MONSTRUO
"El que lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en un monstruo. Y si miras fijamente durante mucho tiempo a un abismo el abismo también mira dentro de ti"
Mark Twain
Todo estaba a punto de cambiar, la atmosfera estaba llena de electricidad, todo era un maldito caos, la gravedad se invertía, el ejército estaba detrás de ellos, en un instante parecía que todo se derrumbaría, lentamente el oxígeno parecía agotarse, el ruido todo lo estremecía, y la chica castaña sólo podía escuchar los gritos de su tío y su hermano. Ella estaba confundida no sabía que pensar, que decir, sobre todo que decidir, no ella nunca fue buena en esa situaciones.
-¡Mabel detén esa máquina! –gritó su hermano.
-¡No, por favor confía en mí! –también gritó su tío.
-¡Carajo Mabel nos destruirá a todos! –vociferaba su hermano en total desesperación.
-¡Sólo quiero que por fin seamos felices! –gritó el viejo con todas sus fuerzas.
¿Felices?, acaso eso era posible ella no recordaba cuando fue la última vez que se sintió feliz, es más creyó que nunca lo había sido.
Llegaron a Gravity Falls cuando tenían diez años, si, su vida comenzaba a cambiar, al parecer sería buena, tenía todo el potencial para no ser de otra forma, ahora vivirían con su rico tío abuelo Stan. Si, por fin dejarían de ser los hijos de un asesino, era extraño ella no culpaba del todo a su padre, no, no podía hacerlo, su madre nunca le dio una palabra de cariño o una caricia de ternura, Mabel no conocía el amor maternal, todos los días podían ver un desfile de hombres desconocidos que gozaban de las piernas de su madre, sólo lo tenía a él. En realidad no era tener mucho, siempre fue callado, siempre con una mirada fría, con una inusual inteligencia para su edad, pero él era su hermano gemelo, él era lo único que tenía. Porque su padre era una porquería de la misma calaña que su madre, un desgraciado alcohólico, ahogado en vodka y deudas, nunca tuvo tiempo para sus hijos al menos que fuera para recordarles que su nacimiento le había arruinado la vida.
Aquel día comenzó como muchos otros, entre gritos de sus padres que después se convertirían en golpes, ellos lo ignoraban y se alistaban para ir al colegio.
-¡Maldita puta! ¡¿Cómo te atreves a engañarme con mi jefe?! –gritaba él en la sala.
-¡¿Qué esperabas?! Qué me quedara por siempre al lado de un mediocre de mierda como tú –dijo ella sarcásticamente.
-¡Esta es la última vez que te burlas de mi perra! –le gritó con más fuerza, mientras los niños terminaban de empacar sus cosas.
-¡No me hagas reír! ¡No eres más que un maldito cobarde! –reía fuertemente mientras decía esto.
Entonces se escuchó un estruendo, fue como una ligera explosión, parecía que el tiempo se hubiera congelado por un momento y una atmosfera fría como el hielo se apoderó de ese lugar, los niños se asustaron no sabían que era aquello, se sujetaron de la mano y tomaron valor para salir de su habitación. Al llegar a la sala vieron a su madre tirada en el suelo sacando grandes borbotones de sangre por la boca.
-¿Papá? -dijeron al mismo tiempo. Este volteo a verlos, esa fue la primera vez que les sonrío, colocó el arma en su sien y jaló del gatillo.
Fue así como la vida de mierda que tenían con sus padres llego a su fin, Mabel lloraba histérica cuando entro la policía, Dipper permanecía callado y sentado en la cocina, parecía no importarle las manchas de su ropa o rostro. Fueron llevados a servicios sociales, permanecieron una semana ahí, imaginaron que irían a vivir con su abuelo o tal vez terminarían en un hogar sustituto, aunque ninguno lo dijera únicamente temían que los separaran. Unos cuantos días después una trabajadora social fue a hablar con ambos, su abuelo dijo que no podía cuidar de ellos ya que no contaba con los recursos suficientes, el pequeño castaño sonrío, sabía que aquello era mentira, pero su abuelo era un desgraciado tacaño que había seguido los mediocres pasos de su padre y atendía una tienda de empeños en Nueva Jersey. Además no tenía contacto con su hijo desde que se había casado con aquella mujerzuela, únicamente sabía que tenía dos nietos, dos pequeños bastardos o al menos así solía llamarlos. Sin embargo un tío abuelo radicado en Oregón estaba dispuesto a cuidar de ellos, los gemelos no sabían de la existencia de ese supuesto tío pero todo era mejor que vivir en ese orfanato asqueroso, inundado de olor a orina y lleno de niños obligados a vivir distintos infiernos a sus cortas edades.
