Disclaimer: Amour Sucré y sus personajes pertenecen a Chinomiko y Beemov.


Almas gemelas

III: Reminiscencias

Terminaron en un restaurante familiar donde servían una variedad de platos sorprendente. Sucrette se decantó por un filete de pollo bañado en salda de champiñones, mientras Hyun optaba por un filete de pescado a la plancha. Ambos charlaban de la cotidianidad, rememorando eventos y compartiendo otros. Ambos podían admitir que se la estaban pasando bien, pero el deseo de indagar en el pasado de Sucrette, superó la curiosidad de Hyun.

—Creo que ninguno de los dos jamás imaginó que te ibas a encontrar con un amigo del instituto precisamente hoy.

—Es cierto. Lys trajo consigo un sinfín de recuerdos.

—¿Buenos o malos?

—Uhm... —Su meditó unos segundos la pregunta y sonrió de forma lacónica—. Nostálgicos, buenos recuerdos que me hacen querer regresar y revivirlos.

—Oh, lamento si toqué un tema delicado.

—No, no, nada de eso. No es nada realmente secreto; de hecho, varios de mis amigos lo saben, no solo los del instituto, por supuesto.

—Entiendo que sea difícil compartirlo conmigo, así que no te fuerces.

—Es solo que ver a Lysandro de todas las personas... Es tan impactante como ver a Nath y su cambio radical; hasta creo que Lys lo supera con creces.

—¿Tanto así? —Alzó una ceja, incapaz de ocultar su estupefacción.

—Sí, bueno, tienes que tomar en consideración que Lys y yo éramos novios.

Hyun, que estaba bebiendo algo de la limonada que le habían servido, se atoró, al punto de casi devolver el líquido por la nariz y, exagerando un poco, creyó ver su vida pasar por delante de sus ojos.

—Yo… Vaya, jamás se me hubiera ocurrido. Aunque ahora que lo mencionas, cuando los vi juntos, tenían cierta aura especial alrededor.

—No es para tanto —musitó, sintiendo las mejillas cálidas. Muchos en el instituto decían eso, y pensar que seguía siendo así embotaba de regocijo infundado su pecho—. Me alegra saber que está bien.

—Es de los mejores productores del área —agregó Hyun, buscando maneras de controlar la creciente curiosidad bullendo en su interior—. Supongo que terminaron por la distancia.

—Principalmente. —Sucrette alzó las cejas por la falta de sutileza de Hyun, aunque apreciaba que se anduviera sin dilaciones y no abordara el tema como si se tratara de algo sumamente complejo y delicado—. Me sorprendió que al final ambos decidiéramos terminar con esto, no diré que era una relación tóxica ni nada, pero pasaba casi todo el día observando la pantalla del celular, a la espera de una llamada o algún mensaje. Supongo que la distancia enfrió las cosas, no solo la pasión, sino la confianza que nos teníamos.

—Lo haces sonar como si el amor que tenían hubiera sido una ilusión —puntualizó, mientras en su fuero interno esperaba una respuesta afirmativa.

—Una ilusión… —Su acarició su mentón, dubitativa—. No podría decirlo así. Creo que fue el impacto de tenernos el uno al otro todos los días, para que luego las visitas se quedaran reducidas a días al año, acompañado de mensajes que podían tardar semanas en ser respondidos.

—La llama se extinguió…

—Algo así. Creo que ninguno de los dos quería ver cómo la llama desaparecía lenta y dolorosamente, así que decidimos terminar con todo de raíz.

Hyun se quedó en silencio, procesando las palabras de su amiga. Hyun jamás se había enamorado, no tan profundamente, y hallaba belleza en cada palabra que Sucrette decía, cada una de ellas cargadas de un sentimiento indescriptible. Él también quería experimentar un amor tan profundo que se le clavara en el pecho como un puñal, deseaba sentir emociones extremas por otra persona que no fuera él. Sin embargo, pensar que esa otra persona pudiera ser Sucrette empezaba a hacérsele incorrecto.

Después de un prolongado silencio, donde ambos empezaron a comer los platos que les habían servido, cada uno sintiéndose culpable por haber arruinado el ambiente, Sucrette habló, regalándole una de esas sonrisas sinceras que tanto le gustaban.

—Está delicioso —cantó, limpiándose los labios con la satisfacción reflejada en sus ojos.

—Es cierto —coincidió Hyun.

—¿Nunca antes habías comido aquí? Parece el tipo de sitio al que llevarías a la persona que te gusta.

—… —Hyun parpadeó, estupefacto, para luego recomponer sus facciones y encogerse de hombros—. ¿Cómo lo supiste?

—No sé, pareces ese tipo de persona.

—¿Lysandro te llevaba a sitios como este?

Sucrette alzó las cejas, anonadada por su pregunta tan directa, se sintió titubear unos segundos. Por su parte, Hyun enrojeció, maldiciendo su imprudencia, el brote infundado de celos y, nuevamente, a su insaciable curiosidad.

