Hola. ¿Cómo están?

Espero que muy bien.

Quiero agradecerles por su apoyo con el anónimo, ya dejo de molestar por fin.

Muchas gracias por sus lindos comentarios y para quienes me han dicho en la página de Facebook que les gusta este fic.

Para quienes aún no le dan me gusta a la página y quieren ver los fanart que han hecho de algunos de mis fic o mandarme su arte, pueden buscar la página en Facebook "Lord Teddy-Freddy"

Me tardé años en terminar esto en la tablet, espero que les guste y que no tenga muchos errores de autocorrector.


Save my soul.

VIII.- La curiosidad del gato.

El tick tack del reloj, tu suave respiración, el sonido de tu corazón. El lugar era tan silencioso que casi te parecía que podías escuchar a tu sangre recorrer tus venas. Estabas aburrido.

Después de la taza de chocolate te hiciste un ovillo en la esquina de la habitación, Ichiko se sentó frente a ti sin pronunciar palabra alguna. Se veía pensativa y más que nada cansada, te sentiste mal por interrumpir su rutina. Estaba pensando decirle que fuera a dormir pero antes de que pudieras decir palabra alguna un sonido calló el susurro que era tu voz.

—Es mi teléfono. -se levantó tambaleándose ligeramente, buscando en su bolso sin resultados. —Maldita bolsa. -gruñó vaciando el contenido de su bolso sobre el piso.

Te preguntabas que tantas cosas podía llevar tu hermana en esa bolsa, tu curiosidad te hizo acercarte para ver. Pudiste ver la imagen en el la pantalla del celular de Ichiko, en la foto aparecía junto a una mujer de piel bronceada, cuerpo curvilíneo, cabello castaño oscuro hasta los hombros y unos ojos azules que te recordaban a los de cierto mafioso.

—Ella es Karako.- dijo mostrándote de cerca la pantalla, asentiste viendo la foto. La cara roja de Ichiko era algo que no podías ver muy seguido asi que era una sorpresa verla así. Se veía feliz. Con esa sonrisa genuina que sólo habías visto mientras esa mujer la abrazaba.

—Ella es muy bonita. -susurraste mientras el teléfono empezaba a sonar.

—Es Atsushi. -te informó antes de contestar.—¿Hola? Sí, él está aquí. ¿Un qué? Sí, sí... Estoy justo saliendo. -cubrió el teléfono antes de hablarte. —Vuelvo en un momento, espera aquí.

—Esta bien. -te quedaste viéndola mientras salía a toda prisa. Mientras Ichiko estaba fuera volviste a meter todo de nuevo a su bolso, algunas cosas habían rodado lejos y entre esas cosas estaba un anillo. Lo tomaste con cuidado como si fuese a romperse, pero era demasiado sólido para eso. De oro blanco y con una piedra preciosa de color azul (no sabías sí era un diamante o un zafiro), se veía costoso.

—Es mi anillo de compromiso. -la voz de Ichiko te hizo darte cuenta de que había regresado. No sabías cuanto tiempo te habías quedado viendo esa cosa. —No lo uso cuando trabajo, pero me gusta tenerlo cerca.

Tu hermana había traído a Nyanko, te explico que Atsushi lo había traído ya que desde que saliste no dejaba de maullar y Karamatsu considero que lo mejor sería que el gato estuviera contigo. Al parecer al mafioso le hubiera gustado dártelo en persona, incluso había acompañado a Atsushi pero se arrepintió de último minuto. Así que habían llamado a Ichiko para que fuese.

—¿Lo viste? A Karamatsu...

—Sí, dijo que te dijera que lo siente. Se veía afligido. -Ichiko acarició la cabeza del gato mientras se sentaba a tu lado, recargo su cabeza en sus rodillas volteando ligeramente el rostro hacia tu dirección para verte. —¿Qué pasa con el segundo hombre más peligroso del país?

—Nada. -Gruñiste, no necesitabas contarle lo que había pasado, sobre todo porque había algo que te inquietaba más y eso era que habías querido perdonarlo de inmediato. Aunque una parte de ti también quería golpearlo fuerte en la cara, nunca te había importado mucho lo que dijeran de ti, era como si tuvieras una armadura que protegia a tu corazón, pero era distinto con Karamatsu y tenías una vaga idea de porqué era así.

—¿Cómo haces para que algo no te lastime? -preguntaste, después de todo necesitabas hablar un poco. —Cuando te decían todas esas cosas cuando eras adolescente... ¿Cómo no te afectaba?

—La gente siempre dice cosas hirientes Ichimatsu, es sólo que uno empieza a darse cuenta que unas opiniones son más valiosas que otras. -se acomodo un mechón de cabello negro detrás de la oreja. —¿Es importante esa persona para ti?

—Se suponía que no. Se suponía que sólo lo ayudaría y que luego me "dejaría libre ", pero luego empecé a pasar tiempo con Karamatsu y entre más tiempo pasaba con él menos podía construir ese muro que siempre ha protegido mi corazón. No sé porqué él puede tomar todo lo que yo soy y convertirlo en una nueva persona, en buena persona, en alguien que no está roto... Pero de igual manera sólo una palabra suya puede romperme, puede volverme un desastre peor del que ya soy y creo que eso estaría bien, porque yo comparado con él soy una basura que contamina todo a su alrededor.

