Save my soul.
Hola, ¿Como están?
Yo estoy bien, de regreso por aquí.
Como siempre, muchas gracias a todo por leer y por comentar, me hacen muy feliz.
Gracias: hitomi79, Philopannyx, Momokamatsu , Lanekopandicorniosauriolvl3mil , PukaSaotome13, kiku, LaV3nus6, Izumi-nyu-FTW, katyrawwasdsasa, Dia , antinoo, Cara4444 , MaryJezhuChan , Gotti Calavera, Karinio y mrs. zhukulemcia.
Espero que les guste el nuevo capitulo, fue super divertido de escribir.
Disfruten su lectura.
.
.
Incluso el lugar que considerabas el más genial en todo Nueva Orleans se volvía un poco tétrico de vez en cuando. Tenías por lo menos diez años cuando tu padre tuvo que salir del país para hacer un trabajo, nunca se te ocurrió preguntar qué tipo de trabajo era, pero aun si lo hubieras hecho estabas seguro que tu padre no lo diría.
Era un trabajo secreto del que tú nunca deberías enterarte, quizás si en ese momento hubieras sabido que hacia nunca lo dejarías alejarte de ti y ganarse esos enemigos tan peligrosos.
Pero en ese entonces eras solo un niño, un pequeño que vivía en Bourbon Street, con su padre y con su actual novia.
Fukuyama era una mujer hermosa, amable, cariñosa, entregada en su trabajo, estricta. Había sido contratada por tu padre para enseñarte japonés y de alguna manera habían terminado en una relación, no tenías problemas con eso ya que si tu padre era feliz tú también lo eras.
Fukuyama era atenta contigo, especialmente cuando tu padre no estaba cerca.
"Pórtate bien, Karamatsu. Estaré de regreso en unos días. ¿Está bien?"
"Está bien…"
Tu padre te dio un beso en la frente, acaricio la cabeza de Mr. Bright Shoes, este se restregó ligeramente contra su mano emitiendo un pequeño ronroneo, seguiste los movimientos de tu padre hasta que esa mano que había acariciado a tu gato se puso en la cintura de la mujer y esos labios que habían besado tu frente le entregaban un beso a los labios de la mujer de cabello largo y negro.
Mr. Bright Shoes se alejó corriendo de ti cuando sin querer, tus manos se cerraron con fuerza sobre su pelaje, estabas tan atento a la escena de despedida de los adultos que ni siquiera habías notado que le habías hecho daño a tu amigo gatuno.
[No papá, no la beses así. Esa mujer…]
Tu padre se fue de inmediato tras recibir una misteriosa llamada, ahora en la casa estaban solo Fukuyama y tú (tu gato y el fantasma de Louis). La mujer te entrego una amable sonrisa antes de pasar los dedos por tu cabello en una caricia superficial.
El resto del día trascurrió sin contratiempos, pero al llegar la noche, cuando la oscuridad te abrazaba en tu solitaria habitación, algo te despertó. Un peso extra sobre tu abdomen.
La luz de la luna entraba por la ventana y cuando tus ojos se acostumbraron a la luz lograste ver sus enigmáticos ojos de color malva.
—Por fin solos… -susurro la mujer inclinándose hacia ti, estampando sus labios contra los tuyos. Contuviste la respiración, tus ojos se cerraron apretando los parpados con fuerza, podías sentir sus manos colarse por debajo de tu pijama.
Tu cuerpo temblaba debajo del suyo, no sabías si esa sensación era miedo, desagrado o alguna otra cosa peor. Fukuyama reía bajito antes tu comportamiento, y sus hermosos ojos parecían hipnotizarte, haciéndote creer que estaba bien, que tú también querías aquello.
¿Estaba mal? Tu solo querías tener una madre cariñosa, sin embargo, el "cariño" de Fukuyama hacia ti se había retorcido hasta ese punto. Tu querías que ella fuese parte de la familia, pero ella buscaba otra cosa.
—Karamatsu, imagina… ¡Que hermoso sería un bebé nuestro! Con tu cabello desordenado y con mis ojos. Te gustan, ¿verdad?
Claro que te gustaban, era la cosa más enigmática y hermosa que habías visto en tu vida. Pero Ryoko era una mujer adulta haciéndole cosas desagradables a un niño, hace mucho que no te atrevías a verla a los ojos, estabas seguro que nunca más ibas a poder hacerlo.
Y nunca encontraste unos ojos tan hermosos como aquellos, hasta muchos años después.
XIII.-Karamatsu Nakamura.
Cuando la ayuda llego casi tuvieron que arrancarte a Ichimatsu de los brazos, no podías creer lo que estaba pasando. Allá afuera todo el mundo celebraba y se divertía, mientras una joven pareja estaba al borde de un colapso emocional al ver a su bebé, en esas condiciones.
El pequeño cuerpo de Ichimatsu se sentía incluso más ligero cuando lo acunaste contra tu pecho, su respiración era tan débil que parecía que no estaba respirando más. Casi tuviste que pegar tu oído a su pecho para cerciorarte de que estaba bien, no podías escuchar nada, el bullicio de la gente alrededor no te dejaba escuchar nada.
—¡Cierren la puta boca! -levantaste la voz, todos los curiosos callaron al momento. Tu mirada furiosa era igual a la de un depredador, estabas dispuesto a matar al que se interpusiera en tu camino.
La fachada de "hombre genial y pacífico" se había caído en el momento en el que la persona que amabas había quedado inmóvil en tus brazos.
Pegaste la oreja al pecho del menor, aun había latidos, pero eran muy débiles. Tenías que conseguir ayuda rápidamente.
Con cuidado levantaste a Ichimatsu entre tus brazos, sería más rápido que tú mismo lo llevaras al hospital que esperar por una ambulancia. Todomatsu, quien regresa del salón con tu abrigo se quedó de piedra al ver a Ichimatsu en tus brazos. Movió la boca tratando de decir algo mientras empezabas a avanzar. Al final sí dijo algo no alcanzaste a escucharlo, saliendo del shock el chico de cabello rosa puso tu saco sobre Ichimatsu cubriendo así su mallugado cuerpo mientras avanzabas.
Homura y Jyushimatsu iban detrás de ti, como escoltando tu salida, tenías que llegar hasta tu auto y rogar por que no estuviera atrapado en el estacionamiento. Pero antes de que pensaras en como ibas a llegar al auto, los paramédicos llegaron de frente a ti con una camilla. Te quedaste unos segundos sin reaccionar hasta que prácticamente lo arrebataron de tus brazos.
¿Quién había llamado a la ambulancia? Quien quiera que fuera había salvado a Ichimatsu. Solo una persona estaba autorizada para entrar a la ambulancia con el menor, pero antes de que pudieras ofrecerte Homura se adelantó casi empujándote hacia un lado.
Aun sí querías debatir esa decisión la mirada de Homura parecía advertirte que no lo hicieras, tu podías ser un peligroso mafioso, pero ella era ahora mismo una madre protectora y eso asustaba más que un hombre con influencias.
Jyushimatsu te lanzo una silenciosa mirada de disculpas cuando las puertas de la ambulancia se cerraron delante de ti. En ese momento no tenías tiempo ni para ofenderte de aquel comportamiento, simplemente le hiciste una seña al hombre de traje amarillo para que te siguiera.
Con llaves en mano llegaste a tu Aston Martin vanquish, Jyushimatsu te seguía de cerca, apenas estuvieron los dos dentro arrancaste a toda velocidad hacia el hospital. Estabas nervioso y alerta, no querías tener un maldito accidente por estar distraído en el auto.
Paraste obligatoriamente en un semáforo, tus manos se aferraban con fuerza al volante tiñéndolo de rojo, tu saco, camisa y pantalón estaban llenos de manchones rojos oscuros, el olor metálico de la sangre llenaba el auto. Hace solo una hora atrás todo estaba bien.
¿Cómo era que todo estaba terminando así?
—Bueno, esperare hasta el próximo año. -Diste un suspiro dramático acariciando el dorso de la mano contraria, Ichimatsu desvió la mirada, sus mejillas habían ganado un poco de color. Te parecía adorable. —Así que no te alejes mucho de mí, que después de que hagamos la cuenta regresiva voy a pedir tu mano aquí en frente de todos. -y el susurro en su oído logro hacer que la piel del menos se erizara, estabas complacido.
