CAPÍTULO 5
Sus ojos ardían, demasiado, y es que después de todo lo que había sucedido las lágrimas simplemente acudían solas y mucho más cuando supo sobre la condición de Shaoran.
Los señores Li y sus padres se habían reunido con ella una fría mañana, Shaoran afortunadamente había reaccionado pero solo permitían que sus padres lo vieran, así que ellos decidieron que antes de que se permitiera el acceso a su querida amiga debían advertirle sobre lo que estaba sucediendo y así cumplir con las especificaciones médicas.
Era increíble lo que había escuchado, solo podía pensar en el Shaoran que había sido su amigo durante años, el que corría a su lado y la auxiliaba en medio de sus torpezas, cuya sonrisa era casi que exclusiva para ella, todos los sueños que habían construido, eran demasiadas cosas que ahora cambiarían abruptamente a causa de los difíciles acontecimientos acaecidos en los últimos días.
- Sakura, pero debes calmarte, no es bueno que Shaoran te vea así – le decía cariñosamente Tomoyo mientras acariciaba su cabello.
- Lo se Tommy, pero siento mi corazón desolado por todo esto, las cosas serían tan diferentes si tan solo… Si tan solo yo…
- Nada Sakura, las cosas por más difíciles que sean, suceden como tienen que suceder, no existe eso de que "Y si…" es solo una fantasía que tenemos en nuestra mente pero que no hace más que torturarnos, como sucede contigo ahora. Además, bien lo dijeron, todo es demasiado incierto aún, es posible que todo cambie y haya un tratamiento eficaz para él.
- Tienes razón amiga, gracias por estar a mi lado.
Justo en ese momento Ierán salía de la habitación de Shaoran con una sonrisa melancólica.
- Sakura, puedes pasar, recuerda que todavía tiene los efectos de los sedantes que le aplican todo el tiempo, así que puede estar un poco aletargado.
- Gracias señora Li.
- Y… Asegúrate de limpiar esas lágrimas, él no querrá verte triste.
La castaña asintió y empezó a limpiarse de la mejor manera antes de ingresar a la habitación, respiró profundo y entró.
Lo que vio la sobrecogió sobremanera, nunca en toda su vida hubiese deseado verlo así, aunque ya había salido de la condición crítica, aún requería cuidados especiales y monitoreo constante por los diversos equipos médicos que se hallaban al lado y lado de su cama, se acercó lentamente y con temor pues él tenía sus ojos cerrados, quizá se habría dormido de nuevo.
Se acercó para observarlo detalladamente, tenía algunos hematomas en el rostro y brazos, era lo único que podía observar puesto que lo demás estaba cubierto.
- Shaoran… - susurró levemente mientras acariciaba con cuidado los cabellos chocolates del paciente frente a ella.
- Sakura… - escuchó su voz, tan suave, tan cansada. Sintió un impulso inmediato de abrazarlo con todas sus fuerzas, pero las condiciones en las que él estaba lo hacían imposible y no podría causarle más dolor. – ¿estás bien? – fue lo siguiente que lo escuchó decir
¿Pero qué? Él era el que estaba postrado en la cama, golpeado, adolorido y aun así se preocupaba por cómo estaba ella.
Ante eso no pudo evitar soltarse a llorar de nuevo – Shaoran perdóname… Todo esto ha sido mi culpa, yo debería ocupar tu lugar.
- No digas eso, no lo habría permitido de ninguna manera.
Vio como él alzaba un poco su mano como buscando la de ella quien la tomó de inmediato y acariciaba el dorso de la misma.
Se quedaron en silencio por unos momentos más – Shaoran, sobre…
Él anticipó que quizá le hablaría sobre lo sucedido ese día y consideró que ya estaba lo suficientemente adolorido como para traer a colación ese asunto, casi que podía escuchar en su mente las palabras que venían a continuación "te quiero mucho, eres mi mejor amigo" Y no, no necesitaba eso en ese momento.