No dijeron nada, porque ambos entendieron que no tendría sentido hacerlo, solamente pudieron esperar, recogieron las pocas cosas que tenían y esperaron que ese hombre del que nunca habían escuchado fuera por ellos.
-Dipper tengo miedo –dijo Mabel sujetándose del brazo de su hermano. Dipper no respondió nada, permaneció en silencio mirando fijamente a la puerta.
Entonces entro él, era un hombre de una edad considerable con una camisa azul hawaiana llena de flores blancas con pantalones también blancos y una sonrisa de que cubría todo su rostro. Como era posible que ese sujeto tan alegre y jubiloso pudiera ser su pariente, parecía una persona amable, ¿por qué su padre nunca les hablo de él?
-Hola niños, mi nombre es Stan Pines. Desde ahora vivirán conmigo –dijo esto y les tendió la mano. Los gemelos no emitieron palabra alguna simplemente asintieron.
Fue un vuelo corto, no hubo muchas palabras en el viaje, a pesar de que los niños tenían muchas preguntas. Cuando llegaron al aeropuerto una limusina los esperaba, los tres subieron, Mabel no pudo contener la emoción era la primera vez que viajaba además el que fueran en un limusina a su nuevo hogar la emocionaba bastante. Durante el viaje pudieron observar el pueblo, no parecía ser nada del otro mundo incluso podía decirse que parecía un poco aburrido si se le comparaba con California.
No pudieron creer lo que veían, el vehículo dio vuelta y ahí estaba una enorme mansión, fuentes por todos lados, enormes jardines, animales exóticos que vagaban de aquí para allá, pudieron ver que en una explana de la mansión se construía algo.
-¿Eso es una alberca? –pregunto Mabel.
-Si cariño, es una alberca la he mandado construir para que ustedes puedan jugar en ella –la castaña sonrió. Todo eso parecía un sueño, de vivir en un sucio departamento, de siempre llenar sus estómagos con comida rápida, de no tener nada que les perteneciera ahora todo esto estaría a su disposición, su corazón latía conmocionado. Volteo a ver a su hermano, este miraba por la ventana completamente indiferente a lo que pasaba.
Entraron a esa enorme casa, su tío le pidió a uno de los sirvientes que los llevaran a sus respectivas habitaciones, Mabel no lo podía creer en esa habitación se encontraba todo lo que alguna vez soñó. Estaba llena de juguetes, de ropa, una enorme cama, un bellísimo tocador además de un balcón desde el cuál se podía ver todo el pueblo. Corrió a la habitación de su hermano que era contigua, parecía que su tío los conocía a la perfección ya que ahí estaban todas las cosas que Dipper pudiera desear, un librero con cientos de libros, un gran escritorio, una laptop además de empastados en blanco, tinta y varias plumas. Cuando entro su hermano ya estaba sentado en un pequeño sillón leyendo un libro, se acercó a él, y lo abrazó, este no correspondió su abrazo pero tampoco lo rechazo.
-Dip, creo que al fin seremos felices –le dijo su gemela mientras lo continuaba abrazando.
-Nada es lo que parece –fue la respuesta de Dipper.
Los días pasaron alegres y tranquilos al menos eso pensaba Mabel, comenzaba a querer a ese viejo, era gracioso, divertido, no le negaba nada, ella incluso volvió a reír, a correr, a sonreír. Comenzaron a ir al colegio, todos los niños del lugar los envidiaban, ahora eran ellos los que tenían la vida perfecta, incluso Mabel comenzaba a conocer el afecto, le gustaba que su tío la llamara "cariño" que la abrazara, que le diera unas cuantas caricias, que jugara con ella, comenzaba a pensar que la vida era buena.
Su tío era un hombre respetado en el pueblo, se dedicaba a la compra y venta de bienes, en su mayoría eran autos pero tenía muchos otros negocios, negocios que lo habían vuelto un hombre poderoso dentro del pueblo. Todos los habitantes de ese pequeño poblado lo admiraban, siempre tan alegre, tan dichoso, tan amable, era un hombre simplemente carismático.
Siempre se podía ver a Mabel jugando por toda la mansión, sus gritos, sus risas, su alegría inundo el lugar pero por alguna razón los empleados nunca hablaban con los chicos, por más intentos que ella hizo de entablar una relación con ellos siempre permanecieron al margen. Mabel pensaba que cada vez que los veían parecían tristes o temerosos, tal vez los sirvientes sabían algo que los niños ignoraban.
