Rojo Amanecer en el castillo Canterlot

El Norte era azul, gris y negro; como sumido en una noche eterna, indomable que amenazaba a los débiles. Al otro lado de la frontera, Equestria, se vivía entre sombras rojizas y anaranjadas, un ocaso interminable. Ese día, difícil de distinguir pero día al fin de cuentas; la princesa Luna estaba sentada en el trono. Un puñado de guardias colocados a los costados de la princesa, todos armados y uniformados con los modernos trajes en lugar de las arcaicas armaduras de oro, portando gestos amenazadores y una estoica postura.

La princesa lunar mantenía la mirada fija en los papeles que sostenía en su campo mágico, leyendo a duras penas los informes enviados por los diversos departamentos y ministerios encargados de Equestria durante la guerra. Con los parpados pesándole, la princesa intentaba enfocarse en las palabras y cifras, pero era una tarea casi imposible para el alicornio nocturno. Todos los nobles, guardias y trabajadores del castillo fingían no darse cuenta cada vez que a la princesa se le escapaba un bostezo.

Todo era más fácil cuando Cadence vivía aquí, pensó Luna con cierto pesar. Recordar a su sobrina era doloroso, por decir lo menos. En tiempos de crisis, de miedo, como era esta guerra; una pony capaz de regalar amor era lo que el mundo más necesitaba. Tras sacudir la cabeza un par de veces, Luna logró espantar la nostalgia y el sueño, concentrándose en los flotantes papeles.

Era cerca de medio día cuando las puertas del gran salón del trono fueron azotadas, el estrepitoso ruido alertando a todos los presentes. Los unicornios nobles dieron un salto antes de salir corriendo, mientras que los soldados alzaban sus armas, preparándose para el combate.

-¡EEEP!- exclamó un pony. En menos de un parpadeo, había media docena de lanzas y cuernos cargados de magia apuntando a la pálida recepcionista del castillo.

-¡BASTA!- gritó, ejem, dijo la princesa con su Voz Real de Canterlot en cuanto vio los ojos de alfiler de la pequeña unicornio. A su orden, los guardias se retiraron, no sin antes dirigirle a la invasora una mirada de advertencia.

-¿Qué sucede, noble Cotton?- inquirió la princesa, su atención fija únicamente en la temblorosa pony. Le tomó unos segundos recuperarse, al final, Cotton habló:

-Hay alguien que desea verla, princesa Luna.

El alicornio alzó la ceja, estaba demasiado cansada para estas cosas.

-¿Se puede saber el nombre de tan inesperada visita?- dijo la monarca. La recepcionista negó con la cabeza.

-La enviaron de uno de los centros de reclutamiento al este de Equestria, los oficiales creen que es mejor que usted juzgue la situación.

Luna no sabía si era la falta de sueño- o de interés-, lo que la hizo asentir con la cabeza. Sin decir palabra, la pequeña unicornio salió corriendo frenética por el pasillo.

-¿Qué acaba de pasar?- preguntó la princesa a nadie en particular. Su respuesta fue una sala entera de ponies alzando los hombros.

Cotton Candy regresó al poco rato.

-Aquí está, princesa- dijo la unicornio señalando a la visitante.

En ese momento la princesa sintió su mandíbula golpear el piso al tiempo que un suspiro colectivo vaciaba la sala de oxigeno. En cuando la recién llegada dio un paso hacia Luna, todas las armas y cuernos apuntaron directamente a su rostro.

-Hola- murmuró tímida, tratando de ignorar las afiladas lanzas que amenazaban con sacarle los ojos.

Luna se quedó mirando por lo que parecieron horas, incapaz de dar crédito a la aparición que se presentaba frente a ella.

-Alguien llame a Jake-dijo la princesa, sus ojos fijos en su curiosa visitante. Ningún pony se movió, todos absortos en la contemplación de aquella criatura. Luna se puso de pie, notando por primera vez la exagerada quietud de sus súbditos.

-¡TRAIGAN A ESE UNICORNIO!- gritó la princesa, estampando sus cascos contra el suelo. Entonces los ponies despertaron, corrieron por toda la sala gritando de miedo, tanto por la criatura como por la princesa.

Él gruñía mientras trotaba por los desiertos pasillos del castillo, en su alforja cargaba un pequeño catalogo de libros mientras su magia y sus ojos azules estaban enfocados en un papel que, manchado de tinta, solicitaba su presencia en el salón del trono. El unicornio de melena negra apretó los dientes al leer la firma, la firma de Nightmare Moon.

Ya era bastante malo el tener que salir de su torre de investigación, responderle a la princesa sustituta sólo servía para empeorar las cosas.

-Pensar que ahora mismo podría estar trabajando en ese hechizo anti-cristal- se lamentó en voz baja el joven unicornio que, siendo recién egresado de la academia de magia de Canterlot, no podía soportar tal pérdida de tiempo.

-Bueno-, pensó él en voz alta-, entre más rápido resuelva esto más rápido volveré al trabajo.

Con esa idea en mente, el unicornio aceleró el paso. Dispuesto a terminar con el mundano encargo. Cuando llegó al salón del trono se apresuró a abrir las puertas con su magia, entró, el discurso sobre lo valioso del tiempo preparado de antecasco.

-Jake, qué bueno que llegas…- la voz de la princesa detonaba genuino alivio al ver llegar al unicornio.

-¿Qué sucede, princesa?- inquirió el unicornio, su ceño ligeramente fruncido mientas se dirigía al alicornio. Luna soltó un bufido, siempre cansada de la actitud de aquel joven.

-Hace unos minutos envíe una carta al frente-, explicó la princesa lunar, encontrándose con el completo desinterés del unicornio-. Surgió una situación sin precedente alguno y por la cual consulté con Celestia el curso de acción.

