INCONFORMIDAD

A decir verdad no estoy muy segura de cuando surgió este sentimiento en mi pecho, primero fue algo cálido que surgía cada vez que lo veía, nació de las experiencias compartidas, de las cosas que habíamos vivido juntos. Era un sentimiento reconfortante, su sonrisa, su voz chillona, su risa infantil, todo él me parecía divertido, pero al mismo tiempo existían cosas que nos separaban y que siempre nos separarían. Han pasado varios años desde ese loco verano en el que nos unimos más, creció, ahora es alto, su cuerpo empieza a mostrar signos de su futura adultez, me sigue gustando su despeinado cabello castaño, su insípido intento de barba, a decir verdad aun me causa cierta ternura, lo veo de reojo y no puedo dejar de morderme los labios, existe algo en él que ahora es diferente, extraña y misteriosamente diferente.

Las cosas cambian, nada es permanente, todo se transforma, él es un claro ejemplo, puedo hablar de muchas cosas, parece comprender y meditar lo que decimos, siempre fue un hombre meditabundo a pesar de ser sólo un niño.

Me sorprendí cuando me dijo que tenía novia, arquee una ceja cuando escuche su nombre, él era especial podía ver esas cosas que a los demás se nos escapan y estaba segura que ella era más de los que nos dejaba ver, pero pese a eso no deje de sentir cierta molestia que comenzaba a alojarse en mi corazón.

Fue divertido verlo comenzar esa relación, no podía dejar de mostrar su falta de experiencia en el tema, a veces acudía a mí en busca de un consejo, teníamos esa relación de hermandad. A veces no podía dejar de hacerle una pequeña broma, era tan fácil molestarlo, disfrutaba ver su cara roja por la vergüenza, frustración, rabia o temor cualquier cosa que le hubieran provocado mis palabras.

Los veía desde lejos perdida en mi rutina diaria, no hacían nada fuera de lo normal, nada que no hiciera alguien de dieciséis años. Escuchaba como hablaba nerviosamente, movía su cuerpo de forma poco natural y vi como el sudor bañaba su frente, sonreí a pesar de las cosas en las que había cambiado no dejaba de ser él.

Ahora de la nada se besaban, mis ojos se abrieron de par en par sorprendida ante tal acción, era un sencillo beso en los labios que poco a poco se fue trasformando en uno cargado de pasión. Sí que era atrevida, él siempre le gusto, no era nada buena ocultándolo y ahora lo tenía para ella, sus cuerpos cada vez se acercaban más, ahora era un beso acompañado de ciertas caricias. No puede dejar de pensar por qué yo no dejaba de mirar aquel momento de intimidad, y lo que más ruido me hacía era el porque cerré mi puño y golpee la pared al ver lo que ocurría.

Se levantaron y se fueron riendo, no se dieron cuenta de que su breve encuentro había tenido un espectador, sentía un nudo en el estómago, era compuesto de un sentimiento que pocas veces había experimentado "celos" aderezados con rabia. Troné mis nudillos varias veces en busca de un explicación lógica a lo que empezaba a acontecer dentro de mi cabeza, lastima no la encontré, incluso ahora era más la molestia y las preguntas que en un principio.

Despeje mi mente, después de todo lo que mi mente comenzó a sentir estaba lejos de ser correcto y sin embargo ahí estaba.

Los días pasaron en mi rutina nada fuera de lo común incluso uno que otro breve romance, lo extraño es que era otro el que ocupaba mi mente. Pasaban mucho tiempo en la cabaña, me sorprendía el cambio de ella, jamás la hubiera imaginado incluso ayudándole con sus misteriosas investigaciones, creo que deje de ser tan sutil con respecto a mis sentimientos, cuando me acercaba a hablar con él ella no dejaba de mirarme con un finísimo brillo de odio en sus ojos.

