TODOS LOS DERECHOS DE LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A SU CREADOR EL GUAPÍSIMO Y SENSUAL ALEX HIRSCH
BATALLA
Se miraron fijamente, creían que estaban listos para las palabras que estaban a punto de pronunciar, él mordía ligeramente sus labios que cada vez estaban más temblorosos, ella rizaba un mechón de su cabello creando un riso imaginario en su lacia cabellera, ambos compartían esa idea de ser más inteligentes que los demás y sin embargo ahí estaban por instantes evitando la mirada, en otros más dejando escapar un risilla incomoda, dejándose atrapar por largos minutos de silencio, siendo un par de imbéciles si no existía otra palabra para definir tan patética situación. Tal vez resultaba comprensible porque ellos solamente tenían dieciséis años, además su relación resultaba un poco complicada, solo tres meses al año podían estar juntos, bueno al menos por ahora (aunque siempre estaban en contacto con ayuda del internet), ambos ansiaban crecer para extender esa temporalidad, sobre todo ella que no podía despegarse de su historia familiar pero al mirar esa boba cara que tanto quería hacia que valiera la pena esperar por él nueve meses.
Él sujeto su mano, ella no pudo detener el color rojo que inundaba sus mejillas, lo escucho suspirar profundamente sabía lo que estaba a punto de decir, pero ella no era como todas las demás chicas, no le gustaban las cosas ridículamente cursis, no deseaba al príncipe azul montado en un corcel, no simplemente no era ese tipo de chica, ella sabía que estaba destinada a grandes cosas, sería una digna heredera de su apellido, la mayoría de las personas pensarían que todo eso resultaban ser pensamientos demasiado abrumadores para alguien tan joven pero en su mente era vital ya que ella más que nada deseaba alcanzar el poder.
Ella sujeto fuertemente sus manos, él uso todo su autocontrol para que su excesivo sudor no delatara su emoción, distinguió cierto brillo de malicia en los ojos de su compañera no lo podía negar eso realmente le gustaba, le gustaba que no fingiera o dejara a un lado su natural maldad al final él tampoco era un chico de corazón puro, no él era obsesivo en exceso, había hecho muchas cosas que los chicos de su edad no se atreverían, tampoco quería un princesa cursi que le exigiera todo su tiempo, no, él no estaba dispuesto a sacrificar esas cosas que tanto deseaba, desea ser la persona que continuara el trabajo del hombre que cambio el mundo, él siempre sonreía al escuchar su apellido ya que sabía lo que se encerraba en su potencial, más que nada ansiaba llegar a los límites del conocimiento.
Seguían tomados de la mano, pero aun no eran capaces de pronunciar alguna palabra, ninguno de los dos estaba seguro de como continuar esa situación. Sin que le diera oportunidad de hacer algún movimiento esté la abrazo, en qué instante se había vuelto mucho más alto que ella, quedo envuelta por sus brazos y hundida en su pecho, no deja de sentirse tonta al darse cuenta de cómo le fascinaba su olor, ese olor que poco a poco delataba la anticipada madurez del chico. Su corazón dio un vuelco cuando este intensifico su abrazo, quién pensaba que era, cómo se atrevía a dejar expuesta su fragilidad, no, eso no estaba bien ella no dejaría que él siguiera teniendo el control. Paso sus manos por el cuello del castaño, acerco sus labios hasta la oreja de este y dejo salir un leve suspiro, sintió como se estremeció y no pudo dejar de sonreír, un punto a su favor en esa batalla.
¿Qué había pasado? Lo tomo con la defensa baja, ese pequeño suspiro lo había hecho estremecer, no eso no podía ser, no ella no podía tener el control de esa situación, domino su cuerpo y fingió que aquello no le volvía a provocar nada. Ahora era él quien contratacaría, si no dejaría que lo derrotara con facilidad, eso era algo que siempre estaba presente en su relación, ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarse ganar, bueno no al menos sin dar la suficiente pelea. La sujetó con mucho más fuerza, rozo su cuello con un par de dedos dejando expuesto su largo cuello y su pequeña oreja, comenzó a morder delicadamente el lóbulo de la rubia, esta no se pudo contener y dejo escapar un leve gemido, y clavo un poco sus uñas en la cuello de su acompañante, él sonrío, tal vez esta noche ganaría.
En cierta forma resultaban frustrantes esas escenas tan cotidianas entre ellos, desde ese torpísimo beso cuando tenían doce años, claro que el estar a punto de morir y de destruirse el universo le daba puntos extras contra todos sus demás besos además había sido el primero de ambos aunque la rubia lo negara con todas sus fuerzas.
Ella mordió sus labios para no dejar escapar más gemidos, no, no era posible que con un acto tan simple él le llevara la delantera, odiaba que ese torpe le ganara más veces de lo que estaba acostumbrada aunque no está demás decirlo únicamente a él le permitía ganarle.
