Save my Soul.

Hola ¿Como estan?

Espero que muy bien, yo estoy un poco meh.

Estoy muy mal para escribir esto yo solo, así que mi hermana se ofreció a escribir algunas cosas, así que me disculpo por adelantado por el cambio de narración.

Espero que lo entiendan.

Antes que nada muchas gracias por sus comentarios. Me llenan de DETERMINACIÓN.

Gracias :Lanekopandicorniosauriolvl3mil, Nashira Trancy , LaV3nus6 , Gotti Calavera , AutorDesconocido, hitomi79 , xxaph-mexicoxx, Taty Hyuuga , Lizz972 , puru , Dia, MaryJezhuChan , Edmond, dannadagnel .

¡Muchas gracias!

Este capitulo es de verdad divertido, tiene muchas pistas sobre muchas cosas espero que las noten.

Si lloran favor de informarme que yo me alimento de su sufrimiento XD

les dejo el capitulo. Disfruten su lectura.


Save my soul.

XIV.

El lugar debería estar silencioso, después de todo era el lugar de descanso de muchas personas. Sin embargo, esa noche el ruido de una pala hacía eco en el lugar. Una y otra vez el metal duro se clavaba en la tierra fresca retirándola con apuro, ayudando a cavar un hueco que tan solo esa tarde había sido cubierto.

Había estado lloviendo más temprano, una de esas extrañas lluvias de invierno que iban acompañadas de agua nieve, la temperatura había disminuido tanto que parecía que la tierra húmeda se había solidificado. Aun así, la lluvia de hace unas horas no había borrado del todo las notorias manchas de sangre cerca de la lápida.

Un maltratado ramo de rosas rojas yacía abandonado a unos metros del mármol que indicaba el nombre del difunto.

Un suspiro cansado y la mujer que excavaba se detuvo. Solo segundos después otra le tendió la mano. Sus uñas pintadas de color rojo carmesís parecieron brillar con la luz de la lampara que alumbraba el lugar, cuando la primera mujer levanto la mirada se encontró con una sonrisa burlona en unos labios pintados de rojo.

—¿Es suficiente ejercicio para ti, Choroko? —Susurro la mujer de labios escarlata. Aun con la pala en manos la aludida se acomodó un mecho de su cabello oscuro de regreso al peinado algo que mantenía sobre su cabeza. Enderezo los lentes que llevaba puestos y que con el constante apalear se habían movido un poco de su sitio.

—C-cállate. —Gruñó la morena, entrecerrando con disgusto su mirada esmeralda sobre su acompañante. Dejando la pala a un lado tomo la mano de su compañera quien de inmediato la ayudo a salir del agujero lleno de barro.

—Tan malhumorada como siempre~ —Canturreo feliz, abrazando ligeramente la cintura de la morena una vez que ella estuvo en tierra firme. —¡Mi turno! —susurro quitándose el grueso saco de color rojo y envolviendo los hombros de la morena con él.

Se escucho un fuerte golpe cuando la mujer se dejó caer sobre el agujero fangoso y seguido de esto un quejido que parecía lejano, muy débil, apenas audible para ser escuchado en ese lugar tan silencioso.

Las miradas de las mujeres se cruzaron.

Segundos después los sonidos de la pala golpeando contra el suelo húmedo volvían a apoderarse del lugar.

Los ojos escarlatas de la mujer centellearon cuando algo solido golpeo contra la punta de la pala.

—Creo que encontré un tesoro. —Comentó con un tono meloso, dedicando a Choroko, su acompañante, una sonrisa de satisfacción que la morena no compartió. Antes bien, la morena parecía molesta de que su compañera se encontrara de pronto de mejor humor.

Le llevó un poco de esfuerzo, pero, aunque no lo pareciera la mujer de ojos carmesís era realmente fuerte. Haciendo uso de esa fuerza utilizo la pala como palanca hasta que algo debajo de sus pies se movió y empezó a abrirse lentamente, empujando el lodo hacia un lado.

Un sonido lastimero llegó hasta los oídos de la castaña, desde la tumba un hombre se abría paso con su cuerpo tembloroso. El hombre se apresuró a tomar aire una reparación agitada que trataba de llenar sus pulmones de oxígeno.

Se veía confundido, asustado y herido. Pero más que nada se veía aliviado de salir de un entierro en vida.

Cuando la mujer se acercó para ayudarle a salir de una vez del ataúd el hombre la abrazo con fuerza, aun un poco incrédulo, como si creyese que la mujer frente a él era una alucinación de una mente moribunda.

Pero no.

Ella de verdad estaba allí, pudo comprobarlo cuando sintió la calidez de su cuerpo, cuando su cabello castaño se pegó a su mejilla empapada en sudor, cuando hasta su nariz llegó el delicioso aroma de su perfume.

—Minnie…

—Calma cariño, estas a salvo ahora. —Aseguro la castaña devolviéndole el abrazo por unos segundos. —Vamos a salir de aquí.

Con ayuda de las dos mujeres lograron sacar al herido mafioso de la sepultura que llevaba el nombre de "Ichimatsu Fukuyama".

Una corta llamada y en menos de dos minutos un auto ya esperaba por los tres. Con el mafioso y la morena dentro del auto la mujer de ojos escarlata se tomó unos minutos antes de entrar. Puso el teléfono cerca de su oído mientras sus uñas golpeaban el mármol de la tumba recién abierta.

—Lo tengo, está a salvo. —Informo en un tono frio. —Él se encuentra bien, no te preocupes por ello, ladrón. Me encargare de regresarle el favor a Karamatsu. Deja todo en mis manos.

Después de colgar la llamada los ojos escarlatas encontraron el revolver que guardaba entre su ropa una sonrisa traviesa se dibuja en sus labios antes de volver a ponerse el teléfono cerca de la oreja.

—¿Karako? ¿Cómo me dijiste que se llama el hospital donde estás?

Un tiro de advertencia sería suficiente para iniciar la tormenta de nuevo.


[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]

Save my soul.

XIV .-Giallo.