Tenía la seguridad de que aquello no duraría, bueno al menos eso era lo que quería pensar, nuestra relación era mucho más fuerte, llegaría momento en que me tocaría actuar, sabía que mis acciones lo confundirían pero eso lo superaría fácilmente y sino yo le ayudaría a que la olvidara.

Fui por un refresco cuando lo escuche hablar con Stan, sabía que le tenía una gran confianza y que cuando realmente necesitaba un consejo era a él a quien acudía. Me quede detrás de la puerta y oí lo que preguntaba mientras observaba por una pequeña rendija.

-Mmmm, Stan puedo preguntarte algo –dijo Dipper.

-Claro mocoso, ¿de qué se trata? –pregunto Stan.

-Bueno ya sabes, tengo un tiempo saliendo con ella y pues mmm las cosas han avanzado –decía moviendo nerviosamente las manos –y quiero ir al siguiente nivel pero no sé cómo hacerlo.

-¿Quieres tener sexo con ella? –decía Stan sin nada de sutileza.

-Ohhh, no lo digas así suena horrible –se quejó él.

-¿Sí o no chico? –volvió a preguntar.

-Si –respondió apenado.

-Lo único que te puedo decir es que si están listos sucederá, estoy seguro que si ella no te diera señales de querer lo mismo no me preguntarías esto –decía dándole un sorbo a su bebida.

-Sí, estoy seguro que ella lo quiere tanto como yo –decía Dipper.

-Entonces sucederá cuando sea el momento indicado- le dijo Stan.

-Ten – dio unas llaves – en la oficina está mi "Caja para Hombres", ahí tengo colonia, navajas de afeitar y "otras cosas" puedes tomar lo que necesites. Ten llévala ahí –le dio una tarjeta.

-¡Gracias Tío Stan! –decía mientras sonreía.

No me quede a escuchar el resto de la conversación, no podía creer que estaba tan involucrado con ella para querer dar ese paso. El sentimiento de malestar era casi insoportable, al igual que la tristeza, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, lágrimas infundadas, lágrimas incontenibles, no podía dejar de pensar que lo perdería para siempre.

Me marche, necesitaba alejarme de ese sitio, qué podía hacer, ahora de la nada llegaría y le diría "me gustas", no, claro que no, no tenia el derecho para derrumbar lo que él había construido. Di varias vueltas por el pueblo, viendo esos lugares que compartimos, esos lugares que no dejaban de recordármelo, dejaba que mi corazón se llenara de rabia, sobre todo de dolor y de frustración, parecía que esta vez sí se alejaría de mí.

Mientras caminaba de regreso a casa no dejaba de manotear al aire, era yo quien me había metido en esta situación, me recriminaba a mí misma todo lo dicho, ahora no dejaba de odiar esa palabra, la palabra que yo misma utilice, la palabra que yo grave a fuego en su mente, la palabra que ahora me impedía pedirle más, ¿por qué diablos dije somos "hermanos"?

Casi anochecía pero aún me faltaba un buen tramo para mi destino, sin darme cuenta me había alejado más de lo imaginado, bueno al menos podía seguir pensando en él.

Escuche una bocina, reconocí la camioneta de Soos, por un momento creí que era mi amigo y que me llevaría lo cual me alegraba sinceramente. Al abrirse la puerta ahí estaba él, sabía que era imposible no volverme a topar con este pero no tenía el ánimo suficiente para verlo.

-¿Te llevo? –preguntó.

-No es necesario, es una linda noche para caminar –respondí sintiéndome tonta.

-No seas boba, eso es lo que hacemos los hermanos, nos cuidamos el uno al otro –ahora utilizaba mis propias palabras en mi contra.

-Bien –conteste con desgano y me subí.

Durante el trayecto hablamos de cosas sin importancia, hicimos algunas bromas, reí de su cara bellamente tonta. Parecía que el tiempo entre los dos no hubiera trascurrido, que las cosas que nos separaban no existían, por ese momento solo éramos los dos.

-¿La amas? –pregunte de la nada.

Volteo a verme con cierta curiosidad, tal vez se preguntaba el porque de mi súbito interés, aunque él no sabía lo que yo sentía.

