Disclaimer: Sucesos que terminarán la historia del bioterrorismo para siempre.

Resident Evil no me pertenece, solo el argumento.

Agradezco a mi hermandad malvada (gracias por aparecer), a mi beta Zhines, a mis compañeros de foro Behind The Horror y a mis queridos lectores.

Advertencia: Hay contenido sexual.

Agradecimiento especial: Light of Moon 12, tu presión me tiene escribiendo de nueva cuenta después de seguir atorada en las historias de corrección de pendejez.

Gracias.


The End Of My Road

Por GeishaPax

Futamono

.

Esta es la historia de un hombre...

—¿Estás bien?

Que luchó por proteger lo que más amaba…

—Lograre detenerlo de una forma u

otra… hay cosas que debo proteger y mientras las tenga, tengo que luchar.

Esta es la historia de un héroe.

—No me rendiré.

La historia de un héroe al que quiero.

.

—¿Cómo describirías tu experiencia más traumante María? — preguntó Carol en la cafetería cercana al set de su sesión fotográfica.

La rubia dedicó unos segundos para pensar y llegó a la conclusión de forma muy narrativa.

—Estábamos en la residencia privada de Glenn Arias, mi padre y yo acompañamos a Sara, mi hermana; las mesas estaban puestas en una hilera de cada lado de la familia de los respectivos novios. Un arco de madera con cortinas y varias flores adornaban encima de las cabezas de los novios. Se pusieron de pie, y después de mirarse unos segundos, Sara cruzó sus manos para tomar las de su esposo, se veía… feliz. — continuó la mujer que bajó la mirada ámbar a su taza de té. — A lo lejos escuchamos un avión, que se aproximaba, un jet al parecer, solo vimos un objeto blanco caer y una onda expansiva que me lanzó, un calor inmenso y oscuridad. Lo siguiente que recuerdo fue a Glenn saliendo de los escombros con lo único que sobrevivió de Sara, su mano con la argolla de bodas, Glenn soltó el grito más doloroso que pudieras imaginar.

—¿Y todo eso en Nueva York fue por ella?

—Es más complicado… como entender con una modelo se ha puesto en contacto conmigo, una mujer que no tiene nada que ver con el bioterrorismo.

—Sí que lo tengo, un amigo me dijo que te buscara, el primo de Glenn, Frederic.

—¿Sigue vivo? Interesante. — María colocó la taza en la mesa.

—No es casualidad que nos hayamos conocido, es el destino. — respondió Carol haciendo a la mujer frente a ella estremecer.

María reconoció esas palabras del desaparecido Glenn Arias, siempre las dijo.

—Reescribiré el pasado, ¿estás conmigo? — preguntó la pelirroja extendiendo su mano.

—¿Qué tenemos que hacer? — respondió la mujer de ojos rojos mientras cerraba el trato estrechando la mano de Carol.

—Te puedo ayudar a localizar a algunas personas para quitarlas del camino si me ayudas con alguien poderoso, necesito una buena espía.

—¿Con quién necesitas ayuda?

—Albert Wesker. Dejémoslo en que es un aliado cuando me conviene, pero no quiere deshacerse de ciertos "estorbos". — respondió Carol mientras tomaba su té chai. —Mis hermanas, mi abuela y otros lastres.

—¿Quieres deshacerte de tu familia? — preguntó María con cierto aire de desaprobación.

—Son las personas que más le importan a Chris Redfield, Rebecca Chambers y a Leon Scott Kennedy.

María apretó los puños con fuerza y un ligero temblor empezó a recorrerla. Aún tenía muy presente como eliminaron a su padre haciéndolo puré.

—¡Los quiero a ellos, no a tus tontas hermanas! — exclamó furiosa.

—De Chris Redfield me encargo yo, pero para llegar a ellos, tenemos que actuar antes de que Albert Wesker las quiera "proteger". Necesito que investigues porque tiene tanto interés en Claire Redfield.


Piers Nivans entró en el edificio central de la B.S.A.A. causando shock, confusión y en algunos casos miedo a los miembros que lo reconocieron. Una gran cicatriz abarcaba desde su frente hasta su mentón, cubriendo parte del ojo.

Sheva Alomar fue la primera en ir a su encuentro.

—Es una muy grata sorpresa tenerte de vuelta, Claire nos dijo en su informe de tu situación. — respondió la morena dándole la mano.

