CAPÍTULO 7

CELOS II

Cuando todos los grupos de coro y solistas salieron para la premiación Tomoyo pudo notar que Shaoran no estaba y además el semblante triste y decaído de Sakura; ahora el asunto era: ¿Qué había pasado con esos dos?

Como era de esperarse, Tomoyo ganó en ambas categorías, pero su alegría se veía opacada por la tristeza de Sakura, que claro, ella intentaba inútilmente disimular, salieron del lugar y fueron solas a tomar algo tranquilamente.

- Ahora sí, dime ¿qué fue lo que pasó?

- No lo sé Tommy, fue muy extraño, ambos estábamos muy felices y emocionados con la canción que interpretaste, todo fue maravilloso y yo… Pues tomé su mano y él también lo hizo, estaba muy feliz, pero cuando anunciaron el receso fui a saludar a Yukito y cuando regresé él estaba muy raro y enojado y solo se fue, me dijo que lo dejara en paz.

- Espera, ¿dices que fuiste a saludar a Yukito?

- Si, estaba trabajando con el staff del concurso junto con mi hermano.

Ahí estaba el problema, lo celos de Shaoran conjugaban con su inestable estado emocional, pero si había algo que le molestaba profundamente era que en medio de sus arranques lastimara a Sakura, ella no lo merecía. Era un poco distraída, sí, todavía no se daba cuenta que lo de Shaoran no era otra cosa que celos, esos mismo con los que llevaba lidiando durante años y por la misma persona.

Todo por no conocer a fondo las cosas.

- Sakura, ¿quieres ir a mi casa?

- No te preocupes, me iré a descansar, la verdad es que tengo muchas cosas que pensar, tal vez en realidad no estoy siendo buena para Shaoran y no le hace bien estar a mi lado, si lo que él quiere es que me aparte… No lo sé, tengo que pensar.

- Te entiendo, te llevaré a casa.

Así fue, acercaron a Sakura hasta su casa, siendo sábado era posible que al día siguiente no se vieran.

- Señorita Daidouji – hablaba una de las escoltas – vamos a su casa ¿no es así?

- No, llévenme a casa de la familia Li.

En pocos minutos se encontraban frente a la imponente mansión, anunció su llegada e ingresó al lugar; Wei no quiso decir nada, simplemente la dejó pasar, la verdad es que consideraba necesario que alguien hiciera entrar en razón a su joven amo.

Ni siquiera se tomó la molestia de tocar la puerta, la verdad, en ese momento no estaba para formalismos y es que Tomoyo bajo ese aspecto refinado y dulce podía infundir terror cuando se trataba de defender a quienes quería.

Por un leve momento lo vio rasgando melancólicamente las cuerdas de su guitarra hasta que se percató de su presencia.

- ¿Qué estás haciendo aquí, quién te dejó entrar?

- Nadie lo hizo, no necesito permiso de nadie para decirte que eres un reverendo idiota – casi gritó Tomoyo

Shaoran quedó congelado en su sitio, abriendo y cerrando la boca pero sin emitir palabra, ver a Tomoyo de esa manera no era un espectáculo agradable para nadie, pero él también tenía lo suyo.

- Si lo soy, afortunadamente no es tu problema, así que lárgate de mi habitación.

- Sácame si puedes.

- No te aproveches porque soy un inútil postrado en esta silla.

- Ese es el punto Shaoran, ya deja de auto compadecerte con ese asunto de "soy un paralítico, nadie me entiende" – dijo tratando de caricaturizar su voz- te ves ridículo con ese show

- No es tu problema Daidouji, nadie te invitó a estar conmigo

- Exacto, nadie me invitó, soy tu amiga y es mi deber estar a tu lado, lastimosamente no soy como la dulce Sakura y no sirvo para que alguien barra el piso conmigo y mis sentimientos.

- No me hables de sentimientos, no tienes idea.