Jake asintió, indiferente a cualquier cosa que ella dijera.

-Mi hermana determinó que lo mejor sería involucrarte, como ex alumno de la Escuela para Unicornios Superdotados, Celestia creyó que podrías asistirnos con este plan y proveer una perspectiva distinta al proyecto.

Entonces el corcel alzó la ceja.

-¿De qué se trata?- dijo Jake, por primera vez intrigado por las palabras del alicornio.

-¿Por qué no lo ves tú mismo?-, entonces Luna señaló con su casco plateado una de las esquinas del cuarto, en donde una pequeña sombra en encontraba sentada, con las piernas cruzadas y la mirada en el suelo.

Jake no podía creer lo que veía… ¡No era posible! Viendo a la joven sentada en el rincón, el unicornio se perdió unos segundos, su mente completamente apagada. Antes que la princesa pudiera hablar, el corcel sacudió la cabeza y con una enorme sonrisa se dirigió a Luna.

-¿Dónde firmo?

La princesa Celestia se golpeó la frente, no podía evitarlo. El simple hecho de ver a esas tres ponies ahí era más que suficiente para hacer a la princesa soltar un suspiro. Otra vez.

Las dos pegasos y la pony terrestre estaban firmemente plantadas en la alfombra, sus miradas fijas en los dorados ojos magenta de la princesa. Parecían tan tranquilas, tan disciplinadas, cuando estaban así… De no haber sido por los servicios prestados durante el último enfrentamiento contra el ejército de Sombra, esas tres estarían minando hierro y carbón desde hace mucho.

-Es la tercera vez que las veo en esta semana- dijo la princesa, alzándose como una torre sobre las tres inmóviles soldados-. Escuché sobre el percance de anoche-, las yeguas parecieron nerviosas ante la mención de aquel evento-, y debo decirles que nunca había visto a ningún pony perseguir a nadie mientras estaba atorado en un catre.

Graphite entrecerró los ojos, volteando levemente hacia Moonlight y Karen, cuyos intentos por mantener la compostura fallaban rotundamente. Celestia carraspeó, haciendo que las tres ponies volvieran a adoptar la pose firme y el rostro serio.

-Ustedes son las ponies más desastrosas que han llegado a esta legión,- aseveró Celestia con una mirada que no daba lugar a contradicciones-, pero también son uno de los grupos más capaces con los que jamás haya tenido el placer de trabajar.

Las palabras de la monarca hicieron a las yeguas inflar el pecho con orgullo.

-Es por eso que he decido asignar a su escuadrón a dos nuevos elementos que, espero, sean capaces de mantener con vida-. Las tres chicas se miraron entre ellas, intrigadas por las palabras de Celestia. El tono ceremonioso de la princesa les hizo temblar ligeramente.

Entonces Celestia señaló a una de las esquinas de la tienda, donde se encontraban dos ponies. Uno de ellos era un unicornio, nada fuera de lo común, un unicornio de complexión promedio con pelaje café y melena oscura. La otra era una yegua… o eso creían las chicas cuando la vieron. A simple vista parecía una pony, un cuerno saliendo de su largo fleco morado; pero si se prestaba más atención era posible notar que un par de alas azules con plumas rojas sobresalían de sus costados.

Moonlight alzó la ceja, algo confundida por los dos ponies que aparecieron frente a ella y su escuadrón.

-Jake,-dijo Celestia, haciendo con la cabeza un gesto. El unicornio se acercó, colocándose a la derecha de la princesa con la mirada más seria que jamás se hubiera visto-, es el unicornio más capaz que haya conocido y lo he traído para que apoye siendo el médico de tu escuadrón, Moonlight.

La pegaso asintió, dirigiéndole una mirada amistosa al unicornio notando por primera vez las cruces rojas que adornaban el uniforme y las alforjas blancas.

-En cuanto a Sunny,- en eso la criatura con alas y cuerno avanzó hasta quedar parada junto a Jake, quien le dirigió una rápida sonrisa-, ella es un caso especial. Primera en las pruebas de la academia de Manehattan y, como pueden ver, una Dracony.

La pequeña híbrida se sonrojo ligeramente cuando las tres yeguas militares posaron sus miradas en ella. Los ojos de Karen se iluminaron cuando notó la cola llena de escamas de la recién llegada, al igual que los colmillitos blancos que sobresalían de su boca.

-Hola- saludó Sunny, su voz tímida y animada a partes iguales. De alguna forma, las tres yeguas tuvieron el mismo pensamiento al momento de oír hablar a esa pequeña hibrida: era la cosa más tierna que jamás hubieran visto.

Mientras las yeguas del escuadrón #8165 se sonrojaban, la princesa Celestia le dirigió una mirada pícara al unicornio antes de volver a carraspear.

-Ahora debo pedirles que se retiren-, dijo el alicornio con una sonrisilla en los ojos-, hasta nuevo aviso, permanecerán en el campamento.

-¡Sí, princesa!- saludaron los cinco ponies al unísono. Luego dieron la vuelta, como uno solo, el unicornio, la pegaso, la terrestre y la dracony marcharon hacia la salida del cuartel. En la retaguardia iba una pony de corta melena morada que, ante la discreta señal de la monarca, se detuvo.

-Confío en que cuidarás de ellos-, murmuró la Princesa que, con cautela, había agachado su cabeza hasta quedar a la altura de la ordinaria pegaso. La chica alada asintió rápidamente, su mirada cargada de determinación.

-Bien-, dijo Celestia, una mirada satisfecha en su rostro-, ahora puede retirarse, Sargento Moonlight.

La pegaso azul aseveró la mirada e hizo un saludo antes de salir marchando.