Pero por las noches a Mabel no le agradaba mucho su habitación o la casa, era tan grande, enorme, y ella era tan pequeña, una vez apagada la luz perecía que todo fuera tragado por las tinieblas, pareciera que de cada esquina, de cada rincón, desde dentro del armario o debajo de la cama existiera un monstruo a punto de atacarla. El primer día quiso ir al lado de su hermano, lo intento pero su puerta estaba cerrada, regreso temblando, sintió que era observada, que miles de ojos escondidos en la oscuridad e inmensidad de ese pasillo se clavaban en ella.
Había aprendido a dominar su miedo, a dormir casi toda la noche incluso soñaba, soñaba con las cosas que ahora tenía, pero una de esas noches el monstruo apareció por primera vez en su habitación, giró la manija de su puerta sin hacer un sólo ruido, el monstruo tenía una sonrisa que la hizo temblar, quiso gritar y salir corriendo sin embargo sus piernas no se movieron, ningún musculo de su cuerpo reacciono, sabía que hacia algo incluso el más mínimo sonido el monstruo atacaría.
Sin embargo a pesar de permanecer sumisa, de hacer todo lo que el monstruo le pidió, este atacó, Mabel conoció el auténtico dolor, el miedo sin límites, la desesperación y quiso morir. El monstruo tocó su piel, sintió su asqueroso olor rancio, su viscosa saliva recorriendo su cuerpo, clavó sus garras en su cuerpo, y quebró algo dentro de ella. No supo bien cuanto tiempo fue pero sin duda había parecido una eternidad, el monstruo la atacó una y otra vez hasta que sacio sus instintos, Mabel no era más que una muñeca rota. El monstruo se fue, antes de irse le dio un beso en la frente, un beso que fue como un hierro candente, que además también era una cadena porque sabía que estaba atrapada. Permaneció inmóvil por unos minutos más para estar segura que el monstruo se había marchado, una vez que estuvo segura a pesar de que su cuerpo dolía y las piernas no le respondían tomó valor y fue a la habitación de Dipper. Tocó la puerta varias veces hasta que este por fin abrió, su hermano no solía ser expresivo pero sus esta vez sus profundos ojos verdes se abrieron de par en par, vio su ropa, las marcas en sus brazos y su cara llena de lágrimas, la sujeto fuertemente y preguntó.
-¡¿Qué paso Mabel?! –dijo desesperado.
-Fue un monstruo –contesto antes de desmayarse.
Desde ese día el monstruo solía atormentarla, solía decirle palabras que por mucho tiempo no comprendió, hablaba de cosas que no podían ser posibles de existir, cosas que sólo la aterraban más y más. En la noche de su doceavo cumpleaños el monstruo fue más cruel de lo normal había dejado marcas por todo su cuerpo, abierto su piel y lamido la sangre de cada herida de Mabel después simplemente le dejo un regalo. Le dijo que ese tesoro le pertenecía a ella, a ella porque sería la encargada de engendrar un nuevo principio, si, ella se encargaría de mostrarle al mundo una nueva realidad.
Como todas las noches que la atacaba el monstruo, fue a la habitación de su hermano, por alguna razón llevaba el regalo en sus manos, antes de llegar pudo ver que la puerta se encontraba medio abierta y una pequeña luz se escapaba de ella. Mabel miro por esa rendija, no sé atrevió a entrar a la habitación y miró al monstruo, este tenía sujeto a Dipper, por más que el pequeño castaño se intentaba defender todo le resultaba inútil, al escuchar el primer grito de su hermano se tapó los oídos. Ahogo todo sonido, únicamente existía dentro de su cabeza un ruido parecido a la estática, pero su mirada permanecía fija en la luz que se colaba, salió corriendo y se escondió detrás de uno de los pilares del pasillo cuando vio que la sombra del monstruo se acercaba a la puerta. Al ver que el monstruo desapareció en las tinieblas fue al lado de Dipper, al entrar lo encontró mirando por la ventana además sobre la cama había una caja igual a la suya. Corrió hasta su lado, lo tomó de los hombros y le dio la vuelta, mordió sus labios para contener sus gritos, la cara de su hermano estaba completamente cubierta por sangre, únicamente se distinguían sus ojos, su camisa también estaba empapada. Mabel notó que el cabello de su hermano estaba peinado hacia atrás, que la sangre provenía de frente de Dipper.
-Tú marca –dijo llorando.
Su marca de nacimiento había sido remarcada con el filo de una daga. El monstruo le dijo que esa era la marca de su destino, de un destino de grandeza, de conocimientos infinitos, que él debía de ser parte del legado, que en sus manos alguna vez estaría en destino de este mundo.
