CAPÍTULO 13
NUEVOS HORIZONTES
El ambiente empezó a tornarse más caliente, los besos subían de intensidad y pronto la ropa pasaría a ser un estorbo, era un momento increíblemente excitante pero se sentía rara, era como si no fuera ella, como si estuviera en un cuerpo ajeno.
Cuando fue un poco más consciente de sí misma se encontró con Einishi sobre su cuerpo, sus respiraciones agitadas, las tiras de su vestido no estaban en su lugar y la falda por completo levantada para un mejor acceso a su novio.
Pero no, algo estaba mal, muy mal y el chico lo notó.
- Sakura, ¿sucede algo?
El rostro alarmado del chico la hizo comprender que estaba cometiendo un error, no por estar con Einishi, sino por no ser capaz de estar en cuerpo y alma con él, ese chico merecía todo de ella y ella, estaría dispuesto a dárselo.
- Sakura…
Como cosa rara se había perdido en sus pensamientos y no se había dado cuenta de que él ya no estaba en la misma posición, antes estaba preocupado por ella.
Se levantó del sofá sosteniendo su vestido a la altura de su pecho y trató de ordenar sus ideas.
- Perdóname, sabes que suelo ser muy distraída.
- Sakura no te presiones, si no estás lista o no te sientes bien yo…
- Estoy segura – dijo intentando que su voz no temblara
Tomó la mano del chico y lo dirigió hacia su habitación. Él no se notaba muy seguro, pero ella conocía perfectamente la fuente de sus inseguridades.
- Einishi, esto no es un error…
- Sakura, yo solo quiero cuidarte
- Eso lo sé.
Lentamente retomaron su faena de caricias y besos, por un momento Sakura tuvo un recuerdo vago de aquella noche con Shaoran, era como si sus manos estuvieran recorriendo su cuerpo, aquellos labios se fundieran en su piel. Pero no, no era él, ya no más Shaoran, era hora de dejarlo definitivamente atrás.
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- Entonces así fue… - respondía Eriol mientras tomaban una taza de té con Tomoyo a muy altas horas de la noche, ninguno de los dos podían dormir y el tema de Sakura y Shaoran era algo que siempre les causaba mucha inquietud.
Al igual que Sakura, Tomoyo tampoco tenía mucho contacto con Eriol pero era el suficiente como para mantener una cordial amistad, se habían vuelto a comunicar una semana antes y ahí surgió su cita para ir al baile juntos, pero el tema de sus amigos nunca lo habían tocado.
- Si, eso fue lo que Sakura me dijo, incluso vi la nota que él le dejó antes de irse, y aunque tengo claro que no estoy en facultad de juzgarlo, no puedo negarte que sentí mucha ira e impotencia al ver el estado tan deplorable en que quedó mi amiga, parecía un alma en pena, le costó mucho salir de esa depresión
- Y supongo que su acompañante de hoy tuvo mucho que ver en ese proceso.
- No te lo puedo negar, tuve mis reparos en muchas oportunidades y más aún porque siempre creí que Shaoran recapacitaría y sin duda alguna yo lo apoyaría, pero las cosas se hacían más difíciles y tuve que pensar en ella. No me arrepiento, Einishi es un chico excelente, ha demostrado ser incondicional y sincero, la respeta y es obvio que la quiere.
- Lo sé, no se necesita mucho para notarlo. De verdad lamento mucho que todo eso haya sucedido, te mentiría si dijera que fue un proceso difícil para Shaoran…
- Espera, ¿estás en contacto con él?
- Estudiamos juntos, él también va a Harvard conmigo.
Tomoyo guardó silencio mientras tomaba un sorbo de su té – Así que tú lo supiste todo el tiempo
- Conocí su perspectiva de las cosas, no te lo niego, pero nunca supe lo que pasó aquí o la reacción de Sakura.
- Y él… ¿Está bien?
- Ahora, podría decir que lo está, pero al igual que nuestra amiga, la pasó mal al principio, adquirió hábitos nada propios en él, empezó a beber, a tener una vida desordenada y luego de salir de aquellas fiestas locas lo veía derrumbarse y llorar como si de un niño se tratara.
- Lamento escuchar eso, tienes razón, no concuerda con quien es Shaoran.
