Notas de la autora: hola. Jajaja *huye*


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Capítulo 5

Renegado

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Trituró el dulce entre los molares, creando una súbita explosión de sabor y recordando los hechos de la noche anterior. Canna lo observaba con lástima desde la puerta de su habitación.

Lucy había estado tan asustada. No tenía ni la más mínima idea de que estaba sucediendo ahí, solo sabía que Natsu la miraba con terror y ella sentía dolor en su espalda, aquél que de repente se había presentado y la había dejado sin aire. Sus piernas no respondían y se dejó caer, quejándose del dolor y con lágrimas empujándose unas a otras en sus ojos. Él se había quedado atónito.

Se había comportado como un patético idiota hasta que comprendió que debía ayudarla. Se tragó su tristeza, furia y escepticismo momentáneos y la cargo delicadamente hasta el sofá, donde con un botiquín de primeros auxilios, trató de curarle. Claro que todo fue en vano.

La herida se retrajo sola. Al paso de los minutos, se cerraba, los bordes se juntaron y las membranas entre sí se tejieron con magnificencia, dejando al final una cicatriz al rojo vivo. El único vestigio de lo que había sucedido en su memoria y en la sangre que empapaba su ropa.

Gajeel y Levy no tardaron mucho en aparecer después de eso. Lucy continuaba asustada, pero no dijo nada…

—¿Estás bien? —Canna lo regresó a la realidad…su triste realidad. Natsu le dio una mirada de irritación—. No me des esa mirada, has estado suspirando todo el tiempo.

Tomó una almohada y la dejó caer sobre su cara. La frustración se colaba por su piel y sentía que el mundo se le venía encima.

No se podía enamorar de un humano, mucho menos de un demonio.

Cuando Lucy bajó a la estación, él se quedó afuera mirando el cielo lleno de estrellas como si se estuvieran burlando de él, brillaban y titilaban como queriendo decir algo, seguro lo insultaban por ser tan estúpido. Se recargó en una pared, se dejó caer, deslizándose sobre el concreto sucio y terminando en uno de los escalones que todo el mundo pisaba. Se sentía acabado.

Unas botas pesadas resonaron tiempo después, descendían por las escaleras con pasos acompasados y pararon justo frente a él.

No notó cuanto tiempo estuvo ahí con la mirada perdida y los dedos entre su cabello hasta que una de las botas lo pateó con una delicadeza sorprendente. Cuando miró quién lo molestaba en su triste vida, levantó la cabeza de golpe.

—¿Así que ya lo sabes? ¿Cómo fue posible que no lo notaras hasta ahora?

¡Pero claro! ¡Qué estúpido! Por eso Gajeel lo miraba con odio cuando él se acercaba a Lucy, por eso siempre hablaba con Lucy antes de que ella saliera con él. Nunca había razonado que Lucy también estaba cuidando a Levy, o mejor dicho por qué demonios estaban en el mismo lugar.

—¡Lo sabías! —Se levantó de golpe, empujándole en el acto. ¡Al diablo lo de controlar sus emociones! ¡Al diablo "la violencia no soluciona nada" !, tenía ganas de golpear algo y el pobre demonio se había parado frente a él. Gajeel dio un paso atrás con una venita saltando en su frente.

No supo ni lograba recordar bien como sucedió la pelea después. Natsu solo sabía que se estaba dejando los puños en cada golpe y que el aire se escapaba de su estómago dramáticamente cuando recibía los de Gajeel; después de unos minutos que parecieron segundos para él, estaba corriendo en la calle, seguido de un policía. Su demonio contrincante estaba corriendo en dirección contraria, seguido de otro agente.

Escapó.

Y entonces estaba ahí, con Canna sentándose en la orilla de su cama.

—¿Quieres hablar?

—No sé si deba.

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En el espejo se veía gigante, y precisamente por el tamaño, dejó caer abierta la boca.

