Disclaimer: Amour Sucré y sus personajes pertenecen a Chinomiko y Beemov.
Almas gemelas
II: Reencuentro
Se había puesto un vestido ligero veraniego con falda de capa. Parecía que haría buen clima; no, estaba segura de que sería un excelente día. Ni siquiera sabía por qué, pero podía sentirlo en su pecho, burbujeando y deseando salir. No quería pensar que su emoción se debía a la posibilidad de una cita después de tres años, pero era la única explicación que le daba a ese desborde de felicidad que emanaba desde que había salido del campus hasta terminar en la parada del bus donde Hyun la esperaba con su atuendo más casual: unos pantalones de mezclillacon una camisa de manga corta.
—Buenos días, Hyun.
—Te ves bien —halagó en cuanto la tuvo a su lado, su pálida piel incapaz de ocultar el sonrojo en sus mejillas.
—Gracias. —Sonrió, ruborizándose como aquella chica enamoradiza del instituto.
Esperaron a que llegara el bus y se subieron, ambos pagaron sus boletos respectivos y decidieron sentarse hacia donde daba el paisaje agreste de las afueras de la ciudad. Con la ligera calima de la mañana, los rayos del sol lucían difusos y apenas bañaban con su calidez los verdes prados que se continuaban fuera de la zona urbana.
—Es trigo —enseñó Hyun, señalando los sembradíos—. Aquello de allá son sandías.
—¡Oh! ¡Limones! También aguacate.
—Sí, y aquí viene mi parte favorita —dijo Hyun pasados unos minutos—. Los campos de flores.
—Girasoles —mencionó encantada mientras apreciaba cómo el vibrante color amarillo se fundía con el dorado del sol—. ¿No hay una excesiva cantidad de margaritas?
—¿Tú crees?
—No sé, me dan ganas de jugar a si me quiere o no me quiere, ¿quizás gane algo?
—Lo dudo, casi nunca suelta muchos puntos de acción. —Hyun se encogió de hombros y Sucrette lo imitó.
En un par de horas de puro paisajismo, llegaron a su destino. Contrario a lo que imaginaba Sucrette, el mercado principal era pulcro y ordenado, con vistosos carteles flanqueando cada pasillo. Por la multitud, Hyun sostuvo su mano, procurando obviar el sonrojo de ambos.
—Es por aquí. —Señaló un puesto con brillantes frutas y vegetales coloridos—. Parece que el encargado no está. Hasta eso, veamos qué tiene.
—Todo se ve delicioso. —Sucrette se sintió babear, admirando la perfección de las manzanas y peras—. Por cierto, ¿cómo nos llevaremos todo?
—Podemos alquilar una camioneta. Suelen venir a trabajar estos días porque saben que los dueños de restaurantes vienen a abastecerse de productos. De hecho, hay servicio a domicilio, pero Clemence insiste en venir siempre.
—No me digas —Su alzó una ceja, juguetona—, ¿los chicos guapos?
—Es como si me leyeras el pensamiento. —Rio Hyun, pesando con la mano un anaranjado melón.
Su no sabía casi nada sobre la selección de vegetales, así que le dejó la tarea al experto. Por los momentos, se dedicó a explorar la sección de frutas y hierbas, antojándosele un poco de limonada de hierbabuena con una papaya o un mango en rodajas. Quizás podría llevar algunas fresas para las chicas, podrían comerlas con crema chantilly mientras veían una película. Sonaba ridículamente tentador, al punto de ceder a sus instintos glotones, de no ser por la oportuna voz del encargado.
—Señorita, ¿la ayudo en algo?
Sucrette se petrificó, sintiendo cómo las mejillas le enrojecían mientras la varonil voz enviaba escalofríos reconfortantes a todas sus terminales nerviosas. Rosalya le había dicho que se había hecho cargo de la granja de sus padres; pero pensar que ese simple acontecimiento, junto al hecho de que hubiera decidido acompañar a Hyun por menesteres de la cafetería, volvería a cruzar sus destinos era remotamente imposible.
—¿Señori…? —Se inclinó hacia ella, captando sus pupilas trémulas y el hermoso color de sus orbes, reflejando el mundo a su alrededor y haciendo destacar la belleza de este—. ¿Sucrette?
