Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía.

Capítulo III

—Quizá deberías dormir más—oyó un murmuro mientras dormitaba en el sofá un sábado por la tarde. Abrió un ojo para ver a Bella ajustarse las gafas, mientras se entretenía con algo en sus manos. La miró con atención, quizá demasiada— ¿Qué ocurre ahora? —alzó los ojos marrones y la diferencia entre la Bella durmiente y la despierta radicaba ahí, en que esta Bella si podía verlo. Y esta Bella jamás lo tocaría por voluntad propia.

—Ah, es tan complejo—suspiró, cerrando los ojos y rindiéndose. No obstante, pronto volvió a abrirlos. Quería verla otra vez.

—Él y su complejidad. Lo usa como estrategia para conquistar chicas, no le creas nada—Embry, muy confianzudo le pasó un brazo por los hombros a la castaña y antes que ella pudiera decir nada, la voz de Edward sonó inesperadamente fuerte.

—Deja de tocarla—al darse cuenta de su reacción, y la mirada desconcertada del grupo, agregó sonriendo—.No le gusta, podría golpearte.

—Es perfectamente posible—Jake le siguió el juego, pero lo interrogó con los ojos.

Isabella carraspeó y se quitó el brazo de encima.

—No vuelvas a hacerlo, Embry. Creí que habíamos dejado atrás estos juegos—sonrió de aquel modo tan desabrido, que rápido el grupo retornó a sus juegos de PlayStation, otros a su lectura. Edward por su parte, prefirió volver a cerrar los ojos—.Edward, debo hablar contigo un momento, ¿podrías venir a la cocina? —el cobrizo se sobresaltó cuando la oyó tan cerca y al abrir los párpados pudo verla nítidamente. Por unos instantes, su cerebro dejó de funcionar.

—Tan b…— ¿bonita? ¿En serio? Pensó, mordiéndose la lengua. Rezando para que no lo hubiera escuchado.

— ¿Tan qué? —no tenía tanta suerte.

—Bulliciosa, por Dios, estoy intentando dormir aquí.

Ella lo miró, hasta que el chico soltando un suspiro dramático se levantó y la siguió a la cocina.

—Dime, qué pasa—se apoyó en un mueble y la contempló acomodarse las gafas. Si no fuera un gesto tan automatizado, podría haber dicho que se encontraba nerviosa.

— ¿Hay algo que te esté impidiendo dormir bien? —interrogó con el mismo interés que un sacerdote da su misa un domingo a las ocho de la mañana, pero había algo peculiar en sus ojos. Edward frunció el ceño.

— ¿Por qué lo preguntas? —rápido ese algo desapareció. Y él quiso suspirar, ¿algún día podría llegar al interior de Bella? ¿Podría ver a alguien similar a la Bella durmiente?

Decidió jugar con ella, como solía hacer. No obstante, fue más osado que otras veces, pues extendió los brazos y la agarró por la cintura. De un simple tirón, la pegó a su cuerpo.

Por supuesto, Isabella no hizo ningún gesto. Ni siquiera trató de apartarlo, pero tampoco de aferrarse a él.

— ¿Acaso estás preocupada por mí? —disfrutó de poderla tocar durante el día, sin sentir que cometía un pecado.

—En lo absoluto—acomodó las gafas otra vez—.Sólo era una pregunta sin sentido. Pero…—estúpidamente, él se sobresaltó cuando las manos pequeñas de Bella se posicionaron sobre las suyas—.Ya que eres tan bueno para aconsejar a la gente, ¿por qué no sigues tu propio consejo y dejas de tocarme? Porque tienes razón—las tomó con firmeza y las despegó de su cintura—…no me gusta—al decirlo, se acercó a su cara y él se irguió, animado por las posibilidades. Al ver su reacción, ella pareció algo contrariada, pero antes de que pudiera seguir leyendo, se marchó.

—Demonios, qué me ocurre—se preguntó en silencio. Él no solía ser tan sensible ante los toques de las mujeres. No es que fuera un mujeriego, pero tenía algo de experiencia en el campo y no comprendía por qué Isabella le llegaba tan fuerte.

Frustrado, regresó al sillón y permaneció en silencio, incluso cuando ella se despidió para ir al trabajo.