—Tú no eres...

—Así me siento. -interrumpiste. —No sé que es este sentimiento, nunca había pasado por esto antes, nunca había tenido esta necesidad de querer ver a alguien y saber cómo esta, de querer ser útil para alguien que no te ve solo como un objeto. Y cuando estoy cerca de él olvidó que estoy roto, que cargo con todas estas cicatrices que dejan de doler cuando escucho su voz y cuando él me toca. ¿Me he vuelto loco? ¿Este sentimiento de felicidad que aparece cuando escucho su estúpida voz es normal? -escondiste el rostro recargando tu frente en tus rodillas, por alguna razón querías llorar, pero más que nada hablar sobre Karamatsu te provocaba un sentimiento de añoranza. —Quiero verlo... Pero también quiero golpearlo en el rostro por hacerme sentir de esta manera... Estoy jodido.

—No estas jodido hermanito, creo que estas enamorado.

—¿No es eso lo mismo? -preguntaste con una sonrisa amarga. —Aún si lo estuviera no puedo estar con él.

—¿Por qué?

—Descubrí que Karamatsu es mi medio hermano. -respondiste levantando un poco la cabeza para ver a Ichiko. La chica tenía una mueca de sorpresa que trataba de disimular.

—¿Cómo dices?

—Nuestra madre tuvo una relación con Matsuzo Matsuno el padre de Karamatsu, hace 17 años cuando vivía en Estados Unidos. Ella quedó embarazada de ese hombre, pero algo pasó y no sé que fue, entonces ella regresó a Japón. Embarazada de mí. Si eso es verdad entonces yo soy el medio hermano de Karamatsu.

—Sí eso fuera verdad. -dijo en un susurro ¿Acaso estaba echando abajo tu teoría?

—¿Sabes algo que yo no? -aunque si lo supiera eso no sería nada nuevo, todo mundo parecía saber más que tú. Cuando buscaste su mirada esperando respuesta ella te esquivó, se levantó de manera apresurada y balbuceó algunas cosas que no entendiste antes de negar moviendo la cabeza.

—Estoy cansada, iré a dormir. Sientete como en casa. -dicho esto recuperó su anillo de compromiso y se fue a su habitación.

Era obvio que algo ocultaba.


No tenías mucho que hacer en ese departamento, pero al menos ahora que tenías a Nyanko todo era mejor. Ichiko despertó cuando estaba oscureciendo, habías preparado la cena recordando como te había enseñado Chibita y Hanako, aunque estabas seguro que nada quedaría igual de delicioso como lo que hacían los dos. Al menos Ichiko pareció encantada con la cena.

Después de que terminaras de limpiar la cocina fuiste a despedir a Ichiko, ella te pidió que no salieras y que si lo hacías no te metieras en problemas. Decidiste no salir, después de todo el departamento de Ichiko estaba en los límites de el territorio de Osomatsu y salir de noche significaba un encuentro seguro con alguno de los hombres que ahora con más razón querían matarte. Preferías que ese encuentro no sucediera.

Te quedaste despierto hasta tarde, pensando en Karamatsu ¿Que estaría haciendo en ese momento? Pensar en el mafioso te hacía pensar en su mano derecha Jyushimatsu y su esposa Homura, también en todas esas personas que habías conocido en los últimos meses. Por cosas como esta era que no te gustaba quedarte sólo en un lugar tranquilo, tu mente siempre terminaba pensando de más.

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Cuando despertaste Ichiko iba llegando a casa, más sigilosa de lo normal trato de pasarte sin despertarte, pero tú que ya estabas despierto la interceptaste.

—Bienvenida.

—Estoy en casa. -te respondió girando solamente uno poco el rostro hacia ti. Algo no iba bien. Mi

Te pusiste de pie y caminaste hacia ella, Ichiko se encogió de hombros agachando la cabeza. Cuando estuviste lo suficiente cerca le quitaste el cabello del rostro, de inmediato pudiste ver una gran marca roja/violeta en el pómulo derecho de tu hermana. Apretaste con fuerza los puños.

—¿Quien fue? -preguntaste frunciendo el ceño, Ichiko susurro un "no importa" pero no estabas dispuesto a aceptar esa respuesta. A penas supieras ibas a matar a quien se atrevió a hacerle eso. La llevaste hasta la sala y ella se dejó caer en el sillón junto a Nyanko.

—Desde hace unas semanas un hombre se hizo cliente frecuente en el lugar donde trabajo. Al principio el trataba de ofrecerme dinero para que tuviera sexo con él, me negué porque ahora soy solo una bailarina y él lo entendío. Pero hacer una semana el empezó a comportarse raro y me pregunto sobre ti, dijo que te buscaba para su jefe... Cuando le dije que no sabía nada se puso violento y me llamó "perra mentirosa".

—Voy a matarlo. -gruñiste, te daba igual para quien trabajara igual querías marzo. —¿Estará en el club está noche?

—Probablemente, pero espera. No puedes ir, primero Iyayo no te dejaría entrar, segundo y lo más importante temo por tu seguridad. ¿Qué tal si ese hombre no viene solo? O Sí alguien te reconoce? No, prefiero dejarlo así a que te pase algo.