[Jyushimatsu]

Recorres el pasillo a paso lento, no estas tan energético como siempre este día y es que es difícil mantenerte así cuando las cosas están tan mal.

Desde hace quien sabe cuánto tiempo tu esposa no te dirige la palabra, aunque no puedes asegurar que te odia ahora no está de buen humor para hacer las paces contigo.

Está bien, Homura ha pasado por mucho y entiendes que este agobiada, tú mismo lo estas también. Como te gustaría que las cosas volvieran a ser como antes del invierno, cuando tenías a una esposa amorosa y a un hijo huraño que eran los amores de tu vida.

Ahora, en este momento solo tenías tu trabajo y parte de ese trabajo era proteger y cuidar de tu jefe y amigo: Karamatsu.

El segundo hijo de los Matsuno estaba muy fuera de si mismo, volviéndose errático, violento y un total desastre. Lo que le había pasado a Ichimatsu le había afectado también, parecía que una parte de tu amigo había muerto cuando se enteró que el corazón de su prometido se había detenido.

Aun podías recordar claramente esos ojos azules, tan vacíos, tan fríos como el hielo. Ojos muertos iguales que los de tu esposa.

Y habías escuchado al mafioso llorar, gritar de dolor y romper todo a su paso, incluso habías llorado con él de puro dolor… Sabias como se sentía, lo entendías perfectamente. Karamatsu tenía un corazón demasiado bueno para estar en un mundo tan sucio.

Casi sentías pena por él, pero no había nada que pudieras hacer en ese momento excepto apoyarlo de todas las maneras que te fueran posibles. Aun si tu dolido corazón estaba fuera de tu pecho, acompañando siempre a tu dulce esposa que dormía en un lugar lejos de tus brazos.

Golpeaste la puerta ligeramente anunciando tu llegada, la ronca voz de tu amigo te contesto desde adentro con un simple "adelante". Giraste la perilla para entrar de inmediato.

Karamatsu yacía sentado en la cama, con la espalda encorvada, una de sus manos sujetaba unos papeles y la otra encendía un cigarrillo en sus labios. Matsuno tenía grandes ojeras, señal de que no había dormido desde hacía ya un tiempo, su rostro ahora más delgado mostraba también algunos hematomas muy vistosos al igual que el resto de su cuerpo.

Podías notarlo con facilidad ya que no llevaba puesto nada más que sus boxers.

—Buenos días, Karamatsu-niisan. —lo saludaste, tratando de darle un tono alegre a tu voz, pero como venía siendo desde hace un tiempo, tu voz salió plana, monótona.

—Buenos días, Jyushimatsu. —A diferencia de ti, Karamatsu si pudo obligarse a si mismo a sonreír. Te preguntabas cuál era su afán por hacer como si nada malo estuviera pasando aun cuando estaba delante de ti, eras su mano derecha, su mejor amigo. No había necesidad de que fingiera contigo, los dos estaban en la misma posición.

—¿Qué te paso? —Preguntaste intrigado por los moretones en la piel contraria.

—Una pelea con los italianos, supongo. —Respondió de inmediato, encogiéndose de hombros.

—Oh. ¿Estás bien?

—Me duele la espalda baja, pero creo que estoy bien…

—Bueno. —Asentiste ligeramente, era cierto que desde hace unos días el jefe estaba tratando con el Don de la mafia italiana, no lo habías visto en esos días, pero, ya que estaba tan tranquilo suponías que todo había salido bien. Pero por un segundo, una molesta idea hizo ruido en tu cabeza y ya que no eras muy bueno guardando tus tontos pensamientos para ti mismo decidiste compartir aquello con Karamatsu. —¿Te acostaste con el Don?

Karamatsu tocio de manera estrepitosa, algunos de los papeles que sostenía cayeron al suelo mientras trataba de levantar el cigarrillo que se había caído un momento antes de su boca, cuando había abierto la boca para quejarse.

—¿Qué? ¿Estás loco? No, que asco… —Se quejó el mayor, lanzándote una mirada de desagrado. Al menos por su mueca de asco te parecía que no mentía.

—¿Entonces porque te duele la espalda baja? —Preguntaste cruzando los brazos.

—¡Porque me apuñalaron! —Respondió de inmediato señalando los notorios vendajes alrededor de su cuerpo. Oh, habías olvidado esa herida.

—Pero no te gusta ese tipo ¿o sí? —Si las miradas mataran la de Karamatsu te hubiera asesinado en ese momento, parecía ofendido, asqueado y encabronado. Pocas veces podías verlo siendo tan expresivo.

—Es tan viejo que podría ser mi abuelo. Así que no, no me gusta. Sabes que yo siempre amare solo a Ichimatsu. —Gruñó, pero al nombrar al menor su voz se había suavizado un poco.

—Cierto. —asentiste con una pequeña sonrisa. —¿Llegaste a un buen acuerdo con el gran jefe?

—Sí, logré conseguir algo bueno.

—¿Y que te pidió a cambio? —Preguntaste curioso, aun cuando la relación con los italianos era "amistosa" sabias bien que no hacían las cosas sin esperar algo a cambio. Sobre todo, después de lo ocurrido con los herederos Barticchioto, antes te sorprendía que después de perder a dos de sus hijos por cosas relacionadas con los Matsuno el patriarca italiano siguiera ofreciendo su ayuda a Karamatsu.

Suponías que los dos tenían un enemigo en común después de todo y ese enemigo era Tougou.

—No puedo decirte. —Respondió Karamatsu, dando una mirada nostálgica a un anillo azul que descansaba en su dedo anular. —No por ahora al menos.

—¿Es algo malo?

—Creo que de algún modo lo es, pero, puedo decirte desde ahora que lo que hice, lo hice pensando solamente en Ichimatsu. —Esa mirada distante en los ojos de tu amigo no podía significar nada bueno. Lo observarse con más cuidado, su cabello negro se pegaba a su rostro por el sudor, su pecho subía y bajaba en movimientos agitados y erráticos. Y a momentos sus ojos parecían perderse y vaciarse.