Mabel limpiaba el rostro de su hermano mientras escuchaba lo que el monstruo le había dicho, desinfecto la herida y pudo contener la sangre. La castaña se dio cuenta de que ese aterrador monstruo no solo la perseguía a ella también había alcanzado a su hermano, de repente miraron ambas cajas sobre la cama, Mabel estaba a punto de arrogarlas a la chimenea pero su gemelo la detuvo. Dipper abrió la caja y ahí se encontraba una corbata de bolo la cual era adornada por un dije azul, se la puso, la acomodo bastante bien, esa escena resultaba grotesca ya que su ropa estaba teñida de rojo. Se dejó llevar por su ira, sujeto con su mano ese extraño regalo, estaba a punto de arrancarlo de su cuello cuando comenzó a brillar, mientras más lo apretaba más brillaba, de la nada todo comenzó a flotar dentro de la habitación, Mabel no comprendía lo que estaba ocurriendo, Dipper señalo con su mano libre el enorme librero y este fue arrojado hasta el otro lado de la habitación.
Aquello fue aterrador, pese al ruido nadie vino, ahora todo el cuarto era un caos, donde estaba el librero se podía ver una extraña marca en la pared, Dipper fue hasta esta y la tocó, súbitamente se abrió, ahí había una caja oculta, dentro de esta estaba un extraño libro, parecía ser bastante viejo, lucia sucio y desgastado además de tener una mano de seis dedos sobre este con un número dos dibujado. El castaño lo tomo, leyó detenidamente las primeras páginas y sonrió, su hermana miraba todo lo que había ocurrido sobre todo lo que le pasaba a su hermano, vio esa sonrisa en Dipper, una sonrisa malvada, una sonrisa siniestra y se sintió más sola que nunca.
Su caja se había abierto, se dio cuenta que dentro había una diadema con un dije igual al de su hermano, la coloco es su cabeza y de esta manera la Mabel que alguna vez fue tierna, amable y cariñosa desapareció para siempre.
En efecto nunca más se vio correr o jugar a Mabel por la mansión, no ahora era una niña fría, caprichosa y sobre todo llena de rabia que explotaba sin demasiadas provocaciones, utilizaba su estatus para molestar y humillar a los demás. Dipper le compartió los secretos que ocultaba ese viejo diario, también gracias a este pudieron entender cómo usar el regalo del monstruo.
Su hermano le pidió a su tío que le ayudara montar un espectáculo, en un principio no entendió bien el porqué de tal petición pero Stan no se negó, creyó que no era algo malo el estafar un poco a esos incrédulos pueblerinos. Fue así como surgió la Tienda de la Telepatía, el primer día su hermano entro al camerino y le dejo un traje azul que hacia juego con él que este vestía además ocultaba perfectamente las huellas del monstruo, por otra parte ahora su hermano se negaba a ocultar su marca de nacimiento, cuando Mabel le pregunto la razón este respondió me recuerda quien soy. Habían ensayado muy bien ese acto de leer mentes, dominado las tan carismáticas sonrisas, de ser el par de niños más adorables jamás visto en ese pueblo. En menos de que se lo imaginaron el pueblo comía de sus manos, hipnotizados por todo lo que eran capaces de hacer dentro de esa tienda, además cada secreto que guardaba ese diario les permitía apoderarse más y más de la mente de esas personas.
Con los años y el encuentro de ese diario Dipper se había vuelto más sombrío, cada secreto que les develaba, cada misterio que encontraban los arrastraba hacía el abismo, ahora el cuarto de su hermano se encontraba lleno de frascos que contenían los restos de distintas criaturas que el mismo se había encargado de "diseccionar". No se conformaba con encontrarlas, con leer lo que el diario decía de ellas, no él quería conocer mucho más, pero ella tampoco podía negar lo mucho que disfrutaba verlo de esa manera, le complacía que esas indefensas criaturas suplicaran por su vida, se deleitaba de ver las manos de su hermano cubiertas de sangre a veces multicolor. Dipper le había regalado un par de hadas que capturo en días atrás, Mabel las miro día a día hasta que por fin murieron para después con sus manos hacerlas pedazos.
Si esos eran ellos, su tío siempre los alentaba a verse alegres incluso a ser "sociales", las apariencias siempre importan les solía decir, por lo que ante todos lo demás siempre eran educados, siempre sonrientes, siempre inteligentes, siempre perfectos.
Dipper le dijo a Mabel que ese diario los llevaría a un poder inimaginable, un poder infinito, a conocimientos jamás alcanzados, pero al parecer el autor de dicho diarios había desaparecido. Su hermano estaba obsesionado con la idea de saber quién era, tenía tantas preguntas por hacer, ansiaba tanto las respuestas, algo estaba cambiando profundamente dentro de la mente del castaño.
