Si supieras lo importante que eres para mi no tendrías miedo de perderme
Always in grace and victory
—Tu piel es tan bonita... Es blanca, parece arena.
— ¿Por eso la acaricias?
La curiosidad es algo que incluso los rígidos y fríos hijos del emperador tienen. Siendo básicamente el único contacto es normal que se exploren entre ambos. Lotor con quince años no pudo evitar empezar a acariciar a su hermano menor durante las horas en las que deberían dormir. Fascinaba a sus sentidos la sensación en la yema de sus dedos.
El cabello de Keith también es suave, mucho más sedoso que el suyo, completamente negro. Acostumbra dar pequeños besos a las marcas de alteano, a sus parpados y llenar esa obstinada expresión de besos. Lo apretuja entre sus brazos, Keith es tan pequeño, apenas llega a su pecho y por ello siente que alguien podría lastimarlo en cualquier momento.
Y no se equivocó.
Pasó un día cualquiera, caminaba por los pasillos buscándolo. Siendo día libre para ambos podrían jugar de alguna manera o hacer lo que viniera a sus mentes. Un chillido llamó su atención y corriendo, chocando guardias, abriendo puertas y demás buscó su origen. Tardó algunos Dobosh, pero pudo hallarlo. Un druida de su madre está haciéndole algo...
Y no es bueno, si las marcas de Keith están brillando al mismo tiempo que sus ojos en definitiva no puede ser bueno. Lo empujó y Keith inhala y exhala rápidamente con expresión de miedo antes de acurrucarse en su lugar.
— ¿Qué le hiciste? —interroga en un gruñido furioso. Sacó su espada y la pegó al cuello del druida—. HABLA.
—Y-yo... yo... —y desapareció de repente. Lotor dio un grito de frustración antes de volver junto a Keith y ayudarlo a levantarse. El menor tambaleó.
— ¿Qué te hizo? ¿Qué quería hacer? —pregunta examinándolo con cuidado y preocupación. Keith lo vio con ojos desorbitados.
—Van a... atacar a Zarkon y... Mamá... —musitó con la boca reseca—. Querían que los ayudara a hacerlo y...
—Vamos a decirlos, ahora. —lo arrastra cogido de la muñeca. Keith se acomodó a duras penas la ropa que tenía puesta. Lotor no le dejo terminar lo que quiso decir, pero él era más rápido al momento de captar las cosas, quizá el mismo se diera cuenta.
En realidad no lo hizo. Hubo el ataque a Zarkon y Honerva, completamente fallido cabe destacar. Se castigó severamente y el entrenamiento de ambos se hizo el doble de intenso. Como saben, ellos se enseñaban mutuamente lo uno al otro, por lo tanto cuando llegó el día en que Keith enseñó el ritual para lograr una manipulación absoluta sobre una voluntad fuerte...
—Funciona mejor en energías impuras y esta viene directamente de lo corporal, para manipular es mucho más sencilla usar una quintaescencia manchada y que esté mezclada a la tuya; el problema es que tu magia tiende a ser más fuerte mientras más puro seas. Muchas druidas no tienen una vida intima o... personal precisamente por ello. La quintaescencia de una criatura puede cambiar por completo tras relacionarse. —explica y Lotor mantuvo una expresión completamente en blanco.
—Lo cual quiere decir que para manipularte-
—Pensaba profanarme de alguna manera, aunque posiblemente solo me lo hiciera creer. Ese druida era asexual. —responde cerrando el libro y bostezando. Ya era un poco tarde. Antes de dirigirse a la cama Lotor lo agarró y tumbó al suelo de repente.
—Yo puedo... ¿Yo puedo hacerlo? —pregunta con expresión insegura—. Profanarte...
—Mamá se daría cuenta, la alquimia alteana no funciona igual si-
— ¡No me importa! Yo quiero... Quisiera ser yo quién pueda poseerte de esa manera ¿puedo? —insiste. Keith ladeó la cabeza, ligeramente avergonzado. Estiró el cuello y besó suavemente los labios de Lotor.
—Solo si me prometes que no serías capaz de hacerlo con nadie más. Hay muchas maneras de cambiarlo: Forzado, por conceso, por amor...Ser la única persona para otro...—era un todo o nada y cuando las manos de Lotor serpentearon por su cadera supuso que aceptó la condición.
Claro, no fue sino varios Deca-Phoebs después que llegaron a consumarlo, principalmente porque Keith estaba aun muy pequeño en ese momento. Sin embargo, y aunque Lotor aceptó, rompió su promesa y no es algo que Keith haya olvidado o dejado pasar por alto precisamente.
—Siendo franca... nunca creí que tendría un interrogatorio entre hipopótamos. —Pidge tenía una sonrisa incrédula, lentes torcidos y ojos bien abiertos ante el panorama tan poco común. Keith besó la nariz de un hipopótamo bebé que fue a sentarse en sus piernas.
— ¿hay hipopótamos en este planeta? —pregunta lance intentando que el hipopótamo macho y adulto se quite de su lugar, aunque está claro que no lo haría.
—para nada. El emperador Lotor mandó a traer a la pareja adulta como regalo de bodas. —informó Krolia que permanecía de pie junto a Keith. Más que una escolta para ayudar en el flujo comunicativo sabiendo que él, su monarca, no es precisamente del tipo hablador.
De hecho, ha estado más de un mes sin hablar y todo porque no encontró la necesidad de hacerlo. Pensaron que estaba enojado, pero era simplemente que eso, lo encontraba irrelevante.
—Son lindos. —fue lo único que dijo el pelinegro.
—Bueno... eso no se lo puedo negar. —admite Hunk tirando comida a la boca de la hipopótamo adulta.
— ¿Y bien? ¿Por qué vinieron?