Celestia conocía las capacidades de sus soldados, tener a dos elementos tan exóticos como Jake y Sunny en un solo escuadrón, especialmente uno como el #8165, era una apuesta riesgosa. Pero si había algo que la princesa disfrutaba más que el pastel de chocolate, definitivamente eran los juegos de azar. Eran buenas ponies, pensó Celestia con una sonrisa discreta, encontrarían la manera de hacer que Equestria viera mejores días.

Un grito rompió el silencio de la noche, al menos cuatro voces se sumaron a aquel escándalo poco después. La princesa del sol salió de su tienda, asomándose sólo para ser recibida con una bola de nieve en la nariz. Cuando se pudo quitar la nieve -y la sorpresa-, la princesa noto lo que sucedía frente a ella: En medio del campamento había un grupo de cinco ponies lanzándose ataques de nieve y aire como si no hubiera mañana.

"No han pasado ni cinco minutos desde que salieron del cuartel…" pensó Celestia dándose un metafórico golpe en la frente.

Al otro lado del camino de hielo, un corcel blanco de melena azul gritaba enfurecido:

-¡¿QUÉ CASCOS SUCEDIÓ ESTA VEZ?!

Los miembros del escuadrón #8165 se detuvieron en medio de la acción, congelados por la mirada penetrante del capitán Armor. Entre ellos se miraron antes de salir corriendo mientras gritaban:

-¡Yo no fui!

Jake no podía creer lo que acababa de suceder. Mientras corría junto a sus nuevas compañeras, el unicornio seguía repasando lo que había pasado hacía sólo unos segundos. No recordaba cómo fue que comenzó, sólo sabía que él estaba hablando con alguna de las yeguas y de la nada un pedazo de nieve le golpeó la nariz.

Con un rápido giro de su cabeza, Jake observó las sonrisas y despreocupadas expresiones de las tres yeguas que acababa de conocer. Las dos pegaso y la terrestre de color menta huían de la ira del capitán Armor como si fuera un simple juego. Entre ellas seguían lanzándose nieve y entorpeciendo la carrera de las otras. Como si realmente no les importaran las consecuencias.

Un golpecillo a su izquierda le hizo voltear. Era Sunny, la hibrida que había viajado junto a él desde Canterlot. Se la notaba confundida, incluso intimidada por la relajada actitud de esas yeguas, sus ojos algo encogidos mientras corría. Jake no pudo evitar dirigirle una sonrisa de empatía, ambos había imaginado algo muy diferente cuando la princesa de la noche los había asignado a las tropas del frente helado.

La joven dracony avanzaba unos cuantos metros detrás de las locas lideres, tratando de mantener el paso del unicornio. Él parecía igual de confundido por la forma en que todos habían actuado. Cuando Sunny estaba en la academia era muy distinto: los oficiales eran temibles, las jornadas largas, la disciplina impecable. Ella recordaba, con un escalofrío recorriéndole la espalda, los gritos de sus superiores diciendo que sólo sería peor llegando al frente.

-¡Peor mi melena!- exclamó ella entre dientes.

En algún momento, ninguno supo cuando, el capitán se cansó de gritar. Quizás la princesa lo había convencido de dejar la reprimenda para otro día, quizás ya no le importaba más lo que hiciera ese grupo. Como fuera, el escuadrón llegó sano y salvo a sus barracas, en donde por fin parecieron relajarse. Moonlight, Karen y Graphite entraron primero, charlando, burlándose de las caras que había hecho el capitán Shining Armor mientras pasaban a la tienda. Sunny se quedó afuera unos segundos, recuperando el aliento mientras Jake hacía lo mismo.

Los dos se quedaron viendo un segundos, ambos jadeando con una sonrisa. Sunny fue la primera en hablar.

-Creí que la vida aquí sería menos…

-¿Alocada?- exclamó Jake. Sunny asintió.

-Bueno-, dijo el unicornio mientras se sacudía la nieve del uniforme-, al menos parece que ya terminó.

La dracony sonrió ante sus palabras, después de dirigirle otra brillante mirada al corcel ambos entraron al calor de la tienda. Los dos nuevos reclutas se quedaron congelados en el umbral de la entrada con las orejas caídas. Frente a ellos una exasperada Moonlight se frotaba las sienes con su casco, tratando de ignorar a las otras dos.

-¿Pero qué…?- exclamó Jake con un gesto, su casco señalando a la pegaso amarilla y a la terrestre menta.

Karen estaba encima de Graphite, sujetando los cascos de su presa contra su pecho. Ambas ponies forcejeaban en el suelo mientras la pegaso extendía sus alas y mostraba los dientes al tiempo que gritaba:

-¡NO TOQUES MIS COSAS, GRAPHITE!- la yegua terrestre respondió con un gruñido, luchando por zafarse de la llave que su compañera alada había hecho. Los dos recién llegados trataban de procesar la escena cuando Moonlight, con una sonrisa ladina, gritó desde su cama:

-¡Si realmente quieres que se enoje dile mapista!

Como si le hubieran arrojado una cubeta de agua fría, Graphite se levantó, su energía renovada para defenderse de la pony amarilla con boina militar. Las dos ponies entablaron un épico combate en el suelo de las barracas mientras, con gesto confundido, el unicornio del grupo negaba con la cabeza mientras miraba a Moonlight.

-¿No deberías hacer algo?- inquirió él. La pegaso le regresó la mirada, respondiendo con un encogimiento de hombros. Jake soltó un bufido, desesperado por la actitud de aquella pony. Sunny, saliendo por fin del shock, avanzó hacia la pegaso azul. Parándose junto a la cama, la dracony preguntó:

-¿No se supone que eres la sargento?- su única respuesta fue un guiño. Sunny volteó, observó un segundo la forma en que las dos yeguas se jalaban de la melena, gruñendo como lobos de bosque- ¿No deberías mantener la disciplina o algo así?