Y aunque querías estar con él hasta el último momento uno de tus clientes importantes te llamo para charlar.
—Tengo que irme por un momento. -le dijiste a Ichimatsu, el de cabello alborotado asintió, pero parecía algo enfurruñado. Agachándote hacia él le entregaste un pequeño beso en los labios, un beso en la mejilla y dejaste recorrer tus labios hasta su oreja en la cual susurraste. —Prometo regresar para besarte en la última campanada, quiero ser la última persona que te bese este año y la primera que lo haga el año que viene. -atrapaste el lóbulo de su oreja entre tus labios, Ichimatsu reacciono dando un salto.
—¡S-solo vete de una vez! -se quejó, su rostro estaba tan rojo como la grana. De ser por ti no te separarías de ese chico en el resto de tu vida. Pero en ese momento tenías que hacerlo.
Hablar de negocios en un lugar así era algo tedioso, no te gustaba mezclar tu vida personal con los negocios, pero desde que conocías a Ichimatsu estas dos estaban muy mezcladas. Te gustaría tener un momento para estar a solas con él siendo solo "Karamatsu" y no el señor Matsuno que era tan solicitado esa noche por tus socios.
De todo lo que se había dicho en esa reunión improvisada lo único que había hecho un poco de ruido en tu cabeza era el asunto de una misteriosa mujer que estaba dispuesta a hacer negocios aquí y que se estaba ganando un lugar en las personas de las que se tenían que cuidar.
¿Qué tan peligrosa podía ser esa tal Minnie?
Era tu anónima socia comercial, pero si e pronto se ponía en tu contra sin duda iba a causarte problemas. Por el momento todo parecía ir de maravilla. O eso pensabas.
Después de descartar a los socios de la manera más amable que podías, regresaste a la mesa donde se suponía que Ichimatsu y sus padres se encontraban, pero ninguno estaba allí.
Les buscaste con la mirada, la pareja parecía estar bailando a la mitad de la pista, pero no había señales de tu prometido. Caminaste por el salón buscándolo, tal vez estaba buscándote también ya que las campanadas estaban sonando en ese momento. Pero aun cuando la última campanada sonó no lograste encontrar a Ichimatsu, tu plan de besarlo se había arruinado. Aun así, lo besarías las próximas horas para desquitar ese beso de año nuevo.
Mientras pensabas en tu dulce venganza llena de besuqueos melosos, te encontraste con Todomatsu, el chico de cabello rosa estaba cruzado de brazos y veía con cara de pocos amigos un punto fijo en el otro lado del salón. Era algo extraño ver a Todomatsu en un traje tan elegante y llevaba el cabello sujetado en una coleta, así que era algo adorable de ver, aun si su cara daba miedo. Mientras todos sonreían y se felicitaban por el nuevo año tu subordinado tenía un aura asesina rodeándolo.
—Hola Todomatsu, feliz año nuevo~ -le dijiste cuando te acercaste lo suficiente para conversar.
—Feliz año nuevo. -contesto con un gruñido.
—¿Qué estás haciendo tan solo y tan enojado? -preguntaste curioso ante en enfurruñamiento del pelirosa.
—Estoy cuidando a tu prometido. El maldito hijo de puta...
—¿Ichimatsu?
—¡Al otro!
—¿Atsushi vino después de todo? -preguntaste buscando al castaño con la mirada, el informante parecía estar aún más irritado que Todomatsu. —Pensé que nos estaba evitando, desde hace días que su tienda estaba cerrada así que me preocupé de que algo le hubiera pasado.
—Eso no te convendría ¿verdad? -Todomatsu clavo su mirada en ti. Le entregaste una sonrisa forzada.
—¿Has visto a Ichimatsu? -cambiaste de tema, Todomatsu arrugo las cejas, pensaste que se quejaría del evidente cambio de tema, sin embargo, parecía enojado por otra razón.
—¡Se supone que estaba contigo! Estoy cuidando que Atsushi no… -giro el rostro hacia donde se suponía estaba el castaño. —¡Demonios!
—Ja, déjalo. Ahora es más importante encontrar a Ichimatsu. Estoy nervioso…-le confesaste, en realidad estabas algo intranquilo, pero no sabías exactamente por qué.
—Más bien estas asustado de que tu soltería está cerca de terminar. -Todomatsu sonrió burlón. Negaste mientras reías bajito. —O le tienes miedo a como reaccionaran tus nuevos suegros. ¿Estás listo para que la señorita Home Run haga uno con tu cabeza? Vi el video.
—Pensé que había hecho que destruyeran todas las copias. Nadie debería ver esa faceta de Homura-san. -casi te hacía temblar recordar la escena que encontraste esa tarde en esa bodega. De no ser porque habías visto ya cosas peores. —Como sea, ayúdame a encontrar a Ichimatsu ¿sí? Estoy poniéndome algo ansioso.
—Está bien.
Con dos personas buscando sin duda todo sería más rápido. Mientras Todomatsu buscaba en el salón tú te encargarías de buscar en los alrededores, tal vez Ichimatsu había ido al servicio o a buscar un lugar más silencioso, tu gatito odiaba los lugares ruidosos después de todo.
Mientras caminabas entre por el largo pasillo te pareció que alguien silbaba una canción conocida. Pero entre el montón de gente que caminaba de un lugar a otro te fue imposible saber quién era exactamente. ¿Qué canción era esa?
—Bourbon… -la intranquilidad se adueñaba cada vez más de ti, te hizo caminar más deprisa buscando a Ichimatsu con desesperación. Y entonces lograste ver su cabellera alborotada, una enorme sonrisa se dibujó en tu rostro, al menos hasta que la gente se quitó del camino y te dejo ver las condiciones en las que estaba el menor.
—¡Ichimatsu…! -corriste hacia él y alcanzaste a detenerlo antes de que cayera al suelo. Tus manos a su espalda se tiñeron rápidamente de rojo. Sentías un nudo en la garganta que no te permitía respirar.
—Ti amo… -Ichimatsu susurro, su hermosa mirada oscurecida te miro por unos segundos antes de cerrarse.
—¡Karamatsu -niisan! -la voz de Jyushimatsu te trato de regreso a la realidad, parecía que llevaba segundos llamándote, los coches pasaban de ti tocando sus bocinas molestas.
Tus manos ya no sostenían el volante y ahora estaban delante de tus ojos mostrándote que aun había sangre en ellas. La sangre de Ichimatsu. Habías estado en shock que estabas actuando casi por instinto, pero ahora, justo en ese momento...
—Está lloviendo… -pronunciaste con un hilo de voz, era lo único que el nudo en tu garganta te permitió decir antes de que el rojo en tus manos empezara a diluirse con las gotas que caían sobre ellas.
Dolía tanto que a penas y podías respirar.
Al final Jyushimatsu fue el encargado de conducir hacia el hospital, porque durante todo el trayecto, no pudiste contener el llanto. Pero apenas pusiste un pie fuera del auto, te secaste las lágrimas y trataste de ser lo más fuerte posible. No podías hacer nada si te derrumbabas.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
La espera parecía eterna, aun cuando había gente alrededor te parecía estar terriblemente solo. Homura y Jyushimatsu frente a ti, Todomatsu y Atsushi se mantenían alejados pero pendientes. Algunos de tus subordinados estaban cerca esperando indicaciones.
No tener noticias era angustiante, solo te quedaba esperar y tratar de ser positivo.
Entonces el sonido de unos tacones golpeando contra el suelo te hizo levantar la mirada, por el pasillo caminando hacia ti lograste ver a Ichiko, te pusiste de pie frente a ella unos segundos antes de que su puño impactara contra tu rostro. De inmediato tus subordinados se movieron para detener a la mujer, pero haciendo una seña negaste que fueran a intervenir.
—¡Maldito hijo de puta! -Ichiko grito, era extraño ver a alguien tan calmada como ella gritar de esa forma, gruesas lagrimas recorrían sus mejillas. Te incorporaste viendo a Ichiko, ella continuaba dando empujones y golpes contra tu pecho. —Dijiste que ibas a protegerlo… dijiste que ibas… -su voz se quebró, las palabras dejaron de salir de su boca para ser sustituidas por sollozos.
Sonidos angustiosos que parecían herirle la garganta, al final Karako, la acompañante de Ichiko fue la encargada de calmarla abrazándola con fuerza contra su pecho. Sí eso no funcionaba iban a tener que darle un tranquilizante.