—Avisé que vendría pronto, pero parece que a algunos no les da mucho gusto mi regreso. — respondió de la misma forma mientras notaba la vista curiosa de algunos trabajadores.

Caminaron por el lobby hasta llegar al elevador. Subieron en una agradable charla de la mujer sobre algunas novedades en la base y de los operativos. Muchas cosas habían cambiado en dos años.

Llegaron al piso ocho y avanzaron por un largo pasillo. Piers reconocía las fotografías de algunos en las paredes, miembros con altos honores que perdieron la vida, entre ellos, su fotografía, la de Jill Valentine, una chica de su primer equipo de nombre Nadia y un ex compañero del ejército, Damian. Miró de reojo a la antigua oficina de Jill Valentine y vio a una mujer de cabello negro, que revisaba unos documentos con Parker Luciani. Chris salió de la sala de juntas con el retirado Clive O'Brian, lo reconocieron a lo lejos y avanzaron con rapidez hasta él.

Chris evitó la formalidad y lo recibió con un abrazo, seguido después de O'Brian.

—Tenemos mucho que hablar Piers, pero…

—Pero primero me tiene que examinar alguien para verificar que no sea una amenaza. — interrumpió Piers a su capitán.

—Eso no era lo que iba a decir. — respondió Chris. — iba a preguntar, ¿ya comiste?

—No. — respondió asombrado.

—Me retiro, cualquier cosa, no dudes en pedir apoyo. — dijo Sheva mientras empezaba a caminar hacia el elevador.

—Sheva. — llamó Chris antes de que partiera. —En cuanto acabes con los novatos, ve a verme a la oficina por favor.

La morena asintió neutra y se fue.


Claire y Leon habían hecho un último intento para hablar con Frederic Downing. Juntos esperaban en la celda de interrogatorios, Claire miraba de vez en cuanto a la puerta mientras Leon revisaba en su pantalón si no había olvidado un encendedor.

La puerta se abrió por fin, mostrando a un demacrado hombre de sonrisa burlona y sus ojos azules más hundidos. Miró de forma lasciva a la Redfield. Se extrañó de verla con un vestido azul rey y saco, por lo poco que sabía, ella no usaba vestidos. La mujer había cambiado considerablemente y a diferencia de su hermana, su cuerpo se veía con más curvas y fuerza, Carol mantenía una apariencia más delgada y femenina. En definitiva, sí había diferencias entre ellas.

Leon intentó pasar por alto la mirada que le dirigió a la mujer y puso la cajetilla de cigarros y el encendedor de plástico que había conseguido.

—¿Sabes hace cuánto que no probaba ni un mísero Lucky Strikes? — preguntó el prisionero mientras con calma sacaba el cigarrillo de su empaque y lo dirigía a su boca.

Claire fue ahora la que se acercó y tomó el encendedor para encender el cigarro.

—Muy interesante… — respondió el hombre mientras la observaba.

—¿Ese era el secreto? — preguntó Claire un poco brusca. — ¿Traer tabaco para que al fin hablaras?

—Antes eras dulce, Claire. — respondió Frederic mientras miraba de reojo a Leon. —Al menos eres una buena influencia, haces que vista con camisa.

Leon volteó la vista hacía el hombre sin decirle nada.

—Tu cabello largo era lindo. — continuó Frederic sin dejar de mirar a Leon. —Una pena.

—Es lo suficientemente largo para recogerlo. — Claire tomó una goma elástica de su muñeca y se recogió el cabello como antes. —¿Mejor?

—Un poco.

—No sabíamos que te gustara tanto Claire. — Leon por fin habló.

—Ser cortés no significa que me guste.

—Oh, vamos Freddie, admítelo, si no fuese por el senador Davis, el té y las galletas en Harvardville hubieran quedado en segundo lugar. Siempre quise un hombre mayor… —Claire se sentó en la mesa justo frente a él.

—Estabas con Wesker, era lo suficientemente mayor.

Leon hizo un esfuerzo sobrehumano para no romperle la cara en ese momento.

—Hay límites para eso Freddie, tampoco me gusta la gerontofilia. — respondió Claire. —Yo te recuerdo a alguien, ¿no?