Por alguna razón ella recordó el instante en que se volvieron novios por así decirlo, de eso eran ya casi dos años, de hecho supuestamente eso era un cita romántica para festejar dicha ocasión, por supuesto que él consideraba de los más "especial" llevarla a un apartado lugar donde de primera mano podían ver las maravillas ocultas de Gravity Falls, por el contrario ella consideraba algo repugnante que un gnomo mirón pudiera ver la escena que ahí comenzaba a formarse.
Habían transcurrido dos años desde ese primer beso, dos jodidos veranos y ninguno de los ellos había hecho nada al respecto más que sonrojarse estúpidamente cada vez que se veían, a ella le gustaba más no lo admitiría, no lo diría, no obstante lo mucho que le fascinara su cabeza despeinada, o esa marca de nacimiento instaurada en el cielo que en las noches más claras no le permitían sacarlo de sus pensamientos, no lo aceptaría a pesar de las miles de fantasías que casi siempre culminaban en que ella llevaría su apellido claro sin renunciar al suyo. A él se le atoraban las palabras en la garganta, odiaba sentirse tan estúpido, además de que tenía un dolor constante en la mejilla producto de su hermana recordándole su cobardía, no, él no lo diría, cómo decir que adoraba esa oxigenada cabellera, esa expresión de arrogancia que la hacía tan única, no le confesaría jamás que en las noches se "conectaba" casualmente para hablar un poco y mucho menos que debajo de su almohada estaba su fotografía.
Habían sido invitados al baile formal de los Noroeste, si ese evento que él tanto detestaba aunque ahora recibiera algunos pueblerinos para evitar el castigo de fantasmas justicieros, sin embargo terminaba siendo arrastrado por su gemela que adoraba dichas celebraciones. La vio discutiendo con uno de los sirvientes sobre alguna idiotez de persona rica, puso sus manos en los bolsillos y se acercó a ella.
-¿Creí que habías dejado de ser una snuff? –dijo el castaño con el afán de molestar.
-Y yo creí que serias menos entrometido –respondió la rubia.
-Tal vez deberías de ser más humilde –refunfuño él.
-Tal vez deberías de ser menos engreído –masculló ella.
-Tienes razón, te dejo para que sigas siendo una malcriada –decía esto para dar la media vuelta.
-¡Woooaw! Ahora sí creo que en Gravity Falls todo puede pasar, nunca me imaginé que Dipper Pines fuera capaz de darle la razón a alguien –dijo la rubia en el tono más sarcástico del mundo.
-Te tengo que conceder de nuevo la razón, jamás pensé ver "sorprendida" a Pacifica Noroeste por algo que no fuera costoso o que no girara entorno a ella –respondió con un nivel de sarcasmo aún mayor si es que era posible.
-Eres tan idiota, ¿no sé por qué me gustas? –se tapó la boca inmediatamente, un ligero descuido y había perdido un poco en esa batalla.
-Jajajaja, ¿entonces te gusto? –dijo riendo para molestarla.
Que maldito resultaba ser el castaño, se burlaba de los sentimientos de la rubia, pero ella no se doblegaría no saldría corriendo por sentirse ofendida, no, ella no lo haría, tomaría revancha y lo haría tragarse su palabras. Lo sujeto de la mano y casi arrastras lo llevo hasta la enorme biblioteca de su familia, más de un invitado se quedó inquieto y sorprendido ante esa situación, casi hasta el fondo de la pista de baile una enorme sonrisa brillante se sentía feliz.
-Me has traído a este intimo lugar Pacifica para confesarme tus sentimientos, que "tierna" resultaste ser, me alagas pero me temo que tendré que rechazarlos – decía Dipper en un tono de condescendencia.
-¿En serio Pines? Crees que con eso herirás mis sentimientos, si me gustas y ¿qué? Tú aún te comportas como un niño, un pequeño niño sudoroso que todavía disfruta seguir jugando al cordero… y te lo demostrare –decía la rubia sonriendo maliciosamente.
-Aja y qué harás… -no pudo terminar la frase, sintió sus labios sobre los suyos, un beso que cada vez se intensificaba más, que poco a poco lo hacía abrir la boca, era su segundo beso y no podía con el ritmo al que Pacifica lo llevaba. Lo arrojó en uno de los sillones de la biblioteca, ahora estaba encima de él, saboreaba la lengua inexperta de Dipper y no es que en la suya hubiera más experiencia, no, claro que no pero tenía orgullo, ese orgullo que le enseñaría un pequeña lección al sabelotodo.
Pudo sentir el ritmo irregular de la respiración de su compañero, además de la falta de movimiento en alguno de sus músculos, estaba completamente pasmado, en efecto tenía razón este todavía sólo era un niño, lo siguió besando un rato más dejando breves espacios para no ahogarse, gozando de dominarlo totalmente.