— ¿Qué hay entre tú e Isabella?

— ¿Eh? —casi gruñó a Jacob por interrumpir su merecido descanso. La semana siguiente tenía entregas y debía trabajar mucho, ¿por qué no le daban un respiro?

—Hoy no te gustó que Embry la tocara, siendo que ocurre a menudo. Dime… ¿te gusta esa chica?

— ¿Por qué dices esa chica como si fuera algo malo? —abrió los ojos y casi lo fulminó con ellos.

—No lo sé. Tú eres tan alegre y distinto a ella. Ella es… es tan plana, no demuestra nada, ¿qué te puede gustar de alguien que no dice nada?

—Puede ser que te gusten las personas que lo dicen todo, Jacob y está bien. Pero ¿no crees que hay algo fascinante en tratar de descifrar a alguien que no lo dice?

—Entonces estás intrigado—concluyó sonriendo, mientras bebía de la cerveza que tenía en la mano—. Pero ten cuidado, de la intriga a algo más, hay tan poco que ni te darías cuenta cuando estés de cabeza. No me gustaría verte pasarla mal por alguien tan insensible.

Edward sonrió.

—Lo tendré presente. Por ahora, ya que es imposible dormir aquí, iré a mi habitación—al decirlo, sus palabras se vieron ensordecidas por los gritos de protesta de Seth que alegaba con Sam para obtener la revancha.

Incluso con la puerta cerrada, Edward era capaz de oírlos, así que cogió los audífonos y se dejó caer en la cama.

No supo más de él hasta bien entrada la madrugada. Cuando quiso estirarse, descubrió un peso cálido a su lado y una mano bajo su camiseta, posicionada justo en donde su corazón comenzó a correr.

—Espero que no se te haga costumbre meterme mano—le susurró acariciándole la cabeza. Le gustaba sentir su toque, pero también sabía que no era bueno. La quitó de su cuerpo y sin demora la dejó en su habitación. Procedió a lavarse los dientes y volver a dormir.

-o-

Los días siguientes resultaron extenuantes para todos, pues se hallaban próximos al término del semestre. Y Bella por su parte, apenas y lograba cumplir con todo, de hecho, hacía días que debía ir a la lavandería, pero los tiempos no le calzaban. Para su buena suerte, la habían puesto en otra zona de la tienda. Y su herida estaba recuperada, sin cicatriz gracias a los astros, pues Reneé habría armado un escándalo de aquellos.

Su madre, la extrañaba un montón y contaba los días para poder viajar a verla. Eso era lo que la impulsaba, pensar en que podrían darse una noche completa viendo series y comiendo porquerías. Imaginarlo la hacía sonreír.

—Estás completamente trastornada—aquella voz la hizo dejar de sonreír y volver la cabeza con desinterés por sobre el hombro.

— ¿De qué hablas? —él entró sin más en su cuarto y rodó los ojos. No importaba lo que hiciera, seguía sin hacerle caso en muchas cosas.

—De esto—le tocó el moño que goteaba sobre su cuello—, estás empapándote por completo mujer. Eres tan negligente. Puedes enfermarte, pero te vale un carajo—murmuró entre dientes y ella frunció el ceño al detectar verdadera preocupación en su tono. Había algo en la forma en que la miraba y tocaba, que la ponía inquieta. Principalmente porque su cuerpo reaccionaba de forma extraña ante la cercanía de Edward, como si lo conociera y no entendía ese punto, incluso había llegado a pensar que volvía a ser sonámbula e iba a molestarlo por las noches. Renée había sido muy específica respecto a lo amorosa que se ponía en ese estado, y lo mucho que le gustaba abrazar a la víctima. Sin embargo, siempre despertaba en su cama, y él no le había comentado nada, de manera que esa teoría fue descartada.

Despegó los ojos de la pantalla del computador al oírlo salir y regresar. Luego pasearse por la estrecha estancia y acercarse de nuevo.

De pronto, su cabello mojado le tocó la espalda y dio un pequeño brinco por la sensación. Llevaba poca ropa porque su pijama habitual se encontraba sucio y no había podido lavarlo.

