Hola ¿Qué tal les va?

Esta vez tarde menos, pero se me hizo eterno. Fue difícil escribir este capítulo, pero es que ya merecían cosa bonitas estos niños xD.

Muchas gracias a Sushimatsu por su gran apoyo moral para este capítulo.

También gracias a quienes comentaron el capítulo anterior : Kiku, hitomi79, Sushimatsu (xD ) JezhuStaxx, xxaph-mexicoxx, Izumi-nyu-FTW, Seiiza, KaramatsuGirl, LaV3nus6, LaChatBlanc, Reki Zen, KuroEnCuatro, Karinio, Yunisu Motakano, Dark Amy-chan y Fairy-Osphim.

Muchas gracias por comentar. :D

Espero que le guste este capítulo.


Save my Soul.

IX

La brisa fría de la noche golpeando tú cara, te hacía sentir mareado, estabas casi seguro que sí no estuvieras sujetándote con fuerza de Karamatsu ya hubieras caído hace mucho. El incesante ruido del motor de la motocicleta mantenía de alguna forma tu cabeza alejada de los recuerdos de las imágenes que tan sólo unas horas antes habías visto.

Aunque aún podías verlas cada vez que cerrabas los ojos, era como sí estuvieran grabadas dentro de tus párpados. Aún así no podías creer todo lo que habías visto. No tratabas de justificar la locura del mayor de los Matsuno, pero ahora sabiendo por lo que tuvo que pasar lo entendías un poco.

¿Qué tan mal debías estar para pensar por al menos un segundo que querías consolar al Osomatsu actual?

Tal vez Atsushi tenía razón, lo que fuese que hubieras sentido por el mafioso mayor sólo era debido a una enfermedad. Eras solo un mocoso en ese entonces ¿qué ibas saber tú sobre estar enamorado de alguien?.

Cuando sentiste que la moto reducía la velocidad levantaste la cabeza, todo ese tiempo habías pasado viendo hacia el oscuro suelo, por eso cuando levantaste la mirada hacia las luces brillantes de la ciudad sentiste un poco de molestia que te hizo entrecerrar la mirada.

Karamatsu detuvo por completo la motocicleta, el ruido incesantes que mantenía ocupado a tu cerebro se silenció, lastima que no se podía silenciar de la misma manera al ruido dentro de tu cabeza.

Con tus ojos un poco más acostumbrados a la luz observaste el gran letrero brillante de la tienda de conveniencia, la frase "Abierto las 24 horas" estaba escrito con grandes letras de color amarillo. Bajaste de la motocicleta trastabillando un poco, por suerte el mafioso logro detenerte tomandote por la cintura antes de que fueses de bruces contra el suelo.

Casi por reflejo tus manos se sujetaron con fuerza de los brazos del mayor, con un poco de temor de ser soltado de repente. Al girar ligeramente la cabeza hacia Karamatsu pudiste verlo sonreír amplío.

—Vaya, ¿Qué harías tú sin mí? -preguntó antes de darte un coqueto guiño, por suerte ya estabas un poco acostumbrado a esos gestos y está vez no te pusiste rojo como un tomate. Aunque eso sí, no pudiste evitar el sonrojo.

—Ya puedes apartar tu mano de mi trasero...

—¿Qué? ¿Ese es tu trasero? Pensé que aún era tu espalda. -comentó burlón, estabas seguro que si fueses un gato justo en ese momento le harías unos rasguños en la cara. En lugar de eso lo empujaste poniendo la mano en su frente. Mientras gruñías un "sueltame Kusomatsu". Finalmente el mafioso te soltó, aprovechaste para retroceder unos pasos para estar fuera de su alcance.

Karamatsu bajó de la moto dejando el casco sobre ella, señaló ligeramente hacia el lado contrario de la tienda de conveniencia.

—Vamos allá antes...¿Quieres venir conmigo?

Acababa de decir " vamos " pero luego te preguntaba sí querías ir con él, no sabías si era una forma de camuflajear sus órdenes o sí de verdad te daba la opción de elegir, de cualquier modo te limitaste a asentir.

Te dedico una sonrisa antes de empezar a caminar hacia la tienda que señalaba, no lo habías notado antes porque el letrero estaba apagado pero ser trataba de una tienda de música, con un gran letrero de neón con forma de guitarra. Karamatsu pulso el botón del timbre un par de veces antes de esperar por una respuesta, se giró ligeramente cruzando los brazos con una sonrisa en los labios.

—¿Una tienda de música?

—Sí, necesito una guitarra para darte la serenata que te sugerí ¿no?

—¿Por qué no sólo fuimos por tu guitarra? ¿No podías traerla? -preguntaste enarcando una ceja, según sabías el mafioso tenía una habitación llena de instrumentos principalmente guitarras, aunque también había un saxofón, un teclado, varios bajos, una batería, una trompeta, varios keytar, un violín y algunos otros que decía sabía tocar, todo dentro de una brillante habitación que podía dejar ciego a cualquiera. O eso decía Jyushimatsu.

—Bueno salí con prisa así que no se me ocurrió traer mi guitarra, además, sí Jyushi nos ve juntos a esta hora... -hizo una pausa mientras volvía a pulsar el timbre. — Quizás no te has dado cuenta, pero él se está poniendo muy sobreprotector en lo que respecta a su bebé. A el no le gusta la idea de que su bebé sea corrompido por alguien tan "viejo".

Tenías que admitir que el comportamiento de Jyushi y Homura te parecía realmente tierno y extraño, más que nada porque no estabas acostumbrado a que alguien fuese tierno contigo o a ser tratado como un niño (sin contar como te trataba Atsushi).

—Solo son diez años de diferencia... -dijiste restándole importancia a la diferencia, por unos segundos Karamatsu mostró una expresión seria.

—Quizás sean más... -susurro Karamatsu, tu voz fue silenciada por la voz molesta de un hombre que gritaba.

—¡Maldita sea, dejen de joder voy a mata...! -el hombre se quedó de piedra al ver al mafioso. Temblando como gelatina se disculpó de manera apresurada, atropellando un poco sus palabras.

