Los meses transcurrieron hasta aunar algo más de un año. La doctora Ziegler seguía con profundo pesar las intensas batallas entre el líder de Blackwatch y el comandante Morrison.
Había comenzado a fumar. No lo admitía, pero era su manera de renunciar a la vida que ella misma se había boicoteado… de torturarse recordando que no tuvo el valor de apretar el gatillo… de culparse y acusarse en su juicio personal.
—¿En qué piensas, Angie?
La doctora aplastó la colilla de su cigarro contra un bidón oxidado del almacén donde se hallaba. Posó sus ojos hastiados y derrotados sobre Ana.
—Repasaba mentalmente algunos historiales. No sé nada de… ya sabes… los asuntos de Blackwatch.
—Yo tampoco. He intentado sonsacarle de todas las formas posibles a Gabriel qué era lo que hacía uno de sus agentes en Londres cuando se supone que está fuera de nuestra jurisdicción y, para más inri, su división se encuentra suspendida… pero sale con evasivas de todo tipo.
—¿Él está…?
—Oh… —Ana hizo una mueca al recordar que la doctora había mantenido un romance con el agente Reyes—. Está… bien. Sí. Le obsesiona Talon, especialmente desde esa explosión que casi se lleva a Lacroix, pero se mantiene en forma y cuida de los suyos.
—¿Y su salud…? —La imagen de las intervenciones en el brazo de Gabriel atormentaba a Angela cada noche en sus sueños.
—Mejor que la tuya, fumadora —le reprochó la francotiradora—. A veces no sé si le añoras como amante o como paciente, ¿por qué insistes tanto con su salud?
—No lo sé —mintió Mercy. Echó una mirada a las improvisadas instalaciones médicas de aquel almacén—. ¿Dónde está ahora?
—En Venecia, junto al resto de Blackwatch. Obsesionado con Talon, como te decía.
—Ya… ¿Tú cómo le ves?
—Hosco, cerrado… En plena forma. Toda esa porquería que le inyectaron tanto a él como a Jack se hará notar siempre.
La suiza se estremeció.
—¿Cómo está Jack?
—Me sorprende que no se haya quedado calvo por el estrés. Aunque le noto hasta cierto punto esperanzado desde que se entrevistó con Lena Oxton. La inocencia y el entusiasmo de la juventud le han recordado por qué lucha.
—Me alegra que halle algún tipo de consuelo.
—Voy a salir ya. Nuestra gran familia cuenta contigo para atender a los rehenes, ¿tienes todo lo que necesitas?
—Sí. Sólo me falta desempaquetar unos suministros. Mientras operáis, los tendré listos.
—Bien.
—Ana… gracias por preocuparte por mí.
—Ojalá tú me hicieras caso y dejases el tabaco. Así tendría una preocupación menos.
Ana no regresó de aquella misión.
Todo lo que la doctora Ziegler pudo hacer cuando supo lo que había sucedido fue volcar su paquete de cigarrillos en un cubo de basura y proceder a atender a los heridos.
Ana había sido uno de los pilares que la ayudaban a no derrumbarse… y ya no estaba.
No obstante, tras los escándalos que salieron a la luz sobre Blackwatch, Angela no tuvo tiempo de preocuparse por su tormento personal: Overwatch terminó desmantelándose. Se dijo que aquello había sido por una razón, que todo sería mejor así. Volvió a ejercer la medicina en hospitales y se esforzó por olvidar los horrores que había vivido dentro de la organización.
Nunca supo que el viaje a Italia hizo que Gabriel reviviese la desafortunada compra de la sortija con la que quiso proponerle matrimonio… manteniéndole irascible y descentrado durante toda la misión. Así que, sí: sus pensamientos sobre ella le impulsó a tomar la decisión que lo cambió todo.