- Lo sé, fue un proceso difícil, Ierán sufrió mucho por él en ese tiempo y eso que ya estábamos en ciudades distintas… El caso es que nunca habló de ella de nuevo, no desde que llegó de Japón, aunque llorara y lo viera miserable, jamás la mencionó ni lo hace ahora y yo tampoco insisto.
- Quién lo creyera…
- La vida es muy incierta Tomoyo, nunca se puede estar seguro de nada.
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En pleno verano era normal que el calor la hiciera despertar, pero ahora había más calor que los otros días, se volvió sobre su cama para ver el rostro tranquilo de su novio mientras dormía a su lado, se encontró desnuda y recordando todo lo sucedido la noche anterior.
Sí, había hecho el amor con Einishi, había sido delicado, muy tierno y dulce… Pero se sentía vacía, como si lo hubiera traicionado…
Se levantó con lentitud dirigiéndose al baño, sintió el agua fría cayendo sobre su cuerpo y simplemente empezó a llorar, se envolvió en una toalla sin salir del cuarto de baño, se abrazó a si misma tratando de calmarse, era ridículo lo que estaba sintiendo, debería estar al lado de ese chico dulce y que sin duda la quería en lugar de sentirse miserable por un fantasma
Pero ¿qué podía hacer? Sentía que ese momento le pertenecía a él… A ellos. Sacudió su cabeza con fuerza, se miró en el espejo.
- Ya basta Sakura, deja de llorar y lamentarte por alguien a quien no le importaste lo suficiente mientras desprecias a quien te entrega su corazón, él no merece que le hagas lo mismo que Shaoran te hizo.
Después de su pequeño monólogo, se puso algo de ropa cómoda y se coló al lado del chico quien todavía dormía, su cuerpo cálido, respiración acompasada, un corazón que latía por ella…
Lo abrazó con fuerza, sí, era afortunada.
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- Prométeme que te vas a cuidar ¿si?
- Lo prometo… Pero no era necesario que me fuera todavía, podía quedarme unos días más – decía la castaña a su novio mientras jugaba con sus manos.
- Nada de eso, este viaje será increíble y no te lo puedes perder
- Te voy a extrañar mucho – Sakura sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas.
- Shhhh no llores mi amor y no mires atrás, el pasado no tiene nada bueno que ofrecerte, los recuerdos hermosos atesóralos en tu corazón pero siempre mira hacia adelante, sin remordimientos, sin ataduras.
Así era él, siempre tenía las palabras correctas para el momento correcto, si algo le dolía dejar era a él. Esas últimas semanas en Tomoeda había compartido con todos sus amigos, era en definitiva la despedida.
Partiría con su padre un tiempo prolongado a Egipto y aprovecharía para ir a algunas provincias de África pues estaba participando en un concurso de fotografía internacional y anhelaba con todo su corazón que su trabajo fuera reconocido.
Ese viaje tomaría unos meses, pasaría el fin de año con su madre y ayudaría con la creación de unos catálogos previo a las pasarelas más importantes de la moda a nivel mundial, sin duda eso le brindaría experiencia y la ayudaría a catapultarse.
- Einishi, prométeme que te vas a cuidar ¿si?
- Claro que sí linda, te escribiré.
Abordó el avión con solo dos maletas y un corazón cargado de buenos recuerdos y esperanzas de alcanzar un futuro mejor.
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- ¡Sakurita, estás hermosa! Esa última foto que me enviaste… Wow, sin palabras.
- La tomé en Zimbabwe, no sabes lo increíble que fue
- Debe ser maravilloso, pero ¡cuídate! Tienes una piel hermosa no dejes que se arruine – decía Tomoyo con cara de preocupación
- ¿Y cómo van las cosas por París?
- Ha sido magnífico Sakura, tu madre es la mejor mentora que pudiera tener, es brillante
- Lo sé, ese siempre ha sido su negocio y con toda seguridad te va a apoyar muchísimo
- Amiga, te extraño, no puedo esperar a que sea fin de año para vernos.
- No te preocupes, no falta mucho, mi última parada será Egipto para encontrarme con mi padre y a lo sumo será un mes más.
- Más te vale, tengo unas cosas divinas que probarte y que según tu mamá, podrían ser incluidas en el catálogo, ¿puedes creerlo?
- Claro que puedo, se trata de ti, ¡eres increíblemente talentosa!
- Amiga, gracias por creer en mí
- Te quiero Tommy, tengo que irme, cuídate y espérame que nos reuniremos pronto.