—No va a pasarme nada. -aseguraste, aún así Ichiko se veía preocupada. Sabías que tu hermana era capaz de cuidarse sola, pero eso no te quejes las ganas de querer moler a golpes al idiota que se atrevió a golpearla.

Tenías que pensar en algo para que te dejaran entrar a ese lugar sin que llamarás la atención de todos. La única que podía entrar allí era Ichiko, pero no era como si pudieras enseñarle a golpear correctamente en unas horas. Te miraste en el espejo que estaba en la pared frente al sillón donde Ichiko y tú se encontraban sentados, tus hombros eran un poco más anchos y eras por lo menos una cabeza más alto que ella (pero con los tacones que usaba terminaban casi de la misma estatura). Aunque te faltaban algunas cosas y te sobraban otras, a parte de eso la gente siempre decía que se parecían mucho.

—¿Me quedará tu ropa? -preguntaste, acababas de tener una idea estúpida.

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Te sentías incómodo, no por lo que estabas vistiendo nunca habías reparado en la ropa que usabas, por ropa era solo eso, daba igual como fuera. Lo que te ponía incómodo era todas esas miradas sobre ti mientras caminabas llevando las bebidas, ¿Acaso se habían dado cuenta que eras un chico? Por las miradas lascivas que te lanzaban algunos te hacía creer que no. Acomodaste un mechón del largo cabello detrás de tu oreja, era un gesto que tu hermana siempre usaba y que secretamente siempre quisiste hacer, aunque la peluca te daba un poco de comezón y la jefa de Ichiko no dejaba de verte como si supiera que tu no eras quien decías ser.

—Ichiko, hay un extraño hombre que te ha estado observando desde hace un largo rato. Deberías ir a atenderlo. -la rubia hizo un movimiento con la cabeza.

—Claro... -pero en lugar hacia donde señalaba era el contrario a donde donde estaba el idiota al que ibas a golpear. Fuiste hacia tu objetivo ignorando a Iyayo que decía "Espera, el otro hombre parece tener más dinero".

El hombre tenía mala cara, no sólo porque era especialmente feo, sino porque tenía una horrible cicatriz desde la frente que pasaba por su ojo derecho hasta la mejilla. Cuando le acercaste su whisky y el lo tomo pudiste darte cuenta que le faltaba el dedo anular, lo reconocias como un traidor de Osomatsu, tu antiguo jefe solía cortar un dedo a los que habían fallado en una de sus peticiones.

Mientras veías una de sus manos el uso la otra para sujetarte con fuerza por el brazo, te jalo hacia él casi haciéndote caer, lograste sujetarte de la mesa aunque en el proceso tiraste la bandeja en la que llevabas las bebidas.

—¿Vas a decirle lo que quiero saber? O tendré que hacerte hablar a la fuerza? - te susurro al oído, era desagradable tenerlo tan cerca. Su mano libre se puso de manera descarada sobre tu trasero. Apretaste el puño con fuerza y le diste un golpe en la nariz, hace mucho que no sentías la sensación de algo romperse contra tus nudillos, era gratificante.

El hombre retrocedió cubriéndose la nariz y soltando un fuerte alarido, aprovechaste que lloriqueaba para acomodar tu peluca y para retroceder unos pasos, conocidas a los tarados como ese hombre, ahora trataría de atacarte por " sorpresa". Iracundo el hombre se abalanzó contra ti con una navaja en mano, fue fácil quitársela, pero te sentías generoso esa noche así que se la devolviste de inmediato clavando su mano a la mesa. El hombre grito tan fuerte que te pareció que se pudo escuchar por encima de la música, la gente se alejaba tratando de no verse involucrados en la pelea, pero convenientemente cerca para ver lo que pasaba.

Te pusiste en cuclillas para ver al hombre que estaba de rodillas llorando de dolor.

—Escucha maldito hijo de puta, si vuelves a poner un pie en este lugar lo que menos deberá importarte será una nariz rota. -giraste el cuchillo haciéndolo gritar. —Así que aprovecha mi generosidad porque no se repetirá una tercera vez. -pasaste el dedo por su cicatriz.. —La próxima vez, aún si lloras diciendo que tienes una hija, te cortarte en pedazos delante de ella y me aseguraré de dejarte lo suficientemente vivo para verla morir también.

El hombre soltó un ruido ahogado, tenía los ojos abiertos como platos y había empezado a temblar notoriamente. Sabías lo que esa expresión significaba, esa sensación de terror que no te dejaba si quiera pronunciar palabra. Dudaste un momento, sólo estabas repitiendo una de las amenazas de Osomatsu pero te sentías mal por involucrar a gente inocente. El hombre aprovechó tu momento de duda para tratar de darte un golpe. Retrocediste perdiendo el equilibrio, cayendo al suelo sobre tu trasero, el idiota aprovechó para huir y cuando hiciste un ademán de ir tras él alguien te detuvo tomándote por el brazo.

Te giraste tratando de fulminar con la mirada a quien te detenía, pero toda tu ira o lo que fuera que tenías se esfumó en un segundo al ver esos conocidos ojos azules. Frente a ti Karamatsu Matsuno te veía con una mueca de confusión, mientras tú sentías como toda esa seguridad que tenías antes te abandonaba y como tú rostro se ponía caliente por la vergüenza.