La tienda era más llamativa por dentro, una vez con más luces encendidas, no sabías tocar ninguno de esos instrumentos, pero eso no te impedía apreciar el lugar. Mientras el dueño casi estampaba su frente contra el suelo pidiéndole disculpas a Karamatsu jurando que no se había atrasado en los pagos, este se encontraba viendo fijamente una guitarra ignorando al asustado hombre.

—Mira está... -señaló una guitarra de color azul con contorno que se iba difuminando hasta volverse negro. Karamatsu tomo la guitarra pasando sus dedos por las cuerdas. —Escucha ese hermoso sonido...

Sonaba horrible. Su cara de confusión te hizo soltar una carcajada que trataste de ocultar cubriendo tu boca con la manga de la gabardina.

—Se supone que tenía que sonar mejor. -un poco avergonzado por fin puso su atención al hombre que seguirá lloriqueando y pidiendo por su vida. —Ya, esta bien... Pon esto en mi cuenta.¿Esta bien?

—¡Lo haré señor, gracias señor! Es usted tan generoso.

Karamatsu hizo una mueca de hastío mientras el hombre seguía tratando de adularlo sin éxito, te parecía algo gracioso la situación. A diferencia de Osomatsu al segundo hijo parecía fastidiarle que tratarán de quedar bien con él, eso lo hacía poner mala cara y arrugar las gruesas cejas por largos minutos.

Cuando por fin el hombre dejó de hablar Karamatsu se giró tomando la guitarra (ahora en su estuche gracias al dueño) con una mano y una de tus manos con la otra, te arrastro fuera de la tienda sin decir palabra alguna hasta llegar a su motocicleta.

—Pensé que le iba a dar un infarto o algo... -comentó con una sonrisa, hubieras reído de no ser porque estabas nervioso ya que su mano aún sujetaba la tuya. Sentías las mejillas arder y te sentiste un poco nervioso cuando sus ojos azules te miraron fijamente. Te encogiste de hombros moviendo nervioso tus dedos sobre los dedos de Karamatsu.

—Creo que lo entiendo... Sí el propio jefe viene a tu negocio en lugar de enviar a uno de sus subordinados no debe significar nada bueno. Tal vez él pensó que venías a matarlo.

—Yo no mataría a un hombre tan fácilmente, sí tuviera problemas con él solo le daría un disparo de advertencia. -era algo difícil de creer cuando recordabas con que facilidad les había disparado al hombre que mató a Hanako. Karamatsu continuó hablando. —No tengo nada en su contra, excepto tal vez que encuentro como una ofensa que está hermosura este tan desafinada. -dio unas palmadas a la guitarra.

Fuiste capaz de disimular la mueca de disgusto que sin querer pusiste cuando el mafioso soltó tu mano. Te entregó la guitarra antes de señalar la tienda de conveniencia.

—Iré a comprar algunas cosas para nuestro picnic. ¿Algo que quieras en específico?

—Mm...¿condones? -Karamatsu pareció quedar descolocado por unos segundos.

—No juegues con eso. -dijo entrecerrando la mirada sobre ti, como lanzando una reprimenda.

—Tal vez... ¿Jugo de manzana? -preguntaste, era la primera cosa que se te ocurría porque era lo que Atsushi siempre te servía para beber.

—Esta bien, espera aquí. -camino hacia la puerta y entró.

Te quedaste viendo hacia la puerta por unos segundos, tu espalda estaba recargada en la motocicleta y habías dejado la guitarra a un lado de tus piernas, esto no sólo las cubría, sino que también te protegía un poco del frío. Maldito clima de madrugada y maldito vestido... Bueno, había sido tu culpa lo del vestido.

Mientras esperabas levantaste la mirada hacia el cielo, la luna aún brillaba fuerte y alto entre las nubes, aunque nada se comparaba a esa vista que habías tenido del cielo en esa vieja carretera una semana antes, como lo suponías no se veía igual desde un lugar lleno de locura luces como lo era la ciudad.

Divagar un poco sobre cosas banales mantenía tu mente alejada de las divertidas cosas que habías encontrado en funland. Y justo cuando tu mente estaba en blanco escuchaste un sonido extraño proviniendo desde el bolsillo de tu abrigo.

Algo extrañado tomaste el teléfono entre tus manos, la pantalla marcaba "llamada entrante. número desconocido". Aunque para ti todos los números eran desconocidos aún. Tenías que admitir que te ponía de nervios ese aparato, quizás eras un poco idiota por no saber cómo contestar. Pulsaste sobre un botón verde y el aparato dejó de sonar, te llevaste el teléfono cerca del oído, nada se escuchaba del otro lado de la línea más que una suave respiración.

Segundos después una profunda voz dijo simplemente " Hola ".

—¿Atsushi? -reconociste su voz con esa simple palabra. —Hola...

—Pensé que no ibas a contestar dulzura. -dijo con voz tranquila. ¿Habías escuchado mal o te acababa de llamar " dulzura " —¿Dónde estás?

—Estoy afuera... Con Karamatsu. ¿Pasa algo?

—No, nada... -gruñó, su voz parecía más ronca de lo que recordabas, tal vez era que por teléfono las voces sonaban diferentes. —Estoy cansado...

—Deberías ir a descansar.

—Debería, pero estoy preocupado por ti.

—¿Terminaste los planes de distracción de mañana?

—¿Qué? Ah, claro... Es algo... Sorpresa. ¿Dónde estás exactamente? Dulzura, Iré por ti.

—Mm... No sé. -y volvía a llamarte dulzura, era algo extraño ya que Atsushi dejó de llamarte así cuando se enteró que Osomatsu te llamaba de esa manera durante las noches que iba a tu habitación. Te encogiste de hombros.

—Mira a tu alrededor y dame un lugar aproximado.

—Pues... - miraste a tu alrededor.—Hay una tienda de conveniencia y del otro lado de la calle hay una tienda de guitarras. Pero...

—¿Con quién hablas? - la voz de Karamatsu te hizo girarte de nuevo a la tienda.