Frederic la miraba con un poco de confusión, ¿qué clase de juego era ese? Algunas acciones le recordaban a Carol… ¿sería posible que Claire estuviese conectada de alguna forma con su hermana? Tragó saliva y no dijo nada.

Claire se acercó y le quitó el cigarrillo y se lo puso en los labios. Le dio una calada y sacó el humo por la nariz.

—Sabes que fue muy torpe, verdad, usó mis tarjetas, el pasaporte de mi hermana. — Claire se acercó y le volvió a colocar el cigarrillo en los labios inclinandose más de la cuenta para mostrar el escote. —Tengo dos hermanas, ¿sabías?, ¿te gustan dulces?, ¿sensuales? O la clásica chica de acción.

—Yo creo que dulces, Claire, fuiste demasiado amable con él en ese aeropuerto. — respondió Leon.

—Vayanse a la mierda.

—Una fibra sensible en Freddie, viste Leon, sí siente.

—Nunca me fijaría en una coja como ella.

—Entonces quedan dos, la sensual o la que ya conoces. — interrumpió Leon.

—¿Quién dice que no conozco a las dos? Claire puede ser una calienta bragas cuando se lo propone.

—No hoy guapo, gracias. — le quitó el cigarro y lo aplastó en el suelo, le acarició la mejilla rápidamente.

Salió de la sala seguida por Leon. Se veía un poco agitada.

"Abre tus oídos y escucha a las personas. Primero calma tu corazón por el bien de tu mundo."

—¿Estás bien?

La voz de Leon la hizo volver a la realidad.

—Conoce a quien se hizo pasar por mi, la vi muy poco… le pidió ayuda.

El agente se acercó a Claire y la rodeó con el brazo.

—Sabe que una de tus hermanas cojea, y al parecer a Carol también, sabía de la existencia de tus hermanas desde antes de que hablaras. No me agrada para nada que le intereses.

—Tenemos que avisar a B.S.A.A. — giró la cabeza de lado y le sonrió débilmente. — luego podrás hacer una escena de celos.

Leon bufó mientras caminaban de nueva cuenta con el guardia.

No tardaron mucho en salir de la prisión, Leon seguía en silencio a Claire. Estaba realmente molesto por la actitud de Frederic hacía ella: la forma de expresarse de Claire, de verla, la sonrisa lasciva y morbosa. Incluso lo vió relamerse los labios. Sentía repulsión por la forma en que tanto el ex empleado de WhilPharma y Albert Wesker veían a Claire, se sentía impotente por no poderla defender del segundo y de que ella tuviera que soportar cosas tan horribles.

Claire notó a su compañero perdido en sus pensamientos y retrocedió unos pasos hasta detenerse frente a él de golpe.

—¿Qué sucede?

Lo miró directamente a los ojos, logrando que el ex policía levantará la mirada a su encuentro.

—Me enervan esos comentarios de los hombres sobre las mujeres. — respondió el agente.

No era mentira, su forma de pensar y la educación en cada le hicieron valorar a las mujeres. Al tener a su madre y hermana en casa, al ver la devoción de su padre al tratar a su esposa, no podía tolerar eso. Tal vez era una enseñanza un poco extraña. Leon odiaba las injusticias, pero en el tema de las mujeres era muy sensible, no podía ver a ninguna mujer vulnerable, desde lo verbal hasta lo físico.

Incluso con la misma Ada Wong, en España, tuvo que controlarse por no lanzarse por la cólera que le provocó Krauser a llamarla "La zorra de vestido rojo".

Así fuese una desconocida o alguna persona no tan cercana. Le molestaba en sobremanera.

Claire sonrió ligeramente al comprender un poco la molestia de Leon. Sabía que se podía poner como loco si una mujer era herida, y aún no comprendía como no se lanzó a una misión suicida por lo que Wesker le hizo.

Levantó sus manos y las posó en el rostro del agente, para después acercarse en un beso apasionado. Leon le correspondió con la misma intensidad, la acercó por la espalda y bajó las manos a su cintura.

Claire sin poder controlarlo, tuvo una visión muy rápida de memorias del pasado. Leon abrió los ojos de golpe, estaba viendo lo mismo que ella.

Llevaban en el aire tan sólo veinte minutos y Claire ya estaba medio dormida apoyada en el hombro de León. Él también estaba cansado, pero sabía que no podría dormirse con tanta facilidad. Para empezar, tenía hambre… por no mencionar el hecho de que no estaba seguro de estar actuando del modo más correcto.