—¿Lysandro? —Ella giró para verlo, agradeciendo la báscula entre ambos, porque si estuviera más cerca, dudaba ser capaz de controlar sus emociones.
—Jamás pensé verte aquí.
—El mundo parece ser demasiado chico. —Y con una predilección por verme sufrir, quiso agregar, pero se mordió la lengua.
—Rosa me dijo que habías regresado a la ciudad.
Su asintió, frotándose el brazo con la palma de la mano. ¿Qué podía decirle? Es decir, habían dejado de hablarse, y se sentía culpable por no avisarle que estaría de vuelta en la ciudad, que tal vez pudieran darse otra oportunidad a pesar de los años separados.
—¿Ocurre algo? —Hyun, muy oportunamente, se acercó a ambos.
Y, para colmo, había ido a visitarlo con un chico…
—Ya solo mátame, diosito —musitó Sucrette, intentando recomponer la compostura que se suponía se debía tener cuando una se encontraba con el ex.
Lysandro seguía siendo igual, quizás sus facciones estaban más marcadas y su piel bronceada, pero la pureza en su mirada continuaba allí. No era necesario preguntarlo, Su sabía que él continuaba siendo un escritor, un poeta capaz de endulzar lo que le rodeaba y plasmar en papel eterno su percepción del mundo.
—Oh, Hyun, no te había visto. —Lysandro redirigió su atención al joven, alzando una ceja de forma suspicaz por hallarlos a ambos juntos.
—Claro, si Su es deslumbrante —bromeó Hyun por el simple placer de verla contrariada, y es que le encantaba el repertorio de expresiones que Sucrette no se molestaba en ocultar.
—Sí que lo es. —Lysandro le sonrió tan dulcemente como recordaba que lo hacía en el instituto, y esta vez Sucrette se sintió tambalear, abrumada por emociones que no debería tener después de tanto tiempo.
—Es un amigo del instituto —dijo Su, intentando controlar el tremor de su voz—. Si recuerdas que te mencioné que antes…
—Claro que sí —atajó Hyun, ignorante del ambiente entre ambos amigos—. Pero, más importante, pongamos manos a la obra; si no actualizo a Clemence pronto, arderá Troya.
—Cierto que no está por aquí… —mencionó Lysandro, oteando el mercado.
—Sí, nueva temporada de Walker, Ranger de Texas, ya sabes cómo le gusta.
—Es una mujer temible, admito que prefiero lidiar contigo.
—¿Dices que te salvarás del regateo conmigo? —Hyun sonrió de forma traviesa—. He estado afilando las garras para este día.
Sucrette separó los labios. ¿Era su idea o ambos parecían llevarse de maravilla? A ese paso no se sorprendía si la hacían a un lado de la conversación, ya que estaban enfrascados en una charla de calidad y precios fuera de este mundo. Sintiéndose un poco desplazada, prefirió analizar los rastros de Lysandro que había en el local, desde el letrero que ponía 'J&G', supuso que por las iniciales de los nombres de los padres de Leigh y Lysandro, hasta la sagrada libreta negra que Lysandro consultaba cada vez que olvidaba un precio.
—¿Quieres? —La voz de Lysandro interrumpió sus pensamientos superfluos.
—¿Eh?
—Parecía que mirabas los duraznos. Puedes comer uno, si quieres.
—Ah, ¿puedo? —reiteró tontamente y él rio, pasándole la fruta mientras le aseguraba que estaba lavada.
Sucrette no esperó demasiado y la mordió, deleitándose por el refrescante sabor dulce, la textura y la jugosidad.
—Excelentes, ¿verdad? —Hyun comentó, viendo con diversión cómo la muchacha devoraba la fruta.
—Es el mejor durazno del mundo mundial, de la existencia misma. Está delicioso, Lysandro; refleja el esfuerzo que le has puesto. —Le sonrió sinceramente, dejando sin aliento al aludido y, de paso, a Hyun.
Lysandro observó los restos de la adolescencia que la adultez no había podido borrar. Ahí seguían sus labios, la curvatura de su nariz, los pómulos redondos y la inocencia de sus ojos; y no eran ideas suyas, ella lo seguía viendo con la devoción que él mismo le estaba profesando en ese momento.