—Con Atsushi. -respondiste en un susurro y escuchaste la llamada cortarse. —Acaba de colgar.

—Tengo todo lo que necesito, así que vamos a nuestra cita.

Escuchar a Karamatsu decir que aquello era una cita logro hacer que el extraño comportamiento de Atsushi pasara casi desapercibido, pero aún había algo sobre eso haciendo ruido en tu cabeza.


[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]


El lugar era el mismo a donde te había llevado antes, su lugar favorito en toda la ciudad. Al bajarte de la moto el mafioso se adelantó para poner un suave mantel a cuadros en el pasto, había dejado la luz de la motocicleta encendida pero apuntando hacia otro punto dejando así sólo una luz tenue iluminándolos. Tu cargabas en tu espalda la guitarra ya que de ese modo era más fácil transportarla, te acercaste a tiempo para verlo encender unas pequeñas velas de color morado y azul en frascos redondos y transparentes.

—¿No crees que es más romántico así? -preguntó antes de dar pequeñas palmadas en el sitio a su lado. Te quitaste la guitarra y la pusiste a un lado de Karamatsu haciendo espacio entre los dos. —Toma tu jugo, niño. También te compre un poco de melon pan. Porque sé que amas el melon pan.

—Mm... -tomaste el pan como si fuese lo más preciado del mundo. Era el primero que se daba cuenta el problema que tenías con esa cosa.

—Esta vez solo tenemos esto, pero la siguiente vez te ssorprenderé, tal vez no lo sabes pero cuento con unas increíbles habilidades culinarias. -te dio un coqueto guiño, pero estabas demasiado ocupado con tu melonpan como para tener reacción alguna. —Sólo imagina... Este mantel con una tarta aquí, emparedados acá y justo en medio un pavo.

No pudiste evitar soltar una carcajada.

—¿un pavo? ¿Estas bromeando?

—Bueno, lo acepto... Nunca antes he tenido un picnic, esta es mi primera vez. -admitio. —¿y tú? ¿Tienes experiencia en este tipo de cosas?

—Sí, con Atsushi. -Karamatsu hizo mala cara.

-Ah, ese tipo... También estás usando su chaqueta, no tengo quejas en eso, después de todo te cubre lo que ese pequeño vestido no. -al mirarlo te diste cuenta que estaba viendo hacia tus piernas. Trataste de cubrirte.

—Deja de verme, Kusomatsu. -te quejaste, acto seguido Karamatsu se quitó la chaqueta y la puso en tus piernas. Según él "para evitar la tentación", aunque más bien parecía que no quería perder ante Atsushi. Ese comportamiento infantil te hacia sentir un calorcito en el pecho.

—Me molesta siempre ser el segundo, pero no lo puedo evitar, es si desde que nací... Al menos espero ser el primero del que te enamores.

Decirle en este momento, "Ah, ese fue Osomatsu" sólo te traería problemas. Así que solo te quedaste callado. Sin embargo tu silencio fue mal interpretado.

—¿No me digas que también Atsushi me ganó en eso? -Karamatsu gruñó.

—No, no lo hizo.-Karamatsu no parecía muy convencido.

—Hagamos algo, dime algo que no hayas hecho antes y yo lo haré contigo.

Parecía muy decidido, su mirada fija sobre ti te ponía nervioso. Desviste la mirada hacia el empaque de melonpan que ahora estaba vacío.

—Nunca nadie me había comprado melonpan, tampoco nunca he tenido una cita por la madrugada, ni he visto el amanecer con alguien que me guste y nadie nunca me tocado... Una canción en una serenata nocturna.

Ahora el mafioso tenía una enorme divertida sonrisa en el rostro. Se echó el cabello hacia atrás antes de sacar la guitarra de su estuche.

—Pues hoy estás de suerte. -dijo tocando pequeñas notas al mismo tiempo que tensaba las cuerdas.

—Es la peor serenata, suena espantoso. -bromeaste, esta vez Karamatsu también rió.

—Solo espera, sonará genial. Cierra los ojos y escucha. -Te preguntabas como iba a hacerlo si el también había cerrado los ojos. En lugar de eso te quedaste viéndolo, su rostro sereno mientras tocaba las cuerdas una por una, cada vez el sonido era mejor y el ceño fruncido del mayor de disipaba a medida que las notas se volvían perfectas.

No podías apartar tu mirada de él.

—Escucha... -cerraste los ojos por unos segundos, las notas sonaban definitivamente mejor, no entendías mucho de música, pero hasta tú eras capaz de apreciar el sonido de una buena acústica.

—Sue... -"suena mejor " ibas a decir, pero tu voz se silenció cuando los labios de Karamatsu chocaron contra los tuyos en un suave rose. Tus párpados se entre abrieron para encontrarte con esos ojos añil viéndote fijamente. Había dejado la guitarra de lado y estaba de rodillas frente a ti (tu por suerte estabas sentado o seguramente tus piernas hubieran flaqueado en ese momento).

—Era imposible resistir la tentación de besarte justo ahora. -susurró, sostuvo su mirada intensa sobre ti, sentías tu rostro arder y no sabías muy bien como reaccionar.

Karamatsu acarició suave tu labio inferior con su pulgar antes de acercarse de nuevo para besarte, te pusiste nervioso, creías que era un poco injusto simplemente quedarse quieto, además no lo admitirías en voz alta, pero tú también querías besarlo.

Con esa intención en mente también te acercaste un poco, pero tu intento fracaso cuando tu frente chocó contra la del mayor.

—¡Idiota! -te alejaste sujetándote la frente. Escuchaste al mafioso reír, él también se sujetaba la frente pero a diferencia de ti que usabas ambas manos (más que nada para ocultar tu rostro) él solo usaba su mano derecha.

—Lo siento... -se disculpó Karamatsu, aunque era obvio que había sido culpa tuya, aún así la tranquila risa de Matsuno parecía genuina y no se notaba molesto por el golpe o por tu manera de llamarlo "idiota". —¿Estás bien? Ichimatsu.

—Creo que eres un cabeza dura...

