Notas de la autora: sin comentarios sobre lo mucho que me tardo en actualizar, yo misma me quisiera golpear pero realmente he estado muuuuy ocupada. Aún así, no olviden que les amo.
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Capítulo 6.
Las mentiras del ángel
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El tacto de Gajeel era áspero y se sintió enrojecer, pero incluso cuando se sentía molesto por la intrusión, frenó su deseo de alejarse. El muchacho estiró una de sus alas sin preguntarle y acarició las plumas con interés, algo cosquilleaba y Natsu apretó los dientes para no golpearlo con el ala.
Había accedido a mostrarle sus alas por el simple hecho de que el demonio lo había ayudado a entender su mundo. Lo había acercado un poco más a la vida de Lucy…y se lo agradecía. Pero esto ya era demasiado.
Gajeel enterró los dedos entre las plumas e instintivamente retiró el ala de su alcance, extendiéndola y batiéndola de arriba hacia abajo. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal y se continuó por toda el ala, golpeó a su compañero con la misma, haciéndolo tomar varios pasos hacia atrás y observarlo con las cejas arqueadas.
—¿Pero qué-
—Tocar las alas de un ángel es contacto demasiado íntimo para nosotros…que yo sepa, no tenemos esa clase de relación, Gajeel.
Para su sorpresa, Gajeel enrojeció.
—¿¡Cómo cojones querías que supiera eso!?
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Desvaneció sus alas cuando Gajeel le pidió la cuenta a Evergreen, la mujer le tiro una mirada de extrañeza a Natsu por no tener la camiseta puesta, pero no dijo nada.
Antes de llegar a la librería, el ángel titubeo—. ¿Crees que exista algo más que deba saber?
Pareció pensárselo por unos momentos. Por su mirada desfiló algo sombrío y cuando levantó la vista, Natsu casi estaba seguro de que era. Su padre—. Lucy es la hija de Lucifer.
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Casi era imposible lo que veían sus ojos. Gajeel y Natsu reían afuera de la tienda. Pestañeó varias veces para poder grabárselo en la mente, antes de que se fueran se miraban con un odio impresionante y sin embargo, ahí estaban, tonteando como si hubiesen sido mejores amigos de toda la vida.
Levy se le unió después de unos segundos de sorpresa y ambas observaron con curiosidad cuando el chico más grande abrió la puerta con una sonrisita burlesca. Se dirigió a Lucy—. El idiota quiere que salgas.
Dio unos pasos más hasta llegar a su novia y como si estuviesen en un lugar donde nadie los veía, Gajeel levantó de los brazos a Levy y le plantó un beso frente a todos. Lucy les tuvo envidia por ser tan abiertos y felices respecto a su relación. ¿Sería posible que en algún momento ella dejara de ser tan…Lucy?
Oh, ya que lo pensaba mejor, prefería ser siempre Lucy a Lucifer.
Su jefa, bastante ocupada, no se percató cuando se escabulló detrás de ellos y abrió la puerta con prisa. Afuera, Natsu se paraba en las puntas de sus pies mientras buscaba calor en su abrigo con pelo sintético, su sonrisa le devolvió la vida por unos segundos.
—Hey.
Demonios.
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—¡Dejen algo de alcohol! ¡Malditos ebrios!
Canna azotó la botella contra el mostrador y los tipos dieron un brinco del miedo, decidieron llevarse solo una botella y desaparecieron tan rápido como llegaron. Natsu comenzaba a dudar si su constante pelea por el alcohol era su obra buena o simplemente su propia convicción. Desde que había llegado a la pequeña tienda para pasar el rato, había sido testigo del mismo proceso una y otra vez, era un milagro como rayos esa tienda seguía recibiendo clientes. Al final, no era asunto suyo, sino de la poco angelical, Canna.
Dejó la última caja debajo del mostrador pensando en su propio trabajo, tenía tanto tiempo que no le ponía la atención necesaria por los problemas con Lucy, que no le sorprendería que Mirajane estuviera pensando en despedirle.
Un policía lo distrajo de sus pensamientos cuando paso corriendo en dirección a la salida, seguido de varios hombres enojados. Cana rodeó el mostrador para asomarse por la puerta del local.
—¿Qué pasa? —tamborileó los dedos contra la madera del mostrador.
—Otra vez el acosador—dio un suspiro de hartazgo—, últimamente hay un tipo por aquí que acosa a las chicas e incluso ha llegado a tocarlas. Llevo intentando encontrarle como una semana, pero el tipo es escurridizo.
—¿Necesitas ayuda?
Ella resolló.
—¿Tú y quién más? ¿tu chica ángel? No creo que sea un trabajo para esa niña bonita. —Natsu levantó ambas cejas con indignación.
—¿Me estás retando?
Canna le dio una sonrisa maquiavélica y el dudó, se mordió la lengua y se fue mascullando cuando por fin dejó la tienda. Lucy era un demonio después de todo y no tenía la posibilidad de influir positivamente en ningún humano.