Estiró la mano y acarició su mejilla tenuemente, como queriéndose fundir en una sensación etérea que empezaba a creer que era onírica. Sucrette se sonrojó, viéndose tentada a inclinar el rostro hacia su cálido tacto, pero se contuvo tan solo por los ojos curiosos de Hyun.
—Tenías algo de pulpa en… —Lysandro no pudo terminar de hablar cuando la joven se encendió de un tono escarlata sin igual.
—Es como una niña comiendo —contribuyó Hyun, divertido por el espectáculo de colores de la joven.
Sucrette infló las mejillas y le lanzó una mirada cargada de reproche a su compañero de trabajo.
—Disculpa que mis modales sean infantiles.
—No tienes que molestarte —dijo Hyun un poco más serio, al notar que la había ofendido un poco.
—Hay cosas que ni la adultez borra, Su —apoyó Lysandro para que el pobre Hyun no fuera víctima de la bien conocida ley del hielo de Sucrette.
Sucrette curvó una ceja, queriendo dilucidar el mensaje implícito en las palabras de Lysandro, pero quizás solo estaba pensando demasiado, y sabía muy bien que no era buena idea cavilar demasiado las cosas cuando se trataba de ella.
Hyun volvió a su modo de negocios, siendo imitado por Lysandro. En cuestión de minutos, las cosas estuvieron empacadas y subidas en una camioneta que no partiría hasta el anochecer por motivos personales —realmente Hyun le había pedido tiempo al conductor para pasear por el pueblo—.
—Eso sería todo. —Hyun le entregó el dinero el efectivo.
—Sí, muchas gracias por tu compra. —Lysandro sonrió tenuemente, y su gesto se avivó al dirigirse a Sucrette—. Un placer verte de nuevo.
—Lo mismo digo —repuso, sonriéndole de vuelta, mientras pensaba que, una vez se separaran en ese instante, cortarían cualquier lazo que los atara en antaño.
Lysandro los observó alejarse. Suponía que Hyun y Sucrette eran compañeros de trabajo, porque nada más explicaba que Hyun le hubiera pedido que lo acompañase, quizás había motivos ulteriores, pero ese ya no era su problema. Él solo quería guardar en su memoria la deslumbrante figura de su ex novia ataviada en un vestido elegido concienzudamente, como casi todo lo que ella vestía.
—¿Te gustaría ir a comer? —Hyun le preguntó a la muchacha, el bochorno haciéndose evidente en sus mejillas mientras ella pasaba por alto el gesto, demasiado ocupada pensando en Lysandro.
—Suena bien. Después de todo, debemos esperar hasta que el señor se desocupe.
Lysandro notó la sonrisa victoriosa en los labios de Hyun, y es que ni siquiera le sorprendía que estuviera intentando cortejarla, porque Su se había convertido en una mujer hermosa que, con cada paso, cargaba el ambiente con su benevolencia. Rayos, hasta él mismo había recordado por qué se había enamorado de alguien tan puro de alma. Sin embargo, ella ya se había ido, dedicándole sus cándidas sonrisas a otro que no era él.
:-: Continuará :-:
¡Muchas gracias por leer!
Así como cuando en el capítulo anterior Alexy y Hyun se conocen totalmente distinto a como lo hacen en el capítulo de CDM que salió ayer xD
Me gustó cómo quedó este capítulo, pero al mismo tiempo no. Quería colocar algo más sentimental entre Su y Lys, pero pensé que lo mejor sería que lo tomaran con calma, cada uno procesando a su ritmo qué rayos está ocurriendo; además, usé al buen Hyun para cortar un poco la tensión. Por cierto, Clemence me da mucho miedo, esa predilección por Hyun más ese 'no le gustan las mujeres jóvenes y guapas' en su ficha de descripción, me hace querer gritarle al pobre Hyun que huya mientras aún pueda.
Bueno, eso sería todo por los momentos. Espero actualizar pronto el siguiente capítulo después de que lo corrija. Agradezco mucho los reviews, me hacen feliz :P
¡Que tengan una excelente semana!
