Notas de la autora: ¡Yisus! Como los capítulos están relativamente largos, me tardo años en terminar el num de páginas límite que me impuse. Espero que este capítulo les agrade. ;)
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Capítulo 2
Electroquímica
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Azotó la puerta con fuerza y avanzó a trompicones dentro de su habitación. Su padre era simplemente el hombre más frustrante, inédito, insólito, inteligible, insoportable de todo el infierno. ¡Por todos los demonios!
Ella.
Lucifer.
Se estaría mintiendo si no aceptara que mucho antes lo había pensado, pero a decir verdad, nunca pensó en la posibilidad que ella hija,tendría que asumir el control y ser el peor ser que existe en el universo. Tendría que olvidarse de todo lo que conocía en la tierra y comenzar a aborrecer a sus queridos y extraños humanos. ¿Y qué pasaba con el humano que la tentaba?
Y no había que comenzar a pensar sobre todas aquellas cosas que tendría que comenzar a hacer, todos aquellos pecadosque simplemente aborrecía.
Las cosas no eran tan sencillas como parecían.
¡Cómo si simplemente pudiera engañar a su idiotaidiotísima corazón de pollo!
—Hey—dio un salto en su lugar antes de girar sobre sus talones para encontrarse a Erza—. ¿Qué puso a la reina tan helada de ira?
—¡Sabes! —Se aproximó de largos pasos—, ¡He sufrido por tu culpa! ¡Tú, demonio! —la señaló con su dedo acusatorio.
—Espero que sea un cumplido. —Ella frunció el ceño—. Lo siento, Lucy. Hemos tenido mucho trabajo en el casino; además, hoy logré que tres personas se volvieran casi adictas.
Ella apretó la mandíbula mientras sopesaba todo lo que conllevaba hacer una persona adicta al juego. Los sujetos que eran incitados al mal, necesitaban muchísimos meses de preparación por parte de su demonio y, cabe destacar que Erza era una de las mejores en su trabajo y casi nadie podría igualarla (en eso, y prácticamente en todo), su pecado era codicia –como el de Gajeel-. Lucy nunca había logrado volver al lado oscuro a alguien, ni planeaba intentarlo y bueno, no era que la avergonzara pero no era exactamente algo para presumir en el infierno y siendo quién era y quiénsería en un futuro –desgraciadamente- no muy lejano.
—Entonces—Erza interrumpió el hilo de sus pensamientos inocentes—, ¿Qué sucede?
—Oh, nada importante—dio vueltas en el mismo lugar, agitando la cabeza para despertar si era un mal sueño—, ¡Sólo me acaban de decir que mi nombre real es Lucifer, y que tiene muchísimo tiempo que no había un Lucifer que se llamara Lucifer, lo que quiere decir que soy la reencarnación del mismísimo demonio, pero al mismo tiempo, nada que ver, porque soy lo contrario!
Erza la observó por lo que le parecieron años—. Espera, ¿qué?
Se llevó las manos a la cara mostrando la frustración que la estaba consumiendo viva y después se dejó caer en la cama, al lado de su mejor amiga demonio, que la observaba con interés y sospecha.
Hacía mucho tiempo, cuando Lucifer cayó del cielo y sus alas fueron arrancadas, el imperio de los demonios comenzó, alzándose de entre las ascuas como un rascacielos, de enormes magnitudes e imponente esplendidez. Él gran ángel penitente dijo que nunca nadie podría tener su nombre y que renacería para acabar con el mundo humano y más tarde, con el reino de los cielos; después se comenzaron las divisiones de los pecados.
Desde su muerte, hace miles de miles de años, toda familia que ha pasado por el poder del infierno usa el título de Lucifer; pero nunca nadie había osado a nombrar a su primogénito con el nombre del gran ángel, a excepción de su padre. ¡A ella! ¡De todas las personas! ¡De todos los demonios!
¿Y qué si era la reencarnación?
No. Eso era imposible.
