Notas de la autora: Bueno chicos, me parece haber dejado una muy buena pista el capítulo anterior para que sospecharan que después de todo...Natsu no es lo que creen. Este ya comienza desmintiendo todo lo que creen saber! moajaja, forever dramática. Disfruten.


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Capítulo 4.

Nada es lo que parece

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Ella era un ángel. La primera vez que la había visto, ni se había molestado en ponerle atención, era cualquier otra chica rubia que de repente formaba parte de la librería de Levy, su misión era muy simple. Entrar, verificar a Gajeel y salir de ahí tan rápido como pudiera, continuar con su trabajo en la guardería verificando que las maestras estuvieran en el "camino de la rectitud" o como le decía Gray "el camino obligado a la moralidad" y después regresar con el otro montón de ángeles por donde habían venido.

Porque ellos no tenían ni una puta idea de que estaban haciendo y sólo seguían órdenes y leyes, lo cual, le causaba sentimientos encontrados. Pero como ángeles y no humanitos dudosos, no se cuestionaba la ley, porque la ley es dura, pero es ley.

El problema es que los humanos eran interesantes y cuando un día le prestó atención a aquella chica torpe que tiró la pila entera de libros, quedó fascinado.

Con todo.

Por su forma de intentar pasar desapercibida y mirar asustada a todos lados como si estuviera haciendo algo terriblemente mal. Después siempre se sentaba detrás de un libro mirándola por encima del texto y observando sus movimientos torpes. Era hermosa y tenía alguna forma interesante de cautivarlo, se sentía atraído en una forma en la que un gato se siente hechizado por la luz de una lámpara. Su mirada era penetrante y nunca se alejaba de ella, examinando sus suaves movimientos, la caída de su suave cabello por su espalda.

Se enfrentaba en una treta entre su mismo cosmos que no era capaz de descifrar, ni si quiera había podido decirle o insinuar a Gray su situación, ¡él era un ángel!¡demonios!

Cuando por fin se animó a hablarle notó el nerviosismo y la ternura que emanaba por cada poro de su piel, era tan adorable que no pudo cortar ese vínculo, aunque lo intentó. Dejó de ir después de las palabras lindas, el coqueteo delicado, las bromas y las miradas fugaces. Temía romper las malditas leyes.

Dos semanas dejó de llegar, donde la tortura eran las mismísimas horas que no escuchaba balbucear a su humana y se la pasaba mirando a los niños correr de un lado a otro y jalar su ropa. Pensándolo bien, ni le gustaban tanto los niños.

Después de estar enfurruñado como vil ermitaño energúmeno, se dio cuenta que no podía más y fue a verla; no se dirigieron ninguna palabra, pero los ojos de Lucy relucían con enojo y traición. Ni siquiera se dio cuenta cuando salió detrás de ella corriendo y la encontró en peligro con un hombre ebrio. Después se dio cuenta que era como él.

Algo siempre le había dicho que era diferente y ese toque lo había confirmado. Era su ángel y gracias a los dioses, no había algún tipo de prohibición para eso. Cuando la besó, se fue al cielo -no literalmente, pero la sensación de subir era parecida-.

—Entonces, te veo en la noche—Gray dio la vuelta y se fue caminando con parsimonia por la calle, como si le perteneciera, dando pasos lentos y mirando de lado a lado. Él se quedó frente a la vidriera de la librería, detrás el mostrador se encontraba vacío de nuevo.

Culpaba a Levy de darle días libres a Lucy y se culpaba a sí mismo por no saber cómo contactarla. La había buscado en su cielo, pero no había podido encontrarla…no tenía idea de qué sucedía. Nadie la conocía. Nadie la había visto.

Entró por una vez en su vida de forma delicada a la librería, incluso evitando pasar por el arreglo que tintineaba de forma agradable. Natsu decidió darle otra oportunidad a su ilusión para buscar a Lucy.

Deseaba que esta semana estuviera de nuevo allí, sentada en un taburete alto mientras ordenaba los libros y hacía sus cuentas humanas (aunque, después de todo, no eran tan humanas como él creía al inicio). Se acercó inspeccionando lentamente hasta que de repente como una margarita solitaria, una cabeza rubia salió desde debajo. Sus ojos chocaron de nuevo y de sus labios salió una sonrisa que seguro brillaba hasta el lado contrario del globo terráqueo—. Hola, Lucy.