Moonlight sonrió, una sonrisa ladina que realmente no proyectaba nada más que desinterés completo. Cuando la pegaso volteó a ver a sus compañeras notó la preocupación en el rostro de la novata, orejas caídas, sus facciones tiernas y afiladas a partes iguales gracias a su ascendencia dracónica. Sin moverse de la cama, la pegaso soltó un agudo silbido.

-¡Oigan, están asustando a la nueva!- exclamó extendiendo su casco hacia Sunny.

En ese momento ambas yeguas se detuvieron.

-Lo siento-, dijo Karen con la boca bien abierta, la mordida a la pierna de Graphite interrumpida.

-Igual yo,- terció la terrestre, su casco alzado a medio golpe.

-¿Ya, feliz?- dijo Moonlight sin despegar la mirada de la hibrida, que sonreía con alivio.

-Sí- contestó ella con un suspiro.

-Bien- asintió la pegaso. En cuanto esa palabra salió de su boca las dos ponies se pusieron de pie, sonriéndose entre ellas con una mirada cómplice. Se dieron el casco, para la sorpresa de Sunny y Jake. Segundos después Karen saltó sobre la espalda de Graphite, amenazando con sacarle los ojos si volvía a esculcar entre sus cosas.

Jake y Sunny se volvieron hacía Moonlight, la cual sólo se encogió de hombros.

-Les apuesto diez bits a que Graphite gana- dijo la pegaso. Sunny no respondió, su mandíbula golpeando el piso helado, incrédula. Jake se golpeó la frente con tanta fuerza que podría haberse roto el cuerno.

-Es obvio que la pegaso ganará, te apuesto veinte bits a eso- murmuró el joven médico. La dracony sacudió la cabeza, decidiendo por fin que no valía la pena luchar contra la corriente.

-¡Trato hecho!- exclamó la pegaso azul al mismo tiempo que la pony terrestre se había sacudido a Karen de la espalda.

Sunny se quedó callada la mayor parte del enfrentamiento, únicamente reaccionando al momento exacto en que las alforjas de Jake se abrieron y Moonlight, emocionada, repartía los bits con la victoriosa yegua terrestre. El unicornio rodó los ojos, listo para irse a dormir y fingir que todo había sido sólo un mal sueño. Después de tratar los rasguños de Graphite y Karen, el unicornio junto al resto del equipo se alistó para ir a la cama.

-¡Buenas noches!-, todos reconocieron la voz de Sunny y, aunque ninguno contestó, todos asintieron discretamente, deseándole lo mismo.

La mañana llegó y con ella el desayuno. En medio del campamento se encontraba una gran tienda, de su interior brotaban vapores cargados de olor, no muy agradable pero olor a fin de cuentas. Repartidos entre las numerosas mesas se encontraban los escuadrones. En un tablón al centro de la carpa estaban los oficiales, corceles y yeguas que observaban a las tropas incluso en momentos de dispersión como aquél. Algunas legiones de guardias reales, aún portando orgullosamente sus armaduras doradas, ocupaban los lugares más cercanos a la cocina. Al fondo es donde comían las legiones nuevas, aquellas llenas de ponis voluntarios con uniformes de tela y placas de protección.

Una serie de velas y lámparas de aceite alumbraban y mantenían el calor de la improvisada cafetería, con todos los soldados bañados en luz dorada era más fácil mantener la esperanza… No era mucho, pero era lo más parecido al sol que cualquiera podría estar en un largo tiempo.

Desde la mesa de oficiales, el capitán Armor comía su puré de manzana sin despegar sus ojos de un tablón en particular. La mirada ceñuda del corcel estaba fija en un grupo de ponies que, sentados junto a la entrada de la carpa, hablaban y amenazaban con lanzar comida. Con un bufido el capitán sacó humo por la nariz, su mente vagando, su corazón latiendo fuertemente al momento en que el grupo de ponies al que vigilaba se volvió hacia él. Las miradas de aquellos soldados… el capitán creyó ver lástima, quizás tristeza cuando los ojos de una pequeña híbrida hicieron contacto con los suyos. Con una rápida sacudida, el capitán Armor volvió a concentrarse en su plato. Un ardor le subió por la nariz cuando, entre las manzanas aplastadas, él creyó ver un riso rosado.

Desde su mesa, los miembros del escuadrón #8165 observaron el momento justo en que el unicornio de melena azul agachaba la cabeza, la forma en que sus hombros caían sólo confirmó las sospechas de cierta dracony. Sunny bajó las orejas por reflejo, sin despegar sus ojos de brillante azul y rojo del corcel blanco.

-¿Siempre ha sido así de duro?- preguntó la dracony a nadie en particular. Las tres yeguas se encogieron de hombros mientras el unicornio del grupo sólo rodaba los ojos.

-Podrá parecer personal, pero te aseguro que es igual de gruñón con el resto de los escuadrones- contestó Karen antes de dar otra mordida a un pedazo de pan que traía en los cascos.

-Era peor cuando era oficial en la Academia- recordó Graphite con un escalofrío-. Cuando lo transfirieron al frente creí que me libraría de él, bueno, ya vimos cómo salió eso-, agregó con sarcasmo, alzando una taza de café al aire.

Tras dar un trago a su vaso de chocolate caliente, Moonlight se unió a la conversación.

-Él solía ser capitán de la guardia real en Canterlot-, dijo ella con la voz más críptica y seria que pudo-, dicen que algo le sucedió durante la crisis de los changelings. Ningún pony sabe qué fue, pero se rumorea que después de la derrota de la reina Chrysalis él nunca volvió a ser el mismo…

Jake y Graphite asintieron con pesar. Ambos, siendo nativos de la capital equestriana conocían a la perfección los rumores sobre la condición del capitán, pero verlo en persona… El fornido corcel tenía el ceño fruncido marcado, los ojos secos como si no fueran capaces de llorar más.