El mejor momento para ponerte a pensar eso, ahora que estás metido hasta el cuello —le dijo su subconsciente con voz sarcástica—.

"Quizá podrías pedirles que te dejaran bajar en Londres, o algo así. Podrías esperarles en un pub hasta que acaben… o mueran."

Leon se ordenó callar a sí mismo, y dejó escapar un pequeño suspiro. Estaba comprometido. Lo que Umbrella había estado haciendo no sólo era un delito criminal, era algo malvado… o al menos, lo más cercano a la maldad a que podían llegar todos aquellos avariciosos capullos de la compañía. Habían asesinado a miles de personas, habían creado armas biológicas capaces de asesinar a miles de millones, habían destruido la vida que él había planeado. Y en ese preciso instante, Claire murmuró algo en su sueño inquieto y metió su cabeza en el hueco de su brazo antes de quedarse quieta y en silencio de nuevo… lo que provocó que León se percatara de un modo incómodo de otro aspecto de su relación y compromiso con los STARS: Claire. Claire era… era una mujer increíble.

Los sentimientos que tenía hacia ella eran algo confusos: cariño, entendimiento, dependencia, respeto, y otros a los que no podía ponerles nombre. Y eso le daba miedo, porque jamás antes había tenido unos sentimientos tan fuertes hacia una persona… Y porque no estaba muy seguro de cuánto de aquello era verdadero y cuánto era producto de una especie de estrés postraumático.

"Enfréntate a ello, deja de engañarte con toda esta mierda. Lo que de verdad temes es que sólo estés aquí por ella, y no te gusta lo que eso puede suponer respecto a tu persona."

Leon asintió en su fuero interno, y se dio cuenta de que era verdad, que ése era el verdadero motivo que causaba su incertidumbre. Siempre había pensado que querer estaba bien, pero ¿necesitar? No le gustaba ni un pelo la idea de verse arrastrado por alguna clase de compulsión neurótica que le obligaba a estar cerca de Claire Redfield.

"¿Y qué pasa si no es una necesidad? Quizá tan sólo se trata de querer, y todavía no lo sabes…"

Se fustigó a sí mismo por sus patéticos intentos de autoanalizarse, y decidió que quizá lo mejor sería dejar de preocuparse tanto por todo aquello. Fuese cual fuese la razón por la que se había comprometido con aquella empresa, lo cierto es que estaba comprometido. Podía patear culos tan bien como el mejor de ellos, y Umbrella merecía que le patearan el culo, y a base de bien.

Se separaron de inmediato, Claire lo observaba con tal asombro que Leon pensaba que había detectado en el alguna clase de enfermo acosador.

—D-disculpa, yo no quería…

—Está bien, Claire. — la detuvo Leon con una sonrisa serena. —Creo que ya era hora de afrontar que desde hace tiempo me sentí totalmente confundido por ti. Y creo que desde Utah estaba enamorado de ti.

La mujer sonrió nuevamente antes de tomarlo del brazo y seguir al auto. No dijeron nada en el camino, ni al llegar al hotel, pero antes de dejar a Claire en su habitación, habló por fin:

—Pensé que era la única.

Leon la observó abrir su habitación y la siguió. Cerró la puerta detrás de el y siguió el ruido de sus pisadas a un costado de la cama mientras recogía dos bolsas y las dejaba en una mesa.

—¿Estabas enamorada de mi desde White Umbrella?

—Al menos me gustabas. — respondió sentándose en la cama.

—¿Por qué no me dijiste nada? — preguntó Leon mientras tomaba asiento a su lado.

—Por Ada, sabía que aún te importaba. — respondió. —Pero realmente me engañé, corrí a buscarte por correo en vez de buscar a Chris primero.

—Claire. — le llamó y giró para observarla antes de hablar. — ¿De verdad ya no sientes nada por Piers?

—Siempre lo voy a querer Leon, pero nunca lo vi como alguien que reemplazara a mi primer amor de supervivencia. — Claire se puso de pie y se colocó en medio de las piernas del agente y lo abrazó por el cuello. —Me confundías tanto, que ya no sabía como tratarte. — Le acarició el cabello.

Leon sonrió y la jaló hacía su pecho para caer en la cama.