Se veía sorprendida y tímida, como siempre, cargaba libros entre uno de sus brazos y su pecho—. Hola, Natsu. ¿Q-Qué haces por aquí?

Él levantó una ceja sintiéndose ofendido—. Desapareciste.

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Quería tocarla de nuevo. Estuvo muy pendiente de como caminaba lentamente a su lado, hablaba sobre trivialidades que él no entendía muy bien, en parte porque estaba perdido en el movimiento de sus labios, las puntas de su largo cabello que se curveaban cerca de su pequeña cintura y de la blancura de sus manos que se movían inquietas hacia cualquier dirección. Si se quedara quieta en algún momento, él podría al menos pescar una.

Y entonces sentir la suavidad de sus manos.

Aquella noche en el callejón fue todo frenético al inicio, y como había disfrutado en vaivén de frenetismo y lentitud en sus labios. Se dio un golpe mental cuando noto que no le quitaba la vista de encima, sólo con la mirada la estaba devorando viva. Se sentaron en unas escaleras a la mitad del parque ignorando todas y cada una de las bancas que habían detrás de ellos, después Lucy se aclaró la garganta—. Así que, ¿niños?

Natsu asintió.

—Soy maestro…algo así— tocó la parte posterior de su cuello sintiéndose algo intimidado—. Es una guardería.

—¿Y en sí, que los haces hacer? —su tono era divertido—. Los vuelves como unos diablitos, supongo.

—No soy tan malo—levantó una ceja—, son bastante difíciles para serte sincero.

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Nunca se esperó encontrar otro ángel. Ya con él y Lucy eran suficientes para un sector de la ciudad, pero mientras caminaban por el centro comercial cercano a su trabajo, Cana apareció salvajemente de una tienda.

Natsu no entendía como no la habían destituido de ser un ángel.

Apareció con su botellita plateada mientras movía las caderas bailando como si no hubiera gente rodeándola. Ella parecía ser lo contrario a un ángel, siempre rompiendo la ley y manteniendo perfil bajo en sus obras divinas.

—¡OH! —lo vio desde lejos y cuando él quiso dar la vuelta, gritó—. ¡NATSU!

En algún momento había tomado a Lucy de la mano antes de que su escape fuera frustrado. Su mano era del perfecto tamaño para las de él, delicadas y suaves. No la soltó. Si fuera por él, nunca lo haría.

Canna se abrió paso entre todos, empujando a la gente y diciéndoles que se quitaran de su camino—. ¡Vaya! ¿Qué está pasando aquí?

Examinó las manos entrelazadas y Natsu se apresuró a hablar.

—Es una de nosotros.

—Ummm, ¿y cuál es tu nombre?

—Soy Lucy—ella quiso soltarse para darle la mano, pero él se negó rotundamente a soltarla. Decidió que no importaba y solo le dio una sonrisita a Canna.

—Oh—mostró decepción—, no te sientas mal, pero por un momento creí que nuestro puritano Natsu había por fin decidido romper las reglas.

—¿Disculpa? —Canna no hablaba con pelos en la lengua, pero definitivamente la palabra era demasiado para él—. ¡No lo soy!

Lucy inclinó la cabeza con duda—. Pero no salir con humanos no es regla, está permitido.

Ambos chicos fruncieron el ceño, sabiendo que esa era una de las máximas reglas que debían saber todos ellos antes de que los dejaran bajar. Lucy continuó—. Tengo un par de amigos así. No es común, pero…

La chica del cabello castaño se tocó la barbilla pensativa—. ¿Dónde trabajas?

—En una librería cerca de aquí.

—Oh, bien. Yo estoy cerca de aquí en una licorería en el segundo piso. Sé que es raro, pero alguien tiene que supervisar a los compradores, ¿no crees?

—Umm, no es tan raro. Supongo. Mi mejor amiga trabaja en un casino con su novio—se encogió de hombros—, ya estoy algo acostumbrada.