—¿Karamatsu? ¿Estás bien? —Preocupado te acercarse al jefe, justo en el momento en el que él llevaba una mano a su espalda.

—Jyushimatsu… —Pronunció tu nombre con una pequeña risa, mientras tú con los ojos bien abiertos mirabas la mano del mayor cubierta de rojo. —No me siento muy bien.

Y dicho esto su sonrisa se borró antes de caer inconsistente hacia adelante, por suerte te habías acercado justo a tiempo para evitar que se golpeara al caer contra el suelo. Con esfuerzo lograste sostenerlo, Karamatsu ardía en fiebre y su herida se había abierto.

Tenías que hacer que lo atendieran de inmediato.


[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]


.

.

.

Los tacones de aguja golpeaban ligeramente contra el suelo blanco con cada paso que la mujer daba. Su cabello castaño se movía grácilmente con cada pequeño movimiento de su cabeza.

Entregando sonrisas amistosas la muerte iba vestida de un ángel blanco.

Sus labios pintados de escarlata le hacían resaltar entre todas las otras enfermeras que a su lado parecían tener un aspecto más descuidado, desde luego esto era porque aquellas mujeres ayudaban a preservar la vida, en cambio la castaña ayudaba a que fuesen más cortas.

Caminando a paso firme y seguro, como si conociera el lugar perfectamente, como la palma de su mano.

Sus ojos escarlatas centellearon cuando encontraron la placa en la habitación 36.

"Fukuyama Ichimatsu "

No pudo evitar que su sonrisa se hiciera aún más grande, sus dedos inquietos se cerraron alrededor del picaporte. En un segundo la puerta de la habitación estaba abierta y un revólver apuntaba a la cama desde la diestra de la enfermera.

Osoko parpadeo confundida, la sonrisa disminuyó un poco pero no abandonó sus labios. Ocultó la pistola en su uniforme cuando escuchó pasos que se acercaban por el pasillo y dio un paso hacia atrás mirando de nuevo el nombre en la placa.

No, no se había equivocado de habitación.

La castaña volteo el rostro hacía la persona que caminaba por el pasillo y cuyos pasos había escuchado antes.

—¿El joven de esta habitación?

—¿No te enteraste? —La enfermera le miró con una mueca de confusión. —El joven Fukuyama murió.

—Oh. —Osoko parecía decepcionada, había ido a ese lugar con el único objetivo de dispararle a alguien, pero ese alguien ahora estaba muerto y sus planes se habían arruinado. —Como odio cuando me quitan la diversión.

Gruñó la castaña mientras se quitaba la cofia de la cabeza, la verdadera enfermera le dedicó una mirada recelosa. Aunque le había tomado un momento ahora se daba cuenta de que a aquella mujer de ojos escarlata no la había visto nunca por los pasillos del hospital.

—No te había visto por cuidados intensivos antes. ¿Eres nueva? —preguntó la enfermera, curiosa y temerosa a partes iguales.

La mujer de mirada escarlata soltó una pequeña carcajada, su cara relajada la hacía ver como una niña cuando se portaba de manera tan risueña.

—Bueno, una bala es una bala. —susurró apuntando el cañón de su revólver a la frente de la enfermera. La trabajadora se quedó pasmada, asustada por tener un arma apuntándole a la cabeza. Iba a rogar por su vida, iba a suplicar que no le hiciera daño, que tenía un esposo y dos hijos que la esperaban en casa.

Pero no tuvo tiempo.

Osoko tiró del gatillo con la misma facilidad con la que se presionaba el botón de apagado en el control de un televisor. Y de igual manera, como una imagen desapareciendo de la pantalla súbitamente los ojos de la enfermera perdieron la luz mientras su cuerpo se retorcía en convulsiones.

Los tacones de aguja golpeaban contra el suelo mientras el ángel de la muerte se alejaba, tarareando una alegre canción.

.

.

.

[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]

Mientras Karamatsu era atendido te tomaste un momento a solas para salir a fumar un cigarrillo. No solías fumas con frecuencia, era una de esas cosas que solo hacías cuando estabas frustrado y justo en ese momento lo estabas.

Estar en ese lugar tan tranquilo, con el aire frio golpeando tu rostro, era de alguna forma "relajante". Recorriste tu cansada mirada por el lugar, el verde se apoderaba rápidamente de los árboles que adornaban los alrededores del hospital, era una señal clara de que la primavera se acercaba a pasos agigantados.

A penas podías creer que ya estaban en febrero. Un mes había pasado dolorosamente lento, pero ahora viendo en retrospectiva parecía algo tan lejano y brumoso. Desde año nuevo que te parecía de esa forma. Todo había sido un caos desde lo que paso con Ichimatsu y ahora justo en ese momento todo parecía de nuevo tranquilo, incluso podías estar solo allí fumando y recordando el pasado.

Cuando eras un jovencito ingenuo que conocía a su primer amigo.


{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}


—¡Mi nombre es Jyushi! —Te presentaste de manera energética, levantando el brazo como solías hacerlo en la escuela para pedir la palabra. —Mi nombre familiar es Ono, pero prefiero que me llames solo Jyushi. ¿Ok? ¡Llevémonos bien!

Y dicho esto tomaste la mano del chico de ojos azules y la agitaste de manera energética. Él le dedico una mirada de confusión a su entrenador, el señor Barticchioto y después te miro dedicándote una pequeña sonrisa.

—Mucho gusto Jyushi, mi nombre es Karamatsu. —Se presentó de forma cortes, su voz era fuerte, contrastando un poco con ese aspecto debilucho que tenía.

—¡Hablas gracioso! ¿De dónde eres?

—Mm… viví en estados unidos, pero soy japonés. —Cuando mostraste una exagerada mueca de sorpresa no pudiste evitar notar como Karamatsu se encogía ligeramente de hombros, era como si esperara algo malo venir de ti.

—¡Ahora sé quién me ayudara en mis exámenes de ingles! —Karamatsu te mostro una mueca de confusión antes de reír, parecía que no se esperaba algo así.