-Tonto sabelotodo –dijo al bajarse de él. Se disponía a marcharse y dejarlo ahí ahogándose en su inmadurez, sonreía para sí misma, que podía ser mejor que dejarlo en ese estado de estupefacción.
Solamente había dado unos cuantos pasos cuando él la detuvo. -¿A dónde crees que vas? –volteo y encontró esa mirada, esa mirada intensa e incluso por momentos siniestra, pero que desde ese instante sí que encendía algo en su interior.
Dipper libró muchas batallas, contra demonios interdimencionales, criaturas sobrenaturales, niños psicópatas y demás repertorio pero todavía lidiaba con una que desde hace un par de años lo hacía lucir como un tarado, esa batalla era la adolescencia. Pero en ese instante haría uso de las cosas aprendidas de sus tíos, de esas anécdotas que le fueron compartidas tan sólo unos días antes cuando decidieron que ya tenía edad suficiente para beber su primera cerveza, recordaba las palabras de Stan y las de Ford así como el calor además del sonrojo que lo inundo de pies a cabeza.
Ahora era él quien la tenía contra el sofá, busco sus labios y los saboreo con deleite incluso los mordisqueo ligeramente, deseó ser menos torpe pero al menos eso los dejaba en la misma situación, "los besos no bastan" fueron las palabras de Stan "pero pueden hacer mucho a tu favor si los das en los lugares correctos" completo Ford guiñándole un ojo.
Dejo por un instante los labios de la rubia, enrollo sus manos en la cadera de esta y comenzó a besarle el cuello, a darle pequeños besos, suaves incluso los podríamos llamar tiernos, quería experimentar eso que sus tíos había denominado "saborear" a una mujer. Por instantes regresaba a los labios de Pacifica para después regresar a su cuello y descender un poco más, de ahí de la nada, de lo que no se esperaba, de lo que todavía desconocía llego a sus oídos los primeros sonidos de excitación de la rubia.
Extasiado, eso definiría lo que sintió Dipper en ese momento, tal vez dentro de poco él tendría sus propias anécdotas que contarle a sus tíos además de sentir esa extraña sensación de poder sobre Pacifica, acababa de descubrir el poder de la sexualidad, del sexo, de la afinidad, de lo erótico, de lo perverso, de lo ligeramente malvado, ahí estaba haciendo uno de sus más grandes descubrimientos a través de sus labios y los de ella. Pero todo aquello no era unidimensional, no, por supuesto que no, Pacifica se ruborizo al darse cuenta de lo que se escapó por su garganta, tragó un poco de su saliva con restos de la del castaño al darse cuenta de lo que en su zona más sensible comenzaba a pasar, por un momento deseo correr, no estaba lista para aquello, al menos no por ahora, estaba dispuesta a decirle que él había ganado cuando con el contacto del cuerpo de Dipper sintió que este estaba incluso más emocionado que ella.
Dejo escapar una delicada y malvada risa por lo que estaba a punto de hacer, sabía que con eso ella sin duda daría la estocada final, ahí estaba empujando contra su pierna, provocándole sensaciones no del todo desconocidas, se sintió más hermosa de lo habitual y sobre todo deseada por Dipper, ella también tenía poder sobre él aunque este lo ignorara, tuvo dudas sobre lo que pensaba hacer pero llevarse esa victoria sí que valía la pena, deslizó su mano lentamente para no alertarlo de sus intenciones, él estaba encantado en seguir haciendo temblar a su compañera que perdió la noción de sí mismo. Pacifica llego a Dipper, lo tocó suavemente y después lo sujeto sobre el pantalón del smoking que lucía, él despistado chico al sentir esa mano tan osada se alejó de ella porque en efecto no estaba listo ni preparado para ese toque tan atrevido.
-¿Qué haces Pacifica? –dijo con voz temblorosa y sonrojado hasta los extremos.
-Ganando pequeña oveja –decía mientras se acomodaba el vestido y se levantaba.
Dipper sonrió porque aunque había perdido esa batalla no sabía del todo a derrota, no por el contrario había descubierto cosas que la final lo llevarían a tener la estrategia definitiva. La rubia camino altaneramente hacia la puerta, volteo a verlo mientras él permanecía sentado en el sofá.
-Nos volveremos a ver Pines, esto aún no ha terminado –dijo en el umbral de la puerta.
-Lo sé, pero antes de que te vayas necesito preguntarte algo –decía el castaño sin levantarse del sillón.
-Habla, ya sabes que mi tiempo es valioso –contesto Pacifica.
-Pacifica Noroeste, ¿serias mi novia? –pregunto con practicada seriedad para disimular su nerviosismo.
