Aclaración: Pokémon no me pertenece, es de "Satoshi Tajiri y Pokémon Company". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros comerciales.
Capítulo 2: "Tormento en el Segundo Día"
Cerca de un pueblo de nombre desconocido, se ubicada un hermoso prado lleno de flores de distintos colores, en medio de ella, una pequeña niña de seis año aproximados se encontraba recostada en el campo floral emitiendo pequeños sollozos.
La pequeña de melena castaña claro se lamentaba de algo en particular, y eso la llevo a las lágrimas por un largo rato.
—¿Por qué lloras?
La niña se alarmó ante aquella voz, y rápidamente comenzó a secarse sus lágrimas para eliminar la evidencia de su llanto. Cuando asomó su cabeza en aquel intruso pudo mirar que se trataba de un niño de su misma edad.
—¿Te sucede algo, niña? —volvió a preguntar ahora más curioso.
—No... No me ocurre nada —dijo con voz agotada, deseando que se fuera para dejarla de nuevo con su soledad.
—¿Estás segura? Podría jurar que...
—¡Te he dicho que estoy bien! —alzó la voz llena de furia y dolor. No pudo controlar la emoción negativa que sentía en su pequeño corazón, volviendo a quebrar en llanto—. ¡Lárgate! ¡Quiero estar sola!
Estaba vulnerable a ese sufrimiento, llorando en frente de aquel chico, que aún no se marchaba de ahí. El viento daba soplidos muy leves en ambos menores, dando un enfoque de tristeza y melancolía. Sólo se escuchaba el llanto de la pequeña en toda la zona, de pronto el chico apretó sus manos decidido a acercarse.
—¡Te dije que te lar...!
Su voz se detuvo, abruptamente, abriendo sus ojos tras presenciar la acción del niño. La estaba abrazando de forma inesperada, provocando que sus lágrimas cesaran enseguida mientras sentía la calidez de su cuerpo con el suyo.
El niño finalizó el abrazo y tomó distancia, sonriéndole.
—¡Qué bien! Ya has dejado de llorar —comenzó a festejar, sonrojando a la pequeña, luego se le acercó para verle sus ojos zafiros—. Ahora que ya estás un poco calmada, ¿puedes decirme por qué llorabas?
—Yo... Yo... —estaba dudando en revelarle su agonía. ¿Por qué debería decírselo a un extraño sobre sus problemas personales? Apretó sus delicadas manos tratando de reprimir su dolor, luego respiró hondo y le contestó—. Lo siento, no puedo decírtelo.
—Entiendo —captó enseguida su motivo, para luego dar una pequeña risita ofreciéndole su mano—. Sera mejor que te levantes ahora, o sino podría pescar un resfriado.
La pequeña por alguna extraña razón no sintió desconfianza o malas intenciones en el muchacho, y tomó de su mano. Acto seguido el chico la impulsó y el cuerpo de la niña cayó justo sobre su pecho, por un instante pudo escuchar los latidos de su corazón, totalmente avergonzada, ella se alejó con la respiración muy agitada.
El muchacho la vio extraña debido a esa reacción.
—¿Estás bien? —preguntó muy inocente.
—Sí. Estoy bien —colocó su mano derecha en su pecho, observando al causante de sus nervios, pero también sintió tranquilidad en su interior llegando al punto de ser ella misma. Sonrió de forma inconsciente, adornando un rostro lleno de vida. Sin embargo recordó un pequeño asunto que debía atender—. Lo siento, pero debo marcharme a mi casa.
—Voy contigo —se ofreció, notando el atardecer entre las montañas, además de los Pokémon salvajes que rondaban en busca de presas.
—Sígueme.
Sin tener opciones para negarse. La pequeña emprendió el camino de regreso a su hogar junto con el extraño muchacho.
—Ahora que lo recuerdo... Todavía no nos hemos presentado —mencionó con simpleza a la vez que caminaba, queriendo charlar con la niña.
—Me llamo Serena... Serena Gabena... —se tensó por revelarle su nombre al muchacho, que, por alguna extraña razón, se había adentrado en su vida. Llegando a pensar que fue obra del mismo destino.