Ella, sin duda alguna, era todo lo contrario. Es más, tal vez su padre la estaba engañando y su nombre siempre había sido Lucy, y de hecho, si lo pensaba bien, siempre la había llamado Lucy y nunca nadie, en el mundo mundial, la había llamado Lucifer. Ni si quiera su propio padre.
Soltó un suspiro cuando recapacitó de todas las estupideces mentales que estaba soltando su cerebro.
—Entonces— prosiguió Erza—, ¿Era eso lo que querías contarme?
Lucy giró su cara hacia ella—. No. Tengo problemas con un humano. —Erza enarcó una ceja—, un problema muy, muy grave.
—¿En serio? ¿Tú? Pero si tu amas a tus mascotas—soltó la pelirroja con tono sarcástico; Erza no era un demonio que odiara a los humanos o los tratara como a la peste negra, más bien para ella eran como ratas que no le molestaban, y a Lucy eso la hacía sentirse extraña. Sobre todo, después de su gran metida de pata—, ¿Te encariñaste con alguna?
Su tono burlesco la estaba matando. La hija de Lucifer entornó los ojos.
—No. Más bien…es como si…—parpadeó—, no. Olvídalo, no es nada importante.
Giró sobre sus talones hábilmente para que sus miradas no se cruzaran, y por tanto, que Erza no descubriera lo mucho que estaba encantada y encariñada con un humano, pero –como siempre-, Erza se adelantó a sus acciones y la tomó de un hombro, regresándola a su lugar original. La mirada de su amiga era de sorpresa total.
—Lucy—una de las hebras rojas estaba resbalando por su hombro y Lucy se enfocó en ella para evitar la mirada—. Mírame, joder. ¿Te enamoraste de uno?
—¿Eh? ¡No! —se soltó titubeando.
—¡Un demonio no se puede enamorar!
—¿Tú estás enamorada? —comenzó su alegato.
—De un demonio— respondió con exasperación—. Mi novio es un demonio, Jellal es un demonio.
—Erza, no estoy enamorada—cruzó los brazos y sus cejas se juntaron haciendo una pequeña arruguita en su frente—. Sólo dije que tengo un problema. De saber que te pondrías así, ¡No habría dicho nada!
Su amiga demonio la contempló con duda. Lucy sabía que Erza tal vez no la comprendiera, pero, de nuevo: en ese mundo ¿Quién? (Sólo Gajeel la entendía, tal vez). Las siguientes palabras, la dejaron quieta en su lugar.
—El amor entre demonios y humanos no trae cosas buenas, Lucy. Tú deberías saberlo mejor que nadie.
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Tal vez su madre fue una humana, pero ¿y qué? Igual su padre tenía el título de Lucifer y ella pronto lo heredaría. Claro que nadie sabía (excepto Erza, porque es su mejor amiga y nunca se guardan secretos –obviamente-), y ella solamente había logrado sacar eso de su padre, que nunca le volvió a dirigir otra palabra de su madre nunca. Así que se tuvo que contentar con sólo ese poquito de información.
Muchas veces había pensado que el origen de su alma demoniaca-medio-corazón-de-pollo provenía de su madre y que su interés –porque no amor, definitivamente eso no- también se podía haber generado de ella. En el mundo de los demonios, tener un corazón como el de ella era lo más estúpido que podía suceder y se consideraba un signo de debilidad.
La amabilidad se confundía con idiotez.
Incluso algunos humanos llegaban a pensar eso, y cierta parte tal vez era por la influencia de su mundo sobre ellos; cuando en realidad la amabilidad era una de las acciones que los hacían humanos.
Lucy revolvió su cabello con frustración. Quería hacer a Erza y a su padre orgullosos de ella, y si eso significaba tener que ser mala, intentaría serlo.
Y podría comenzar, enmendando su error. Con Natsu.
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Parecía que por fin, alguien le había presentado las sombrillas a Natsu Dragneel, porque, al día siguiente, se presentó íntegro y con sus ropas secas por primera vez en la semana.