Quizás él no te había reconocido, después de todo estabas vestido de tu hermana.

—¿Ichimatsu? -querías que justo en ese momento te tratara la tierra.

—¡ICHIKO! -Iyayo te gritó desde el otro lado de la barra.

—Lo siento... Me equivoqué. -dijo Karamatsu soltando tu brazo, no parecía muy convencido de que se hubiera equivocado llamándote "Ichimatsu". Te alejaste rápidamente de él y fuiste con la rubia.

No pusiste atención a lo que decía, estabas muy nervioso sintiendo la mirada de Karamatsu sobre ti. Al final después de un montón de gritos de Iyayo tu hermana quedó oficialmente despedida por tu culpa. Tomaste tus cosas (mejor dicho las de Ichiko) y saliste por el callejón. Podías reconocer la motocicleta que estaba al final del callejón y también al hombre que fumaba viendo hacia tu dirección. ¿Tenías que hacerle frente a Karamatsu justo en ese momento? No te sentías listo.

—¡Ichiko! -la voz de una mujer te hizo dar un pequeño salto y lo que sentiste después fue como algo suave tocaba tus labios y te hacía retroceder hasta que tu espalda tocaba la pared. Tu atención paso de el mafioso a la mujer frente a ti, estaba vestida como si fuera un chico pero definitivamente era una mujer. Escuchaste la moto arrancar y te sentiste menos nervioso.

—Espera... - la mujer arrugo ligeramente las cejas, te examinó entrecerrando los ojos y al final puso sus manos sobre tus pechos falsos. —Tú no eres Ichiko. -dijo convencida, segundos después una bolsa golpeó la cabeza de la extraña mujer.

—¿Así es como me reconoces? ¡Idiota! - Ichiko tenía la cara roja como un tomate, incluso con la poca luz del callejón podías darte cuenta.

—¿La conoces? -preguntaste poniéndote al lado de tu hermana, la mujer había perdido su sobrero con el golpe y ahora sus largos cabellos caían hasta sus hombros.

—Es Karako. -gruñó Ichiko.

Minutos más tarde los tres estaban en un restaurante familiar que abría hasta tarde. Te sentaste a un lado de tu hermana mientras Karako al frente les observaba con sorpresa.

—No me dijiste que tenías una gemela.

—Es mi hermano. -dijo Ichiko, la mirada azul de Karako pasó de inmediato a ti. Te ponía nervioso ya que te recordaba al mafioso, era como ver a una sensual versión mujer de Karamatsu.

—¿Tu también eres un chico al que le gusta usar vestidos? -pregunto divertida. —No me sorprende, en Nueva Orleans hay unos cuantos así. Minnie siempre dice que aquí se le llama... ¿Okama? ¿Eres uno de esos?

Ichiko soltó una carcajada y tu frunciste el ceño.

—No lo soy, esto fue solo por una emergencia. ¿Quién es Minnie? -preguntaste, ese nombre lo habías escuchado recientemente pero ¿Dónde?

—Es el nombre clave de mi jefa.

—¿Cual es su nombre real? - Karako rió bajito antes de poner su dedo índice sobre sus labios.

—Es un secreto. Podría decírtelo, pero luego tendría que matarte. -su mirada añil pareció volverse fría por un segundo. —Es una broma, en realidad no sé cómo se llama realmente.

Era obvio que no bromeaba, sin querer seguir hablando de eso la mujer cambio de tema. Unos golpecitos al vidrio al lado tuyo te hicieron girar la cabeza, era Atsushi. Te despediste de tu hermana y su novia, saliste rápidamente plantandote frente al castaño.

—Ni siquiera voy a preguntarte porqué estas vestido como tu hermana. -dijo con una sonrisa antes de pasar por tus hombros su gabardina. Cuando metiste los brazos el mismo fue quién abrocho los botones. —Mucho mejor, hace demasiado frío para que salgas solo con un vestido muy corto.

—¿Qué pasó? No me digas que viniste simplemente para verme usar vestido.

—Pues no, pero te aseguro que fue una grata sorpresa. Tu sei bellissimo. En realidad, es algo serio. -Atsushi te condujo hacia su auto en un silencio algo inusual. Te abrió la puerta antes de volver a hablar. —Encontré por fin el aparato para reproducir el vídeo que encontraste en funland.

Entraste al auto viendo en todo momento a Atsushi, ahora que lo veías mejor se notaba nervioso. Dejaste pasar unos minutos de camino antes de volver a hablar.

—¿Lo viste?

—Sí. -asintió ligeramente deteniéndose en el semáforo rojo. —Es demasiado fuerte, no sé si estarás listo para verlo. Hay cosas en él que es mejor que no sepas.

—Eso solo incrementa mi curiosidad. -dijiste como en broma, tratando de disolver ese ambiente tenso que se había formado de pronto.

—Tú y tu maldita curiosidad. -Atsushi sonrió, pero esa mueca de preocupación no desapareció del todo.

¿Qué demonios contenía ese vídeo?


Te dejaste caer en el sillón frente al gran televisor en la casa de Atsushi, el vídeo estaba puesto pero no había dado play aún. El castaño te preguntó un par de veces más si estabas seguro de querer verlo, al final sólo logro quedarse un poco más tranquilo al sentarse a tu lado.

