No me olvides nunca

Carta treinta 30

Querido amigo, Terry:

Hombre, recibí tu carta. Puedo entender tu alivio al estar finalmente libre aunque tu amor no lo esté. Pero ella no ha estado libre por años, ya lo sabías, ¿no? Te he visto vivir con tu esposa como buenos amigos, sin pasión. Eras como una sombra. Candy era realmente a la que necesitabas, ella estaba tan llena de vida. Ahora que no me arriesgo a tener tu puño en mi cara puedo confesar que cuando Candy volvió de Inglaterra con el Capitán Niven, el papa de Sandra, y con tu pequeño amigo Cookie, yo estaba enamorado de ella. Ella era tan vivaz y no dejaba que otros decidieran por ella. Pero vi el brillo en sus ojos cuando ella supo que te conocía, y supe ahí mismo que no tenía ninguna oportunidad con ella. Y en Chicago usurpe tu identidad, ella cuido de mi aunque supo que no era tu. Temí que le haya metió en dificultades… entiendo porque la amas tanto.

Un amor así de fuerte no puede ser en van. ¿Qué pasaría si tratas de verla? ¿Tal vez no es feliz con su matrimonio? ¿Tal vez está esperando por vos? No lo sabemos, Terry, no puedes dejarlo así no mas sin tratar… si está casada con tu mejor amigo…te lo digo, ve a verla y deja que ella te diga que no hay mas oportunidad para ustedes… eres un caballero y sé que respetas a las esposas de otros, no te estoy diciendo que tengas una aventura con ella. Te pido que vayas y la veas para asegurarte si realmente todo está muerto entre ustedes. Piénsalo cuando termine tu duelo. Has cumplido con tu deber. No amabas a tu esposa, pero cuidaste de ella. La amistad que le ofreciste la hizo feliz. Ella te tuvo por el resto de sus días, y fueron días felices a pesar de su enfermedad. Es hora de que vos también seas feliz, Terry. Antes de que te envuelvas en otra relación, vuelve a Estados Unidos y ve a Candy… así sabrás definitivamente si pueden regresar o tienes que obligarte a olvidarla para siempre.

Diviértete con tu papa en Inglaterra.

Tu amigo,

Charlie