Bueno, aquí esta la siguiente parte y podrán ver un poco de que va a ir la historia.
Bleach no me pertenece.
Las horas pasaron y la despedida fue inminente.
—Adiós— corearon ambos con una sonrisa falsa para calmar a sus respectivas parejas quienes solían inquietarse en momentos así.
Pero aquella sonrisa no servía de nada, pues Ichigo podía ver la tristeza en los ojos violáceos de su amada. Y Rukia se percataba de la mirada de desesperación del Kurosaki ante la imposibilidad de cambiar su vida sin convertir todo en un infierno.
Cuando ellos dos se dieron la espalda, su corazón se oprimió con fuerza, rogando que tuvieran el valor de confesar sus sentimientos, ignorando por completo que esto destrozaría las vidas de quienes les rodeaban.
Aunque los sollozos de sus heridos corazones no eran suficientes para convencer a la razón a arriesgarse y al miedo de desaparecer.
En el instante en que se alejaron uno del otro y regresaron a la monotonía, una figura alta y delgada apareció frente a ellos, deteniendo el tiempo de forma absoluta y de tal manera que ninguno de ellos dos se percartó.
—¿Quién eres? — le cuestionó Rukia a aquella entidad que vestía completamente de negro y portaba una máscara blanca en su rosto.
Mientras tanto, Ichigo se colocaba a la defensiva —Te has metido con el sujeto equivocado— advirtió.
El intruso se mantuvo en silencio por algunos segundos antes de responder con una voz grave.
—¿Por qué siguen con esto? — preguntó, desconcertando a Ichigo y Rukia.
—¿De qué demonios hablas? — corearon ellos dos, como si estuvieran sincronizados.
Aquel ente levantó su mano y con su dedo índice apuntó al pecho de sus objetivos —Su alma me ha llamado desde hace años, está dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de parar esta tortura y lograr amar a su otra mitad— respondió.
La capitana y el shinigami sustituto se quedaron en silencio ante aquellas palabras que fueron como un balde de agua helada.
¿Acaso su anhelo era tan fuerte?
¿O solo se trataba de un enemigo capaz de leer los corazones de los demás?
—Tres historias, si consiguen que estas obtengan un final agradable. Yo cambiaré su realidad y podrán amarse sin temor alguno… pero si no lo logran, devoraré sus almas y toda su existencia desaparecerá junto a este mundo— mencionó la figura enmascarada.
Amarse…
Esa palabra sonaba tan tentadora para ellos dos.
Y de ganar, ya no habría despedidas.
Ni sonrisas falsas.
Tampoco de besos incompletos.
Por fin descubrirían si aquellos sueños en donde se entregaban al otro eran capaces de equiparar a la realidad.
Dios, sonaba tan bien para ser verdad.
—¿Cuál es la garantía de que no intervendrás? — le cuestionó Ichigo con seriedad, mientras que Rukia se quedó en silencio.
—Dime lo que necesito para que confíes en mí y lo tendrás. Además, si quisiera devorar tu alma ya lo habría hecho, pero mi tarea es negociar con las almas que sean capaces de llamarme— aseguró la entidad con calma.
—Dame esta noche para pensarlo— dijeron Rukia e Ichigo a la par.
—Muy bien— respondió antes de desaparecer y regresar todo a la normalidad.
Ellos dos casi de inmediato regresaron a su rutina, pero poco a poco aquellas palabras comenzaron a resonar con mayor fuerza hasta que era imposible ignorarlas.
Pero la culpa no estaba dispuesta a dejar ir a sus dos mejores piezas y con audacia les susurraba para intentar convencerles de que esta era una pésima idea.
Que serían egoístas por sacrificar a todos los demás por un sueño que no se atrevieron a realizar por miedo.
O la hipocresía de ese amor que decían profesar a su respectiva pareja o a sus hijos.
Y que lo mejor era aceptar lo que sucedió.
Rendirse a su destino.
Olvidar aquel corazón sollozando.
Ambos estaban a punto de caer en las palabras de la culpa y abandonar la idea de cambiar algo; pero como si aquella entidad les estuviera escuchando, hizo que el Kurosaki llamase a su compañera en lugar de Sado, a quien le preguntaría su nueva dirección.
—¿Ichigo? — preguntó Rukia un poco extrañada al responder la llamada.
El aludido se quedó en silencio por algunos segundos —Lo siento, me equivoqué de número— respondió.
Pero antes de que él pudiese colgar, Rukia habló —Hoy vi a un tipo extraño y el me aseguró que podría hacer cualquier cosa, ¿No crees que es descabellado? — dijo, en un intento de que su camarada hiciera una broma y le ayudase a calmarse.