Volviste a tomar asiento, juntando tus manos en una posición pensativa, aunque por fuera seguramente parecía que estabas rezando. No sabias si eso serviría de algo, ya habías comprobado muchas veces antes que Dios nunca estaba de tu lado.
—Karamatsu-niisan. -La voz de Jyushimatsu te hizo levantar la mirada, el hombre de ojos color ámbar te ofrecía una lata refresco fría, perfecta para tu adolorida mejilla. Quizás Ichiko se veía pequeña y frágil, pero era fuerte.
—Gracias. -agradeciste poniendo la lata contra tu rostro, otro hombre se acercó susurrando algo a Jyushimatsu, cuando este se alejó tu mano derecha se inclinó hacia ti. Hablando bajito cerca de tu oreja.
—Encontramos a uno herido.
—Manténganlo con vida, hasta que yo vaya. -ordenaste, Jyushimatsu asintió antes de alejarse. Te pusiste de pie caminando hacia el castaño, parecía que estaba hablando de un tema delicado con Todomatsu y ambos silenciaron su discusión cuando te acercaste. —Tengo un asunto del cual encargarme, avísenme si algo cambia.
—Está bien. -Todomatsu asintió cruzándose de brazos. Al parecer él también quería ir, pero era mejor que se quedara con Atsushi.
—¿Puedes conseguir las grabaciones de las cámaras?
—Lo haré. -Aseguro Atsushi, te despediste con un movimiento de cabeza.
Entonces fuiste a encarar al hombre que había lastimado a Ichimatsu.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
El fuerte golpe hizo eco en la bodega, seguido de el golpeteo de algo liquido cayendo contra el pavimento. El cuerpo del hombre temblaba sobre la silla a la que estaba atado de pies y manos. De su boca escurría unas gotas de sangre, estaban formando un charco en el suelo debajo de la silla.
Tus ojos azules se encontraban viendo al sujeto, y cuando el levanto la mirada y se encontró con tu rostro su temblor se intensifico. Más aun cuando escucho como golpeabas el bat de baseball contra el suelo con un marcado ritmo.
—Hey, no te mueras. -sujetando el bat con fuerza, estampaste el objeto con fuerza en la rodilla del hombre, el crujido acompañado del agónico grito del hombre llego hasta tus oídos. Se retorció de dolor tan fuerte que la silla cayó hacia atrás. Su rodilla ahora estaba doblada hacia adentro. Pero aun había huesos que romper. —Levántelo.
Tus subordinados obedecieron tu orden de inmediato.
—Entonces, ¿Tougou está detrás de todo esto?
—¡Sí, Sí Yo solo obedecía ordenes! ¡Por favor perdóneme! -el hombre grito desesperado, suplicando porque lo perdonaras. Quizás antes lo hubieras perdonado, hubieras tenido piedad de él… pero, habían traído de regreso al Karamatsu frio.
Te pusiste las manoplas apretando los puños antes de estampar con fuerza tus nudillos contra la cara del desesperado hombre. Una, dos veces, algunos de sus dientes cayeron al suelo tras los golpes, la boca del hombre se mantenía abierta.
—¿Qué? -te agachaste para estar a su altura. Levantando su cabeza tomándolo por el cabello. —¿Te rompí la mandíbula? Lo siento. -le dedicaste una sonrisa, el hueso roto había perforado su mejilla asomándose ligeramente. —Por favor no dejes de respiras, así tenga que abrir tu garganta para meterte un tubo de respiración, no te dejare morir.
El hombre soltó algunos sonidos incongruentes.
El sonido de la puerta de la bodega te hizo voltear hacia atrás, Jyushimatsu te lanzo una mirada antes de que la puerta se cerrara. Le habías ordenado que se quedara fuera ya que lo que iba a hacer seguramente le parecería terrible.
Tus subordinados llevaban una caja de gran tamaño que posicionaron delante del hombre que lloraba balbuceando y suplicando, o al menos intentándolo con su mandíbula rota le sería difícil.
—Te tengo una sorpresa. Ya que tú le hiciste cosas tan horribles a la persona que más amo… entonces pensé. ¿Qué mejor que hacerte saber cómo me siento justo ahora? -poniéndote de cuclillas delante del hombre, él te lanzo una mirada aterrada. —Porque veras, tener los huesos rotos no se compara a como me siento ahora. Así que, te lo hare saber. ¿Estas asustado? Deberías…
La respiración agitada del aliado de Tougou se incrementó, mientras caminabas hacia la caja que habían traído antes.
—Veras. Hice que mr. Pinestripe investigara sobre ti. En modo de agradecimiento por lo que hiciste. Has estado mucho tiempo bajo el cobijo de Tougou, señor Tanaka, pero esta será la primera vez que sientas de verdad lo que es meterse con uno de los jefes.
Abriste la caja, una chica de secundaria cayó al suelo. Amordazada e inconsciente. Aun completamente herido y con los huesos rotos el hombre trato de liberarse, como si fuese capaz de ayudar a la chica.
—Hola, Tanaka Yumi. Shh, está dormida por ahora. -tus dedos recorrieron el cabello de la chica antes de ponerle un cuchillo al cuello. —¿Debería despertarla primero? Para que vea a su padre antes de morir desangrada.
Los sonidos guturales de la garganta del hombre se intensificaron.
—No.…debería, hacer lo mismo que tú le hiciste a mi Ichimatsu. Nunca le pediría a mi gente que haga algo asi, pero… hay muchos hombres que seguro les gustaría violar a tu pequeña hasta que convulsione. ¿Quieres verlo?
Los sollozos del hombre se intensificaron mientras con el cuchillo con el que antes apuntabas al cuello de la chica, cortaba la tela de la blusa blanca que la chica llevaba puesta. Parecía que aun entre los sonidos guturales que hacia el sujeto pedía "por favor no le hagas daño".
¿Había suplicado Ichimatsu? ¿Habían escuchado sus suplicas?
Estabas cansado.
Te levantaste tomando el arma que cargabas en tu cintura y apuntaste hacia la chica. Pero antes de que tiraras del gatillo una mano se puso en el cañón, era Jyushimatsu que había entrado a la bodega.
—Detente, Karamatsu-niisan. Tú no eres así. ¡Tú no eres Osomatsu! -Quitaste la mano de tu amigo del cañón y tiraste del gatillo.
—Tienes razón… No soy Osomatsu. -Tus ojos se habían llenado de lágrimas, regresándote al estado "humano". El hombre yacía muerto con un certero disparo en la cabeza. —Lleven a esta niña a salvo a casa…Lo siento. Perdón por pedirles algo así.
Esta vez habías podido contenerte. Pero ¿Y si la próxima vez no eras capaz de hacerlo? ¿Matarías a otro inocente?
Saliste de la bodega escoltado por Jyushimatsu, era increíble como alguien tan impulsivo como él se mantenía tan calmado en esos momentos. Tu no podías, estabas inquieto. Buscando en el bolsillo de tu pantalón encontraste tu celular mandando un pequeño mensaje a Todomatsu, con la esperanza de que ya se tuvieran noticias sobre Ichimatsu, pero la respuesta solo te hundía más en la incertidumbre.
[Aún no hay noticias…]
Incluso encender un cigarrillo es una tarea difícil, al final tu amigo lo hace por ti. Agradeces que Jyushimatsu este a tu lado en ese momento, porque tus pensamientos están tomando un rumbo que no te gusta y él parece ser el único capaz de detenerlos.
Pero aun si tratas de no pensar en eso, la mancha de sangre seca en tu camisa te hace regresar en el tiempo al momento en el que todo cambio.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
—¿Ryoko? -te habías despertado temprano ese día, aun cuando no tenías que asistir a la escuela. ¿La razón? Te pareció escuchar la voz de Fukuyama gritando algo que no alcanzaste a entender y después un fuerte portazo.
Tus desorientados pasos te llevaron hasta la sala, donde una mujer con unas gafas redondas te clavo la mirada a penas cruzaste el umbral.
—K-Karamatsu, estas despierto. -tu padre te entrego una sonrisa, pero no parecía una de esas sonrisas sinceras que te dedicaba cada mañana al saludarte, parecía nervioso. ¿Acaso la mujer de las gafas tenía algo que ver?
Dirigiste la mirada hacia la fémina, ella se cubría la boca con la punta de los dedos en un rictus de sorpresa, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras se acercaba.