—Esta es la primera vez que me golpean la frente cuando trato de besar a alguien. ¿También fue tu primera vez golpeando a alguien que quiere besarte?-pronto con cierto tono burlón que no hacía más que avergonzarte

—¡S- sólo empieza a tocar la maldita guitarra de una vez! -querías lanzarle la guitarra, pero te limitaste a solo colocarla contra su pecho. Te alejaste un poco haciendo distancia entre los dos.

—Bueno, esta bien. -se acomodó el instrumento antes de volver a poner su mirada en ti. —Esta canción me recuerda a ti.

—¿Otra? ¿Acaso son varias? -preguntaste curioso, porque antes ya había dicho que una canción le recordaba a ti.

—Tengo una lista completa. -respondió dándote un guiño. —Pero escucha... -empezó a tocar algunas notas en la guitarra, te sentaste abrazando tus rodillas para ocultar tu rostro si la canción era vergonzosa.

Karamatsu empezó a cantar, su profunda voz era un deleite para tus oídos.

Do you wanna go to heaven tonight? (¿Quieres ir al cielo está noche?)

Leave the evidence far behind (Dejar las evidencias muy atrás)

Say alright, -te señaló como sí te pasara el micrófono imaginario y volvió a decir la última línea dándote a entender que quería que hicieras la segunda voz, aunque no conocías la canción así que dijiste muy bajito lo que te pedía.

Say alright, alright (Decir bien, muy bien)

Maybe we should just run away (Tal vez solo deberíamos huir)

Never look back as the world decays (Nunca mirar atrás, como el mundo se desintegra)

Say alright, alright (Decir bien, muy bien) -esta vez no tuvo que decirte nada para que hicieras las segunda voz.

Do you wanna see heaven tonight? (¿Quieres ve el cielo está noche?

Underneath those lights you will look so beautiful (Bajo esas luces te verás tan hermoso) -la posición en la que estabas sentado ayudaba a esconder la boba sonrisa que se dibujo en tus labios.

Do you wanna see the stars before they fall?, (¿Quieres ver las estrellas antes de que caigan?

Do you wanna be my love tonight? (¿Quieres ser mi amante esta noche?)

And for all my life it could be so wonderful (y por toda mi vida, eso sería tan maravilloso) -Karamatsu dejo la guitarra de lado y continuó cantando a capela.

Do you wanna see the stars before they fall,

See the stars before they fall?

Karamatsu se acercó, sentiste sus manos en tus hombros y como te empujaba ligeramente hacia atrás. Apretaste con fuerza los párpados cuando tu espalda quedó contra el suelo.

—Mira. -te susurró al oído, escuchar su voz tan cerca hizo a tu piel erizarse. Lentamente abriste los ojos encontrándote con esos ojos azules que se veían más oscuros por la poca luz que los iluminaba. La posición te recordaba un poco a aquella vez en la torre de vigilancia de funland, los brazos de Karamatsu estaban a los lados de tus hombros y recargaba su peso en sus rodillas posicionadas a tus costados.

No sabías que era lo que quería que miraras ya que sólo podías verlo a él. Karamatsu se hizo a un lado dejándose caer a tu lado, aún lo seguías con la mirada cuando se acomodó acostándose muy cerca de ti.

—Arriba... -te indicó hacia el cielo y tus ojos por fin dejaron de verlo para mirar hacia arriba.

Las estrellas brillaban en lo alto del cielo sin ser opacadas por las luces de la ciudad. Más hermosas que la vista que habías tenido desde la vieja carretera, quizás lo que te hacia pensar de ese modo era que esta vez no te encontrabas solo, despacio los dedos del mafioso entraron entre los tuyos, te contuviste de voltear la mirada hacia él porque sabías que era demasiado vergonzoso y te darían ganas de huir.

—¿Haz visto algo más hermoso que esto?-preguntó extendiendo su mano libre hacia arriba, como si fuese capaz de atrapar una de esas brillantes luces.

Observaste con atención como el cielo poco a poco mostraba cambios en su tonalidad oscura, era ahora un lienzo de manchones de color azul oscuro y morado.

—No...-respondiste en un susurro.

¿Cuantas veces habías visto ese cielo?

¿Cuentas noches habías pasado en vela atormentado por tus pesadillas?

Recordabas haber visto algo parecido y a la vez tan diferente antes, en ese entonces tu cabello estaba lleno de barro y sangre, te sentías tan roto por dentro que no reparabas en que tu cuerpo también lo estaba y aún si era el mismo cielo se sentía tan diferente y nuevo al lado de Karamatsu. Luchaste para contener esas lágrimas que de pronto luchaban por salir y que, ahora, se agolpaban en tus párpados volviendo todo borroso.

—Yo sí. -dijo el mayor de pronto. Mientras tú parpadeabas con fuerza tratando de disipar tus repentinas ganas de llorar. —He visto algo más hermoso, de hecho, lo estoy viendo justo ahora...

Y cuando tus ojos se encontraron con los de Karamatsu supiste que estaba hablando de ti.

Entonces no pudiste contenerte más...

—Ugh...- un sonido lastimero abandono tu garganta mientras tus ojos se llenaban de gruesas lágrimas. Te levantaste rápidamente y trataste de huir sin éxito, Karamatsu fue más rápido y te atrapó entre sus brazos antes de que lograrás escapar.

Ocultaste tu rostro en su pecho por unos segundos, tratando de contener las lágrimas de todos tus pesares acumulados. Pero era imposible.

—Ichimatsu... -su voz susurrando en tu oído te imposibilitaba aún más el detener tu llanto. Más aún con lo que dijo después. —Te quiero.

—¡Deja de jugar conmigo! -trataste de sonar firme pero tu voz había salido con un tono lastimero que hacia doler tu garganta. Intentaste alejarlo empujándolo, aunque ahora más que nada te sentías roto y sin la fuerza necesaria para querer alejarlo realmente. Karamatsu detuvo tus intentos de apartarlo tomándo tus muñecas, en un agarre firme y a la vez cuidadoso para no lastimarte.

