Save my soul.
Muchas gracias a quienes comentaron el segundo capitulo. Espero que continue gustándoles esta historia, este capitulo es algo crudo... Raro.
Espero que les guste.
Resumen: "Ser un perro guardián", morder a quien te ordenara, matar a quien tu amo quisiera, a él le pertenecía todo lo que eras. Pero fuiste abandonado a tu suerte, dejado atrás para morir y cuando estabas dando tus últimos suspiros el enemigo te salvo. ¿Podrías jugarle lealtad? KaraIchi [Au- MafiaMatsu]
Parejas: Karamatsu x Ichimatsu. Ligero Karamatsu x Totty. OsomatsuxChoromatsu. Osomatsu x Ichimatsu.
Advertencia: —Au. Mafiamatsu.
—En este mundo solo Osomatsu, Karamatsu y Choromatsu son hermanos.
—Mucho oc porque soy de los que tienen que ver la serie 200 veces para captar todo y solo la he visto 3 veces. (lo siento)
—Muerte. mucha muerte.
—Mucho Occ
—Violación(?) —Mención de violación (?)
—Emm... no se que más poner.
Si aun así lo quieres leer no me hago responsable por traumas(?)
Save my soul.
II.-Reminiscencia de un infortunado encuentro.
Un sudor frió recorrió tu cuerpo, no podías moverte ni un centímetro de donde estabas. Era como si tus piernas te jugaran una mala pasada y dejaran de funcionar justo en el momento que mas ganas tenias de escapar. conocías ese temor, lo habías estado sintiendo desde que habías entrado a ese asqueroso mundo de los Matsuno, era un pavor, un miedo tan terrible que te quebraba incluso cuando aun no acababas de componerte.
Miedo, asco, vergüenza. Todas esas sensaciones invadieron tu cuerpo mientras tú, cínico, dibujabas una mueca que pretendía ser una sonrisa. ¿Había algo peor que haber hecho todo lo que hiciste? Si lo había seguramente era que la chica estuviera parada en frente de ti demostrándote con su sola presencia la basura humana que eras.
Sentías nauseas, asco de tus manos que la habían maltratado de la forma en la que lo hicieron, del calor que sentiste cuando tu cuerpo estaba contra el de ella, sentías ganas de vomitar cuando todos esos recuerdos que habías reprimido regresaron de golpe, aumentando la culpa al tener allí frente a ti a una de las victimas de esa guerra entre familia. Ni siquiera te sentías digno de dirigirle la palabras ¿Que podías decirle?
"Hey, mucho gusto conocerte" -seria una mentira porque más que gusto te daba pánico. No podías hacer como que nada había pasado, Homura te había reconocido, podías verlo en sus ojos llenos de miedo. Entonces...
"Lamento lo que paso esos días" Porque si, ella había estado en ese infierno por casi dos días. Si recordarlo a ti te provocaban ganas de morir allí mismo no podías ni imaginarte lo que era para ella. Contuviste la respiración aun temblando, no querías ni respirar el mismo aire que ella, te sentías indigno.
—¡Se dice "mucho gusto"! -La voz de Jyushimatsu interrumpió tus horribles recuerdos, tomando tu mano y la de su prometida hizo que se dieran un apretón de manos amistoso. Pero la sensacion de la piel de la chica fue suficiente para hacerte recordar como con esa misma mano que ahora ella sostenía tu la habías golpeado hasta dejarla inconsciente.
Retrocediste apretando tu mano contra tu pecho, cerrando el puño con fuerza, clavándote las uñas. Tus piernas habían reaccionado por fin, pero parecía que habías olvidado como respirar. Balbuceaste un par de cosas inconexas, tratando de hacer llegar el aire a tus pulmones. Retrocediste lleno de pánico y temblando como una hoja.
—L-lo s-siento... -tu voz murió en un susurro y después de eso saliste corriendo a trompicones de el lugar. alguien te seguía de cerca, podías escuchar sus pasos detrás de ti. Pero fuiste más rápido y te encerraste en la habitación que habían dicho era tuya.