—Conque te llamas Serena ¿eh? Es un gusto conocerte, mi nombre es...
La imagen del niño empezó a desaparecer por completo, volviéndose todo oscuro.
¡Riiiiing!
Serena abrió los ojos con pesadez y su cabello se encontró todo alborotado. Se percató que el molesto ruido provenía de su despertador, que enseguida lo desactivo, luego estiró los brazos y liberó un pequeño bostezo. Una vez que se desprendió de las sábanas, mostró su típico pijama; que consistía en un short corto de color rosado y una casaca morada con adornos de corazón.
En el momento que puso uno de sus pies en el piso, noto la ausencia de su compañera de cuarto, quien no se encontraba en la cama de al lado.
—Ah, Lillie. ¿Estás aquí? —tocó la puerta de baño y no hubo rastro de la joven de cabello rubio. De pronto empezó a sudar pálida y corrió de prisa hasta su despertador, llevándose una grata sorpresa—. ¡Aaaaaah, son las 7:54 a.m.! ¡Oh no! Tengo seis minutos para llegar a mi primera clase.
Y como si Giratina se llevara su alma al Mundo Distorsión. La joven pelimiel corrió apurada a su armario, desvistiéndose en el camino y mostrando su escultural cuerpo, puesto que en casos normales ella siempre se cambiaba dentro del baño. Se vistió con las prendas que encontró primero, porque la misma Serena preferiría usar ropa que combine con su estilo en la moda. Lamentablemente, la tardanza le quitó el tiempo necesario para elegir.
Sólo faltando tres minutos. Cerró la puerta de su habitación con brusquedad, y salió disparada hacia las escaleras llevando consigo un trozo de pan en la boca. Agradecía que nadie estuviera presente en su recorrido, pues al estar llevando puesto una falda algo corta, y corriendo como una loca, producía que su prenda íntima estuviera expuesta.
Había llegado a su destino y enseguida dio varias ojeadas a la hoja tratando de encontrar su dichoso salón, mas no se percató de un problema en particular. No conocía todas las áreas del plantel. Cayó de rodillas, derrotada, y cerró los ojos apretando aquel papel con fuerza.
—¡Korrina! ¡¿Dónde estás cuando más te necesito?!
—Me hablabas... —la joven de cabellera rubia miró extrañada el comportamiento de su amiga, y sin querer comenzó a bostezar—. ¿Qué sucede, Sere? ¿Por qué gritas tan fuerte?
—Encima lo preguntas. ¿Acaso no sabes qué hora son? —dijo muy alterada.
—Claro. Son las 8:00 a.m. —le respondió, estirando los brazos—. ¿Qué ocurre a esa hora?
Serena no pudo entender su tranquilidad, o más bien no comprendió a su amiga.
—¿Acaso no sabes que tenemos clases a esa hora?
—Ah… te refieres a las clases de la mañana. Yo ahora no tengo clases hasta llegado la tarde —rascó un poco su cabeza, girando sus ojos verdes hacia otro lado—. Espera, espera. Sere... ¿Qué profesión has decidido estudiar aquí?
—Artista Pokémon —contestó, pero se extrañó mucho cuando ella lanzó una sonora carcajada—. ¿Qué ocurre, Korrina? ¿Qué es lo gracioso?
—De eso hablo, Sere. Aún no entiendes el motivo. ¡Vamos! Es algo pequeño e insignificante la respuesta —decidió responderle al no escucharla hablar—. Lo que trato de decirte es que ambas tenemos diferentes horarios. O sea, tú y yo, no compartimos la misma profesión. ¿Lo captas?
—¡Eeeeeeh! Entonces, ¿qué estudias tú?
Korrina soltó una pequeña risita, muy orgullosa por su pregunta.
—Yo estoy preparándome para convertirme en un Líder de Gimnasio en Kalos. ¿No es grandioso, Sere? —dijo, al mismo tiempo que lanzaba unos puños y patadas en el aire—. Sueño en volverme una que se especialice en el tipo lucha. ¡Algún día lo cumpliré! ¡Je! Después de todo se lo prometí a mi abuelo antes de partir.