Lucy se había prometido que no caería como niña boba ante esa sonrisa y esos hoyuelos que casi la hacían derretirse, así que con toda la valentía que pudo reunir, dio un paso fuera de su escondite y avanzó hasta su sitio de trabajo. Los ojos de Natsu destellaron con…¿Qué era eso? ¿Afecto?
Avanzó hasta ella con una sonrisa coqueta mientras ella se recordaba que su padre y Erza estarían muy decepcionados de ella. No había pedido ser el próximo ángel caído más terrible en la faz de la tierra, pero gracias a su padre y sus idioteces mentales, ahora tal vez sería la próxima Lucifer.
Y supo que sería una muy mala cuando él paró frente a ella y le dijo suavemente hey, ¿Qué tenía esa palabra de especial? Nada. Podía usar un hey, eres un idiota; hey, te odio; hey, mira a ese tipo ¡Se está comiendo un moco!; Hey, quiero acabar con la raza humana esta noche; hey, creo que me gustas. Pero por alguna razón ese hey parecía tener un millón de significados, y ninguno de ellos era repugnante, al contrario, hacía que su corazón-no-demoniaco se enardeciere.
—Hey—probablemente estaba sonriendo como idiota. A la mierda el infierno y sus planes; de todas formas, se suponía que era pecadora e hiciese lo que le viniera en gana.
Lucifer.
Joder, como le gustaría poder ser un demonio real y seguir sus instintos sin darle vueltas a las cosas.
Antes de que alguno de los dos despertara de su contemplación mutua –e idiota, he de agregar-, Gajeel apareció por arte de magia; sus ojos amenazantes fueron a caer en el cabello asalmonado de Natsu. Ambas miradas lo examinaron y el gigante de repente entrecerró los ojos, viendo y analizando con cautela lo que estaba sucediendo frente a él.
Lucy quiso excusarse, pero unos pequeños pasos la interrumpieron.
—Hey, chicos—Lucy se mordió el interior de la mejilla. Hey—. ¿Por qué están todos aquí mirándose como gaviotas? Despachen el área.
¡Gracias, Levy-chan!
Dio media vuelta y entró a su cubículo, detrás de la caja de pago.
La pequeña carraspeó—. ¿Qué quieres esta vez, Natsu? ¿Puedes dejar de molestar a mi amiga? En serio, estás comenzando a parecer un stalker.
El chico enrojeció de repente pero Levy continuó su verborrea sin importarle en una mínima parte su azoramiento—. Es más, ven conmigo. Quiero hablar contigo sobre otro tema importante.
Natsu pasó una mano por detrás de su cuello y le envió una mirada a Lucy, que sólo parpadeó antes de que los dos salieran por la puerta de cristal y la campanita hiciera su sonido tan clásico. Le tomó algo de tiempo darse cuenta que Gajeel seguía adentro, con ella, y la estaba mirando de forma rara.
—¿Qué?
—Lujuriosa.
—¿¡QUÉ!? —el pudor pudo más con ella y su enfado le hizo soltarle un golpe al pecho. Podría jurar que había sido el más fuerte que había dado en toda su vida, pero aun así, el tipo no hizo nada más que clavarle la mirada. Después de unos segundos una sonrisa ladeada hizo aparición y ella se sintió muy humillada.
—Era una broma—siguió los pasos de Levy pero antes de salir, paró y la miró por sobre su hombro—. Ten cuidado con él, princesa. No es lo que tú piensas que es.
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Realmente podría haber dicho que le gustaba el color rosa y bailar en tutú y la hubiera dejado mil veces menos confundida que con ese comentario de salida. Le había dado tantas vueltas como su mente lo permitía y simplemente no llegaba a una buena conclusión, así que decidió dejarlo por la paz.
Después de vender algunos libros y de que pasaran unas cuantas horas, milagrosamente había olvidado el tema, hasta que uno de los recibos cayó al suelo y tuvo que recogerlo; cuando se levantó, casi le da un infarto. Natsu estaba del otro lado del mostrador.