Con fuerza tus uñas empezaron a clavarse en tu piel de forma desesperada, tratabas de quitar la sensacion de la piel de Homura sobre tu mano. La habías ensuciado y merecías un castigo por ello. Los rasguños pasaron de la palma de tu mano a tu muñeca, ni dejar marcas de rasguños profundo ni la sangre en tus dedos te detuvieron.
"Lo siento. Lo siento..." habías empezado a susurrar mientras tus uñas se encargaban de rasgar todas esas heridas que se penas se estaban curando. Expiación. El dolor siempre hacia sido una expiación pero hoy parecía no ser suficiente. Los recuerdos de esos días golpearon de nuevo tu cabeza y esta vez no pudiste contener de vomitar. Aferrándote con fuerza al borde del inodoro, manchando el blanco del rojo que escurría por tus brazos.
Tu cuerpo daba arcadas pero no había nada más que sacar, gruesas lagrimas recorrían tus mejillas. Ni siquiera sabias cuando habías empezado a llorar de esa manera. Si tan solo fuera tan fácil como vomitar todo lo asqueroso que eras por dentro, pero no. Tenias que lidiar con ello.
Las barreras que se derrumbaban eran difíciles de volver a construir de las cenizas.
—¿Ichimatsu? ¿Estas allí? -la voz del jefe hace que dejes de respirar. —Voy a entrar.
—¡No! -te sorprendió que pudieras gritar con el nudo que se formaba en tu garganta.
—Entonces sal de allí, ahora mismo. -ordeno en un tono autoritario, después de todo era el jefe de esa zona. Y ahora tu jefe, no podías negarte a sus ordenes. Te tomaste un momento, el agua fría del lavamanos te causaba un escozor en tus lastimadas manos, te enjuagaste la boca y te mojaste la cara viéndote en el espejo-. Te veías patético. Te recordaba a como te veías después de lo de Homura, en ese entonces.
Saliste del baño hecho un asco. Karamatsu dibujo una mueca de preocupación a penas te vio. ¿Tan patético eras a sus ojos como para que te viera de esa manera?
—Ichimatsu tú... -susurro tomándote por los hombros. No parecía estar seguro de tocarte pero igual no alejo sus manos. —¿Le tienes fobia a las mujeres?
Si, algo así. Querías reírte de lo estúpido que había sonado su pregunta. Pero la verdad era que si, le tenias miedo a las mujeres. Le tenias pánico a estar cerca de ellas, tenias miedo de romperlas porque ellas eran muy frágiles, te daba miedo tocarlas, estar cerca de ellas y todo ello era por lo que había pasado con Homura.
Si tan solo tu hubieras tenido la fuerza suficiente para hacer algo, no estarías con ese miedo que no te dejaba si quiera saludar a una mujer sin recordar todo lo que te obligaron a ver.
—Yo estaba allí. -susurraste, la mueca de confusión de Karamatsu te obligo a seguir hablando. —Hace cuatro años, cuando violaron a esa chica. Yo estaba allí.
Recordabas que el tipo que inicio todo había muerto con la cabeza partida en dos, ademas de que Karamatsu te había mencionado que había sido Jyushimatsu y que tenia sus razones para hacerlo. Entonces suponías que el mafioso sabia el porque de todo ello.
Podías lidiar con el odio en la mirada de los demás, eras casi inmune. con lo que no podías lidiar era con la lastima y al ver la mueca de asco que Karamatsu hizo, te diste cuenta que tampoco podías lidiar con ello.
—Pero tu no... no la tocaste. ¿verdad? -parecía suplicarte con la mirada que dijeras que no.
Te gustaba ese lugar, a diferencia de con Osomatsu todos los compañeros y el jefe eran una gran familia que se cuidaba unos a los otros. Es por eso que alguien tan impuro como tu, no tenia nada que hacer es ese lugar. Tenias que salir de allí.