— ¿Qué se supone que haces? —Su pregunta se vio acallada por el sonido del secador— ¡Hey! —Trató de voltearse, pero él la mantuvo en su lugar—Detente, lo haré yo. Iba a hacerlo luego de terminar. Edward…

—Deja de rezongar. Sigue en lo tuyo, no voy a tardar—le susurró al oído y la joven se encogió sorprendida por el escalofrío que experimentó. La piel del cuello se le erizó y desconcertada, no tuvo más remedio que regresar la mirada a la pantalla, luchando por concentrarse. Cosa que muy pocas veces le ocurría.

Mientras Edward iba secando su cabello, Isabella comenzó a relajar los músculos que mantenía tensos sin razón aparente, hasta que se le hizo imposible seguir trabajando. El toque del chico era muy suave, le gustaba cómo masajeaba su cuero cabelludo, le gustaba cómo se sentía su calor.

Cerró los ojos, apoyando la barbilla en sus manos sin saber a ciencia cierta por qué. Las sensaciones se acrecentaron, y se volvieron tan intensas que por unos instantes olvidó dónde estaba, con quién y el papel que se supone debía interpretar. Comenzó a vagar por sus recuerdos de infancia, las escasas veces que Renée podía secarle el cabello debido a su trabajo y cómo disfrutaba tanto de esos momentos, exactamente como ahora.

Una leve sonrisa se formó en su rostro al sentir los suaves jalones del cepillo. Sin embargo, dejó de sonreír y entreabrió los labios cuando percibió una mano masculina acariciando suavemente su hombro. Antes que pudiera deshacerse de las agradables sensaciones, él volvió a acercarse a su oído, incluso más cerca, porque podía sentir sus labios moverse al hablar

—Tienes un cabello hermoso… y hueles tan bien—él dejó escapar el aire en su cuello y Bella se estremeció. No obstante, cuando lo sintió moverse y ponerse cerca de su rostro, abrió los ojos y lo vio a escasos centímetros. Él miraba hacia abajo. Siguió su mirada y por primera vez en mucho tiempo fue muy consciente de sí misma como mujer.

La gran polera que traía puesta dejaba un pronunciado escote y la mitad de sus muslos desnudos. Justamente lo que él estaba mirando con tanta atención. Ella dudó de su capacidad para rehuirlo cuando posicionó una mano en su muslo, cerca de la rodilla y sintió el calor de su palma irradiar hacia su piel, además, la imagen la descolocó un poco. Se veía tan grande en comparación a ella.

— ¿Qué haces? —consiguió decir. Tratando de averiguar por qué no se movía, si por mantener su postura de indiferencia o porque se sentía extrañamente atraída por algo que se le hacía familiar.

—Estoy viendo tanto de ti en este momento, que no pude resistirlo—cuando la miró, ella sintió su cuerpo tensarse y el súbito deseo de alejarse. Tenía la mirada oscurecida y poseía una fuerza tan arrolladora, que se preguntó cómo iba a escapar.

—Ese no es un buen comentario. Por favor, deja de invadir mi espacio—pidió con seguridad. Por alguna razón, dentro de sí, sabía que Edward no haría nada para perjudicarla. Confiaba en él de una manera que no comprendía.

Movió un poco su mano, sin moverla en ninguna dirección, sólo como si estuviera vacilando. Finalmente, luego de verla a la cara una última vez, retiró sus dedos y puso distancia entre ambos.

—Lo siento. Fui demasiado lejos—Edward parecía seriamente desconcertado al ponerse de pie. La situación había sido abrumadora, al estar jugando con su largo cabello y verla tan relajada, se confundió. Deseó tanto que la Bella durmiente y ella fueran iguales, que por un momento se perdió en la fantasía y se dejó ir.

No obstante, había visto algo en ella que no estaba allí antes, sus ojos parecían tan embelesados y confusos como los de él.

—Lo sé, te había dicho que yo me secaba el pelo—argumentó acomodándose las gafas y regresando a la pantalla, ignorándolo por completo. Edward optó por irse, no era bueno para él quedarse con ella más tiempo, o podría hacer algo bastante pervertido.

Cuando iba por la puerta, ella volteó a medias

—De cualquier modo, gracias por hacerlo—le dedicó una débil sonrisa antes de darle la espalda otra vez.

