CAPÍTULO 2
LLUVIA
Los días pasaban y la amistad entre Sakura y Shaoran se hacía cada vez más estrecha, teniendo en cuenta los horarios de estudio de Touya y los trabajos de los padres de Sakura, ella pasaba todas las tardes en casa de Shaoran, aprovechaban para estudiar y compartir todo el tiempo posible.
No solo pasaban los días, también los meses y con ellos, los años. Se encontraron con que ambos estaban en 4 de primaria, hacían todo juntos aun cuando sus personalidades eran tan diferentes.
Otra cosa que no cambiaba con el tiempo, era la personalidad de Shaoran; seguía siendo el mismo chico reservado aunque ya tenía algunos compañeros más cercanos a parte de Sakura, pero nadie como ella, de eso, no había ninguna duda.
Había tenido un día un poco difícil y la verdad, era que no se sentía particularmente bien, así que no estaba muy seguro si asistir al club o solo regresar a casa; se acercó a su casillero y solo pudo sonreír al ver el pedacito de papel pegado a aquel lugar.
- Te espero en el lugar de siempre. – Así, simple y escueto, algo que solo él entendería y que solo una persona podría dejar allí.
- Ay Sakura…
Movió su cabeza de un lado a otro, guardó sus libros con toda tranquilidad y tomó su bolso para dirigirse al lugar indicado.
Al llegar la reconoció a lo lejos, movía su pie de arriba abajo mientras miraba el pequeño reloj que siempre traía en su muñeca y él le regalara por su cumpleaños-
- ¡Shaoran! Apresúrate, nos pueden descubrir
- Esto no está bien Sakura, mejor vamos a mi casa
- ¡No seas aguafiestas, es una tarde hermosa! No podemos desaprovechar.
El chico hizo un mohín y levantó un poco sus hombros
- Es solo que no me siento muy bien
- ¿Qué dices? ¿Estás enfermo? – se acercó la niña de ojos verdes reflejando en ellos su preocupación por las palabras de su querido amigo, acercó su frente a la de él, pues era lo que su mamá siempre hacía.
- No… No es eso, además no te me acerques así.
- No tienes fiebre, pero si quieres, entonces podemos regresar a casa, no quiero que te enfermes Shaoran.
Él solo la miró, se notaba triste por la súbita cancelación de sus "maravillosos planes", así que solo negó y la tomó de la mano, corrieron hacia la pequeña apertura en la reja que les permitía salir hacia un campo abierto atrás de la escuela. No había edificios y era un lugar muy tranquilo.
Su lugar secreto.
Ella solo se dejó llevar con una enorme sonrisa en su rostro y se dejaron caer en el suelo cuando estuvieron bajo la sombra del enorme árbol de cerezo que estaba por completo florecido.
Pasaban ratos en completo silencio, a pesar de lo parlanchina que podía ser la castaña, solo contemplaban el cielo buscando figuras en las nubes, a veces, incluso, se quedaba dormida entre los susurros del viento, y Shaoran, simplemente disfrutaba esos momentos de soledad entre su mejor amiga y él.
Estaban ambos recostados, cuando el chico sintió la pequeña mano de su amiga tomar la suya sin romper el silencio, sabía que ella solía sentirse triste por la situación de su familia, ambos padres se encontraban de viaje por lo que permanecía mucho tiempo sola, y a pesar de ser solo sonrisas con el resto de las personas, solo Shaoran conocía su verdadera situación, porque aunque nadie se atreviera a decírselo sabía que las cosas estaban cambiando para ella.
En ese momento, volteó para verla y aunque seguía con sus ojos cerrados, podía ver como las lágrimas corrían por sus mejillas y eso le estrujaba el corazón, no era muy bueno con las palabras, en realidad, la mayoría de las veces ni siquiera sabía qué decir, pero, a pesar de su corta edad, comprendía que su compañía podía ser importante para su pequeña amiga.
- Sakura…
La niña volteó a verlo – Todo estará bien, nunca te dejaré sola.
Ella solo sonrió con total sinceridad – Gracias Shaoran
En ese momento se percataron de que el viento se había tornado un poco más frío y aquel cielo azul en el que contemplaban las nubes hacía un rato, anunciaba lluvia.
- Lo mejor será irnos, parece que lloverá – Mencionó Sakura
- Si, tienes razón.
Empezaron a correr por aquel prado hasta llegar al lugar por el que ingresaran desde un principio.
Caminaban rápidamente procurando llegar a casa antes de que la lluvia empezara a caer.
