El siguiente trabajo puede herir susceptibilidades así que léelo bajo tu propia responsabilidad, ya que encontraras Efebofilia, Sexo grupal, Sexo entre menores de edad, Sexo entre adultos y adolescentes.

Pinecest, Stancest, Stanbel, Standip, Fordbel, Fordip, Incesto.

Si después de esto deseas leer pues "BIENVENIDO SEAS"

FAMILIA

"Existen ciertos lazos que son inquebrantables"

Por: EliceBcest

Esa era una noche bastante peculiar en Piedmont, desde hace unos cuantos días llovía constantemente, por momentos pareciera que el cielo fuera a caerse. Particularmente esa noche era la peor de toda la semana, no sólo llovía en demasía, sino que ahora incluso los truenos y los rayos atormentaban el cielo nocturno. En una de esas pequeñas casas suburbanas, un casi adolescente se cuestionaba a sí mismo el porqué de su miedo. No hace mucho había salvado al mundo de un posible apocalipsis, hizo lo que muchos seres humanos no podrían hacer, enfrentado monstruos de índoles variadas, y salido triunfante. Pero ahora estaba temblando, aterrorizado de los fantasmas imaginarios que se forman con el resplandor de la luz que se colaba por la ventana. Le fue casi imposible no sentirse estúpido, repetía dentro de su cabeza, como si fuera un mantra "Enfócate en la ciencia", explicándose las causas del fenómeno meteorológico que se empecinaba en no dejar su ciudad.

Tragándose todo el orgullo característico de los Pines, tomó su almohada preferida, y pensó sus opciones. Podía ir hasta la habitación de sus padres, suplicando un espacio entre ambos para acallar sus miedos, sin embargo, eso era admitir su inmadurez que desde su punto de vista rayaba casi en lo infantil. Entonces su mejor opción, la que eligió desde un inicio, aunque quiso usar a sus padres como una excusa ante su propio deseo, era su hermana, su siempre compañera Mabel. El camino no era muy largo, eran habitaciones contiguas, a media luz pudo ver al cerdito de su gemela durmiendo plácidamente en su camita frente a la puerta de la alcoba. Quiso que Pato no creciera tanto porque si no sería imposible brincarlo de un sólo movimiento, la puerta de la habitación estaba abierta, pero procuró hacer el menos ruido posible además de asegurarse cerrar.

Ahí estaba su hermana durmiendo plácidamente en medio de esa tormenta, Dipper se preguntaba cómo lo podía hacer. Ahora seguía la vergonzosa tarea de despertarla y pedirle refugio a su lado. La miró por unos segundos, pensando cuál sería la mejor estrategia, finalmente pensó que lo más acertado era únicamente acurrucarse a su lado. Levantó las cobijas, acomodó su almohada y se deslizó lentamente, tal vez con suerte incluso podría levantarse antes de que Mabel lo hiciera y su miedo nunca se sabría.

–Dip –la voz de Mabel sonaba adormilada. – ¿Qué haces?

No sabía que contestar, después de todo era admitir que esa noche realmente tenía miedo, permaneció callado más tiempo de lo necesario. En ese justo momento un enorme relámpago ilumino la habitación de su gemela, seguido de un trueno que lo hizo estremecerse.

–¿Tienes miedo? –le preguntó Mabel.

Dipper continuó silencioso, pero ese ligero temblor lo había delatado. –Un poco –su voz era casi un susurro.

Mabel sonrió ante la confesión de su hermano, sabía que a Dipper no le resultaba fácil. –Está bien DP, hoy serás en invitado en la cama de May May.

El chico se sintió feliz, se acomodó junto a hermana, y se dispusieron a dormir. Pero no resultó tan sencillo como esperaba, al parecer el clima no buscaba más que atormentarlo. Los relámpagos y los truenos parecían no cesar, y su cuerpo temblando lo traicionaba cada vez más.

Los gemelos estaban espalda con espalda, Dipper esperaba que Mabel estuviera dormida para que no pudiera presenciar ese miedo tan absurdo que se coló hasta sus huesos.

– ¿Dip, aún tienes miedo? –volvió a escuchar la voz de su hermana.

–Sé que es tonto, pero no puedo dejar de sentirme así –contestó el castaño.

–Yo también he sentido miedo, en tercer grado no dejaba de colarme a tu cama –le decía Mabel con la intención de calmarlo un poco.

–Pero es distinto, ya no tenemos ocho. No debería de sentirme asustado –se quejó Dipper.

–Sobre todo porque ayudaste al tío Ford a salvar el universo –la voz de Mabel sonó con un poco de burla.

–Tal vez –confesó Dipper.

–Bueno yo conozco un método en el con el cual te sentirás mejor –dijo su gemela. –¿Quieres intentarlo?

–Está bien –contestó sin mucho entusiasmo, probablemente le contaría una historia para que se durmiera como cuando eran pequeños.

Mabel se acercó a su hermano, Dipper pudo sentir como el calor de Mabel invadía su cuerpo. Los brazos de la castaña se deslizaron por debajo de los suyos, en pocas palabras lo estaba abrazado. No era la primera vez que dormían así, sin embargo, parecía diferente. Aunque Dipper no lo podía negar eso lo hacía sentir mucho mejor, y casi de manera inmediata.

–¿Mejor? –le preguntó Mabel.

Hubiera deseado contestar de inmediato, pero las palabras de su hermana habían llegado de una manera casi intempestiva a su oído, envueltas en el calor de su aliento, acariciando su oreja. Un escalofrió y un leve estremecimiento sacudieron cada rincón de su ser, no era miedo, claro que no, era algo completamente distinto.

–Al parecer sigues teniendo miedo –ahí estaba de nuevo el aliento de Mabel acariciando su oído. –Esto ayudara.

Dipper sintió ahora los labios de su gemela besando tiernamente su oreja, pudo sentir la suavidad ligeramente húmeda. Sus besos estuvieron sobre su lóbulo, bajando lentamente hasta su cuello, eran tan suaves, tan delicadamente suaves. La respiración del castaño comenzó a cambiar su ritmo casi de manera imperceptible, algo en su pecho crecía, era un calor que comenzaba a elevarse.

–Mabs –su voz estaba temblosa. –¿Qué haces?

Mabel dejó por un momento su tarea. –Intentado calmarte. ¿Te molesta? ¿Quieres que pare?

Otra vez las palabras de su gemela habían estado muy cerca, demasiado cálidas, demasiado dulces, eran demasiado de todo, más de lo que Dipper podía controlar.

–Si no te gusta puedo detenerme –al decir esto el chico Pines sintió como las manos de Mabel intentaban dejar su cuerpo.

Sujetó las manos de su hermana antes de que lo abandonaran por completo, no deseaba eso, por el momento era de único que estaba seguro.

–No –hubo una pausa. –No te detengas.

Escuchó la ligera risa de Mabel, para después sentir sus labios de nuevo es su cuello, llenándolo de besos suaves, de ligeros mordisco que encendían su piel. Ahora las manos de la castaña se habían deslizado hábiles y ligeras por debajo de la playera de Dipper, avanzando desde el estómago del castaño hasta llegar a su pecho. El miedo hacia bastante rato que dejó el cuerpo de Dipper, ahora este se encontraba lleno de otras sensaciones, no del todo desconocidas, pero rebosantes de lo inexplicable.

La respiración de Dipper ahora estaba entrecortada, pesada, mientras que su mente se debatía entre controlar lo que pasaba o simplemente dejarse ir.

Fue incontenible, nada habría podido detener el gemido que se escapó de su boca después de sentir los dedos de Mabel acariciando sus pezones. Primero fueron pequeños círculos que parecían jugar con él, para después transformarse en ligeros pellizcos aunados a los besos que se repetían incesantes en su cuello.

–¿Te gusta DP? –ahí estaban ese aliento disfrazado de palabras que amenazaban con enloquecerlo.

–Si –fue lo único coherente que pudo contestar.

–Mabs –no dijo otra cosa, tomó la mano de su gemela y la llevo a la frontera del pantalón de su pijama.

No fue necesario que dijera nada, Mabel sabía lo que su hermano deseaba, bajó lentamente aun sobre la ropa, pudo sentir un bulto palpitante, necesitado de contacto.

–Supongo que la glándula pituitaria hizo su trabajo –dijo Mabel dejando por un momento el cuello de Dipper.

–¿Qué? –no entendió lo que dijo Mabel, estaba demasiado perdido en sus sensaciones.

–No importa Dip Dip-volvió a concentrase en su tarea.

Los voraces labios de Mabel no le daban tregua al cuello de Dipper, mientras se una de sus manos se concentraba en el pecho y la otra continuaba explorando esa sensación creciente de la entre pierna de su gemelo.

–Dip ¿puedo hacerlo? –ahora la voz de Mabel también era distinta.

No hubo palabras sólo una especie de sonido similar a una afirmación, ahora la mano de su gemela estaba dentro de su pijama. Era caliente, suave, y ligeramente pegajoso, con algo de vello creciendo tímidamente, así era como se sentía le pene de Dipper, además de palpitante. Los dedos traviesos de Mabel jugaban con este, subiendo y bajando, tocando la punta cubierta de líquido pre seminal. En un pensamiento sincronizado, eso se sentía muy bien, increíblemente bien. Los gemidos del castaño ahora eran más fuertes, más rápidos, constantes, casi parecían música.