—Mi bebé, por fin. -cuando trataste de retroceder fue demasiado tarde, la mujer te había atrapado ya en un abrazo.
Confundido buscaste a tu padre con la mirada, él se encontraba cabizbajo, apretando con fuerza los dientes y sus manos se habían convertido en puños, aun así, cuando tu mirada se encontró con la suya hizo un esfuerzo por borrar esa hostilidad y te entrego una sonrisa, una mueca de tristeza que pretendía ser una sonrisa.
—Karamatsu, ella es tu madre. Su nombre es Matsuyo. -nunca antes habías escuchado ese nombre de los labios de tu padre. Y sin embargo ahora tenías a una mujer abrazándote y llorando de felicidad por encontrar a su hijo, pero tú no sentías nada hacia ella.
A partir de ese día todo empezó a cambiar.
Ryoko se fue para no volver, te preguntabas que había pasado para que te abandonara de esa manera. ¿No se supone que iba a casarse con tu padre e iban a tener un hijo?
De pronto Ryoko era un tema del que no podías hablar, tampoco se te permitió opinar al respecto sobre lo que vendría después, sin dejar que te despidieras, sin dejar que nadie se enterara tus padres reunieron tus cosas y te llevaron a Japón.
Todo fue tan rápido, era como si algo malo fuese a pasarte si se quedaban en Nueva Orleans.
Y nunca supiste porque escaparon de esa manera.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
—Karamatsu, ellos son Osomatsu y Choromatsu. Tus hermanos. -tus maletas aún estaban en la puerta cuando "tu madre" te presentó a dos niños de tu edad. Estabas tan sorprendido que no pudiste decir ni una palabra, hace días eras hijo único y vivías en Nueva Orleans y ahora, estabas en un lugar extraño, con personas extrañas que al parecer eran tus hermanos.
Buscaste a tu padre a tus espaldas, Matsuzo te entrego una pequeña sonrisa haciendo un gesto para que te presentaras.
—Hola, soy Karamatsu Nakamura. M-mucho gusto en conocerlos.
—Un gusto. -respondió solo uno de los dos, ni siquiera estaba viendo en tu dirección, era como si realmente no les importaras un comino, sin embargo, el otro te veía fijamente, su mirada escarlata parecía querer hacerte daño solo con la forma en la que te veía.
Por fin después de mirarte en silencio por unos segundos, el chico de ojos escarlatas te hablo, más solo dijo una palabra.
—Gaijin… -gruñó, las maletas que llevaba tu padre cayeron al suelo, la señora Matsuyo tenía una expresión desencajada y algunos hombres que estaban ayudando con la mudanza se quedaron repentinamente quietos.
—¡Osomatsu! -la matriarca levanto la voz, parecía molesta. —¡Él es tu hermano!
—Ese bastardo NO es mi hermano, es un gaijin y no lo reconozco como mi familia, mi único hermano es Choromatsu. -dicho esto dio media vuelta estirando la mano hacia el menor, este tomo su mano rápidamente y ambos se alejaron aun cuando la mujer le decía que regresaran.
No volviste a verlos ese día, estabas ocupado desempacando con ayuda de tu padre cuando cayó la noche.
—Padre. ¿Qué significa gaijin? -tu padre se detuvo. —¿Es un insulto?
—Significa… "forastero". Aquí los dos somos forasteros porque hasta hace poco vivíamos en Nueva Orleans. Jaja, no le tomes tanta importancia por favor.
—Está bien. -acariciaste la cabeza de tu mascota. —Mr. Bright Shoes está inquieto…No le gusta este lugar.
—Cuando tú te acostumbres él también lo hará, estoy seguro. -las caricias en tu cabello no lograban tranquilizarte como antes. —Hagamos un esfuerzo ¿sí?
—Si…
No pudiste dormir bien ese día, ni los consiguientes. En Nueva Orleans tu habitación estaba a un metro de la de tu padre, pero en ese lugar su habitación estaba alejada de todas las demás. No entendías por qué, salía mucho a trabajar y a veces volvía muy tarde, cansado y algunas veces herido.
Aun así, cuando por las noches ibas hasta el con Mr. Bright Shoes en brazos él los recibía con una sonrisa y les dejaba dormir a su lado mientras cantaban canciones a capela.
Era como si fuesen dos extraños viviendo en su propio mundo y agradecías eso aun si a nadie más parecía gustarle.
Aunque no entendieras mucho el japonés había una palabra que, si entendías, "gaijin" y cada vez que te veían múltiples voces susurraban esa palabra de manera despectiva. Era como si te odiaran por estar en ese lugar, pero tú no querías estar allí tampoco.
Te sentías solo cuando tu padre salía a trabajar, te sentías solo cuando tus hermanos te ignoraban. Te sentías solo cuando ibas a la escuela porque nadie quería hablar contigo. Lo único que tenías era a tu gato y a veces a tu padre.
Bien, si nadie quería hablar contigo no dejarías que eso te afectara, hiciste un pacto contigo para no bajar la cabeza ante nadie, aun cuando no dejaba de llamarte "gaijin", no ibas a dejar que te afectara.
Cierto día cuando estabas jugando con tu gato, escuchaste a dos empleados de la casa hablar.
"El gaijin está empezando a creerse demasiado".
"Lo sé, va por allí creyéndose la gran cosa. No es más que un bastardo y un mimado, ni siquiera es un Nakamura como tanto presume."
"Shh, sabes que no podemos hablar de eso aquí, aunque es cierto. Me pregunto si seguiría siendo tan engreído si supiera que es hijo de un violador…"
Te quedaste de piedra en ese lugar, incapaz de hacer o decir algo, pero de pronto escuchaste una voz detrás de ti. En tono firme y autoritario se dirigió a esos empleados.
—Ustedes dos… Están despedidos. -reconociste la voz de inmediato, pero cuando te giraste para encontrarte con tu hermano mayor te pareció que era otra persona. Un niño de tu edad se veía más peligroso que los gorilas (saca borrachos) de los bares de bourbon street. Lo que parecía más sorprendente era que, los hombres palidecieron al notar la presencia de Osomatsu.
—¿Tengo que repetirlo? -gruñó. —¡Largo!
De inmediato los hombres salieron del lugar. Osomatsu te entrego una mirada amable, contrastando con la hostilidad que mostraba antes.
—Gai… Karamatsu, no les pongas atención. La servidumbre siempre es así, es obvio que están tratando de lastimarte. Deberías ser más autoritario, eres un Matsuno después de todo. Despide a esos bastardos si se atreven a dirigirte la palabra sin que se lo pidas. ¿Entiendes lo que digo? you understand me?
—Te entiendo. Pero yo no quiero despedir a nadie. -Osomatsu enarco una ceja, parecía que esperaba que te explicaras. —Porque, tienen familia y pueden pasarla mal si pierden su trabajo repentinamente.
—Jajaja… si, si, tienes razón. Pensare en eso la próxima vez, pero estos se lo tenían merecido por decir cosas sobre ti. Llamarte gaijin es algo muy malo.
—Tú fuiste el primero. -le reprochaste, Osomatsu sonrió amplio.
—Lo siento, no volveré a hacerlo. ¿Está bien? -se puso de cuclillas frente a ti que aun estabas sentado con Mr. Bright Shoes en las piernas. —¿Qué tal si empezamos de nuevo? -propuso estirando su mano hacia ti. —¡Mucho gusto, soy Matsuno Osomatsu, tu Oniichan! Llevémonos bien, Nakamura-kun.
—¡S-si!
Los días posteriores empezaste a hablar un poco más con Osomatsu, en la escuela ya no te evitaba y cuando estaban en casa te llevaba a investigar los alrededores e incluso las partes de la casa que aún no conocías.
—De ese lado están las habitaciones de los subordinados. -señalo hacia la sección donde se encontraba la habitación de tu padre, ibas a preguntar porque tu progenitor dormía en ese lugar, pero en ese momento el menor de tus hermanos.
—Hola. ¿Puedo ir con ustedes?
—C-claro, Choromatsu. Aunque vamos a atrapar insectos y sé que no te gustan.
—Me gustan…
—¿Si? ¿Desde cuándo?
—Desde que Karamatsu está aquí. ¿Me protegerías si alguno trata de subirse a mi cabeza? -pregunto Choromatsu con una risa nerviosa, asentiste de inmediato. Era la primera vez que el menor te dirigía la palabra.
—Te protegeré.