—Eso es para que nunca más vuelvas a tomarte un break, Edward—se regañó cuando entró a su habitación. Pese a ello, no pudo hacer otra cosa que cerrar los ojos y recordar la silueta de Isabella. Trataba de no pensar en eso cuando la cargaba para llevarla a su habitación, pero ahora había visto tanta piel… tantas curvas que dudaba de poderlo evitar en el futuro.

Sacudió la cabeza y trató de enfocarse en su trabajo. Era el último del día y podría dormir. Además, era viernes y las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina, habría fiesta mañana… oh, la vida volvería a ser vida.

Se esforzó en terminar el montaje que debía enviar, pero se descubrió dibujando en su croquera la figura de la castaña, dándole especial énfasis a su cabello. Para cuando terminó, sonrió al dibujo que tenía de ella. En su opinión, se parecía bastante. Repasó distraído sus labios, pensando en qué hubiera pasado si solo robaba ese beso que tanto quería.

—Probablemente me mataría— rió entre dientes, abandonando los trazos y regresando la atención al computador.

Cuando al fin terminó y entregó su último trabajo de la asignatura, todo lo que quería hacer era dormir. De manera que se zambulló de inmediato en el desorden de las mantas. No se quitó la camiseta ni nada, sólo cerró los ojos y esperó el sueño o los pájaros trinando el amanecer, lo que viniera primero.

Pero ninguna de esas cosas fue la que llegó a él, sino que Bella metiéndose bajo las mantas y acercándose.

—Pensé que a la Bella despierta le había dejado tan mala impresión, que no dejaría que la Bella durmiente viniera esta noche—le conversó, acariciándole la cabeza. Traía el pelo suelto y su aliento olía a menta, por lo que dedujo que no hacía mucho que Bella se había ido a dormir. Cuando se acercó más a ella, se percató que sólo traía la camiseta y un par de bragas de rayas. Por unos instantes, su mirada se quedó muy fija en la forma de sus pechos, él los había sentido muchas veces, pero siempre a través del sujetador. En esta oportunidad, no veía los tirantes asomándose por sus hombros y la forma parecía más libre contra la tela. Se preguntó si sería capaz de ver más si una repentina corriente fría le rozaba el cuello.

Sacudió la cabeza, cubriéndola hasta la barbilla con las mantas.

— ¿Sabes? —Susurró bostezando—estoy muy cansado hoy… prometo que iré a dejarte en un rato, sólo quiero cerrar los ojos contigo a mi lado, ¿está bien? —se permitió abrazarla bajo las mantas, posando su mano en la pequeña cintura de Bella, evitando pegarse a su cuerpo por pura fuerza de voluntad. Por el momento, estaba satisfecho de sentirla así y respirar su aroma.

La joven respondió metiendo la mano bajo la camiseta y posando la cabeza en su pecho. Él la acercó más

—Sí se te está volviendo costumbre, ¿eh? Pero tranquila, me gusta y no se lo diré a la Bella despierta—sonriendo, le besó la frente y dejó que el sueño lo venciera.

-o-

Isabella comenzó a despertarse poco a poco, había dormido tan bien que no quería levantarse aún. Seguramente su buen dormir se debía a que el semestre terminaba de buena manera. Sonrió, enroscándose más en la posición fetal, sin embargo, al hacerlo sus piernas chocaron con otras y abrió los ojos de golpe.

Tardó medio segundo en darse cuenta que estaba durmiendo con alguien, otro segundo más en percatarse que era un hombre y al cabo de tres segundos comprendía con horror que se trataba de Edward quien respiraba acompasadamente, y también sabía que su corazón latía normal… espera, ¿cómo lo sabes? Se preguntó con pánico y descubrió a la traidora colada bajo la camiseta negra del muchacho.

Dios, lo que sentían sus dedos era el pecho de Edward. ¿Por qué tenía que tocarle el pecho? A su madre nunca se lo tocó. La chica deseó lloriquear como una mocosa. Pero la madurez la hizo recapacitar, y dejar del pánico para después.

Lo primero, era dejar de tocarlo.

Pendiente de su rostro, comenzó a deslizar lentamente la mano para retirarla e iba todo bien hasta que la masculina la atrapó cuando estaba por salir de debajo de la prenda.

