Notas de la autora: He retornado :inserte carita dos puntitos +ve :


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Capítulo 7

¿Amor?

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Que conveniente.

Lucy dio una patada furiosa a un bote de basura, sentía ganas de matar a alguien…de preferencia al idiota que la había hecho pasar por todo eso. La había enamorado, la había ignorado, besado, marcado, mentido.

Dio un grito al aire de exasperación dentro de su habitación y la pobre alma en pena de la sirvienta hizo su aparición titubeando—. ¿Está usted bien, señorita?

—Sí. —Siempre era muy amable con todos los que trabajaban en su casa o para su padre, pero ese día no tenía ganas de nada—. Quiero estar sola. Puedes decirle a mi padre que salí a recorrer la metrópolis de inferno.

Nunca lo hacía porque le recordaba una zona de guerra dentro de una ciudad estúpida y sufrida. Tomó su abrigo, colocándoselo de forma rápida y salió de la mansión mascullando maldiciones justo por la puerta de enfrente.

Estaba dando sus primeros pasos cuando una risa la hizo enojarse aún más.

—Vaya, vaya, pero si es la princesita angelita.

No quería saber n-a-d-a de los ángeles en ese momento. Se giró como si fuera la niña del exorcista y se encontró con Laxus, de uno de sus brazos gigantes colgaba un sucubo con una risita divertida.

—¿Qué quieres?

—¿Por qué crees que querría algo de ti? Mimada tonta.

Se giró sin contestar sus provocaciones y corrió por la acera para alejarse de ahí. Tal vez ver algo de sufrimiento le quitara el enojo que sentía. ¡Cuanta vergüenza había sentido!

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Jellal la encontró sentada afuera de la casa de Erza, sobre los pequeños escaloncitos que la conducían hasta la entrada.

—¿Qué haces aquí?

—Estoy pidiendo limosna—él levantó las cejas, súbitamente sorprendido por el sarcasmo de la mini perfecta Lucifer, mitad ángel—, estoy esperando a Erza. ¿No sabes dónde está?

—De hecho, está en mi departamento y me mandó a buscar ciertas cosas que necesita— la ignoró y subió las escaleras para abrir la puerta. Lucy lo siguió—, y…¿qué me dices? ¿Lograste usar tus poderes?

Resopló.

—Si hablas de poder revertir a las personas, sí. Ha funcionado.

Mientras rebuscaba la ropa de su novia, no podía parar de pensar en lo que había dicho Lucy. Ya se había acostumbrado al hecho de que la princesa fuera más angelical que demoniaca, pero…le causaba conflictos.

—¿Intentaste usar tu súcubo interno?

—No lo soy —la voz de Lucy sonó amortiguada desde la sala—. No funciona.

—Tienes que intentarlo primero…¿Cuántos años dices que tienes?

—Diecinueve.

—¿Y cuantos pecados has pagado?

—Ninguno.

Se asomó desde detrás de la puerta para ver su cara, ella estaba engullendo un bote de helado. Algo le decía que eso no le gustaría a Erza…para nada.

—¿Y que pasa con el pago?

—¿Qué pago?

—La deuda, Lucy. La deuda de Lucifer, la cuota…

Ella desdeñó el hecho con una mano, como si fuera lo más insignificante en su mundo.

—Es mi padre, no me hace pagar cuota.

—Aún.

Para él…para Erza, que va, para casi todos los demonios el pago era lo más importante, era la única forma de mantener esa forma humana, de tener la capacidad de huir de esa ciudad de mierda y terminar entre los humanos…

Esperaba que Lucy no estuviera equivocada.

La rubia levantó la vista hacia él.

—Tengo una pregunta…—se lamió los labios y por fin bajó la cuchara—, ¿qué pasa si un demonio…tienta a un ángel?

Frunció el ceño.

—Pues…probablemente destituirían al ángel…imagino…aunque, ¡oye! Seguro con eso pagas casi toda tu vida…pero sería muy difícil, tendrías que encontrar uno primero y son extremadamente raros. Luego está el asunto de tentarlos y con tu habilidad…bueno, no creo que funcione.

Lucy estaba con la mirada ida.

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Pestañeó, despertando de su ensoñación para encontrarse directamente con su jefa. La había estado llamando, así que le ofreció una sonrisita de disculpa.

—Estás en las nubes—se cruzó de brazos—, ¿es a causa de Natsu?