—Cuando creas que has visto suficiente y no quieres más, dímelo y detendré el vídeo de inmediato.

—Esta bien. -estabas casi seguro que exageraba y que el contenido no era tan perturbador.

El vídeo empezaba mostrando al pequeño Osomatsu y lo que parecía ser un adiestramiento sobre el uso de una arma. Podías ver cómo el cañón del arma temblaba ligeramente y como el niño negaba moviendo la cabeza. La toma mostraba a lo que Osomatsu tenía que dispararle y esto era un niño de menor estatura que estaba atado a una silla.

"No puedo, él es mi amigo" -dijo Osomatsu bajando el arma, se cubrió el rostro sollozando, mientras unos pasos se escuchaban el chico empezó a temblar notoriamente.

"Oh mi niño, no llores" Tougou aparecía caminando hasta el tembloroso Osomatsu. "¿Te haría feliz que lo dejara ir? Sólo por ser para ti lo haré mira. "

Pudiste ver cómo Tougou soltaba al otro niño y como este lloraba llamando a su mamá, el pequeño Matsuno extendió sus brazos hacia su sitio mientras susurraba un "vas a estar bien" el niño dio dos pasos hacia su amigo antes de que frente a los ojos de Osomatsu un cuchillo le atravesara el pecho. Se escuchó un grito desgarrador proveniente de Matsuno mientras el otro niño caía al suelo con el cuchillo clavado a su espalda, pudiste ver la sonrisa en la cara de Tougou, esa mueca de diversión y placer al ver el terror y sufrimiento de Osomatsu.

Escuchar su risa te helaba la sangre.

La siguiente parte era algo que ya habías visto en Funland, pero ahora viéndolo en una gran pantalla captabas cosas que antes no. Las marcas en el cuerpo de Osomatsu demostraban no sólo agresiones físicas, sino también abuso sexual. Podías imaginarte exactamente lo que estaba sintiendo porque había sido el propio Osomatsu el que te había hecho pasar por eso.

Evitaste perderte en tus pensamientos y regresaste la mirada a la pantalla, las escenas que habías visto antes no te causaban tanto impacto. Entonces empezaron escenas que no habías visto aún.

Un pequeño Osomatsu se levantaba con dificultad del suelo, tenía algunos moretones en el rostro y lo que parecía ser sangre seca debajo de la nariz, despacio se arrastro hasta un pequeño bulto a unos metros de donde había despertado, con cuidado movió un poco a su compañero tomando del hombro, con voz débil el mayor de los Matsuno pronunciaba el nombre de su hermano.

"Choromatsu despierta. ¿Estas bien?" no había respuesta alguna, no importaba cuanto lo moviera el menor no reaccionaba. "No, por favor. Choromatsu, no me dejes!"

Sentiste un nudo en la garganta cuando Osomatsu comenzó a llorar de manera desgarradora, llamando a Choromatsu una y otra vez hasta que de pronto se escuchó otra voz, una que parecía más suave que la de el mayor de los trillizos.

"Osomatsu... Estoy bien"

Los sollozos del mayor se detuvieron de inmediato, con fuerza se abrazó al menor haciendo que este se sentara.

"No vuelvas a hacer eso me asustaste, pensé que me habías abandonado"

"Nunca te abandonaría Osomatsu, estaremos juntos siempre. No voy a dejarte nunca, te amo. Te amo, te amo Osomatsu"

Observabas con los ojos bien abiertos esa parte, Osomatsu había empezado a reír respondiendo a los "te amo" de Choromatsu, pero cuando la cámara parecía enfocar al menor se podía apreciar claramente que este no era el que estaba haciendo, las dos voces que se alternaban eran de Osomatsu. Al menos sabías que Choromatsu no había muerto en ese lugar ya que Karamatsu lo conoció. Cosa aparte, Osomatsu parecía estar realmente mal en ese entonces, al menos hasta el punto de fingir ser su hermano.

Sentiste la mano de Atsushi sobre tu mano, eso seguramente era la señal de que ahora seguía lo que le inquietaba.

El vídeo mostraba a Osomatsu que estaba atado con las manos sobre su cabeza, no tenía camisa y se podían ver su torso lleno de moretones algunos más grandes y visible que otros.

De pronto aparecía en la escena una mujer, empujando un carrito con algunas cosas de metal. Te quedaste de piedra al ver mejor a la mujer, su pálida piel, su largo cabello negro, esos ojos iguales a los tuyos, era tu madre. La reconociste casi de inmediato a pesar de ser delgada su vientre estaba algo abultado, estaba embarazada y por las fechas del vídeo suponías que era de ti.

Incrédulo observaste como levantaba el rostro del niño tirándolo del cabello.

"Despierta mocoso" -gruñó la mujer, ni siquiera recordabas como sonaba la voz de tu madre. Apretaste con fuerza la mano de Atsushi cuando en la pantalla se mostró como la mujer que alguna vez habías considerado la más amable del mundo dejaba marcas en la espalda del chico cortando con la navaja como si de la corteza de un árbol se tratase. Los gritos desgarradores de Osomatsu pidiéndole que por favor parara no hicieron tanto eco en tu cabeza como la risa de la mujer.