—E-entonces está bien…-Osomatsu no parecía muy convencido, pero termino aceptando. Por tu parte estabas contento de que al fin tus hermanos empezaran a aceptarte.
Choromatsu la paso pegado a ti, preguntando curioso sobre tu vida en Estados Unidos, Osomatsu se mantuvo callado la mayoría del tiempo, escuchando atento.
—Algún día, cuando seamos mayores. ¿Me llevaras a Bourbon Street? -pregunto Choromatsu tomando tu mano, normalmente no tenías contacto con nadie, así que cuando esto paso no pudiste evitar sonrojarte.
—Claro, te llevare algún día. -respondiste con una sonrisa y entonces un crujido se escuchó a tus espaldas. Al voltear encontraste a Osomatsu con la mirada oculta tras su cabello, sostenía con fuerza la red para atrapar insectos y el palo se había roto en dos partes de tanta fuerza ejercida.
—Es hora de irnos, Choromatsu. -susurró, parecía molesto. Pero cuando levanto el rostro hacia el menor de los tres tenía una sonrisa en el rostro.
Choromatsu soltó tu mano de inmediato, susurro un "lo siento" antes de alejarse corriendo. No entendías del todo la situación, estabas confundido y querías preguntarle a Osomatsu que pasaba de repente.
Pero antes de poder formular la pregunta algo impacto con fuerza en tu pierna, haciéndote caer al suelo.
—¡Argh! -te sujetaste la pierna cuando otro golpe impacto en tu estómago, dejándote sin aire. Boqueaste tratando de tomar aire, las manos de Osomatsu tomaron con fuerza el cuello de tu camisa, esa mirada amable que tenía antes desapareció y a cambio fue sustituida por una fría mirada escarlata.
—No te acerques a Choromatsu, maldito gaijin… -gruñó, te dejo caer al suelo y se alejó arrojando el palo roto hacia tu dirección. Golpeando tu espalda y cabeza mientras te retorcías en el suelo.
Dolía tanto que no pudiste contener las lágrimas. ¿Por qué de pronto todo había cambiado así? Te permitiste llorar, frustrado, adolorido y enojado. Hasta que tu padre te encontró y te llevo a su habitación.
Al día siguiente tu pierna tenía un moretón del tamaño de tu mano. Dolía cuando caminabas y por la sonrisa burlona que te dedico Osomatsu, podías darte cuenta que eso no era lo peor que podía hacerte.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
—Lo siento. -Choromatsu se disculpó contigo al día siguiente, en un lugar escondido lejos de la mirada de los curiosos y de Osomatsu.
—¿Por qué te disculpas?
—Por acercarme tanto a ti… Mira, Osomatsu-niisan no es malo, es solo que, pasamos por cosas muy malas y él… cuando siente que alguien quiere quitarle lo que es suyo, se pone muy agresivo. Así que, lo siento.
—Entonces ¿tú eres suyo?
—E-eso creo. -las mejillas del menos se tiñeron de rojo. —Por favor no me odies.
—No te odio… Choromatsu, no estoy aquí porque quiera robarles algo, no estoy aquí por mi propia voluntad. Me trajeron aquí y ya casi tengo tres años aquí y… esta era la primera vez que los dos estaban bien conmigo. Ustedes son mis hermanos, así que…solo quiero llevarme bien con ustedes. Quiero ser cercano a ustedes.
—Yo… también quiero ser cercano a ti, Karamatsu-niisan.
El que Choromatsu te acepara te llenaba de alegría. Ahora en ese lugar no solo tenías a tu padre y a tu gato, también tenías a uno de tus hermanos. Aunque le habías explicado al menor que no tenías intenciones de alejarlo de Osomatsu, este insistió en que podían verse a escondidas para no hacer enojar al hermano mayor.
Quizás era tanta tu necesidad por no estar solo que aceptaste.
Y así pasaron los meses, el tiempo te hizo volverte más cercano a Choromatsu y que un cariño empezara a crecer entre los dos. Pero al igual que con Fukuyama, en alguna parte del camino, esa relación pura que tenían se había retorcido un poco. Cuando entraste a la secundaria empezaste a ser popular, tu forma educada de comportarte y tu acento hicieron que ganaras admiradoras por todas partes.
No pasaba un día sin que alguien te confesara sus sentimientos o dejara una carta de amor en tu casillero. Sin embargo y a pesar de tener "el mismo rostro" tus hermanos no tenían tantas declaraciones de las chicas, era como si emitieran un aura que las mantenía alejadas.
Osomatsu parecía estar bien con eso ya que tenía mejores asuntos que atender, Choromatsu por su parte parecía estar más pendiente de las declaraciones que recibías tú.
Hasta que cierto día cuando jugaban con Mr. Bright shoes, el menor de tus hermanos te susurro algo.
—Karamatsu, me gustas… -lo escuchaste, pero aun así te quedaste callado pensando que habías escuchado mal. —¡Me gustas, Karamatsu! -repitió, esta vez más fuerte.
Las mejillas de Choromatsu se habían teñido de carmín y mantenía la mirada en el suelo, con una mueca avergonzada. Parecía nervioso por saber que responderías. ¿Quién eras tú para despreciar los sentimientos de tu hermanito?
—Tú también me gustas, Choromatsu. Eres una persona genial, además eres my little brother.
—Por favor calla, es doloroso escucharte. -bufó Choromatsu antes de reír.
Si aquello era una confesión de "ese tipo" habías atajado la situación bastante bien, al menos eso pensabas.
—También me gusta mucho tu gato. -confesó dándole unas caricias a la cabeza del felino.
—Padre. ¿has visto a Mr. Bright Shoes? -preguntaste a tu padre que se preparaba para salir, este negó moviendo la cabeza.
—La última vez que lo vi fue ayer. Estaba en el patio.
—Sí, pero lo busque y no lo encuentro desde la mañana. He decidido darle de sus bocadillos preferidos para que venga. -tenías el plato de comida en una mano, listo para usarlo de chantaje en tu huraño gato.
—Te ayudare a buscarlo, así lo encontraremos más rápido.
Y los dos se pusieron en marcha, la casa Matsuno era demasiado grande hasta para que un niño se perdiera, así que estabas seguro que tu gato aún estaba dentro de casa. Lo llamaste un par de veces, pero no había respuesta, esperando que tu padre hubiera tenido más suerte que tu caminaste hacia las habitaciones de los subordinados.
Por el pasillo encontraste a Osomatsu que parecía contento por alguna razón, no sabías si te respondería, pero no perdías nada con preguntar.
—Osomatsu. ¿Has visto a…?
—Tu gato esta por allá. -señalo una habitación al fondo del pasillo, con un apresurado "gracias" corriste hacia el lugar llamando a tu amigo peludo, pudiste escuchar a Osomatsu reír a carcajadas.
Te detuviste en seco.
El plato que sostenías cayó al suelo, haciendo que la comida de gato se dispersara por todas partes. Un tembloroso aparato se mecía vertiginosamente delante de tus ojos, produciendo un ruido que hacía eco en tus oídos y en la habitación.
"Crash, crash, crasch" una y otra vez. Una secadora encendida giraba y giraba produciendo un crujido y de la puerta semi abierta un espeso liquido rojo caía manchando el suelo.
—¡Ahhhhhh! -gritaste tan fuerte que sentías que tu garganta se había desgarrado y aun así no dejaste de gritar hasta que tu padre llego.
—¡Karamatsu! -tu rostro mojado en llanto, en un rictus de dolor. Tu padre contemplo la escena dentro. —Dios mío.
Sus brazos te envolvieron con fuerza y aun cuando eras un chico de 14 años ya, te levanto como si fueras un niño pequeño. Llevándote lejos del horroroso lugar.
Lloraste haciéndote un ovillo contra el pecho de tu padre, diciendo una y otra vez el nombre de tu gato. Y es que aún no podías creer que alguien pudiera hacerle algo tan horrible a una criatura indefensa.
Tu padre te dejo al cuidado de uno de sus amigos mientras iba a encargarse del desastre. Aunque el hombre estaba tratando de hablar contigo no podías escucharlo, en tu cabeza de repetía una y otra vez el sonido del traqueteo de la máquina y cuando cerrabas los ojos la imagen de lo que alguna vez fue tu gato, girando y girando llegaba hasta tu cabeza.