—Desde que soy pequeño mi papá me contó de algo que ocurrió en una de sus misiones. Más específicamente la que lleva nombre de Kerberos por el planeta en el que fue. Iba acompañado de una científica espacial llamada Sandra Kogane. Tenían por objetivo examinar la atmosfera, que se podría hacer en tierra y considerarse como un medio para habitar—explica Shiro con voz monótona—. Sandra fue hasta ahí embarazada. Cuatro meses en llegar, los otros cuatro y finalmente tuvo a su hijo en un planeta por fuera del sistema solar. Ese niño eres tú.
Keith frunció un poco el entrecejo. Bueno, aquello no sonaba tan... ¿Disparatado? No sabe como decirlo, sin embargo, no se imagina que estuvo en un planeta con población nula y examinándose para ver si tenía alguna utilidad. Aunque lo que si tiene explicación es porque fue destruido. Sin nada en él, debió ser sencillo extraer su quintaescencia.
—Otros seis meses pasaron y ahí es donde los Galra entran a colación... Atacaron, ni siquiera él sabe porque y tuvieron que huir. Él me dijo que intentó ir por ti, pero ya te tenían y no tuvo más opción que huir o lo matarían junto a tu madre... —no sabía cómo decirlo sin que sonara mal. Es decir, tienes miedo de que te maten, pero dejas al bebé de seis meses en manos de esos mismos alienígenas asesinos. Muy buena lógica.
—Puedo concluir que mi madre decidió correr y luego acordarse de que, de hecho, estaba en ese mismo planeta y dejarme morir en él—y dicho así, suena peor. Pidge casi quería que Shiro se callara, iban a matarlos a todos si ese hombre se enojaba. En este instante no luce precisamente contento—. Por no decir que mi "padrino" decidió no hacer nada por mi aparte de dejarme en brazos de alguien que según él, podía asesinarme.
—E-es que... A-apenas se acercó. Los humanos suelen ceder al miedo y más aún cuando amenazan con matarte.
—De haberlo visto regresar hubiera cesado el ataque y ordenado que partieran. Yo fui quién extrajo a Keith de aquel planeta—informó Krolia, Shiro acabó frío—. Concluimos que lo habían abandonado y por ello lo tome como regalo a mi reina en ese entonces. Soy incapaz de asesinar niños, mucho menos bebés. —asegura con tranquilidad en su voz.
—Nunca me lo contaste. —comenta de repente y sin verla.
—No hacia falta. Eras un druida y más importante, mitad alteano por la magia que seguía creciendo en ti. Tus raíces humanas se marchitaban por completo... Una madre tampoco quiere hacer saber que su cría no es suya. —besó la frente de Keith, este bajó las oreja de forma adorable por el gesto.
Krolia desde un principio había adoptado una actitud muy materna con él. Keith sabía que ella tuvo un hijo que murió durante un ataque aleatorio de los alteanos, básicamente por eso ella se unió a la fuerza militar y lo agradecía enormemente. Honerva era bastante estricta, pocas veces daba lugar a su cariño por sus hijos. Krolia estaba siempre que la necesitara: Consejos, escucha de problemas, enseñanza... Krolia era como su segunda mamá y la ama como a una.
Es una de las razones por las que ella puede andar por cualquier sala del palacio sin restricción. Es de las personas más fieles del imperio y por ello tiene sus libertades. Shiro se mostraba ligeramente nervioso por la nueva información que terminaba los retazos que su padre contó. Sin duda esto empeoraba el mal panorama que tenían por misión.
—Y... Bueno... Han pasado muchos años, tu madre quiere verte—soltó de golpe, Keith levantó las orejas con ligero espanto—. Hace no mucho llegaron alteanos, nos-
— ¡Fue increíble! Nos ayudaron con la tecnología, incluso llevaron a muchos Olkaris para estudiar más a fondo. Nuestras naves son casi un cuatro mil porciento más veloces y letales. Ellos nos contaron que la "reina" del Imperio Galra era alteana también, pero que su nombre no era nada común. —Pidge lucia emocionada por lo que cuenta. Keith lo encontró un poco tierno. Silbó de manera extraña y un lobo cósmico apareció, lo acarició en la cabeza.
—llévala a donde están los técnicos. Estará más entretenida ahí. —el lobo puso una pata en la pierna de Pidge y ella desapareció junto a él.
— ¿¡y ese lobo de donde sale!? —quisquilla Lance montándose en la espalda de Hunk con brazos y piernas.
—Adopte una manada en un Quantic Abyss, no pueden estar aquí con los hipopótamos, se los comerían—si se trataba de sus animales, Keith podría hablar por horas. Era muy curioso como el muchacho podía empatizar tan bien con estos y no con las personas—. Pueden viajar a cualquier lugar en un radio bastante grande dependiendo de su fuerza. Son muy útiles.
—Ahora quiero uno... —suspira Hunk.
—En cuanto a su misión ¿eso es todo? —Shiro asintió. Keith se levantó de su lugar—. No iré a la tierra.
— ¿¡Eh!? ¡Vinimos a buscarlo! —quisquilla el moreno.
—Tengo un Imperio, muchos asuntos. La tierra no figura entre mis planes. Lamento el viaje que tuvieron que hacer por nada—responde sin mucho interés en la queja del otro—. Además, ese planeta no es para mí.
—Eres humano, es tu hogar. —Miró a Shiro con ojos entrecerrados antes de salir del lugar. Krolia los observó analíticamente por unos cuantos minutos.
—Aunque lo deseara, está muy lejos y por sobre todo... El emperador no aprobaría su partida.
— ¿Por qué?
—Siguen siendo hermanos muy unidos y no hay nada que odie más que la distancia de aquello que le pertenece. —explica con severidad al mayor que vuelve la vista a la entrada. Parece que todo el mundo advierte lo mismo que su sentido de autoconservación: Deja de ser un suicida y aleja tus hormonas de la divina imagen de la emperatriz.