—Si. Lo hice. -respondiste ocultando todo lo que en verdad sentías detrás de una sonrisa. —Yo lo hice.
Karamatsu se quedo de piedra por unos segundos. No se movió ni un centímetro, hasta que de pronto lo hizo. Y sentiste un puñetazo en la mejilla que te hizo caer al suelo de manera estrepitosa. Tu cara se sintió caliente de inmediato haciendo presión contra el golpe levantaste la mirada hacia Karamatsu, su mirada de odio daba casi tanto miedo como Osomatsu en sus malos días.
—Largo de aquí. -dijo entre dientes, apretando con fuerza sus puños. —Largo antes de que me arrepienta de dejarte vivir.
Sin decir nada, sin atrever si quiera a verlo un poco más te levantaste del suelo y saliste de la habitación. Caminando lo más rápido que tus piernas te lo permitían, alejándote de ese lugar que era como el paraíso y al cual no querías ensuciar con tu presencia.
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Los callejones eran lo ideal para un perro abandonado. Era lo que Osomatsu te había dicho cuando te encontró. El siempre te había tratado como un perro y quizás habías terminado creyéndote ya que cada vez que te sentías abandonado ibas a un callejón.
Habias pasado muchas cosas en lugares así, era como tu segundo hogar.
Te recargaste contra la pared y te sentaste abrazando tus rodillas, tu mejilla se sentía hinchada. Te lo merecías, por idiota. Pero ¿porque no le habías dicho la verdad? Quizá porque en lo profundo pensaste que no te iba a creer.
El cielo azul se volvió gris mientras ibas caminando sin rumbo y había empezado a llover desde hace unos minutos, el callejón evitaba que te mojaras si te ponías cerca del contenedor de basura, pero realmente te daba igual si te mojabas o no. Ver los charcos formándose en el suelo de ese sucio lugar te hizo recordar.. También llovía fuerte ese día.
Estabas convaleciente ese día, antes habías recibido una puñalada para salvar a Osomatsu y aunque por suerte la navaja no había tocado ningún lugar vital dolía un carajo la herida. No tenias ganas de moverte y tampoco era como si pudieras hacerlo mucho, pero tus superiores te habían ordenado preparar una habitación.
Cuando dijiste "No soy su maldita sirvienta" te habías ganado un golpe que te había dejado un corte el labio.
Eran tus superiores y tu eras solo un mocoso así que debías hacer caso. Preparaste la habitación y una cámara ya que así te lo habían pedido y entonces llegaron tus superiores acompañados de unas cuantas chicas. Te ordenaron encender la cámara y a grabar lo que al parecer era una entrevista para ser la estrella de una película. Saliste un momento para cambiar tus vendajes, si no lo hacías la herida podría infectarse y eso seria aun mas problemático.
Los gritos de las chicas te hicieron girarte para ver la salida, las chicas de antes huían despavoridas escapando de el lugar. Excepto por la ultima, aquella castaña que tuvo la mala suerte de estar acompañada de idiotas que se hacían llamar sus amigas, pero que al verse en peligro la empujaron prácticamente ofreciendola de sacrificio para lograr escapar. Detestabas a las personas así, a las personas que se ponían primero antes de... pero tu eras igual.
"Ven a grabar esto, mocoso" te ordenaron y obedeciste. Al llegar a ver la escena que querían que grabaras se te revolvió el estomago. No podías soportar verlo, no podías soportar escucharlo. Los gritos desgarradores de la chica te hacían temblar de golpes que le daban para que se callara, las carcajadas que les producían sus caras de satisfacción y malicia. ¡¿Como podían disfrutar de eso?! era algo espantoso.
Era demasiado. Querías desviar la mirada, pero fuiste obligado a ver por el tipo que te había mandado a preparar la habitación.
—Tu también quieres participar ¿verdad? ya te llegara la hora. -No. Tu no querías participar, ni siquiera querías estar en ese lugar. Sentías asco, enojo y miedo. ¿Y si fuese alguien de tu familia?