-Si –una respuesta corta para no delatar la emoción y felicidad que la invadía. Se desvaneció a través de la puerta, el castaño se quedó sonriendo en silencio, sabía que aquello era el umbral a nuevas experiencias, a cosas que había imaginado y que ahora estaban al alcance de sus manos.
Así comenzó el noviazgo entre Pacifica Noroeste y Dipper Pines, pero que los eventos narrados anteriormente no los confundan el ser un par de inexpertos adolescentes los llevo a vivir todo eso que tanto los molestaba (parecer un par de deficientes intelectuales) por dejar ver su falta de experiencia en esos temas, temblar por únicamente tomarse las manos, golpearse la frente cuando intentaban besarse, pasar muchos minutos sin decir nada porque se les atascaban las palabras en la lengua, mandarse mensajes de los cuales después se arrepentían, pelearse por insignificancias para después pedir perdón cosa que a ambos sí que les costaba trabajo y sobre todo no admitir lo mucho que se querían.
Se despidieron como novios por primera vez ya que Dipper tenía que regresar a California, Pacifica lo hizo prometer que hablarían todos los días y sobre todo que no le sería infiel obviamente él acepto sobre todo después de escuchar que si no lo hacía contrataría a alguien para castrarlo químicamente, si esas cosas que uno suele decir cuando está enamorado. Por supuesto el joven Pines no se quedó atrás, le dijo que siempre la vigilaría en sus sueños, al decirle esto le guiño un ojo, lo conocía y sabía que aquello no resultaba ser de todo un imposibilidad, no la menos para Dipper Pines.
Los dos cumplieron sus respectivas promesas y a pesar de la distancia pudieron seguir juntos, sin duda gracias a las ventajas tecnológicas, un año más pasó y se pudieron reunir de nuevo, siendo un poco más abiertos el uno con el otro con respecto a sus sentimientos sin dejar de lado esa pequeña guerra permanente que tanto les gustaba pelear, siempre con un marcador bastante parejo. Después de su primer año de noviazgo elevaron un nivel más su batalla de la seducción, durante sus video llamadas las cuales con muchas amenazas y golpecitos en la cabeza de Mabel el chico Pines logro que fueran privadas se tornaban intensas, la rubia buscaba la blusa con más escote que pudiera encontrar, dejaba muy sutilmente que a través de la cámara el castaño pudiera deleitarse con ella.
-¿Te gusta lo que ves? –preguntó seductoramente.
-Claro que sí, de hecho fascina –respondió el emocionado Dipper tragando un poco de saliva.
Pacifica sutilmente fue desabrochando cada uno de los botones, Dipper no podía decir nada, sólo sentía como cierta incomodidad comenzaba a crecer en sus pantalones.
-¿Qué tanto más deseas ver de mí? –preguntaba la rubia, dejando ver el borde de encaje de su sostén.
-De ti, todo Pacifica –contesto Dipper disimulando muy mal su excitación.
La rubia se quitó la blusa, le dio la espalda y lentamente bajo uno a uno los tirantes de su bra, lo desabrocho con delicadeza, volvió a voltear, miro al incrédulo Dipper dentro de su monitor, sostenía esa intima prenda con su brazo. Él castaño no perdía ni un solo movimiento no quería perderse ni un instante de ese espectáculo, incluso una de sus manos la se encontraba frotando su entrepierna, sí que le gustaba la rubia.
-¿Los deseas ver Dipper? –le cuestiono Pacifica mordiendo sus labios.
-Más que nada en el mundo –contesto Dipper mordiendo también sus labios.
Pacifica se levantó, acomodo la cámara para tener el ángulo perfecto, Dipper abrió los ojos espera esa develación tan ansiada, la rubia movió su brazo y en la pantalla apareció "llamada finaliza" además de un mensaje.
-No los veras hasta que estés a mi lado zopenco. Con amor Pacifica Noroeste.
Quiso enojarse porque su excitación había sido frustrada, pero así era ella, se rio de sí mismo, sabía que en su próxima llamada telefónica el tomaría revancha. En efecto así lo hizo, sabía que aunque Pacifica no era ni la más cursi de las chicas, ni la más romántica, le gustaba saberse idolatrada, amada, deseada y él sabía perfectamente cómo hacerlo, además era muy listo y con el tiempo había mejorado su habilidad con las palabras, sobre todo aquellas que eran para la joven Noroeste.
-Sabes Pacifica, me fascina cada centímetro de ti. Tu piel, tu olor, tu calidez, esos hermosos ojos violetas que parecen invitarme a lo prohibido. Imagino cada noche que estás conmigo, que puedo hacerte mía hasta hartarme, besar tu cuerpo e incluso tus pies. ¿Dime por qué eres tan perfecta?