Allí finalizó aquella videollamada, la verdad es que el hotel donde se hospedaba era de los mejores que podía encontrar en la zona pero aun así no muy bueno… En fin, la experiencia lo valía, los increíbles amaneceres, los paisajes naturales y las excelentes fotografías que había logrado… Por primera vez sentía que estaba haciendo exactamente lo que quería, no se sentía perdida, sola o vacía. Además, llevaba consigo a su inolvidable compañera: su guitarra.
Esa era Sakura Kinomoto y por fin había encontrado su camino.
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- Sakura Kinomoto – decía una voz cargada de reproche y unos ojos amatista que la miraban de igual manera – No puedes salir con esa ropa.
- Pero… ¿Y qué tiene de malo? – respondió Sakura mirándose a sí misma.
- ¡Que ya no estás en un safari por todos los cielos! Estás en la magnífica y fabulosa París, además, iremos a ver a tu madre al estudio, se muere si te ve así, parece que solo te falta el elefante.
- Estás loca Tomoyo – decía Sakura entre carcajadas mientras Tomoyo la empujaba a la que sería su habitación.
- Nos tardaremos un poco más pero no importa.
Una hora más tarde salían del lujoso apartamento donde se hospedaban, Tomoyo solía quedarse con Nadeshiko ya que su madre permanecía viajando y no le gustaba que su hija permaneciera sola tanto tiempo.
- Te lo dije, la diferencia es del cielo a la tierra, te ves hermosa.
- Ay mi querida Tomoyo, gracias, aunque ya estaba acostumbrada a mis ropas de safari tal y como dices.
- Vamos, tu madre nos espera.
Al ingresar al estudio saludó a su madre con toda la efusividad correspondiente y observó todo en el lugar, era un cambio de escenario total pero igualmente excitante, no veía la hora de tomar sus equipos y escuchar el insistente click de su cámara y crear arte a través de ella.
- Sakura mi amor, necesitamos las fotos que enviarás al concurso, recuerda que la convocatoria ya termina.
- Si mamá, justo las traigo en mi maletín, ¿podría enviarlas desde acá?
- Claro que sí, dámelas y yo me encargo
Decir que estaba feliz era poco, estaba con las personas que quería, haciendo lo que amaba y disfrutaba en gran manera, apreciaba la paz y tranquilidad que experimentaba su vida en ese momento.
Hablaba con Einishi tanto como el tiempo se lo permitía, que en realidad no era mucho, habían quedado como amigos y él estaba estudiando en Tokio, siempre la apoyaba y le daba ánimos cuando se sentía un poco sola, pero también era sorprendente lo poco que quedaba de aquella niña delicada e insegura, cada vez era más independiente, destacando en lo que hacía a pesar de su corta edad.
- Bueno niñas… Cuando terminemos esta sesión iremos a cenar, hay un restaurante maravilloso al que me encanta ir y estoy segura les va a encantar, el chef es un genio.
Sakura se esforzó al máximo para obtener las mejores fotografías, la verdad es que se le daba natural y los modelos respondían a lo que ella quería hacer, el trabajo se hacía fácil y era su carácter afable lo que hacía que los demás disfrutaran trabajar con ella.
- ¡Listo! Terminamos por hoy equipo… - decía Sakura mientras los demás aplaudían en el lugar.
Terminó por dar algunas recomendaciones a los modelos y se prepararon para Salir. Había optado por dejar sus equipos en el estudio, no tenía sentido cargar con todo eso para pasar una buena noche con su amiga y mamá.
Llegaron al restaurante y fueron ubicadas en una de las mesas principales, en el lugar conocían bien a Nadeshiko y su fama así que era tratada como cliente exclusiva y por ende sus acompañantes.
- Mamá, la cena estuvo maravillosa, hacía mucho no comía tan bien.
- No es de extrañar Sakurita, no es que hubieses estado estos meses en spa de lujo
- Lo sé, no puedo decir que fue malo… Solo diferente.
- Y ahora viene lo mejor – dijo Nadeshiko – el postre, mmmm no tienen idea el talento de este chef para preparar postres. Pedí de antemano suflé de chocolate, tuve que hacerlo así porque siempre se agota.
Las tres mujeres veían emocionadas como el mesero se acercaba con la parte final de su cena y la depositaba en su mesa, se veía espléndido aquel delicioso postre y por un instante llegó un recuerdo furtivo a su mente.