Los días pasaron rápidamente, era más divertido desde que conocías a Karamatsu. Aunque al principio solo se veían durante los entrenamientos, pues, aunque no lo aparentara él era unos años mayor que tú y fue todo un caos hacer coincidir sus horarios fuera de clase.

Pero, aun así, aunque fuese difícil con todo gusto salías corriendo con tal de pasar algo de tiempo con tu mejor amigo. Y su amistad iba viento en popa, lo veías todos los días y le ayudabas a alimentar al gato que mantenía oculto en el callejón, seguían la misma rutina siempre, al menos hasta que un día Karamatsu no llegó al entrenamiento y más tarde te enteraste de que había sido atacado.

Nunca habías pasado tanto tiempo en el hospital, al menos no desde que tu madre había enfermado años antes. De algún modo terminaste odiando esa clase de lugares, pues había sido justo en un lugar como ese donde habías visto a tu madre apagarse día a día. A pesar de que en ese entonces eras aun pequeño recordabas algunas cosas con claridad, la leyenda de las mil grullas, por ejemplo, tu madre te la había contado con voz débil mientras la acompañabas en su quimio, pero incluso en ese momento no fuiste capaz de hacer mil grullas para pedir que se salvara.

¿Podrías hacerlas para salvar a Karamatsu?

Dobles, tras dobles, tras dobles. Una y otra vez formando un conocido patrón. Aunque la habitación de tu mejor amigo se llenó de inmediato de estas coloridas aves, no sabías si sería suficiente.

Karamatsu yacía en aquella cama, con una máquina que marcaba sus latidos, unos tubos que le proporcionaban oxígeno y una intravenosa que goteaba lentamente aquel suero en las venas del moreno. Según habías escuchado habían logrado salvarlo de milagro, pero aún no sabían cuando iba a despertar.

A ti te gustaba pensar que lo haría pronto, por esa razón siempre estabas listo para sonreír y decirle "Bienvenido a casa, Karamatsu". Pero los días pasaban y las cosas continuaban igual. Y no podías hacer nada más que permanecer silencioso a su lado, en esa fría habitación de hospital.

—Jyushi-kun, por favor ve a casa a descansar. —No pudiste evitar dar un pequeño salto, sorprendido por escuchar de pronto la voz del padre de tu amigo allí. —Vamos, tu padre y tu hermana deben estar preocupados.

—Ah. —Asentiste ligeramente, aun renuente a moverte de esa silla. Estiraste la mano hacia la mesita a un lado de la cama, buscando otra hoja de papel para hacer otra grulla, pero no encontraste nada. Fue entonces que miraste el suelo debajo de ti. —¡Lo siento, limpiare esto de inmediato!

Te apresuraste a tratar de levantar el montón de grullas de papel, pero eran demasiadas, además cuando lo intentaste el padre de Karamatsu te detuvo.

—Está bien, las guardare por ti. —Te dedico una pequeña sonrisa antes de mirar a su alrededor. —Aprecio mucho lo que estás haciendo.

—No sé si pueda hacer mil, incluso ni no duermo yo… —El hombre negó ligeramente. Te dedico una pequeña sonrisa mientras acariciaba tu cabeza, ahora sabias de donde había heredado ese gesto Karamatsu.

—Aun así, cada una simboliza tus sentimientos por mi hijo. Estoy seguro de que pronto, tus sentimientos alcanzaran a Karamatsu y el despertara. Pero conociéndolo estoy seguro de que se pondrá triste si te encuentra así como estas ahora.

—… —Miraste tus manos, como si solo en ese momento hubieras notado que habías perdido demasiado peso. ¿Hace cuánto que no ibas a los entrenamientos? ¿Hace cuando que no dormías lo suficiente? El señor Matsuzo ya estaba demasiado preocupado por su hijo como para que le dieras más problemas. —Lo siento.

—No te disculpes. Está bien, de verdad. Gracias por hacerle compañía a mi hijo, pero ahora quiero que regreses a tu casa. No tienes que preocuparte, voy a cuidarlo bien. —Aseguro el hombre con una sonrisa. Te recordaba un poco a Karamatsu, incluso el color de sus ojos era parecido.

—Me iré entonces. —dejaste un rápido beso en la mejilla de tu amigo antes de caminar hacia la puerta.

—Y sobre esto. —Matsuzo señalo una de las grullas dispersas por la habitación. —No tienes que hacerlo todo tu solo. ¡Te ayudare! —Levanto el pulgar y te dedico un guiño. —Entre los dos podemos hacer un milagro.

Ah. Ya sabias de donde había heredado Karamatsu su genialidad.

Mientras regresabas a casa te encontraste a Choromatsu, el tercer hijo, de camino a la habitación de tu amigo. Aunque lo saludaste por mera formalidad él no te regreso el saludo, antes te lanzo una mirada de desdén antes de desaparecer por el pasillo.

Ese tipo nunca te dio buena espina.

{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}

—¿Cómo sigue mi futuro esposo? —La pregunta te hizo levantar la mirada del plato de arroz que sostenías. Tu hermana menor te veía atenta, inclinada sobre la mesa.

—¿Karamatsu?

—¡Obviamente! ¿Quién si no él? —Pregunto risueña, no estabas seguro si se había sonrojado, pues con el maquillaje que llevaba puesto era difícil saberlo.

Desde hace unos meses que Jyushiko, tu adorable hermana menor, había adoptado una moda por demás extraña. Su largo cabello negro había sido decolorado y después teñido de un llamativo rubio artificial, su pálida piel estaba ahora bronceada de manera artificial con un extraño color que la hacía verse un poco extraña. Claro, ella seguía siendo muy guapa, solo que ahora era un poco extravagante.

Al menos sus ojos color ámbar como los tuyos seguían siendo los que recordabas de esa dulce niña que solía llamarte "Oniichan".

—Aun no despierta.

—Ya verás que lo hará pronto. Tiene que sobrevivir y casarse conmigo. —Comento con una pequeña risilla, no sabías en que momento tu hermana había quedado flechada de tu amigo, pero parecía que iba muy enserio.