¿De dónde coño había salido esa herida gigante? La cicatriz llegaba hasta la parte baja de su espalda y cuando la tocó, un escalofrío le pasó por la columna. Seguro esa cosa significaba algo más.

Un golpe en su puerta la hizo dar un brinquito en su lugar, bajó su blusa con rapidez y dio media vuelta al mismo tiempo que Erza entraba como si fuera su habitación. Cargaba un tazón relleno de papas fritas.

—¿Qué? —se recostó en la cama de Lucy—. ¿Ya planeas contarme que es lo que estás haciendo últimamente? Parece que Jellal sacó a relucir tus dotes.

—No lo hizo.

Estaba dispuesta a confesarle.

—Quiero encontrar a alguien. Un demonio.

Erza la evaluó con la mirada—. ¿Quién es?

—Se llama Natsu.

—No he escuchado de él para nada—dictó mientras revolvía con desinterés la comida—. Aunque siempre puedes preguntarle al asesor de tu padre.

Lucy apretó la mandíbula. Estaba segura que prefería aventarse de una ventana antes que hablar con el idiota rubio gigante y cruel; siempre la había menospreciado por su "debilidad" a los humanos. A ella le daba igual lo que pensara, o al menos eso se decía a sí misma.

Siempre que hablaba con él se irritaba ante su falta de…sensibilidad.

Laxus era un patán… él y su bola de esbirros.

—Ni loca—dijo entre dientes. Prefería esperar para encontrar a Natsu después, incluso si la curiosidad la estaba matando. Se torturaba recordando aquella mirada de sorpresa y terror total, mirándola por un segundo como si ella fuese…algo horrible que ni si quiera tenía capacidad de describir… aunque solo duró unos segundos, aquella vista la asechaba y saltaba a su mente cada que podía.

Y obviamente moría de curiosidad por la herida. ¿Por qué de repente después de confesar que le quería, se había abierto su espalda como diciéndole algo…que no sabía cómo interpretar o mejor dicho comprender en lo más mínimo. Una advertencia que no lograba procesar.

Era como si su cuerpo la hubiese traicionado, o ella a su cuerpo. No sabía cómo sentirse al respecto pero después de aquél suceso, una vocecita en el fondo de su cabeza seguía hablando, como un pequeño zumbido avisándole que algo no estaba bien.

Apretó los dientes.

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—Hola— levantó la vista hacia el chico que le estaba sonriendo por encima de la caja, había estado tan absorta en sus pensamientos que el pobrecito seguro llevaba tiempo esperando que le atendiera. Lucy dio un respingo en su lugar—. Lamento molestarte.

—Para nada, para eso estoy aquí.

Intentó ser amable y no distante, pero sus pensamientos vagaban muy lejos del muchacho que le intentaba hacer plática. Era guapo, cabello café, alto y con sonrisas coquetas y ademanes exagerados, no era su tipo; ella prefería a alguien distraído, de sonrisas cálidas y torpeza al expresarse, alguien impulsivo que con solo una mirada la sacaba de órbita. Le entregó su paquete al cliente—. ¿Entonces?

Ella pestañeó—, ¿perdón?

—Que si te gustaría salir conmigo alguna vez—su confianza la hizo ruborizarse, pero negó con la cabeza con una sonrisita de disculpa—, ¿qué? ¡Anda!—insistió—, ¿tienes novio o algo así?

Lucy soltó una risita—. Algo así.

Detrás del hombro del coqueto, una cabeza rosa se ladeo y enarcó una ceja. Ella jadeo de sorpresa, no había notado el momento en que se coló por detrás del tipo, el cual, se giro para ver detrás de si. Natsu, cruzado de brazos, lo perforó con la mirada y después le brindó una sonrisa santurrona. Ella se quiso dar un golpe en la frente, hombres.

Cuando el pobre tipo se fue entre enojado y frustrado, su demonio dio varios pasos hasta chocar con la caoba—. ¿Algo así?