—¡Wow! Eso es increíble, Korri... ¡Espera! No tengo tiempo que perder —de nuevo exaltada, le entregó el papel—. Korrina, necesito que me lleves a mi salón.
—Claro. Por aquí es dónde debes ir, Sere. Sólo debes ir por la derecha y cruzar el pasillo de al fondo. ¡Bien, sígueme!
Ash recién se había levantado de su profundo sueño, y lo primero que vio fue la compañía de su Pokémon que dormía a su lado. Hoy no tenía clases, no hasta el día siguiente.
Lo primero que decidió hacer fue ir a la cafetería en busca de comida.
Llegó a su ropero y sacó su ropa habitual, pasando a vestirse adecuadamente. Una vez hecho eso, notó que su compañero amarillo por fin había despertado.
—Oye, Pikachu, ¿quieres comer algo en la cafetería o prefieres quedarte?
El roedor eléctrico dio un salto en la cama y término en el hombro de su entrenador.
—Para nada. Sabes que detesto los lugares solitarios —dijo, comenzando a frotar sus patas en su cara mientras daba un bostezo.
Ash se colocó su gorra y se dirigió a la puerta.
—Eso significa que comeremos juntos, amigo —y salió de ahí, corriendo con prisa de la residencia—. Cierto. Espero que en la cafetería admitan a los Pokémon.
Pikachu, con una venita en la sien, soltó una fuerte descarga de eléctrica en todo el cuerpo del muchacho, cayendo al piso, totalmente carbonizado.
—¡Y te olvidas de algo tan importante, tonto! —lo regañó y se cruzó ambas patas—. En serio nunca voy a comprender el comportamiento de los humanos sobre sus responsabilidades.
Ash se levantó y miró de mala gana al Pokémon. A pesar de ser buenos amigos de hace un buen tiempo, nunca soportaba su personalidad engreída y arrogante, incluso hubiera querido que su naturaleza fuera amable.
—Sabes algo, Pikachu, si no cambiar un poco tu actitud jamás podrás tener una pareja —en eso pudo notar que su amigo sentía una corriente eléctrica por todo su cuerpo, y esto no se debía a su energía natural. Ash sonrió ante eso—. Parece que aún no olvidas a esa Pokémon. Bueno, es normal luego de no verla hace años.
El Pokémon no dijo nada, y el chico decidió solucionar ese pequeño problema.
—¡Oye, Pikachu! En caso de que no te dejen entrar a la cafetería, yo puedo ingeniarme en llevarte de algún modo. Ahora tú decides venir conmigo o no.
De improvisto observó como el Pokémon volvía a subirse en su hombro, pero no le dirigió la ninguna palabra. Ash supuso que le hacía la ley de hielo luego de su broma.
Y así emprendió de nuevo su andar hacia la cafetería.
Serena lució agotada y su cabello un poco desordenado, en cambio Korrina lucía normal y sin ningún cansancio. Ambas estuvieron viendo el salón correcto de la pelimiel.
—Ahora entiendo por qué deseas volverte una líder de tipo lucha —dijo con una sonrisa, mientras arreglar un poco su cabello.
—Eso no es nada, Sere. Incluso puedo correr una maratón sin llegar cansarme —respondió golpeando orgullosa su pecho, Serena tuvo una cara pálida al imaginarlo.
¡A eso le llamas una buena exhibición, novata! ¡Con esa coreografía deberías convertirte en un miembro del circo, porque me has causado mucha gracia!
Serena tuvo un pavor enorme por el grito en el interior de su salón, y ni hablar de Korrina que su cuerpo le comenzó a temblar.
—Bueno Sere, te dejo con tu nuevo profesor. ¡Nos vemos luego! —y se marchó a toda prisa, dejando sola a la de cabello castaño.
Serena tomó un poco de aire y guió su mano en la puerta para deslizarla, pero se detuvo en último momento.
—Calma Serena. Calma —murmuró bajo, queriendo encontrar algo de valor, siéndole imposible por su respiración agitada al punto de sentirse asfixiada—. Y si tal vez falto por este día. ¡No, no, no! No puedo hacer eso, sería muy grave. ¿Qué voy a hacer ahora?