—Lo siento, no quería hacerte llorar. -se disculpó mientras tú gimoteando tratabas de no verte tan patético frente al mafioso. Aunque era imposible. —No estoy jugando contigo, de verdad... Lo siento si hice algo que te hiciera creer eso.

Trato de buscar tu mirada, pero entre más intentaba más huías de él.

—¿Por qué? -preguntaste en un susurro, tratando de deshacer el nudo en tu garganta que no te dejaba hablar. —Yo no soy bueno para ti, estoy jodido, roto y sucio. No puedo estar contigo sin temblar de miedo, pero no es culpa tuya.

—Lo sé.

—Nada... Nada bueno saldrá de esto ¿sabías? -cuando dejaste de forcejear él soltó el agarre de tus manos.

—Aún así quiero intentarlo, porque tú no lo ves, pero si pudieras verte por un segundo como yo lo hago, entonces entenderías lo perfecto y hermoso que eres para mis ojos y lo maravilloso que eres aún si no te das cuenta de ello. -dejaste de agachar la mirada atreviéndote por fin a mirar a los ojos a Karamatsu. El mayor continuó hablando. — Y quiero protegerte, cuidarte y que confíes en mí para quitarte esa carga sobre tus hombros, porque tú lo mereces, mereces todo lo mejor de este mundo. Y estoy siendo egoísta sabiendo lo maravilloso que eres y aún así queriendo mantenerte a mi lado.

¿Pero qué cosas estaba diciendo? Sonaba como un completo loco, apreciando de ese modo a alguien tan roto como tú, a alguien que se sentía como una basura. Siempre desde que tenías memoria recordabas sentirte como un objeto desechable, inservible, sin valor alguno. Luego llegaba ese hombre diciendo todas esas cosas que nunca creiste serían dirigidas a ti.

Tenías que admitir que esas palabras se sentían tan bien, tan sanadoras, tan cálidas, seguramente sólo alguien igual de roto que tú entendería la satisfacción de escuchar que se es tan preciado para alguien.

—Vas a arrepentirte ¿sabes? -ahora fueron tus manos las que se sujetaba del mayor, era como para asegurarte que de verdad estaba allí y que era real.

—No se si eso podría pasar, pero no tengo intenciones de hacerlo en lo absoluto. -la convicción con la que lo decía te hacia saber que iba en serio, pero tu aún tenías tu inseguridad, no era como si pudieras deshacerte de ella tan fácilmente y eso te llevaba a insistir, en hacerle saber a Karamatsu que iba a tener que lidiar con todo lo negativo que tenías.

—Yo soy alguien extraño ¿sabes? A veces sin razón alguna querré huir de ti y te tocará ir por mi ¿lo entiendes? Y tengo un humor de mierda y suelo volver las cosas más banales en caos y...y...

—Lo sé y aún así... No vas a lograr que me retracte de quedarme contigo.

Lo había dicho cuando fue por ti a casa de tu hermana. " creo que cada uno esta un poco roto... Y sí es verdad que no podemos sanar y sí es verdad que seremos un desastre por siempre, quiero ser un desastre junto a ti." Ahora lo confirmaba de nuevo. No sabías que podías pasar del llanto a la felicidad en tan poco tiempo, pero eran nuevas sensaciones que estabas descubriendo con Karamatsu.

—Voy a besarte. -susurro. No pudiste evitar gruñir

—Acabas de arruinarlo. -te quejaste, porque el anuncio de un beso te hacia ponerte más nervioso y ansioso por recibirlo.

—Jaja... Lo siento.-rió bajito y después de eso te beso.

¿Era algo normal que sintieses el latir de tu corazón desbocado?

Cuando diste un suspiro contra sus labios sentiste que el peso en tu cabeza y tus hombros era más ligero.

Sus dedos se deslizaron por tus mejillas, encerraste los ojos tratando de guardar en tu memoria la sensación de su caricia mientras tus ojos de cerraban. Karamatsu se acercó y sus labios borraron las lágrimas en tus pestañas.

Cuando volviste a fijar tu mirada en el azul de sus ojos encontraste que era casi hipnótico y brillaba intenso con la luz del sol matutino.

—Creo que nos perdimos el amanecer.-comentó, su expresión parecía ofrecer una silenciosa disculpa, desviaste la mirada hacia donde el sol había salido. Aún si no habían podido verlo esa escena también era una buena vista.

—Da igual... - Además ya tendrían más oportunidades.


[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]


Eran casi las 6:50 am cuando la motocicleta de Karamatsu se detuvo delante de el edificio donde estaba el departamento de Ichiko. Te bajaste teniendo ahora un poco más de cuidado, para evitar ir de bruces contra el suelo. Karamatsu bajó después de ti, se quitó el casco antes de recargarse en su motocicleta.

Sentías los párpados muy pesados, no sólo por pasar las noche sin dormir, sino también por haber llorado, no estabas acostumbrado y eso te había agotado.

Karamatsu estiró sus manos hacia ti, tomando a penas la punta de tus dedos. No hiciste nada por alejarte , incluso la sensación de sus dedos de sentía bien.

—Aún esta en pie lo de pasar tiempo con tu hermana, sin embargo antes me gustaría saber si tú también sientes lo mismo que yo.

—¿Eh? ... ¿No lo dije? -desviaste la mirada ocultando tu sonrojo.

—No lo hiciste... -se quejó el de ojos azules. —Dijiste "Ti voglio così tanto mi fa male" pero quiero escucharlo de nuevo.

—No sé de qué hablas... -trataste de fingiré demencia, no pensaba decirlo tan fácilmente menos ahora que había tanta claridad como para ver tu sonrojo.

—Voy a besarte hasta que me digas. - amenazó, pero eso no era realmente una amenaza que te intimidara, al menos que quisiera volver loco a tu pulso, en cuyo caso sería súper efectivo. —No dices nada ¿eh? Bien, atente a las consecuencias.