Los ángeles pestañearon ante el comentario y Canna dio un paso hacia Natsu inclinándose sin quitarle la mirada a Lucy—. ¿Estás seguro de que es un ángel?

Él la fulminó con la mirada.

—Por supuesto que sí. —La rubia pestañeó—solo mírala, es adorable.

Canna puso cara de haber visto un fantasma mientras le dedicaba una mirada a Natsu de completo shock. Él se aclaró la garganta y cambió el peso de su cuerpo a un solo pie.

—Nosotros tenemos trabajo. Hasta después, Canna.

La pareja se retiró mientras el ángel recorría de arriba abajo a la nueva chica. Su mirada de escrutinio no pasó desapercibida por la rubia, que se apegó más a Natsu sintiéndose vulnerable.

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—¿La conociste?

—Nunca la he visto en mi vida.

Natsu gruñó. El departamento que compartían era tan pequeño que escuchaba cada cosa que sus compañeros hablaban.

—¿Quieres callarte?

Gray lo miró por sobre su hombro, desparramado en el sofá—. ¿Qué tiene o porqué te causa tanto conflicto, Canna?

Ella se mordió la uña del pulgar.

—Ella…

—Ella no tiene ningún problema—continuo Natsu cruzándose de hombros, molesto—, solo te molesta que ella sea más ángel que tú.

—Eso no es un argumento válido. —Dijo Gray comenzado a reírse—, cualquiera es más ángel que Canna. Te apuesto a que hay humanos más angelicales.

—Agh. No entiendo cuál es el problema.

—Deberías buscarla el fin de semana que subamos. No lo sé, Natsu, hay algo extraño en ella que no me convence que sea un ángel.

Rodó los ojos.

—Tú estás loca. Lo sentí, ¿ok? —se dio la vuelta y entró a su habitación—, ahora cállense. Intento concentrarme en mi trabajo.

Gray habló.

—Uy, ¿va a armar sus piezas de lego?

El ojiverde le mostró un dedo poco angelical.

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Se sentó a su lado detrás del mostrador mientras daba la hora de irse a su trabajo. El fin de semana estaba a la vuelta de la esquina y el moría de curiosidad. Lucy hablaba de libros otra vez, aunque la pura verdad era que, aunque parecía que le estaba prestando atención, solo miraba el movimiento de sus labios rosas y ese brillo espectacular en sus ojos. Otra. Maldita. Vez.

Decidió preguntar de frente.

—¿En dónde vives?

Ella se interrumpió pestañeando y ladeó la cabeza una vez más. Había algo en ese gesto que le resultada irresistible, todo ese cabello dorado se movía por sus hombros y algo se encendía en su interior.

—Pues—se colocó una hebra de cabello detrás de la oreja—, no te había dicho esto, pero…mi padre es Jude. Es él.

Natsu continuó mirándola.

—¿Él? —ella asintió—. Lo dices como si tuviera que conocerlo.

—Creo que deberías hacerlo, es el jefe…el rey.

Natsu frunció el entrecejo.

¿Él?

Ella hizo una mueca de hartazgo—. Soy la princesa, heredera al trono.

¿De qué estaba hablando?

—Es por eso que estoy muy protegida allá abajo.

Algo no le gustó a Natsu. ¿Abajo? ¿Rey? ¿Acaso estaba tan perdido? Miró la hora, era tiempo de correr. Se levantó de forma súbita algo desorientado y sin entender que sucedía.

—Tengo que irme—ella asintió y el cogió su chaqueta. La miró antes de encaminarse a la puerta sintiéndose en algún tipo de limbo. Lucy le sonrió y una parte de él agonizó. Se aventó a besarle y salió huyendo en cuanto pudo.

Sus pasos apresurados por la calle sonaban hasta en su cerebro. Algo estaba mal, algo estaba muy mal. Cruzó la calle, alguien le tocó el claxon.

Comenzó a correr.

No quería pensar.

No quería llegar a ninguna conclusión.

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Terminó de ayudar a guardar los juguetes junto con Mira.

La guardería era de una familia llamada Strauss, sus hijos se encargaban de ella y eran tres: dos hermanas, Mirajane y Lissana y el hermano de en medio, Elfman. Todos eran amables y suaves, básicamente, él no tendría por qué seguir supervisándoles, pero amaba el ambiente tranquilo.