–Mabs –espera formular sus palabras de la manera más coherente posible. –Yo

–Mírame –Mabel le susurró al oído.

Lo hizo, ahora los labios de su gemela estaban sobre los suyos, él no sabía mucho al respecto, su conocimiento era casi nulo, pero al parecer no el de Mabel. Primero fue un ligero roce, sentir como los suaves labios se encontraban con los suyos, ella fue guiándolo poco a poco. Abrió lentamente su boca hasta que sus lenguas se encontraron, era torpe no sabía qué hacer, pero una vez más se dejó llevar, en unos segundos más saboreaba la boca de la castaña. Ahora era un beso intenso, todo su cuerpo vibraba, sentía que su piel ardía, que cada lugar que tocaba su gemela se derretía, aunque fuera imposible, y agradeció ese beso que nublaba su mente ya que opaco por completo el gemido que llego desde el fondo de su garganta cuando eyaculó gracias a Mabel.

Sus labios continuaron juntos por unos segundos más, hasta que fue necesario respirar, se alejaron lentamente, aunque un ligero hilo de saliva aún los unía.

Mabel estiró su mano limpia hasta la cabecera de su cama, en busca de la caja de pañuelos desechables que ahí se encontraba. No dejo ningún rastro de lo que ocurrió, en la mañana sin que su madre se lo pidiera Dipper tendría que salir muy temprano a tirar la basura.

El castaño había permanecido en silencio, intentado entender lo que paso, además de batallando con permanecer despierto. Sintió que Mabel una vez más lo abrazaba.

–Mabs –su respiración de nuevo era normal. –¿Qué acaba de pasar?

–Te ayudo a dormir, eso es todo. ¿No te gusto DP? –otra vez estaba su aliento en si oído.

–No es eso –buscaba las palabras apropiadas. –Es sólo.

–DP, no lo pienses demasiado –fue la respuesta de Mabel.

Ya no dijo nada, en efecto tampoco deseaba pensarlo mucho, sobre todo ahora que su cuerpo le pedía dormir. Afuera seguía lloviendo, incluso los truenos y los rayos no cesaban, pero Dipper hacia mucho que no recordaba su miedo ya que dormía profundamente y dentro de sus sueños una pregunta se formaba ¿cómo volver a repetir esa noche?


La temporada de lluvia fue por varios días una buena excusa, sin embargo, tuvo que terminar. Pero los gemelos eran cómplices, entendían más de lo necesario por lo que no se necesitaron muchas palabras para que aquello se convirtiera en su secreto. Además de tener ciertas reglas que les permitían no ser descubiertos. Siempre hacer los deberes temprano cosa que no le agrado del todo a Mabel, ducharse por la mañana esto no le gusto a Dipper, no dormir juntos en los días de escuela, pero sobre todo jamás decirles a sus padres. No era ningunos imbéciles, sabían que lo que hacían no era correcto, aunque lo hiciera muy felices, ellos entendían que no simplemente eran los roces o el placer que traía, era por ser ellos, por ser hermano y hermana, gemelo y gemela, por ser Mason y Mabel.

Aquella noche era más que perfecta, sus padres estarían fuera hasta muy tarde por su aniversario además de ser viernes, ya no tenían pendientes. Habían cumplido con darles un bonito regalo, además un desayuno en la cama antes de que ambos se marcharan a la escuela. Toda la tarde trascurrió con bastante normalidad, antes de partir los señores Pines les dieron las mismas instrucciones de siempre, no pelear, no salir sin permiso, no fiestas, no animales exóticos, no experimentos extraños, no dormirse tarde y sobre todo no despertar a los muertos. Eran bastante sencillas, pero por instantes difíciles de seguir. Vieron una película de terror, jugaron un rato uno de los aburridos juegos de rol de Dipper, estaban dispuestos a saborear el tiempo que tenían a su disposición, no existía la prisa.

Tenían un buen rato sin decir palabras, acurrucados debajo de una manta en el suelo de la habitación Dipper, buscando las figuras imaginarias que se escondían en el techo. Dipper se fue acercando poco a poco hasta cubrir con sus brazos el cuerpo de Mabel, encajo su nariz entre su cabello, era bastante suave además de oler delicioso, una mezcla entre moras y chicle.

–¿Qué haces Dip? –preguntó Mabel, aunque la respuesta era más que obvia.

–Nada, sólo quiero estar a tu lado –fue la respuesta del castaño.

Mabel se dejó caer, Dipper quedó sobre ella. Sus miradas se encontraron, al castaño le gustaba mucho esos ojos verdes, pese a que compartieran el mismo color eran tan distintos a los suyos, llenos de una alegría casi imposible. Le gusto ver como las mejillas de su gemela se ponían ligeramente rojas, eso era algo maravilloso. Deslizó su pierna entre las de su hermana, sintiendo su piel tersa y caliente.

–Sabes, siempre eres tú la que se divierte –la voz de Dipper sonaba un poco nerviosa.

–¿Ya no te gusta? –lo cuestionó la chica.

–No, claro que me gusta. Sólo que no me parece justo, yo también quiero divertirme –respiró profundo. –Yo –hubo una pausa. –Yo también quiero tocarte.

Una enorme sonrisa se instaló en la cara de Mabel, llevaba bastante tiempo deseando esto, pero no lo iba a presionar, dejaría que él llegara hasta ella.

–¿Entonces qué esperas? –decía Mabel con una risa traviesa.

Eso era lo que deseaba escuchar, sin embargo, se sentía inseguro de como continuar. Mabel era quien siempre llevaba la batuta, quien decía que hacer, él únicamente disfrutaba sin pensar en exceso. Pero ahora su gemela se encontraba debajo de su cuerpo, mirándolo fijamente, ansiosa de que haga su primer movimiento. No era mucho lo que había avanzado, no, al parecer los tutoriales de internet sobre como besar no eran tan efectivos como pensaba. Mas no había chances para dudar, esa oportunidad era única, no se repetiría en mucho tiempo. Acercó lentamente sus labios hasta los de Mabel, sintió como la boca de su hermana se abría lentamente, dejando escapar su aliento. Eran tan suaves, tan cálidos, iniciaba como un beso sencillo, ya que Dipper deseaba grabar en su cabeza ese momento. Sus bocas poco a poco fueron cediendo, dando paso a que sus lenguas se encontraran, podía sentir como encontraban el ritmo perfecto para ese beso que inauguraba la noche. Ahora también se encontraba completamente sobre ella, pese a que seguía teniendo trece años, ya era claramente un adolescente. Las piernas de Mabel fueron abriéndose de manera natural para permitir que el cuerpo se su gemelo se acomodara, sonrió internamente ya que pensó que encajan perfectamente como piezas de un rompecabezas. Se sorprendió al encontrar tan hábil el beso de Dipper, le gustaba mucho, demasiado, además de disfrutar de que su gemelo dictara el ritmo. Ese beso continuo hasta que necesitaron respirar, se volvieron a mirar por unos segundos para después seguir. El encuentro de sus labios era cada vez más intenso, las temperaturas de sus cuerpos se elevaban, Dipper en ocasiones se preguntaba el porqué de sus acciones, pero únicamente bastaba con mirar los ojos de Mabel para mandar todo a la mierda. Las manos de su gemela se enredaron en su espalda, eso lo hacía sentirse seguro, sus manos fueron bajando lentamente por las piernas de Mabel. Existía todavía algo en ella que se resistía a dejar de ser infantil, pero incluso él lo había notado, sus piernas eran mucho más largas y torneadas, sus caderas comenzaban a ensancharse, y sobre su pecho existían unos pequeños senos que ahora incluso se podían ver sobre los coloridos suéteres de Mabel. Comenzó a subir lentamente por debajo del camisón de la castaña, sintiendo la piel suave y caliente, como su gemela se estremecía ligeramente con cada toque mientras no paraba de besarla. Sin embargo, necesita más, de un sólo movimiento levanto la ropa de Mabel, pudo ver sus piernas, su estómago, unas ligeras bragas rosas, y unos pequeños senos que se elevaban con cada respiración.

–¿Qué miras? –dijo Mabel sacándolo de sus pensamientos.

Dipper sonrió. –Lo hermosa que eres.

Eso la hizo sonrojarse automáticamente. –Eres un bobo.

El castaño sujetó el camisón y terminó de quitárselo, le gustaba ver como el rojo se seguía por todas las mejillas de Mabel. De nuevo sus manos bajaron hasta las piernas de la castaña, también fueron lento, disfrutando cada centímetro, hasta llegar a las caderas, bordear un poco de las nalgas, para seguir su camino, encontrar lo que deseaba. Los senos de Mabel no eran grandes, pero a Dipper le parecían perfectos, los apretó ligeramente, escuchó como un pequeño gemido se escapó de la boca de su gemela. Ambos pulgares se detuvieron en su correspondiente pezón, estaba levemente hinchado, pero conforme lo tocaba se ponían duros, los jaló ligeramente y el gemido que lo acompaño fue mucho más intenso. Miró el rostro Mabel, sus ojos estaban entre cerrados, y su boca entre abierta, mirándolo fijamente en espera de su próximo movimiento. Lo había visto en pornografía que revisaba en internet, parecía que eso les gustaba a las chicas así que lo haría, tímidamente sacó su lengua para probar los senos de su gemela, al hacer esto sintió como las piernas de Mabel instintivamente se enredaron en su cadera.