El escuchar su nombre, le causo escalofríos.

No lo había vuelto a ver por ahí. Se había mofado de no poder separarse de ella, pero llevaba como tres días sin verle…no que le importara mucho…o al menos eso se quería hacer creer. De todas formas, ella le había pedido que se marchase.

Gimió de estrés. La verdad era que lo extrañaba como tonta.

Levy suspiró.

—Da lo mismo, porque necesito un favor— le entregó un paquete envuelto en papel café con un moño rojo hecho de las mismas cuerdas con las que iban sujetos los libros—. Esta es la dirección, es una pequeña escuela.

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Le dolía el brazo. Los libros no eran tan pesados, pero ya llevaba caminando más de media hora y aún no lograba encontrar la dichosa escuela.

Giró de nuevo en la misma esquina donde ya había girado dos veces antes y decidió que estaba perdida. ¿Cómo diablos creían que ella podía encontrar la dirección fácilmente?

Dio media vuelta una vez más para chocarse directamente con una mujer, de lo más femenina que había visto en su vida. Cabello blanco que llegaba por debajo de los hombros y un vestido rosa hasta los tobillos, dio varios pasos hacia atrás disculpándose.

—Lo lamento, no quería golpearte.

Ella tenía una sonrisa angelical. Ugh.

—No te preocupes por mí—luego miró el paquete de libros que Lucy cargaba en sus brazos—, ¿esos no son…mis libros? ¿Eres tú la chica que envió Levy?

Lucy le dio una sonrisita. Gracias a los dioses que había aparecido tal ser que la había guiado hasta la tonta escuela de su destino. Era un pequeño edificio multicolor al fondo de un patio de juegos, de una sola planta, con niños pintando y jugando en el arenero. Ella hizo una mueca, no que no le agradaran los niños pero no era muy buena con ellos.

Mirajane la condujo hasta su oficina. Era pequeña, con una mesa de roble y un montón de libros de colores acomodados en una esquina, en los muebles de los lados y se complementaba con muchísimo material escolar tirado por todos lados.

—Disculpa el desorden. No importa cuantas veces lo limpie, no dura así ni dos minutos.

Le dio una sonrisa amable y dejó el paquete frente a ella—. Es de Levy, realmente no se que proceda.

—Sí. Estaba a punto de enviar a un maestro a buscarlos, son material nuevo y no te preocupes por eso, ya tenemos acuerdos con Levy para eso.

Lucy gesticuló una sonrisa y se apresuró a salir de la oficina, seguida de Mira—, ¿no quieres quedarte un momento? Podría darte un vaso de cocoa caliente.

La dulzura de sus movimientos, de su finura al hablar y su suave voz la estaban hipnotizando, ¿Cómo convivías con una persona así sin caer en sus encantos? Negó con su cabeza, tenía que regresar a su trabajo.

—Gracias, estoy bien.

Se dio media vuelta y se encontró con un tipo al final del pasillo que conocía muy bien. Tenía los brazos cruzados y parecía regañar a un niño de cabello azul…el pequeño miraba sus zapatos y todo en él indicaba arrepentimiento. La rubia dio media vuelta sigilosamente para salir por las puertas de cristal, hasta que Mirajane habló.

—¡Natsu!

Paró a la mitad de su escape y miró por encima de su hombro, espiando la posibilidad de poder correr aún. Pero Natsu ya la había visto.

No podía con lo mucho que le gustaba el estúpido ángel. Llevaba una camisa de botones y las mangas enrolladas hasta sus bíceps, un mandil adorable colgaba de su cuello y abrazaba su torso hasta formar un delicado moño en la espalda.

Natsu pestañeó sin moverse, estático y por un segundo, ella pensó que la iba a ignorar, pero dio un brinco hacia ella con el rostro lleno de diversión.

—¡Lucy!

Quiso retroceder, pero antes de darse cuenta, sus brazos la tomaron de la cintura y la levantaron con la misma dificultad como si levantara una pluma del suelo. Dio una vuelta en el aire antes de terminar entre sus brazos.

—¿Se conocen?

—¡Pero claro que sí! —la presumió— ella es la chica de la que te he estado hablando, Lucy.

La mujer juntó ambas palmas de sus manos con emoción, conservando esa aura delicada que llevaba con ella—. ¡Claro! ¡Por esa razón te envió Levy a mí!