- Shaoran, gracias por todo, cuídate por favor.
- ¿No vas a mi casa?
- No, creo que iré a hacer las tareas y prepararé algo de cenar, total, no creo que llegue nadie temprano a casa.
- Por lo menos déjame acompañarte.
- Pero… ¿Y si llueve?
- No te preocupes, llamaré a Wei para que pase por mí.
La niña le sonrió con total agradecimiento antes de tomar su mano y empezar a correr pues las gotas de lluvia ya empezaban a caer sobre ellos, pero todo fue inútil, aún se encontraban bastante lejos de ambas casas como para huir del torrencial que caía sobre la ciudad.
Se refugiaron bajo un frondoso árbol mientras veían las ondas que se formaban en el suelo a causa de las gotas.
Una sonrisa traviesa se posó en los labios de Sakura, pero cuando Shaoran reaccionó ya había dejado sus cosas en la raíz del árbol y empezó a jugar en medio de la lluvia que caía; saltaba alegremente entre los charcos que se habían formado mientras su compañero se limitaba a observarla con una tenue sonrisa.
- Estás loca Sakura, ven aquí, te vas a resfriar
- Ay vamos Shaoran, no puedes ser tan amargado. Esto es genial
Y así era ella, podía estar triste hasta las lágrimas pero aun así buscaba la felicidad en los momentos más simples e inesperados, y él, aunque trataba de advertirle sobre las consecuencias, simplemente no podía negarle esos momentos en que pudiera olvidarse de su realidad.
Continuaba observándola mientras pensaba en lo diferente de sus circunstancias; si bien era cierto que sus padres también se ausentaban frecuentemente a causa de sus trabajos, era algo evidente que permanecían juntos, siempre juntos; en cambios, en el caso de Nadeshiko y Fujitaka, era simplemente obvio que cada quien buscaba su propio camino y ahí estaba Sakura, en el medio, nunca decía nada o preguntaba nada, solo esperaba con zozobra lo que deparara el futuro; de ahí, la voluntad que tenía de no dejarla sola, incluso, en sus pequeños momentos de locura.
En un momento, en medio de sus eufóricos movimientos, la vio tropezar con una piedra augurando una inevitable caída. Corrió para ayudarla a sostener pero fue inútil, ambos cayeron al enorme charco que se había formado.
- ¿Estás bien? – preguntó Shaoran a su pequeña compañera
Ella solo respondió con una sonora carcajada, se sujetaba el estómago mientras Shaoran tuvo que seguirla, en realidad era un cuadro bastante gracioso, por completo empapados, sus uniformes sucios, pero aun así, felices por sus juegos.
No mucho rato después continuaron su camino a casa de Sakura, ya no era necesario esperar que escampara, estaban lo suficientemente empapados como para que no importara la lluvia que continuaba cayendo en la ciudad.
Llegaron a la casa de la niña, ella como siempre, anunciaba su llegada aunque no hubiese nadie que la esperara.
- Vamos Shaoran, debemos llamar al señor Wei, pero por ahora debes quitarte esa ropa mojada.
- ¿Y qué se supone que me voy a poner? Tu ropa no me queda, eres una enana
- Ja, ja, ja, habló el gigante.
Sakura se paró frente a él tratando de medirse y le lanzó una sonrisa de suficiencia.
- Mira, Mr gigante, somos prácticamente iguales, espérame en el baño, iré a traerte algo
Ella buscó entre su ropa algún pantalón deportivo y camiseta que pudiera serle útil mientras llegaba a su casa.
Efectivamente, la diferencia entre ellos era mínima, así él tuvo algo cómodo y caliente para usar y no sintió ningún afán por llamar a Wei, en verdad no quería dejarla sola, lo más seguro es que pasara así hasta quien sabe qué hora. Prepararon té y se acomodaron en la sala para estudiar, la tarde iba cayendo y se escuchó la puerta.
- Ya llegué – era Touya
- Hola hermano.
- Monstruo, mocoso – a este último lo miró de no muy buena manera – ¿Están solo los dos?
- Sí, estamos haciendo nuestros deberes.
Touya continuaba mirando cejudo al niño chino, pero no podía decirle nada, no cuando era él el único que se preocupaba de hacerle compañía a su hermana. Él ya se encontraba en preparatoria y sus ratos libres los ocupaba en diferentes trabajos por lo que no permanecía en casa.
- ¿Quieres algo de té? – preguntó Sakura levantándose de su lugar.