Los verdes ojos de Edward fueron revelados. Al principio la miró embobado, pero luego se incorporó con velocidad y la contempló asombrado.

— ¿Qué? —miró por la ventana y luego el reloj—Demonios, me quedé dormido. Lo siento—la observó con tanta culpabilidad, que algo dentro de Isabella se contrajo.

— ¿Por qué te disculpas? ¿Me dejas retirar la mano, por favor? —él la soltó de inmediato e Isabella dejó de tocarle, se sentó en la cama y acomodó su ropa.

—Lo lamento. Ayer dije que iría a dejarte luego de un rato, pero me quedé dormido.

— ¿Dejarme? ¿Cómo llegué aquí? —ella ya tenía una idea.

—Bella—la sostuvo por lo hombros y la miró fijamente—.Eres sonámbula. Has estado viniendo aquí desde hace meses.

— ¿Y por qué está es la primera vez que despierto aquí? —interrogó, incómoda a cada segundo.

—Te devuelvo a tu cama todas las noches que apareces, pero ayer estaba tan cansado y… por favor, no vayas a creer que estoy mintiendo para tapar algo, porque no es el caso y…

—Edward. No es tu culpa—lo relatado por Edward había logrado conmoverla. El hecho de que se tomara la molestia de irla a dejar cada noche, sin decir nada, ni pedir nada a cambio hizo que su pecho doliera. Aparte de su madre, nunca nadie se había preocupado por ella de ese modo. Siempre pensó que si otra persona descubría su vergonzosa debilidad, la usaría contra ella. El mayor temor de Renée de que fuera a quedarse en una casa llena de hombres, era precisamente que recayera en el sonambulismo y terminara siendo maltratada de algún modo. Era por la misma razón, que no sabía qué expresión poner, sentía que algo se quebraba dentro de ella respecto a Edward—.Sé que soy sonámbula, es mi culpa por descuidarme con las horas de sueño y dejar que el estrés aumentara—explicó. Y dentro de ella había dos sentimientos luchando, uno quería entender por qué se comportaba de ese modo tan asombroso y amable con ella y otro, saldar la deuda a cualquier precio y evitar posibles chantajes u otras acciones, no le gustaba estar en deuda, porque eso significaba estar vulnerable, en desventaja. Y la gente siempre se aprovecha de los débiles.

— ¿Cómo puedes decir que eso es tu culpa? —Interrogó desconcertado—.Bella, a mucha gente le ocurre, todos nos estresamos a veces—él se dejó llevar por sus emociones, ya que por primera vez la chica se abría y era capaz de leer lo que estaba pensando en su cara; aquella cara que conocía tan bien—.Esto no es tu culpa—Isabella se sintió abrumada por todo, que recurrió a lo que siempre le había funcionado.

Se alejó de él. Y compuso su expresión.

—Es mi culpa. Sabía lo que tenía que hacer para prevenirlo, y no lo hice—hizo una breve pausa—.Lamento haberte causado tantas molestias, me aseguraré de encargarme de mi problema desde ahora.

— ¿Cómo lo harás?

—Tengo mis métodos.

— ¿Por qué eres así? ¿Por qué te cierras tanto? —extendió la mano y le tocó la mejilla con delicadeza.

—Soy así.

—No lo creo, he visto un lado de ti completamente distinto.

—La Isabella sonámbula no soy yo.

— ¿Cómo lo sabes? Es probable que lo seas porque estás carente de algo.

— ¿Y qué es ese algo?

Edward la miró atentamente.

—Cariño. Creo que sólo quieres recibir y dar cariño, y que en el fondo eres más sensible de lo que demuestras.

—Como si pudieras saber eso—se apartó del contacto, nerviosa de que él fuera capaz de alcanzar tal grado de profundidad en su análisis. Isabella sabía que su madre la adoraba, pero durante su ciclo vital no tuvo muchos momentos con ella y por no hacer un problema, se conformó con las pocas oportunidades que tenían, absorbiendo todo el cariño que su madre pudiera darle, ya que nadie más la quería en ese pueblo. Ni siquiera su abuela que despreció hasta el fin de sus días las decisiones de Reneé.

—Lo sé porque te he estado observando desde que llegaste, porque no he podido apartar los ojos de ti.

