III.
Tan pronto como Margo dejó la biblioteca la puerta negra hizo su reaparición justo en la entrada. Eliot entendió que se trataba de su señal y fue hacia ella.
Una vez estando del otro lado lanzó un suspiro de alivio. Eso sin duda era Fillory, hogar dulce hogar y esas cosas. El vibrante verde lo envolvía en un cálido abrazo de bienvenida.
Comenzó a caminar en dirección al castillo, pero el primer avistamiento de éste a lo lejos lo dejó perplejo. Whitespire estaba diferente, se estaba construyendo algo. Algo que ya estaba construido.
Le tomó unos cuantos segundos, pero finalmente lo comprendió. Recordaba haber leído la historia del castillo en algún punto durante su solitaria estancia en Fillory (en realidad había caído dormido después de tres páginas y alguien más le hizo un resumen, pero era un muy buen resumen). La Torre Norte era lo que estaban construyendo, pero de eso había pasado mucho tiempo. ¿Significaba que se encontraba en el Fillory del pasado?
«Seguro que de haber estado aquí, Q lo hubiera deducido antes». La idea se abrió paso acompañada de una temprana nostalgia. ¿Lo volvería a ver? ¿A él, a Margo y a todos los demás?
Apartó el pensamiento con brusquedad y siguió su camino recorriendo un buen tramo. Ya se había habituado a usar un tipo de vestimenta diferente en cada lugar (lo mejor de dos mundos y tal), por lo que andar por ahí con su atuendo terrestre le parecía un tremendo desacierto, aunque en cierto modo le gustaba. Le recordaba al día de su coronación. No había sido un día especialmente encantador, pero la emoción del momento nadie se la quitaba.
Debía faltar poco para salir del bosque, pero aminoró la marcha al escuchar unas voces. Venían de una estrecha vereda que llevaba a una pequeña cabaña perfectamente ubicada a la orilla de un claro. ¿Debería ir hacia allá o seguir derecho? Oh, qué diablos.
Siguió el sonido de las voces y poco a poco las reconoció. Primero la de él y luego la suya.
Eran sus voces, la suya y la de Quentin.
Acercándose con sigilo logró acomodarse detrás de una cortina de ramas y arbustos que le permitían ocultarse. No estaba del todo seguro de si era necesario que lo hiciera, en realidad se trataba de uno de sus plot twist favoritos, pero no era tan estúpido como para ignorar el hecho de que cosas malas suceden cuando te encuentras cara a cara con algún otro tú. Volver al Futuro, Doctor Who, Harry Potter… en todos lados se hacía la advertencia. Prefería por una vez en su vida practicar la prudencia y no intentarlo.
Permaneció quieto y aguzó el oído.
—Verde, verde… no, ahí… allá.
Estaban ocupados en lo que se asemejaba a un enorme rompecabezas. El mosaico, le pareció que lo llamaban. Eliot 2 le indicaba a Quentin dónde colocar las cuadradas piezas de colores desde lo alto de una escalera. Era divertido intentar adivinar los sucesos que los habían llevado a estar haciendo aquello, no parecía algo que él haría por gusto. Tenía que tratarse de algo importante.
—¿Sabes qué? Te diré dónde pondré esto— le riñó Quentin al Eliot 2 sosteniendo por lo alto uno de los cuadrados. Al parecer éste último le había estado tomando el pelo. A Eliot le pareció perfecta la réplica de su doble:
—¿Sí? Déjate venir, Coldwater.
La escena le pareció cautivadora en su sencillez. Notaba cierta cercanía y comodidad entre aquellos Eliot y Quentin que le era familiar y desconocida a la vez. El rostro de Q, aunque mostrando cierto agotamiento relacionado con la tarea que le acometía, lucía apacible de una forma que hace tiempo Eliot no veía, no desde la muerte de Alice.
Más aún le costaba reconocerse a sí mismo en aquel otro rostro. No era que no tuviera un aspecto increíble, pero notaba algo diferente en su expresión. En el juego de las apariencias nadie le ganaba, y sin embargo aquello era diferente. De vez en cuando la línea entre la ilusión y la realidad del truco se tornaba borrosa, pero en ese momento se le revelaba con tan abrumadora claridad que no pudo pensar en nada más.
La sábana blanca había caído al suelo regalando un destello de genuina felicidad.
Los observó por un rato más mientras seguían manos a la obra. No parecían tener compañía. ¿Vivirían juntos, apartados de todo y de todos en aquel rinconcillo del bosque? La idea de vivir ahí en lugar de en el castillo le resultaba extrañamente agradable. Era cierto que echaría de menos su magnífica cama Real, pero siempre podía pedirle a Margo que se la enviara junto con su extenso e igual de espléndido armario. Algún servicio de mudanzas mágico debía de haber por ahí, y en caso de que no, quizá él podría iniciarlo. Incluso podría formar una sociedad comercial con los pegasos que estuvieran interesados. Mudanzas Reales, tan confiables y eficientes como los Hijos de la Tierra. No, probablemente eso sería publicidad engañosa. Tendría que pensar en otro eslogan.
«Si, esto sería acogedor». Se preguntó si debería añadirlo a su lista de cosas por hacer antes de morir: número 1001, Convertirme en un jodido ermitaño con Q. Eso si es que aún había tiempo para un punto más.
¿Quería tener tiempo? Por primera vez, contemplando aquella escena, la respuesta no le sonaba tan compleja.
Todo lo que deseó en ese instante fue cambiar de lugar con su doble y experimentar lo que él experimentaba. Tal vez aún tendría la oportunidad de hacerlo. La primera explicación que le había venido a la mente era que estaba echando un vistazo a otra línea temporal, pero ¿quién sabe? Bien podría estar mirando su futuro. Hasta donde él sabía, todo era posible en aquella asombrosa tierra mágica. Francamente la jodida Disneylandia se quedaba corta en comparación.
Estaba tan absorto en sus pensamientos que tuvieron que pasar varios minutos antes de que reparara en la llegada de una tercera puerta negra a escasos pasos detrás de él. Hora de irse, entonces. Pero primero lanzó una última mirada hacia los dichosos Quentin y Eliot. Habían extendido una manta sobre el mosaico y ahora se encontraban echados sobre ella. El otro Eliot se puso de pie, entró a la cabaña, salió con dos tazones y le ofreció uno a Q.
Comenzaba a oscurecer.
Mientras cruzaba tuvo la sensación de que se perdería de una velada formidable.