Sí… Era el postre que Shaoran más disfrutaba, solía decir que si el último momento de su vida era comiendo suflé moriría feliz.
Sakura sonrió ante el recuerdo…
- Está delicioso ¿no es así? – la voz de su madre la sacó de lo recóndito de su mente, aquel lugar apartado donde solía guardar los recuerdos que correspondían a él.
- Si mamá, muchas gracias – respondió con su mirada llena de melancolía y Tomoyo lo percibió muy bien, claro que las cosas habían cambiado mucho para ella, pero ese pedacito especial de su vida tardaría mucho en ser definitivamente olvidada… Eso, si en realidad sucedía.
- Buenas noches señoritas, espero que les guste mi postre.
La voz masculina, aterciopelada y con ese marcado acento francés, la sacó definitivamente de su trance para encontrarse frente a ella con un hombre joven, alto, rubio y ojos azules, además de un aspecto cálido y gentil.
- Oh Fye, como siempre, te has lucido… Cada día te queda mucho mejor.
- Señora Nadeshiko, es un honor el poder atenderles y escuchar sus palabras – el joven observó con atención a las otras dos señoritas y la señora comprendió el gesto.
- Oh, disculpa, ellas son Tomoyo Daidouji, trabaja conmigo, es hija de mi mejor amiga y mi hija Sakura Kinomoto, llegó anoche y también trabajará conmigo una temporada.
- Es un placer conocerlas señoritas y sobra decirles que estaré aquí para complacerlas en lo que ustedes gusten.
Las dos arreboladas jóvenes miraban al hombre frente a ellas, era absolutamente encantador, galante y sin duda talentoso, Sakura no esperaba reaccionar así, pero qué diantres, le había gustado y bastante, quería mucho a Einishi pero esto era algo un tanto diferente… Quizá, por primera vez tendría su oportunidad de olvidar.
Llegaron en la noche al apartamento, Tomoyo y Sakura estaban muy contentas y por fin, esa noche podrían hablar sin restricciones; al día siguiente no irían al estudio así que no había afán por dormir.
Sakura compartió alegremente sus experiencias en el continente africano enseñándole un sinfín de fotos que había tomado, hablándole sobre lo que le había sucedido, los momentos en que se había sentido en peligro y las muchas aventuras vividas en aquellos meses, además, tuvo la posibilidad de ver de cerca el trabajo de su padre, lo que incrementaba su orgullo y respeto hacia él.
- Bueno, ya hablamos de tus muchas aventuras Sakurita, pero ahora lo importante. ¿Qué tal tu vida?
La castaña se encogió de hombros – Nunca pensé que a este momento mi vida sería así, siempre me imaginé en Tomoeda, estudiando cualquier cosa en la universidad pero sin muchos cambios, me había conformado a vivir en un molde, con demasiado miedo hacia la vida real… Luego de lo que sucedió – Tomoyo entendió que se refería a Shaoran – Pensé que moriría, que no podría con tanto dolor y que mi vida… No lo sé, que no podría salir adelante. Por eso veo lo que he logrado hasta ahora y sé que nada me podrá detener Tommy y que soy la única responsable de mi felicidad.
Tomoyo la observaba con cuidado, claro que sí, ya no era la niña sensible e inocente, se estaba convirtiendo en una mujer fuerte y capaz, llena de sueños y expectativas, aunque la melancolía no desaparecía de su mirada verde y ella, solo esperaba volver a verla brillar, sin ningún tipo de reserva… No pudo evitar pensar en el hombre que habían conocido esa noche y la forma en que había reaccionado Sakura ante su presencia…
Sonrió con esa expresión que hacía notar que traía algo entre manos. Tomoyo la celestina, entraría en acción.
Hola!
Espero que hayan tenido un excelente inicio de semana, les dejo este capitulillo que nos deja ver algunos saltos en el tiempo... Como pueden ver, ni huella de nuestro querido Ambarino, cuando se decidió desaparecer de la vida de Sakura lo dijo en serio, pero por lo dicho por Eriol es evidente que también le afectó.
En fin, como siempre, extender mis agradecimientos a ustedes queridos lectores por sus reviews y pues espero que la creatividad me acompañe para poder terminar la historia pronto porque el tiempo se me agota...
Los quiero!
Besos y abrazos
Ale-San