Después de todo al parecer si encontró información valiosa en el internet, la castaña mordía su dedo índice para aminorar un poco sus gemidos, ella también disfrutaba de ver a su gemelo tan entusiasmado en la tarea de lamer sus pezones. La temperatura de Dipper se había elevado tanto, que el mismo tuvo que quitarse la playera, volvió a recostarse sobre su gemela, besándose otra vez para no olvidar el sabor de sus labios, esto permitió que sus pieles entraran en contacto, la de ella era suave, cálida y un poco perfumada, la del chico estaba ligeramente húmeda por el sudor que la había cubierto, pero ese tacto y la sensación para Mabel era demasiado poderosa. Continuaron con los besos, las manos del castaño estaban ansiosas, bajaron lentamente por los costados de su hermana, pero esta vez no se detuvieron en sus pechos, la trayectoria debía de ser más larga, y con mayores recompensas. Encontró el borde elástico de la ropa interior de Mabel, con sus dedos lo recorrió, en un impulso del cual nunca se creyó capaz, comenzaba a acariciarle las nalgas, a apretarlas suavemente, podía sentir como el cuerpo de la castaña se estremecía lentamente cuando lo hacía. Dejó por el trasero de su gemela, y decidió ir por todo, metió su mano dentro de las pantaletas, puedo sentir completamente el sexo de su Mabel. Comenzó con pequeñas caricias, bajando y subiendo por la entrada de la castaña, sintiendo como sus dedos se cubrían de la lubricación, con cada reacción se volvía más intrépido, su cuerpo, su mente le exigían que no se detuviera, así que en un movimiento rápido y sin anticipar le quito sus pantaletas a Mabel. Ahora estaba completamente desnuda, miró la cara de Mabel, se encontraba ruborizada, con lo labios ligeramente abiertos, con sus manos intentando cubrir sus pechos. Dipper puso sus manos en las rodillas de Mabel, hizo que está abriera sus piernas los más que pudiera sin llegar a lastimarla, deseaba verla, admirarla en toda su intensidad, ella era simplemente perfecta. La vulva de Mabel tenía poco vello, pero podía ver como la humedad se escurría ligeramente, quería ver la expresión de su gemela cuando lo hiciera, no estaba dispuesto a perderse la más mínima expresión. Comenzó a acariciarla nuevamente, subiendo y bajando lentamente, escuchando como sus gemidos crecían, entonces lo hizo, hundió sus dedos anular y medio dentro de Mabel, no pudo contenerse, un ligero grito de excitación y dolor se escapó de sus labios. Para Dipper fue tan maravilloso, era como descubrir algo completamente nuevo, así que lo hizo una y otra vez, hasta que su mano estuvo llena de los fluidos de Mabel. Para ese punto su propia excitación era una molestia en su ropa interior, pero después de todo la castaña también quería ser activa en la situación, levantó su cuerpo, una vez más estaban cara a cara, comenzó a besarlo mientras este seguía en su labor, enredo una de sus manos en el cuello de Masón, y la otra se coló en la ropa interior de su gemelo. Ahora estaban igual de circunstancias, entregados al placer sin sentido, estremecedor y apabullante que implicaba masturbarse mutuamente. Dipper sentía que su milite estaba cerca, pero no estaba dispuesto a que aquello terminará ahí, empujo a Mabel para que esta volviera a quedar recostada, se quitó el short, y sus boxers, antes de hacerlo a un lado sacó un condón de la bolsa. Lo había hecho algunas veces en las clases de "Salud" en la escuela, sin embargo, no podía dejar de sentirse nervioso, se lo colocó y se acomodó entre las piernas de Mabel.

–¿Puedo hacerlo? –le preguntó gentilmente.

Mabel sólo asintió, para ambos fue una sensación nueva. Dipper fue entrando despacio, no quería arruinarlo, escuchó un ligero gemido en los labios de Mabs.

–¿Te encuentras bien? –realmente se preocupaba por ella.

–Sí, es sólo que duele un poco –le dijo su gemela.

En ese momento Dipper se dio cuenta que aquella era la primera vez de Mabel, bueno, también era la él, sin embargo, tenía bastante tiempo fantaseando con ese momento, incluso más del que se podría atrever a admitir.

–No te preocupes DP, estoy bien –le decía Mabel desando suavemente sus labios.

Dipper continuo hasta estar completamente dentro, mierda, no tenía las palabras necesarias para describir ese momento. El calor que lo envolvía amenazaba con derretirlo, además de que sus caderas luchaban por no comenzar a moverse, seguían besándose, dejando que la castaña se acostumbrara. Fue ella quien separó sus bocas, y le susurró al oído que podía comenzar a moverse.

Así lo hizo, comenzó lento, quería admirar el espectáculo que resultaba ser el ver como su pene desaparecía dentro de Mabel. Poco a poco fue aumentando el ritmo, cada vez más rápido, esto hacia que los gemidos de su gemela fueran más profundos, entre cortados, como si con cada estocada un poco de aliento se escapara de sus pulmones. Su rostro era una obra maestra de mejillas sonrojadas, ojos entrecerrados y ligeramente llorosos, además esa boca tan perfecta que no se cansaba de entre suspiros decir su nombre.

–Mason –ahí estaba su nombre colándose por sus oídos para llegar a su cerebro como una descarga eléctrica.

No resistiría más, eso era imposible, estaba por llegar. En ese preciso momento Mabel sujetó su mano y la llevo hasta un punto específico, le mostró que era lo que debía hacer, ligeros círculos que no fueran ni rápidos ni demasiado fuertes, debía de tener el ritmo exacto para que los terminaran juntos. De esa manera lo hizo, instintivamente la espalda de Mabel se arqueó, además de que sus piernas se enrollaron con más fuerza en la cadera de Dipper, su ritmo era mucho más rápido, todo aquello estaba fundiendo su cerebro. La castaña lo hizo besarla, para que sus respectivos orgasmos fueran acallados ligeramente.

Dipper se dejó caer sobre el pecho de Mabel, disfrutaba de ver como este subía y bajaba intentado controlar su respiración. En contra de su voluntad salió de su gemela, se retiró el condón y lo envolvió en varios pañuelos de papel, una vez más debía de sacar la basura muy temprano. Regreso junto a Mabel, le dio la caja de pañuelos, ella limpió su entrepierna, Dipper pudo ver una cantidad considerable de sangre en el papel.

–Tranquilo DipDip, supongo que es normal –decía Mabel mientras volvía a recostarse sobre las mantas.

–Supongo que si –fue la respuesta del castaño.

Los dos se acurrucaron, entrelazando sus cuerpos desnudos, disfrutando de la calidad humedad que seguía desprendiendo su piel.

Mason recargó su cabeza contra el pecho de Mabel, de esa manera podía jugar perezosamente con sus pequeños pezones rosados, mientras que la castaña jugaba con los risos de su pelo.

–Nunca imagine esto –dijo Dipper rompiendo el momento. –No es que me queje de hecho, espero poder repetirlo pronto.

–Yo tampoco, pero supongo que debía de pasar –Mabel seguía jugando con su cabello.

–Siempre he sabido que eres mucho más intrépida de que yo, sólo que no imagine que tanto –señalo Dipper.

–Nahh, no te preocupes DP, tuve mucha curiosidad, además de un buen maestro –decía Mabel con una pequeña risa.

Al escuchar esto Dipper se incorporó inmediatamente, Mabel lo jaló hasta que su boca quedo en su oído, y en un leve sonido lo dejó escuchar el nombre.

–Stan.


Realmente no fue mucho el tiempo que sus tíos se marcharon, al parecer ambos tenían cierta añoranza familiar, por lo que una vez más estuvieron en Gravity Falls. Era una especie de reunión, todos estuvieron juntos de nuevo en ese pueblito de Oregón. Pocas cosas fueron distintas, seguía habiendo turistas estafados, criaturas mágicas que causaban problemas y dos pares de gemelos que parecían ser imanes para ese tipo de situaciones. Así transcurría la vida, entre buscar una nueva atracción para que la Cabaña del Misterio tuviera más ganancias y evitar que una horda de hombres lobos secuestraran a todas las mujeres del pueblo. Cada día era una nueva aventura, una página más para los ahora diarios personales de Dipper, pero hay algunas cosas que se resisten a ser cambiadas, que buscan el cliché más común para suceder, y que mejor escenario que las cosas que suceden de noche dentro de aquellos enormes bosques del Pacifico Noroeste.

El tic tac del cucú que estaba en el pasillo solía retumbar por toda esa vieja casa de madera, que pese al material con el que estaba hecha parecía que podría durar más de cien años, los Corduroy era sin duda los mejores constructores de esa zona. Incluso el ruido de ese viejo reloj llegaba hasta el ático, en un primer momento le resultó un tanto desagradable tanto a Dipper como a Mabel, pero al final termino volviéndose parte del ruido natural de la cabaña, además de que esa noche en particular ninguno de ellos se encontraba en su cama, no, ambos habían decidido vivir una aventura por su propia cuenta.