-No lo sé, es algo típico de los Noroeste –respondió de manera entrecortada, esas palabras, lo que decía él, el timbre y cadencia de la voz de Dipper despertaban en ella sensaciones increíbles, quería escuchar lo mucho que la adoraba.
-Te confesare que me toco todas las noches pensando en ti, imaginando que son tus manos las que me tocan, las que me llevan al orgasmo. ¿Dime Pacifica tú te tocas pensando en mí? –pregunto de manera casi suplicante.
-Si –fue la repuesta de otro lado. Dipper sonrió porque había caído.
-Dime qué es lo que haces Pacifica –sabía que ahora era su turno de ganar.
-Pues pienso en ti, en tu tonta cara, en tus besos, en tus labios, en tu cuerpo, en tu intento de barba y mi cuerpo comienza a reaccionar. Son tus manos las que me tocan, las que recorren mi cuerpo, las que poco a poco descienden hasta mi intimidad y la hacen suya.
-¿Te tocas ahora mismo? –pregunto un muy atrevido Dipper.
-Si –contesto la rubia, un tanto apenada por sentirse descubierta.
-Déjame escucharte –dijo el castaño.
Llevo el móvil hasta esa parte de su anatomía y siguió tocándose, dejando escapar sus gemidos de excitación sobre todo porque era él quien estaba escuchándola del otro lado de la línea, deseándola y también pensando en ella.
-Es tu turno –dijo Pacifica.
-Lo siento ya me tengo que dormir –contesto Dipper y le colgó.
Esas escenas eran habituales entre ellos, al final siempre un adolescente ya fuera en California o en Oregón terminaba masturbándose mientras maldecía un poco a su respectivo amado. De esa extraña y un tanto caótica manera transcurrió otro año, justamente ese día era su segundo aniversario.
Llegaron hasta ese remoto paraje gracias a la camioneta de Soos, llevaban una hielera con unas cuantas cosas, además de unas mantas. El castaño había acomodado todo de la manera más practica posible e incluso le regalo un pequeño collar de una llama a Pacifica, había sido una cita bastante normal hablando en los parámetros de Gravity Falls solamente habían visto un par de hadas, elfos y pixies, además esa pradera era especial porque exactamente a la media noche todas las flores que cubrían el suelo brillaban con tal intensidad que parecían miles de estrellas.
Al ver esto Pacifica se sintió maravillada, Dipper le dijo que ese día le regalaría un pedazo del universo y en efecto eso era ese lugar, un pequeño pedazo del infinito firmamento y él se lo había mostrado. El corazón de Pacifica le dijo que realmente amaba a Dipper y era hora de decírselo, fue cuando el castaño la tomo de la mano y a comenzar de nuevo su interminable batalla.
Ella lo llevo hasta la manta, Dipper quedo sobre Pacifica, la miro fijamente hasta que ella desvió la mirada, le gustaba verla así, en esa forma que sólo a él le mostraba, era conocer a la Pacifica que podía ser indefensa y frágil además ser únicamente suya.
Continuo besándola, acariciándola, elevando la temperatura a cada minuto, Pacifica se dejaba llevar por el ritmo que marcaba Dipper, le gustaba deleitarse con el sabor de su boca, del jugueteo de sus lenguas, de sentir como el peso del castaño aprisionaba su cuerpo. La rubia deslizó sus manos por debajo de la camisa del castaño y acariciaba su espalda, le gusta esa calidez y suavidad de la piel, incluso esa sensación un poco sudorosa que se apoderaba de sus manos.
Dipper jugaba con los labios de Pacifica, para él sabían a durazno y un poco de altanería, mordía su carnosa textura, envolvían sus lenguas, llegando hasta el punto de perder el aliento, bajo lentamente por su cuello, saboreándolo, recorriéndolo lentamente, sintiendo como la piel de su novia se erizaba cuando él hacía eso. Sintió como las manos de Pacifica se aferraron a él, sus manos comenzaban a rozar el pecho de la rubia, Dipper apretó suavemente uno de sus senos y sonrió al escuchar los ligeros gemidos de su novia. Mordió el pecho de rubia por encima de su ropa, ahora por más que ella deseo ocultar su excitación le fue imposible, Dipper levanto lentamente la blusa de la rubia, puso mirar sus abundantes atributos cubiertos por un trasparente bra color lila, los siguió acariciando, apretando suavemente los pezones de Pacifica, descubrió que dicha prenda se abrochaba por delante así que no perdió tiempo y se deshizo de ella. Ahí estaba una parte de la visión del exquisito conjunto que era Pacifica Noroeste, Dipper los toco directamente, los acaricio, los apretó para por fin probarlos, fue un deleite, pequeños, rozados, sensibles era todo y mucho más de lo que él pudo haberse imaginado.