Al menos Jyushiko, ya que Karamatsu no se mostraba interesado en nadie que no fuese su hermano menor. Quizás todos los hermanos menores eran extraños.

Y hablando de hermanos menores.

—Creo que el hermano de Karamatsu es malo. —Algo que tenía que quedarse en tu cabeza salió de tus labios, Jyushiko enarco una ceja.

—¡Pues claro que es malo, lo apuñalo!

—No…No hablo de Osomatsu. Hay algo extraño con Choromatsu, después de pensar en todo lo que Karamatsu me conto y juntando lo que los empleados dicen de él. Pareciera que es él quien mueve los hilos. —Cuando Jyushiko te dedico una mirada de confusión entendiste que estabas especulando demasiado. —No me hagas caso, estoy demasiado cansado. Iré a dormir.

No abandonaste esa idea nunca.

{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}

—Jyushi-kun, te dije que lo cuidaría. —La amable voz del padre de Karamatsu llego tranquila hasta tus oídos, tus tembloroso ojos ámbar iban desde la mano vendada del señor Matsuzo a tu amigo que parecía verse aún más pálido que antes.

Según te habían dicho alguien ataco al inconsciente Karamatsu, de nuevo un cuchillo le había herido la cadera derecha. Por suerte su padre que solo había salido unos minutos por un café regreso justo a tiempo para detener al agresor, aunque en el proceso había terminado herido también no parecía tener problemas con ello.

Pero lo que más te inquietaba de la historia era que, cuando se produjo el ataque, supuestamente era Choromatsu quien se encontraba de visita. No podías dejar de pensar que el había dejado entrar al demonio de ojos escarlata al que conocías como Osomatsu.

Una razón más para no dejar de nuevo a tu amigo.

Sus hermanos eran unos traidores.

{}-{}-{}-{} {}-{}-{}-{} {}-{}-{}-{}

Decidiste que no volverías a alejarte de la habitación de Karamatsu, ibas a estar a su lado hasta que despertara. Por suerte ese día no tardó mucho en llegar. Dos semanas después del segundo ataque tu amigo por fin despertó.

Pero aquella frase que ansiabas tanto por decirle te fue arrebatada cuando, Choromatsu no te dejo ver a Karamatsu. Sin previo aviso y con órdenes del tercer hijo, tu amigo fue trasladado a un hospital diferente.

Aun con temor de parecer un loco, le pediste al señor Matsuzo que cuidara muy bien de Karamatsu, sobre todo que lo cuidara de Choromatsu. El hombre te dedico una mirada de confidencialidad, parecía que, al igual que tú él tenía sus sospechas.

—Cuidare bien de nuestro Karamatsu. —Aseguro, pero la sonrisa que te dedico menguo por unos segundos. —Pero, si me pasa algo… promete que tú lo cuidaras por mí.

—Lo prometo.

Y no pudiste ver de nuevo a Karamatsu hasta que otro fúnebre día llego.

Ese día te pusiste tu incomodo traje negro, incluso Jyushiko que normalmente vestía de colores cálidos cambio su vestimenta a un color negro para acompañarte. No sabias exactamente como había ocurrido, lo único que estaba en tu cabeza era el consolar a Karamatsu por su perdida.

Ese día de invierno empezó a llover a mitad del funeral, te pareció que tu corazón se desgarro en dos cuando Karamatsu a mitad del funeral empezó a llorar desconsoladamente, tratando con desesperación desenterrar el ataúd con sus propias manos. Aun cuando empezó a sangrar nadie se acercó para detenerlo, al menos no hasta que lo hiciste tú.

—¡Karamatsu, por favor detente! —Con fuerza te aferraste a tu amigo en un abrazo, uno que duro hasta que este te empujo reteniéndote con violencia contra el suelo. Él nunca te había dedicado unos ojos tan fríos como en ese momento, cuando sus manos presionaban con fuerza tu cuello.

—Tú… maldito traidor. ¡Te haces llamar mi amigo y me abandonaste todo este tiempo! De no ser por Choromatsu, si él no hubiera estado conmigo cada día en el hospital… —Karamatsu cayó sobre ti desmayado. Tosiste estrepitosamente mientras los hombres por fin se acercaban para llevarse a su jefe. Solo uno de ellos se acercó para asegurarse de que tu estuvieras bien.

—¿Te hiciste daño? Jyushi. —Era el señor Barticchioto.

Con ropa seca y una taza de chocolate caliente entre las manos, te dedicaste a ver la casa de tu entrenador. Jyushiko a tu lado parecía preocupada por las marcas rojas en tu cuello. Esa fue una de las pocas veces que te volvió a llamar "Oniichan", era algo tierno de su parte.

Te llevo un momento entenderlo, pero al final lo hiciste. Karamatsu estaba molesto contigo porque pensaba que lo habías abandonado y todo eso era gracias a Choromatsu. ¿Qué clase de cosas le había hecho creer?

Fue en ese momento, mientras hablabas con el señor Dominique, que te diste cuenta de que no eras el único que dudaba de Choromatsu, el castaño y algunos otros hombres al servicio de Karamatsu dudaban de la lealtad del tercer hijo. Desde luego ellos estaban siendo precavidos y planeaban encontrar pruebas antes de encarar al menor de los Matsuno.

Si querías ser de ayuda, tenías que ser precavido, inteligente y, sobre todo, fuerte.

{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}-{}

Te llevo algo de tiempo volver a ganar la amistad y confianza de Karamatsu, pero fue más difícil tratar de llevarte bien con Choromatsu. Hacer como que no lo detestabas por lo que estaba haciendo.

Siempre eras optimista y alegre así que era fácil ocultar tus verdaderos sentimientos con una sonrisa encantadora. Aun si no te gustaba para nada la manera en la que los hermanos se comportaban.

Era algo extraño, pero a veces te parecía que se comportaban más como dos amantes que como dos hermanos. Desde luego sabias que Karamatsu estaba cegado por el amor que le tenía a Choromatsu "su única familia", y que por ello a veces caía en chantajes emocionales del tercer hermano.