Además el monstruo seguía atormentándolos, ese monstruo, esa bestia que parecía estar hechas de abismo y pesadillas, no importo cuanto tiempo lo intento, cuanto deseo que ese monstruo desapareciera simplemente no pasó, desde semanas atrás sentía que cada vez que el monstruo la atacaba quedaba sucia, no importaba cuantos baños tomara, hacer incluso sangrar su piel, pero esa sensación no desaparecía. Una noche después de que el monstruo se marchara como siempre fue a la habitación de su hermano, este leía el diario, lo había hecho tantas veces que incluso era capaz de recitar toda palabra en el escrita. Pero esta vez se sintió furiosa, su sangre hervía, las lágrimas no pudieron ser contenidas por lo que al fin dijo.
-¡Te odio Dipper! –le dijo Mabel.
Su hermano levanto la vista del diario y le contesto -¿No entiendo por qué deberías de odiarme?
-¡Porque nunca te he importado! ¡Nunca me has defendido! ¡Porque me has dejado sola! –le grito con todas sus fuerzas.
-Mabel claro que me importas no vez que busco la manera de salir de este infierno. Además como defenderte si no lo he podido hacer conmigo mismo. Al decir esto señalo su frente.- No estás sola aquí estoy contigo.
-Lo sé, es sólo que quiero ser feliz –le confeso a su hermano.
-No te preocupes pronto lo seremos, ese libro nos llevara ahí, nos llevara a un nuevo principio, a una nueva realidad, y entonces Mabel nos vengaremos de todos aquellos que alguna vez nos lastimaron.
Mabel se aterro ante las palabras de su hermano, cada día conforme más tiempo pasaba investigando ese maldito diario, más hablaba como el monstruo. Dipper pudo notar el creciente miedo en los ojos de su hermana, y sonrió, sonrió porque le gustaba provocar esa sensación.
Se acercó lentamente a ella, Mabel sintió miedo por un instante de nuevo se sintió indefensa, era un simple presa. Dipper de la nada la abrazó, Mabel tembló eso era tan extraño en su hermano, pero ese abrazo la reconfortaba. Miró a su hermano, lo miro como nunca antes lo hizo, acaricio su rostro, miro esos ojos verdes que compartían, ella pese a todo lo quería, quería eso que ellos tenían, sin él sabía que estaría perdida y ahí en medio de la habitación le besó.
Por instante creyó que Dipper rechazaría ese beso, que la repudiaría, que le diría que estaba enferma, que ella también era un monstruo pero no fue así. Su hermano lo correspondió, poco a poco se fue intensificando, no ya no eran unos niños, al parecer nunca lo fueron. Mabel sujeto las manos de Dipper y las llevo hasta su pecho o donde comenzaba a crecer, este la acaricio, pudo ver el sonrojo en las mejillas de su hermana. Poco a poco se fueron despojando de sus ropas, ella por un instante sintió vergüenza él vería todas las huellas que le dejaba el monstruo, si en efecto él las vio, pasó sus dedos por cada una de esta y Mabel vio como sus ojos se llenaban de coraje. Después paso sus labios por cada marca, beso cada herida, y limpio las lágrimas de los ojos tristes de su hermana, Mabel lloraba pero al sentir la calidez de la boca de su hermano por todo su cuerpo una nueva sensación crecía en su vientre, una sensación extraña pero que lentamente le cortaba la respiración, ella también tocó el cuerpo de su hermano, comenzaban a notarse sus obvias diferencias, sujeto fuertemente la mano de Dipper y la llevo a ese lugar, al lugar que tanto le fascinaba al monstruo, su hermano se apodero de sus labios, los besaba con gran intensidad, incluso con furia pero eso a Mabel le encantaba. Los agiles dedos del castaño exploraban su intimidad, ahora ella conocía lo que los adultos llaman excitación, esa cálida humedad se apodero de la castaña, Dipper se detuvo por un momento, deslizó sus dedos desde la entrepierna de Mabel subiendo por su vientre, su estómago, su pecho, sus pezones, su cuello, hasta llegar a la boca de su hermana, y la invito a que probara su propia esencia. Ella lo hizo, lamio los dedos de su hermano, uno a uno, enrollo su lengua y los saboreo, pudo ver el rostro enrojecido de Dipper, sus ojos siempre fríos ahora brillaban con una intensidad eléctrica. Dipper volvió a recorrer el cuerpo de su hermana siguiendo el sendero que el mismo había hecho, se detuvo un poco en los senos de Mabel, los saboreo, los mordisqueo hasta dejar las marcas de sus dientes. El castaño quería desaparecer toda huella del monstruo, cada herida que le había hecho a su hermana, y la única forma de hacerlo era dejar las suyas, ella no comprendía porque ese dolor la emocionaba, incluso estaba más excitada que cuando su hermano jugaba con su intimidad. Dipper separo las piernas de Mabel y volvió a sonreír, o al menos a hacer esa mueca que él consideraba una sonrisa, la castaña creyó que aquello llegaría a su fin, sabía que esas fantásticas sensaciones no podían durar tanto, nada de lo bueno que le pasaba duraba. Pero una sensación enloquecedora se apodero de ella, sintió como la lengua de su hermano exploraba, saboreaba, entraba y salía de ella, había aprendido a ser silenciosa, a que con el monstruo no había nada de eso simplemente existía el dolor, sin embargo ahora su hermano la conducía por un sendero desconocido.