El capitán sabía lo fácil que era para ellos, de todos los ponis, leer su alma. La magia magenta del corcel sujetaba una servilleta a la altura de su nariz cuando volvió a notar las miradas solemnes, su escuadrón menos favorito compadeciéndolo por algo de lo que ni siquiera tenían idea. Bufó sin poderlo evitar.

-¿Capitán Armor?-, llamó una vocecilla, sacando momentáneamente al unicornio de su ensimismamiento. El corcel se sacudió fuertemente la cabeza, forzando una sonrisa dentuda se volvió hacia una yegua rubia con lentes.

-¿Sí, teniente…?- murmuró el distraído corcel.

-Prose- contestó la yegua unicornio entre dientes. Discretamente rodando los ojos mientras el corcel componía una genuina sonrisa de vergüenza.

-¡Claro, Prose!-, exclamó triunfante el sonrojado capitán- ¿Qué sucede?

-Sólo quería recordarle la junta de oficiales esta noche-, dijo la yegua, la seriedad del asunto detonada por su tono de voz y mirada blanca-. Esperamos que esta vez pueda asistir, capitán.

El unicornio militar se llevó un casco al pecho, profundamente ofendido por el tono de aquella pony. Como miembro de la guardia real se había tomado sus deberes en serio, ahora que Equestria estaba al borde del colapso su compromiso era mil veces mayor. Con la mirada firme, el capitán asintió.

-Bien, porque esta noche la princesa desea discutir una misión especial para alguno de los escuadrones-, susurró Prose, ajustándose los lentes cuando se acercó al oído del capitán Armor-. Escuché del coronel que se trataba de una misión prácticamente suicida.

El capitán se alejó un poco, alzando la ceja ante la nueva información.

-Teniente, ¿usted tiene autorización para tal divulgación?

La yegua se encogió de hombros.

-En ningún lado dice que no pueda comentar habladurías con un compañero-, respondió ella con un discreto guiño.

Sin poderlo evitar, el corcel miró de reojo hacia la mesa donde había estado el escuadrón 8165.

-¿Y la princesa tiene algún candidato para esa misión?- preguntó el unicornio intrigado. Sweet Prose ladeó la cabeza un segundo.

-Creo que no, ¿por qué?

El capitán Armor compuso la sonrisa más grande que la joven yegua jamás hubiera visto. Con un casco en su barbilla, el corcel respondió:

-Quizás yo tenga al equipo perfecto para el trabajo…

El campamento estaba cubierto de nieve, pero eso no era sorpresa. Las tiendas, por dentro cálidas gracias a las velas y hechizos, eran completamente blancas por fuera. El cambio podía ser muy brusco para algunos ponis, especialmente para los nuevos. Los recién llegados de Equestria encontraban el clima desalentador, pero no tanto como las noticias que les daban sobre la guerra.

Las grandes ciudades como Canterlot y Manehattan eran los centros principales de reclutamiento, en donde jóvenes de todas las razas de ponis asistían a prepararse para luchar. Salvar Equestria de la ira del rey Sombra, en papel sonaba como una buena idea. Al llegar, ver la nieve, la oscuridad que inundaba las tundras, sentir el viento morderles la piel y el miedo cada noche… Era fácil que muchos se desanimaran por el cambio de condiciones, especialmente uno tan brusco. La esperanza era difícil de mantener, el ánimo aún más.

-Es por eso que el escuadrón 8165 es perfecto para esta misión- concluyó el capitán con una sonrisa ladina.

El unicornio, vestido con su mejor uniforme, se erguía orgulloso frente a la mesa de oficiales. A su lado estaba la princesa Celestia, frunciendo el ceño. Los ponies sentados alrededor de una gran mesa evitaban la mirada del capitán, notando de pronto lo interesante que era el mapa de estrategias al centro del tablón.

-Shining Armor-, un suspiro colectivo resonó en la carpa al escuchar la real voz de Celestia. Su tono, cargado de seriedad, comandaba la atención de todos los presentes, excepto del unicornio que miraba, amargado, el helado suelo-, entiendo que tienes motivos para proponer a ese escuadrón, pero debo recordarte que no es el momento, ni el lugar, para tratar cuentas personales con esos ponies.

Mientras el capitán rascaba el suelo con su casco, la princesa agachó la cabeza y murmuró, con un tono tan maternal y cariñoso, complicado de imaginar en un general.

-Además, el escuadrón 8165 no necesita ir a territorio enemigo para meterse en problemas.

El corcel alzó la mirada, sus ojos azules fijos en Celestia.

-Con todo respeto princesa, pero ese es el punto- gruñó él. El alicornio dio un paso involuntario hacia atrás al ver los ojos de su sobrino… no, del capitán Armor-. Esos ponis son el equipo perfecto para salir de cualquier situación, librarse de cualquier consecuencia-, entonces hizo una pausa, volteando a ver al resto de los oficiales que hasta el momento había callado- ¿Cuántas veces no se han evitado los castigos? ¿Cuántas batallas no han sobrevivido?

Celestia estaba a punto de protestar cuando el casco del capitán se alzó y golpeó la mesa.

-¿No es eso lo que necesitamos ahora?- preguntó él sin esperar respuesta-: Si ese grupo de pequeños ponis ha podido llegar ileso hasta ahora, ellos son la mejor esperanza que tenemos.

Un casco se alzó al fondo de la mesa. Un pegaso anaranjado envuelto en armadura tradicional de la guardia se había levantado, exigiendo atención.

-Todos estamos de acuerdo en que Graphite, Karen y Moonlight son ponis muy capaces, incluso han sacado a algunos de nosotros de situaciones complicadas- dijo el corcel con mirada determinada, al menos tres oficiales asintieron a sus palabras-. Pero debo recordarle, capitán, que el escuadrón es un equipo, un equipo que hace poco se hizo más grande.