"Recuerda esto. Todas estas marcas son culpa de tu madre. Esa sucia zorra que me alejo del hombre que amo. Que dejo a mi bebé sin padre, que esto te sirva de lección de que en esta vida siempre llegará alguien y tratara de quitarte todo lo que tienes"

Las palabras de la mujer hicieron eco en tus oídos, recordando las palabras de Karamatsu en Funland cuando te habló del ataque que había sufrido por parte de Osomatsu. "Yo no entendía porqué me odiaba tanto. Creo que él pensaba que yo iba a robarle lo que era suyo"

Soltaste el aire que habías estado conteniendo, un ruido lastimero salió de tu garganta. Los maltratos hacia el chico duraron algunos minutos, entre golpes, insultos y algunas quemaduras, era sorprendente ver la creatividad de esa mujer para hacer daño. Después de que terminó con Osomatsu siguió con Choromatsu, no fue tan cruel con él o tal vez no le dio tiempo porque la puerta se abrió mostrando a Tougou, fuera de la puerta habia un gran espejo que reflejaba la espalda de Tougou y la oscuridad de la habitación, ese lugar era en la casa de los espejos.

El audio empezaba a fallar en ese momento, parecía que Tougou estaba diciéndole algo mientras señalaba a Osomatsu, a pesar de no tener audio se podía notar claramente el cambio de actitud de tu madre y como empezaba a temblar cubriéndose el vientre, Tougou se acercaba lentamente mientras ella retrocedía hasta que su espalda chocó con la cámara y está cayó al suelo. No se podía ver nada más que el suelo por unos minutos y de pronto el audio volvió por unos segundos en un grito desgarrador que lastimaba tus oídos... El vídeo se volvió estática.

Atsushi detuvo el vídeo haciendo callar el incesante ruido de la estática. Tu mente trataba de procesar a toda velocidad la información que acababas de ver, parecía que tu cabeza iba a estallar, te sujetaste con fuerza las sienes, sentías como si un taladro estuviera tratando de hacer papilla tu cerebro.

Soltaste el agarre a la mano de Atsushi y corriste al baño. Mal día para no haber ingerido casi nada, sentías tu cuerpo temblar por las arcadas que lastimaban tu garganta y tu estómago aún su ya no tenías nada más que devolver. Escuchaste a Atsushi preguntar sí te encontrabas bien y si podía entrar a lo que respondiste con un "largo, voy a matarte sí entras". Algo fuera de lugar ya que estabas en su baño.

Cuando las arcadas por fin se detuvieron caminaste hasta el lavamanos, te tomaste tu tiempo para lavar tu boca y tu cara, mientras el agua escurría por tu rostro te miraste en el espejo, esta escena te resultaba conocida.

Tenías siempre esa mirada cuando estabas a punto de poner el mundo entero sobre tus hombros. Cuando estabas por culparte de algo que no podías haber evitado (la muerte de Hanako y su padre, la violacion de Homura y ahora la tortura de unos niños) Casi te sentías enfermo de tener la misma mirada que ella, en tus recuerdos tu madre era la mujer más gentil que existía, no una maldita loca y sádica.

¿Y si habías hecho lo mismo que Osomatsu? ¿Que tal si tu mente estaba tan jodida como para haber idealizado a esa mujer? Tal vez ella nunca fue buena contigo, el único recuerdo en concreto que tenías de ella fue su suicidio y lo que verla allí sin vida provocó en ti, esa sensación que no querías reconocer... Alivio.


Atsushi se mantuvo hablando por el trayecto a casa de Ichiko, a pesar de que el no solía hablar mucho no paro de sacar temas de conversación, era obvio para ti que estaba tratando de distraerte un poco. Te sentías agradecido con él, pero no podías sacar de tu cabeza todo lo que acababas de ver.

Tu amigo tenía razón. "Tú y tu maldita curiosidad"

—Y tú ¿Alguna vez has hecho algo estupido? -preguntó Atsushi, ni siquiera sabías como era que si conversación había llegado a eso.

—¿Sin contar estar vivo?-preguntaste sin dejar de ver las cosas pasar fuera de la ventana.

—Sí, son contar eso. Yo también lo estoy haciendo así que no es muy especial.

Lo pensaste un poco, no porqué no hubieras hecho una estupidez antes, en realidad era difícil elegir entre todas. Aunque ahora resaltaba una.

—Cuando era pequeño... Mm... Creí... Estaba enamorado de Osomatsu. -Atsushi frenó repentinamente, el auto tras el suyo tocó en claxon de inmediato. No le tomó importancia, estaba demasiado ocupado viéndote fijamente. Así que lo tomaste como una señal para proseguir. —Escucha porque es una verdadera estupidez. Fingía que hacíamos el amor todas esas noches cuando iba a mi habitación por las noches, imaginaba que él también me quería y que no me estaba violando... -reiste de manera amarga. —Supongo que era mi modo de sobrevivir en ese infierno. Pero todas esas veces que lo abrace, todas esas veces que mis manos tocaron esas cicatrices en su cuerpo buscaba reconfortarlo de verdad y al principio cuando le decía que lo amaba lo decía en serio.

—Ichimatsu...