-Es muy importante para mí –fue su respuesta.

-¿Pero eso no fue lo que pregunte? –insistí.

-¿Por qué quieres saberlo? –era ahora él quien me cuestionaba.

-Simple curiosidad –fue mi respuesta.

Justamente en ese momento llegamos, baje de la camioneta y me dirigí a la puerta, mientras la abría él dijo detrás de mí.

-Ahora eres tu quien no responde –su tono parecía irónico.

-Me gustas, es más quisiera decirte que tiene poco que me gustas pero te mentiría –se lo dije sin miramientos o arrepentimiento. Me miro sorprendido, creo que jamás pensó que esas palabras salieron de mi boca. No espere su repuesta, le robe un beso, ahí frente a la puerta, en un principio era únicamente mis labios en su boca cerrada, pero poco a poco estos fueron cediendo hasta que me correspondió. Lo arrastre hacia dentro, lo tire en el sofá, me puse en ahorcadas sobre él y continúe besándolo, jugaba con su lengua, mordía sus labios, acariciaba ese despeinado cabello que tanto me gustaba. A cada minuto las sensaciones aumentaban, con cada beso las respiraciones se entrecortaban, a cada caricia se sumaba más la excitación, él rompió el momento y pregunto:

-¿Por qué haces esto Wendy? Siempre me dijiste que me "veías" y querías como a un hermano menor e incluso me llamabas "bro" –dijo Dipper. Si fui yo quien al ver su corazón roto después de que me confesara su infantil amor le dije que lo quería, pero lo quería como a un hermano, que es más de ahora en adelante él también era mi "bro". Ahora cuatro años después me arrepentía, quería que él me viera de otra manera, si tan sólo pudiera borrar esa palabra de sus recuerdos.

-No lo sé – respondí, en efecto no lo sabía pero esto era lo que sentía, lo que él me provocaba. Lo volví a besar, ahora con más intensidad, hasta que fuera necesario respirar.

-Detente por favor, sabes que Pacífica es mi novia –dijo él.

No pude reprimir el fruncir lo labios al escuchar el nombre de ella. –Lo se Dipper, pero no te estoy pidiendo que termines con ella sólo que pases esta noche conmigo.

De nuevo lo besaba, jugaba con el lóbulo de su oreja, le daba pequeños mordiscos en el cuello, me encantaba oír como se le escapan pequeños sonidos de excitación.

-Detente –dijo una vez más. No puede evitar sentirme culpable, después de todo sin duda parecía que jugara con sus sentimientos. Me quite de encima de él para sentarme a su lado.

-No te puedo obligar –dije mirando al piso.

-¡Maldita sea Wendy! ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué ahora que estoy con Pacífica? Hace años hubiera enloquecido por una oportunidad como esta, me costó tanto superarte y ahora resulta que te gusto – dijo lleno de rabia.

-Perdóname, sé que no es justo. Quisiera darte razones lógicas, argumentos válidos, algo que resarciera mis errores pero no puedo. Por ahora lo único que tengo es lo que mi corazón me dicta y eso es que me gustas –fue mi idiota respuesta.

-Además aunque me gustes mucho, aunque incluso siento algo más que cariño por ti, jamás te pediría que la dejes. Sabes que estoy aquí por vacaciones de verano, pronto me tendré que marchar, pero mi pecho me dice que si no hago esto, que si pierdo la oportunidad de estar contigo me arrepentiré para siempre. –Dije, aunque sin duda eran razones bastante estúpidas.

-¿Entonces lo que me pides es qué le sea infiel a Pacífica? – me dijo con desagrado.

-No, lo que te pido es que por hoy, por esta noche, solo seamos tú y yo, nada más. Pero no puedo obligarte a estar conmigo, así que puedes irte –al decir esto lo mire a los ojos.

