Midoriya tiene cosas en la cabeza, siempre tiene cosas en la cabeza, siempre esta pensando en algo cada momento de su día a día, pero hay solo una cosa en la que piensa sin siquiera darse cuenta, al verlo... su cabeza se llena de imágenes de él, al escucharlo no puede dejar de escuchar su voz retumbando una y otra vez, aunque cuando menos se da cuenta... solo hay cosas de él inundando sus días.

¿Cuando comenzó? ¿Cuando comenzó a sentir que su presencia se hacia necesaria para cada día de su vida? ¿Cuando... comenzó a enamorarse?

-Midoriya...

Podía observarlo cada segundo, su cabello rubio, sus ojos de ese singular tono purpura que a la luz cambiaba a un suave tono azul.

-Midoriya

Los rasgos extranjeros de su rostro, los movimientos delicados de sus manos cuando comía o hacia cualquier otra cosa, la manera en la que intentaba dar lo mejor de si para utilizar su singularidad sin verse afectado.

-¡Midoriya!

Y claro... su sonrisa.

-Midoriya me estás poniendo nervioso...- Aoyama no pudo evitar notar que Midoriya había pasado alrededor de cinco minutos observándolo sin decir palabra alguna y eso sin duda lo estaba haciendo sentir entre nervioso y algo intrigado, ¿tenía algo en la cara?

Midoriya en lugar de responder tan solo se rasco la parte trasera de la cabeza y soltó una ligera risa nerviosa.

-L-Lo siento, es solo...- ahora que lo pensaba no era tan buena idea decirlo, tal vez era demasiado apresurado apenas llevaban saliendo seis meses y puede que los consejos que estaba leyendo de aquel libro que había conseguido en aquella librería no era tan bueno pero sin duda tenía algo importante en él. -¿quieres salir hoy?-

Los ojos de Aoyama se agrandaron para dar paso a un hermoso brillo de emoción que destello en ellos luego de escucharlo.

-Me encantaría, mon amour~- respondió el francés con una sonrisa -¿que tienes planeado?- no podía ocultar su emoción, era de las pocas veces que Midoriya decidía salir, usualmente era él quien lo sugería.

Midoriya solo tenía un lugar al cual quería ir con Aoyama.

[...]

Fue un corto viaje en autobús, su destino no fue ningún otro más que la pequeña feria que había en el centro de la ciudad. Era casi como la misma feria a la que habían ido... en su primera cita.

Aunque esta tenía algo diferente.

-Bienvenidos al "Pequeño París"~- recibió una de las trabajadoras de la feria, luciendo un típico uniforme de sirvienta -¿dos entradas?-

Midoriya asintió dejando que Aoyama contemplara con una mirada sorprendida y curiosa lo que estaba delante de ambos. El peli verde tomo las entradas y hecho esto, toco un poco el hombro del rubio para empezar adentrarse al lugar, enseguida notaron la innumerable cantidad de puestos de comida así como las personas que iban a venían, había tanto niños como familias así como también parejas.

Parejas de jóvenes que paseaban de la mano.

Aoyama se veía... como un niño entrando por primera vez a una dulceria, se veía tan feliz que no se percato que era él quien comenzaba a sujetarle de la mano, de la misma forma que las parejas que observaban.

-¿Quieres ir a alguno en especial?- pregunto Midoriya sacando de su emoción al rubio, miro a su alrededor y pudo distinguir una atracción que llamo mucho su atención, aunque... ¿gustaría a Midoriya?

-E-Ese de ahí- dijo Aoyama señalando carrusel que había cerca. Midoriya lo miro por un par de segundos antes de comenzar a caminar, Aoyama sintió una inmensa emoción cuando fueron directo a la atracción a la que quería subir primero.

No se soltaron la mano en ningún momento.

Subieron a demás atracciones, jugaron un juego del tiro al blanco y claro, comieron algo, algo que Aoyama estaba tan emocionado por comer. Para Aoyama fue una crepa de fresa y crema batida, mientras Midoriya comió una de chocolate con cereza.