—Trátame como quieras hacerlo. — respondió mientras aspiraba el olor de su cabello.

—Entonces, te tomaré la palabra.

Hacía un rato que se miraban fijamente y a Leon eso le excita muchísimo, así que haciendo uso de la razón, habló por fin:

—Mira, mejor me voy porque si no voy a meter la pata. — dejó a Claire a un costado de la cama y se puso de pie, para dar unos cuantos pasos hacia la puerta.

La dulce voz de Claire lo hizo detenerse antes de girar el pomo. —¿Tú crees que vas a meterla?

La pelirroja caminó hasta el pasillo de la puerta ya sin el saco y soltándose el cabello, acto que hizo a Leon tragar saliva. Algo tan sencillo le empezaba a generar una excitación indescriptible.

Claire sonrió al notar la cara de extraña tensión del agente y se mordió el labio.

Se acabó, adiós cordura, adiós a Leon racional. Se acercó a ella y le dio un beso muy suave en los labios, al cual ella respondió con otro pero no tan suave, en un momento sus lenguas estaban jugando entre sí.

Siguieron besándose recargados entre la pared del pasillo y la puerta de la habitación; las manos de León comenzaron a acariciar su cuerpo por encima de su vestido que era muy suave y pegado a sus curvas, ella no hacía nada solo besarlo y temblar.

Se separó un poco y murmuró en su oído:

—¿Nerviosa?

—Un poco.

Leon entendió, no era fácil. Pese a Claire ser una persona fuerte, no tenía mucho tiempo de haber sido atacada y torturada por el monstruo de Albert Wesker. Llevaba un tiempo en terapia, y parecía ir mejorando, pero no sabía que tanto.

—Si no estás segura, será mejor detenernos ahora.

Claire negó suavemente mientras se aferraba más a su cuello y se pegaba más a él. Un instante su mano se deslizó, y el agente quebró de pronto como un vidrio, y tembló en sus pantalones.

Leon sonrió, era una buena señal de seguir acariciándola. Sus manos apretaban sus nalgas y estuvo seguro de que Claire sintió con claridad como empezaba una marcada erección a formarse. Siguieron besándose y el rubio no pudo evitar subir las manos para atrapar sus senos por encima del vestido.

Un suspiro de Claire fue buena señal de que no estaba presionándola, logrando que bajara de nuevo las manos y metiéndolas debajo del vestido, acariciando sus piernas hasta llegar a sus nalgas, donde metió las manos por los lados de su ropa interior.

Ella ya se había relajado bastante y acariciaba su espalda, besaba su cuello y sus orejas despacito

—Me siento como si fuera la primera que me meten mano. — dijo un poco avergonzada la pelirroja.

—El que te pongas así conmigo es lo que más me gusta en el mundo. — respondió mientras empezó el recorrido con la yema de sus dedos a la parte más sensible de Claire en ese momento.

Ella soltó un gemido y buscó con su mano en respuesta, la parte más sensible de él, acariciándolo sobre el pantalón e intentando liberarlo.

La señal que Leon deseaba estaba dada, sacó las manos y las subió hasta el cierre de la espalda para quitarlo lentamente. Dejando al descubierto los hombros pálidos, blancos. La delicada piel de porcelana tenía tres lunares debajo de la clavícula, como si fueran delicadas pinceladas hechas a mano. Siguió bajando la tela y notó que no llevaba sostén.

Levantó la mirada arqueando una ceja y recibió una divertida sonrisa de la pelirroja. Ella sacó los brazos de los tirantes y Leon no pudo evitar agacharse, empezó a pasar la lengua desde su base hasta llegar a su pezón y cuando tocaba este notaba como se retorcía, estaba realmente muy caliente y le me estaba poniendo igual; mientras lo hacía metió su mano entre sus piernas acariciando de arriba a bajo, quitó del todo su vestido y bajó la lencería, quería tenerla completamente desnuda, ella también quitó su camisa y bajó su pantalón quedándose solo con sus slips. Ya habían pasado de la puerta a la cama, en donde la tumbó y se puso encima de ella comenzando a besar todo su cuerpo desde su boca hasta sus pechos, su vientre, sus piernas; subía con su lengua por sus piernas lamiendo el interior de sus muslos.

En algún momento la ropa desapareció, Leon no podía creer lo que estaba a punto de suceder. Los labios de la chica lo volvieron a traer de vuelta, sintió sus manos recorrerlo hasta el vientre bajo.