- ¿De qué? ¿De que te mueres de amor por Sakura? ¿De que gracias a tus celos estúpidos e infundados ella está sola y seguramente llorando por tu culpa?

- ¿Celos infundados? Tenías que haberla visto, prácticamente salió corriendo en cuanto lo vio, en un instante sujetaba mi mano con ternura, pero no le costó nada irse con él

Tomoyo suspiró por un momento y se movió de su lugar, se ubicó al lado de Shaoran para hablar más tranquilamente.

- Y ¿qué fue lo que viste?

- Pues… Se saludaron y ya me fui del lugar

- Te estás llenando la cabeza de ideas erróneas Shaoran.

- No lo creo, ella ha estado enamorada de él desde que lo conoció, solo que ya no me habla de él porque al parecer notó que me molesta

- No te habla de él porque no es más que un amigo para ella, es más, casi como su hermano mayor, Shaoran.

En ese momento, Tomoyo se encargó de narrarle lo sucedido entre Sakura y Yukito y que sí, algún tiempo ella estaba deslumbrada con él, pero había sido hacía más de tres años, le tomó cariño por su dulzura y sus muchos cuidados, pero después con ayuda de la amatista se percató de que solo era un cariño fraternal que solo se intensificó con el tiempo.

Shaoran escuchó en silencio el relato de su amiga y cabe anotar que se sintió así como ella lo llamó al principio, como un reverendo idiota, incapaz de manejar sus emociones y tratar de entenderla un poco; la verdad, y ahora que lo pensaba con detenimiento, nada había sucedido esa tarde y por su estupidez había arruinado lo que había podido ser una tarde hermosa a su lado.

Tomó con fuerza su cabeza, se sentía frustrado y abatido, el solo imaginar lo que Sakura podía estar sintiendo en ese momento, cómo la había dejado sola y la manera tan tosca como la había tratado cuando ella era solo dulzura con él.

- Tomoyo, las cosas no pueden seguir así

- Lo sé, no vale la pena que se separen por estas tonterías

- No hablo de eso, hablo de que… Creo que en realidad Sakura estará mejor sin mí

- No puedo creer que estés diciendo eso Shaoran.

- La amo Tomoyo, la amo demasiado como para causarle sufrimiento.

Esas palabras dejaron a la amatista completamente muda, ella sabía que Shaoran quería a Sakura, pero el uso de esa palabra "amor", era algo a otro nivel y sinceramente ya no sabía qué decirle, porque en términos objetivos, tenía razón.

- Shaoran…- Dijo ella tomando su mano – solo te pido que no te apresures, ahora lo piensas así porque no fue un buen día, pero esto no puede ser lo que determine tus decisiones de aquí en adelante, los problemas siempre vendrán, pero no huimos de ellos, los afrontamos con valentía y sé que lo lograrás querido amigo.

- Aún si fuera cierto y quisiera continuar con esto… Siento miedo de los sentimientos de Sakura, ella haría cualquier cosa por no verme sufrir, incluso… Fingir sentimientos que no existen. No quisiera tenerla a mi lado solo por lástima, o que se pierda la oportunidad de estar con alguien más solo por estar estancada conmigo.

- Creo que es algo en lo que no puedo intervenir Shaoran, pero reitero, no te apresures, tomar decisiones en momentos de confusión no trae resultados positivos.

- Gracias Tomoyo, No sé qué haría sin ti y el idiota de Eriol, siempre me hacen poner los pies sobre la tierra… bueno, en sentido figurado.

Ambos rieron ante lo dicho por Shaoran, era bueno ver que ahora se tomaba las cosas con un poco de humor. Agradecía la presencia de Tomoyo en su vida y mucho más en ausencia de Eriol que había tenido que viajar por un asunto familiar, esperaba que regresara pronto para tener otra perspectiva de lo que estaba sucediendo.