Se acerco para besarte y está vez tu intento por acercarte funcionó. (Al menos esta vez no lo golpeaste en la cara). El beso duro a penas cinco segundos antes de que el sonido de alguien carraspeando los hiciera separarse. Al girar el rostro encontraste a Jyushimatsu y Homura a menos de dos metros de distancia, la castaña mantenía una mueca de sorpresa con una pequeña sonrisa y su esposo seguía con la sonrisa de siempre. No, era una sonrisa diferente.

—Homura, cariño... Sujeta esto. -le dio su mochila a la castaña antes de sacar su bat de metal.

—¿Jyushi? -dijiste su nombre al verlo acercarse, no hubo respuesta por su parte. viste al mafioso esquivar a penas el golpe del bat de Jyushimatsu y como el lugar en el suelo que tu padre adoptivo golpeó se partía ligeramente. Trataste de interferir pero Homura te detuvo tomándote de la mano y negando ligeramente.

—E-espera Jyushimatsu. -Karamatsu levantó las manos como si con eso fuera suficiente para calmar a su mano derecha. —No es lo que crees.

—¿No hiciste llorar a mi bebé? ¿Y no lo estabas manoseando a mi niño justo ahora? -preguntó Jyushi con ese tono frío que usaba cuando intimidaba a sus contrincantes.

—Entonces creo que sí era lo que creías. -esquivo con un poco de dificultad el nuevo golpe de Jyushimatsu.

El hombre de chaqueta amarilla arrastro el bat por el suelo lanzando una mirada casi asesina a su jefe y amigo.

Escuchaste a Homura susurrar un "Jyushimatsu-kun, tan genial" casi sentías que una aura color rosa la rodeaba mientras veía encantada hacia su esposo. Ella no parecía preocupada por la pelea ¿acaso era algo común en ellos? ¿Tenías que preocuparte?

—¿Tengo que preocuparme por esto? -preguntaste encogiéndote de hombros.

—No. -respondieron los tres al unísono.

Muy a su pesar se detuvieron. Jyushimatsu se puso de nuevo la mochila a la espalda y dejó el bat dentro listo para sacarlo en un movimiento.

—¿Y qué están haciendo aquí? N-no es que no puedan estar aquí. -agregó de inmediato en mafioso cuando Jyushi le lanzó una mirada

—Atsushi-Kun nos arreglo unos días de vacaciones, como una familia. -contestó Jyushimatsu abrazandote por los hombros.

—Ya veo, estoy seguro que eso le ayudará mucho a Ichimatsu.

—¿No vendrías con nosotros? -a pesar de que tu voz fue un murmullo Karamatsu fue capaz de escucharte.

—Me encantaría, pero no que volver, a "atender el negocio" sí me descuido Osomatsu podría tratar de hacerle daño a mí gente y eso es algo que nunca dejaría que pasara. Pero espero que te diviertas, sé que Jyushimatsu cuidara bien de ti.

Parecía que se acercaría pero la mirada intensa de Jyushimatsu parecía advertirle que no lo hiciera. Te preguntabas si así era tener un padre sobreprotector.

—Nos vemos, honey. -Matsuno camino hacia su motocicleta y fuiste con él casi por reflejo, te quitaste la guitarra de la espalda y se la entregaste a Karamatsu. —Llámame cuando no te vigile tu padre.

Dijo dándole un rápido beso antes de arrancar la moto, cuando te giraste hacia Jyushimatsu este ya tenía en bat en la mano, se quedó parado a tu lado mientras el mafioso desaparecía a la distancia.

El de ojos color ámbar te dio una rápida mirada sin borrar su sonrisa.

—¡Tienes un vestido!

—¡…! -se te había olvidado completamente.


[]-[]-[]-[]-[]-[]


Cuando saliste del baño después de tomar una ducha eran casi las 7:40 am. En la sala del departamento una animada pareja compartía con tu hermana algunas de las fotos vergonzosa que te habían sacado en los últimas semanas. Ichiko veía todas y cada una muy atenta y con una pequeña sonrisa en los labios, abrazándola por la espalda se encontraba una adormilada Karako que de vez en cuando abría un poco los ojos para ver las fotos.

Te sentaste del otro lado de la sala, de manera que estabas frente a las dos parejas.

—No olvides llevar tu bloqueador. -comentó Ichiko con una sonrisa, antes Jyushimatsu y Homura le habían aclarado lo de ser tus padres adoptivos, le aclararon que no pretendían robarte lejos de ella y que sólo querían darte el cariño que un padre y una madre podrían darle a su amado hijo. Tu hermana se mostró agradecida y conmovida, "él lo merece" o algo si había dicho.

—¡Ya sé! ¿Por qué no vienen con nosotros? -preguntó emocionada Homura, Jyushimatsu apoyo la idea asintiendo con fuerza.

—¡Es una excelente idea! -Karako parecía totalmente despierta ahora. —¡Vamos Ichiko!

—¿Que no estabas dormida hace dos segundos?... No puedo, tengo que trabajar.

—Ah, hablando de eso... Creo que ya despidieron ayer por reventarle la mano a un tipo. -comentaste ganando una mirada de reprimenda de Ichiko.

—¿Acaso no tienes trabajo? Karako.

—Le diré a Osoko que me cubra, después de todo ella se la pasada pagada a la jefa de todas formas. -la mujer de ojos azules le sonrió amplío a Ichiko y cuando ella giró el rostro Jyushimatsu y Homura le sonreían también, lo único que faltaba era que tu sonrieras para que no se pudiera negar.

Pusiste tu mejor intento de sonrisa ganando un largo suspiro por parte de Ichiko.

—Esta bien. -aceptó.

[]-[]-[]-[]

El clima caluroso de la playa hacia que fuera deseable el querer estar dentro del agua por un largo tiempo. Sin embargo casi todo el primer día de esas vacaciones te la pasaste dormido o mejor dicho dormitando. A penas lograbas quedarte dormido las pesadillas te traían de regreso, si final terminaste más cansado que cuando decidiste dormir.

Por las mañanas ibas a desayunar junto con Homura y Jyushi, tu hermana y su novia solían perderse todo el día y no tenías quejas de ello ya que cuando veías a Ichiko por la noche ella se veía genuinamente feliz y tú no podías pedir más que la felicidad de tu querida hermana.