El tiempo pasaba relativamente lento. Los cuatro humanos permanecían en el palacio como invitados de Keith. Pidge estudiaba la tecnología al igual que Hunk, Lance pilotaba algunas naves y las destruía -gracias a las estrellas que son de prueba y prototipos-, mientras Shiro... Shiro, él no sabe lo de controlarse y no es como que alguien lo intente enseñar. Él se quedaba con Keith casi todo el día.
Viéndolo estudiar, hacer rituales, alquimia complicada o solo en silencio mientras juega con sus hipopótamos o lobos cósmicos. El esposo del emperador lo tenía tan fascinado que solo respirar el mismo aire lo tiene con las neuronas de vacaciones. Keith disfruta la compañía, le recuerda un poco a Lotor cuando eran más jóvenes y sabía que podía confiar plenamente en él.
Eso no evita que Lotor lo vea con muy malos ojos esta cercanía.
—Has estado muy cercano a ese humano los últimos días—Keith cerró el broche para sujetar su cabello, hablando del tema, salía precisamente para encontrar con Shiro en el área de jardín del palacio en general—. ¿algo que decir al respecto? —agregó ante el silencio.
—No. —Lotor lo jaló del brazo y Keith no tardó un segundo en soltarse de aquel agarre. Su mirada fiera y retadora contra la del Emperador no tiene nada que envidiar.
—Espero que solo sea cuestión de jugar u poco con una mascota y no nada más. —advierte entre dientes con clara amenaza. Keith es orgulloso y no iba a permitir que Lotor, por más emperador que fuera, le hablara de ese modo tan imperante. Sea quién sea, no aceptaba órdenes.
—Puede ser de la índole que a mi me plazca, Lotor. Son mis asuntos y como es la costumbre, no debes de meterte ellos. —hizo saltar aquel punto. Lotor apretó los dientes con la ira creciendo en su interior.
—Deja de ser un "asunto" cuando se trata de que me piezas ser infiel con-
—Ladras demasiado. Yo sé lo que hago igual a que tu sabes que haces e hiciste. —lo dejó con la palabra en la boca y con aquella nota de dudosa victoria sobre él salió del castillo con Shiro.
Este iba un poco incómodo por la ropa que llevaba. Aparte de vaporosa y delicada, gemela de la que Keith lleva puesta, siente que tiene algún significado de trasfondo que puede complicar las cosas de alguna manera. Pero como buen seguidor de Keith que es no se negó, tan solo lo menciono a modo de comentario como por no dejar ir el asunto.
Keith lo guio -sobre unos deslizadores en forma de moto, pero mucho más ligeros que una-, por toda una serie de irregularidades en el terreno semejante a un desierto. Incluso tras bajarse de las motos se lanzaron de un maldito acantilado. Obvio había agua abajo y solo por ello aceptó.
Nadaron hasta el fondo, Shiro apenas pudo aguantar hasta allí, se guiaba por las visibles y brillantes marcas del monarca hasta que llegaron a una enorme burbuja de aire con luminiscencia multicolor. La admiró con ojos brillante y llenos de expectación. Keith sonrió ladino acomodando un mechón de cabello que se venía a su rostro.
—Lotor y yo solíamos venir acá... Discutíamos como avanzar sin que Zarkon lo supiera, siempre terminábamos haciéndolo más al fondo—informa, Shiro no mostró real sorpresa por la última parte. La asumía y de cierta forma lo molestaba—. Este lugar tiene Quintaescencia a desbordar, sus marcas brillaban... a mi me encantaba como se veía y cuando tenía menos en mi cuerpo era similar...
— ¿antes?
—Fuimos a un lugar mítico donde solo alteanos pueden pasar. Superé la prueba del conocimiento supremo, ni siquiera Mi madre Honerva pudo hacerlo. Actualmente soy el único con ese conocimiento... Mira—apenas un par de movimientos con las manos y al abrirlas... salieron miles de pequeñas mariposas que pasaron a formar parte de la luminiscencia natural de la cueva—. Tardas años en saber convertir partículas de quintaescencia en mariposas, yo lo hago en menos de dos segundos.
—Fascinante... En realidad es fascinante todo lo que eres capaz de hacer. —dice sin apelar a su favoritismo y gusto por él. Lo que Keith hace es cosa que escapa por completo de su imaginación, lo supera por completo y lo adora.
—he llegado a sentir que no es suficiente... Lotor me hace sentir que no es suficiente—bajó la mirada—. Solo hemos sido él y yo siempre. Hermanos, amantes, esposos, emperadores de casi toda la galaxia, pero... Él no parece tener real interés en seguir con nuestro trato, lo rompió.
—entonces no es un emperador muy listo, al menos no como yo lo creía... ¿Quién es tan tonto de romper un trato que significa tenerte a un lado? —fue más una pregunta a si mismo y en voz alta. Keith sonrió de nuevo y se inclinó hacia él.
Junto sus labios con los de Shiro y este no renegó el contacto a pesar de sentirse ligeramente confundido por el mismo. Keith se subió a su regazo y acarició el cuello de Shiro hasta llegar al cabello de este. Permanece con los ojos abiertos y viendo al expresión relajada del humano.
—Vamos al palacio... —musitó en un suspiro ansioso.
El camino se le hizo especialmente largo a pesar de no serlo. Llegar a la alcoba por otro lado fue bastante rápido. Keith lo tiró en la cama y se le montó encima sin mucha prisa. Sentía su cola enroscada en una de sus piernas y algo dudoso colocó sus manos en las caderas del regente. Sentía la piel suave y caliente del hibrido y los besos largos, hambrientos llenos de intercambio de saliva parecían acalorar la habitación.