La princesa asintió, reprimiendo un suspiro ante la mención de los nuevos reclutas. El coronel, un corcel azul con melena blanca, agachó las orejas al recordar el tren que había llegado hacía sólo una semana.

-Debo coincidir con el mayor, si el escuadrón 8165 realiza esta misión hay que tener en cuenta a los nuevos elementos…

-Que son una hibrido de dragón y uno de los unicornios más capaces salidos de la escuela para Unicornios superdotados de Canterlot- refunfuñó el capitán Armor. La mitad de los oficiales aprobaban las palabras del unicornio, con murmullos y discretos movimientos de cabeza parecían estar de acuerdo con la elección.

-¿Y por qué no enviar a un escuadrón más experimentado?- sugirió otra pony. La joven teniente rubia alzaba la ceja al recorrer con la mirada al resto de los oficiales-: Los Wonderbolts, quizás realizarían un trabajo más rápido. Las hermanas Pie son eficientes contra los cristales del ejército de Sombra. Escuadrones de unicornios como el de Starlight…

El capitán carraspeó fuertemente, bufando segundos antes de responder.

-¿Por qué no? Es fácil, teniente-, comentó el unicornio con las orejas gachas-. Todos esos escuadrones son vitales para los ataques frontales, aunque tengan más experiencia son demasiado conocidos, cualquier zombi de cristal reconocería al Ala de hierro en cuanto pusiera un casco en el imperio, al igual que a las Pie o a nuestros unicornios. La ventaja del 8165 yace en su discreción.

En ese momento cinco cascos salieron disparados hacia arriba, listos para refutar la afirmación del corcel.

-No creo que "discreción" sea el mejor término, capitán- argumentó el coronel Sword-. Tengo entendido que ese mismo grupo le prendió fuego a una de las bodegas y a los guardias hace un mes, alertando a los espías de Sombra.

Aunque un par de ponies sonrieron al recordar el evento, la mayoría adoptó un ceño fruncido, incluyendo a la princesa.

El capitán asintió, una risilla dentuda apareciendo de repente.

-Estoy de acuerdo, pero díganme-, la mirada de zafiro del capitán se volvió hacia sus compañeros oficiales, concentrándose particularmente en los tres que le habían refutado- ¿Qué pasó con esos espías?

Los ojos de los oficiales se abrieron, grandes como la misma luna, mientras soltaban un colectivo "oh". Incluso Celestia se vio forzada a aplaudir mentalmente el argumento del capitán.

-Exacto-, dijo él, satisfecho-, capturados antes de volver a su base.

Celestia dio entonces un paso al frente, dirigiéndole una mirada cargada de agradecimiento a quien consideraba su sobrino favorito.

-Está bien, capitán Armor- Celestia alzó la voz, irguiendo la cabeza con fuerzas renovadas-, vaya ahora por el escuadrón 8165 para discutir los detalles de esta misión.

Con un respetuoso saludo, el unicornio salió corriendo del cuartel.

Era cerca de medio día cuando Karen por fin se consideró lista. Había pasado horas en la mañana dándole vueltas al campamento, buscando el coraje para hacer la pregunta cuya respuesta llevaba semanas buscando. Gruesas gotas de sudor bajaban por su frente mientras sus ojos volaban de un lado a otro. Cuando se aseguró de estar sola, la pegaso amarilla realizó ejercicios de respiración, tratando de aliviarse los nervios…

No funcionó muy bien.

-Vamos Karen-, dijo para sí misma. Una mirada determinada en su rostro. Con lo nerviosa que se había estado sintiendo, la pegaso falló en notar que su boina purpura se había torcido, su larga melena estaba despeinada y su uniforme estaba tan desordenado como la cama de Graphite.

-Vamos-, repitió en voz baja-, has enfrentado zombis de cristal… ¡Esto no es nada!- exclamó con la sonrisa más falsa jamás vista en el norte helado. Tras unos segundos de mantenerla, Karen se rindió, agachó las orejas y dejó caer su cabeza.

-¿Qué no es nada?

En ese momento, Karen despegó, golpeándose con el techo de lona de su tienda y regresando al suelo con un estrepitoso golpe.

-¡Cómo lo siento! ¿Estás bien?- exclamó una preocupada vocecilla al tiempo que su dueña extendía un casco para ayudar a la desorientada pegaso.

-Sí- respondió Karen, su cabello cubriéndole los mareados ojos mientras se ponía de pie con la ayuda de la otra yegua-. Me sorprendiste, eso es todo.

-Lo siento- dijo la pony, su mirada en el piso mientras Karen se recuperaba.

-No es tu culpa, he estado así todo el día- respondió la joven pegaso, más ocupada limpiándose el polvo y la nieve del cuerpo que prestando atención a su compañera.

-¿Y eso?- preguntó la otra alzando una ceja.

Karen cerró los ojos y sacudió la melena antes de responder.

-Desde hace un tiempo quería hablar con Sunny sobre su familia dragón, quizás ver si me daría permiso de hacerle un retrato o algo así- comentó la pegaso, vuelta de espaldas a su amiga mientras se arreglaba la boina.

-¿¡Por qué no preguntaste antes!?- gritó la otra yegua, sus ojitos bicolor brillando de emoción.

En ese momento, Karen comenzó a dar la vuelta.

-Porque es raro preguntarle a alguien sobre su especie medio reptil, ¿sabes?- dijo la pony alada, sus ojos rosados abriéndose de golpe al ver a la joven dracony sentada frente a ella, una tierna sonrisilla en el rostro de la chica.

-No tanto cuando ya estás acostumbrada- contestó Sunny con ojos radiantes fijos en ella.