Cierta tarde mientras acompañabas a Homura a buscar algunas conchas marinas para adornar el castillo de arena que estaban haciendo entre los tres ella de alejo más de la cuenta, cuando regresaste a buscarla la encontraste rodeada de idiotas que trataban de ligar con ella. A pesar de que ella decía que tenía que volver con su esposo eran muy insistentes.

—¿No escucharon que la dejen en paz? -gruñiste llamando su atención, "¿y tú quien demonios eres?" preguntó uno de los cuatro idiotas. —Su hijo. Dejen en las a mi mami.

Ah, eso había sonado tan patético.

—Ichimatsu. -Homura parecía tan feliz con tu respuesta, casi no se n notaba que segundos antes temblaba como una hoja.

—Largarte sí no quieres tener problemas. -amenazó uno poniendo una cara de matón. Cuando trato de tomar a la castaña del brazo detuviste su mano, haciendo presión contra sus dedos corazón y medio hasta doblarlos al lado contrario. El hombre gritó de dolor, cuando se agachó sujetándose la mano tu puño se estampó contra su nariz.

—Dije que la dejen en paz. -gruñiste entrecerrando la mirada sobre los molestos idiotas.

Hace tiempo que no te pasaba. Había momentos en los que perdías el control de ti mismo, suponías que era el resultado del adiestramiento de Osomatsu. Esos momentos en los que te convertías en una máquina que sólo quería golpear, herir y matar. Pensabas que todo se había quedado en tu alterego con la máscara de kabuki pero no era del todo así.

Tus nudillos estaban casi al rojo vivo cuando regresaste en sí y Jyushimatsu te veía con preocupación mientras te llamaba por tu nombre repetidas veces. Homura no te dijo exactamente que le habías hecho a esos hombres, pero suponías que había sido lo suficientemente malo para que quisiera olvidar el tema. No te atreviste a verla después de eso, así que decidiste salir a vagar por tu cuenta.

Con tu teléfono en mano saliste caminando por la orilla del mar, cerca de donde se hospedaban había unas cuantas calles de pequeñas construcciones, entre negocios y casas pequeñas. Ese lugar estaba fuera de él gran territorio dominado por los Matsuno, aunque según tenías entendido era un territorio neutral (así como lo era hacia el lado contrario, donde se encontraban las aguas termales) podía o no haber enemigos cerca.

Te sentaste en la arena después de estar caminando sin rumbo fijo, tenías algunos mensajes de Karamatsu preguntándote cosas banales como: ¿Que tal está el clima? ¿Te estas divirtiendo? ¿Cómo te sientes? ¿Estas bien?

Muy diferente a los mensajes de Atsushi que sólo decían: ¿Estás bien? ¿De verdad estás bien? ¿Estás seguro que estás bien? Con tanta pregunta ya no sabías.

Mientras estabas escribiendo una respuesta para Atsushi el teléfono sonó en tus manos "llamada entrante :Atsushi" era lo que anunciaba la pantalla. Contestaste llevando el teléfono a tu oreja.

—Ciao, Atsushi.

—Buonasera. -contestó riendo bajito. —Escuché que llevaste a Nyanko contigo a la playa.

—Sí, esta con Ichiko justo ahora. A Nyanko Le gusta destruir castillos de arena. Muy raro llevar a un gato a la playa ¿no? Pero me conoces y sabes que yo soy raro.

—Jaja, creo que eres más lindo. -Atsushi seguía con ese tono amable de siempre, muy diferente al de esa noche. —¿Cómo estás?

—Bien como siempre, era justo la que te estaba escribiendo.

—Lo siento, me impaciente un poco. -se disculpó.

—No importa, mientras no te pongas todo paranoico como la última vez que me llamaste. Sonabas como un loco. -trataste de bromear con eso ya que aún hacia un poco de ruido en ti cabeza.

—¿Disculpa? ¿Yo te llamé?

—Hace unos días, te dije que estaba con Karamatsu. -tu amigo permaneció unos segundos en silencio. —¿Sigues allí?

—Debí llamarte cuando estaba medio dormido, lo siento. Ichimatsu, tengo unas... Cosas que revisar, por favor no te metas en problemas. Te llamaré más tarde.

—¿Eh? Claro...

Cuando Atsushi colgó te dejó más inquieto que antes. No tuviste mucho tiempo de pensar en eso ya que un nuevo mensaje de Karamatsu interrumpió el ruido en tu cabeza.

"Te esperaré esta tarde a las 6, cerca de la gran roca de los saltos. Sí no llegas entenderte tu respuesta. Porque aunque mi amor por ti, arde intensamente quemando mi pecho con la intensidad de mil soles, no puedo retenerte. Porque lo que amo de ti es tu libertad y la manera en la que transformas todo en algo maravilloso que... "

Decidiste dejar de leer, porque si continuabas ibas a querer golpearlo directo en la cara cuando lo volvieras a ver.

Cuando te levantaste para regresar a donde tus padres te percataste de algo que conocías, a unos metros de distancia moviendo la cabeza en todas direcciones como si buscara a alguien se encontraba el molesto hombre de traje violeta y dientes enormes.

—¡Iyami! -te escondiste para que no te viera.

¿Qué hacía ese tipo allí? ¿A quién buscaba? Cuándo bonito hacia ti y te señaló gritando un "¡tú!". Te diste cuenta que ni siquiera estabas bien oculto. Te echaste a correr alejándote de él.

Para tu suerte Iyami era bastante lento y no logro alcanzarte, lo malo era que como decía Atsushi " tú y u maldita curiosidad " Ahora querías saber que demonios buscaba ese tipo.

Tu curiosidad no te llevaría a nada bueno.

Rápidamente fuiste a buscar otra ropa y mientras estabas en ello tu hermana y su novia llegaron.

—¿Que haces pequeño? -preguntó Karako recargándose en tu espalda viendo sobre tu hombro. No sabías porque la chica era así contigo, te ponía incómodo que se te acercara tanto.