—¿No suena eso como algo muy estúpido? -preguntaste, tuviste que pasarte rápidamente los dedos por los párpados para que no salieran esas lágrimas que luchaban por salir. Cuando no estabas temblando como una hoja te preguntabas que le había pasado ¿por qué tenía todas esas cicatrices? Cuando me tenías aprecio te imaginabas castigando a la persona que le había hecho daño, ahora sabías que no había sido herido por un hombre grande y malo como en tus f fantasías.

—No creo que lo amarás, se le llama síndrome de estocolmo. Es una enfermedad.

—Gracias Atsushi, porqué estar enfermo es mucho mejor que estar enamorado de un maldito sádico. -dijiste con sarcasmo, aunque por el tono que había salido sonaba a que estabas molesto y o era así. —Si no te molesta me bajaré aquí, necesito tomar aire fresco. Gracias por traerme.

Bajaste del auto cerrando la puerta, escuchaste la voz de Atsushi de inmediato. Bajo la ventanilla y se asomó por allí.

—Lo siento no quería molestarte. -se disculpó.—Necesitas descansar y pensar en otras cosas. Prepararé algo para mañana, una buena distracción. ¿Esta bien?

—¿Acaso nunca duermes?

—Cuando se trata de ti esas cosas quedan en segundo plano. -te dio un guiño antes de buscar en su maletín.

—Debes quererme mucho.

—Tú sabes que te amo. Mira, te daré esto. -extendió hacia ti su brazo y te entrego un teléfono. Era tan delgado que te parecía que iba a romperse. Sonó en tus manos haciéndote dar un salto, la pantalla se iluminó mostrándote una foto de la boda de Jyushimatsu y Homura, donde aparecían los tres y se te nueva con una mueca rara que pretendía ser una sonrisa. Tenía un mensaje parpadeando y cuando lo tocaste este se abrió.

—"Ya vete a dormir, con amor Atsushi"... -sonreiste antes de fruncir el ceño. —Acosador.

—Tiene registrados algunos números, el mío, el de Ichiko, Jyushimatsu y Homura-san. También el de Karamatsu. Cualquier cosa, no dudes en llamarme.

—Lo haré... Buenas noches Atsushi. -te despediste del castaño y empezaste a caminar, el departamento de Ichiko no quedaba lejos así que no tardaste en llegar, sin embargo no entraste y te quedaste en las escaleras.

Hacía algo de frío, pero la gabardina de Atsushi estaba caliente, a excepción de tus piernas que estaban descubiertas por el vestido que estabas usando. Te avergonzaba recordar que Karamatsu te había visto vestido de esa forma ¿pensará que eras raro? No lo sabías.

Miraste la hora en la pantalla del celular eran las 3:45 am. Recordaba haber escuchado que nada bueno pasa después de las 2:00 am, que era mejor irse a dormir antes de hacer una tontería, pero te sentías un poco estupido justo ahora. Pinchaste el teléfono sobre su nombre y esperaste, contestó al segundo timbre.

—¿Ichimatsu? -la voz del de Karamatsu sonaba alerta, como si hubiera estado despierto.

—Lo siento, es tarde para llamar...

—No, esta bien. Me alegra escuchar tu voz. -susurraste un "a mi también" que no supiste si Karamatsu había escuchado. —Escucha, lo lamento de verdad que me comporte como un verdadero idiota. Me gustaría disculparme en persona, pero no se si quieres verme aún. Nunca me ha gustado ser comparado con Osomatsu a pesar de que es mi hermano mayor tu sabes que nunca se ha comportado como tal. El hiere, es peligroso para otros y para él mismo. Choromatsu una vez dijo que Osomatsu era la clase de persona sin corazón que mataría a cualquiera, sin remordimientos, sólo para obtener lo que quiere... No se equivocaba. Pero yo no soy así, es cierto que he hecho cosas de las que no me siento orgulloso, pero siempre trato de hacer mi propio camino, en camino más correcto. -hizo una larga pausa antes de soltar un frustrado suspiro. —Aunque a veces me equivoco.

—...

—¿Sigues allí?

—Sí. Estoy aquí.

—No quise hacerte daño, de verdad no quería lastimarte. No sabes cómo me arrepiento, no quiero que me odies... Lamento ser como Osomatsu.

—¡No! -a pesar de ser un monosílabo tu voz se quebró. —Mentí, no eres como Osomatsu. Nunca lo has sido. Siempre, desde que intentaste sacarme a bailar esa estúpida canción en la fiesta de tu madre, desde que me salvaste la vida en ese callejón, desde que me diste la bienvenida a tu familia... Siempre fuiste diferente y es algo extraño ya que nunca había conocido a un líder como tú. Para ti tus trabajadores todos son parte de tu familia. No eres como Osomatsu y me gusta que no seas como él.

—¿Entonces no me odias?

—Estoy pensando que... Yo... No puedo entenderte... ¿Por qué te importa tanto lo que yo piense de ti?

—Porque eres la única persona con la que puedo ser yo mismo. El Karamatsu que quería ser cantante, el que tenía un amigo globo, el que no quería ser un mafioso. No te imaginas lo que he esperado por alguien como tú, cuando te encontré no creí que llegaría a tomarte tanto aprecio pero ahora lo sé, de verdad eres lo que más quiero en este mundo.