La rubia pestañeó confundida, aún en los brazos de Natsu que apretaban su cara contra su pecho. Dentro de ella algo se removía con pena y se sentía culpable de -casi literalmente- aspirar el olor del tipo. Le en-can-ta-ba.

Le entraron ganas súbitas de llorar de sentirse tan bien y tranquila entre sus brazos, aunque, ellos ni si quiera lo notaron. Estaban haciendo planes sin preguntarle sobre sus siguientes horas en el jardín de niños.

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Ni si quiera había aceptado pero ahí se encontraba, con un vestido azul delicado parecido al de Mirajane, un moño gigante en su cabeza y un mandil morado encima. El niño frente a ella, la observaba con interés y aunque jugaba con unos carritos, no dejaba de mirarla.

Escuchó que Natsu pasó detrás de ella y el pequeño desvió la mirada a sus juguetes. ¿Por qué presentía que el ángel estaba metiéndose con los pobres niños? Constató sus sospechas cuando volteo y lo encontró fulminando al pobre bebé. Sus miradas se cruzaron y ella le reprochó sin decir nada.

Natsu se limitó a levantar los hombros y moverse de ahí.

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No sabía como había aceptado la oferta de Mirajane, o más bien por qué no había puesto resistencia para quedarse, pero sinceramente lo estaba sacando de orbita. Tenerla ahí era como tener un juguete nuevo y no poder abrirlo, quería permanecer a su lado…cuando la vio salir con ese atuendo tan adorable, estuvo a punto de caer en coma, aunque claro que se limitó a sentir sus mejillas enrojecer y pasar una mano por detrás de su cabeza.

Siempre supo que Lucy era hermosa de todas formas.

Happy tomó su pantalón para llamarlo por decima vez en el minuto.

—Natsu —su voz inmadura siempre lo llenaba de ternura. No debería de haber favoritismos en el jardín pero para ser sinceros, ni si quiera se arrepentía de tenerlos con él.

—¿Qué pasa, amigo?

—¡Ya no quiero esta comida!

Agh.

—¡Happy! —se puso en cuclillas para limpiar un lado de la boca por donde caía el batido de fresa—, dijiste que tenías hambre, compañero.

—Tenía.

—No puedes estar desperdiciando la comida. Ya son dos regaños el día de hoy— el bebé de cabello azul comenzó a pestañear para no llorar—. Si te lo tomas todo, no te quitaré la estrella.

—Está bien.

Tomó el vasito y lo pasó con trabajo de unos cuantos tragos. Cuando Happy le entregó el vasito y el regresó la vista a su nueva compañera rubia, chocaron miradas nuevamente. Lucy pestañeó y giró, sonrojada de haber sido descubierta mirándole.

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El último niño estaba por irse.

Los tres miraban el horizonte por donde su madre tomaba de la pequeña mano a Happy. Mirajane golpeó a Natsu con un abanico, olvidando de forma momentánea su dulzura.

—¡Deja de darle tanta preferencia a Happy! —volvió a golpearlo—, ¡los demás niños lo notan!

—¡Pues no es mi culpa que no sean tan adorables!

Mirajane frunció el ceño, por un segundo Lucy creyó que otra ráfaga de golpes llegaría pero su rostro se iluminó y se llevó las manos a la cara en señal de que había olvidado algo.

—¡Oh no! Olvidé la hora—miró el reloj de su muñeca—. Se me hace tarde para recoger a Lissana en el aeropuerto —miró expectante a Natsu, el cual giró los ojos con exasperación.

—Está bien, yo lo hago.

La mujer dio un brinco de felicidad y posteriormente salió corriendo en dirección a la salida, dejándolos solos.

Natsus suspiró.

—¿Qué es lo que tienes que hacer? —preguntó Lucy con curiosidad, después de una mirada, analizo el patio de juegos hecho un completo desastre, adentro también, con material tirado por allá y pintura fresa por otro lado—. Me queda claro.

Para cuando terminaron, rayos del sol del atardecer se colaban por entre las ventanas. Siguiendo el patrón en el suelo, Lucy terminó de colocar el piso de foami y se dejó caer en sus rodillas para colocar las pelotitas en su cesto. Natsu la ayudó, colocándose a su lado y sin decir ni pío. Era lo único que faltaba.

Ambos tomaron la última pelotita al mismo tiempo, tocándose las manos en el proceso. Lucy levantó la vista hacia él.

Un silencio prolongado se hizo presente.

Después Natsu habló—, aquí es cuando me besas.