—Deténganse... -susurraste. Tus temblorosos dedos formaron un puño. Los ojos de la chica te encontraron, te suplicaba que hicieras algo que detuvieras su agonía. —¡Deténganse! -gritaste, nunca lo hacías así que lograste captar su atención. Arrojaste la cámara lejos negándote a participar en esa atrocidad.
Si tan solo no hubieras estado herido...
—¿Que? ¿Tu también quieres que te demos atención? -su sonrisas maliciosas te hicieron darte cuenta que había sido un error, trataste de defenderte cuando se acercaron a ti pero ellos eran más fuerte y tu eras a penas un niño cuando todo eso paso. Te sometieron contra el suelo a unos metros de la chica, no dejaron de hacerle daño y te sostuvieron de tal manera que vieras todo lo que le hacían.
"Mira con atención, porque después te toca a ti."
Sus gritos eran aun mas desgarradores desde esa distancia, con fuerza apretaste los parpados, pero te dijeron que entre más tardaras en ver más iban a hacer sufrir a la chica. Era un juego para ellos, pero para ti era una tortura. Ella estaba sangrando y chillando, mientras tu no podías hacer nada para ayudarla. Siento sometido contra el suelo tu ropa fue desgarrada como la de ella. Ser un testigo silencioso, ser obligado a ver esa espantoso suceso provocaba un terrible daño psicológico en ti. Tu cuerpo siendo maltratado, desgarrado, tratado como un objeto. La asquerosa sensacion de algo invadiéndote, te provocaba nauseas, miedo, desesperación y un creciente odio hacia los hombres que se decían tus compañeros y superiores.
Cuando terminaron fueron a hacer el vídeo más divertido o algo así habían dicho. Tirado en el suelo con el cuerpo pesado y las lagrimas contenidas te arrastraste hasta la chica y te disculpaste tocando su mano. Ella asustada alejo su mano y comenzó a llorar.
Fue entonces que una voz en tu cabeza empezó a decirte. "Las mujeres son frágiles, no deberías tocarlas" Los hombres son asquerosos y tu eres uno"
"lo siento, lo siento" -susurraste lanzándote lo más que tu cansado y magullado cuerpo te permitió. Restregando con fuerza tu mano en el suelo hasta lastimarla. No tenias permitido tocarla. Horas después la tortura empezó de nuevo, tu cuerpo temblaba de miedo cuando cuando te pusieron entre sus piernas. Temblabas de miedo y quizás a ellos le parecía divertida la expresión de pánico que tenias ya que en esa posición simulaban que eras tu quien estaba violándola, pero detrás de ti había alguien haciéndolo contigo. Cuando tu herida se abrió te dejaron de lado para seguir con la castaña, accidentalmente tu cuerpo había rosado contra el de la chica y era incomodo.
Viste una oportunidad cuando los violadores (porque eso eran) salieron todos a "tomar unas copas". Te arrastraste hasta la chica y la miraste fijamente. Ella te miro también, te suplicaba que hicieras algo. Te colocaste con dificultad sobre ella, levantando la mano por encima de tu cabeza.
—Lo siento. -te disculpaste antes de darle un golpe que la dejo inconsciente. Recargaste tu cabeza en su pecho cuando escuchaste que regresaban. —No esta respirando. -les informaste y ellos entraron en pánico.
Ellos eran solo unos bravucones, en su vida habían matado a nadie, para eso estaban los perros como tu. Lanzándose la culpa entre uno y otro querían asegurarse de que de verdad estuviera muerta, pero nadie quería dejar (más) sus huellas por si la policía se metía -ya que no tenia nada que ver Osomatsu seguro que lo harían. -
—¡Encárgate del cadáver, mocoso idiota! -se te ordeno y lo hiciste.
Llevaste a la chica al callejón más alejado de el territorio de Osomatsu y la dejaste allí. Llamando a una ambulancia para que le ayudara lo mas pronto posible. Le hiciste un poco de compañía mientras la ayuda llegaba, la chica estaba recuperando el conocimiento cuando empezó a llover. Veías los charcos formarse mientras tu, de rodillas frente a ella llorabas pidiendo disculpas. Ni siquiera te atrevías a verla a la cara.