Antes de siquiera pensar correctamente en continuar al menos deshaciéndose de las prendas algo los interrumpió de manera aplastante. Tanto así que el corazón de Shiro amenazó con detenerse por el susto.
—Vaya, parece mi corazonada al respecto estaba en lo cierto...
Lotor está apoyado en la puerta, cruzado de brazos y tan serio que produce escalofríos. Keith apenas se enderezo, permaneció sentado en el abdomen de Shiro viendo indiferente al emperador Galra y su esposo. La pelea de miradas no duró tanto como debería, pero Shiro temió severamente por su vida en esos instantes.
Shirogane Takashi el suicida, aunque por suicida fue feliz los últimos segundos de su vida.
—Entonces... ¿Qué debería hacer ahora que veo como mi reina pretendía engañarme en mi propia alcoba? —pregunta con sonrisa tensa y enojada, como si su rostro se compungió en esa mueca.
—Puedo hacer lo que me plazca, Lotor. Ya te lo he aclarado. Debí cerrar con seguro o un hechizo la maldita puerta. —gruñe con fastidio. Como supondrán, a Lotor no le agradó ni un poco aquel comentario dicho tan a la ligera.
— ¡PUEDES HACER LO QUE TE PLAZCA, PERO NO ENGAÑARME! —rugió cogiéndolo del cabello, Keith soltó un quejido—. Es por esto que lo mantienes aquí ¿¡verdad!? Para poder jugar con él—dice en tono cantarín—. Voy a hacer que lo maten y devoren en frente tuyo para que aprendas a no hacer esta clase de cosas.
—Shi-Shiro ve a tu habitación—ordena y el humano salió casi corriendo para no sentirse sobrante en esa situación. Aunque lo involucra bastante. Lotor permaneció con su vista clavada en el alteano—. Suéltame...
—Lo voy a hacer cuando te escuche pedirme que lo mate. —Keith lo golpeó en la cara para liberarse. Lotor tambaleó atrás. El alteano sobó un poco su cabeza y luego cruzó los brazos.
—Me parece increíble que vengas a reclamarme.
— ¡ERES MI ESPOSO! NO TIENES PERMITIDO NI SIQUIERA PENSAR EN-
— ¿¡AHORA SOY TU ESPOSO!? ¿¡NECESITO ECHÁRTELO EN CARA!? PUES BIEN. PUEDO TENER UN AMANTE SI ME PLACE PORQUE TU ME ENGAÑASTE, FUISTE TU QUIÉN ME ENGAÑO CON LA EMPERATRIZ DE ALTEA. —verlo con emociones genuinas es un fenómeno que ocurre alrededor de cada cien años, por lo que Lotor permaneció mudo de verlo realmente molesto.
Vio furibundo al más bajo ¿otra vez con esto? Sí, tuvo un desliz con la Emperatriz de altea, Allura, pero no por ello justifica que su esposo haga lo mismo. No lo piensa permitir, la sola idea de verlo en brazos de otro lo enferma hasta un punto inimaginable. Se acercó con cautela a él, intento acariciar su mejilla, Keith lo apartó de un manotazo al instante.
—No me toques—advierte—. Tu me prometiste que estarías conmigo, me lo prometiste y no solo rompiste con eso sino que ni siquiera te importó que yo te vi—para Lotor es extraño que luzca herido... Pues son contadas con una mano las cosas que pueden lastimar a Keith—. Es que... es como si yo no soy suficiente para ti a pesar de todo lo que he hecho, de lo mucho que te amo y... NO VALGA NADA, PORQUE PUEDES IR A FORNICAR CON ELLA.
Lotor mantuvo su expresión considerablemente indiferente. Sentía que tenía mucha información galopándose en su cabeza y solo cuando la digirió por completo es que puedo hacer su siguiente acción en respuesta al reclamo de su reina. De su tan querido y hermoso esposo... su reina.
— ¡LOTOR...!
Lo tiró a la cama con brusquedad. Disparó a la placa de la puerta, así nadie podría entrar. Era un extraño mecanismo de defensa que se tenía. Sea como fuere se acercó a gatas y cuando Keith tenía la intención de irse así fuera destrozando la habitación entera Lotor lo cogió del pie y lo puso bajo suyo.
Usando su armadura es mucho más pesado de lo usual, por no decir que dada su forma Keith sentía que estaba a punto de romperle los huesos de la espalda. Removerse como un animal desesperado no lo ayudó para liberarse. Con una mano sujeto ambas manos del alteano por sobre su cabeza y con la otra acomodó las piernas a cada lado de su cintura, apoyando los muslos uno sobre el otro. Presionó su virilidad contra los glúteos de Keith y este alzó la cabeza con expresión espantada.
— ¡YA TE DIJE QUE QUIERO QUE ME SUELTES! ¡DÉJAME YA, LOTOR! —ordena en voz desesperada y asustado que honestamente, nunca había oído de su partes.
Rompió la tela del pantalón sin mucha dificultad, hizo un agujero bastante grande en la suya y tras frotar su virilidad ligeramente despierta entre medio de los glúteos blancos empezó a introducirse en el alteano. Había demasiada resistencia por lo que optó en hacerlo de un solo empujón... Keith nunca había chillado tan fuerte antes y el silencio que hubo después apenas se corta por los jadeos.
Soltó todo el aire que tenía retenido. Es la primera vez que ve tanta sangre cubriendo su pene y es un poco escalofriante. Keith tiembla y aprieta los dientes con los ojos soltando lágrimas sin su permiso. Una risa despectiva salió de los labios de Lotor, apretó la nalga derecha de Keith y la jaló para ver mejor como ambos cuerpos se unen y el menos sangra.
— ¿Qué pasa? ¿No es esto lo que pensabas hacer con ese humano?