- Dime, ¿Tomoyo?
- Ah… Está afuera, siempre ha estado al pendiente de ti al igual que Eriol y los demás chicos.
- Por favor cuando los veas diles que les agradezco su preocupación, espero no tener que pasar mucho tiempo en este lugar, no me gustan los hospitales.
- Lo sé – dijo ella sonriendo con melancolía – nunca olvidaré cuando empezaste con esa fobia
Él sonrió – Ni me lo recuerdes Kinomoto, no es para nada agradable. Además que si lo recuerdas tú tienes mucha parte de culpa en eso.
- Lo sé y lo siento mucho, pero no puedes negarme que es muy divertido.
- Si, lo fue.
- Aparte de eso… Shaoran ¿cómo te sientes? Es decir, ¿hay algo que pueda hacer por ti?
- Bueno pues no te puedo negar que me duelen los brazos, también la cabeza, aunque el médico dice que es por los medicamentos, me han aplicado muchos sedantes… Y pues… Siento dormidas las piernas, pero supongo que eso también pasará ¿no?
Ella no quiso, o mejor, no pudo decir nada; sintió como un taco se atoró en su garganta y en su estómago se abría un hueco inmenso al escucharlo hablar así, pero justo en ese momento ingresó el médico en compañía de una enfermera y los padres de Shaoran, todos ellos con sus rostros serios.
- Señorita, mil disculpas por interrumpirlos, pero es hora de la revisión del joven Li y…
- Claro, claro… no se preocupen, estaré esperando afuera.
La castaña se levantó de su lugar acercándose a su amigo para despedirse con un beso en su frente y susurrando un "te quiero", pero al acercarse a la señora Ierán notó en su rostro la preocupación y tristeza y pudo concluir lo peor, ahora solo sería cuestión de esperar.
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- Señora Ierán, espero no estarla molestando – decía la tímida chica con su teléfono en mano
- No te preocupes linda, no molestas.
- Solo quería saber, ¿cómo sigue Shaoran?
Se escuchó un profundo suspiro al otro lado de la línea – Físicamente, mejorando, de hecho hoy en la tarde estará lista su salida del hospital… Pero no puedo decir lo mismo de su estado de ánimo, todo sigue igual.
La castaña sentía como las lágrimas se arremolinaban en sus ojos, le dolía pensar en todo lo que estaba sucediendo desde esa tarde. Como lo sospechaba, los estudios habían sido mucho más conclusivos dando a conocer que la lesión de Shaoran distaba mucho de ser algo simple o temporal, en realidad las cosas eran más complicadas de lo que ellos pensaban y le habían dado la noticia a Shaoran desde esa misma tarde.
Y sí, a partir de ese momento se rehusaba a recibir a alguien, solo sus padres podían verlo y había entrado en un estado depresivo que hacía las cosas aún más difíciles, ni siquiera permitía que Sakura lo viera y eso le rompía el corazón.
Aun así, se comunicaba tres veces al día, sin falta, para saber si algo había cambiado; a veces le daba un poco de vergüenza ser molesta a los señores Li, pero no podía dejar pasar el tiempo sin tener noticias de su amigo y que de una u otra forma él supiera que ella siempre estaba a su lado.
La noticia de la salida de Shaoran del hospital le alegraba mucho y esperaba que al estar en casa las cosas fueran un poco más llevaderas.
- ¿Qué te dijeron? – preguntó Tomoyo, y es que como casi siempre, se encontró perdida en sus pensamientos y de no ser porque su amiga habló no se habría percatado de su presencia.
- Está mejor, hoy sale del hospital
- Es muy buena noticia ¿y si vamos?
- ¿Crees que servirá de algo?
- No lo sé, pero nunca lo averiguaremos aquí sentada ¿no crees?
- Tienes razón.