No supo qué contestar, se sintió nerviosa bajo su mirada inquisitiva y solo se salvó -literalmente- por las campanillas de la entrada. Gajeel frunció el ceño hasta el infinito en cuando vio a Natsu frente a ella, los envolvía una pesada aura que no supo cómo interpretar.

El recién llegado fue el primero en hablar, con tono hosco y enojado—. ¿Qué diablos haces aquí?

—Quiero hablar contigo.

Lucy pestañeó, sintiendo como su estómago se quejaba por ella, ¿quería hablar con Gajeel? ¿Desde cuando-

El delincuente gruñó por lo bajo y empezó a maldecir entre dientes mientras daba media vuelta, dejando que el otro muchacho lo siguiera sin decir nada antes de partir de la librería.

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El demonio era altísimo, al menos le sacaba casi una cabeza de altura. ¿Por que no lo había notado antes? Seguro por qué siempre se distraía mirando a Lucy, en vez de cualquier cosa a su alrededor. Como el idiota que era.

Se encogió de hombros, escondiendo sus mejillas en el peluche del abrigo y desviando la mirada hacia la calle, donde todas las personas disfrutaban del frío que azotaba esa mañana.

Había dejado pasar unos días antes de regresar a ver a Lucy. Necesitaba un tiempo para pensar las cosas por sí solo. No le contó a nadie el porqué de su estado alicaído y, por más que Canna o Gray preguntaron, se prometió que no los metería en asuntos tan turbulentos como en el que estaba…debía dejarlos fuera por su propio bien. Al segundo día, notó que no importaba que ella fuera un demonio, al final, eso no afectaba el hecho de que él la viera como el ente al que más cariño le tenía.

Cuando despertó de sus pensamientos, estaban entrando a un bar, el recinto no tenía ventanas, todo estaba entre sombras y, como era de esperarse a esa hora, desprovisto de almas. Al menos adentro era lo suficientemente caliente para olvidarse del frío.

Se sentaron en la barra, donde una mujer de cabello chocolate les pregunto qué tomarían. Gajeel la saludo como a una vieja amiga.

—¿No es muy temprano para querer beber?

—Eso nunca te ha importado, Evergreen. Solo sirve dos dobles y tráelos lo más pronto posible.

—Yo no quier-

—¿Qué? ¿Tu trasero de ángel no te deja consumir alcohol?—arrugó la nariz, despreciando cada palabra que salió de su boca. Natsu chasqueó la lengua contra su paladar, tomaría esa copa, así que asintió con la cabeza hacia la mujer y ella se alejó lo suficiente para darles espacio.

—Quiero preguntarte algo.—Se corrigió—, en realidad, muchas cosas. Sobre ti y sobre Lucy.

Su acompañante le dedico una mirada furiosa—. Cualquiera diría que ibas a desaparecer o frustrar nuestro trabajo. Aunque no es como que la princesa hiciera algo para empezar.

—¿Trabajo? ¿Como…si tuvieran tareas por hacer?

—Sí—su mirada fue de desconfianza—, ¿ustedes no tienen trabajos? —Natsu asintió—. Al menos tenemos algo en común. La princesa es…especial. Podrías decir que me preocupa.

Dragneel se removió incómodo en su taburete algo abrumado por la información que estaba a punto de recibir del demonio; su especie, era complicada pero se conformaba con saber que tenía que obedecer, que ellos eran los "buenos" y las básicas reglas de los ángeles: los humanos no debían verte, deberías hacer el bien y nunca enamorarte de alguno de ellos. En general, no había fallado…

...tanto.

La información de los demonios entre los suyos era casi inexistente, si tocabas a alguno, podías sentir la electricidad de diferencias de raza, inducían a los humanos vulnerables a realizar actos abyectos y deleznables…y aunque ellos podrían no realizarlos, su mentalidad hacía que entraran al acto en sí. Por ejemplo, el juego, las drogas, alcohol, prostitución, corrupción. El deber de sus contrincantes, era regresar a esas personas al camino correcto. A veces no se lograba.