Y entonces, sobre eso. La mueca burlona de Osomatsu y su risa…
Te levantaste de donde estabas, cerrando los puños caminaste por la casa, los intentos de detenerte del subordinado no surgieron efecto, estabas tan molesto que no pensabas con claridad. Caminaste hasta encontrar a Osomatsu quien tonteaba con los hijos de unos subordinados, ignoraste a los que te llamaban gaijin y fuiste directo hacia tu hermano mayor, con fuerza estampaste el puño en su rostro.
Osomatsu trastabillo y se sujetó el rostro, gotas de sangre empezaron a empapar su mano. El mayor se limpió la sangre de la nariz con la manga de su chaqueta antes de correr hacia ti, su puño impacto contra tu mejilla con fuerza. Y cuando buscaste defenderte los compañeros del mayor intervinieron también.
Si con tu fuerza actual ni siquiera podías ganarle a Osomatsu, menos podías contra cuatro. Te tiraron al suelo propinándote golpes por todo el cuerpo, dejándote desorientado.
—La próxima vez, gaijin, ven a mí con intenciones de matarme. -Y un último golpe de Osomatsu te hizo quedar inconsciente.
[]-[]-[]
Cuando despertaste estabas en la habitación de tu padre, tu cara estaba tan hinchada que apenas te reconociste cuando te viste en el espejo. Todo el cuerpo te dolía, pero lograste sentarte en la cama cuando tu padre entro a la habitación acompañado de su amigo.
—¿Estas bien?
—Fue Osomatsu… se estaba riendo justo en mi cara y no pude hacer nada.
—Que te muelan a golpes no cambiara las cosas hijo, tienes que aprender…este lugar es muy diferente a Nueva Orleans.
—Tienes que aprender a pelear muchacho. -intervino el hombre, tu padre le lanzo una mirada desaprobatoria. —¿Qué? Es un Matsuno, aun si todavía lleva tu apellido, eso quiere decir que en algún momento se convertirá en jefe y terminara muerto a menos que sepa defenderse.
—Dominique… No.
—Si. -interrumpiste. Ambos hombres pusieron la mirada en ti. —Para vivir en este lugar, tengo que convertirme en un Matsuno. Lo siento papá, pero tengo que aprender a defenderme.
—Mm… -Matsuzo dio un suspiro. —Dominique, ¿puedes encargarte de su entrenamiento?
—Con gusto. También mi Atsushi vendrá pronto, así que puede que se hagan amigos. -el hombre de cabello castaño claro te entrego una sonrisa.
Aunque al principio no pudiste entrenar correctamente hasta que tus heridas sanaron, sin falta cada día ibas al gimnasio de Dominique Barticchioto, su hijo era una persona misteriosa que se aparecía por el lugar pocas veces y nunca entrenaba, parecía que él era el tipo de personas que se manejan mejor detrás de un ordenador.
Y mientras entrenabas te encontraste con Jyushi, un energético muchacho que se convirtió en tu primer mejor amigo y aliado.
Te llevo meses ganar un poco de musculatura, conservaste tu complexión delgada, pero ganando algunos músculos en los brazos y abdomen. Tu amigo por otra parte, no cambio en lo absoluto, aun así, ni una sola vez lograste vencerlo. Era demasiado fuerte aun con su cuerpo delgado.
—Deberías trabajar de mi guardaespaldas. -sugeriste una vez, era más una broma, pero Jyushimatsu te entrego una mirada seria.
—Yo estoy entrenando para protegerlo, Karamatsu-sama. -puso una mano en su pecho y la otra la levanto mostrando su palma. —Juro solemne lealtad a usted, juro protegerlo de todo mal y golpearlo cuando sea un tonto cabeza hueca.
El comentario de Jyushi te hizo reír a carcajadas, fue hasta ese momento que te diste cuenta que no habías reído así en mucho tiempo, al menos desde que vivías en ese lugar. Ya no podías elegir lo que querías para el futuro, ahora tu destino estaba sellado bajo el apellido Matsuno.
Algún día te convertirías en jefe y ese día ibas a necesitar gente de confianza para estar cerca de ti. Y ese chico, ese amigo incondicional era una buena opción.
—Juro cuidar de ti y de tu futura familia. -al igual que el menor pusiste una mano en tu pecho y la otra levantada. Jyushi sonrió haciendo chocar su palma con la tuya.
—Nada de poner un dedo sobre mi hija o aun si eres tu voy a golpearte con un bat. -amenazo Jyushi con una risueña sonrisa.
—No tocare a tu hija. Lo juro.
(No juraste nada sobre un hijo)
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Te retrasaste más de lo que hubieras querido, pero después del entrenamiento no pudiste evitar pasar por uno de los callejones. Hace días habías encontrado a un pequeño gato negro de comportamiento arisco y ojos salvajes, a pesar de verse indefenso parecía dispuesto a pelear por sobrevivir, mostrando unas peligrosas garras cada vez que alguien se acercaba.
Te llevo un poco acercarte, unos cuantos rasguños y un par de intentos de mordidas, pero al final lograste acercarte al felino, sin falta todos los días le llevabas comida y te quedabas haciéndole algo de compañía, si por ti fuese lo llevarías a casa, pero no querías que algo como lo de Mr. Bright Shoes se repitiera.
No querías que ningún otro inocente saliera lastimado con la intensión de herirte con ello.
Cuando regresaste a casa era ya algo tarde, tu padre iba a salir a trabajar de noche escoltando a la señora Matsuno en uno de sus negocios, así que esa noche no ibas a poder cenar con él. Estabas cansado, así que lo que más querías era tomar un largo baño y después dormir.
Cuando caminabas por el pasillo hacia tu habitación escuchaste algunos ruidos extraños provenir de la pequeña biblioteca con la que contaba la casa, algunos golpeteos y sonidos largos, no eras completamente un santo, sabias como sonaba cuando dos personas tenían sexo. Solo te parecía un poco de mal gusto que lo hicieran en un lugar como ese.
Dispuesto a ignorarlo y pasar desapercibido apuraste el paso especialmente cuando ibas a pasar por la puerta entreabierta. Aun no lograbas alejarte lo suficiente cuando lograste escuchar una voz que pudiste reconocer.
—N-no, ¡Suéltame! ¡Ayud…! -seguido del golpe de algunas cosas cayendo, llevado por un impulso regresaste abriendo la puerta de par en par.
Te tomo dos segundos reconocer a las personas dentro de la habitación, se trataba de tus dos hermanos. Choromatsu se encontraba con la cara contra el suelo, su ropa rota ataba sus manos a su espalda y sus pantaloncillos se encontraban en una pierna al igual que su ropa interior. Por su parte Osomatsu estaba detrás del menor, con su mano empujando el rostro de Choromatsu contra el suelo, su camisa desabrochada y el cierre del pantalón abajo.
Antes de que pudieran decir nada ya habías entrado a la habitación, con fuerza tu puño se estampo en el rostro de tu hermano mayor. Osomatsu cayó al suelo golpeando la mesa a su lado, provocando un ruido sordo en la habitación. Ayudaste a Choromatsu a levantarse y de inmediato el menor se ocultó tras tu espalda.
—¿Qué demonios haces?
—Eso no es asunto tuyo. -se quejó el mayor pasando la punta de sus dedos por su mejilla. —No te concierne, esto es algo entre Choromatsu y yo. No lo entenderías.
¿Acaso estaba sugiriendo que Choromatsu estaba de acuerdo con eso? Si era así, ¿Por qué se ocultaba a tus espaldas?
—¡Mentiroso!
—¡Pregúntaselo! -gruño Osomatsu poniéndose de pie, su mirada trataba de buscar al menor de los tres. —Choromatsu, d-dile. Yo no te estaba haciendo daño, tu dijiste que estaba bien. ¿Verdad?
Te giraste un poco para ver al de mirada esmeralda, sus delgados dedos se habían sujetado de tu chaqueta y se mantenía cabizbajo, a pesar de tener la misma edad Choromatsu se veía pequeño en comparación.
—¿Choromatsu?
—Yo no quería…duele… -susurro el menor, su voz se quebró haciéndolo sonar como un gemido angustioso. No necesito decir más, con ira contenida cerraste el puño golpeando de nuevo a Osomatsu, haciéndolo trastabillar y estampar la espalda contra el estante detrás de él.
Lo tomaste del cuello de la camisa, gruñendo como un animal salvaje, le lanzaste una mirada de furia, pero el de ojos escarlata parecía desorientado y asustado.