— ¡AAAGIHH! —su zona abdominal está doliendo incluso ahora, normalmente es cuando ya lo han hecho al menos tres veces. Lotor está siendo muy brusco y es obvio que solo quiere hacerle daño.
—Quién sabe si hubiera podido satisfacerte—continua con sorna—. Si hubiera podido llenarte tan siquiera. Un humano no podría hacerte esto ni porque lo intente. —su voz es amortiguada por los quejidos llorosos del otro.
Pasó un brazo por la cintura de Keith para alzarlo y una vez en su regazo dejarlo caer. Sus lloros parecían no ser escuchados para nada, pues Lotor seguía con sus comentarios mordaces con respecto a aquello. Su mente contaba con un bloqueo especialmente fuerte hacia el uso de la razón, todo porque seguía repitiéndose lo mismo una y otra vez.
Keith pensaba engañarlo con un humano...
Keith reclama por ese tonto desliz con Allura...
¿Qué necesitaba su reina para saber que era lo más bello que tiene y cualquier otra cosa no significa nada?
Su amor por él es demasiado profundo como para tomar relevancia a algo tan carnal como lo fue con la emperatriz alteana. Fue un tonteo donde apenas puede decir que se divirtió. No podía parar de comparar el cabello blanco y largo con el negro, corto y liso de Keith; los ojos azules contra los morados; la piel morena en comparación a la blanca que exhibe con tanta honra sus marcas de mordidas, chupones y el brillo de magia cada vez que lo hacen...
Ir a darle pequeños besos cuando está echado en el lomo del hipopótamo después de una noche agitada... ¿Cómo puede siquiera insinuar que es menos que ella? No siente interés por ningún otro ser vivo que no es él. Vive y respira por tener ese enorme imperio prospero, grande y llenarlo con los lujos que merece.
Lograr en su rostro esa sonrisa tan bonita únicamente dirigida a él.
Quizá volvió a la realidad demasiado tarde. Se hace el cabello atrás con una mano sin decir absolutamente nada, Keith está acurrucado a un lado, abrazándose a sí mismo y temblando como si estuviera a poco de congelarse. Acercó su mano para acariciar entre las orejas caídas y que tienen pequeñas heridas sangrantes.
—N-no me toques... —gimoteó sin verlo, intentando sonar imperativo sin lograrlo en lo más mínimo.
—Sabes que te amo... Es solo que... —los ojos de Keith en ese instante le produjeron miles de escalofríos. Gélidos, iracundos, ofendidos y siendo de esas extrañas veces en las que su esclerótica se vuelve de color amarillo—. Haría lo que sea porque lo olvidaras...
—No hay nada que puedas hacer por arreglarlo.
...
—Te lo diré de amigo a amigo... Lo mejor que puedes hacer ahora es huir de está maldita galaxia, cambiarte el nombre, la cara y el hasta ADN de ser posible; porque estás bien muerto a menos que tomes mi consejo. —Lance no se guarda ni una pizca del nerviosismo que lo embarga.
Claro, que tu amigo llegue diciendo que casi tiene sexo con el esposo del emperador que desde un inicio amenaza con matarlos; comanda uno de los mayores ejércitos del universo; tiene bajo su poder a un pueblo más numeroso que la misma raza humana no es para tomarse a la ligera. Lo peor del asunto es que Shiro está más preocupado por el bienestar de quién causará su muerte.
—No estaban dando un trato fantástico, aun no he visto como hacen las armas y NECESITO enserio verlo ¿No podías hacer esperar tus hormonas? —Pidge es la más confundida del asunto, para ella Shiro es simplemente un apurado suicida... vamos, tiene muchas opciones y toma la única que es un peligro exponencial. Hombres...
—Es que... ¡UGH! ¡ESE NO ES EL PROBLEMA! Está allá encerrado con él ¿Qué si le hace algo?
—Shiro, no sé si te estás ubicando en este espacio, pero Keith es la luz de los ojos de ese emperador, dudo muchísimo que le haga a pesar de que van horas y horas que no ha señales de vida. —acota Pidge con voz llena de sarcasmo y burla por lo inocente y enamorado que es el mayor.
—además, se aman ¿Por qué le haría nada? Tu eres el hombre muerto en todo este asunto. —Hunk se encoge de hombros en gesto nervioso.
— ¡Eso ya lo...!
La puerta se abrió y cerró relativamente rápido. Se formó un silencio incómodo por quién entró en el lugar. Keith no tiene una buena pinta, no es que verlo vestido sin nada de piel a la vista sea raro, lo que es extraño es que tenga la cara con algún que otro rasguño y notablemente hinchada.
— ¿¡estás bien!? —Shiro lo sujeto, Keith guiño los ojos y lo apartó con movimientos lentos.
—Podría decirse que si—Lance hizo una mueca, esa voz ronca y nula no dice lo mismo—. Necesito decirles algo...
— ¿Shiro es hombre muerto?
— ¿Van a matar a este hombre por no saber escoger pareja?
— ¿Puedo llevarme un plano de las armas para investigar en mi casa? —guardaron a ver a Pidge—. ¿Qué? Ya sabemos que Shiro es-
—Quiero ir a la tierra—y de nuevo un pesado silencio hizo acto de presencia en esas cuatro paredes. Shiro abrió y cerró la boca, buscando en su mente las preguntas adecuadas pues eran muchas y no es que en este momento pudiera hacerlas todas—. Necesito... pensar un poco y es obvio que en este palacio no podré hacerlo.
— ¿Por qué? —atinó a decir, Keith bajó la mirada.