—Lysandro prefería los café libros —dijo con un tono de voz apacible, sin quererse mostrar ofendida por el comentario.

—Lo siento por insistir con el tema —se apresuró a agregar Hyun, la culpa apoderándose de sus brillantes orbes color obsidiana.

—No te preocupes. Me halaga el inesperado interés hacia mí. Por lo general, soy yo la que anda husmeando el pasado de las personas; algunos dirían que es mi pasatiempo desde el instituto.

—Ya te imagino corriendo de un lado a otro —bromeó Hyun, sin realmente querer creer que su precavida amiga hubiera sido así—. Aunque, volviendo al tema, me parece que no lo has olvidado.

—Bueno, se suponía que lo había hecho al regresar a la ciudad. Mi plan todo este tiempo había sido olvidar el pasado y empezar de cero, pero comenzando con que prácticamente todos mis compañeros del instituto están en la universidad y en la cafetería es más que normal ver a algunos profesores… Ni siquiera estoy segura por dónde se fue mi resolución.

—Supongo que con la nostalgia y alegría de poder revivir esa maravillosa época —comentó Hyun, estirándose sobre el asiento, manteniendo la vista fija en la dubitación ajena.

—Es cierto, y ver que Lysandro está tan cerca… No sé… Es complicado todo lo que estoy sintiendo.

—Eso es porque aún lo sigues queriendo, ¿no? —insistió, rogando porque negara vehementemente.

—Pues… —Sucrette jugó con los dedos de sus manos y bajó la mirada—. Supongo que una simplemente no olvida al primer amor.

Hyun alzó las cejas, sintiendo cómo la fuerza en los brazos se le iba. Se daba por vencido y, no solo eso, no tenía suficiente maldad como para querer interponerse entre los puros sentimientos de la muchacha, porque con tan solo esas palabras había gritado a todo el mundo que aún atesoraba el amor por Lysandro.

—Es mediodía —mencionó suavemente, sabiendo de antemano que lo que haría era lo correcto—. ¿Por qué no vas a hablar con él? Quizás puedan darse otra oportunidad.

Sucrette separó los labios, incrédula. Obviamente, jamás se le hubiera cruzado por la mente acortar la distancia entre ambos. Ni siquiera estaba segura de si Lysandro la seguía viendo igual, hasta podría terminar siendo una parte de su pasado que quería olvidar; después de todo, no había estado junto a él cuando más la necesitaba.

—Estarás bien —cantó Hyun, atreviéndose a estirar la mano y sostener la de ella con un apretón reconfortante, en un intento de convencerse de que esa sería la última vez que la vería como algo más que su amiga—. Lysandro lo confirmó, eres deslumbrante. Dudo que haya olvidado la maravillosa época junto a ti.

—No fue maravillosa… —repuso con modestia, mordiéndose el labio inferior, convenciéndose de pararse de una vez por todas y correr a su encuentro—. Hubo esa vez que se olvidó de mí por culpa de un accidente —dijo fuera de contexto, demasiado ocupada con sus preocupaciones.

—Sucrette. —Hyun la llamó de esa manera que siempre conseguía toda su atención, era como si activara un comando en su cerebro cada vez que entonaba su nombre de ese modo—. Todo va a salir bien, no te martirices. Toma tus cosas y habla con él; yo estaré esperando.

Su siguió sus palabras y dejó el restaurante, imbuida de un valor ajeno que le crepitaba en la piel. No quería darle más vueltas, solo quería hablar y eso le bastaría para esclarecer sus sentimientos. Presa de la adrenalina, recorrió el camino de vuelta al mercado de frutas y vegetales, su corazón retumbando en sus tímpanos como cada paso que daba contra el asfalto.

Sus ojos recorrieron el suelo de granito, hasta detenerse en una pequeña libreta negra.

Y los azares del destino le parecieron irónicos en ese preciso instante.

Con una sonrisa melancólica, recogió el cuaderno, limpiándolo con el dorso de la mano y observando la distintiva letra cursiva de Lysandro sobre la portada. Recordó con emociones paradójicas que todo había comenzado con esa libreta, y representaba con bastante tino los altibajos de su primera relación.

Entre la multitud que iba y venía, pudo notar a Lysandro en su arreglado local, disponiendo sus últimas mercancías en la parte del frente. Como muchas veces había ocurrido en el pasado, sus pupilas se encontraron por inercia, del mismo modo que sus cuerpos se acercaron como un par de imanes.

—Creo que esto es tuyo.

—Sabía que solo tú serías capaz de encontrarla. —Le sonrió levemente, tácitamente expresando el anhelo que iba en vaivén sobre su musa.

:-: Continuará :-:

¡Muchas gracias por leer!


Lamento mucho la tardanza, pero no tuve tiempo de editarlo más rápido.

Muchas gracias por todos los reviews, los atesoro en lo más profundo de mi corazón ^^

El siguiente capítulo será, probablemente, el último. Así que, nos estamos leyendo. ¡Cuídense mucho y que tengan una excelente semana!

¡Hasta la próxima! .