—Busco un disfraz, para seguir a un hombre que me está siguiendo. -te encogiste un poco más por el peso de Karako sobre ti espalda.

—¿Lo conoces?-preguntó Ichiko uniéndose a la conversación.

—Es sólo Iyami. -respondiste, eso la del más tranquila, habían estado lidiando con el hombre desde hace tiempo así que sabían que no era peligroso. —Pero soy demasiado fácil de reconocer para él y por eso busco un disfraz.

—Jaja tengo el disfraz perfecto. -dijo Karako finalmente quitándose de encima. Le lanzó una mirada divertida a Ichiko y tu hermana también dibujo una pequeña sonrisa en sus labios.


[]-[]-[]-[]


En retrospectiva debiste haber imaginado que ellas iban a tener sólo ropa de mujer. (Aunque cuando conociste a Karako ella estaba vestida de chico, pero no había llevado su "uniforme de trabajo" a la playa). Cuando te miraste en el espejo evitaste hacer un puchero porque eso sería muy infantil. El vestido era de una hermosa tela blanca que era bastante suave y ligera, lo cual ayudaba a no sentirte incómodo con el calor de la playa, al menos esta vez sí te cubría hasta por debajo de las rodillas.

Ya que no estaba en tus planes el volverte a vestir de esa forma esta vez no habías llevado una peluca, la única que tenías había sido olvidada en el baño de Atsushi después de tu ataque al ver el vídeo. Para ocultar tu cabello Karako te había comprado un amplio sombrero de color blanco con un grueso listón de color morado como único adorno.

Te veías diferente sin duda, sólo esperabas que fuese suficiente para que no te reconocieran.

—¡Nuestro bebé es hermoso! -dijo Karako apretando a Ichiko entre sus brazos, ambas veían emocionadas hacia ti. Genial, ahora tenías otras dos madres.

No pudiste evitar fruncir el ceño cuando la mujer de ojos azules empezó a tomar fotos de todos los ángulos posibles, argumentando que tu imagen debía ser guardada para la posteridad.

No entendías como a tu hermana podía gustarle esa mujer. Karako era ruidosa y extremadamente alegre, Ichiko siempre había preferido lo silencioso, quizás sus diferencias era lo que las hacia encajar tan bien, como dos piezas de rompecabezas que encajaban a la perfección.

Cuando lograste escapar de la habitación (y de la sesión de fotos obligada) estuviste caminando por la playa por casi una hora hasta encontrar a Iyami. El hombre miro hacia ti pro pasó de largo ¿Acaso el disfraz había funcionado?

Con mucho cuidado de que no se diera cuenta empezaste a seguirlo, parecía que buscaba a alguien con mucha urgencia. Estuvo en la playa por una hora y cuando estabas empezando a aburrirte cambio su rumbo, como sí de pronto hubiera encontrado lo que buscaba.

Fuiste detrás de él hasta un pequeño restaurante, Iyami observaba desde la ventana del lugar oculto entre los arbustos, en un lugar muy visible a tu parecer, cualquiera podía verlo ¿a eso se le llamaba espionaje? Iyami fallaba en extremo.

Un poco curioso te acercaste más, cruzando la calle te escondiste en un callejón cercano al restaurante, desde ese ángulo podías ver hacia adentro y cuidarte de Iyami. Atento recorriste la mirada sobre los comensales tratando de buscar al objetivo de él dentón. No parecía haber nadie conocido para ti, al menos hasta que un hombre tomo asiento delante de una mujer a la cual no alcanzabas a ver debido a que le daba la espalda a la ventana.

Tus ojos se abrieron como platos al ver esa sonrisa ladina, esos ojos enigmáticos de color escarlata, ese porte de superioridad. Frente a tus ojos estaba ti primer jefe y el dueño de tus pesadillas: Osomatsu Matsuno.

Saludo con un gesto de falsa galantería a su acompañante besando los nudillos de la mano de la mujer. ¿Quién era? ¿Que hacía con Osomatsu?

La mayor duda te llegó segundos después cuando analizaste mejor la situación. Sí Iyami estaba siguiendo a Osomatsu eso quería decir que él no lo había contratado. Sabías que Karamatsu prefería dejar el espionaje o vigilancia a los miembros de su equipo y por eso nunca empleaba a alguien externo, entonces ¿Quién mandaba a vigilar al jefe del clan?

Mientras pensabas en eso los ojos escarlata de tu antiguo dueño se encontraron con los tuyos. Osomatsu sonrió amplío, asustado te escondiste de inmediato. ¿Acaso te había reconocido? No, no había manera de que así fuera.

Trataste de calmar tu acelerado corazón, lo que tenías que hacer primero era alejarte a toda prisa del lugar. Estabas a punto de salir del callejón donde te habías ocultado cuando alguien te tomo fuerte del brazo.

En un segundo lo único que sentiste fue tu espalda golpeando contra la pared, contuviste un gemido de dolor apretando los labios. Sentiste algo frío y delgado tocar y tu mejilla. Cuando tus ojos de encontraron con el hombre frente a ti quedaste paralizado por el miedo. Sus ojos color borgoña, su cabello negro que se tornaba gris, la primera vez no te hacia causado tanto miedo como ahora, sus porque ahora sabías lo que era capaz de hacer.

—¿Qué tenemos aquí? ¿Un espía? -preguntó con una sonrisa en el rostro, moviendo lentamente su cuchillo desde tu mejilla hasta tu cuello. —Hace mucho que no corto en pedazos a un espía.

Con fuerza clavo su cuchillo en la pared a centímetros de tu rostro, estabas tan asustado que parecía que habías olvidado como respirar. Una de las manos del hombre recorrío tu cuello, tan delgado que parecía que podía romperlo con una mano sí así lo quería, pero en su lugar bajo jugando con el tirante de ti vestido blanco.

—Será una pena volver ese vestido de color rojo. -susurro riendo. Antes de tomar con fuerza tu hombro.

Acababas de ser atrapado por Tougou.

IX.-La curiosidad mató al gato.


Bueno, eso es todo por el capítulo de hoy.

Espero que lo disfruten tengo como yo :D

Saludos.