—De qué estás hablando—rió sin humor, cada vez más inquieta. La conversación estaba tomando un rumbo que ella no se sentía capaz de manejar—.Será mejor que sigamos hablando de esto una vez que ambos nos vistamos y…

Él la detuvo con firmeza, impidiéndole irse.

—Sólo quieres huir porque no puedes mantener tu cara de inexpresión. Quieres irte y reconstruirla para luego enfrentarme, quieres hacerlo porque no te gusta perder—ella le clavó los ojos con intensidad—.Pero ¿sabes? No tienes que preocuparte por eso, esto no es un juego y si lo fuera, yo perdí.

— ¿Qué? Por favor, suéltame y deja de hablar tonterías—le negó el escape una vez más. Sosteniéndola con fuerza.

—Perdí, porque me gustas. Me gusta la Bella durmiente y la Bella despierta—ante aquella revelación, Isabella dejó de forcejear y sólo lo miró. Pocas veces había visto ojos tan sinceros, y menos veces esa honestidad había sido buena.

— ¿Estás bromeando conmigo? ¿Es esto una especie de juego? ¿Qué es lo que pretendes? —interrogó con una voz tan fría, que incluso ella se sorprendió.

—No tengo una mente tan retorcida. Simplemente me gustas—suspiró—.Ah, es un alivio admitirlo en voz alta.

—No es cierto—dijo, liberándose del agarre—.No sé por qué lo haces, pero detente.

No podía ser verdad, ¿a quién iba a gustarle esa versión de ella? Era detestable, lo sabía y lo aceptaba, por eso no era posible.

—Bella no estoy mintiendo, ¿por qué no puedes creerme? —la chica se levantó de la cama y él la siguió.

—Porque ¿quién podría querer a esta versión de una persona? ¿Lo has pensado bien? Soy fría, distante, insensible, amargada, entonces ¿qué es lo que te puede gustar? Si es una especie de venganza por haberte molestado todo este tiempo…

—Ya cállate. No tengo ninguna intención de vengarme, ¿qué tienes con eso? ¿Acaso todo en tu vida han sido venganzas?

Hubo un pronunciado silencio.

—Exactamente. Hago todo esto por venganza. He construido minuciosamente mi plan de vida, voy a lograr ser buena en algo, algo en lo que otros han fallado y regresaré a ese estúpido pueblo prejuicioso a sacar a Renée. Voy a demostrarle a todo ellos que soy más capaz que sus hijos que hicieron el vago molestándome en secundaria. Cerraré todas las malditas bocas que se atrevieron a hablar mal de Renée por ser madre soltera y adolescente y todas aquellas que dijeron que no seríamos capaces de hacer nada, a todos los que nos causaron dolor y nos estigmatizaron. Así que sí, mi vida gira en torno a venganzas y no pararé hasta conseguir mi objetivo, cualquier cosa que se interponga en mi camino…

— ¿Qué? ¿Qué harás con esas cosas que se interpongan en tu camino? —interrogó Edward, en el mismo tono calmado que Isabella. Ella lo observaba con altivez.

—Las apartaré—él sujetó la muñeca de la castaña con firmeza y la hizo acercarse.

—Pues no estoy dispuesto a ser apartado—se aproximó al rostro femenino, con toda la intención de besarla. Y por unos gloriosos instantes, creyó que lo haría. Mas, no era el momento adecuado. Quería besarla cuando ella quisiera también—.No voy a jugar limpio, Bella—advirtió rozándole la barbilla con los dedos.

La castaña se zafó de su agarre y con una actitud orgullosa dejó la habitación.


Holaa! ¡Se destapó la olla! ¿Qué opinan de la actitud de Bella? Ya me dirán qué piensan :Z

Chicas (y chicos?) Gracias por los reviews, por los favoritos y alertas, también a los que leen en silencio. Me encanta que les guste, me llena el corazón poder crear algo que les llame la atención.

Y nada, voy a seguir editando el siguiente capítulo para subirlo en un rato más. No creo que alcancé a terminar el último, pero lo tendré listo sí o sí para el domingo, lo juro.

Nos estamos leyendo en un rato!

Pd: lamento cualquier error ortográfico y/o de gramática que haya pasado por alto.