El viejo Stanley Pines dormía profundamente, después de todo las aventuras de los últimos días lo habían dejado agotado, además en aquel lugar era de los pocos sitios donde podía dormir tranquilamente sin permanecer en cierto estado de alerta. Al parecer los viejos hábitos aprendidos en la calle eran difíciles de olvidar, así que estaba dispuesto a disfrutar de las noches de calma que le ofrece el lugar. Además, quien se escabullo a su habitación tenia ciertos dotes casi felinos que la abrían hecho pasar desapercibida de todos modos, así no hubiera podido detenerla.

–¿No estás un poco grande para esto? –después de todo la risilla de traviesa del intruso lo había despertado.

–No puedes decirme que tan grande soy para hacer esto si todavía sigues cenando helado –le respondió en tono de burla.

–Supongo que no –en su voz existía cierto tono de felicidad.

La amplia sonrisa metálica destelló un poco con la luz que se colaba, nunca intentó ocultar lo mucho que amaba a esa niña.

–Sí que extrañaba tus brazos –decía Mabel mientras abrazaba fuertemente a Stan.

–Yo también Calabaza –ahora estaban completamente abrazados.

–Pero tú y el tío Ford se fueron por meses –el tonó de Mabel era un tanto de reproche.

–Hablábamos todas las semanas –contestó la castaña.

–Sí, lo sé, pero no es lo mismo. Extrañaba a mi tío favorito –el abrazo de Mabel se hizo más fuerte.

–Yo también, realmente te extrañe a ti y a tu hermano –Stan le sonreía a la pequeña.

Mabel le correspondió la sonrisa, ahora sus manos estaban sobre el rostro de su tío, se miraron unos cuantos segundos antes de que sus labios se unieran. Los labios de Stan eran tan diferentes a los Dipper, eran más gruesos, un tanto ásperos, ella los describiría como rudos. Si los labios de Stanley eran rudos, y eso a ella le gustaba.

–Extrañaba esto –le dijo a su tío cuando dejó sus labios.

Al decir esto tomó la mano de Stan, la llevó por debajo de su camisón hasta su pecho. Sus manos eran grandes, duras, pero cálidas y delicadas, amaba sentir como tocaban su piel.

–Crecieron desde la última vez –le dijo a su sobrina.

–Un poco –contestó Mabel, esa sensación que llenaba su cuerpo mientras Stan la tocaba comenzaba a apoderarse de su cuerpo.

Stanley le daba pequeños besos de mariposa en el cuello mientras jugaba con sus senos, apretándolos ligeramente, pellizcando sus pezones hasta hacerla gemir un poco. Si, que la había extrañado.

Mabel volvió a sujetar la mano de Stan, ahora la había llevado directamente a su entrepierna, después de tanto tiempo no estaba dispuesta a las sutilezas. No tuvo que decir palabra alguna, su querido tío sabía que decía hacer.

¿Existían remordimientos en la cabeza de Stanley Pines? Probablemente, quién sabe, quizás, no, definitivamente no. No existe la respuesta, no la hay porque no la necesita. Ese toque cálido, esa piel tersa y perfecta, esa boca que le pide sus labios con devoción mandan todo lo demás al carajo. Nada importa, simplemente no importa.

El desliza sus pantis, eso le da un mejor acceso, desde el primer toque puede darse cuenta de que ella esta excitada, ahora existe un poco de vello donde antes no había nada. Mabel abre un poco más sus piernas, sin embargo, las cierra casi de inmediato cuando siente el primer dedo de Stan dentro de ella. Adora lo que hace con Dipper, pero con Stan es distinto, él la guía, la lleva a donde nunca ha llegado, parece saber en dónde debe de tocar, donde detenerse, con que intensidad hacerlo. Entra y sale con tanta facilidad en ella, hace que se retuerza pidiéndole no detenerse, usa su lengua en los pequeños pechos de Mabel, ahora están un poco más grandes, ella se estremece cuando siente su barbilla un tanto rasposa por la sombra de su barba.

Mabel siente como su clímax se acerca, entierra su cara entre el cabello de Stan, no puede describir con palabras comunes lo que siente. Ese aroma a colonia, a whiskey y poco a tabaco, para ella es una de sus mezclas favoritas, porque le recuerda al amor. Termina un poco exhausta, pero hoy tiene otros planes.

La castaña busca su premio, además ella lo desea demasiado, escucha el gemido de Stanley cuando por fin su mano lo han alcanzado. Ve el rostro de su tío, hay algo que siempre le ha gustado, algo que no puede dejar de amar, sonríe ya que encuentra un poco de sorpresa en los ojos de Stan, en esos ojos que guardan enteramente un lago de melancolía.

–¿Hoy llegaremos hasta el final? –pregunta ella, aunque sabe la respuesta de antemano.

–Tenemos un trato, no lo haremos hasta que te quite la virginidad alguien a quien realmente ames –pareciera algo de lo absurdo tener esa regla. Fue un acuerdo entre los dos desde la primera vez que ella se coló a su cama. Tal vez servía para acallar sus culpas, tal vez también era porque así guardaba el deseo de que ese día en algún momento llegaría.

Vuelve a ver el rostro de Mabel, en busca de la decepción de otras ocasiones, pero lo que haya es una enorme sonrisa, no necesita palabras lo ha entendido a la perfección.

–¿Quién fue? –no puede evitar preguntar.

Mabel deja por un momento de jugar con Stan, se acerca hasta su oído para susurrar tiernamente –Dipper.

Una ligera carcajada se escapa de la boca de Stanley, después de todo eso no le sorprende, tampoco le molesta. Es un hecho, un simple hecho que abre la puerta a un mar de posibilidades.

Entonces lo entiende, no hay porque contenerse, no hay porque conformarse con unas simples caricias, ahora son otros, a él no le importa que se una pre adolescente, a ella no le importa que sea un viejo, y el resto de universo puede joderse.

La estrecha entre sus brazos, besa sus labios, juguetea con su cabello, es tan hermosa, y se siente feliz.

–Me alegro tanto por ti Calabaza –le dice, mientras la sigue abrazando.

–Lo sé, me dijiste a que buscara a quien yo realmente amara, yo lo amo y mucho. Lo mejor es que él también me ama a mí –Mabel besaba los labios de Stan.

–Yo también te amo Calabaza, como a nadie en este mundo –le dijo Stanley, lo cual no era más que la verdad.

–Yo también te amo Grunkle Stan, así que por favor no me hagas esperar más –fue la respuesta de Mabel.

Cuando eres viejo uno podría pensar que el tiempo tiene más importancia, sin embargo, el parecer es cuando se vuelve más relativo. Al menos así era para Stanley Pines, no se volvía más joven, pero aquellos momentos necesitaban ser apreciados segundo a segundo, guardar en su memoria cada gesto, cada palabra, cada movimiento, y eso requería tiempo, para que nada fuera perdido así que él no tenía prisa.

Una vez más disfruto de cada centímetro de la piel de Mabel, de cada rincón que le produjera una sensación, que le permitiera conocer otro poco de lo desconocido.

Se sentía muy bien, demasiado bien, era distinto, esa era lo que mejor describiría a la situación, le fascinaba hacerlo con Dipper, después de esa primera vez lo hicieron muchas más, pero con Stan era diferente. Era la experiencia de eso estaba segura, después de todo, recuerda la sonrisa de Wendy, la recuerda muy bien. Supuestamente aquel era el día de descanso, pero regreso por unas cosas en la cabaña, ella iba de salida con Dipper, tenían como unos cuarenta minutos explorando el bosque cuando recordó que dejó su plancha para al cabello encendida. No quería ser causante de que la cabaña se incendiara o tener que recibir un regaño de Stan, por lo que le dijo a Dipper que regresaría corriendo, después de todo ella era más rápida que su gemelo.

Entró a la cabaña, supuso que no había nadie, pues todo parecía en aparente calma, fue hasta el ático, desconecto y guardo sus pinzas, estaba por regresar al bosque cuando un ruido atrajo su atención, este provenía de la oficina de Stan. Su curiosidad fue más grande, quería saber que era lo que pasaba. Al llegar la puerta estaba entra abierta, no la abrió de par en par como lo hubiera hecho en otras ocasiones, no, simplemente se acercó lentamente y se asomó discretamente para ver lo que ocurría.

Lo primero que siempre recuerda es la sonrisa de Wendy, su rostro teñido de rojo, mientras yacía boca abajo sobre el escritorio de Stanley. Una vez más vuelven todos los sonidos, cada palabra de la boca de su Grunkle Stan, cada palabra de la boca de Wendy, el rechinar del escritorio, los movimientos de sus cuerpos. No era estúpida, mucho menos después la charla de la glándula pituitaria, no necesitaba una respuesta, sabía que la pelirroja y su tío tenían sexo.

No se quedó mucho tiempo, únicamente fueron unos cuantos minutos, se fue de la misma forma discreta en la que había llegado, rápidamente encontró a su gemelo y el día continuo como si nada.