—Dios mío—dio un pequeño salto en su lugar. Natsu resopló y una sonrisa divertida apareció de repente. No quitó su mirada hipnotizante de ella en ningún momento—. Casi me da-
—Un infarto. Lo sé—Lucy asintió sintiéndose ruborizada—, em, Lucy.
—¿S-Sí?
Movió la cabeza hacia la salida—. ¿Quieres dar una vuelta conmigo?
Joder. Sí.
Levy hizo su aparición fulminándole con la mirada, su pequeño pie se movía de arriba hacia abajo y sus brazos cruzados dejaban muy en claro que estaba sucediendo—. Creí que habíamos hablado del tema.
Él entornó los ojos.
Sin pensárselo dos veces, Lucy se apresuró a salir de la pequeña isla mientras Levy y Natsu intercambiaban palabras—. ¿Puedo tomar un descanso?
—¡Lu-chan!
—Perfecto—tomó la bufanda de Natsu y empujó la puerta de cristal, moviéndose con premura hacia la salida, y evitando algún comentario de su jefa. La risa divertida de su acompañante le llegaba desde atrás y sus mejillas se ruborizaron con fuerza.
No era que no respetara a su jefa-amiga, pero realmente quería saber que estaba sucediendo con ella; y de alguna forma, quería descubrir como quitarse a ese humano de la cabeza. Aunque ir lado a lado en una calle llena de árboles que parecían cantar, probablemente no la ayudaría en nada.
—Entonces—dijo él—, nunca creí que hicieras eso, Lucy.
Escuchar su nombre, la hizo sonreír—. Lucy. Es mi nombre; Lucy.
—Um. Lo sé—parpadeó un poco perdido y la chica simplemente le dedicó una mirada divertida—. Es como que, perfecto para ti. Lucy.
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Comenzaron a pasar los días y el humano nunca regresó. Lucy se sorprendía a sí misma, mirando todo el tiempo por el cristal, esperando que la campanita sonara y le anunciara el regreso de Natsu. No tenía la menor idea del por qué había desaparecido misteriosamente.
No quería creer que era su culpa. Tal vez se había cansado de ella, o tal vez aquellas acciones tan especiales no eran solo dedicadas a ella, o simplemente se mudó de ciudad y no dijo nada. Incluso llegó a pensar en su padre y que tal vez, y sólo tal vez, se había enterado de algo y hubiera decidido tomar cartas en el asunto; pero Jude la hubiera enfrentado, y nunca lo hizo.
Las horas eran tortura y los días una constante masacre. Levy nunca mencionó nada e incluso quiso ayudarle, pero Lucy se negó rotundamente. Sólo habían hablado e ido a dar una vuelta, sólo intercambiaron miradas sostenidas y sonrisas fugaces. Sólo se había sentido en el cielo por unos cuantos minutos y había quedado prendada de él.
Joder.
Ahora tenían sentido todos esos libros juveniles en los que la protagonista se deprime tanto, que incluso va a parar a un centro de rehabilitación con terapia electro-convulsiva. Los primeros azotes de un sentimiento que no quería identificar bien.
Erza se lo había dicho. Lucy debería haber sabido que las relaciones de demonios con humanos, nunca terminan bien.
Se prometió que no volvería a ser una tonta. Dos semanas de cruel realidad para su alma.
Hasta que se presentó de nuevo.
Ella se había quedado dormida sobre el mostrador como era su nueva rutina y comenzaba a acostumbrarse a levantarse con el sonidito de la puerta. Natsu entró, quedándose en el tapete de la entrada y la mirada fija en su dirección y bueno, ella no notó en ningún momento que el cliente era su más duro martirio hasta que Levy saltó de la nada.
—¡Vaya! Miren quién es—la mirada café y verde se chocó con fuerza y por un mero segundo, su corazón paró antes de galopar con fuerza. Pero todo el encanto se acabó cuando el chico desvió la mirada sin dirigirle un mísero hey.
¿Qué había sido eso?
¿Ahora estaba enojado? ¿Con ella? ¿Acaso había sido ella quien había desaparecido de la faz de la tierra por más de dos semanas?