Mabel dejo escapar sus gemidos, era algo que no pudo contener, lo que hacía Dipper la llevaba la limite, ahora una enorme sensación, una oleada de lo desconocido la arrastraba, todo su cuerpo se estremecía, sabía que pronto llegaría a un lugar inédito. El castaño se deleitaba la escuchar la voz balbuceante de su hermana, las suplicas para que no se detuviera, el sentirla sometida a su ley, eso sí que le gustaba. Al llegar a ese punto exacto donde no existe distinción entre el cielo o el infierno, la locura o el éxtasis, lo bueno y lo malo, Mabel sujeto la cabeza de Dipper y lo hizo beber todo lo que provenía de ella.
El joven Pines se incorporó limpiando su boca y vio el perlado cuerpo de su hermana aún estremecerse de placer, él tenía un poder sobre Mabel que el monstruo nunca tendría. Se recostó al lado de su gemela, esta no había dicho ni una sola palabra simplemente su respiración llenaba la habitación de Dipper.
Él miraba el techo, tampoco tenía algo que decir, no, nunca tendría las palabras necesarias para decirle lo que sentía a su hermana o meramente las callaría.
Ella se incorporó, fue algo que tomó por sorpresa a Dipper, vio malicia en los ojos de Mabel, esos ojos que alguna vez lo confundieron por negarse a perder su inocencia a pesar de lo vivido, ahora estaban con una expresión tan profunda, tan sombría, que parecían brillar, iluminar de una luz jamás vista ese cuarto. Mabel aprisiono a su hermano debajo de ella, dejando que sus sexos se rozaran, se excitaran, se estimularan, subió un poco más para besar su frente, hizo lo que el monstruo con ella, en ese beso sin palabras decidió que Dipper sería de ella para siempre. Ahí desde esa marca de nacimiento que ella siempre amo comenzaron sus besos, besó sus ojos, sus mejillas, su nariz, sus labios, sus oídos, su cuello, sus hombros, su dorso, sus manos, su estómago. Se detuvo por un momento, y lo miró a los ojos, a esos profundos ojos verdes que compartían y en un gesto sin sonido le dijo TE AMO.
Esa pequeña castaña, que sólo era pequeña en edad porque su historia la había hecho recorrer una eternidad, gozaba ante la expresión de incredulidad que puso su hermano al descifrar esas palabras. Sonrió perversamente al recordar que eso con el monstruo le hacía dar arcadas de asco, pero ahora, justamente ahora deseaba con toda su alma hacer aquello. Se arrodillo frente a Dipper, hermoso, su hermano resultaba ser hermoso, apetecible, incomparable, ella también podía acechar, vigilar, seducir, atacar, su gemelo sería su primera presa. Utilizó sus dos manos, se movía hábilmente, era un ritmo donde ella podía dominar a Dipper, si, en ese momento, en ese lugar, Mabel ya no era la víctima, y el abismo de su alma fue más profundo. Le maravilló escuchar, a su hermano, él no solía hablar en exceso, no, nunca desperdiciaría sus ideas en las personas, incluso con ella podía permanecer en silencio por horas.
Dipper era suyo, ahora lo sabía, él sería de su propiedad, ellos se pertenecían, así que ella quería todo de su hermano. Los gemidos del castaño que permanecían aún ligeros como murmullos llenaron la mente de Mabel cuando uso su boca, era pequeña y delicada, tibia y húmeda, sintió como la lengua se enrollaba, recorría toda su extensión, saboreaba cada centímetro, y Dipper odio más al monstruo, su hermana, su gemela, su Mabel siempre le perteneció. Era tan perturbador y asombroso verla a sus pies, a su merced, únicamente concentrada en complacerlo, si, hacia debía ser, ella sólo podía vivir para él.