Por unos segundos la pegaso se quedó congelada con la mirada perdida mientras murmuraba: dejó de funcionar. Sunny agitó su garra frente la pegaso sin obtener respuesta.

-Huh, qué extraño- susurró mientras rodeaba a la congelada pony pegaso. En ese momento una brisa sopló por la entrada de la tienda, Moonlight y Graphite iban conversando sin prestar atención a la estatua viviente que era Karen. Sunny esbozó una sonrisa al verlas.

-¡Chicas!-gritó la pequeña hibrida, agitando sus cascos con urgencia. Las dos yeguas recién llegadas ladearon la cabeza antes de acercarse.

-¿Qué sucede, Sunny?- preguntó Graphite, un deje de preocupación en su voz.

-¡No lo sé!- exclamó la joven dracony mientras se tiraba al suelo, su casco extendido señalando hacia la joven y congelada Distinguida.

Moonlight rodó los ojos antes de responder:

-Creo que la rompiste-, ante el comentario de la pegaso, Sunny contrajo el rostro, repentinamente asustada por el bienestar de Karen. Graphite torció la nariz en dirección de la sargento, frunciendo el ceño ligeramente antes de negar con la cabeza.

-No es cierto, hace falta mucho más que lo que sea que hayas hecho para acabar con Karen- agregó la pegaso azul con la mirada seria, escaneando con los ojos el estado de su compañera alada. Al menos seguía respirando, eso era un inicio.

Tras agitar su casco frente al rostro de Karen, Moonlight dijo:

-Son los nervios- entonces la pegaso se alejó, aproximándose a la pequeña Sunny.

-¿Segura?- cuestionó la dracony al tiempo que se ponía de pie. La otra asintió- ¿Cuándo se recuperará? Porque yo podría intentar…- murmuró la joven hibrida, sus ojos desviándose ligeramente hacia la pegaso amarilla.

Sin decir palabra, Moonlight avanzó hasta la otra pony alada y con una sonrisa socarrona murmuró algo en su oído. Un ligero tic apareció en el parpado derecho de Karen, su cabeza se torció un poco hacia el hombro… Parecía a punto de explotar. Juiciosamente, Moonlight salió volando hacia el otro lado de la tienda, arrastrando a Sunny consigo.

-¿Ella…?- murmuraba con los dientes apretados- ¿Hizo…?- su larga melena negra se alborotó, como si un rayo le hubiera poseído- ¡¿QUÉ?!

A salvo tras la trinchera de catres, Moonlight soltó una carcajada sonora. Al observar las facciones desencajadas de la pegaso, la sargento gritó:

-¡Cómo dije!- hizo una pausa para reír antes de alzar su casco hasta su boca y agregar-: ¡Graphite estuvo usando tus lápices de dibujo otra vez!

La mencionada sólo tuvo un segundo para matar a Moonlight con la mirada, pues enseguida fue embestida por la furia justiciera de la pegaso artista. Con un gemido asustado, la terrestre salió corriendo de la tienda.

-Según mi diagnostico, Karen estará bien- dijo la pegaso azul al tiempo que daba un salto para salir de su trinchera. Sunny no pudo evitar sacudir la cabeza al momento que Moonlight le ofrecía su casco.

-¡AAAAAAAAaaaaaahhhh!

Ambas yeguas irguieron las orejas al escuchar el desgarrador grito de una joven terrestre al otro lado del campamento.

-Aunque por Graphite no estaría muy segura- comentó Moonlight con un ligero encogimiento de hombros.

El resto de la tarde había sido relativamente tranquila, las barracas del escuadrón 8165 estaban vacías excepto por la presencia de una agitada pegaso de larga melena negra y una dracony que se rascaba la cabeza, confundía. Karen sacaba vaho con cada nueva respiración, las plumas de sus alas estaban esponjadas y su melena despeinada. La pequeña boina militar aparecía torcida en su cabeza. Sunny, por su parte, simplemente estaba sentada en su cama, tratando de comprender lo que acababa de pasar.

-¿Por qué?- murmuró ella dirigiéndole una mirada cargada de curiosidad a la pegaso que se encontraba al otro lado del cuarto- Desde que llegue lo único que veo es peleas entre ustedes, ¿cómo es posible que se comporten de esa forma? ¿Cómo es posible que no las hayan enviado de regreso a Equestria con ese comportamiento?

La joven yegua ladeó la cabeza, con un ligero ademan de despreocupación ella contestó:

-El capitán Armor se ha preguntado lo mismo desde que me asignaron con Moonlight y Graphite- entonces Karen se acercó a la dracony, una sonrisa burlona adornándole el rostro-. Pero ya en serio, ¿cómo crees que el escuadrón se mantiene en forma?- comentó la pegaso, alzando su casco y flexionándolo un par de veces.

Sunny no pudo reprimir la risilla que le provocaba el gesto. Karen se sentó en el piso frente a la dracony, sin dejar de sonreír.

-¿Así que…?- comenzó a decir Sunny, por fin tragándose la risa- ¿Eres una artista?- preguntó la joven hibrida, algo ausente mientras evitaba la mirada magenta de la pegaso. La yegua de alocada melena negra asintió solemne.

-Sip- dijo Karen-. Desde que era una potranca he tenido esa… podrías decirle habilidad- agregó con un ademán de su casco-. Siempre quise hacer algo grande con eso, ¿sabes?

La dracony alzó la ceja un segundo.

-¿Entonces por qué estás aquí?- preguntó, la curiosidad en su mirada era muy similar a la de un pequeño potro, demasiado lindo para resistirlo.