La persona que esté en la puerta, será mejor que entre o que se retire de aquí. Hace perder tiempo importante a mi clase.
No tenía más opción que entrar, y rezar al mismo Arceus para que tuviera compasión de ella. Deslizando la puerta, ingresó con pasos temerosos ante la vista de todas las alumnas sentadas en su carpeta, ninguna cara desconocida para su mala suerte. En eso pudo divisar la voz que la llamó, siendo una mujer de avanzada edad pero de buena clase.
—¿Se puede saber quién eres jovencita? —preguntó con un rostro penetrante e intimidante.
—Ah, yo... soy...
—¡Hable de forma clara! ¡Desteto tener una conversación con una jovencita que tiene falta de confianza! —habló demandante, causando más nervios en Serena—. Ahora lo volveré a repetir por última vez. ¿Quién eres?
—Yo... —apretó un poco sus manos y cerró los ojos por unos momentos—. ¡Soy Serena Gabena, y he venido para las clases de Artista Pokémon!
Lo único que consiguió al gritar a todo pulmón, fueron las risas y burlas de todas las alumnas presentes, sintiéndose incómoda y avergonzada.
—¡Silencio! Así que eres la alumna que falta en mi lista —comenzó a verla detenidamente—. Y se puede saber el motivo de su retraso, señorita Serena. ¿Acaso no sabe qué hora son en este preciso momento?
—Tuve algunos problemas en localizar mi salón y...
—No me interesa escuchar su pobre excusa, señorita Serena —arqueó una de sus cejas, observándola—. Lo que he preguntado es la hora. En esta institución, las excusas son el peor error que un novato como usted puede cometer.
—Lo siento mucho, le juro que...
—No me interesa sus disculpas, señorita Serena, por esta vez la dejaré pasar a mi clase —y la mujer se puso a caminar hasta su mesa—. Pero a la próxima vez que usted llegue tarde, la dejaré parada en el salón, sosteniendo dos baldes con agua sobre sus hombros.
Tragó duro ahora sabiendo las consecuencias, y prometiéndose a no volver a quedarse dormida. Lo primero que hizo fue buscar un asiento vacío, y cuando lo encontró, cerca de una alumna de cabellera azul corto y ojos de color escarlata.
—Conque eres Serena Gabena ¿eh? —dijo con voz algo interesada—. Tuviste suerte que la profesora Palermo estuviera de buen humor, gracias a la actuación penosa de esa alumna que ni su nombre conozco.
—¿Por qué motivo me lo dices? —alzó una ceja, intrigada.
—¿Motivo? Hum... podría ser que tuviera un interés repentino hacia a ti —luego se volteó para ver la clase—. Por alguna razón siento que podrías convertirte en una digna rival, o tal vez que me estoy ilusionando demasiado.
Serena ocultó su enojo por esas últimas palabras. No obstante, aquella joven sonrió victoriosa por hacerla caer en su provocación.
—Tampoco deberías tomarte en serio mis palabras, Se-re-na —continuó con su mofa—. Después de todo, el 70% de la mayoría no podría cumplir su sueño de volverse una famosa artista. Tal vez suene doloroso, pero es la cruda verdad.
—¿Quién eres? ¿Y por qué me dices esto?
Cuando ella se volteó a verla, Serena pudo ver su expresión retadora.
—Mi nombre es Miette, y la razón por el cual te lo digo es muy simple. Yo misma me encargaré de eliminar a toda la competencia como tú.
Desde ese momento Serena supo que habría un muro grande que le impediría cumplir con su ansiado sueño, y ese muro era aquella chica llamada Miette.
Nunca creyó que encontraría un duro rival en su segundo día en Pokémon University.
Luego que Ash y Pikachu visitaran la cafetería, ambos estuvieron paseando por la zona central del instituto. El muchacho de ojos cafés estuvo agradecido que se permitiera el ingreso de su Pokémon, mientras éste caminaba por su cuenta.
—¿Ahora que deberíamos hacer, Pikachu?