—¿Estás bien?

Levantó la vista.

—Ah, sí claro.

—Deberías descansar—sus ojos claros mostraban preocupación. El asintió y se apresuró a salir, despidiéndose con una mano de Lissana que barría el patio delantero.

Su teléfono lo sacó de su ensoñación. Se apresuró a contestar.

—Natsu—la voz de Levy lo saludó—, se acerca mi cumpleaños y quería hacer una cena en mi departamento… vendrás, ¿verdad? Lucy está de acuerdo y podrás verla más tiempo. Me han contado que has estado llegando mucho a la librería, ¿eh?

—S-Sí. Gracias Levy, ahí estaré. Tengo que dejarte.

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No había pegado un ojo en toda la noche.

—Vaya, pareces muerto— le valió un cacahuate que la violencia fuera considerada como algo malo y le soltó un golpe en la cara a su amigo escupe veneno. Gray se levantó furioso—. ¡Cabrón!

Canna se atravesó—. Tranquilos. Mejor beban un trago o algo así.

Gray bufó. Recogió sus cosas y salió por la puerta delantera para subir. Su amiga le dio una mirada.

—¿Estás bien?

El gruño algo incomprensible y furioso con la vida, se sirvió cereal en un tazón. Se metió la cuchara a la boca endiablado. Ella le estaba comentando algo, pero la mirada de Natsu estaba perdida en a caja roja con un laberinto. Las líneas tortuosas le daban más jaqueca, así que cuando desvió la mirada, preguntó sin pelos en la lengua—. ¿Sabes cómo identificar demonios?

Ella vaciló—. Por sus acciones—y tenía razón, eso le había funcionado bien con Gajeel. El peleaba, era su forma de usar su pecado—, y hay algunas otras que no conozco bien—. Golpeo su barbilla varias veces seguidas mientras parecía querer recordar algo—, había una frase. Algo así como si un ángel toca un demonio, le recuerda lo que tuvo o pudo haber tenido de no haber sido pecador. Pero no sé si la recordé bien y no sé si tocar hace referencia simple a tocar u otro tipo de…cosa.

Natsu pestañeó.

Había tocado a Lucy muchas veces y nada había sucedido.

Al menos algo le traía paz. Tal vez Lucy estaba simplemente loca…o eso prefería creerse.

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La vio caminar hacia casa de Levy por al menos dos cuadras. Lucy se apoyaba de vez en cuando con los tarsos y daba brinquitos por la ciudad, sonriéndole a las personas que la miraban raro, subiéndose en los desniveles de las banquetas. Cada vez descartaba más la posibilidad y se dio un fuerte golpe mental cuando dejó unas cuantas monedas en el baúl de un músico.

Ella no era nada más que un ángel.

Como él.

La sorprendió asustándola de repente.

Ella brincó hacia él estampándole un beso fugaz. La abrazó con fuerza, sintiéndose aliviado por eso y le agradeció a su superior, pasó un brazo sobre sus suaves y pequeños pero seductores hombros mientras caminaban—. No contestabas el teléfono. Me preocupé por un instante.

—Estoy bien, solo tuve una noche horrible. Espero que haya carne hoy.

Lucy comenzó a reír.

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La velada fue muy tranquila, Gajeel y Natsu traían un ambiente algo pesado pero ambos chicos intentaron frenarse para hacer felices a Levy. La pequeña pasó riéndose a carcajadas gran parte de la noche y poco a poco, los pocos invitados fueron despejando la sala hasta que solo quedaron ellos y Gajeel.

—Iré por más cerveza—anunció de repente.

—Espera, voy contigo.

Levy tomó su sueter y se volteó hacia Lucy—. Regresamos en un momento. Te quedas custodiando.

Gajeel también se dirigió a ella, en voz baja y dándole una mirada a Natsu—. Ten cuidado, princesa.

Natsu se tensó como si su cuerpo fuera la cuerda de un arco, su mirada se hizo penetrante y no dejó de observar a Gajeel hasta que cerró la puerta. Algo no le gustaba.