-Jeje- río Karen por lo bajo, segundos después se apartó el copete de la cara y con su casco señaló a la visible cicatriz que tenía en la frente-. El arte no servirá de nada si dejamos que Equestria sea conquistada- en ese momento, la pegaso se dejó el cabello y agregó-: Además, ¿has visto las armaduras del Rey Sombra? Es obvio que el sujeto no tiene muy buen gusto que digamos…

Sunny asintió.

-¿Y qué hay de ti, dragoncita?- al escuchar la pregunta Sunny dejó de sonreír.

-Yo… bueno- entonces Sunny se revolvió en su asiento girando la cabeza con cierta incomodidad-. Equestria es mi hogar, no quisiera que…- La seca mirada que Karen le dirigió hizo que Sunny callara.

-Esa es la excusa de todos los que no saben por qué están aquí, ¿sabías?- dijo la pegaso con su ceja alzada. En un momento dado aquella pony se puso de pie, con ceremoniosa lentitud se posó frente a la joven dracony, con su casco obligándola a mirarle los ojos.

-Graphite vino a trazar mapas y terminó en el campo- comentó la pony alada, su mirada siempre fija-. Moonlight quería su tonta cutie mark. Yo quiero retratar lo que sucede aquí con mis dibujos. Así que, ¿Por qué estás aquí?

La pequeña hibrida se mordió el labio inferior, insegura sobre lo que debía responder. No fue hasta que la mirada de Karen se suavizó que la dracony se animó a hablar. Tras un par de respiraciones profundas para calmarse ella dijo:

-Podría decir que es porque, quizás no lo vas a creer, pero Equestria es un poco más tolerante con los híbridos que las tierras del Amo Garble- murmuró Sunny, su rostro repentinamente rojizo por el recuerdo del país de su madre, rememorar el calor de la lava simplemente le hizo sentir más frío.

Karen torció los labios ante la mención de aquel desastre de dragón. Todos, incluso pequeños ponies de Fillydelphia, sabían sobre la forma en que las relaciones con Equestria habían terminado desde el momento en que ese tonto tomó el cetro y se volvió Amo de los dragones. Karen lo recordaba con amargura, la forma en que aquel pegaso mensajero llegó una mañana a anunciar que la migración anual de dragones dejaría de pasar por Equestria.

-Te creo- dijo la pegaso de melena negra, un rápido bufido aparándosela de los ojos. De pronto, Sunny formó una de las sonrisillas más encantadoras que Karen hubiera visto jamás, su boca un poco abierta dejando ver sus blancos colmillos y aquellos ojos de rubí y zafiro brillando como el mismo sol…

-¡NO TE MUEVAS!-gritó ella antes de salir volando hacia el cajón en donde guardaba sus cosas.

"Okay", pensó Sunny, sin tiempo para mover los labios porque en un parpadeo la pegaso estaba frente a ella una vez más, en sus cascos sostenía una tabla con una hoja pegada y en su boca había un grueso lápiz.

Sunny intentó no moverse, quizás lo logró por diez segundos, quizás fueron doce. En algún momento perdió la concentración y se movió. Sus ojos llenos de pánico observaban la ágil manera en que la pegaso movía el lápiz, como si lo hiciera bailar un vals sobre una pista de mármol. A pesar de ya no estar posando, Sunny notó la forma en que aquella pony parecía capaz de recordar los detalles, alzando aquel bosquejo a un nivel que la joven hibrida jamás había visto… Claro, en las tierras dragón sólo se ven dibujos hechos en roca, pero aún así.

Cuando el dibujo estuvo terminado, Karen se quedó unos segundos admirándolo antes de que una idea le surgiera. Formando una sonrisa ladina, la pegaso se acercó a la dracony y exclamó:

-¡Ahora uno de cuerpo completo!

La pequeña dracony hizo una mueca y cerró los ojos por lo que parecieron años. No supo cómo sucedió, sólo sabía que en algún punto del tiempo y el espacio aquella pegaso la había despojado de su uniforme y había colocado su cuerpo en una pose extraña. Cuando Sunny abrió los ojos se encontró a sí misma en medio de la barraca, su cabeza alzada, sus piernas extendidas como preparándose para atacar.

Por el rabillo del ojo, la dracony notó la forma en que su amiga movía el lápiz, las cejas fruncidas y la forma en que cada mueca que hacía parecía añadir más al dibujo que tenía entre sus cascos. Sunny intentó no moverse mucho, incluso llegando a contener la respiración inconscientemente. Esta vez la pequeña modelo permaneció quieta por lo que parecieron horas, feliz de ayudar a una amiga, Sunny le tomó poca importancia a la sensación que corría por sus adormiladas piernas.

-Ya casi- dijo Karen con el lápiz entre dientes-. Sólo me falta un pequeño detalle- agregó con una sonrisa.

Sunny estaba a punto de corresponder el gesto cuando el sonido de una inhalación repentina le interrumpió. Karen también los escuchó así que se dio la vuelta, a penas giró la cabeza se encontró con una despeinada y enloquecida Moonlight. Los ojos de avellana de la pony azul fijos completamente en la marca de cristales verdes que adornaba el flanco de la dracony.

-¡ES EN SERIO!


¡Listo! ¡Capitulo 2 terminado!

Primero me gustaría agradecer a los que le dieron clic a la primera parte, me hace muy feliz saber que les gustó el inicio y eso me motivó a tener lista esta parte más rápido. Espero les guste este capitulo, especialmente ahora que existe algo de conflicto ;)

Segundo, quiero recordarles que cualquier opinión que tengan pueden dejármela en los comentarios, si les gustó me gustaría saber por qué. Si no les gustó, también quiero saber qué no les gustó. No tengan miedo de dejarme un comentario, a pesar de mi nombre de usuario, yo no muerdo ;) Y me sentiré muy agradecida con su retroalimentación :D

Sin más que agregar, espero la historia les esté gustando

¡Hasta luego!