Pasaron los días, Mabel no podía dejar de pensar en lo que había visto, se sentía rara, algo en serio la estaba molestando. Algo comenzó a llenar su pecho, lo cual la llevó a hacerse preguntas, para encontrar una única respuesta, ella estaba celosa de Wendy. Mabel también deseaba que su tío, su adorado Grunkle Stan la tocara de esa manera, ella deseaba sentir lo que esa tarde vio en Wendy. Fueron los celos la que la llevaron a colarse por primera vez en la cama de Stan.

En realidad, no estaba segura si Stan seguía teniendo sus momentos de "diversión" con Wendy, pero al mismo tiempo dejó de molestarla, después de todo la pelirroja llegó primero, no quería quitarle eso.

Ahora en ese preciso momento Stanley estaba únicamente para ella, nada más importaba, cada toque la sacaba de su ensoñación, trayéndola a una experiencia llena de éxtasis, de placer, de lo que ella estaba esperando desde hace tanto.

Sus manos eran grandes, recorrían cada uno de sus rincones, pesé a lo que muchos pudieran imaginar, el cuerpo de Stan era suave y cálido, increíblemente confortable. Este separó lentamente las piernas de Mabel, arrojó su musculosa al piso.

–¿Estas lista? –le preguntó, sonrió por lo que estaba por hacer.

–Desde hace mucho tiempo –fue la respuesta de Mabel.

Ya no hubo palabras, Mabel sintió como fue entrado lentamente, aunque lo había hecho con Dipper no dejaba de doler un poco, después de todo ella conocía el pene de Stan, era bastante grande, hasta este punto nunca pudo meterlo totalmente a su boca.

Stan pudo ver el dolor en la cara de Mabel, por lo que siguió haciéndolo lentamente, para que su cuerpo se acostumbrara. El dolor se desvaneció rápidamente, amaba esa sensación de sentirse "llena", le hizo un gesto a Stan para que comenzara a moverse y así fue. Después de unos cuantos minutos los gemidos de ambos llenaban la habitación, estaban completamente entregados al placer.

Stanley sin duda era más brusco que Dipper, sin embargo, Mabel descubrió que le gustaba ese ritmo, cada vez que salía de ella para volver a penetrarla, lo hacía un poco más fuerte lo cual provocaba que un enorme gemido de placer se escapara de su boca.

Mientras entraba y salía sin detenerse, usaba sus manos para estimular muchos de los puntos sensibles de su sobrina, se detuvo en su punto más dulce. Una vez más de manera instintiva Mabel arqueó su espalda, fue un choque eléctrico directo a su cerebro, terminó corriéndose sin que pudiera evitarlo. Joder había sido fantástico.

Su Grunkle Stan salió de ella por unos segundos, se sintió un poco decepcionada porque él no había llegado. Por lo que sonrió cuando le pidió que se diera la vuela y levantara el culo, fue feliz, por fin tendría lo que vio en Wendy ese día.

Levantó su hermoso trasero, Stan se quedó unos segundos, admirando todo lo que esa extraña noche le había ofrecido.

El ritmo comenzó de nuevo, mierda ese calor que lo envolvía amenazaba con volverlo loco, su casi sofocante estrechez, en esa posición se dio el lujo de incluso jugar con las nalgas de la castaña, no cabía duda, que aquello se acercaba bastante a la locura.

Estaba seguro que no resistiría mucho más, una vez más pasó su mano entre las piernas de Mabel, buscando su clítoris, esta vez debían de terminar juntos.

Su cuerpo una vez más se sacudía ante el orgasmo que la había alcanzado, Stan salió de ella, la volteó, y derramó todo su semen sobre el estómago y pecho de Mabel, ambos se miraban mientras no paraban de sonreír.

Después de un poco de limpieza necesaria ambos estaban acurrucados entre las cobijas, diciendo cosas sin sentido, de esas tan clásicas de Stan y Mabel.

–¿Grunkle Stan puedo preguntarte algo? –le decía la castaña mordiendo un poco su pelo.

–¿Qué pasó Calabaza? –le decía mientras acomodaba su almohada.

–¿Te molestaría si hiciera esto con el tío Ford? –fue la pregunta de Mabel.

Stanley por un momento se quedó callado, meditando su respuesta. –No, por supuesto que no. Mientras no deje de ser tu tío favorito –dejó escapar una leve risa.

Mabel abrazó con más fuerza a Stanley y le dio un pequeño beso en los labios –Eso nunca pasará, siempre serás mi favorito.


Toda es tarde la había pasado junto a su tío Ford, iniciaron recabando unas pequeñas muestras por todo el valle de Gravity Falls. Ya de regreso en la Cabaña estuvieron jugando por horas Race for the Galaxy, aunque Ford no dejaba de quejarse de como algunas cosas eran realmente "inexactas". Después de la cena ambos de se despidieron, lo más divertido era que pasarían esa noche catalogando las reacciones luminiscentes de los cristales que habían encontrado dentro de la mina, sin duda para esos dos no existía nada más divertido que la ciencia. Además, Stan y Mabel preparaban un maratón de Patotective, esos dos estaban demasiado emocionados por descubrir quién era el padre de los patitos.

Habían terminado de catalogar los cristales por su peso y sus componentes, ahora tenían que esperar un par de horas en lo que la solución en la que los coloraron hiciera reacción para medir su índice de luminiscencia. Tal vez había tiempo para otro juego pensaba Ford.

–Sabes tío Ford a veces siento un poco de envidia de Mabel y Stan –le decía Dipper mientas se sentaba sobre el tablero de la consola del laboratorio, a unos cuantos centímetros de donde se hallaba Ford.

–¿A qué te refieres Dipper? –le preguntó el viejo científico.

–Sí, bueno ya sabes. A que su relación es extremadamente estrecha, a veces incluso creó que lo quiere más que a papá –confesó el castaño.

–Supongo que es porque sus personalidades son bastante similares, pero no creo que lo quiera más que a Robert de eso estoy seguro –respondió Ford. – ¿Acaso te sientes celoso?

–No sé si "celoso" sea la palabra, pero me gustaría tener algo así. Tengo un vínculo muy fuerte Mabel, pero lo de ellos es distinto, no sabría cómo explicarlo –le resultaba algo tonto decirle todo eso a su tío Ford.

–Te entiendo Dipper no te preocupes –le sonrió a su sobrino.

Las mejillas del castaño se sonrojaron por lo que estaba a punto de decir. –Quisiera que nosotros fuéramos así.

–Hacer lo que ellos hacen –Dipper siguió hablando.

–Nosotros hacemos muchas cosas parecidas –señaló Ford.

–No, no me entiendes. Ellos hacen muchas cosas, cosas de adultos –fue lo que dijo Dipper.

Esas palabras tomaron por sorpresa a Ford, no supo cómo interpretarlas de primera instancia. No estaba seguro a lo que se refería su sobrino.

–¿Cosas de adultos? ¿Qué clases de cosas Dipper? –le pregunto a su sobrino.

–Cosas como esta –nunca pudo haberse imaginado lo que pasó. En un instante los labios de su sobrino estaban sobre los suyos. No fue más que unos segundos, pero pudo comprender muchas cosas.

–Mason –fue lo único que atinó a contestar.

–¿Estas molesto? ¿Te enojaste conmigo? –pudo ver un poco de incertidumbre en los ojos de Dipper.

–No, claro que no. Es sólo que me tomaste por sorpresa –fue lo único que atino a responder Stanford.

–¿Así que este tipo de cosas suelen hacer Stan y Mabel? –lo cuestionó su tío.

–Si –por un momento Dipper sintió que se había equivocado, que había cometido un error.

–¿A ti no te molesta? –fue lo que preguntó Ford.

–No, no me molesta creo que me intriga –esa fue la respuesta de Dipper.

–¿Tú has hecho alguna de estas cosas con Stan? –Ford necesitaba saber ciertas cosas.

–No, nunca. Eso es sólo de Mabel y el tío Stan –movía sus manos en todas direcciones.

–¿Y con Mabel? –a este punto Ford había hecho miles de hipótesis en su cabeza, cada pregunta lo llevaría a una respuesta, a una idea y eso le permitiría actuar.

No fue necesario que le respondiera, su cara completamente roja lo había delatado, de manera instintiva evitó la mirada de Ford.

–Bueno –hizo una pausa. –Nosotros –no encontraba como decírselo a Ford.

–No es necesario que me digas, tal vez puedas mostrarme –al escuchar esto una enorme sonrisa cubrió el rostro de Dipper.

Mason fue hasta donde se encontraba su querido tío Ford, escaló hasta quedar en horcajadas mirándose frente a frente. Por un momento Dipper volvió a sentir duda, pero por alguna razón la sonrisa de Ford le dio tranquilidad. Primero acarició el rostro de su tío, era viejo, lleno de arrugas, se veía un poco más joven que Stan, sin embargo, seguían compartiendo eso ojos azules, ligeramente triste que poco a poco se iban tornando grises, testigos de una vida larga. Tenía rasgos fuertes, ángulos cuadrados, esa barbilla rasposa pese a la peculiar forma de quitársela. Olía bastante bien, existía cierto rastro de sustancias químicas, colonia y whisky, lentamente fue cerrando los ojos, eso lo había aprendido de Mabel, no debía de apresurar los momentos.