Entró a la librería enojado, azotando los pies contra el suelo. No podía creer que había dejado que Canna ganara tan fácil. No era lo suyo rendirse tan así…
—Hola, Natsu—Levy lo recibió con una sonrisita divertida y Gajeel, atrás de ella continuó acomodando los libros en las estanterías sin prestarle mucha atención—. Si estás buscando a Lucy, salió hace como diez minutos.
—Umm.
—¿Qué pasa, Salamander? ¿Decepcionado?
Entrecerró los ojos. A pesar de que ahora se llevara mejor con Gajeel, aún seguía irritándole con sus comentarios sarcásticos y poco amables. No que él no fuera así, a veces.
—La esperaré por aquí—se tiró en uno de los muebles sin delicadeza y miró su reloj, no tendría que esperar tanto—, ¿a dónde fue?
—Al centro comercial.
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Cada paso nuevo se sentía como una tortura, solo quería constatar su bienestar. Sí, era un demonio, ¡pero también una chica! Y por lo que había dicho Gajeel, Lucy no podría defenderse realmente de un tipo enfermo. ¿O acaso era capaz?
La vida demoniaca le resultaba tan dramática y difícil que le causaba dolor de cabeza.
Cuando llegó por fin al lugar, algo en su sien palpitaba como poseído por el mismo Lucifer.
En la plaza, todo continuaba de manera normal, niños corriendo alrededor de las fuentes, chicas observando los aparadores, unos tipos besuqueándose por el otro lado y otras cosas normales. El paradero de Lucy seguía incierto, recorrió la mirada por todos lados, subiendo a la segunda planta y bajando de forma rápida.
Llegó hasta el local donde Canna aun peleaba con las botellas en el estante.
—¿Has visto a Lucy?
Frunció el ceño—, ¿por aquí? No ha pasado por aquí.
Maldijo por lo bajo y continuo con la búsqueda. La encontró caminando en la planta baja, ensimismada en su teléfono como si no hubiera preocupación alguna. Sintió alivio momentáneo, antes de ver como un tipo corría hacia ella y la empujaba muy disimuladamente hacia un pasillo oscuro.
Bajó de la segunda planta lo más rápido que pudo, tropezándose y llamando la atención de todos. Escuchó a Canna llamarlo desde atrás pero sinceramente no le importó, solo quería llegar hasta aquel lugar oscuro y sacar a Lucy de ahí, pero cuando llegó se quedó paralizado por lo que sus ojos vieron.
Era Lucy.
Y el acosador.
Ella se aferraba a una pequeña bolsa de papel color café y en la otra sostenía el teléfono, aterrada del tipo que estaba delante de ella… llorando. Como si ella fuese la que hizo algo indebido o por el simple hecho de haber sido rechazado por ella.
Lucy titubeó y él aprovecho para entrar con cautela. ¿Qué rayos había tenido que suceder ahí? Se interpuso entre ambos pero el tipo continuaba llorando y sorbiendo mocos, se limpiaba la cara con la sudadera negra sin prestar atención a las dos personas observándole atentamente.
—¿Qué sucedió?
—S-Solo le pregunté por qué hacía esto…
—¿Qué?
—L-Lo lamento tanto— la voz inmadura del muchacho hizo que levantara la guardia—, ella es tan bonita, y, y yo la…quería…—Natsu notó sus titubeos, la incomodidad en su voz…este tipo acababa de convertirse. ¿Pero cómo había sucedido? Canna y él eran los únicos ángeles en la zona.
—Esta bien— Lucy le dio una sonrisita asustada—, estoy bien. Solo no vuelvas a hacerlo…nunca.
—Lo prometo.
Natsu pestañeó. En ese mismo instante, los policías llegaron, quitando a la gente que se había amotinado en la entrada del pasillo, protegiéndoles y esposando al tipo que no dejaba de farfullear.
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Su mirada siempre la había intimidado, estar bajo su evaluación, el color verde que la hacía darse cabezazos contra la pared. Sintió como se formaba un nudo en su garganta, ¿sería posible que Natsu la repudiara por haber convertido de regreso a ese pobre chico?
La verdad era que no podía culparlo si lo hacía. Eran demonios, el bien no estaba precisamente en la curricula, realmente esta vez ni si quiera lo había intentado. El acosador la tomó de la cintura y la hizo entrar hacia aquel lugar desprovisto de gente que notara que hacía, pero cuando intento tocarla, ella solo le había preguntado "¿por qué haces esto?", solo por tratar de defenderse, no había tenido que recurrir si quiera a las palabras marcadas para engañar o algo por el estilo.
Se aclaró la garganta y Natsu pasó un brazo por sobre sus hombros—. ¿Segura que estás bien? ¿Cómo te encargaste de eso tú sola?
Se encogió de hombros.
Era un don contrario del cual nunca sabría su origen. Canna, la amiga de Natsu, estaba llegando al lugar cuando ambos abandonaban el pasillo.
—Vaya, te he menospreciado.
—¿Qué?
—Canna—el tono de Natsu de advertencia pasó inadvertido por la muchacha y continuo con la vista en Lucy.