Su parte demonio de la ira hizo aparición inoportuna.
¿Qué había sucedido de un día para otro que dejó de ser un encantador ser humano y pasó a ser un témpano de hielo? Fuese lo que fuese, culpa de ella, no era.
Cerró sus oídos a toda conversación y volvió a acostarse, completamente enfurruñada. La buena parte de todo era que en menos de cinco minutos cerraban la tienda, así ella no tendría que seguir fustigándose a sí misma. Natsu y Levy desaparecieron entre los estantes y cuando miró en la misma dirección, encontró a Gajeel parado en el pasillo por el que su pequeña novia y el traidor humano, se habían perdido. Entrecerraba los ojos examinando a los chicos y Lucy decidió que ya era su hora de salida.
—Dile a Levy que nos vemos mañana, ¿Sí? —se colgó la bolsa al hombro y se apresuró a llegar a la salida.
El demonio no dijo nada y sólo la fue siguiendo con la vista por el cristal hasta que se perdió calle arriba.
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Lucy definitivamente no recordaba que la avenida estuviera tan sola y obscura. Probablemente el viento fuerte había ahuyentado a todos, obligándolos a permanecer en sus casas con calefacción incluida. Ciñó su delgado suéter, apresurando el paso cuando notó que alguien la seguía.
La proximidad cada vez era menos. Los pasos acompasados se escuchaban con claridad y resonaban en sus oídos, ella podría ser la hija de Lucifer, pero aun así, temía por encontrarse con problemas que no podría resolver. Había estado bajo la tutela de Erza la última semana, y la pelirroja había utilizados sus buenos dotes para enseñarle el arte de la palabra y la manipulación oral.
Odiaba admitirlo, pero era muy buena en eso. Y Levy estaba de testigo; las ventas habían aumentado exponencialmente.
—Preciosa—dio la vuelta con rapidez—, tranquila. Sólo quiero hablar contigo.
Giró sobre sus talones de forma elegante. El tipo estaba ebrio, tenía vómito en la camiseta y todavía cargaba una botella en una de sus manos; se preparó para engatusar al pobre hombre, pero una sombra de repente se paró frente a ella, cubriéndola de la vista del borracho y dejándola detrás de su espalda.
—Ella está conmigo, amigo. Te aconsejo que desaparezcas de aquí.
La demonio no pudo ver mucho más que un intercambio tenso de miradas y de repente, el tipo estaba alejándose y mascullando disculpas. Desapareció en un santiamén.
La mirada enojada de Natsu, cayó sobre ella.
—¿Qué crees que haces?
EL orgullo tomó su lugar, ondeando su largo y sedoso cabello—. No te necesitaba. Puedo defenderme sola.
—¿Qué? Ese hombre pudo-
Lucy volvió a girar con rapidez y sus pies la traicionaron peor que Kylo Ren a Han Solo, haciendo que se tambaleara de una forma no muy agraciada.
Natsu se apresuró a tomarla de uno de sus brazos para evitar la fea caída, pero entonces la descarga que vino después, los hizo quedarse de piedra.
Lucy dio dos pasos hacia atrás sin creerse lo que acababa de ocurrir.
Electricidad pura había corrido por su piel en cuanto ambas superficies estuvieron juntas; ella solo pudo pensar en que era una sensación muy parecida a cuando Gajeel la había tocado.
Y eso le había servido para saber que era un demonio.
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N/A: Nada como hacer mención de Star Wars. Jajajá. Tenía otro ejemplo pero era un poco más...agresivo. Vamos a decirle así.
Como sea, chicos, espero que les vaya gustando el fic :). Esperemos que el próximo capítulo sea menos tardado que este. He tenido algunos problemas con el tema de la escritura y cositas como esa ultimamente; disculpen la tardanza de los capítulos.
Por favor, ¿Me dejan reviews? Tú, sí, tú. Tu opinión me importa mucho.
Nos vemos pronto.
Chiaaao. n_n