Pacifica sabía que estaba siendo vulnerable con Dipper dejándose llevar por sus sentimientos, por las manos del joven Pines, por sus besos, por sus caricias, todo lo que le pertenecía a él parecía dejarla sin defensa. Vio como disfrutaba de su pecho, odiaba que le gustara tanto ese pequeño y excitante dolor que le provocaban los mordiscos del castaño, que deseara mucho más de él. Le quito ese estorboso chaleco que le acompañaba desde que lo conocía y después la camisa, era justo que estuvieran en igualdad de condiciones. Por un momento se detuvo a observar el dorso de Dipper, no era musculoso pero su pelo en pecho y su estómago ligeramente marcado le excitaba, recorrió con su manos esa parte del cuerpo de su novio, sintiendo su humedad, su fragancia, hasta volver a entregarse a los besos cada vez más apasionados.
Dipper acaricio el cuerpo de Pacifica, recorrió su cuello, sus hombros, sus clavículas, sus senos, su vientre, su espalda, sus nalgas, sus piernas, tragó un poco de saliva en busca de valor y fue hasta esa zona con la que tanto había soñado, separo ligeramente las piernas de la rubia, esta sólo se sonrojo y mordió su mano. El castaño le toco por encima de su ropa interior, un ligero roce con su índice, era un lugar tan tibio, lo siguió explorando pero ahora haciendo uso de toda su mano, desabrocho el costado de la falda de la rubia, ahora deseaba ir un poco más lejos. Regreso a los labios de Pacifica, volvió a deleitarse son su cuerpo hasta toparse con el borde de la falda, y su mano se encontró ahí, sí que era cálido y húmedo, se detuvo en la entrada solamente rozando ligeramente con sus dedos esa lugar anhelado. Volteo a ver la cara de su novia, completamente excitada, sonrojada e incluso un poco llorosa y lo hizo, primero un dedo y sintió como ella tembló, entraba y salía con delicadeza, después fueron dos y con un poco de rudeza, Pacifica cada vez gemía más, Dipper se dio cuenta de cómo se comenzaba a contraer dentro de la rubia, aquello le estaba gustando.
La joven Noroeste no podía dar crédito a lo que ese sabelotodo estaba haciendo, que se encontrara tan húmeda, tan excitada únicamente porque él usara sus dedos, además en que jodido instante Dipper había llegado tan lejos sin siquiera pedirle permiso. Sintió como él cada vez llegaba más profundo y dejo escapar otro gemido, lo hacía más fuerte y ya no le importo aquello que escapaba de su garganta, lo abrazo y busco sus labios, sus respiraciones entre cortadas se mezclaban, sus piernas aprisionaban la mano del castaño, no quería de que se detuviera, entonces tal vez con un poco de suerte Dipper encontró ese lugar que solía hacer vibrar a Pacifica con toda intensidad, ese sitio, ese punto específico que únicamente ella conocía. Todo el cuerpo de la joven Noroeste tembló, y esa sensación que había estado esperando llego, sus sentidos se fundieron, su mente dejo por un instante se cabeza y se entregó al placer puro, y era él quien lo había provocado. Esa sensación indescriptible, respiraba con rapidez haciendo que su pecho se moviera con un ritmo de lo más cadencioso, y al llegar a la cima del éxtasis únicamente pudo pronunciar el nombre del castaño.
Dipper se dejó caer al lado de Pacifica mirando su mano cubierta por la excitación de esta, si bien él no había conseguido la meta sin duda eso había sido mentalmente extenuante, la rubia intentaba controlar su respiración además de que una ligera sensación de molestia comenzaba a crecer en su pecho. Él la había hecho terminar y no es que no le hubiera fascinado tan deliciosa experiencia, pero eso le daba la ventaja, él comenzaba a ganarle y ella aún tenía muchas armas para seguir luchando. Pines se encontraba perdido en sus pensamientos tal vez recordando lo recién vivido, o mejor y más de acorde con la personalidad del chico preparando su siguiente movimiento. Pacifica sujeto su falda y su ropa interior y de un solo movimiento se deshizo de ella, boto sus zapatillas y se quedó únicamente son sus zarcillos de diamante que tanto le gustaban. Se montó sobre Dipper a la altura de su cintura.
-¿Qué haces? –pregunto el castaño.
-Ahora es mi turno –fue la respuesta de la rubia.
Comenzó como lo había hecho él, beso sus labios, su cuello, su dorso hasta que llego al borde los pantalones del castaño, desabrocho el cinturón después el botón para bajar el cierre.
-No es necesario que hagas eso –dijo Dipper.