-¡Maldita sea! – respondió, creí que se marcharía y me dejaría sola para poder ahogarme en mi frustración, sin embargo me sujeto de la cadera y comenzó a besarme. No puede dejar de sonreír, supe que esa noche él seria mío, no importaba que únicamente fuera una noche, estaba dispuesta a vivir con eso.

Nos besábamos con desesperación, tal vez era el saber que este sería el primer, último y único encuentro entre los dos. Lo fui atrayendo hacia mí, hasta que quedara encima, con nuestras piernas entre cruzadas. Le quite el chaleco, me estorbaba para sentir su cuerpo, ahora era él quien mordía mi cuello, sus manos surcaban ferozmente me cuerpo por encima de la ropa. Busque sus labios una vez más quería grabar su sabor en mi mente, le saque la camisa, ahora podía ver su dorso desnudo, que masculino lo hacía verse ese pelo en pecho, hundí mi cara entre sus clavículas, deseaba aspirar, deleitarme, intoxicarme con su olor. Fue desabrochando uno a uno cada botón de mi blusa, finalmente dejo mi pecho al descubierto, me sonroje un poco era pequeño en comparación al de la rubia. Comenzó a morderlos sobre el sostén, al sentir tal sensación no pude mitigar mis gemidos, también era el roce de nuestras intimidades, podía sentir como su erección se marcaba a través de su pantalón. Me saco la blusa, al mismo tiempo me quito el bra, ahora los dos teníamos el dorso al desnudo.

-Me gustan tus pecas –dijo mientras mordía mi hombro.

-Me gusta tu pelo en pecho –respondí, puede escuchar una leve risa.

Sentía como su lengua se apoderaba de mis senos, los saboreaba y mordía lentamente, jugueteaba con mis pezones, esto hacia que mi piel se erizara, que las partes más profundas de mi anatomía reaccionaran. Acariciaba su pecho, su espalda, abdomen, también mordía ligeramente sus hombros, una de sus manos descendió hasta el borde de mis pantalones, lo desabrocho con delicadeza, comenzaba a acariciarme sobre la ropa interior. Sus dedos subían y bajan, haciendo que mis gemidos de placer fueran cada vez más fuertes, introducía sus dedos aun sobre mis bragas, la sensación me enloquecía, los giraba con habilidad, sin dejar de estimular mis pechos, carajos sí que era bueno.

Entonces me di cuenta, de mi estupidez, de mi falta de astucia. Esta no era la primera vez de Dipper, supuse que al hablar con Stan era porque quería que su primera vez fuera con Pacífica, pero no, su primera vez se la había llevado alguien más, alguien de quien nunca sabría su nombre, muy probablemente una boba de California. Me golpee la frente, por ser una total imbécil, hasta ahora había dejado de verlo como un niño, ese era mi gran error, ya que muchas otras lo notaron antes, llegaron a él antes, lo habían amado antes que yo, lo habían tenido antes que yo. Mordí mi mano no sólo para aminorar mis gemidos, sino como un pequeño castigo ante mi gran e irrevocable ignorancia.

Ahora me acariciaba directamente, sentía como entraba y salía de mí, mis piernas apretaban su mano, me dijo unas cuantas palabrillas obscenas al oído que me hicieron sonrojar. Ahora detonaba todas mis sensaciones eróticas al jugar con ese punto exacto, leyó en mi cuerpo lo que estaba por pasar, siguió mordiendo mis senos, lamiendo mis pezones, y estimulando ese punto preciso. No podía articular palabra entendible, mis pensamientos estaban en la misma situación, respondía al estímulo primordial de mi organismo, el calor que lo invadía, cada terminación nerviosa se acoplaba, cada musculo se tensaba, cada vez mi intimidad se ponía más estrecha, descarga de endorfinas mezclada con electricidad, ahora ese al que por mucho tiempo llame niño me hacía sentir uno de los mejores orgasmos de mi vida.