—Que pensaba que no podrías convertir a ese chico acosador. Estará arrestado por unos cuantos días.
—Lo siento, no soy buena haciendo pecar a los humanos—comentó por debajo del tono normal, pero la morena alcanzó a escuchar cada palabra. Se comenzó a reír.
—Pero claro que no, somos ángeles. Debemos ayudar a los demás—revolvió su cabello—, iré a verificar que el tipo realmente este en proceso de cambio.
Natsu cerró los ojos con fuerza y ella analizó con cuidado las palabras de la chica. ¿Ángeles? ¿Ayudar a los demás? Toda su vida se había basado en su padre gritando que los demás eran una molestia y que se les hacían favores al dejarlos caer en la miseria. No…eso.
Giró el torso hacia Natsu, ya sintiendo la vergüenza escalar por su estómago hasta sus mejillas.
¿Ángeles?
Natsu se pasó una mano por el cabello con una mirada de decepción.
Demonios.
Nunca se había sentido tan traicionada en su vida.
Empujó la bolsa de pan hacia su torso angelical y comenzó a correr en dirección a la salida. Sólo eso faltaba.
Ella siempre supo que había algo extraño en Natsu demonio, podría parecer uno a veces, podría tener una sonrisa coqueta que la dejaba anonadada, y varias actitudes de chico malo que la habían obligado a creerse sus mentiras. Las mentiras de un ángel.
Se sentía herida, enojada y estupefacta. Erza había dicho que los ángeles eran difíciles de localizar, ¿entonces como se las había arreglado para enamorarse de un ángel…siendo ella demonio?
Cruzó la calle, un auto había tocado el claxon, la verdad era que no le importaba. Ella era un demonio, sentía una vergüenza inexplicable, tenia que hacer cosas malas, vivir de hacer que los humanos se hundieran y ellos, al contrario…eran perfectos.
Paró mientras cruzaba el segundo puente sobre la calle, el aire se salía de forma poco elegante por bocanadas de aire y se obligó a tranquilizarse mientas las lágrimas corrían hacia sus ojos y amenazaban con caer. Los pasos de Natsu llegaron después de unos momentos, pero ella decidió seguir mirando a los autos que pasaban por debajo de ella.
—Lu-
—No se supone que…—se limpió los ojos con la manga de su suéter—, los ángeles no deberían…no sé… ¿¡no mentir!?
Natsu humedeció sus labios, viéndose ansioso, pero sin intentar apresurar una respuesta...por más culpable que se sintiese. Caminó hasta pararse a su lado.
—No te mentí…en teoría.
—¡Omitir la verdad es mentir! ¡Hasta yo lo sé! — se giró, con ganas de quitarle la cabeza y lanzarla hacia los autos—. ¿Desde cuándo lo sabes?
—Lo comencé a sospechar por la cicatriz de tu espalda, por que nunca te había visto…—acarició su mejilla con el pulgar. Por su mente pasaron infinidades de cosas, pero siempre al fondo estaba la duda…que pronto se convirtió en algo que sería muy fácil de aceptar. Lucy había revertido a alguien. Lo había hecho arrepentirse…de una extraña forma que no podía si quiera imaginarse.
Dio un paso más hacia ella y cuando por fin estuvieron frente a frente, acunó su cara con ambas manos, observándola con una sonrisa incipiente—. Pero lo revertiste.
Lucy frunció el ceño, comenzando a negar—. ¡Lo hiciste! Hiciste que ese tipo no te acosara y lo hici-
—¡NO! —Lucy quiso soltarse, pero al encontrar resistencia, se detuvo y tomó las muñecas del muchacho—. Soy un demonio. No hago esas cosas.
—Se que fue lo que vi— cerró toda distancia con un paso—. Se que fue lo que hiciste.
—No hice nada—desvió la mirada. Ella nunca aceptaría el hecho de no poder ser como los de su especie, si bien a veces repudiaba sus trabajos…seguía perteneciendo a ese lado oscuro—. Es mejor que no intentes convertirme en algo que no soy, Natsu.
Esta vez, logró soltarse sin resistencia—. Lucy.
—Si somos tan diferentes, lo mejor sería que me dejaras ir o te fueras.
El demonio se mordió el labio inferior y el ángel se cruzó de brazos sin quitarle la vista de encima. Su boca gesticulaba "vete" pero sus ojos y su expresión rogaban que se quedara. Daba lo mismo al final.
—No puedo hacer eso.
Ella frunció el entrecejo.
—El deber de un ángel es también vigilar a los demonios, y ya que dices que tú eres uno…no podré alejarme de ti.
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N/A: ¡Espero que les esté gustando! Lamento la pobre narración pero he perdido muuucha práctica...¿Algún review? ¿Se entendió bien? Pienso que compliqué mucho la trama. Si tienen alguna duda, dejenme un review y la contestaré en el siguiente capítulo...a menos que sea parte de la historia, claro. Ja-ja.
Les dejo chocolates y un corazón de melón n_n
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