Y aunque te desagradara no podías decir nada, aun eras muy joven para interferir en esos asuntos, ibas a tener que dejarlo en manos del señor Barticchioto y los hombres de confianza de tu amigo.

Casi te sentiste aliviado cuando te enteraste de que Osomatsu se había llevado a Choromatsu y que lo mantenía cautivo en un lugar misterioso, pero ver la determinación con la que Karamatsu buscaba ayudarlo te hacía sentirte como un mal amigo. Las cosas siguieron de esa manera hasta que, un día Choromatsu regreso al cuidado de Karamatsu.

Pero todos aquellos que al igual que tu dudaban de él, no lo hicieron. Al principio no entendiste muy bien lo que había pasado porque Karamatsu se mostraba renuente a hablar. Y fue hasta que Choromatsu lo abandono para regresar con Osomatsu que tu amigo se derrumbó y el único que estaba para sostenerlo eras tú.

—Yo los mate… —Confesó, se veía mortificado, arrepentido. —Con mis propias manos, a los hombres que juraron protegerme. ¿Qué clase de jefe les hace daño a sus propios subordinados?

—Karamatsu-niisan. Aunque sea difícil vas a tener que vivir con esto, vas a tener que cargar con tu decisión para siempre, pero aun así yo siempre estaré de tu lado. ¿Está bien? —Cuando le dedicaste tu mejor sonrisa él se aferró a ti con fuerza.

Cuando Choromatsu se suicidó meses después, pensaste que todo se calmaría. Pero las cosas empeoraron con un errático Osomatsu atacando constantemente y junto a él, un hombre que provocaría tus peores pesadillas cinco años después.


[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]


.

.

.

No sabias exactamente que era lo que había salido mal, solo que de pronto estaban rodeados de enemigos. Tu equipo y tu fueron capturados por el hombre más vil y despreciable que existía.

Tougou.

En ese momento no sabías el alcance de la maldad y sadismo de ese hombre de gran sonrisa, pero en las semanas posteriores de tu cautiverio lo averiguaste.

Estabas en una habitación con poca luz, atado a una silla de metal grueso y resistente. Cuando habías tratado de escapar solo habías logrado que el hombre te castigara rompiéndote una pierna. El dolor te había desmayado, pero ahora te mantenían semi consiente con una dosis de analgésicos.

No sabias cuanto tiempo llevabas en ese lugar cuando Tougou se presentó frente a ti. "Mi nombre es Tougou, es un placer conocerte. Sé que nos vamos a divertir mucho"

Su versión de diversión consistía en usar una pistola electrica contra ti cada vez que tratabas de gritar por ayuda, según sus palabras, la manera más efectiva para entrenar a un perro era a través del dolor.

La tortura no terminaba con eso, el segundo nivel se trataba en poner a un compañero frente a ti. Te obligaban a verlo mientras lo golpeaban, lo quemaban, le rompían cada uno de los huesos.

—¡Detente por favor! —Cada vez que suplicabas, cada vez que tu boca emitía un sonido la tortura se concentraba de nuevo en ti, te inmovilizaban con la pistola de electrochoques dejándote lo suficiente consiente para ver morir a tu compañero de la forma más cruel posible, delante de tus ojos, sin que pudieras hacer nada por él.

—Esto seguirá pasando si el maldito perro no deja de ladrar. ¿Entiendes?

Después de cada muerte Tougou te repetía esa frase, tratándote como nada más que un perro para entrenar. Haciéndote responsable de todas y cada una de las muertes, porque tu voz seguía saliendo, porque tu garganta seguía emitiendo sonidos angustiosos cada vez que le hacían algún daño a la persona frente a ti.

El dolor, los recuerdos, la culpa no te dejaban descansar ni un segundo. Pero no fue hasta que una cirugía improvisada por parte de Tougou te mantuvo callado por un tiempo.

—¿Sabes? Siempre quise ser un doctor, pero claro, la escuela de medicina clasificaba mis métodos muy poco ortodoxos. Así que di lo mejor de mí para entrenar perros, soy muy bueno en eso. De verdad.

Estabas semiconsciente de lo que estaba pasando mientras con facilidad, Tougou abría un hueco en tu garganta.

—Siempre quise hacer una traqueotomía. Son tan divertidas. Cortar la garganta con un propósito y no solamente por el placer de ver a alguien desangrarse.

Siempre te asqueo la manera alegre con la que decía aquello.

Días oscuros vinieron después de eso. No podías emitir ningún sonido y no sabías si era debido a lo que tenías en la garganta o al daño psicológico que te habían ocasionado. El que te hicieran creer que cada vez que emitías un sonido alguien sufría por tu culpa era demasiada carga para ti, te mantenía inquieto, temeroso y fuera de ti.

Era como si de pronto no fueses más que un cascaron vacío de lo que alguna vez fuiste. No podías decir que no sentías nada cuando una nueva víctima era puesta delante de ti. Cuando Tougou trataba de hacerte gritar por medio de torturas y al no conseguirlo otro compañero moría delante de tus ojos.

Aquellos ojos vacíos estarían siempre en tu cabeza. Siempre te atormentarían en tus pesadillas.

Pero mucho más lo harían aquellos ojos color ámbar que te veían con miedo.

Aun después de todos los años que habían pasado, de vez en cuando Karamatsu te veía con esa mirada de arrepentimiento, una mirada que parecía pedirte una disculpa silenciosa por haber tardado tanto en recatarte de ese infierno. Pero más que nada parecía que te pedían disculpas por lo que le había pasado a Jyushiko debido a esa tardanza.

Sabías que Karamatsu no tenía la culpa, que incluso si hubiera llegado tan solo unos minutos antes nada hubiera cambiado. Sentías que el resultado iba a ser el mismo, porque quien controlaba las cosas en ese lugar, en ese momento era un demonio en persona.