—Claire ya no puedo más.

—Yo tampoco.

Tibias corrientes les acarician y penetran. Y es rápido, violento, definitivo… La grave sencillez de la actitud de Leon le confiere como una segunda desnudez. Claire anudó sus brazos tras la nuca, trenzó y destrenzó las piernas y cada gesto le traía consigo un placer intenso y completo, como si, por fin, tuvieran una razón de ser sus brazos y su cuello y sus piernas. ¡Aunque este goce fuera la única finalidad del amor, se sentiría ya bien recompensada!

Ella se excitó tanto, que le pidió la unión total, cuando lo hizo, Claire lanzó un grito que asustó a León.

—¿Te lastimé?

Ella rió.

—No, grito de placer, aquí sí puedo hacerlo.

Se sentía feliz de poder demostrar sus emociones y gritar, jadear, gemir ¡era maravilloso!

Él la amó apasionadamente y ella le correspondió en la misma forma; cuando sintió que Leon llegó al "punto sin retorno", se preparó para el "gran éxtasis", como le llamaban al orgasmo simultáneo, en el que gozaban más, porque además de su propio placer, disfrutaban del placer del otro. Los dos llegaron al mismo tiempo al final y se sintieron más que nunca como un solo ser en lo máximo de su expresión.


—Entonces, ¿se van? — preguntó Moira a su padre.

—Al menos por el momento solo Chris, tienen que seguir las pistas sobre Albert Wesker y todo indica que hay algo en Brasil. — contestó mientras seguía guardando ropa en la maleta.

—Deberías esperar a mamá, o a Poly. — dijo la morena mientras observaba el reloj de la pared. —Ellas seguramente se van a querer despedir de ti…

—No podemos retrasar más mi vuelo, lo sabes cariño, tengo que volver a Islandia para descubrir el verdadero plan de Wesker, lo mejor es volver a revisar esa maldita guarida.

—Lo sé. — Barry levantó la mirada hacía la habitación y empezó a observar hacía todo el recinto. —¿No has visto mi teléfono?

Moira empezó a revisar también la habitación.

—¿No lo dejaste en la B.S.A.A.?

—No, lo traía antes de hacer la maleta. Tal vez está en el auto.

—Ni hablar, revisa antes de irte y apresúrate. — dijo Moira ayudándolo con la mochila de la computadora portátil.

Bajaron a la sala y encontraron a una muy concentrada Natalia en la computadora.

—¿Mucha tarea, cielo? — preguntó Barry mientras iba a la cocina a revisar si había dejado el aparato ahí.

—Un proyecto importante. — dijo la adolescente tecleando velozmente algo que a lo lejos parecía lenguaje básico de programación. —odio el MS-DOS, no entiendo para qué debo aprender algo tan viejo…

—De algo ha de servir cuando se caiga Android. — respondió Moira.

—Nada. — Barry salió de la cocina un poco apresurado. —Cielo, dale un beso a tu viejo, volveré en dos semanas.

Natalia se levantó y se apresuró a darle un abrazo a su padrastro.

—Vuelve pronto, llama cuando llegues a tu destino. — dijo la chica.

—Lo haré en cuanto encuentre ese maldito teléfono. — dijo Barry tomando la maleta mientras Moira lo seguía al auto.

—Barry. — la voz de Natalia los hizo girar a la puerta, la niña levantó el aparato. —Estaba en tus narices, junto al control de la televisión.

—Seré despistado, gracias cariño. — se acercó velozmente, recibió el teléfono y le acarició la cabeza a su hija adoptiva antes de irse en el auto.

Natalia miró sombría cómo se alejaba Barry Burton y sonrió con malicia.


María había logrado dar con el paradero de Albert Wesker gracias al rastreo del envío del paquete de Carol hacía Fortaleza, Brasil. Al ser un lugar peligroso, mucha gente no se sospecharía que algunos desaparecidos y asesinatos eran parte de las investigaciones de Albert Wesker con los absolutos virus hasta la última adquisición que lo había salvado de la muerte, el potente virus C, reforzado con el bastardo que engendró en el pasado.

