—¿Por qué debo hacer esto? —Preguntó tímidamente el triste niño que se encontraba encerrado dentro de una jaula, tanto con llave y candado. La jaula estaba escondida en el sótano de la enorme mansión, aquel que nadie se había atrevido a pisar y que muy pocos conocían, tenía un pequeño escondite secreto para ocultarse en una futura guerra...

—Porque es tu deber como un Omega, querido —Le contestó fríamente la mujer de cabello castaño recogido en un rodete y dos trenzas en cada lado. Lo miró con desagrado para luego golpear fuertemente su cabeza con el bastón que llevaba en sus manos.

—¿Por qué me castiga, madre? —Sollozó el niño mientras cubría su cabeza con sus pequeñas manos mientras se colocaba en forma fetal. La mujer sonrió levemente.

—Porque eres una desgracia para esta familia. Hubiese sido mejor que no nacieras, maldito desgraciado, por tu culpa tu padre esta sufriedo —Se acercó a la jaula y lo tomó fuertemente del cabello, el pequeño chillo de miedo. —¿No vez lo que estás haciendo? Estas matando a tu padre. Deberías comportarte de una buena vez si no quieres volver a ser castigado —.

—¡No, por favor! —Suplicó intentado aguantar las pequeñas lágrimas acumuladas en sus pequeños ojos.

—¡ENTONCES COMPORTATE! —Le gritó soltándolo, sin antes empujarlo, le dedicó una ultima mirada de asco y se retiró.

—Papa... —Chilló —Perdoname... —Sollozó escondiendo la cabeza entre sus rodillas.

Ya era de noche y el pequeño seguía asustado, no sabía como calmar sus nervios, temblaba de frío y su estómago rugía exigiendo comida. No recordaba cuando fue la ultima vez que probó los deliciosos postres de su abuela paterna, o las deliciosas pastas caseras que preparaba su tía. No entendía por qué su madre le odiaba, ni siquiera le dejaba acercarse a jugar con su pequeño hermano.

Aquella mujer le echaba la culpa de todas las caídas y golpes que su hermano sufría, era obvió que no era cierto, hasta las mujeres que trabajaban en la mansión lo admitían, odiaban a esa mujer.

Lo único que el pequeño quería era que su padre le abrazara o besara su frente como alguna vez hizo con su hermano menor, toda la atención iba para el más pequeño. Él no recibía nada, sólo simples cumplidos por los empleados para hacerlo sentir mejor, estaba claro que su padre no lo quería.

No iba a luchar por algo que jamas obtendría, el amor de su padre.

Alguien que lo abandonó en aquel oscuro y frío sótano, alguien que ahora lo obligaba a brindarles hijos a un completo desconocido, lo estaba vendiendo... Rezaba todas noches para que su padre se diera cuenta de que en realidad él si era un buen chico y que estaba dispuesto a sacrificar su vida por unas simples palabras, sólo un "te amo" de parte de su padre.