Ese día, el último día de tu cautiverio Tougou tenía preparado algo para ti. Antes había comentado que había hecho un gran trabajo entrenándote para que no fueras un perro escandaloso, pero eso también había hecho que te volvieras aburrido.

—¿Sabes? No es excitante matar a personas delante de ti si no vas a reaccionar. —Cuando se acercó a ti y miraste el reflejo de tus ojos vacíos en los suyos no los reconociste, estabas seguro de que poco quedaba del tú que había llegado a ese lugar. — Así que estuve pensando mucho y se me ocurrió una idea genial. Eres un niño ¿no? Estoy seguro de que te justan los juegos.

Tougou mostro una enorme sonrisa de dientes afilados antes de que su largo dedo índice señalara tu cuello.

—…

—Aun puedes hablar con esa cosa, estoy casi seguro. Entonces hagamos un último test. —De la oscuridad atrajo una silla de ofician sobre la cual una persona estaba sentada, no podías saber quién era porque una manta blanca cubría su cuerpo. —A este último individuo lo dejare ir con vida… Si me pides que lo deje.

Tougou te mostro una sonrisa burlona mientras de un rápido movimiento retiraba la sábana blanca, dejándote ver a la persona frente a ti. Tus ojos ambarinos se abrieron como platos por la sorpresa, un sudor frio comenzó a recorrer tu cuerpo, mientras tu cuerpo permanecía inmóvil.

Era Jyushiko, tu hermanita.

La menor pestañeo ligeramente, moviendo sus largas pestañas negras y abriendo poco a poco esos ojos color ámbar que eran iguales a los tuyos. Su cabello rubio estaba peinado en una coleta alta, dejando el fleco suelto que caía sobre la frente y pómulos de tu hermanita. Llevaba puesto su uniforme de secundaria, camisa blanca y una falta a cuadros de color azul marino.

—Buenos días princesa. —La saludo Tougou, la menor le dedico una mirada confundida antes de voltear el rostro hacia dónde estabas.

—O…Oniichan. —Sus ojos se llevaron de lágrimas de inmediato, parecía feliz de verte vivo, pero también parecía asustada y preocupada. —¡Oniichan! —Hizo el intento de levantarse para llegar hasta ti, pero estaba atada a la silla.

—¿Y bien? ¿Vas a hacerlo o no? —Preguntó Tougou.

—¿Hacer que? —Preguntó aterrada Jyushiko.

—¡…! —boqueaste, con desesperación trataste de decir algo pero nada salía de tu garganta, ni siquiera un ruido angustioso que demostrara lo aterrado que estabas en ese momento.

Tougou te miraba, mostrándose impaciente.

—Creo que necesitas un incentivo. —Y dicho esto, lo viste sujetar con fuerza el cabello de Jyushiko tirando de él hacia tras, la rubia soltó un alarido y aunque tu sangre hirvió de rabia e impotencia en ese momento la siguiente acción del hombre hizo que tu cuerpo se helada de nuevo. Cuando Tougou puso el filo de un cuchillo contra el expuesto cuello de tu hermana menor.

Se formo un silencio sepulcral en aquella bodega, antes de que la burlona voz rompiera el silencio.

—Voy a contar hasta tres y si no me suplicas por ella, voy a cortarle el cuello ahora mismo. Uno…

—¡Onichan!

—¡…! —De nuevo boqueaste tratando de producir algún sonido, pero no importaba cuanto te esforzaras, no importaba que tanto doliera nada salía de tu garganta. Comenzaste a retorcerte buscando liberarte de tus ataduras, si no podías decir nada al menos tenías que salvarla con tus propias manos.

—Dos… —Te retorciste con más fuerza, incluso te pareció escuchar que algo se rompió, la silla en la que estabas cayó al suelo contigo al frente, aunque tu cuerpo golpeo contra el pavimento de dejaste de retorcerte, tu hermana seguía llamándote. "Oniichan" Y justo cuando lograste liberarte de las ataduras y levantaste la cabeza hacia la rubia…

—Tres. —Un rápido movimiento del Tougou y de inmediato la sangre comenzó a salir a borbotones.

Tuviste los segundos suficientes para ver la sonrisa de satisfacción en los labios del criminal, antes de que Karamatsu y sus hombres entraran para ayudarte.

Lo que paso después de eso aún está un poco confuso, quizás por el shock o algo más. Lo único que recueras de forma vívida eran tus manos tratando de cubrir la herida en el cuello de Jyushiko y sus ojos color ámbar viéndote asustados, como pidiéndote que le aseguraras que todo iba a estar bien.

Pero aun en ese momento no pudiste decir ni una sola palabra.


[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]


.

.

.

—¿Jyushi? ¿Cariño? —La suave voz de Homura te trae de regreso a la realidad. Hoy lleva su cabello castaño suelto y se agita con el viento frio.

—Que hermosa eres… —Susurras mirando embelesado a tu esposa, ella parpadea sorprendida un par de veces antes de reír a carcajadas.

La observas mientras ríe, porque te encanta, porque amas hacerlo y admirar cada parte de tu hermosa parte, cada acción, cada gesto. Incluso aun medio dormido notas que lleva unas flores con ella y que hay un vendaje en su mano que definitivamente no estaba allí la última vez que la viste. (Que había sido unas horas antes cuando le pediste cuidar a Karamatsu)

—¿Qué te paso? —Preguntaste curioso.

—¿Esto? Oh, pues bueno. Despertó de pronto, mirándome como si no me conociera, cuando trato de saltar por la ventana tuve que detenerle, así que me mordió. Pero estaré bien, ¡Tu esposa es fuerte! —Homura te conto rápidamente, sin borrar esa encantadora sonrisa que tanto te gustaba. Asentiste comprensivo.

—Los viejos hábitos son difíciles de quitar, siempre alerta pensando que vas a atacarlo cuando esta desprevenido.

—Lo sé. Me asuste un poco… —La viste rascarse la mejilla un poco apenada por admitir eso último. Tomaste sus manos besándole los nudillos con cariño, antes de pasar a su rostro dejando pequeños besos en todas partes. En sus mejillas, en su frente, delineando el camino de pequeñas pecas en su rostro antes de besarle en los labios.