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De repente, el techo de su habitación se había convertido en lo más interesante para mirar… bueno, la verdad no había otro lugar hacia donde hacerlo sin encontrar una fotografía de Shaoran, él hacía parte de su vida, no era fácil de ignorar u olvidar.

Suspiraba pesadamente, ya había llorado lo suficiente y ahora, se ocupaba en pensar qué era lo que había sucedido para que todo estuviera así, todo estaba bien en determinado momento, él se veía contento y cómodo… Sin duda, algo tenía que haber hecho para afectarlo pero ¿qué era?

Rememoraba una y otra vez en su cabeza la situación, lo único diferente es que había hablado con Yukito… Con Yukito...Se levantó como si hubiese tenido una revelación.

- Yukito… - en ese momento repasaba desde que lo había conocido y las reacciones de Shaoran ante él, claro, siempre se veía enojado o incómodo en presencia Tsukishiro y casi siempre se iba cuando él aparecía – ¿Cómo pude ser tan tonta? Está… celoso – Y claro, no era como si no conociera los sentimientos de Shaoran, de hecho, era su deseo pensar que no habían cambiado y por lo que había pasado ese día al parecer Shaoran aún se sentía de la misma manera.

Tenía que arreglar las cosas, ¿pero cómo hacerlo? ¿Sería prudente hacerle saber sus sentimientos?

Ahora sí estaba confundida, muchísimo, debía hablar con alguien y por su puesto sabía quién era ese alguien.

- Tomoyo…

- Hola Sakurita, espero que estés mejor ¿has logrado hablar con Shaoran?

- No, la verdad no lo he hecho

- Ya veo… Pero ¿te sientes mejor?

- Eso creo, Tomoyo, he estado pensando sobre algo, ¿es posible que nos veamos mañana para hablar?

- Claro, prefieres venir a mi casa o que vaya a la tuya

- Yo iré para allá.

Al día siguiente ambas amigas se reunieron tal y como lo habían programado, en casa de Tomoyo; era una conversación muy importante para Sakura, pues esperaba poder encontrar una respuesta, algo que le ayudara a resolver lo que estaba sucediendo.

Sakura le habló acerca de sus suposiciones en torno a los sentimientos de Shaoran y que quizá podría hacer algo para por fin darle a conocer lo que había en su corazón.

- Sakura, verás… Creo que tu corazón sabrá decirte lo que es correcto, a veces tomamos decisiones pensando en el bienestar del otro sacrificándonos nosotros mismos y eso no está del todo bien.

- Sabes que mi mayor prioridad ha sido que Shaoran esté bien y pueda recuperarse, pero también siento que nos estamos privando de tener una oportunidad de estar juntos.

- Ahí tienes tu respuesta entonces, siempre se corren riesgos querida amiga, siempre.

La castaña sonrió a su amiga, definitivamente, había tomado una decisión.

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Después de ir con Tomoyo pensó en visitar a Shaoran y hablar con él de una buena vez, pero su madre la llamó para invitarla a comer en Tokio y pasar algún tiempo con ella. Sería lo mejor, al fin y al cabo las cosas deberían calmarse un poco, ya tendría tiempo durante la semana para ir a hablar con él.

Tuvo una tarde muy entretenida que la ayudó a despejar aún más su mente y disfrutar de la compañía de su madre quien era tan dulce como siempre, solo que sus muchas ocupaciones no le dejaban tiempo para poder reunirse. Llegó un poco tarde en la noche y se acostó sin más, al día siguiente retomó la rutina en la escuela y conforme pasaban las horas se sentía más nerviosa y entusiasmada, con toda seguridad le daría a conocer a Shaoran sus sentimientos y todo estaría bien, sí, así sería.

Guardó las galletas que horneó en la clase de cocina, fue a casa para cambiarse el uniforme y usar algo más… Acorde con la situación; el momento se acercaba y con ello los nervios iban incrementándose sustancialmente, se encontró frente a la reja que daba a la calle, así que respiró profundo y anunció su llegada.