Algo no le gustaba.

Había sido capaz de olvidarse un rato de su problema.

Pero había algo que no le gustaba.

Se dirigió hacia el balcón y apoyó sus caderas mientras respiraba aire puro. Quería regresar a casa, allá todo era muy tranquilo y ese estrés que tenía lo iba a terminar matando. Apostaba a que se le estaban cayendo las plumas.

Unos pasos se escucharon detrás de él. Lucy apareció llena de confianza y caminó hasta él sin perder su vista, una sonrisa ladina lo hizo sentir que su estómago se enredaba y por ese momento olvido todas sus preocupaciones. Su ropa tapaba lo suficiente, pero para su mente de ángel media pervertida era bastante para que el calor se colara por entre su piel.

Lo mismo había sentido aquel día en el callejón. Era como si Lucy influyera en él de alguna extraña forma.

Lo estaba hipnotizando con esos ojos cafés que lo hacían perder el sueño y la cabeza, se mordió el labio divertida y se fue por un simple y tierno abrazo. Se quedó atónito.

¿Qué carajo estaba sucediendo con él?

—Lucy.

—Natsu—sus palabras aterciopeladas lo amarraron de nuevo. Ella levantó la vista y se encontraron embelesados otra vez.

—Nunca habría pensado que fuéramos iguales.

—Dímelo a mí, creí que me había enamorado de un humano—Lucy no pareció haberse percatado de lo que decía hasta después. Cerró los ojos dramáticamente y soltó sus manos para taparse los ojos con intensidad—. Oh, por dios, disculpa lo que dije…no era mi intención…

Natsu había tomado un paso para retomar la cercanía y ahora retiraba las manos de su cara con diversión y brillo en sus ojos verdes—. A mí también me pasó.

Una sonrisa de ángel, se tornó ladina y se acercó lentamente, cerrando los ojos poco a poco. Él miró sus labios carnosos, rojos, entreabiertos esperando por él y no pudo más, la besó de nuevo y se sintió desfallecer. Justo lo que deseaba más que a nada en el mundo, ella lo empujó lentamente hasta que ambos se recargaban en el muro más cercano.

No sabía que estaba haciendo, pero sabía que estaba haciendo algo bien. La dejó de nuevo hacia el muro y presionó su cuerpo contra él. La chica agitada subió sus delicados brazos por sus hombros y los cruzó detrás de su cuello para acercarlo más, quería más y más, y él le daría todo lo que ella quisiera, porque estaba a su merced.

Sus manos descansaron en la línea de sus caderas. Fueron subiendo lentamente por su cintura hasta entrar por debajo de su camiseta.

—Natsu—su aliento acariciaba sus labios—, me has tocado el alma.

Él se congeló por un instante pensando en la interesante elección de palabras y al mismo tiempo la tortura en su cerebro. Quiso apagarlo y la volvió a besar famélico, frenético, sus manos subiendo más por su espalda, presionando para sentir su cuerpo sobre el suyo.

Ella dio un brinco quejándose…

Algo extraño empapaba la mano del ángel. Se separó de ella con cuidado y sacó sus manos preocupado por la chica—. ¿Estás bien?

Ella hizo una mueca—. Mi espalda, auch, algo arde.

—Voltea.

Ella obedeció y subió su camisa al mismo tiempo que la luz daba de lleno en las manos sangrientas de Natsu.

Se quedó perplejo viendo la sangre escurrir por entre sus dedos.

—¿Qué es lo que tengo?

Levantó la vista comenzando a asustarse.

El alma se le cayó a los pies.

En la espalda de su ángel, una marca en forma de v cubría gran parte de la piel en una herida que parecía reciente. Sangraba de los bordes irregulares, partía de la mitad de su espalda y llegaba hasta los omóplatos, penetrando la delicada piel blanca.

Se le secó la garganta.

Parecía el lugar donde debían estar sus alas.

Y la herida le mostraba que se las habían arrancado.

Todo el mundo sabe que los ángeles a los que les arrancaron las alas, se convirtieron en demonios.

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Notas de la autora: ¡Arriba el drama! ¡¿Algún review? ¿Alguna queja de mis mentiras? jajaja