María no tuvo problemas para darle su merecido a algunos delincuentes locales, a personas más influyentes hasta llamar la atención del ex capitán de los S.T.A.R.S por sus habilidades fuera de lo común para la pelea. Se presentó y pudo concretar una reunión a la que el mismo Wesker invitó en persona.

Llegó al lugar de la reunión con un pantalón de combate, unas botas de tacón y una chaqueta de cuero en rojo. Extraña combinación para alguien que debería intentar pasar desapercibida.

—Esto es interesante, el virus A se activa en tres fases, la primera es infectando al huésped, idéntico a las placas, después se activa en forma de gas y se controla directamente para llegar al blanco. —Wesker revisaba los avances de su nueva adquisición. —Y la mejora con la sangre de mi antigua subordinada en inyección, es más efectiva.

—Señor, Glenn Arias era un gran científico y menospreciado entre Los Iluminados, realmente, si lo ve fríamente, él no era ni bueno ni malo, las circunstancias lo volvieron loco. — respondió María mientras vigilaba los pasos del tirano. —No, no estaba loco, buscaba venganza.

—Tengo un aliado secreto, infiltrado entre la gente de la B.S.A.A y a otro círculo importante de información directa. — replicó Albert Wesker. —Sé a quienes buscas, yo puedo hacer justicia por ti.

—No lo necesito. — contestó la mujer. — sobreviví a ellos, podré contra ellos.

—Piensalo María, necesito un buen científico y alguien que me ayude a traer a alguien aquí.

—¿Una de las hermanas Redfield o a las tres?

—Dos tienen un virus muy inestable, me interesa la portadora de más anticuerpos…

—Wesker, usted tiene otro motivo. — María se atrevió a ponerse de pie y avanzar unos cuantos pasos hacía el escritorio del virologo. —Usted ama a la chica.

—No, pero me recuerda a alguien de mi pasado, alguien que me importaba…

María no sabía que esperar, no sólo era su muestra viviente de virus, Albert Wesker buscaba a Claire Redfield como Glenn a Chambers.


Era la quinta vez que tanto Leon y Claire lo mandaban a buzón. No sabía cómo había salido la entrevista final con Frederic y no tenía tiempo que perder. Ya había encargado con Sheva y O'Brian la oficina en lo que él viajaría a Brasil con Barry y la nueva, Anne Wilde.

Al menos se quedaba tranquilo, Sheva y él habían hablado al fin. No quedando como amigos, pero al menos dejando todo en paz. No pudo evitar sentirse celoso cuando la mujer le dijo de su relación con Jake Muller, pero así era la vida, desde el inicio no estaban destinados para estar juntos, no con él haciendo de su vida un desastre.

No quería admitirlo pero la culpa lo estaba atacando lentamente, no merecía a Jill y la vida que estaba llevando lo estaba destinando a la soledad. Y como una espora tóxica estaba contagiando a sus hermanas, Carol terminó viuda, Claire traicionada y recién sin planes de boda.

Sin embargo sabía que Stela era feliz, al menos no estaba pasando por lo mismo que ellos.

—¿Estás listo? Barry nos espera en el helicóptero. — la voz de Anne lo hizo volver a la realidad.

—Sí, vamos. — guardó el teléfono en su chaqueta y siguió a la mujer.

—Hay algo que no me agrada de todo esto, Chris. — Anne frunció el ceño mientras subían al elevador. —Hubo un robo en Umbrella Blue hace unos meses, pero fue parcial.

—¿Qué robaron? — cuestionó el castaño aún incrédulo de la capacidad de investigación de esa mujer.

—Una muestra de tejido parcial del virus A, para más específico, de los restos de…

—Glenn Arias.

Continuará

Hello… It's me…

Ya sé que merezco ser pinchada, lanzada a los leones, y demás cosas por no actualizar tan rápido pero me está demorando la revisión de UR está lenta, porque era estúpida y me estoy dando golpes en la cabeza al leer la serie de babosadas que hice. Perdón, perdón, perdón, ya sé que estaban esperando todo esto pero aquí estoy, para que vean que pensé en la velocidad del capítulo, hoy no saludo a nadie ni respondo nada jajajaja

Prometo resolver dudas en el próximo.

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Me despido cariñitos del Eliptic Express, me voy dando besos llenos de sanguijuelas voraces. No olviden pasar a Wattpad, con el mismo título y mi alias van a encontrar mis historias.

Nos leemos, hasta la próxima.