Como era de esperarse, ingresó alegremente a la casa y pidió ver a Shaoran; la señora Ierán, que se encontraba allí, le dijo que podía ir directamente y así lo hizo, el corazón tamborileaba emocionado en su pecho en la medida en que se acercaba a la puerta, llamó suavemente pero nadie respondió, supuso que estaba dormido; pero se le fue la sangre a los pies con lo que pudo ver.

Ahí estaba, Shaoran dormitando en las piernas de una chica de cabello negro a quien nunca había visto en su vida, o por lo menos no recordaba haberlo hecho y que acariciaba con cariño la cabeza de su amigo.

- ¿Tú eres…? – preguntó la chica desconocida a una impávida Sakura que se quedó de piedra en la puerta.

- Esto… Yo… Perdón – carraspeó un poco para aclarar su garganta – Mi nombre es Sakura Kinomoto y vine…

- Ah sí, he oído habar de ti, eres la amiguita de infancia de Shaoran, casi como su hermana

Esas palabras calaron profundo haciendo que doliera muy adentro de su corazón, ¿quién era ella? Y ¿de dónde acá era como la "hermana" de Shaoran, ¿acaso él la consideraba de esa manera? Nunca había experimentado ese tipo de emociones, sentía un fuego ardiendo en su interior, nunca había sido violenta o agresiva, pero sentía un deseo arrasador de tomar a aquella muchacha de las coletas y sacarla a rastras del cuarto y de la presencia de Shaoran.

¡Qué carajo! Era Shaoran, su Shaoran, nunca lo había visto con una muchacha que no fuera ella o Tomoyo y mucho menos en esa posición, pero debía calmarse, todo debía tener una explicación y aunque le temía, debía recibirla algún día, pero las palabras de la chica interrumpieron de nuevo sus pensamientos.

- Niña, Shaoran no se siente bien, como puedes ver está durmiendo, así que lo que quieras decirle, creo que tendrá que esperar.

Sakura solo asintió nerviosamente, sacó las galletitas de su bolso y las puso sobre la mesita pidiéndole que por favor se las entregara.

La chica le sonrió fríamente, más por educación, supuso Sakura y salió de la habitación con el corazón estrujándose dentro de su pecho, ¿qué había sido eso? Esa tormenta de emociones en su interior era algo que nunca había experimentado. ¿Serían acaso lo famosísimos celos?

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- Me siento de lo peor Meilling – decía Shaoran con semblante apocado-

- Mira Shaoran, esa niña necesita que le muevan el piso, creo que su problema ha sido precisamente el pensar que tú estarás ahí, eternamente esperando por ella y no es cierto, eres guapo, inteligente, leal y muy dulce cuando te lo propones, que se dé cuenta; es una fortuna que sea tan distraída como para recordarme – rió maliciosamente la joven china.

- Mei, no te burles de ella, y sinceramente me estoy arrepintiendo de tu brillante plan.

Meilling Li, prima de Shaoran, había llegado de visita ese sábado en la noche poco después de la conversación entre Shaoran y Tomoyo, había escuchado sus pesares e inseguridades en torno a sus sentimientos por Sakura, y ella, sería la encargada de poner todo en su lugar (como ella misma decía), de manera que se le ocurrió el brillante plan de despertar en Sakura ese sentimiento que consumía a Shaoran entorno a Yukito ¿qué podría salir mal?

Sakura salió de la mansión de los Li sin despedirse de ningún miembro de la familia, esperando no la vieran en el estado de confusión en que se encontraba, todo debía tener una explicación, ser un malentendido o algo similar.

Llegó a su casa encerrándose en la habitación, afortunadamente su padre llegaría un poco tarde así que tendría tiempo de poder reflexionar estando sola o aparentar una tranquilidad que no tenía, pero por más vueltas que le daba al asunto, no encontraba una explicación válida a lo sucedido esa tarde.