—Si vuelves a tocar a Choromatsu, voy a matarte. -amenazaste, no hubo respuesta por parte de Osomatsu. Este solo bajo la mirada y dejo que su espalda se deslizara por el estante hasta terminar sentado.
De inmediato regresaste hacia donde se encontraba Choromatsu y te lo llevaste del lugar. Fue solamente un segundo, así que no estabas muy seguro si habías visto bien, pero te pareció que el menor veía hacia adentro de la biblioteca con una sonrisa burlona en los labios.
Desde luego, no estabas seguro si eso de verdad había pasado.
Llevaste a Choromatsu a tu habitación, curaste sus heridas, pequeños raspones aquí y allá que se había hecho durante el forcejeo. Casi te daban ganas de regresar y golpear más al hermano mayor, no sabías como alguien podía hacerle algo así a su hermano.
—Tenemos que decirle a mi padre. -sugeriste mientras veías las muñecas amoratadas de tu hermano.
—Por favor no. No le digas a nadie. -pidió.
—Pero lo que Osomatsu te estaba haciendo…
—¡Por favor! Aun si hizo lo que hizo… -bajo la mirada hacia sus muñecas. —Osomatsu es mi hermano y no quiero que le hagan daño.
—Pero él… ¿Qué hay de ti? Yo no quiero que te hagan daño ¡¿Cómo se supone que me quede tranquilo cuando nuestro hermano mayor es un maldito enfermo?!
—… -Choromatsu se mantuvo en silencio, levanto la cabeza dirigiéndote una mirada fría, casi te recordaba a cómo te había mirada Osomatsu la primera vez que llegaste a ese lugar. —Entonces yo también soy un enfermo… porque estoy enamorado de ti.
—No eso… -negaste con fuerza. —¿Qué?
—Es broma.
—Ya veo. Jaja..-trataste de reír pero no aprecia una broma. —No digas esas cosas por favor.
—Por favor no le cuentes a nadie. -volvió a pedir, esta vez su mirada se había suavizado. Suspiraste pesado, era realmente algo preocupante no podías dejarlo así, sentías la obligación moral d proteger a tu hermano menor, aun que Choromatsu era algo difícil de entender a veces últimamente los dos se llevaban muy bien así que querías confiar en él.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Unos meses antes de tu cumpleaños encontraste a unos brabucones molestando al menor de tus hermanos. Aunque no querías meterte en una pelea terminaste haciéndolo, incluso Jyushi termino ayudándote porque una pelea de cuatro contra uno era demasiado injusta.
Al final, aunque terminaste un poco golpeado lograste que los abusadores dejaran en paz a Choromatsu, luego de eso los tres fueron a una cafetería familiar para pasar el rato y convivir, pero había algo extraño.
Empezaron a hablar un poco, Choromatsu estaba contándoles que fue Osomatsu quien mando a los chicos a hacerle daño, era una historia que te creías porque tu hermano mayor era un poco raro y ver a Choromatsu tan afectado solo te hacía sentir culpable de no haberlo notado antes, de no poder protegerlo antes.
En compensación lo mimarías un poco, seguro que eso lo alegraría. Pero mientras a ti tu hermano te resultaba una persona indefensa a la que hay que proteger y mimar, Jyushi le veía atento y receloso.
En ese momento no supiste exactamente porque, pero antes de irse ese día Jyushi te susurro algo que solo tu pudiste escuchar.
"Cuídate de tu hermano, es peligroso."
¿Se refería a Osomatsu?
—Deberíamos hacer una fiesta para nuestro cumpleaños. -Sugirió Choromatsu, estaba acostado boca abajo sobre su cama y mantenía parte de las piernas arriba, moviéndolas ligeramente mientras hablaba. Tú estabas terminando de subir unas pesadas cajas de libros sobre el armario.
—¿Una fiesta?
—Sí, para celebrar nuestro cumpleaños número 15. Antes no lo hicimos, pero esta vez sería bueno que celebráramos juntos.
—Sí, creo que sería una buena idea. -sacudiste el polvo de tus manos cuando terminaste con las cajas, no terminabas de estirar tus adoloridos brazos cuando Choromatsu se levantó de un salto de la cama.
—¿Pudo pedirte otro favor?
—¿Otro? Dios vas a matarme con tanto favor. -bromeaste, en realidad no te importaba hacer cosas por él, pero a veces parecía que te estaba utilizando. —¿Qué es?
—¿Puedes ayudarme a mover la cama hacia allá? -señalo la esquina contraria de la habitación.
—Hay una palabra en ingles que describe perfectamente a las personas de tu tipo. -fingiste estar enfadado.
—¿Las personas de mi tipo? -preguntó Choromatsu enarcando una ceja.
—Personas que piden muchos favores.
—¿Y cuál es? -arrugo las cejas disgustado.
—Ah, no me acuerdo. Tenía que ver con una canción que cantaba mi padre en el bar.
—¿Por qué todo lo que dices tiene que ver con música?
—Bueno antes de venir aquí yo quería ser… -no terminaste de hablar porque el menor te interrumpió.
—¡Oh dios, voy tarde a mi clase de violín! Cierra la puerta cuando termines ¿sí? -apresurado tomo sus cosas chocando contra ti en el proceso, reíste por la manera torpe de actuar que tenía tu hermano, pero entonces algo hizo tu risa callar
Algo suave y húmedo que choco contra tu boca. Fue solo unos segundos y al final Choromatsu se alejó, avergonzado y con el rostro rojo como la grana.
—L-lo siento.
—No te preocupes, f-fue un accidente. -respondiste pasándote la mano por el cabello de la nuca y desviando la mirada incapaz de mirarlo a los ojos. Porque cuando te atreviste a mirarlo él estaba allí, mordiéndose ligeramente el labio como esperando a que hicieras algo. —Que te vaya bien. -susurraste apresurado antes de darle un rápido beso en la mejilla, era lo único que se podía esperar de ti.
Choromatsu te dedico una pequeña sonrisa antes de salir de su habitación. Una vez que terminaste de mover la cama saliste de la habitación cerrando la puerta, caminaste por el pasillo tarareando "Fever", antes casi lograste decirle a Choromatsu que querías ser cantante y eso te hacia recordar tu antigua afición.
Quizás tenías que dejar de practicar golpes y el manejo de armas por un día y volver a tomar tus clases de guitarra.
Mientras pensabas eso un fuerte golpe desde atrás te hizo caer de bruces contra el suelo, sentiste algo frio en tu espalda y después algo caliente. No tuviste tiempo de reaccionar cuando un golpe en tu abdomen te hizo torcerte de dolor.
—¡Ugh! -el dolor en tu espalda se volvió un pinchazo insoportable. El suelo debajo de ti se llenó rápidamente de sangre mientras desorientado tus ojos se encontraban con Osomatsu poniéndose unas manoplas de color dorado.
—Esto es por robar lo que es mío. -gruño antes de darte un golpe que te dejo inconsciente.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
—Señor Matsuno. -una voz ronca te hizo levantar la cabeza, eran aproximadamente las 2:30am cuando por fin un doctor salió a hablar contigo.
Los únicos en el lugar eran Jyushi, Atsushi y tú. Homura e Ichiko se habían ido para comprar algo de café, fuiste el único que podía acercarse a hablar con el doctor, eras el más indicado para recibir la noticia.
El hombre dijo algunas cosas que no entendías, los doctores siempre hablaban usando un montón de palabras extrañas que nadie entendía. Cuando le miraste con cara de pocos amigos el hombre suspiro. Puso una mano en tu hombro y susurro un
—Lo siento mucho. -Y después se alejó.
—… -Te quedaste quieto mirando el lugar por donde le hombre se había ido, era algo irreal. Quizás aún estabas dormido y ese era un recuerdo del doctor que te dijo que tu padre había muerto.
Giraste sobre tus talones para encarar a las personas que estaban allí, Homura e Ichiko habían regresado. Le lanzaste una mirada a Atsushi antes de pasarte las manos por el cabello con desesperación, el castaño bajo la mirada como entendiendo lo que querías decir.
—Tengo que preparar un funeral. -susurraste apretando los puños.
[]-[]-[]-[]-[]-[]
Nunca imaginaste que estarías preparando otro funeral para una persona que amabas más que a nada en tu vida, el primero había sido para tu querido padre y ahora era para Ichimatsu.