Se prepararon e ingresaron al hospital donde Ierán alcanzó a verlas y las envolvió en un abrazo agradeciendo su presencia allí.
- Ya todo está listo, creo que en unos minutos estaremos saliendo
Las chicas asintieron emocionadas y se sentaron en la sala de espera, Sakura estaba sumamente nerviosa y lo evidenciaba con el movimiento de sus manos y el sonrojo en sus mejillas, hacía ya muchos días que no se veían y aunque sabía que él estaba pasando por un mal momento, solo quería que supiera que siempre y sin importar qué, estaría a su lado.
El primero en salir fue Wei quien traía el equipaje; observó a las chicas un poco confundido y amablemente se acercó a saludarlas, pero no mucho tiempo después vieron la silla de ruedas en que se encontraba Shaoran; Sakura se estremeció al verlo, no tanto por su condición actual, sino por su expresión; al verlas solo les lanzó una fría mirada.
- Hola Shaoran… Yo… Nosotras… Verás… - empezó a tartamudear Sakura
- Buenas tardes – fue lo único que dijo antes de desviar su mirada al frente y decir nuevamente – vámonos.
Las dos chicas quedaron estupefactas ante lo que habían visto, si bien Shaoran no era la imagen misma de la efusividad, con ellas siempre había sido un chico cálido y amable, pero era como ver a una persona completamente diferente.
Sakura sintió que las fuerzas la abandonaban en ese momento y se abrazó a Tomoyo con todas sus fuerzas quien a su vez la reconfortaba, aunque ella misma no lograba comprender lo que acababa de suceder.
Por su parte, el joven chino trataba de mantener su gélida apariencia a la vista de los demás, le parecía más fácil que fuera de esa manera en lugar de ser víctima de las miradas de lástima por su condición, pero cuando subió al auto rápidamente secó una lágrima que escapó de sus ojos, ver a Sakura le inquietaba de tal manera, que no alcanzaba a dimensionarlo y lo que menos quería era que ella se uniera a ese grupo de miradas lastimeras, no Sakura.
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Los días pasaban lentos, como era de esperarse Shaoran no había regresado a la escuela y había aceptado que un maestro particular continuara con sus clases para no retrasarse más en su proceso académico.
Sakura no lo había visto desde aquella tarde en el hospital, aunque no dejaba de llamar diariamente para conocer su estado de salud. Parte de su gran tristeza, era ocasionada por pensar que él la estaba culpando por lo sucedido, y según ella, no podía ser de otra manera, ella era la culpable de todo y Shaoran estaba pagando las consecuencias, era lo más lógico que la culpara.
Ierán por su parte, trataba de hablar con Shaoran para aligerar un poco la situación, le causaba tristeza que una amistad de tantos años se viera perjudicada por esta voltereta del destino.
Nada había vuelto a ser igual y Tomoyo veía día tras día como Sakura se hundía en la tristeza sin poder encontrar una solución, hasta que una tarde, la encontró llorando en la azotea completamente sola y aquella paciencia por la que se caracterizaba por fin había encontrado su límite, Shaoran se estaba portando como un imbécil y ella se lo haría saber.
Al terminar las clases le dijo a Sakura que no se quedaría en el coro puesto que tenía que hacer algunas diligencias para su madre, pero convenció a su amiga de que lo hiciera y así podría distraerse un poco.
De manera que, en no mucho tiempo, se encontró frente a la mansión de los Li; los dueños de casa no se encontraban así que Wei la invitó a pasar ofreciéndole té y un postre, estaban conversando sobre lo sucedido los últimos días cuando ella escuchó unos pasos que bajaban por las escaleras, se sorprendió cuando vi a Eriol que se quedó estático frente a ellos y sin saber qué decir.
- Eriol… ¿Qué haces aquí?
- Tomoyo, que gusto verte… verás, yo, estaba con Shaoran.
- Y ¿te dejó pasar?
El chico solo asintió, sabía lo que eso significaba para ellas y lo doloroso que sería para Sakura de enterarse.