Por su parte, Shaoran se encontraba inmerso en sus pensamientos, con el teléfono en su mano debatiéndose si debía llamarla o no, ¿qué estaría pasando por la cabeza de Sakura y si aquel loco plan terminaba dando los resultados contrarios de lo que ellos esperaban? Estaba arriesgando demasiado con todo esto y el pensar en que su querida amiga estuviera sufriendo por su culpa, le hacía doler el corazón.

Pero por otro lado, si a Sakura le dolía… Tal y como decía Meilling, eso quería decir que sí sentía algo por él y aquello lo entusiasmaba sobremanera.

- Ay ya Shaoran… Llámala de una vez, pero eso sí, debes ser indiferente…

- No es tan fácil

- ¿Ah no? – la chica le quitó el teléfono y marcó el primer número de marcado rápido, rodó los ojos sonriendo, era obvio que sería el número de Sakura, pobrecito su enamorado y querido primo.

- Oye Meilling no…

- ¿Hola? – se escuchó al otro lado de la línea

- Ahhh… Hola Sakura

- Hola Shaoran

- Te llamaba porque… Me dijeron que estuviste en casa hoy, lo siento, estaba un tanto indispuesto.

- Si… Eso noté… Muy indispuesto – ¿Se escuchaba enojada?

Al otro lado, Meilling le hacía señas de que pusiera el altavoz para poder escuchar y aunque Shaoran no estaba de acuerdo terminó accediendo.

- Sí, me dolía la cabeza, a veces los medicamentos me producen eso

- Bueno, pues afortunadamente tenías quien te ayudara con eso ¿no?

Meilling se tapaba la boca con fuerza para que no se escuchara su risa mientras Shaoran la reprendía con sus manos.

- Ah… Y gracias por las galletas.

- Si, las horneamos en la clase de cocina hoy y yo no las quería, habría sido un desperdicio traerlas conmigo.

- Se las hubieses llevado a tu papá.

- No vendrá a casa hoy

- ¿Estás sola en casa? Sabes que no me gusta que te quedes sola.

- Si… Afortunadamente ya estoy grande y no tengo problemas con ello, tampoco necesito que alguien – esa palabra la dijo con énfasis especial – me ayude con eso. Disculpa Shaoran, estoy haciendo mis tareas, hablaremos luego.

Y así, sin más, la llamada se interrumpió y las carcajadas de Meilling resonaron en el cuarto de Shaoran.

- ¡Está furiosa! – decía la pelinegra mientras se revolcaba en la cama por la risa y Shaoran la miraba enojado

- No está bien esto Meilling, y Sakura está sola, no me gusta que se quede sola en casa en la noche… ¿Qué debo hacer?

- Dejarla Shaoran, en serio, permítele que te extrañe, ¡hazte notar! Pero si siempre estás ahí como perrito faldero pues no vas a lograr mucho.

- Sigue sin sonarme y te juro Meilling que si este súper plan tuyo no funciona y aleja a Sakura de mí… te voy a buscar aun debajo de las piedras

- Calma, calma Shaoran, ya verás que todo funcionará ¿si?

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Unos días más pasaron y Sakura buscaba cualquier excusa para no ir a casa de Shaoran, hablaban por teléfono, eso sí, pero en realidad no quería ver de nuevo a aquella chica y mucho menos tan cerca de Shaoran.

- Anda Sakura, acompáñame – decía insistentemente Tomoyo

- Tommy, es que… Tengo cosas que hacer…

- Ajá y ¿se puede saber qué cosas?

- Pues… - empezó a gaguear – cosas, tú sabes…

- Deja de darme excusas, dime ¿qué pasa?

- ¡No quiero verla! Ya, lo dije, Me molesta saber que está al lado de Shaoran, y sí, está mal, porque ni siquiera la conozco… Pero mi cabeza vuela cada vez que escucho su voz cuando hablo con Shaoran y ella está ahí "Shaoran… Shaoran" – dijo tratando de imitar su voz y haciendo gestos demasiado graciosos como para que Tomoyo pudiera soportar la risa-

- Sakura Kinomoto, jamás te había visto así… ¡Te ves tan graciosa!