Comieron sus respectivas crepas en una pequeña banca donde tenían la vista perfecta de las personas que pasaban además de obtener gorros de diferentes animales para cada uno. Midoriya había obtenido uno de oso y Aoyama uno de conejo. Para Izuku fue lo más bello que había visto lucir a Yuuga.

-¿Quieres subir a una ultima atracción, Midoriya?- pregunto Aoyama una vez que termino su respectiva comida.

Midoriya estaba a un bocado para terminar su crepa, fue cuando vio el diminuto trozo de esta comida que sintió su pulso acelerarse un poco y las manos sudarle también. El día estaba apunto de terminar así como también su tiempo para decir lo que estaba planeando desde la mañana de ese día.

Desde la mañana en la que vio a su adorado Aoyama lucir tan resplandeciente como siempre.

Levanto la vista de lo que estaba comiendo y no muy lejos de donde estaban logro ver lo único que podía ayudarle para tomar valor o confianza suficiente.

-Ese- espeto señalando lo que había no muy lejos de ambos.

Aoyama entre cerro un poco los ojos, sorprendiéndose cuando vio lo que señalaba Midoriya.

"¡Cabina de fotos!"

Una vez que terminaron de comer caminaron directamente aquella cabina de fotos, para suerte de ambos una pareja de chicas estaba saliendo ya, por lo que tan solo tuvieron que adentrarse y mirar con atención las instrucciones para la toma de fotos.

"Bien~ asegúrense de elegir la cantidad de fotos que desean y el tipo de edición, después introduzcan la cantidad que se les indica~" explico la voz de la cabina.

Midoriya dejo al francés elegir el tipo de fotografías mientras él... pensaba en todo lo que estaba apunto de hacer. Aoyama eligió dos tiras de seis tomas.

"¡Muy bien! Esperen y prepárense para la toma de fotos, ¡asegúrense de posar y diviértanse!" fue lo ultimo que dijo la voz de la cabina.

-Bien, podemos posar de cualquier forma, ¿que te parece esta?- Aoyama se llevo el dedo indice de su mano derecha a sus labios y quiso continuar su pose, pero notó al peli verde bastante... extraño. -¿Midoriya?-

Midoriya lo escucho pero no respondió, apretó los puños con fuerza y olvido por completo la toma de fotos que estaba apunto de empezar.

-A-Aoyama, yo... tengo que decirte algo- su rostro se puso de un color tan rojo que hizo preocupar al rubio, quiso preguntar el porque de su estado pero no lo dejo hablar -yo... me siento mal, me siento mal cuando tu te veo inseguro de tu particularidad, pero quiero que sepas que... tienes razón, somos iguales, lo somos, y quiero que juntos superemos el daño que nuestras particularidades nos provoca, ¿lo entiendes?-

Aoyama no pudo evitar abrir los ojos sorprendido ante las palabras de Midoriya, ignoro por completo el sonido de la cámara, ignoro la cuenta regresiva de la cabina para la siguiente.

Midoriya le tomo con ambas manos del rostro.

-N-No tienes idea de lo agradecido que estoy por estar contigo de esta manera, no tienes idea de lo feliz que me haces cuando... cuando eres solo tú- Midoriya tomo una gran bocanada de aire, aun tenía tanto que decir pero ninguno se percato que ya iban por la cuarta foto, solo les quedaban dos.

El francés no podía emitir palabra alguna, estaba... vaya, no podía describir como se sentía.

-A-Aoyama, por favor...- con el rostro sonrojado y algunas lagrimas adornando las comisuras de sus orbes verdes atrajo su frente a la del francés -quiero que lo sepas, quiero decírtelo cada día quiero que sepas que... -

Aoyama estaba apunto de colapsar, si no lloraba seguramente le saltaría encima, si... eso haría.

Ya solo quedaba una sola foto.

La cámara de la cabina capto el justo momento donde Midoriya dijo a Aoyama dos palabras que lo hicieron llorar no de tristeza ni de cualquier otra cosa negativa, solo eran lagrimas de una sola razón.

-Je t'aime, Aoyama...

Y las dijo en el idioma natal de su adorado ángel.

[...]

Midoriya es el primero en aceptar que su amor a Aoyama sin duda a superado todo 3