Los labios de Ford eran gruesos, ligeramente rasposos, pero desataban una sensación incontenible en su pecho, fueron al inicio besos ligeros, tranquilos, que tenían como propósito investigar las reacciones de su tío. Su cuerpo se estremeció cuando finalmente la boca de Ford se abrió, el hizo lo mismo, sus lenguas se tocaron y todo cambio. Se dio cuenta de que tan distinto era ese beso, con Mabel existía un equilibrio, pero con Ford era algo que su cerebro no tenía registrado. No podía decir que se sentía frágil o intimidado, pero en cierto sentido la palabra que llegaba a su mente era "dominado", si, eso era lo que describiría a la perfección la situación, él ahora era dominado por Ford. Ya que este dictaba el ritmo de ese beso de "adultos", de ese contacto que había fantaseado desde que le confesara Mabel su relación con Stan. Como la lengua de Ford jugaba con la suya, haciendo que cada parte de su cuerpo reaccionara, exigiéndole que no se detuviera. Dipper dejó los labios de Ford cuando le fue necesario respirar, debía de hacerlo o su cerebro se fundiría por completo.

–Eso ha sido toda una experiencia –dijo Ford mientras acaricia la mejilla de Dipper.

Dipper asintió mientras se deleitaba con el ligero toque de su tío. En su cabeza buscaba como pedirle un poco más, aunque no fue necesario.

–Supongo que yo también puedo enseñarte algunas cosas –eso hizo que de nuevo el corazón de Dipper diera un vuelco.

Ford le hizo un gesto para que se diera vuelta sin bajarse de sus piernas, le quito el gorro de para que seguía cubriendo el cabello de Dipper. Estaba bastante limpio tomando en cuenta lo poco que le gusta bañarse, olía un tanto a chicle, al parecer le gustaba usar el champú de su hermana, resultaba divertido pensar como ciertos rasgos infantiles se negaban a dejar al joven Pines.

Sin que su sobrino lo pudiera ver él sonreía, sería un acto infame fingir que no conocía lo que ocurría entre su hermano y la cajera. Incluso lo de su sobrina tampoco le resultaba descabellado, no, porque después de todo Stanford Pines tenía sus propios secretos.

Secretos que se remontaban a Jersey, dentro del fuerte de sabanas donde su hermano y él descubrieron que los lazos familiares pueden volverse incluso mucho más grandes. Los juegos de hermandad siguieron durante su adolescencia, era la ventaja de tener un gemelo que además es tu mejor amigo, del cual su novia tenía una extraña afición por descubrir desde la oscuridad cuál de los dos se la estaba follando. Incluso aunque se separaron por muchos años, eso en perspectiva le permitió conocer otra clase de familia, la que pueden ser los "amigos". En esos recuerdos llega el rostro completamente rojo de Fidds, mientras se encuentra arrodillado frente a él, su amigo siempre fue tan inocente, un hombre sureño en muchos aspectos. Y después, como muchos otros Fiddleford descubrió cosas que habitaban en lo más profundo de él, tantos años en los que fueron amantes, en los que de manera descarada lo llamo "amigo" frente a su esposa. Ford siempre experimentaba cierta satisfacción, incluso lo hacía deleitarse bastante cerca del sadismo, ya que él conocía los deseos más básicos de Fiddleford, lo que lo hacía gemir sin siquiera ser tocado, lo que le hacía pedir a gritos ser penetrado, es decir, su verdadera naturaleza.

Ahora no sólo juega con el cabello de Dipper, sus manos han descendido lentamente por los costados de su sobrino, y las ha llevado dentro de su camisa. Las caricias son ligeras, no tienen prisa, después de todo el tiempo es relativo. Siente como con cada uno de sus toques la respiración de Dipper comienza a cambiar, como se va pausando lentamente, para después dejar escapar un leve suspiro. Como su piel de casi adolescente comienza a elevar su temperatura, a humedecerse, a erizarse, esa sensación es casi perfecta.

Ford tiene muchas sensaciones en su mente la cual tiene el privilegio de no poder borrada, ahí se esconden los encuentros furtivos con su gemelo, con su mejor amigo Fidds, pero también todas esas experiencias dentro del portal. Esas a las cuales no cualquier humano tendría acceso, existían muchos por usar una palabra de la tierra a lo que el llamaría "amantes". Hembras, machos, otros a los cuales ninguna designación podría describirlos, adultos, viejos, seres a los cuales el paso del tiempo jamás había tocado, y jóvenes, tan jóvenes como su pequeño sobrino que ahora se retuerce ligeramente en sus piernas.

Ahora jugaba ligeramente con los pezones de Dipper mientras mordía ligeramente su cuello, el castaño instintivamente había apretado sus piernas, intentando ocultar la excitación creciente en su entrepierna.

Le susurra al oído que no tiene porque hacerlo, es una reacción biológica del cuerpo después de todo. Escuchar así la voz de Ford, tan cerca, tan íntima, tan desconocida, hace que un choque eléctrico baje por la columna de Dipper para regarse por todo su cuerpo. A este punto el joven Pines está seguro que en su piel se han hecho marcas, las huellas por donde ha pasado su tío Ford, ha escrito en él como lo hizo con sus diarios, dejando esos mensajes invisibles los cuales sólo Dipper puede descifrar.

Dipper con palabras entre cortadas le pide a Ford que continúe, no era necesario ya que el viejo sabía lo de debía hacer.

Es grande, es lo único que puede pensar Dipper en ese momento, la mano de Ford es grande, tal vez sea por ese digito extra, pero puede cubrir a la perfección la erección de Dipper. Es mucho más suave de lo que hubiera imaginado, es tan hábil, lo toca en los lugares precisos, lo que provoca que sus gemidos se vuelvan más fuertes, casi incontrolables. Intenta acallarse tapando su boca, pero su tío le pide que no lo haga, Ford quiere escucharlo, quiera verlo, quiere sentirlo, quiere apropiarse de él.

Lo obedece sin dudarlo, el quisiera hacer algo más, no simplemente estar entregado al placer, ya que puede sentir la excitación de Ford chocando contra él. Sin embargo, no puede, sus piernas tiemblan con cada toque de su tío, sabe perfectamente que se desvanecería en cuanto toque el piso, así que por ahora se dedica a disfrutar.

Ford se da cuenta de que entre sus dedos se cuela el líquido pre seminal de su sobrino, siente como palpita con cada uno de sus movimientos, con su pulgar acaricia el aun pequeño glande de Dipper. Una sonrisa se enmarca en su rostro al sentir como su sobrino se arquea y gime fuertemente, sigue acariciándolo, bajando y subiendo, controlando cada movimiento, cada reacción del castaño, le fascina saber que es él quien puede tenerlo de esa manera.

A este punto es inexplicable, Dipper ya no tiene palabras suficientes, ni pensamientos coherentes que le permitan formular la más mínima expresión, únicamente puede sentir.

Todo es confuso, eléctrico, húmedo, veloz, excitante, es tanto y nada al mismo tiempo. Sólo sensaciones primarias, pero también es ahí cuando lo comprende, él puede sentir todo eso gracias al amor, si, al amor que siente por Ford, por Mabel, por Stan, por su familia.

Está tan cerca, siente como esa sensación va llenado su pecho, su estómago, su entrepierna, todo su cuerpo.

–Tío Ford –es lo que se forma en sus labios antes de terminar.

Su semen ha quedado en esparcido por toda la camiseta roja que lo caracteriza, puede sentir una de las manos de Ford contra su pecho, deteniéndolo para que no se caiga, mientras que la otra lo sigue acariciando, jugueteando con su pene mientras su erección desaparece.

–Lo siento –es lo que dice el castaño, después de unos cuantos segundos.

–¿Por qué te disculpas? –le pregunta Ford.

–Porque tú has hecho todo –hizo una ligera pausa. –Eso no es justo.

Ford sonríe, siempre le ha gustado ese sentido de empatía que caracteriza a su sobrino. –También lo he disfrutado –es lo que responde.

Dipper se voltea, y ve a su tío. Sabe que no está mintiendo, pero que no es del todo la verdad. Vuelve a besar esos labios, los cuales considera llenos de sabiduría., acomoda ligeramente su ropa y baja de las piernas de Ford, ahora una vez más se miran frente a frente.

–Es la primera vez que lo hago –dice sonrojado. –Bueno la primera vez que lo haga con alguien que no es Mabel, y que además es hombre.

Ahí estaba de nuevo la sonrisa en la boca de Ford.

–Así que necesitaré que me digas un poco que es lo que debo de hacer –seguía un poco apenado, pero extrañamente emocionado.

–No tienes que hacerlo sino lo deseas –le dijo Ford acariciando su cara.

–Pero –de nuevo había una pausa. –Pero si lo deseo.

Otra vez no puedo evitar sonreír, a decir verdad, él también lo deseaba, así que estaba bien continuar.

Volvió a besar a Ford, en un beso profundo, saboreando sus labios y su lengua, llenándose del valor que le proporcionaba ese beso.