- Si, pero lo prepararé yo, lo mejor es que ustedes terminen sus deberes, no es bueno que el mocoso llegue tarde a su casa.
Ambos continuaron con sus deberes, en realidad no era mucho lo que faltaba, pero como siempre, estaban frenados en matemáticas.
- Pero no logro entenderlo Sakura, cuando te conocí era tu materia favorita.
- ¿Qué te puedo decir? Tenemos diferencias irreconciliables – decía ella levantando los hombros.
- Es muy fácil, solo presta atención ¿si?
Shaoran continuaba explicando con paciencia, por momentos, como ese particularmente, parecía que por fin estaba comprendiendo cuando el sonido del timbre irrumpió en el lugar.
- Yo voy – se levantó presurosa Sakura hacia la puerta y se escuchó una voz muy conocida para todos pero que en Shaoran generaba una mezcla de sentimientos.
- Buenas noches – saludó alegremente el chico de anteojos que hacía entrada en ese momento.
- Buenas noches – respondió Shaoran con la seriedad de siempre.
- Veo que están estudiando, traje unas deliciosas galletas, sin duda les será de mucha ayuda en su jornada.
Tras él, podía observar a una sonrojada Sakura que no podía ocultar su mirada de ensoñación mientras admiraba al recién llegado. Y sí, no entendía por qué, pero era ese el motivo particular por el que le molestaba la presencia del joven.
No podía decirse que lo odiaba, eso era imposible, el muchacho era amable y siempre les ayudaba en todo, pero el ver a Sakura en ese estado de trance cada vez que él hacía aparición lo llevaba a tener una mezcla de sentimientos que lo molestaban.
- Hey Yuki, ven, ayúdame con la cena – dijo Touya medio asomado por la puerta de la cocina.
Sakura se sentó nuevamente al lado de Shaoran, pero seguía con la mirada fija en la puerta por donde había desaparecido Yukito. El castaño, por su parte, se levantó tomando sus cosas, sabiendo de antemano que ella ni se enteraría por estar tan sumamente distraída, pero es que en realidad era un desperdicio de tiempo tratar de seguir explicándole cuando ella no le prestaba la más mínima atención.
Se levantó, tomó el teléfono y llamó a Wei indicándole que podía pasar por él.
Cuando Sakura por fin volvió de la nube en que se había subido, se percató de que Shaoran estaba sentado en el sofá, con todas sus cosas empacadas y bebiendo un poco de té.
- ¿Te vas?
- Si, Wei viene en camino.
- Pero… Pero no hemos terminado.
- No va a al caso Sakura, no estabas prestando atención de todos modos. ¿Sería mucha molestia si me llevas el uniforme mañana a la escuela?
- No… Claro que no… Shaoran…
Él no musitó palabra, solo hizo una seña con la cabeza para que prosiguiera.
- ¿Estás… Enojado?
- No
- Mmmmm Ya veo
El sonido de la bocina del auto era su señal de salida, se asomó a la cocina para despedirse de los dos jóvenes que trabajaban diligentemente en la cena.
- Buenas noches, agradezco su hospitalidad.
- ¿No te quedas a cenar? – preguntó Yukito con tristeza en su expresión.
- Acaban de llegar por mí, lo siento mucho.
- Bueno, espero que en otra oportunidad puedas acompañarnos, que descanses Li- continuaba hablando el amable joven mientras Touya solo dijo levemente "buenas noches"
El niño caminó hacia la salida deteniéndose levemente hacia donde estaba su amiga – buenas noches Sakura, gracias por el té
Y salió sin decir más, Sakura tampoco lo hizo, en realidad no sabía que decir, por más que su amigo lo negara sabía que estaba molesto, solo que no podía entender por qué.
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Iba camino a la escuela con una linda bolsa en su mano, allí llevaba el uniforme que hubiera dejado Shaoran la noche anterior; trataba de esquivar los charcos que aún quedaban pues no quería llegar hecha un desastre a la escuela. Patinaba rápidamente, pues como cosa extraña, se le había hecho tarde.
Llegó rápidamente y se deshizo de su "medio de transporte" para correr presurosa al salón, llegó justo a tiempo, solo para darse cuenta que el asiento tras ella estaba vacío, algo muy extraño, Shaoran nunca llegaba tarde y se inquietó al pensar que todavía estuviera enojado con ella.