—Nunca he tenido razones por las cuales dudar de Lotor, pasó hace un "año" que se acostó con Allura, Emperatriz de Altea—Lance sorbió aire—. Aparte de habernos casados, nos habíamos prometido ser monógamos... Lo que menos esperé es que el pudiera traicionarme hace unos cuantos Quintants fue a una reunión con ella... No sé si lo que me dijo es real. Soy incapaz de dañar a mi emperador, así que necesito un tiempo para pensar que hacer en cuanto a lo demás. —su voz era suave, lenta y no veía a ninguno mientras lo dijo.
—Siempre podemos ir, te aseguro que estaremos bien allá. —vio a Shiro dudoso.
—¿No será un problema como me veo?
—Para nada, después de ver a los Olkari tu eres bastante normal. —asegura Pidge con tranquilidad.
—además, estarás con nosotros. Siempre podemos maquillarte un poco y no pasara absolutamente nada —afirma Hunk con una sonrisa amable. Keith suspiró y abrió la puerta—. Espera ¿Ahora?
—sí. Ahora. Lotor no debe tardar mucho en despertarse. Ya está enojado conmigo, si le digo que iré al otro lado de la galaxia va a ponerse peor. No estoy de humor para discutir con él. —explica andando por los largos pasillos.
Por algún motivo que ellos desconocen los soldados de guardia están tirados en el suelo completamente apagados. Al llegar al hangar de las naves subieron a una muy vistosa. Shiro ayudó a Keith a subir, el alteano se apoyó en él y se dejó cargar completamente. El rostro del humano enrojeció suavemente y Lance se pregunta si Shiro no está cavando más profunda su tumba.
—La tierra va a gustarte, es muy bonita y más aún donde vive tu madre ¡Es casi a mitad de la nada, pero vale la pena llegar hasta ahí! —afirma Lance con entusiasmo en lo que enciende la nave.
—Incluso podemos ir con mi familia. Te van a recibir muy bien, incluso harían un almuerzo para todos. —fantasea el más grande con un pequeño hilo de baba bajando por su mentón.
—Ojalá pudiera decir lo mismo de mi familia... posiblemente solo te llenen de preguntas y no se callaran jamás. —suspira Pidge con una mano en la cabeza. De algún lado salió su vena científica sin duda alguna.
—Lo importante es que estarás por primera vez en tu hogar, aun si nunca lo has visto... Espero que tengas un lugar para él dentro de ti. —Shiro se veía feliz y realmente complacido. Keith ladeó la cabeza. La capa que lleva por sobre la ropa cubre bastante y que sacará las manos de su resguardo le extraño.
Hizo el mismo truco de las mariposillas y tan entretenidos se quedaron al verlas que no se percataron del cambio de lugar. Al momento de perderse en el techo se dieron cuenta y con un latido ligeramente irregular miraron a todos lados. Keith dio un largo suspiro levantándose de donde está sentado, básicamente su trono.
— ¿Q-que pasa? —pregunta Pidge con miedo.
—Que acaban de hacerles una prueba y, enhorabuena, aprobaron—Shiro fue el primero en girarse a ver a Lotor que luce tenso, pero sonriente—. Se han ganado un honor bastante grande.
—Pero... pero... s-se supone que íbamos-
—No pienso ir a la tierra, al menos no de visita ni pronto. Sino a conquistarla—informa Keith, la sorpresa en sus semblantes no tardó en aparecer—. No siento ninguna clase de interés o apego a ese lugar, sin embargo, me puede ser útil y la quiero.
— ¿Qué?
—Por otro lado—interrumpe Lotor. La expresión de Shiro le hace tanta gracia y le produce tanta satisfacción—. Keith a intercedido por ustedes conmigo y acepte su propuesta... Mucha suerte.
— ¿¡De que rayos están hablando!? ¿¡Que pasa!? ¡HEY! —los guardias toman a todos. El mayor de todos observa a Keith con la traición pintada en los ojos. El alteano se acerca y lo toma del rostro con delicadeza.
—debía saber cuanta confianza me tenían... Aun si esta se traiciona o se rompe, existió y no me costará mucho manipularlos siendo así. Se acerca una guerra contra los alteanos, necesitaremos a mucha gente capaz y para ayudarme a mí... No hay nadie más capaces que ustedes. Tranquilos, no les haré daño y cuando llegue el momento: a sus familias tampoco.
— ¡Keith...!
Con un chispazo acabaron inconscientes y los guardias se los llevaron. Lotor beso la mejilla de Keith y este lo observó con cierto recelo— ¿Qué ocurre? Te estoy permitiendo hacer lo que deseas aun si no me lo estás contando—. Keith miró al trono por un instante antes de soltar un suspiro agotado.
—Estaré bien y tranquilo cuando cumplas con lo que me prometiste.
—Para mí reina lo que sea y si eso es el reino alteano... que así sea. —tomó su mano y la beso.
—No hay nada que puedas hacer por arreglarlo.
—Siempre hay algo que desees y yo estoy dispuesto a buscar por la galaxia entera solo para dártelo y que puedas ser feliz. —Keith vio por sobre su hombro al emperador. Sonaba sincero y probar algo nunca estaba de más.
—Quiero el reino alteano... Quiero que lo ataques, declares guerra y asesines a Allura. —claro, es muy rencoroso y quizá despechado, pero no puede evitarlo. Si la engañó con ella es porque tiene algo que le gustó y quiere asegurarse de que ese "algo" ya no exista.
Solo de ese modo podría sentirse tranquilo y como mínimo, que Lotor sea sincero con sus palabras.
— ya veo... Está bien, si eso quieres lo haré. Acabaré con la fuerza de ese reino, la traeré ante ti y mandare a absorber hasta el último gramo de quintaescencia que pueda haber en ella. Será lento, pero podrás verlo y seguramente te gustará. —una vez sentado en al enorme cama lo vio directamente a los ojos.
—Quiero su cabeza...
—la tendrás también.
— ¿y si quiero la tierra?