- No te burles, esta situación no es nada divertida.

- Pero debes afrontarlo – respondió la amatista levantando los hombros – Además, no sabemos si es solo un mal entendido.

- No lo creo Tommy, Shaoran es muy esquivo y más con las mujeres y lo que vi ese día no fue precisamente eso, al parecer se tenían mucha confianza y…

- Ya, ya… Cálmate señorita celosa

- ¡Odio estar así! Pero por primera vez en la vida no me siento para nada generosa, no quiero compartir a Shaoran con nadie.

- ¡Maravilloso! Entonces vámonos, no querrás seguir dejándole el camino libre a la señorita recién llegada.

Tomoyo no tenía conocimiento de lo que estaba sucediendo, pero si algo tenía claro es que eso no era normal, y tampoco podía ser lo que parecía, había gato encerrado y se quitaba el nombre si sus presentimientos no eran ciertos.

En poco tiempo estaban ingresando a la casa de los Li, como siempre el recibimiento fue por parte del señor Wei indicando que los señores se encontraban de viaje, así que se ubicaron en la sala esperando que Shaoran pudiera unírseles, no mucho tiempo después llegó Eriol quien había llegado recién de su viaje a Inglaterra y era precisamente el motivo de la reunión.

Las recién llegadas se sintieron felices por ver a su amigo de nuevo y no mucho después se les unieron los anfitriones, Shaoran y Meilling. Empezaron a conversar aunque Sakura estaba inusualmente callada y particularmente seria, el ambarino sufría por verla así, quisiera levantarse de esa silla y envolverla en un abrazo, repetirle de nuevo que la quería, no, que la amaba y la necesitaba a su lado.

Y ahí estaba Meilling, con esa sonrisita socarrona que él conocía bien y la verdad no quería siquiera saber hasta dónde estaba dispuesta a llevar su jueguito, pero él estaba seguro de no poder resistir mucho más.

En el lugar se respiraba una tensa calma, Eriol hablaba sin parar de sus múltiples anécdotas durante su viaje y la verdad es que era maravilloso escucharlo, cautivaba a los presentes con cada una de sus historias pero la mente de Sakura seguía más atenta a lo que ocurría con Shaoran y la muchacha a su lado; la verdad es que a veces era exageradamente melosa y el ambarino estaba haciendo uso de toda su paciencia para soportarla.

De repente, la castaña tomó su bolso y se levantó de su lugar, con una pequeña reverencia y una disculpa se retiró de la sala, Shaoran estaba perplejo… Bueno, al igual que todos, Sakura nunca era una persona impulsiva, así que el ambarino se puso en marcha para alcanzarla, toda la casa estaba adaptada con rampas que le permitían moverse con libertad.

- ¡Sakura!

Ella no quería voltear, estaba casi al punto de las lágrimas y precisamente por eso quería irse, no soportaba seguir viéndolos así.

- ¡Sakura! – llamó de nuevo Shaoran

Ella tuvo que detener su marcha al ver la puerta cerrada y al parecer nadie alrededor para abrirla, hasta que sintió la presencia de Shaoran justo tras ella.

- ¿Podrías por favor abrirme la puerta?

- No, hasta que me digas qué te sucede, por qué te vas así

- Shaoran, por favor ábreme, no quiero estar más aquí

- Ya te dije, solo te abriré cuando hables conmigo.

La chica suspiró cansada – no me pasa nada, solo no quiero estar aquí, ¿es tan difícil de entender?

- Sí, para mí lo es, no entiendo qué pudo suceder para que te molestaras.

- Por supuesto que no entiendes – dijo ella en voz baja pero él alcanzó a oírla

- Entonces explícame. No te dejaré ir Sakura, tenemos que hablar.