Dejó los labios del científico, Dipper fue bajando lentamente, hasta quedar arrodillado frente a Ford. Sus mejillas se tiñeron de rojo, a esa distancia y en esa posición era inevitable no ver la erección de Ford dentro de sus pantalones.

Desabrochó el cinturón de Ford, después el botón de los pantalones, para poder bajar el cierre, sus manos temblaban sutilmente mientras lo hacía, pero no estaba dispuesto a detenerse.

Era un hombre de ciencia, por lo que le era más difícil adherirse a conceptos como el infierno, aunque desconoce a qué se enfrentara una vez que muera, lo que en ese momento tiene ante sus ojos hace que la más mínima duda que tenga con el destino de su alma desaparezca.

Los había visto desnudos en muchas ocasiones, albergaba la esperanza de que su cuerpo cuando fuera adulto tuviera algo de la virilidad de sus tíos abuelos. Sobre todo, del que tenía enfrente, era verdad, este lucia mucho más joven que su contraparte, su cuerpo guardaba una agilidad digna de cualquier atleta. Se mentiría a mismo si no admitiera que cuando compartían el baño o el jacuzzi no se tomaba unos segundos extras, para observar con algo más que curiosidad la entrepierna de sus tutores de verano.

Ese ligero estremecerse de sus manos seguía, ahora únicamente el bóxer de Ovnis que lo había hecho reír un poco lo separaba de una revelación.

Sus ojos se abrieron un poco, era mucho más grande lo que pudo imaginar, rodeado de vello gris y entre cano, además comenzaba a salir un poco de líquido pre seminal.

–Hazlo a tu ritmo –le dijo Ford.

El castaño únicamente asintió, aun con sus dos manos seguía siendo bastante grande. No estaba seguro de lo que debía de hacer, así que pensó en hacer lo que Mabel le había enseñado, incluso lo que hacía para sí mismo cuando su gemela dormía en la casa de una amiga.

Sus movimientos lentos, sutiles, ofreciendo un poco de fricción, como si dentro de la cabeza de Dipper cada acción tuviera que ser meditada. Siempre mirando a Ford, en busca de esa reacción que le dijera que estaba haciendo lo correcto. Se sintió feliz cuando debajo de las gafas de Stanford un rojo intenso comenzó a formarse además de empañarse ligeramente, sus manos subían y bajaban lentamente, podía sentir la excitación creciente debajo de su cintura.

Un gemido casi ahogado se escapó de la garganta de Ford cuando Dipper comenzó a usar su lengua, el chico Pines conocía es sabor de su semen gracias a su ingeniosa y atrevida gemela. Sin embargo, eso era distinto, la piel del pene de Ford estaba caliente y palpitante, la punta era sensible y esponjosa, sabia, a qué sabia, fue la pregunta en la cabeza de Mason. Era una mezcla entre amargo y salado, no era agradable pero tampoco lo contrario, era como ese caramelo negro, un gusto que debía de ser adquirido.

No se equivocó, con el paso de lo minutos fue mucho más fácil, incluso se consideró más ágil, su lengua surcaba toda la longitud de Ford, para dedicarle un poco de tratamiento especial al glande, y saborear el líquido pre seminal que cada vez era mucho más abundante. He hecho sin que diera cuenta usaba una mano para tocarse a sí mismo.

Stanford Pines había tenido muchas experiencias cuestionables durante su vida, pero en su mente un extraño regocijo se formaba al ver a su sobrino concentrado en complacerle, al parecer esta de alguna manera se había vuelto la mejor de todas. Si lo comparaba con sus amantes era torpe, pero el nivel de excitación que se acumulaba en su cuerpo amenazaba con provocarle un infarto, si, él estaba perdido en las sensaciones que le provocaba Dipper.

Tuvo que detenerlo, lo sujetó de la barbilla y le pidió que parara. Dipper estaba por decir algo, cuando ahora era Ford quien lo besaba, ese beso era demasiado intenso, sus lenguas jugaban, mezclando sabores, haciendo que ambos dejaran escapar gemidos que inundaron el lugar.

Continuaron hasta que fue necesario respirar, Dipper miró a Ford, ahí estaba su tío sonriendo, eso simplemente le encanto.

Se levantó de su lugar y otra vez agarró la barbilla del castaño y le dijo sin perder esa sonrisa. –Abre la boca.

Así lo hizo, ahora el pene de Ford entraba y salía de su boca, era rápido, duro, sin contemplación e increíblemente excitante. Por un momento pensó que, si mandíbula se dislocaría, pero no fue así. Sus manos se ocuparon en complacer su propia erección, mientras que Ford follaba su boca.

Cada vez iba más rápido y profundo, sus ojos estaban entrecerrados y llorosos, su saliva había cubierto por completo el pene de Ford. En el laboratorio los sonidos más obscenos que alguno de los dos hubiera escuchado se repetían con el sutil eco, además se intensificaban a cada segundo. Era Stanford quien dictaba el ritmo, había sujetado la cabeza de Dipper, lo hacía ir a cada movimiento mucho profundo. Era tan húmeda y caliente la boca de su sobrino que estaba a punto de enloquecer, había accedido como los Dioses de las viejas leyendas a lo que cualquier mortal simplemente puede soñar. Era imposible detenerse, estaba muy cerca de su límite por lo que no iba a parar. Entraba y salía de manera casi frenética de la boca del castaño, el cuerpo de Dipper respondía de manera automática ante el placer que sentía, sólo unas cuantas estocadas más y el semen caliente y espeso de Ford bajaba por su garganta. El viejo no lo pudo evitar un gemido casi bestial había salido de su boca ante tal satisfacción, por fin soltó a su sobrino y volvió a dejarse caer en la silla.

Dipper cayó de frente, tosiendo un poco, intentando que esa sensación de casi ahogarse se desvaneciera de su cuerpo, mientras de un poco de semen se escurría de su boca. Miró hacia abajo, el mismo se había corrido cuando sintió que Ford terminaba en su boca.

Esa noche había tenido el mejor resultado esperado.

Su tío lo levantó del piso, lo volvió a colocar sobre sus piernas. Ahora su espalda se encontraba recargada contra el pecho de Ford, esté de nuevo jugaba con su pelo.

–Supongo que ya no podrás estar celoso de Mabel –le decía mientras acariciaba su mejilla.

–No, ahora estamos iguales –Dipper había volteado para mirar los ojos azules de Ford.

Ambos sonrieron y se perdieron en un cómodo silencio, como si fuera necesario para poder entender las lo que sucedió.

–¿Tío Ford puedo preguntarte algo? –decía Dipper rompiendo e silencio.

–Claro que si Mason –respondió mirando a un punto inexacto en la pared.

–¿Te gustaría hacer esto con Mabel? –el castaño sonaba un poco apenado.

Ford sabía que esa no era una pregunta cualquiera, no, Dipper esperaba encontrar algo más en lo que Ford respondiera.

–Supongo que, si digo que sí, eso significa que tú también lo puedes hacer con Stanley –ahí estaba de nuevo la sonrisa ligeramente engreída de Ford. –¿Acaso me equivoco?

–No, por supuesto que no te equivocas –contestó Dipper.

–Entonces hagamos lo que tengamos que hacer –Ford no puedo evitar sentirse excitado una vez más.

Esa noche el plan de Dipper y Mabel había tenido excito, encontraron un sendero que estaba felices de transitar, pero esto apenas comenzaba después de todo casi cualquier cosa es posible en Gravity Falls.


Ahora lo saben, todos y cada uno de ellos. En realidad, lo sabían desde que Stanford regresó a través de portal, todo ellos eran una versión de sí mismos de las infinitas que existían, no estaban seguros de en cuantas aprobarían lo que ellos hacían. Pero después de todo daba lo mismo ya que a ellos, lo que vivían ese momento, poco o nada les importaba, para los Pines estaba bien, de hecho, no imaginaban que pudiera ser de otra manera. No esa era la vida que deseaban vivir.

Han sido un poco más de cinco años desde la noche en que Dipper y Mabel llevaron a cabo su plan, era meticuloso y bastante pensado, después de todo implicaba que su propia relación fuera descubierta. Para su fortuna todo salió como esperaban, todo fue distinto, y al mismo tiempo mucho mejor.

Al poco tiempo Dipper se había escabullido en la habitación de Stan, el deseaba saber todo lo que su gemela conocía, así que lo hizo. Él también le entregó su cuerpo, sus labios, sus sentimientos y experiencias, Dipper necesitaba que fuera así. Stanley lo aceptó, ya que también lo deseaba, su pecho se aceleró aquella madrugada en la que escuchó que la voz y los pasos no eran de Mabel.

La castaña estaba segura que el lugar en su corazón que ocupaba Stanley no cambiaría, sin embargo, eso no significaba que no estuviera interesaba en lo que Ford podía ofrecer. Recuerda ese día cuando ambos viajaban al pueblo vecino por unos comestibles, era su capricho aquel helado de chocolate con fresas. Fue tan gracioso que estuvieron a unos cuantos centímetros de salirse de la carretera, y únicamente porque ella había agachado su cabeza en busca de la entrepierna de Ford. Ella no pudo evitar reír al ver en la cara de Ford el disgusto, fue también divertido que sólo unos minutos después de la follara tan duro que su entrepierna dolió por dos días, además por primera vez Ford actuó y después hizo las preguntas.