—Te daré las flotas que necesites y la conquistes—acarició la mejilla hinchada y junto su frente con la de Keith—. Te lo dije, estoy dispuesto a darte cualquier cosa para que entiendas que te amo... Incluso decirte que Allura no había estado con nadie más, su Quintaescencia ya no es pura, pero sabes cómo muta y quizá puede servirte de algo—desvió la mirada, ya tenía algo en mente—. Te daré su reino si gustas.
—No gracias, eso no me interesa. Solo quiero saber que... Cuando ella esté muerta no volverás a traicionarme.
—Solo si tú-
— Sin condiciones, Lotor... Estaré hasta el día de mi muerte a tu servicio como tu brujo, quiero saber que, a cambio, solo serías capaz de amarme a mí como yo lo hago. —Lotor asintió, lo que pide no es realmente la gran cosa. Su amor ya lo tiene ¿hace falta que siga insistiendo en que solo fue un pensamiento carnal?
Enserio, por no decir que se sintió exasperado por Allura, ella era tan... ella, multiorgásmica y francamente que aburrimiento hacerlo con una mujer. A menos que Keith se hiciera mujer y quizá ahí encontrara la gracia. Podría decirse homosexual sin lugar a duda.
—Haré algo, pero... No quiero que preguntes nada. —advirtió en voz baja. Lotor asintió con cierta resignación.
Keith lo abrazó y Lotor lo aprovecho para hacer que acabara echado encima suyo. No pudo ver el movimiento que hacía Keith con una sola mano, mucho menos al marca que brillo en su nuca para luego oscurecerse y parecer un tatuaje. Cerró los ojos y respiró más tranquilo, ahora no tendría como faltar a su palabra.
—Espero no faltes a tu promesa... De nuevo. —insinúa con cautela.
—No se me pasaría por la cabeza—asegura sonriendo cómplice. Keith permaneció con esa expresión imperturbable—. Ve a descansar con tus hipopótamos, lo necesitas.
—Al menos ahora los llamas por su nombre. —puso la mano en la cabeza del lobo cósmico que había aparecido ahí. Tras unos segundos se desapareció.
Altea bajo ataque es una cosa muy curiosa y que cualquiera querría ver. Claro, hay destrozos en las calles, gritos, desesperación y creación de caos por la mano de los soldados Galra que atacan. Lo que hace especial el asunto, es que no son realmente desalmados, no atacan a nadie que sea ajeno al ejército.
Pensaran ¿Cómo es posible que el pueblo no sea herido? Los ataques de armas de fuego, espadas, bombas y demás simplemente les rebotan, les resbala o los traspasa sin el más mínimo daño. En el vergonzoso caso de usarlos como escudo, el daño recaía en el soldado detrás.
Y bien, les responderé que eso se debe a la misma reina del Imperio Galra. Keith encontraba demasiado exagerado -al menos después de meditarlo bastante-, inmiscuir a toda una población en un acto de puro despecho. Por lo que desde hace más de quince Vargas ha estado realizando un complicadísimo hechizo en toda la población. Es decir, desde antes de que iniciara el ataque en sí.
Estaba a poco de terminarlo para que fuese permanente con todo y efectos secundarios. Obviamente no iba a ser ignorado aquel lugar luminoso donde el conocido personaje sigue recitando en esa lengua ininteligible y hace que las partículas de tierra floten al igual que su cabello y capa.
Lotor que iba examinando el avance de sus tropas observó a una línea de vanguardia a nada de atacarlo... Claro, pensó en lanzarse inmediato a impedirlo, sin embargo, no hizo falta. Antes de acercarse a más de veinte metros fueron emboscados y erradicados sin mucho esfuerzo por cierto grupo.
— ¿Ocurre algo señor? —pregunta Acxa a su lado. Lotor negó con la cabeza.
—Posiblemente acabemos incluso antes de lo que esperaba.
—A la próxima hay que traer a la reina, así nos ahorramos preocupaciones. —ríe Ezor con malicia.
—Pero también diversión. —bufa Zethrid.
Keith soltó una gran bocanada de aire y limpió la sangre que empezó a salir de su nariz. Malditos hechizo largos que requieren más de dos horas de enfoque. Miró a Lotor que se acercaba con su comitiva, verlo usar una armadura sencilla y casi a juego con sus generales se le antoja lindo.
— ¿Todo listo?
—Avanzar al palacio no costará nada ahora. —afirma sin mucha ceremonia. Dejó la capa tirada en el suelo, usando una armadura de color rojo. Lotor observó a los que se acercaron y se mantiene tras Keith.
— ¿Hacia falta traerlos? —pregunta con ojos entrecerrados. Una sonrisa extraña se formo en los labios del alteano.
—Tu tienes a tus generales... Yo tengo a mis paladines. —alzó las manos como si los presentara.
Atrás de él se encontraban esos cuatro humanos a los que engaño en su buenas intenciones. Claro, estaban bien, ni siquiera tuvo que forzarlos mucho, apenas tuvo que introducir en su mente la lealtad al imperio Galra y acrecentar la confianza ciega que ellos formaron hacia él. Si le toca decir, el más sencillo de todos fue Shiro, el enamoramiento hace maravillas.
Incluso se sintió un poco mal por hacerle eso.
Ellos son fuertes, ordenados cuando se requiere y muy capaces. Lance es su francotirador; Hunk el encargado de las armas pesadas; Pidge con los ataques ingeniosos y Shiro es sencillamente él pudiendo arrollar y destruir lo que sea que se cruce en su camino. Todo lo que signifique una amenaza para Keith será destruido por él si o sí.
Los llamó paladines por ello... Por ser sus caballeros intrépidos; ahora está en duda de que grupo es más temible. Si Lotor y sus cuatro generales o Keith con sus cuatro paladines humanos carentes humanidad... Igual que él.