Una vez más me enoje conmigo, resulta que quién me estaba dando una lección sobre cómo debía ser el sexo era él. Me incorpore, me desnude para él, con lentitud, con sensualidad, hice uso de cada movimiento erótico que conociera para provocarlo. Dejo salir una risa lujuriosa y otras palabrillas obscenas, no dejaba de sorprenderme, ni siquiera imaginaba que conociera aquellas expresiones, sí que eres boba Wendy.

Le hice un gesto para que se levantara, lo hizo, junte mi cuerpo al suyo, deje que nuestras temperaturas se mezclaran, deje que acariciara mi cuerpo desnudo. Después en un audaz movimiento de mi parte desabroche y baje sus pantalones junto con el bóxer de una sola vez, maldita sea me sorprendía una vez más, por qué diablos eso habitaba en su entrepierna. Comencé a acariciarlo suavemente, mi mano subía y bajaba con lentitud, podía sentir como a cada roce su lubricación aumentaba además había comenzado a gemir. Lo bese sin dejar de estimular su intimidad, lo empuje para que cayera otra vez en el sofá, también use unas palabrillas lujuriosas para decirle lo que le haría.

-Bien, pero si no cumples te lo haré pagar –dijo poniendo sus manos detrás de la cabeza.

Para ser sincera no terminaba de acostumbrarme a esa sensación o a ese sabor, no era que me molestara por el contrario me gustaba sobre todo porque era él. Empecé a lamerlo, lo recorrí de abajo hacia arriba, lo saboree en toda su extensión, le daba unas pequeñas succiones a la punta, disfrutaba de su esencia, de ese sabor ligeramente amargo y salado. Ahora estaba completamente dentro de mi boca, escuche como un enorme gruñido se escapó de su garganta, no deje mi labor por el contrario me animo a continuar, rápido cada vez más rápido era el movimiento de mi lengua y boca, únicamente me detenía para darle unas pequeñas mordidas en los costados cosa que lo hacía estremecer. Sentí como se contraía, cumpliría mi promesa, escuche como decía mi nombre, bueno era considerado al avisar pero yo quería que terminara en mi boca, así fue sentí como un cálido fluido invadía mis papilas gustativas al mismo tiempo que gemía fuertemente, antes de tragarlo se lo mostré, mordió su dedo y completamente sonrojado me dedico otra divertida obscenidad.

Sabía que yo no era su primera vez, sabía que no sería la última, tal vez tampoco la mejor, que incluso en menos de lo que me imaginara no recordaría ni mi cuerpo gracias a Pacífica pero sólo quería convertirme en un buen recuerdo, en algo que con el pasar de los años le produjera una sonrisa.

Volví a ponerme sobre él, lentamente nos volvimos uno, el ritmo iba en aumento, en cada embestida llegaba más profundo dentro de mí, cruce mis brazos sobre su cuello, lo besaba con pasión desconocida, él sujetaba fuertemente mi caderas. Mordía su cuello y sus hombros, tuve compasión de la rubia y de él así que no deje marcas, no quería que nuestro encuentro fuera algo que tuviera que explicar. Comencé a hacer pequeños movimientos circulares, al hacer esto él gimió más fuerte, bueno yo también, tenía ciertos ases bajo la manga, ahora era yo quien marcaba el ritmo, cadencioso y con cuidado, quería que deseara más de mí, es más que me lo pidiera.

Él deshizo nuestra unión, me dejo abajo, puso mis piernas sobre sus hombros, ahora sí que me penetraba profundamente, nuestros cuerpos bañados en sudor parecían brillar, nuestras lenguas pedían encontrarse una y otra vez, nuestros gemidos llenaban el lugar. Mis manos no se cansaban de recorrer su cuerpo, tampoco me cansaba de respirar su aroma, hacia un mapa mental de su cuerpo, de sus gestos, de sus sonidos, de sus movimientos, de cada cosa que le perteneciera para jamás olvidarlo. Aumentaba su ritmo, sentía como su cuerpo se tensaba y al mismo tiempo vibraba, mi columna se arqueaba, apreté fuertemente los puños, el contacto de nuestras zonas erógenas era más allá de lo imaginable. Era esa sensación de caída libre que despierta todas la fibras del cuerpo, lo que hace que se conjuguen con las del otro, perderse en el universo infinito del ser, estar conscientes de todas las sensaciones para simplemente dejarse ir. Un fuerte gemido salió de mí y así como un gruñido eróticamente cargado por su parte, terminamos juntos, me gustó sentir esa cálida sensación inundarme, descanso su cabeza sobre mi pecho sin deshacer nuestra unión. Por varios minutos no dijimos nada, únicamente se percibían nuestras respiraciones aun agitadas, fue Dipper quien rompió ese silencio.