Así que, haciendo caso omiso de sus buenos modales se levantó corriendo escaleras arriba siendo seguida por Wei y Eriol quienes le rogaban que no hiciera eso, la verdad era que no los escuchaba, se sentía por completo furiosa y más aun de pensar todo lo que su amiga estaba sufriendo por verlo, por hablar con él.
Se detuvo frente a la puerta y respiró profundo, llamó y escuchó la voz de Shaoran
- Puedes pasar Wei
- No soy Wei
Él de inmediato reconoció aquella voz, solo que sonaba algo… ¿enojada?
- Tomoyo, vete por favor.
- No iré a ningún lado Shaoran Li y más vale que me escuches.
Abrió bruscamente la puerta y cerró con seguro, como Shaoran lo había percibido, efectivamente la amatista estaba furiosa.
- ¿Se puede saber qué demonios pasa contigo Shaoran?
- Eso no es tu problema Daidouji, nuevamente te pido que salgas de mi cuarto.
- Y yo ya te dije que no me voy a ir hasta que me escuches, eres un ser egoísta y cruel, has dado la espalda a las personas que más te quieren y te encierras en tu minúsculo mundo anegándote en tu propia tristeza
- Y ¿qué quieres entonces Daidouji, Que salga gritando y riendo porque soy un maldito inválido?
- ¡No! Eso es lo que no quieres entender, que no estás solo, que para nosotras sigues siendo el mismo Shaoran y que hay alguien que… - Decidió callarse en esos momentos, no podía revelar algo que no le correspondía sobre los sentimientos de Sakura.
- ¿Alguien que qué?
- Alguien que se preocupa por ti, que parece un alma en pena llorando por todos lados solo por no poder estar contigo. Tienes que ver más allá de tu tristeza Shaoran, eres una persona muy querida y sabes de lo que te estoy hablando.
Ya en ese momento Tomoyo estaba más calmada y se acercó a él – Shaoran, necesitas entender que no estás solo, que si sigues como un ermitaño solo perderás lo más querido y cuando te des cuenta… Quizá no haya vuelta atrás.
Esas palabras hicieron eco en Shaoran, como decía Tomoyo se había dedicado a contemplar su situación, a hundirse en ella olvidándose de todo a su alrededor, de repente la recordó a ella, su sonrisa cálida en todo momento, cada vez que tomaba su mano, las graciosas expresiones en su rostro, sus aventuras y travesuras, y aquella primera vez que la vio y fue la única persona que desde entonces, se había interesado sinceramente en su bienestar.
- Me alegro de verte Shaoran y no olvides lo que te dije.
Tomoyo salió silenciosamente dejando a su amigo inmerso en sus pensamientos; la extrañaba, cada instante de sus días la extrañaba, pero no soportaría ver lástima en sus ojos verdes aunque también, el saber que estaba llorando por su culpa le rompía el corazón, se había prometido protegerla siempre y ahora era él el causante de sus tristezas.
Se acercó a su pequeña mesa de noche y tomó aquel aparato en sus manos.
- Sakura… Soy yo.
Hola!
Espero que estén teniendo un bello fin de semana, si alguna de ustedes queridas lectoras tiene la bendición de ser madre, desde aquí mi más afectuoso y cálido abrazo. Y a quienes no lo son, hagan extensivos mis saludos a sus queridas madres porque sin importar las circunstancias son unas guerreras y seguramente bendecidas de tener hijos como ustedes.
Aquí les dejo este capitulillo después de casi morir asesinada con el anterior jejejeje el que sea una historia romántica no le quita el drama no se creannnn jejejeje
Pero ahí, poquito a poquito van a ir saliendo de esa situación, ya lo verán, recuerden lo que decía Shakespeare sobre el amor "Es un faro inmovil que soporta las tempestades y no se estremece jamás"
Besos y abrazos!
Ale-San