Avanzar hacía el castillo, como bien aclaró el alteano hace un rato, no fue complicado a pesar de la enorme resistencia que había. Aunque podía usar su magia, Keith peleaba cuerpo a cuerpo con una espada capaz de transformarse en cuchillo cuando quisiera; Krolia también lleva uno de esos, hecho por Keith especialmente para ella.
El palacio está hecho un caos y tener a su comitiva no ayuda a que esto sea de otra manera. Keith entró primero a la sala del trono ya que Lotor se entretenía jugando con los soldados. Vio a la emperatriz que siempre lucia altiva y sería, casi como una mala copia a lo que fue el Rey Alfor. Él no dejaba ver lo que sentía aparte de la compasión y ganas de cese a la guerra.
Ella no, ella quiere esa guerra a pesar del miedo que le tiene.
—Esperaba que fuera Lotor el que llegara aquí—afirma levantándose de su trono. Keith mantiene la postura ofensiva por instinto. No dijo nada—. Había prometido no iniciar guerra en nuestra contra.
—Rompió su promesa conmigo, contigo no me sorprende. —mofa con risa despectiva en expresión indiferente. Allura se acercó con esa arma que podía cambiar a la que quisiera -Bayard si no recuerda mal el nombre-.
— ¿Y solo por eso es esta guerra? ¿Por qué te da envidia que me prefirió por encima de ti? No es que deba sorprenderte, eres solo un hibrido humano—expone con sorna y prepotencia, sus ojos llenos de egocentrismo por venir de un linaje puro son muy obvios—. El debió haber sido mi marido. A final de cuentas, unir nuestras fuerzas hubiera sido lo mejor. Galra y Altea... El problema es que tu nublaste su sentido de gobernante.
—su sentido de gobernante funciona lo suficientemente bien para saber a quién tener de aliado y ¿sabes qué? Tenerme a mi es mucho más útil que tener a una débil emperatriz de un pueblo que iba a terminar siendo suyo de todos modos.
Antes de que Allura atacara hizo apenas un par de movimiento con las manos y esta cayó de rodillas al suelo. Con sonrisa mordaz se acercó a ella y la tumbo de una patada antes de pisar su mano sacando quejidos.
—Por no decir que tonta. No conoces los principios de tu propia energía—chasquea la lengua con decepción—. Una emperatriz alteana solo debe tener relaciones con su esposo, de otro modo quién esté vinculado a esa persona con la que te acostaste tendrá acceso a tu quintaescencia ¿no lo sabias? Puedo hacer lo que me plazca con tu vida ahora
—Maldito... eres un-
—Alguien que no gastara más tiempo contigo —apenas alejó un par de pasos y Shiro entró a la habitación, con una simple mirada su Paladin negro fue capaz de entender—. Gracias por darme a mis paladines.
Aquello fue bastante curioso, tras investigar un poco descubrió que en la tierra se enteraron de él por Allura, la cual quería que se fuera a la tierra, bien lejos y -aunque es solo una suposición-, lograr más cercanía con Lotor. Lastima que el tiro le salió por la culata en todo aspecto. Ella rogó a más no poder a Shiro, el cual con una amplia sonrisa hizo que de su brazo mecánico saliera una espada traslucida de color purpura.
Sin miramiento cortó la cabeza de la alteana y esta rodó un poco con el cabello en un corte terriblemente irregular. Shiro se acercó a él y lo abrazó por la espalda, casi cubriendo el cuerpo bajo y delgado del alteano.
—Que fácil. Es patético—comenta con desilusión—. Aunque... Quizá la tierra signifique un reto, al menos por un varga.
— ¿Y Lotor?
—Me vengare de él después—estiró el cuello y dio un suave beso a la mejilla del Paladin que cerró el ojo derecho—. Va por orden. Primero castigar a "mamá", luego castigar esposo ¿me ayudaras, verdad? Shiro. —ronronea con las orejas caídas en gesto de supuesta sumisión.
—A todo lo que necesite, mi reina. —da un beso a la muñeca de Keith y este suelta un ligera risa por saber que es lo que eso significa.
Ah~ Conquistar al tierra, conquistar la raza que ni siquiera tomó interés por su existencia cuando era un bebé. No sabía si produciría mucha satisfacción, lo que importa es que vería cumplido su capricho. Quizá tendría un lugar más grande y muchos más hipopótamos donde se relajaría luego de utilizar a los humanos para los rituales más peligrosos; esos donde no se atrevía a tocar a los Galra o los alteanos para hacerlo.
Usaba prisioneros y tampoco es que tuvieran tantos. Una raza entera solo para su beneficio intelectual... Excluyendo a las familias de sus paladines porque obviamente ellos no merecían algo como eso. Se aseguraría de que estuvieran bien y tranquilos. Quizá no podría llamarse a si mismo humano... tenía más semejanza con los Galra y los alteanos que con la raza que nació.
Sin embargo, quien lo puede culpar si ellos nunca formaron parte de su vida. Sea como fuere... Iba a divertirse muchísimo ya sea en la conquista o con su pequeña venganza a su infiel esposo. Su amado y un poco crédulo esposo...
No tener humanidad crea que no tenga remordimiento y si él tuvo que ver ese dicho desliz... Lotor lo vería las veces que hiciera falta hasta que se disculpara de manera apropiada; además, también estaba que debía castigarlo por el daño que hizo a su cuerpo aquella vez.
—Tendremos mucho que hacer. —finaliza con una sonrisa supuestamente angelical con infames intenciones.
Todo trae consecuencias y Lotor las sufriría para luego ser consolado como a un pequeño cachorro herido por la reina inhumana del imperio Galra. Que empiecen los preparativos para su gran festival, del solo él y sus paladines reirán al final.