El roedor eléctrico alzó las orejas por esa tonta pregunta.
—No lo sé. Ni siquiera sé por qué me lo dices a mí, olvidas que soy un Pokémon —suspiró—. Deberías hacer tu propia vida, Ash. Hasta incluso me das algo de pena.
El entrenador no entendió ni una sola palabra de lo que habló su compañero, prefiriendo mejor omitirlo. Esa era la ventaja de un Pokémon hacia un humano, no poder entender sus propias opiniones.
Ash estuvo tan sumergido en su mente que no pudo darse cuenta de la persona que estaba pasando por su mismo lado, provocando que chocaran entre sí, cayendo ambos al suelo.
—¡¿Por qué no te fijas por dónde vas, idiota?! —se quejó la joven afectada debido a la imprudencia del chico de tez morena, levantándose y recogiendo su libro.
Ash iba a responderle amablemente con una disculpa, pero tras escucharla, decidió encararla por el insulto.
—¡Quién te crees para hablarme así, mocosa maleducada! Primero deberías aprender buenos morales antes de responder a alguien que apenas conoces —dijo con el mismo tono de voz que la muchacha.
—¡A quien llamas mocosa! —frunció el ceño, ahora más enojada—. Para que te lo sepas, yo si tengo buenos morales desde que era una niña. Sólo que no me gusta decirlo a personas imprudentes y cabezas huecas como tú.
—¿Qué dijiste? —el chico se le acercó, fastidiado.
—Aparte de imprudente y cabeza hueca, también eres sordo —igualmente ella se le acercó sin temor alguno.
De improvisto Pikachu apareció en el hombro de su entrenador, alarmando a la joven.
—¿Qué sucede, Ash? —preguntó inquieto, pero luego observó a la chica—. Hola, humana.
A aquella joven se le empezó a erizar la piel y respirar con algo de dificultad. Eso llamó mucho la atención de Ash y Pikachu.
—E-es un un Po-Po-ké-ké-moooon... —y acto seguido sufrió un desmayo, por suerte Ash pudo atraparla, sosteniendo su frágil cuerpo entre sus manos, evitando que sufriera daño alguno por esa recaída tan repentina.
—Oye, mocosa, ¿qué te sucede? —comenzó a agitarla sin lograr que reaccionada—. Encima de que me insultas, ahora yo tengo que ayudarte.
Ash, cargando en su espalda a la joven durmiente, tuvo que idearse con algún plan para evitar confusión en la gente, o sino pensarían que él lo provocó.
—¡Maldición! No tengo de otra que llevarla a ese lugar —y entonces emprendió su camino junto a Pikachu, quien llevaba el libro de la chica entre sus patas delanteras.
En un aeropuerto de la ciudad, una joven proveniente de una región lejana, caminaba entre los pasillos del establecimiento hasta llegar a la entrada principal, pero no andaba sola, a su lado un pequeño pingüino azul la ayudaba con parte de su equipaje. Luego de salir, ambos quedaron deslumbrados por el bello paisaje.
—¿No es un excelente lugar para nosotros, Piplup?
El Pokémon asintió con la cabeza, y la joven sonrió entusiasta.
—Ha pasado un buen tiempo —dijo, sacando una antigua foto de su bolsillo, en ella, dos niños sonreían muy abrazados—. Estoy emocionada por volverte a ver, mi querido Ash.
Continuará...
Notas del Autor:
Al fin he logrado actualizar con la historia, chicos. Lamento mucho la demora, pero estuve ocupado con otros fanfics y me tardé demasiado. Todavía no tengo idea de cuándo haré el siguiente capítulo, no obstante, prometo no tárdame demasiado.
La historia comienzo a formarse de a poco, y de los personajes también. Y claro, he cambiado algunas cosas relacionadas con el anime mismo, un ejemplo: las personalidades. Ahora Serena tendrá una dura lucha por conseguir su sueño, mientras Ash, éste comienza a relacionarse con otras personas junto con el pequeño Pikachu.
¡Comenten que les pareció el capítulo!
Emilion se despide de ustedes lectores, hasta la próxima.