-No te estoy pidiendo permiso, además esto me está diciendo todo lo contrario –al decir esto acaricio la excitada entrepierna de Dipper. Sujeto la orilla del bóxer y deslizó la prenda, el chico Pines se tapó el rostro era la primera vez que alguien lo vería en tal estado, Pacifica se quedó mirando aquello, era más de lo esperaba, comprendió que ver ciertas partes de la anatomía de un hombre por su pc nunca se compararía a estar en vivo y directo. Lo sujeto con ambas mano y comenzó a acariciarlo de abajo hacia arriba, la lubrica excitación del castaño comenzaba a cubrir sus manos, acariciaba la punta y volvía a bajar, los gruñidos sexuales de Dipper llegaron hasta la rubia, ahora ella estaba teniendo el dominio total de la situación, sus movimientos eran más rápidos, más precisos, más eróticos, el castaño únicamente podía gemir y retorcerse entre las manos de Pacifica. Esta se detuvo y miro maquiavélicamente a su novio, Dipper levanto la cabeza y pregunto.
-¿Por qué te detienes?
-Mmmm, me estaba preguntando si es que acaso no deseabas algo más –dejo escapar un risilla malvada al decir esto. Él supo perfectamente a lo que se refería, así que tragó saliva y lo dijo.
-Usa tu boca –dijo sin tanta confianza como podría suponerse en ese momento.
-¿Quieres que use mi boca? ¡Que pequeña oveja tan pervertida resultaste ser! Pero los corderos bien educados saben cómo pedir las cosas –al decir esto hecho hacia atrás su brillante cabellera dejando que su cuerpo brillara con la luz de aquellas flores.
-Por favor Pacifica usa tu boca –dijo Dipper en un tono de sumisión total, sí que estaba deseando conocer esa sensación. Después de decir eso la conoció, era la húmeda calidez de la boca de Pacifica, su legua ingenua que pretendía tener más conocimiento sobre lo que estaba haciendo, era todo tan malditamente agradable. La miro, era tan excitante verla en esa posición, sujeto la cabeza de Pacifica dándole a entender que fuera más rápido, la rubia se dejó llevar, había leído al respecto de cómo "hacer" eso e incluso visto uno que otro video pero su falta de habilidad era obvia. Pero su orgullo volvió a hacerse presente tenía que empatar el marcador y recordó la recomendación del post que leyó en internet "respira siempre por la nariz" y no "metas más de lo que puedas tragar". Aumento el ritmo y la intensidad, enrollaba su lengua en la punta y saboreaba ese amargo sabor que al parecer no le desagradaba para nada, después volvía a bajar y a subir también seguía usando sus manos, dicha sensación era más de lo que Dipper podía resistir, sintió que una choque eléctrico recorría toda su espina, no desconocía esa sensación pero esta vez era mil veces más intensa, más repentina, era única, quiso avisarle a Pacifica pero era un poco tarde únicamente dejo escapar un gemido cargado de placer. Miro a la rubia que tapaba su boca mientras lo miraba.
-Escúpelo –dijo Dipper un tanto apenado.
Pacifica lo miro y se pasó eso que para ella era una señal de victoria, sonrío al ver la cara cubierta de rojo del castaño.
-Te gane Pines –le decía al odio y se recostó a su lado.
Dipper volteo, la beso y abrazó fuertemente para decirle también al oído. –No, esto todavía no acaba.
La batalla comenzaba de nuevo era él quien atacaba, sujeto por encima de la cabeza de Pacifica las manos de esta y se colocó entre las piernas de la rubia, ella mordió fuertemente sus labios esperando el movimiento del castaño pero este no lo hizo, solamente rozaba sus sexos, la estimulaba, la rubia al sentir esto comenzó a temblar, deseaba que él avanzara y sin embargo no lo hacía, utilizo su mano libre y volvió a tocarla, estaba incluso más húmeda, su lubricación comenzaba a descender por sus piernas. La rubia gemía ruidosamente, poco a poco unas palabras se formaron en sus labios.
-Hazlo… -dijo con una débil voz.
-¿Qué quieres que haga? –pregunto malvadamente el castaño.
-Hazlo por favor… –contesto Pacifica con la poca voz que tenía en ese momento.
-Me agrada que seas educada pero todavía no sé qué quieres que haga – decía Dipper mirándola fijamente y sonriendo.
-¡Entra de una maldita vez! –grito Pacifica, sonrojándose de lo que acababa de decir. Dipper la miro y se supo ganador de esa batalla que tenía el objetivo de hacerlos alcanzar una pequeña muerte.
-Ni en esta situación dejas de ser una malcriada mandona, pero te complaceré –dijo el joven Pines. Soltó las manos de Pacifica, separo las piernas de esta y se deleitó ante la visón completa, ante el excitado cuerpo de su novia, que lo deseaba desesperadamente, entro lentamente, esa ardiente sensación del primer encuentro los atrapo a los dos, ahora comprendía las "locas" palabras de sus tíos. Inicio el vaivén, volteo a verla y noto como unas lágrimas se escurrían de sus ojos.
-¿Estas bien? –preguntó Dipper.