La castaña correspondió el beso, acercando más su delgado cuerpo al tuyo, olvidándose un momento de las flores que llevaba con ella, dejando sus manos libres para hundirlas en tu cabello. Atrapándote en un cálido abrazado que alejaba todos los malos recuerdos.

Aun cuando sus labios se separaron tus brazos no querían dejarla ir, los ojos castaños de tu esposa parecían un poco tristes de pronto y no tuviste que preguntar que sucedía cuando ella hablo.

—Jyushi… si nuestro bebé no hubiera muerto…

—Shh… no pienses en ello. —La interrumpiste de inmediato. —Porque si hablamos de ello me pondré a llorar y tu lloraras porque yo estoy llorando y los dos seremos unos llorones. E Ichimatsu que está arriba se enojara con nosotros.

—Mm… —Homura hizo un pequeño puchero. Nombrar a Ichimatsu era una batalla ganada contra ella así que sabias que dejaría el tema en paz.

—Creo que estoy parado sobre tus flores.

—¡Oh no! ¡Son para Jyushiko! —Homura se agacho de inmediato para toma las flores, se habían maltratado un poco pero aún seguían estando hermosas. —¿Me acompañas a llevárselas?

—Claro.

Tomando la firme mano de tu esposa, te encaminaste a paso lento hacia donde estaba Jyushiko. Había pasado años y aun así no te atrevías a ir solo, te sentías culpable y temeroso. Pero teniendo a Homura a tu lado todo era más fácil.

La castaña abrió la puerta dándote paso a una amplia habitación de color blanco, adornada con papeles coloridos representando la festividad más próxima. La habitación tenía una gran ventana que proporcionaba de luz suficiente para que las plantas y las flores en la habitación pudieran mantenerse hermosas. Había un pequeño sillón en el que solías sentarte por horas cuando estabas de visita y a un lado una cama rodeada de aparatos médicos.

Y sobre la cama, con el cabello negro y largo, con la piel pálida y con el cuerpo delgado y pequeño se encontraba tu hermana. Aun había historia después de lo que paso con Tougou, aunque los doctores habían logrado salvarla meses después un hombre del despreciable criminal fue enviado al hospital para acabar con los sobrevivientes.

Aunque los hombres de Karamatsu lograron neutralizarlo antes de que te hiciera algo, no pudieron evitar que le disparara en la cabeza a tu inconsciente hermana.

Desde entonces ella estaba así, no importaba que dijeran los doctores tanto Homura, Karamatsu y tú aun mantenían la esperanza de que ella despertaría. Pero de eso habían pasado casi cinco años y aun no había respuesta.

No perderías la esperanza.

Era por ella que no podías estar lejos por mucho tiempo, que no habían aceptado ir de luna de miel a Italia. Porque no querías estar alejado mucho tiempo.

—¿Crees que le gustarían a Jyushiko-chan? —Pregunto Homura después de acomodar los girasoles un florero cerca de la cama de tu hermana.

—Creo que a ella le encantarían.

Gracias a Jyushiko y a Karamatsu habían aprendido que los cobardes atacaban de nuevo cuando las personas estaban indefensas y heridas.

[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]

Después de la visita a tu hermana te encaminaste a la habitación donde se encontraba Karamatsu.

Según habías escuchado por Totty la herida del jefe había sido tratada de nuevo y ahora debía encontrarse descansando.

Desde luego cuando entraste a la habitación Karamatsu no estaba durmiendo, se encontraba sentado a la orilla de la cama, con una guitarra entre manos tocando muy bajito. Decidiste no interrumpirlo mientras su ronca voz cantaba bajito.

Bésame, bésame mucho,

Each time I cling to your kiss, I hear music divine,

Bésame mucho,

Hold me my darling and say that you'll always be mine.

This joy is something new, my arms enfolding you,

Never knew this thrill before.

Whoever thought

I'll be holding you close to me,

Whispering it's you I adore.

Dearest one, if you should leave me,

Each little dream would take wing and my life would be through,

Bésame mucho,

love me forever and make all my dreams come true…

Karamatsu dio un largo suspiro al terminar de cantar, te permitiste juntas tus palmas, aplaudiendo la interpretación de tu amigo. Siempre y te había gustado la voz de Karamatsu al cantar y estabas seguro de que no eras el único.

—Gracias, gracias. —el hombre de ojos azules hizo una pequeña reverencia antes de quejarse por el dolor de su espalda.

—Es bueno ver que te encuentras bien, jefe.

—Estoy lo mejor que puedo. ¿Totty te dijo algo sobre los italianos?

—Solo que el Don espera tener de nuevo tu grata compañía. Parece que de verdad le gustas a los italianos. ¿Estás seguro de que no te acostaste con él?

—¡No lo hice! —Gruñó de inmediato Karamatsu. Llevo su diestra hasta su cabello acomodándolo hacia atrás. —Tantos años haciendo negocios con los italianos y te juro que a veces no los entiendo. Sono pazzi questi italiani.

—Parece que te hacen enojar un poco…

—Estas en lo correcto Jyushi, sobre todo por esa ridícula manera de llamarme. Solo con escuchar al Don decirme así hace que me enoje. ¿Cómo era…? Ciao Gatt…

Ciao gattina

Pudiste ver como los hombros de Karamatsu se ponían rígidos, incluso escuchaste su guitarra caer al suelo cuando se giró hacia la cama rápidamente. Tú mismo estabas tan sorprendido que no podías ni moverte.

La temblorosa voz de Karamatsu rompió el silencio en la habitación.

—Bienvenido, Ichimatsu. —Susurro antes de abrazar con fuerza el delgado cuerpo del muchacho.

Casi dejaste salir un grito de la emoción, tenías que informarle de inmediato a tu esposa que su hijo estaba de regreso.


:p perdón por el trolleo Sorry not Sorry

-Se muere de un ataque de risa-

Espero que les guste.

Saludos~