Las horas pasaban y ella simplemente no podía concentrarse, solo podía pensar en qué cosa podría haberle pasado a su amigo para que faltara a la escuela, no recordaba la última vez que lo había hecho… Bueno, cuando tenía que viajar con sus padres por asuntos urgentes, de lo contrario, nada más impedía que fuera a la escuela, y hasta donde recordaba él no le había dicho nada de ningún viaje.
Pasó todo el día sola, la verdad es que la escuela… Bueno, en realidad nada sin él era igual, hacía días que se sentía así, no sabía si era por la cantidad de tiempo que pasaba a su lado o todo lo que compartían juntos, pero Shaoran para ella no era una persona normal, no como sus demás compañeros o como su hermano Touya, inclusive era diferente que con Yukito; era algo extraño en verdad, pero no podía saber con certeza qué era.
Terminada la jornada se apresuró en llamar a casa de Shaoran,.
- Señorita Sakura, que gusto escucharla.
- Buenas tardes señor Wei, Solo llamaba… Es que… Ya sabe, Shaoran…
- Sí, el joven se encuentra enfermo, por eso no pudo ir a la escuela hoy.
- ¿Qué?... Pero ¿qué tiene?
- No se preocupe, es solo un resfriado, aunque ha tenido mucha fiebre, por eso no consideramos prudente que fuera a la escuela.
- ¿Puedo ir a verlo?
El señor guardó silencio al otro lado de la línea, lo que le hizo saber que en realidad Shaoran si estaba molesto y no quería verla, aunque seguía sin entender por qué
- Claro que si señorita.
- Llevaré la tarea y mis libros para que se ponga al corriente.
- Es usted muy amable, ¿desea que pase a recogerla?
- No se preocupe, iré en mis patines, trataré de no tardar mucho.
La sonrisa del amable señor se dejó escuchar y Sakura se apresuró para ir a casa de su querido amigo, tomó de nuevo la bolsa donde llevaba su uniforme, escribió en el tablero que estaría en casa de Shaoran y salió feliz patinando por las calles, se sentía ansiosa por verlo y más aún por saber que estaba bien.
- Bienvenida señorita.
- Buenas tardes señor - saludaba la niña con una reverencia.
- Oh Sakura, que bueno tenerte por acá – era la madre de Shaoran, Ierán.
- Señora Ierán, que gusto verla.
- Tenía que ir de viaje, pero al ver que Shaoran enfermó, preferí quedarme hasta ver que esté bien, cuando se recupere, tendré que ir a Kyoto por unos días.
- Ya veo, que bueno que Shaoran tenga una mamá como usted – dijo la pequeña con una sonrisa un tanto triste – Disculpe, ¿puedo pasar a verlo? Traje la tarea y todo lo que hicimos hoy.
- Vamos, te llevaré.
Ingresaron a la habitación, tenía las cortinas cerradas pues había permanecido dormido por los medicamentos.
- Puedes pasar, si no te molesta que esté dormido
- No se preocupe, me quedaré a hacerle compañía hasta que despierte
- Eres muy dulce Sakura – dijo la señora mientras acariciaba con ternura el rostro infantil – Llama si necesitas algo.
La pequeña se sentó en la cama de su amigo, y puso su pequeña mano en la frente de él notando que su temperatura era muy elevada aún, se sintió triste y culpable, si tan solo no hubiese sido tan imprudente de arrastrarlo a su juego bajo la lluvia, él le había dicho que no se sentía bien antes de ir al cerezo, pero ella y sus tontos caprichos que siempre terminaba por convencerlo.
- Perdóname Shaoran – dijo ella en un susurro mientras seguía acariciando su frente.
Tomó la toalla que había en la mesita de noche, la humedeció poniéndola sobre la frente, miró a su alrededor y en la otra mesa encontró un libro, sonrió al ver que era uno de sus favoritos y que ella prácticamente lo había obligado a leerlo. "El principito"
Así que tomó el separador y continuó la lectura donde él la había dejado, solo que lo hizo de tal manera que él pudiera escucharla.
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Decir que se sentía mal era poco para lo que estaba experimentando su cuerpo, solo se arrepentía mil veces por haberse mojado así el día anterior, obviamente no podía culpar a Sakura, era un niño grande y podía decidir lo que estaba correcto y lo que no, además, haría cualquier cosa por verla sonreír.
Había dormido casi toda la mañana, solo despertó para almorzar y tomar los medicamentos, pero no pasó mucho tiempo para que cayera dormido de nuevo, sintiendo su cuerpo adolorido y el calor abrazador, pero escuchó su voz, lejana, como si solo hiciera parte de sus sueños, no podía abrir sus ojos y solo pudo dejarse llevar.