—No se si deba hablar de esto contigo—dijo Gajeel evaluando la situación—, eres uno de ellos. ¿Que me dice que no irás a traicionarnos?

—No puedo traicionarlos porque siempre he sido enemigo suyo—le aclaró—, pero doy mi palabra que no lo haré. Todo es por Lucy.

El demonio iba a hablar cuando la bartender, apareció con dos vasitos y los llenó frente a ambos—. No quiero sacarlos a patadas, así que les recomiendo que dejen de lanzarse miradas de odio antes de comenzar una pelea.

La mujer resopló y se alejó de ahí, volviendo a dejarlos solos para hablar. La guardia y tensión que ambos habían levantado, se fue disolviendo cuando Gajeel se empinó el trago.

—Los demonios tenemos cuota, por decirlo así. Pagamos para permanecer vivos, con acciones—hizo una mueca y giró el torso hacia Natsu—, acciones que llevan a los humanos al borde de la desesperación, el horror y la masacre. La princesa lleva toda su vida sin lastimar una mosca. Eso quiere decir que en cualquier momento, Lucifer le cobrará la cuota y deberá hacer algo más allá de los límites. Algo cruel para que la dejen quedarse en el mundo de los humanos o la dejarán en inferno por el resto de su vida, si no es que la matan antes.

El corazón de Natsu comenzó a palpitar. Lo sabía, Lucy no era un demonio tal cual, desde que la conocía, se había portado como…un humano, con errores, muecas y sensibilidad que él pensaba que los demonios no tenían. Frunció el ceño.

—Pero…¿por qué?

—Por que es una idiota.—Giró el pequeño vasito entre los dedos—, es muy débil para ser uno de nosotros, demasiado sensible, demasiado inocente.

—Nosotros lo vemos como una cualidad.

—Nosotros como un defecto, eso la hace el peor demonio que existe en la faz de la tierra. A diferencia de la mayoría de los demonios, ella piensa que los humanos son como sus iguales…y ambos sabemos que no puede estar más equivocada.— Natsu rechinó los dientes, un vacío súbito se había instaurado en su estómago y sentía náuseas. Gajeel le estaba dando varios puntos que lo estaban confundiendo.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?—levantó su vasito y Evergreen regresó con la botella.

—Levy.

Guardó silencio mientras le servían otro igual. Sus ojos parecían seguir el líquido cayendo y por un segundo, Natsu pensó que no iba a contestar—.No tenemos prohibido enamorarnos de quién se nos antoje.

Pestañeó por la apresurada confesión.

—¿Tú no los odias?

—No. Me dan igual—sopesó sus palabras—, al menos la mayoría. Supongo que también soy débil por dejarme envolver por una de ellos. Sinceramente, no me importa.

—Creo que es admirable.

—No quiero escuchar tus mierdas angelicales, Salamander. —Natsu entornó los ojos—, ¿y tú qué? ¿qué planeabas con la princesa?

Suspiró—. Metí la pata.

Gajeel soltó una risotada.

—Al menos no soy el único idiota.—la sonrisa de Gajeel se sintió verdadera, empujando de nuevo las barreras que siempre habían tenido uno alrededor del otro—. Supongo que no la tenías fácil, su pecado aunque es muy débil, siempre está presente. Me sorprende que aún no exista una manada de humanos detrás de ella—. Natsu pestañeó y el muchacho frunció el ceño hasta el infinito—. Oh diablos, todavía no lo habías notado.

Su voz tenía cierto tono burlesco—. Cada demonio se identifica con un pecado capital y a partir de eso, nuestras acciones o trabajos se guían.

Entrecerró los ojos, adivinando el pecado de Gajeel—. Tú eres ira.

—No—le dio una sonrisa de satisfacción—, soy codicia. Trabajo en peleas porque es lo que se me da muy bien, pero estoy ahí por las apuestas.

Natsu levantó una ceja—. Creí que no confiabas en mí.