-Perdóname Wendy por no poderte amar –fue lo que dijo.

-Perdóname Dipper no haberte amado –fue lo que conteste.

Como lo dije esa noche él sería mío, por lo que continuamos en mi habitación lo que iniciamos en la sala, por suerte desde que entre a la universidad compartía un pequeño departamento con Tambry que arrendábamos cuando veníamos a Gravity Falls, además ella estaba de viaje con Robbie por lo que nadie nos interrumpiría.

Lo hicimos varias veces más, ahora el dormía a mi lado, yo fumaba tranquilamente, era maravilloso verlo dormir, estaba tan tranquilo, todavía suspiraba como gatito lo cual me hizo sonreír. Acaricie su mejilla con mi mano, lo escuche hablar dormido, decía es dos palabras que suelen transformar a las personas, su expresión cambio por algo de intranquilidad, lo que decía no sonaba feliz, es más una pequeñas lágrimas se escapan de sus ojos dormidos, me acerque más para poderlo oírlo con claridad. Mis ojos se abrieron súbitamente no era a Pacífica a quien nombraba, era alguien más, alguien a quien jamás hubiera imaginado, alguien con quien nunca podría competir, alguien a quien yo también amaba. Me volví a enderezar, le di otra calada al cigarro, tratando de procesar lo que él había dicho, me di cuenta de que lo perdí, es más que nunca lo tuve, que nunca lo tendría, las lágrimas se empezaron a escapar, mordí mis labios para acallar mi llanto y deje que mi corazón se llenara de inconformidad.

FIN

Notas del autor:

Este fic está dedicado a Valee Cipher, espero que te haya gustado sé que no es una historia "común" por decirlo de algún modo.

Bueno es una historia sexual de eso no queda duda más no romántica, quise pensar escenarios donde el romance surgiera pero la verdad no encontré uno. Repase lo que en la serie hemos visto de la relación de Wendy y Dipper, pensé Wendy le rompió el corazón al pre-puberto castaño ¿en serio el olvidaría eso y le diría si Wendy te amo? Para mi persona eso es tonto, por lo que quise dar una situación más dramática, más adulta por llamarla de alguna manera.

Si bien ambos cederían al deseo pero esto es muy diferente a amar, porque al final Dipper sintió algo por Wendy y no dejaría pasar la oportunidad, jajaja si disfrute hacer sufrir a la pelirroja, no le di la primera vez de Dipper ni su corazón. Tal vez karma lo llamarían algunos…

Acerca del final, bueno ya saben me fascina el Pinecest y pues eso le dio un toque extra de sufrimiento a Wendy. Si soy mala.

Además buscaba algo diferente al romance porque en mi siguiente capítulo seré descarada con este y con lo eróticamente perverso, es más creo que derramara lubrica miel. Si señoras y señores lo que sigue es un tan, tan, tan, ¡DIPCIFICA!

Como va a ser un DIPCIFICA no me molesto en ocultarlo, amantes de esta pareja espérenlo con ansias. Quería también escribir sobre este tema porque me lo pidieron, además después de eso voy a escribir sobre mis personajes favoritos y voy a experimentar dentro de las perversiones con ellos.

Sigan enviando sus propuestas.

¡¿Baal por qué tengo que esperar hasta el 3 de agosto para el siguiente capítulo y después hasta el 24?!

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