—Yo también me lo encontré— comentó Ichigo.
Ellos dos se quedaron en silencio.
Hasta que Ichigo se armó de valor.
—¿Crees que sea lo correcto? — preguntó.
—No— respondió Rukia antes de sonreír con tristeza —Sería lo peor que podríamos hacerles a todos— agregó para soltar un pesado suspiro.
Ichigo se sorprendió de escucharla decir eso. Nunca había esperado que su camarada se rindiera y que utilizara ese tono de voz al mismo tiempo.
Y él no quería eso.
—… Rukia, no es como si pudiéramos seguir toda nuestra vida con esta mentira. Tarde o temprano cometeremos un error y quizá… quizá esa oportunidad no vuelva a repetirse— comentó un poco preocupado por ella.
—¡¿Y qué hay de Kazui e Ichika?! — le cuestionó Rukia algo molesta —¡¿Qué clase de padres seríamos si le hacemos eso a nuestros hijos?! De cambiar la historia, ellos dos… desaparecerían.
—¡No lo entiendes aun! — exclamó Ichigo para apretar la mandíbula, rezando para que nadie le hubiese escuchado, especialmente algunos de sus conocidos.
—¡Entonces dime que es lo que no entiendo!— respondió Rukia mientras le daba un fuerte golpe a su escritorio y hacia dudar a sus oficiales si era buena idea entrar y preguntar con quién estaba hablando.
—¡¿Qué pasaría si terminamos siendo amantes?!, ¡¿Crees que ellos lo tomarán bien?! ¡Por supuesto que no! ¡Y ya estoy harto de guardar mis sentimientos por ti! ¡A veces quisiera ser un bastardo para atreverme a convertirte en mi amante, Rukia!— dijo el Kurosaki con una mezcla de rabia, tristeza y desesperación, emociones que causaron que un par de lágrimas recorrieran su rostro en soledad, las cuales liberaron a su corazón de la prisión en que había sido confinado.
Las palabras del hombre hicieron que el corazón de Rukia se oprimiera, apagando aquella ira que solo era un disfraz de su miedo —¿Y si no conseguimos ganar? — preguntó.
—Entonces, nos despediremos con un último beso. Justo como debimos de haber hecho hace años… Hasta entonces, haré todo lo que este en mis manos para ganar, aunque eso signifique crear más de un milagro en el camino— respondió Ichigo, dejándose guiar por su corazón.
—Está bien— comentó Rukia antes de sonreír ligeramente —Confiaré en tus palabras.
—Perfecto— dijo aquella entidad al aparecer frente a Ichigo y Rukia, quienes le miraron sorprendidos y con algo de temor.
Aquel ser sacó de su ropa un pequeño dado de color negro y lo lanzó hacia el cielo.
Al atraparlo dos números fueron mostrados: Seis y tres.
—Que comience el juego— agregó la entidad para que Ichigo y Rukia quedasen inconscientes de inmediato y que todo a su alrededor comenzara a convertirse en partículas de energía que fueron encerradas dentro de una pequeña esfera.
Cuando Ichigo despertó, se percató de que su amada shinigami estaba a escasos metros de él, dormida, pero antes de poder alegrarse se percató de que se encontraban en el antiguo Japón y que ninguno de los dos parecía tener sus habilidades de shinigami.
De pronto, unos pasos comenzaron a acercarse e Ichigo se levantó para colocarse a la defensiva y atacar al intruso cuando este entrase a la habitación.
Cuando la puerta se abrió, un joven de cabello oscuro y mirada verde se mostró sorprendido al ver a Ichigo en posición de ataque.
—E-Espera, sé que es muy temprano pero el emperador Masamune-sama necesita su presencia, comandante Kurosaki— dijo un poco nervioso.
Ichigo se relajó y con cuidado se acercó al joven.
—Iré en breve…
—Tachibana Asuka— comentó el chico ante la mirada de Ichigo.
—Gracias por notificarme, Asuka-kun— dijo a modo de agradecimiento.
El aludido asintió y con calma comenzó a caminar hacia la salida, pero antes de que sus pies tocaran el pasillo se detuvo.
—Buena suerte con su juego, porque esta historia siempre tiene un final amargo… En la sala les he dejado todo preparado para que conozcan lo básico de este mundo— mencionó el joven para marcharse corriendo.
Ichigo al escucharlo se apresuró a despertar a Rukia.
Pues un escalofrió le recorrió todo el cuerpo.
Como si anunciara una desgracia.
Además… no eran los primeros que intentaban cambiar el destino de ese mundo.