Recordaba ese desagradable, inmundo y amargo sabor, pero por qué con Dipper todo debía ser diferente, lo lamia con delicadeza no quería que nada se perdiera, lo degustaba, lo deseaba, quería más de su hermano. Mabel aumentó el ritmo, Dipper no perdía ni un instante se esa escena, esos ojos ligeramente llorosos, la cara enrojecida, el ligero hilo de saliva de que escurría de sus labios, tomo la cabeza de su hermana y la hizo ir más profundo, él era quien debía mandar. La castaña sintió ahogarse por un momento, pero si Dipper deseaba que fuera un poco más allá ella lo haría, por su hermano Mabel recorrería el infierno. Él sintió como esa sensación indescriptible, ese cumulo de biología además de sentimientos, se apoderaba de su ser, su furia, su ira, su frustración, su rabia, su miedo, lo poco que quedaba de amor fueron para Mabel.
Lo miro, dejo su miraba fija en Dipper, hizo una pequeña mueca de satisfacción y espero escuchar las palabras de su hermano.
-Bébetelo –le ordeno Dipper.
Lo hizo, lo disfruto, limpio con su lengua la comisura de sus labios y después le mostro a su gemelo que todo había sido saboreado.
Dipper la sujeto de las manos y la arrojó a la cama, por años, es más desde que tenía memoria, sobre todo en los últimos meses había fantaseado con verla así, sumisa, sometida, excitada y perteneciéndole. Le dijo que abriera las piernas, esta lo hizo, él se colocó en posición, soltó una de las manos de Mabel, y le susurró al oído hazlo tú. Ella no perdió tiempo y le obedeció, Mabel lo condujo, fue lenta, quería recordar por mucho tiempo ese instante, marcar su alma esa noche. Lo sintió entrar lentamente, era una sensación, tan diferente, cómo era posible que eso que con el monstruo era más bien una pesadilla, con Dipper era si es que esa palabra podía ser utilizada por ella, ser un paraíso. La castaña se aferró a la espalda de su hermano, besó una vez más sus labios, los mordió con tal intensidad hasta hacerlos sangrar, Dipper aumento la intensidad, en cada embestida era más rudo, la castaña enterró su uñas en la sudorosa piel de su gemelo, pudo ver como un ligero gesto de dolor se dibujó en su rostro y se excito un poco más. Él al darse cuenta de esto fue con más fuerza, llegaba a los rincones más profundos de Mabel, esta se estremeció y gimió con más intensidad, Dipper la sostuvo de la cadera y continuo con su embate, se preguntaba por qué ella le podía provocar todo eso, y con un firme determinación se prometió a si mismo matar al monstruo con sus propias manos. Mabel cruzo sus piernas, estas se aferraron al cuerpo de Dipper y entre sollozos le pidió más, el castaño se sintió complacido, le fascinaban las suplicas de su hermana, y fue aún más rudo, en ese vaivén de sus cuerpos de dieron cuenta de que jamás habría marcha atrás. Dicen que lo actos más oscuros, más sombríos, más profanos suceden a mitad de la noche, pero también las almas perdidas, aquellos atormentados por el dolor y la soledad, los sumergidos en la desesperación encuentran un motivo para seguir viviendo, sin embargo es también ahí donde la diferencia entre lo blanco y negro se desdibuja. Eso les ocurrió a los gemelos Pines, al llegar a esa frontera existente únicamente en la conjunción de cuerpo, alma y pensamiento, perder por instantes la razón entre lubrica excitación y nulo remordimiento, si, al alcanzar el orgasmo juntos, al saberse satisfecho por terminar dentro de su hermana, el no impostarle que quién estaba en medio de sus piernas fuera su hermano, que eso que ellos habían hecho para muchos resultara grotesco, una perversión innombrable. En ese momento, ese instante donde se detuvo el universo para ambos, ellos decidieron que pese a todo seguirían existiendo.
Dipper jadeaba encima de Mabel, ella miró sus manos y notó que estas estaban manchadas de sangre, de la sangre, reluciente y pura de su hermano, no lo pudo evitar, lamió sus dedos y se estremeció llena de satisfacción, ahora incluso su sangre estaba dentro de ella.
Realmente no cambiaron muchas cosas entre ellos, seguían odiándose un poco, incluso disfrutaban atormentarse mutuamente, pero siempre estarían el uno para el otro. Mabel ahora ya no le temía tanto al monstruo, sabía que por cada nueva herida que este le hiciera Dipper dejaría sobre de esta su marca y ella deseaba que su cuerpo estuviera cubierto por las huellas de su gemelo.