En ese momento todo alrededor estaba en completa soledad y calma, Sakura respiró una vez más y se volvió hacia donde estaba Shaoran.

- Lo que sucede Shaoran… Es que… No sé cómo decirte esto.

- Solo hazlo, sabes que siempre he estado para escucharte

- Shaoran yo… Solo me siento molesta por la chica que te acompaña, no me gusta verla tan cerca de ti, ni la forma como te trata, me parece que es abusiva y confianzuda, no sabe guardar las distancias y eso me hace sentir…

- ¿Incómoda?

- Si, un poco.

- ¿Celosa…? – dijo él con una sonrisa torcida

El rostro de Sakura empezó a cambiar de colores y ella tartamudeaba mirando a su alrededor, como si la respuesta estuviera colgando de alguno de los árboles que rodeaban el inmenso jardín. Pero luego lo miró, estaba serio, expectante y ¡qué diantres! Ese había sido su objetivo desde hace días, el poderle mostrar sus sentimientos.

- ¿Sabes que si? Si, nunca había sentido algo como eso en mi vida Shaoran, y es que yo… Yo… Se acercó poco a poco y se inclinó para quedar a su altura – Yo te quiero Shaoran, más allá de nuestra amistad, he tenido este sentimiento hace mucho tiempo pero me daba miedo perderte.

- ¿Por qué no lo dijiste antes Sakura? Cuando yo te lo dije… por ejemplo

- Me petrifiqué, no sé qué pasó, estaba tan maravillada por lo que estaba escuchando que cuando reaccioné ya te habías ido y luego… Todo pasó tan rápido.

- Sakura yo… No puedo y no quiero vivir sin ti, cuando no estás, es como si me faltara el aire y no hay nada a lo que tema más que a perderte.

Esas palabras llegaron a lo profundo del corazón de la ojiverde y se sentía eufórica al saber que efectivamente los sentimientos de Shaoran hacia ella seguían ahí y le correspondía.

No supo cómo, ni de dónde tomó el valor, se acercó a él lentamente, era como un imán que la atraía y no podía resistirse, sentía el calor que emanaba de él y que no rechazaba su cercanía, cerró sus ojos casi que por inercia y…

- ¡Joven Shaoran!

Fue tanto el sobresalto por aquella voz que cayó hacia atrás sentada sobre el caminito de piedra que era la entrada a la casa, mientras ella se quejaba Shaoran se reía y le extendía su mano.

- No serías la Sakura que quiero si no hicieras algo como eso

- Lo dices como si estuviera planeado

- No, es solo que es tu sello, ¿entramos?

- Pero y… ¿Ella?

- Ehmmm – dijo Shaoran poniendo su dedo en la barbilla – si con "ella" te refieres a Meilling, no creo que haya problema, está bien que me quiera mucho, por algo es mi prima, así que tranquila, no creo que le moleste.

Hola!

¡Feliz fin de semana! espero que la pasen de lo mejor, aquí llego con otro capítulo que a mí particularmente me parece muy gracioso, ¿por qué? porque no soy celosa! es una cosa rarísima pero en realidad no lo soy, pero plasmarlos a ellos de esa manera me parece muy entretenido, por ciertooo eso no iba a suceder, pero la queridísima señorita Valsmile en uno de sus reviews comentó lo divertido que sería ver a Sakura celosa y me dije... ¿Por qué no?

Y hasta que por fin la señorita Kinomoto tuvo el valor de decirle las cosas a Shaoran, ¡por Dios! ahhhh y que Dios bendiga la mente maligna de Meilling jejejeje la amo en serio.

Mis queridos amigos, gracias por sus hermosos reviews y comentarios respecto a la historia, agradezco ese pedacito de sus vidas que dedican a hacer sus comentarios para mí es algo infinitamente valioso.

Los dejo reiterando mis buenos deseos para este fin de semana.

Abrazos y besos

Ale-San