Aun no podías procesar del todo lo que estaba pasando y era más como si actuaras automáticamente, los arreglos funerarios estaban casi listos. En un negocio donde la muerte estaba casi a la orden del día que te dieran un trato preferencial tenía sus ventajas, todo se hacía más rápido para ti.
—¿Karamatsu-niisan? ¿Estás bien? -la voz de Jyushi, tu segundo al mando, te saco de tus pensamientos. Cuando levantaste el rostro te encontraste con esos ojos ambarinos sin ese brillo de felicidad que casi siempre los acompañaban, en cambio los ojos de tu mano derecha estaban apagados, cansados y las ojeras debajo de sus ojos solo comprobaban que no había dormido nada.
Igual tu no habías podido dormir en casi tres días.
—Estoy…-decir que estabas bien sería una vil mentira, estabas hecho polvo. —¿Cómo esta Homura? - preguntaste, hace unos minutos cuando les informaste que prepararías el funeral de Ichimatsu, la castaña se había puesto como loca, Ichiko se desmayó en el acto y Ho mura se lanzó contra ti.
Como si golpeándote fuese a cambiar algo.
Te imaginabas su dolor porque tú mismo te estabas muriendo, no sabías como podías estar de pie aún.
—Ella está dormida, le han puesto un tranquilizante. -Jyushimatsu hablaba con tono plano hasta que volvió a hablar, esta vez su voz sonaba diferente. Como si se forzara a hablar con el nudo en su garganta. —Mi bebé no se merecía que algo así le pasara.
—Lo sé. -susurraste, un mensaje había llegado a tu celular. Todo estaba listo para el funeral. Antes de que todo se marcharan le susurraste algo a tu mejor amigo, algo que solamente él podía saber.
Jyushimatsu te miro fijamente, sus ojos se llenaron de gruesas lágrimas, sin poder contener más su llanto se cubrió el rostro con las manos. Lo abrazaste con fuerza conteniendo las lágrimas también.
Los dos tenían que asistir a un funeral.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
El clima estaba demasiado frio, era una de esas lloviznas que a veces llegaban en los días de invierno.
El traje negreo que traías puesto era incomodo, ni siquiera recordabas como habías logrado ponértelo.
Tu mirada fría se posó en el mármol frente a ti.
A tus espaldas unas mujeres lloraban.
[…]
Te quedaste en ese lugar, incluso cuando todos se habían ido. No ibas a moverte de allí, tenías algo que hacer.
—Mi más sentido pésame, hermanito. -la voz inconfundible del mayor de tus hermanos te hizo levantar la mirada de la lápida para verlo.
Osomatsu cargaba un enorme ramo de flores rojas, su usual sonrisa burlona adornaba sus labios. Sus ojos escarlatas osilaban la mirada de tu rostro a la lápida con el nombre Fukuyama tallado en ella.
—Es extraño como siempre tus amantes terminan muertos de una manera muy misteriosa. ¿Qué les haces? -pregunto con una pequeña risa, repitiendo las palabras que le habías dicho un año atrás.
—¿Qué demonios haces aquí?
—Solo vengo a darte el pésame y… bueno, te lo creas o no. Yo apreciaba mucho a Ichimatsu. -lo viste pasarse los dedos por debajo de los parpados como limpiándose unas lágrimas. —Lo ame y él me amo a mi. Antes de que tú me lo robaras, como todo. Solo quiero darle el último adiós a mi cachorrito.
—Vete. -susurraste, pero Osomatsu paso de ti y camino hacia la tumba.
Se quedó quieto mirando como habían retirado la tierra aun blanda. Te acercaste a él apretando las manoplas que llevabas puestas desde que el funeral había terminado. Osomatsu soltó el ramo de flores, y levanto los brazos protegiendo su cara del golpe que le habías dado.
Contuvo un alarido cuando su brazo fue golpeado con fuerza.
—¡Ugh! -trastabillo un poco hacia un lado, casi resbalando con el lodo debajo. —¡Maldito! -corrió hacia ti logrando estampar su puño contra tu rostro, el golpe dolía, pero no como el golpe que lograste atinar a su estómago con las manoplas.
El mayor cayó sobre sus rodillas, tosiendo de manera estrepitosa y sujetándose el estómago.
Osomatsu se lanzó contra ti, sus manos eran rápidas como siempre, en un rápido movimiento habían tomado el cuchillo mariposa que ocultaba en alguna parte de su vestimenta.
A penas te dio tiempo de golpear su mano con la fuerza suficiente para desviar un poco su cuchillo que se dirigía a tu estómago, apretaste con fuerza los dientes cuando el cuchillo corto tu costado clavándose en tu incomodo traje negro.
Lograste desarmar al mayor arrojando el cuchillo lejos, pero Osomatsu no solo era bueno con los cuchillos, también lo era para derribar enemigos, incluso más grandes que él. (Técnica que aprendió después de muchos años practicando judo).
Tomo tu brazo y tu nuca, sentiste una de sus piernas patear las tuyas sacándote de balance y lo próximo que sentiste fue tu espalda golpear contra el suelo mojado. Un golpe que te dejo sin respiración. Osomatsu aprovecho la oportunidad, se posiciono sobre ti dando un puñetazo a tu rostro.
Estaba colérico.
—Así que al fin vienes a mi ¿Eh? ¡Gaijin! -gruño tratando de propinar otro golpe, pero esta vez fuiste capaz de detenerlo.
—Ya no soy un chico indefenso. -sujetaste con fuerza sus brazos impidiéndole que se moviera. —Y estoy listo para hacer, algo que debí hacer hace años. -impulsaste tu cuerpo hacia arriba sacando a Osomatsu de balance y con ayuda de tus piernas lo lanzaste hacia atrás.
Se escuchó un fuerte golpe y un grito de dolor proveniente de la garganta del mayor. Te giraste gateando por el suelo empapado con agua y sangre, tu costado dolía.
Lograste ponerte de pie en la orilla de la tumba, Osomatsu te lanzo una mirada furiosa, al parecer con la caída se había roto el tobillo. Le dedicaste una mirada fría.
—Dulces sueños, Osomatsu-niisan. -pateaste la barra que detenía la puerta de la caja funeraria.
—¿Qué demonios estás haciendo? -un grito aterrado de Osomatsu llego hasta tus oídos cuando tomando la pala empezaste a tirar la tierra suelta sobre el ataúd. —¡Karamatsu!
—Yo que tu no gritaría tanto, hay aire limitado allí. -la tierra se movía un poco allí donde Osomatsu golpeaba desde adentro.
—¡Karamatsu!
—Lo siento hermano, pero hay alguien que solo me ayudara cuando un familiar mío muera y lo necesito ahora. Desde luego, si tus subordinados logran sacarte a tiempo eso ya no es problema mío.
Con un poco más de esfuerzo terminaste de llenar la tumba con tierra pateaste la lápida con el nombre de Fukuyama.
Tenías algo importante que hacer.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
La herida en tu costado no era grave, aun si había sangrado demasiado. Tus dedos golpeaban el escritorio de tu oficina mientras tus ojos estaban clavados en la fotografía enmarcada que tenías para adornar.
Era una fotografía de la boda de Jyushi y Homura. La única que tenías donde Ichimatsu aparecía. Tus dedos acariciaron la imagen de tu pequeño amado, se veía tan lindo ese día.
—Ichimatsu. -susurraste su nombre antes de suspirar. Un pequeño golpeteo a la puerta te hizo dejar la fotografía. —Adelante.
La puerta se abrió despacio y tu amigo asomo la cabeza para decirte en tono serio.
—Ya está aquí.
Te levantaste de inmediato, acomodaste tu cabello mientras salías de la oficina. Acomodaste tu mejor traje y tu corbata, tenías que verte perfecto.
Tus subordinados esperaban formados, todos lo más presentables posibles, vistiendo elegantes trajes oscuros.
Tus pasos te llevaron hasta la entrada de tu casa, un automóvil blindado se detuvo y del bajo un hombre vestido enteramente de blanco. Con un sombrero con listón completando el conjunto. Todos hicieron una respetuosa reverencia como era costumbre en Japón al recibir a una persona importante y quien más importante que el capo de tutti capi.
—Ciao~ -te saludo con una sonrisa.
—Bienvenido, Don.
.
.
.
.
.
El pequeño de enigmáticos ojos aun no despierta.
Espero que les guste.
Saludos~