Pero luego aparecieron ellos un par de rubios imbéciles, Mabel sin duda la odiaba profundamente, el pequeño no le desagradaba tanto, el error de ambos fue cruzarse en el camino de los Pines. Tantas cosas comenzaban a moverse, el monstruo parecía enloquecer noche a noche, Dipper incluso había invocado a ese Demonio de mierda, y no paraba de decir que cada vez el momento se encontraba más cerca. Entonces descubrieron que existían otros diarios, y que el rubio tenía uno de ellos, Mabel la dulce y tierna Mabel se encargó de obtenerlo, únicamente basto un pequeño corte de la daga del monstruo sobre el rostro de la rubia y el pequeño había cedido. Ella prometió detenerse si le entregaba el diario pero no pudo hacerlo, no después de que se enterara de que esa insípida perra estaba enamorada de su hermano, le tenía que quedar muy claro que Dipper le pertenecía solamente a ella y la nueva marca de su rostro se lo recordaría para siempre.
Sin previo aviso el monstruo los atacó y pudo hacerse de lo que tanto había anhelado, y ese mecanismo abandonado por tantas décadas funciono otra vez. Hora el caos, la locura, y lo indescriptible reinaba en Gravity Falls.
-¡Mabel no lo hagas! ¡Bill no lo advirtió esa cosa destruirá el universo! –gritó una vez más Dipper.
-¡Cariño solo quiero recuperar nuestra felicidad! ¡Todo lo hago por nuestra familia! –decía desesperado Stan.
Mabel no sabía qué hacer, por qué era ella quién tenía que decidir.
-¡Por fin seremos felices! –gritó una vez su tío.
Feliz, si ella sólo quería ser feliz, soltó sus manos y ocurrió, una luz cegadora inundo todo el lugar, no pudo escuchar el grito sordo de su gemelo.
La mansión estaba casi en ruinas, todo era tan confuso, lentamente el humo se despejo, y la visibilidad de sus ojos se recuperó. La silueta de un hombre se dibujó entre todo los escombros, los gemelos miraron incrédulos.
Stan se levantó, sacudió el polvo de su ropa, camino lentamente hasta aquel sujeto, parecía que se tomaría su tiempo, sin embargo los gemelos se sorprendieron al escuchar sus palabras.
-El autor de los diarios es mi hermano –dijo con una voz siniestra y fría.
Mabel observaba incrédula todo lo que ocurría, él otro sujeto se quitó lo que cubría su rostro, se acercó al que era su hermano, se miraron fijamente, se abrazaron y sonrieron. Un escalofrió desconocido recorrió el cuerpo de la castaña, ahora sabía lo que estaba dentro del portal, esa sonrisa siniestra, carente de toda humanidad, si, esa sonrisa que ocultaba al ser más perverso que ella conocía, Mabel la conocía perfectamente. En el interior de ese umbral a lo desconocido se ocultaba un monstruo.
Volteo a ver a su hermano, este reía de una manera frenética, sujetaba su rostro y lo deformaba hasta ser grotesco y repetía sin cesar.
-Él es el autor de los diarios. Él es el autor de los diarios. Él es el autor de los diarios. Él es el autor de los diarios –decía de con una voz bañada en la locura.
Dipper fue corriendo hasta donde se encontraban sus dos tíos, y también sonrió. Mabel comenzó a llorar porque reconoció en la sonrisa de su hermano la de aquellos dos monstruos y lo supo, se dio cuenta de lo que pasaba, y pudo vislumbrar lo que estaba por ocurrir, ese era el principio del final. Ella estaba rodeada de monstruos, ella era uno…
FIN
Notas del autor:
Espero que les haya gustado esta historia, este Fic es para Valee Cipher y Slash Torrance, yo sé que no es un Pinecest "clásico" pero cuando comencé a escribir la historia los Reverse Pines vinieron a mi mente, sobre la trama creo que es una de las más oscuras que he escrito, si fuiste un buen lector sabrás quién era el MONSTRUO.
Bueno eso me lleva s mi obsesión por los Stan's, siempre me ha causado conflicto como describen al REV Stan, ya sabemos que Stanley es un tipo bueno queriendo parecer malo, entonces por lógica el REV Stan sería un tipo malo queriendo parecer bueno, y como nos dimos cuenta Stan puede ser ridículamente bueno, entonces el Stanley de Reverse Falls únicamente puede ser un monstruo.
Les comparto mis lectores, hace una semana le aumente una locura al repertorio, me hice un tatuaje, como se imaginaran quiero hacerme más, y por loco que parezca no puedo sacarme de la cabeza el poner en mi piel al Dorito, es bastante descabellado. ¿Ustedes qué opinan?
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