Pero todo eso era parte del pasado, y lo que importa es el aquí y el ahora. Ella volvió a abrir los ojos para encontrar el rostro totalmente enrojecido de su gemelo, su boca abierta, dejando de escapar un poco de saliva, ella no podía dejar eso pasara por lo que empezó a besarlo, jugando con su lengua, pero era inevitable no parar cuando los penetraban de fuertemente. Stanley estaba concentrado en romper el culo de Dipper, era tan perfecto, tan estrecho, lo hacía llegar a los limites te placer, a la cercanía de la locura. Mabel tampoco podía evitar gemir mientras Ford media hasta el fondo de su trasero un consolador sin dejar de penetrar su vagina, era imposible que su cuerpo no reaccionara, su útero pedía a gritos que continuara. Ford lo deseaba hacer más fuerte, sujetaba las caderas de su sobrina hasta dejar las marcas de sus seis dedos en su piel. Dipper había dejado los labios de Mabel, para bajar a su pecho, después de la pubertad y la adolescencia había alcanzado una copa C, saboreaba lo pezones rosados y erectos, mientras sentía como Stanley no dejaba de golpear su próstata, su cabeza estaba a punto de hacer corto circuito. Lo bueno es que ese bunker había cumplido su función, la de protegerlos, la de permitirles escapar de la realidad.

Sus cuerpos estaban cubiertos de sudor, y a unos cuantos roces más de llegar al orgasmo. Mabel sintió como su vagina era inundada por el semen de Ford, el viejo estaba perdido ante las sensaciones de las paredes vaginales estrecharse alrededor de él, exprimiendo hasta la última gota. La polla de Stan era tan gruesa, golpeaba tan duro su interior, no le permitía hacer otra cosa que no fuera gemir, además la mano de su tío no dejaba de masturbarlo. Su semen salió en un chorro blanquecino cubriendo su estómago y el de Mabel, después de eso se dejó caer sobre su gemela. Había algo terriblemente encantador en la nueva masculinidad de Dipper, ahora era tan alto como ellos, incluso su cuerpo tenía una cantidad de musculo considerable, incluso tenia vello sobre su pecho, pero seguía conservando esos ojos inocentes y curiosos. Eso sencillamente fascinaba a Stanley, era un placer incompresible ver como su pene desaparecía entre las nalgas de Dipper, como era capaz de soportar el ritmo que él dictaba e incluso pedirle más. El calor y la estrechez era magníficos, además de los gemidos y palabras obscenas de se escapaban de la boca del castaño cada vez que golpeaba su próstata. Era viejo, no aguantaría mucho más, por lo que era necesario usar sus mejores armas, habilidades heredadas de sus días en la calle, de las veces que tuvo que vender su culo para no morir de hambre. Pero eso no importa, quiere hacer que su sobrino tenga uno de los mejores orgasmos de su vida, utiliza sus manos, acaricia la polla de Dipper, siente como se estremece ante su tacto. Ninguno de los dos lo aguanta mucho más tiempo, Stan termina dentro de Dipper, deja que su semen caliente llene hasta el fondo al castaño.

Sin embargo, la noche apenas comenzaba.

Mabel sonreía, estaba feliz. Después de todo en unos minutos ella sería la protagonista, haría uso de ser la Estrella Fugaz. Estaba rodeada de ellos, de sus personas favoritas en el mundo, de su gemelo, de sus tíos, de sus novios, de sus amantes, de los Pines. Sus piernas comenzaban a temblar, mientras que semen de Ford se escurría lentamente por su pierna, era maravilloso que el Bunker estuviera equipado con esa habitación, y sobre todo con esa cama Queen Size. Los hombres Pines tomaban la bebida re habilitante de la invención de Ford, era necesaria, sabían que estaban por enfrentarse a Mabel.

Ahora estaban los tres a su alrededor, Stan la recostó sobre la cama y comenzó a besarla, Ford fue a su pecho, lamiendo y mordiendo sus pezones, que estaban más sensibles de lo usual. Dipper separó lentamente sus piernas y comenzó a limpiar el desastre que había dejado su tío. Solo habían pasado unos cuantos segundos y estaba a punto de llegar a un nuevo orgasmo, podía sentir la lengua de Dipper entrar y salir de ella, mientras que su cuerpo mandaba señales eléctricas a su cerebro. Su gemelo seguía saboreándola cuando Ford y Stan le pidieron que usara su boca, ella era muy buena haciéndolo, lo divertido era que Stanford le había enseñado. Recuerda el éxtasis de ver al viejo científico complaciendo a Stan y a Dipper, los conoce muy bien, sabe que hacer para que reacciones. La polla de Stan es gruesa, la punta es esponjosa y sensible, además le fascina que ella dedique tiempo a sus bolas, las mete en su boca y juega con ellas, después regresa para limpiar todo el líquido pre seminal que ha salido. Es larga, así describiría la polla de Ford, es larga y venosa, pero a él le gusta usar su boca como si fuera un coño, le gusta meterla hasta su garganta, le gusta que salga cubierta de la saliva de Mabel. Que los ojos de la castaña estén vidriosos y su respiración sea agitada, y los sonidos obscenos que esta hace cuando el pene de Ford entra cada vez más profundo.

Su cuerpo se arquea, se tensa, su mente se pone en blanco cuanto el orgasmo llega, la boca de Dipper está llena del sabor de su gemela, mientras que la boca y la cara de Mabel esta cubiertas del semen de Ford y Stan.

No hay tiempo de detenerse, ahora es Stanley quien esta recostado, hace un gesto, no es necesario que lo explique. Las piernas de Mabel aún están temblando por lo que se decide gatear, la polla de Stan sigue firme, ella va bajando lentamente, siente como su vagina se expande, como le permite entrar hasta lo más profundo. Pero todavía no es tiempo de comenzar a moverse, una mano que conocería hasta en el infierno la hace hacia adelante, se recarga sombre su tío Stan, este aprovecha para besarla. Ahora un par de dedos juegan con su culo, poniendo un poco de lubricante en su interior, ahora son tres, el beso de Stan sigue amortiguando sus gemidos. Pero sus labios no lo resisten, es necesario liberar ese ligero grito cuando siente que Ford esta también dentro de ella. Es tiempo de moverse, el ritmo esta sincronizado, se siente tan llena, ambos golpean profundo, la hacen gemir tan fuerte, que su garganta podría desgarrarse. Pero esa sensación no dura mucho, ahora es Dipper quien usa su boca como si fuera su vagina, el pene de Dipper le exige atención, y ella se la da. Aunque nunca lo dirá es su favorita, le encanta su forma, su tamaño, su sabor, ella ama tanto a Dipper que lo desea todo de él.

Una vez más están demasiado cerca, las embestidas de los tres son cada vez más fuertes y rápidas. Siente como los Stan's juegan con su clítoris, mientras que Dipper acaricia y jala sus pezones. Es demasiado, demasiado para ella, su orgasmo la golpea duro, y se escurre sobre la polla de Stanley. La sensación liquida y caliente hace que el viejo estafador vacié todo su semen dentro de Mabel, Ford parece estar en sincronía, él vuelve a terminar dentro de su sobrina, pero ahora en su hermoso y perfecto culo. Dipper sujeta la cabeza de Mabel para que esta no deje escapar ni una sola gota, el chorro es fuerte, caliente y espeso. La castaña esta tan perdida en sus propias sensaciones que no importa que un poco del semen de su gemelo se escape por su nariz, su cuerpo continúa sacudiéndose, dejando que, de su culo, su vagina y su boca se escape la sustancia primigenia de los Pines.

La noche continuó así, Mabel termino cubierta del semen de sus hombres favoritos, mezclados entre sí. Cabalgó sobre cada uno de ellos hasta que sus piernas y caderas dejaron de responder, limpio cada una de sus pollas para llenarse de ese sabor que tanto le gustaba. Dejó que cada uno de ellos hiciera lo que quisiera con ella, dejo que les pertenecieran su vagina, su culo, su boca, todo su cuerpo, era para ellos tres y nadie más.

De esa manera los encontró el nuevo día, los cuatro estaban recostados sobre la cama. Hablando como todos los demas, de cosas mundanas y sin sentido. Haciendo planes, celebrando el futuro, y lo que les esperaba.

El día anterior Mabel había descubierto que tenía dos meses de embarazo, si, la castaña estaba embarazada. ¿Quién era el padre? Esa fue una pregunta de la cual nunca importo la respuesta, era un Pines y eso era lo único que importaba. Todos estaban felices, dentro de unos cuantos meses la familia crecería un poco más.

Esa era la palabra clave, Mason, Mabel, Stanford y Stanley eran familia. La familia que siempre desearon, la que construyeron juntos. Ellos eran Pines, ellos era lo que deseaban, era su propia versión de familia.

FIN

Si llegaste hasta este punto, muchas gracias leíste 23 páginas de NSFW y SMUT además de alrededor de 12000 palabras. Espero que haya sido de tu agrado, no olvides dejar tu comentario.

HASTA LA PRÓXIMA.