-¿Qué clase de pregunta imbécil es esa? Claro que estoy bien, pero bésame – dijo Pacifica, eso en su idioma cosa que el joven Pines conocía a la perfección significaba "recuerda que es mi primera vez se delicado", y así lo hizo, la beso con pasión mientras entraba y salía con delicadeza. Sintió como lentamente el cuerpo de Pacifica reaccionaba de manera más natural, incluso esta enrollo sus piernas en su cintura.
-Hazlo más fuerte –le susurró al oído. Dipper sonrió, todo ese tiempo se había controlado pero esa enloquecedora sensación lo comenzaba a sobrepasar, saboreo los senos de Pacifica una vez más y aumento su intensidad, en cada embestida llegaba más profundo, sentía los espasmos de su compañera y los suyos, ambos se alegraron de estar tan lejos porque sus gemidos inundaban el lugar. Dipper incluso comenzaba a ser un poco rudo, pero la calidez y la estreches de la rubia lo hacían desear más, la tomo por la cintura y empujo más adentro, la rubia grito al sentir esto, si se suponía que era la primera vez de los dos como es que podía ser tan bueno. Ella se aferró a sus labios y a la espalda del castaño, clavando sus uñas dejando ligeras marcas que darían cuenta de lo que paso entre ellos. Una fuerte sensación los invadía, el sentir que por un momento abandonaban sus cuerpos, sus mentes, y solo existían, existían dentro de ese éxtasis por primera vez alcanzado a la par de otro. Ahí estaba esa otra batalla, que resultaba no serla, era el volverse uno mismo, era el darse cuenta de lo que sentían que además era lo que les permita llegar a esas sensaciones. Ambos jadeaban de manera descontrolada, no se sentían capaces de articular o pensar racionalmente pero lo dijeron, justamente antes de perderse por unos segundos en un mar de sensaciones.
-¡Te amo! –dijeron al mismo tiempo. Pacifica sintió como su interior era llenado por la esencia de Dipper, este sintió como el interior de la rubia se contraía y lo hacía permanecer dentro de ella. Se miraron y recordaron las palabras que acaban de decir, él busco los labios de Pacifica, continuaron besándose sin deshacer su unión.
Estaban abrazados envueltos en una manta, acariciándose eróticamente, suponiendo que todo aquello compensaba las palabras que no podía pronunciar.
-Pacifica es verdad lo que te dije, te amo. –Dijo Dipper y la beso tiernamente en los labios, la rubia sonrió y lo miro.
-Yo también te amo Dipper, mucho más de lo que imaginas –la rubia se hundió en su pecho y después lo beso.
-Nop, yo te quiero más rubia–decía el castaño y la abrazaba.
-Claro que no nerd, yo te amo más –refunfuñaba la rubia y lo golpeaba un poco.
-No, te quiero tanto que no me importa que no seas rubia natural –dijo Dipper con afán de molestarla.
-Además de torpe tienes problemas de visión, al menos yo no me jacto de mi tonta barba y resulta que un durazno tiene más vello que yo – vociferaba la rubia.
-Eso ni siquiera tiene sentido – se quejó Dipper. De esa manera la batalla comenzaba una vez más, la tregua ceso y volvieron a ser ese par de tarados, pero ahora estaba seguros de que se amaban.
A lo lejos un par de gnomos, así como unas cuantas hadas, un gren-gnomo, un elfo, y otras distintas criaturas habitantes de Gravity Falls se preguntaban si todos los humanos tenían rituales de cortejo y apareamiento tan complicados como el que acababan de ver.
FIN
Notas del Autor.
Por fin está aquí el Dipcifica, este Fic está dedicado a Real Nozomi y a Guest espero que les haya gustado.
Sobre la historia, en un principio pensaba hacer algo ridículamente cursi pero de eso creo que hay bastante y muy bueno dentro del Fandom. Además porque quitarle su personalidad a Pacifica, no entiendo el hacerla tontamente buena, ella es ligeramente malvada y si Dipper se enamorara de ella sería tal cual es. Además Dipper no es tan bueno como parece recordare sus propias palabras más bien es moralmente ambiguo, y eso fue lo que quise plasmar en esta historia.
Espero poder actualizar mis demás historias, si no crean que la he abandonado sólo que no he tenido el tiempo necesario para escribir, estén al pendiente mi siguiente actualización será de mi FIC "Aquello que se ha roto" y el de "Hermandad" aunque tal vez no en ese orden. También ya estoy trabajando en la segunda parte de mi historia "Lazos", jajaja porque si alguna vez pensé que no podía encontrar algo que me gustara más que el Pinecest sí que me equivoque, el Stancest trastornó mi mente simplemente no lo puedo sacar. Pero qué puede ser mejor que los Stan's dándose algo más que amor fraternal.
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