—Lo lamento. Lo lamento. Por favor perdóname, perdóname... -No te quedaste cerca para cuando la ambulancia llego, pero te aseguraste de que la llevaran a un buen hospital.
Y todo había terminado en ese mismo callejón donde estabas ahora, con la mejilla inflamada y tu vista clavada en un charco frente a ti.
Unas botas color café aparecieron en tu visión, levantaste la mirada encontrándote a la chica sosteniendo un paraguas amarillo sobre los dos.
—Karamatsu-sama me ha dicho lo que le dijiste. -desviaste la mirada. —Fuiste tu quien me saco de ese infierno. Tu llamaste a la ambulancia y estoy segura que fuiste tu quien "anonimamente" pago los gastos. ¿verdad?
Era lo menos que podías hacer y aun así sabias que no seria nunca lo suficiente para compensar no haberla ayudado antes.
—Yo no...
—¡Tu me salvaste! ¡De no ser por ti estaría muerta! -dijo y las calidas gotas que cayeron sobre tu cabeza no eran gotas de lluvia, ella estaba llorando.
—Pero... te di un destino peor que la muerte. Es aterrador ¿verdad? -tus dedos temblaban sobre tus rodillas. — Vivir con todos esos recuerdos... Debes odiarme por dejarte con vida después de eso.
—Te odie. Y los maldije a todos un montón de veces. -respondió ella con voz quebrada. —Y trate de matarme detestandote por no haberlo hecho tu.
—Ugh... -Te hiciste más pequeñito al escuchar eso, te abrazaste un poco mas fuerte aun sin atreverte a verla.
—Pero, entonces Jyushimatsu apareció en mi vida. Y él me ayudo a superar todo. Fue difícil y fue frustrante a veces, pero él se mantuvo a mi lado y me ayudo. Y me devolvió la esperanza de ser feliz. -se inclino soltando la sombrilla y tomo tu rostro entre sus manos. —Debías tener menos de quince en ese entonces ¿no? Eras a penas un niño y aun así tu... soportaste todo eso para salvarme.
—Perdóname. - susurrare, clavando tu mirada violeta en sus ojos color chocolate. "no tienes que..." —¡Perdóname! -suplicaste y a pesar de solo ser una palabra tu voz se quebró. Querías que ella te perdonara, necesitabas que lo hiciera. Porque la habías ayudado por una causa egoísta y ahora con tu presencia le recordabas todo eso que ella ya había superado.
—Te perdono. -susurro asintiendo, viéndote de tal manera que te decía que eso no era de dientes para afuera.
Y sentiste un poquito menos de peso en tu corazón, lloraste desahogando tu frustración sobre tus manos lastimadas. Esas manos que nunca podían salvar a nadie a tiempo. Homura te abrazo con fuerza y por primera vez en años no sentiste tanto miedo de hacerle daño con tu presencia.
Cuando terminaste de llorar te sentiste mareado, te pusiste de pie y casi terminas cayendo al suelo. Pero alguien te sostuvo con facilidad deteniendo tu caída, y tus adoloridos ojos se encontraron con los azules ojos de Karamatsu Matsuno. ¿Acaso había oído todo?
—Lo siento. -susurro. —Por golpearte y creer esa mentira.
—Voy a vomitar.
Y lo hiciste, sobre su costoso y horrible pantalón brillante. Te sentías realizado, mareado, más ligero y un poco menos basura.
¿Eso era bueno?
¿Que tal?
Pues nada. Este mundo no es bonito que digamos, en este Au no verán muchas cosas color de rosa, solo lo malo que puede ser la gente con poder.
Y mucho amor de Kusomatsu para Ichimatsu, pero ya llegaremos a eso algún dia XD
Si les entretuvo el capitulo comenten.-
Saludos, nos leemos pronto.
