Carta cuarenta y dos 42
Querido Anthony-William:
Estuve en Inglaterra durante meses y no recibí tu carta hasta que llegue a América. Y no lo hice ni bien llegue como escribiste al teatro, la carta estaba en la pila de cartas de mis fans. Yo contesto cada carta, o al menos las firmo, mi asistente es el que las abre y muchas de las veces contesta por mí. El las lee en voz alta así se que hay en cada una. Yo le dicto mis respuestas y firmo cuando termina. Puedes imaginarte mi sorpresa cuando él me leyó la tuya. "Sorprendido" no es la palabra que usaría cuando descubrí tu existencia. Sentí como si la tierra se abría debajo de mí y me tragaba. Tenía lagrimas en mis ojos, pero era lagrimas de inmensa alegría ¡Tenía un hijo! ¡No tienes idea del regalo que me diste, hijo! Gracias por venir a este mundo, gracias por existir. Te ruego que me perdones por todos esos años que perdimos y que nunca recuperaremos, pero propongo seguir para adelante. Iría a verte si tuviera tiempo o hubiera visto tu carta antes de comprometerme en la nueva producción teatral en la que actuare con tu abuela. Todavía no le he dicho que tiene un nieto. También tienes un abuelo, mi papa. Por el momento los métodos de transporte no son lo suficientemente rápidos para llevarme de New York a Lakewood tan rápido. Pero podría enviarte una invitación para el estreno de mi obra.
No sé que va pasar entre tu madre y yo. Todavía estoy algo enojado. Igual voy a decirle que vnga y te traiga a casa. ¿Qué te parece? Aunque todavía tienes escuela y no es bueno que pierdas tantos días.
Tengo muchas cosas que decirte pequeño y muchas cosas que quiero hacer con vos que no sé por dónde empezar. Quisiera largar todo lo que tengo planeado y correr a verte, pero mucha gente cuenta conmigo y no puedo hacer eso. Sería muy irresponsable de mi parte. Me comprometí con algo y debo respetarlo. Siempre debemos respetar nuestros compromisos, hijo. Estoy ansioso por leer tu siguiente carta, no tiene idea lo feliz que me hizo la primera.
Tú papa,
Terry Grandchester.