Sintió sus pequeñas manos en su rostro, luego algo frío posarse en su frente, haciéndolo sentir mucho mejor para posteriormente escuchar esa vocecita dulce leyendo aquel libro que le había recomendado y que tanto le gustaba leer en las noches.
Se dejó llevar por las cálidas palabras hasta que perdió el sentido de nuevo.
No sabía cuánto tiempo había pasado antes de despertar definitivamente, ya no sentía el frío en su frente, ni la voz de su amiga; se incorporó como pudo sintiéndose mareado y ahí la vio, acurrucada al otro lado de la cama totalmente dormida y con el libro en sus manos.
No quería despertarla, se veía tranquila en ese momento, pero también empezó a moverse hasta que abrió aquellos orbes verdes y se sorprendió un poco al verlo despierto con su rostro cerca al suyo.
- ¡Shaoran! – de inmediato se arrodilló en la cama y puso sus manos en el rostro de su amigo. – Mmmm aun tienes fiebre, pero ¿cómo te sientes?
- No muy bien, ¿tú estás bien?
- Claro que sí, solo me quedé dormida, ¿necesitas algo?
Él se recostó de nuevo sobre las almohadas – solo estoy mareado
- Espérame aquí, te prepararé algo que te hará bien
La niña salió dando saltitos, lo que hizo sonreír a su amigo, quién sabe qué menjurje extraño le iba a preparar y como siempre, él tendría que tomarlo.
- Ya regresé – cargaba a duras penas una charola donde traía una tetera y también dulces.
- Sakura, por qué traes todo eso, debiste pedirle ayuda a Wei
- Él se ofreció pero no quise.
Puso la charola en la mesita de centro, y extendió hacia él una taza humeante de té.
- Toma, es mágico
- ¿Mágico?
- Si, mamá suele prepararlo… Bueno, solía prepararlo cuando me enfermaba…
Él niño no dijo más, no quería ver esa expresión de tristeza en el rostro de su amiga y se sorprendió del delicioso sabor que tenía aquella bebida.
- Está delicioso
- ¿Seguro, No está muy dulce?
- Perfecto.
Ella sonreía mientras veía a su amigo continuar con su bebida
- Oye y esos dulces.
- Ah, son para mí, tú estás enfermo.
- Eso no es justo.
Sakura reía mientras consumía los apetitosos manjares que había llevado.
- Es broma, tonto. Toma. – extendió el plato hacia él y ambos continuaron muy contentos.
A pesar del malestar que poco a poco iba disminuyendo, ambos se dispusieron a completar sus deberes y Shaoran a ponerse al corriente de las clases que había dejado de recibir, claro está, con ayuda de Sakura.
- Oye Shaoran…
- Dime
- Perdóname
Él la miró extrañado, en realidad no entendía a qué se refería
- Ayer… No sé muy bien qué te hice, pero sé que hice algo que te molestara, y sabes que soy muy distraída y no me di cuenta… Perdóname.
El chico se sonrojó en el acto, lo que su amiga notó, se acercó nuevamente a él palpando su rostro.
- Shaoran, ¿te sientes mal de nuevo?
- No… No, qué dices
- Es que… Estás todo rojo, quizá la fiebre volvió de nuevo. Anda, vuelve a la cama, traeré más té.
- Sakura, no es nada, no te preocupes, de verdad me siento mejor
- Entonces… ¿Me perdonas?
Él se hizo el que estaba pensando mientras observaba el rostro de Sakura expectante por su respuesta.
- Tonta, no estaba enojado contigo… Solo estaba algo… Cansado, seguramente indispuesto.
- ¿Estás seguro?
- Sip
- Gracias Shaoran
Se arrojó sobre él en un abrazo.
- ¡No hagas eso! Creo que Touya tiene razón y ¡eres un monstruo!
- ¿Ah sí?
Él vio el rostro de amenaza en ella y se levantó corriendo por toda la habitación esquivando los ataques de la ojiverde.
Desde afuera Ierán escuchaba las risas y también sonreía, esa niña era sin duda especial.
Hola de nuevo!
Aquí llegué con un nuevo capítulo, quiero agradecer todos y cada uno de sus reviews, son maravillosos! Me pareció gracioso que notaran lo de las matemáticas pero como le diría a alguien, era algo que no duraría demasiado...
Como ven, el tiempo pasa y ellos se van haciendo más cercanos, veremos qué pasa en el futuro.
Abrazos llenos de agradecimientos queridos lectores.
Ale-San