—No creo que puedas hacer mucho en mi ámbito.—Hizo una pausa—. Lucy es lujuria, es un súcubo.

Giró su torso por completo, estupefacto ante un hecho que no parecía ser verdad. Gajeel le regresó una mirada—. Solo piénsalo un momento y dime que es mentira. A mí no me pasa, por Levy, contrarresta todo hechizo que pueda lanzar, pero…¿a los demás? ¿A ti? ¿Estás seguro que lo que sientes…es amor?

...¿era amor?

Se quedo mudo por un momento, sintiéndose traicionado…¿estaba seguro que era amor? ¡Pero claro que lo era! ¿Por qué estaba dudándolo?—. ¿Estás diciendo que un ángel puede ser tentado por un súcubo?

Le dio una mirada desaprobadora y Gajeel resopló. Si, podía. A él le constaba más que a nadie, porque se encontraba de repente perdido en sus miradas, en la forma en que caminaba o esos labios sensuales que le invitaban a besarle a todas horas. Al menos se sintió un poco menos culpable de haber tenido esos pensamientos pecaminosos—. Todo en ella incita. A ustedes, claro.

De repente sentía ganas de tirarle los dientes a Gajeel.

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Asombrosamente, en algún momento de la plática, comenzó a disfrutar la presencia del tipo. Era lo suficientemente honesto para ser cruel, pero a Natsu le gustaba, prefería que le dijeran las cosas de frente a tener que pensarlas tanto. Por un momento, no supo que debería hacer con toda esa información nueva demoníaca, le sorprendía la complejidad de su reino, de reglas que pensó que no existían y de la esclavitud de algunos de los demonios, pensaba constantemente en Lucy y en todo lo que seguro sufría al estar ahí abajo.

—¿Qué planeas hacer a partir de ahora? ¿Le dirás la verdad?

—No. No debe saberlo o no me permitirá permanecer cerca de ella— su nuevo amigo/enemigo se burlo de él, cruzando los dedos por enfrente de su cara y dedicándole una sonrisa.

—Diablos, Angelito. Estás muy tocado, ¿ustedes…mentir?

Si un ángel toca a un demonio, le recuerda lo que pudo haber tenido de no haber sido pecador.

—Tocado —Gajeel asintió—, ¿que es eso?

—Es como nosotros le llamamos al hecho de estar…—hizo el signo de comillas—, "enamorado". Solo decir la palabra, me provoca comezón en todo el cuerpo.

Si un ángel toca a un demonio, le recuerda lo que pudo haber tenido de no haber sido pecador.

La gran cicatriz en la espalda de Lucy, abierta y sangrante que le mostraba…que le habían arrancado las alas. Lo que los demonios pudieron haber tenido eran… ¡sus alas!

Tocar significaba que un ángel pudo entrar en el corazón muerto de un demonio y que de nuevo la luz estaba ganando la partida. Casi parecía una burla hacia ellos.

—¿No tienes alas?

Gajeel lo miró como si le hubiera crecido una cabeza anexa—. ¡Por supuesto que no! ¿Creías que eran de murciélago o negras…o algo así? Solo son imaginaciones de los humanos. No es como si ustedes tuvieran… ¿o sí?

Se mordió el interior de la mejilla—. Tenemos.

—Me estás jodiendo.

—No lo hago.

—¡Debes de estarme jodiendo!— le echo un vistazo a su espalda—, ¿donde están?

—Son etéreas —el moreno levantó una ceja—, quiere decir que las puedo materializar tanto como quiero, pero también pueden ser un espectro.

—¡Muéstramelas!

—¡No!

—¡Joder! —se le aventó al cuello.

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N/A: Hay proceso de re-edición. Hice todo el capítulo como 4 veces por qué siempre sucedía algo con el escrito. La vida se está burlando de mí jajajaja.

¿Reviews?

¿Alguna teoría de que sucederá en el próximo capítulo?

¿Natsu dejará de mentir?

¿Hay alguien por ahí?

*cries*