—No deberías esperar por alguien como yo. -respondiste abrazandote, haciéndote un ovillo en las escaleras. —No valgo la pena, estoy roto tanto que no puedo sanar y no merezco a alguien como tú... Pero aún así. -las palabras parecían atorarse en tu garganta provocando que tu voz saliera en un tono lastimero mientras decias: — Ti voglio così tanto mi fa male (te quiero tanto que duele).

Karamatsu se mantuvo en silencio por unos segundos, creías que no había escuchado tu "vergonzosa" confesión, era mejor así. Escuchaste el sonido de unas llaves y después la voz del mafioso.

—¿Estas en casa de tu hermana? -tras un débil "sí" de tu parte Karamatsu volvió a hablar. —Iré por ti.

—¿Qué? No, espera... -pero ya había colgado.

Te levantaste de las escaleras de un salto, dando unas vueltas como loco, pensando en la posibilidad de esconderte en el departamento de Ichiko y fingir que no estabas. O tal vez podrías fingir demencia, no sabías porqué habías dicho todas esas cosas normalmente no lo dirías de frente, tan vez era la falsa valentía que te daba el no ver a la cara al mafioso.

¿Como ibas a enfrentarlo ahora?

No tuviste tiempo de pensarlo mucho, pues el sonido de la escandalosa motocicleta te hizo bajar a trompicones los escalones para encontrarte con el mafioso. Te quedaste quieto mientras estacionaba la moto y entonces lo viste bajar quitándose el casco. Karamatsu dio un pequeño paso hacia ti al ver que no te acercabas.

—¿Ya me perdonaste? -preguntó y tú te acercaste a él rápidamente y le diste un puñetazo en la cara.

Karamatsu trastabilló cayendo al suelo.

—Estoy empezando a perdonarte. -dijiste, si había pensado que te ibas a lanzar a sus brazos a la primera estaba muy equivocado, el mayor se limpió el labio con la manga de su chaqueta, te dedico una sonrisa.

—Ok, merecía eso. Golpeas fuerte y ese vestido te queda bien.

Mal momento para recordar que tenías puesto el vestido de Ichiko, te inclinaste un poco tratando de cubrirte un poco, Karamatsu aprovechó el momento para tomarte por el brazo y te jaló haciéndote caer sobre él.

—¿Qué estás...? -tu voz fue silenciada por un beso, los labios de Karamatsu chocaron contra los tuyos. Esta vez fue tranquilo, sin esa rudeza de la última vez. Antes de alejarse te dio un par de pequeños besos que fueron solo un toque de labios. Recibiste cada uno de ellos antes de perderte en la mirada del mayor.

—Lo que dijiste, sobre estar roto... Yo también lo estoy, creo que cada uno esta un poco roto, cada uno carga sus propias cicatrices... Y sí es verdad que no podemos sanar y sí es verdad que seremos un desastre por siempre, quiero ser un desastre junto a ti.

Agradecías que estuviera un poco oscuro y no pudiera darse cuenta de tu sonrojo.

—Escucharte es tan doloroso. Eres demasiado cursi para mis oídos. -bromeaste, Karamatsu rió bajito.

—Puedo serlo aún más. -dijo pasando sus manos por tu cintura, tu no sabías donde poner las manos así que las dejaste en sus hombros. —¿Quieres ver el amanecer conmigo? Aunque aún faltan unas horas para eso.

—¿Qué haremos hasta entonces?

—Mm.. Cosas que no hayas hecho de día. Como un picnic por la madrugada y ... Un castillo de arena en la playa. Una serenata a la luz de las estrellas -dijo el mafioso, suponías había dicho lo primero que se le había ocurrido y por eso sonaba muy estupido.

Antes de que pudieras decir un comentario mordaz (o que lo intentaras) tu mirada se desvió por sobre el hombro de Karamatsu. Alejado a unos metros una persona se asomaba entre la oscuridad, tu cuerpo empezó a temblar ligeramente al ver su traje a cuadros y esa sonrisa que habías visto en los vídeos. De pronto todas esas cosas que habías visto regresaron de golpe, a penas habías logrado dejar de pensar en ello y ahora toda esa mierda te hacía aferrarte con fuerza al mafioso.

—¿Qué pasa? -volvió el rostro hacia donde veías pero no había nadie. ¿Acaso lo habías imaginado?

Estabas tan sugestionado que había una gran posibilidad de que lo hubieras imaginado de verdad. Además, ¿por qué Tougou estaría vigilando a alguien insignificante como tú? No había manera de que eso pasara. Necesitaba despejar tu cabeza.

—Vamos, a donde sea pero vamos.

Karamatsu sonrió amplio al escucharte, se levantó rápidamente levantándote también. Te entregó un casco mientras subía a la moto, te lo pusiste antes de subir. Con fuerza te sujetaste abrazando a Karamatsu, no porqué tuvieras miedo de caer, esta vez era solo porque podías y querías.

Y te alejaste junto con Karamatsu, ignorando por completo al hombre de traje a cuadros que te venga fijamente hasta que te perdió de vista.

Tougou te tenía en la mira.


¿Qué tal?

Espero que les guste.

¿Le ha pasado que tratan de olvidar algo malo y lo hacen un momento, incluso se ríen pero de golpe recuerdan lo que no querían y les pasa como un sudor frío? ¿No? Solo a mí xD ok.

Nos leemos pronto.

Saludos.