puso de pie también, interrumpiéndola.

—No te preocupes, Ino. Tiene razón. Ya me voy a la cama, descansa.

Sakura besó la mejilla de la chica, Ino rió al conocer la intención de la de cabello rosa, se había cargado de más para dejar estampado sus labios en la piel de su amiga. Esta escena le pareció de lo más dulce a Sasuke, incluso lo hizo reprenderse por haberle hablado así, pero lo que menos necesitaba era una mala influencia en la vida de su hermana.

—¿Por qué le has hablado así? —Rugió la de ojos azules, desafiante. El mayor intentó mantener la compostura.

—No me gusta. Sólo te arrastra a sus tonterías.

—¿De qué estás hablando? —Parpadeó, confundida.

—Ya sé que fue ella la que bajó la noche pasada. —Y fue así que conectó todas las piezas. Sakura se había culpado para evitarle malos ratos.

—Eso no es verdad. Fui yo quien tuvo la idea. Lee gritó y quise bajar, Hinata no estuvo de acuerdo, esperé a que se durmiera y fui yo quien invitó a Sakura a bajar. ¡Se echó la culpa! Me vio mal y quiso ayudarme. —Sasuke se sintió el imbécil más grande de la tierra. ¿Cómo era posible que no hubiera pensado en eso antes? ¿Cómo una invidente que aún no se memorizaba del todo los rincones de la casa, iba a tener la iniciativa de desobedecer las reglas de esta sin estar en la suya propia?

Merecía un buen golpe. Tal vez dos.

Dos días después, el Uchiha no lograba quitarse la culpa. Debía una disculpa a dos personas, encima, ¡mujeres! Era orgulloso desde que tenía memoria, las disculpas no estaban en su vocabulario. No era la primera vez que hacía enfadar a chicas, la diferencia, era que esta vez le importaba. De su hermana, lo podía entender. Odiaba estar en esa situación con ella, era insoportable verla y no hacerle o recibir alguna broma, era su hermana, maldición, pero... ¿Por qué le molestaba tanto la tensión que había con Sakura?

Encontró a la responsable ensimismada en el balcón de la segunda planta, disfrutando de la brisa que hacía bailar sus cabellos rizados. Giró la manilla para abrir el acceso y salió al exterior junto a ella, tomando asiento en una de las cómodas sillas que estaban en medio. Sakura giró, curiosa por saber quien era. Lo descubrió rápidamente, por el sonido de su voz.

—Eres buena mentirosa. —Ella sonrió. La había pillado.

—Lo siento... También fue mi culpa. Hinata fue la que no estuvo de acuerdo.

—Mocosas...

Sakura tomó asiento junto a él, una distancia prudente, pero la cercanía seguía siendo tentadora. El perfume de la chica estaba colándose en el olfato del pelinegro, sin saber que la chica disfrutaba de recepcionar el suyo, tan varonil y atractivo... estaba haciendo estragos en la mente de Sakura, intentaba imaginarlo, pero no conseguía mucho. Si pudiera tocarlo, tal vez... tal vez conseguiría lo que buscaba. Pero pedírselo... Imposible. La consumiría la vergüenza. El sólo hecho de pensarlo hizo que sus mejillas ardieran levemente, pero no era momento de imaginarse esas cosas, lo importante, era ayudar en la relación de los Uchiha. Su dulce voz se ganó la atención del azabache, quien miraba fascinado el perfil de la muchacha, parecía una fina muñeca de porcelana, con su piel tan blanca y limpia, sus carnosos y rosados labios, y esas largas pestañas que aleteaban cada tanto.

—Eres bastante tonto. Tu hermana es joven, se quiere divertir, y quiere hacerlo a tu lado. ¿Qué es mejor que eso? Podrás cuidarla siempre si está cerca, ella no estaría ocultándote nada, pero la restringes y la alejas. Sólo conseguirás que haga cosas a escondidas y podría pasarle algo.

El silencio en el que quedaron sumidos luego de eso, fue tan cómodo, que ninguno de los dos tuvo la intención de levantarse, sino varios minutos después, cuando la temperatura bajó bruscamente, y Sasuke sugirió que era mejor que volvieran al calor del hogar. No lo dijo, pero las palabras de Sakura rondaron sin parar por su mente. Jamás había visto las cosas de esa manera, siempre la estuvo alejando de su círculo por miedo a que agarrara las malas costumbres, y hacía mal, en vez de depositar su confianza en ella, era lo contrario. Era un estúpido de lo más grande.

Necesitando revertir la situación, a la mañana siguiente, dio un paseo con Ino. Un helado, un parque y unas sinceras disculpas mejoraron increíblemente la situación.

Cuando regresaron a casa, la sonriente rubia abrazó a su hermano antes de ir a su habitación. Mito le había informado que Naruto estaba en casa, y al no encontrarlo rondando en su habitación, supuso que estaba en el patio. Lo que no esperó encontrar cuando fue a la cocina por algo de beber, fue ver a Naruto con la boca entreabierta, babeando y con la mirada pegada en la ventana. La comprometedora escena lo sorprendió. Hinata, concentrada, limpiaba la piscina. De momentos, ella se inclinaba más de la cuenta para eliminar las hojas que caían al agua, dejando ver sus blancos muslos y el comienzo de su blanca ropa interior bajo la falda. Ahí se dio cuenta de que el interés del idiota de su mejor amigo no era por Sakura, sino que por la hermana de esta. Todas las piezas encajaban, por eso venía más seguido, por eso su insistencia en la fiesta esa vez.

—Ahora entiendo... —Soltó en voz alta, Naruto se sobresaltó, fácilmente pudo morir de un infarto.

—¡T-teme! Qu-qué...

Sasuke sonrió. Jamás lo había visto nervioso por una mujer.

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HOLA

Soy una irresponsable de lo peor, espero estar actualizando más seguido. Desde el otro cap, intentaré hacer que las cosas se pongan más intensas, y advierto que habrá mucho SS. También a lo largo se irán revelando algunos secretos, especialmente de la vida pasada de Hinata y Sakura y el porqué Hinata tuvo que trabajar a tan temprana edad o porqué Sakura quedó ciega. Sí, hay una historia sad detrás.

¡Hasta pronto! Espero comenten, si tienen alguna sugerencia, queja o duda, soy feliz de recibirla.

Reviews:

Alexielcullen: ¡Muchas gracias! Acá la continuación, espero no tardar tanto esta vez /3

AkizukiMeiko: Trataré de hacerlo más seguido, ¡muchas gracias por comentar!

Lupita Amador: Es demasiado bonito recibir esos cumplidos, ¡muchísimas gracias, linda!