Lucy gruñó, levantándose y colocando la ultima pelota en su lugar—. Ya que terminamos aquí, creo que me iré.

—¡Espera! ¿A dónde crees que vas?

—A mi casa.

—Lucy, espera —él avanzó hasta quedar frente a frente—, necesito que me hables.

—Te estoy hablando.

—Que hablemos.

—¿Sobre qué?

—Sobre la cuota. —Se quedó estática. ¿Cómo diablos sabía eso? Si era un ángel, él no tendría por qué saber nada de ellos, así como los demonios no tenían idea de la vida de los ángeles. Dio un paso atrás y el la tomó de los hombros—. Estoy preocupado por ti, no quiero que desaparezcas o algo así.

—Natsu, eso no es de tu incumbencia.

Una, y otra, ¿por qué todos últimamente mencionaban el pago? Lucy nunca había tenido que dar nada, Lucifer era su mismísimo padre…no era que él fuera a pedirle algo…o pensándolo bien…

—Sí es de mi incumbencia, Lucy.

La mirada molesta cayó sobre ella y se encogió de hombros—, ¿cómo sabes eso de mí? ¿quién te dijo sobre el pago?

El titubeó—. Un amigo.

—O sea que, ¿necesito hablar con Canna para que me diga todo lo que tú eres, haces o debes? —permanecieron en silencio contemplándose hasta que Natsu cedió con un suspiro y se sentó en el foami, dio unas palmaditas frente a él para que ella se sentara. Cosa que obedeció, sentándose sobre sus piernas.

—¿Qué quieres saber de mí?

Sinceramente, todo.

—Sobre…no lo sé…tengo curiosidad…¿él?

—Nunca lo he visto, solo los arcángeles tienen contacto con él. Pero sabemos que existe, es más como alcanzar la divina gracia y cosas como esa; es demasiado complicado incluso para nosotros.

—Mi espalda.

—Es sexy.

—¡Te voy a golpear! —dijo sonrojada hasta el cuello, luego se cruzó de brazos—. La cicatriz es de un par de alas, ¿no? ¿Tú tienes? ¿Puedes volar?

Natsu comenzó a reír, realmente disfrutaba pasar tiempo con ella, era tan fácil molestarle. Se quitó el delantal de preescolar y lo dejó caer cerca. Después comenzó a quitar los botones, uno a uno. Lucy lo observaba con fascinación.

Cuando aparecieron, pestañeó varias veces. Abrió su delicada boca en una perfecta o y se llevo ambas manos a ella para cubrirla.

—Oh por Dios—Natsu levantó una ceja, no sabía que un demonio pudiera decir eso—, eres hermoso.

Volvió a reír, sonrojándose por las alabanzas de Lucy—, ¿quieres…tocarlas?

Ella se mordió un labio y avanzó hacia él con una mano al suelo y la otra en dirección al ala gigante. La acercó a ella con cuidado.

Su tacto era suave, delicado, un respiro de brizna de mar que lo dejaba tranquilo, con una sensación de placer de estar ahí, con ella, con ese simple toque. A diferencia de la vez que Gajeel las había tocado, se sentía de lo más cómodo, con las manos de Lucy enterrándose entre las suaves plumas y sus caricias que lo tenían en el cielo.

Llevó una de sus manos al cabello resplandeciente de Lucy, acariciándole también y enredándose en el para empujarla contra él. Sus labios eran lo que más ansiaba en ese momento, se olvidó de todo. De los estúpidos títulos, de lo que eran, de las reglas, de sus amigos y sus advertencias, incluso de que la estúpida puerta del edificio estaba abierta. Todo.

Se besaron ansiándose, pero con lenta tortura. Su suave piel contra la de él, que lo hacía estremecerse, así como ella bajo su toque. Sus labios húmedos y perfectos que lo estaban volviendo loco; ¿Cómo pensaba Lucy que él podría alejarse de ella? Había esperado tres largos días para que darle tiempo a asimilar las cosas, nunca pensó que sería ella quien se aparecería en su vida. Por lo regular, era él quien la buscaba a ella.

En algún momento, Lucy terminó contra el suelo, con el vestido arriba de los muslos y sus brazos rodeando su cuello. Maldita sea, estoy perdido.

Y dejaría que ella hiciese con el lo que le viniera en gana. Le ofrecía su vida, sus alas, todo.

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N/A: So...fucking...in love. Bye c:

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