Save my soul.
Hola ¿Como estan? Espero que muy bien
—¿Quien demonios publica a las 3 de la mañana?
Lord: ¡Oh, tres de la mañana! -Pubica Save my Soul- XD
Sé que nadie leerá esto a las tres de la mañana, pero aun asi es gracioso.
Antes que nada les pido una disculpa por no publicar en mucho tiempo, es de esas veces que uno de verdad no puede escribir nada y es muy frustrante para mi. ¡Pero aquí estoy de regreso!
Avisen a todo mundo XD, ok no.
Quiero agradecer a los que comentaron el capitulo anterior. (y que seguro ya no recuerdan porque paso mucho)
Muchas gracias: Sheren Bhm, dannadagnel, hitomi79, Lanekopandicorniosauriolvl3mil, Lizz972, Gotti Calavera, LaV3nus6, Candy Nyu, MaryJezhuChan, SxarlettV , Izumi-nyu-FTW, Dia y yo123.
Espero que les guste y... compartan el fic con un amigo, de verdad se los agradeceré.
Sin más que decir, disfruten el capitulo.
Save my Soul
XV. -Despierto.
Bésame, bésame mucho…
Each time I cling to your kiss, I hear music divine…
Una dulce melodía llegaba hasta tus oídos, envolviéndote de manera cálida. No lograbas entender del todo lo que significaban aquellas palabras, pero la manera en la que estaban cantadas, el sentimiento que provocaba era como una luz en medio de la oscuridad donde ahora te encontrabas.
Dejaste escapar un pequeño suspiro cuando la canción termino, sin embargo, la voz que vagamente reconocías continuaba cerca, haciendo que la luz en la oscuridad aumentara.
Parpadeaste confundido, el abrir los ojos de golpe a un lugar tan iluminado hizo que tus parpados se cerraran de nuevo buscando proteger a tus ojos.
Te quedaste quieto, mientras captabas a la cercanía una conversación que no entendías del todo.
—Tantos años haciendo negocios con los italianos y te juro que a veces no los entiendo. Sono pazzi questi italiani.
—Parece que te hacen enojar un poco…—Reconocías la voz de Jyushimatsu, pero extrañamente de tomo un poco más reconocer la voz del mafioso que le acompañaba.
—Estas en lo correcto Jyushi, sobre todo por esa ridícula manera de llamarme. Solo con escuchar al Don decirme así hace que me enoje. ¿Cómo era…? Ciao Gatt…
—Ciao gattina… —Terminaste la frase, la conocías porque así te llamaba Atsushi hace unos años.
Tus ojos por fin se habían adaptado, pero aun así te asustaste un poco cuando algo golpeo fuerte contra el suelo.
Estabas haciendo un esfuerzo por sentarte en la cama, aunque era difícil ya que tenías un punzante dolor en la espalda baja. Pero tus intentos cesaron cuando los brazos del mafioso te atraparon en un abrazo.
—Bienvenido, Ichimatsu. —Susurro contra tu cuello, no pudiste evitar contener la respiración. Tu cuerpo se tensó un poco ante el contacto.
—¡Iré a informarle a todos! —Anuncio Jyushimatsu antes de salir rápidamente de la habitación, justo en el momento en el que tus temblorosas manos empujaban lejos al mafioso.
Una punzada de culpabilidad golpeo tu corazón cuando viste la expresión dolida del mafioso.
—L-lo siento… No sé porque yo... —Trataste de explicar el porqué lo habías alejado, pero eso era algo que ni tú mismo entendías bien. De pronto era como si que alguien más te tocara fuese algo tenebroso. Tuviste que abrazarte a ti mismo para evitar seguir temblando.
—Está bien. Entiendo. —Respondió Karamatsu, dedicándote una sonrisa. ¿De verdad lo entendía? Lo observaste sentarse en una silla que estaba al lado de la cama, al ver la mirada que le dedicabas retrocedió otro poco antes de sentarse.
Bajaste a mirada avergonzado. ¿Por qué estabas actuando así?
—¿Qué estoy haciendo aquí? —Preguntaste, solo para romper el silencio que se había formado en la habitación. Karamatsu se aclaró la garganta antes de hablar.
—Fuiste atacado en la fiesta de año nuevo… ¿No lo recuerdas?
—No… —Trataste de hacer memoria, pero todo parecía cubierto por una espesa bruma.
—Ichimatsu. ¿Qué es lo último que recuerdas? —Preguntó Karamatsu, arrugando un poco el entrecejo y dedicando una mirada seria hacia ti.
—Lo último que recuerdo… —trataste de hacer memoria mientras mirabas tus piernas cubiertas por esa manta blanca del hospital.
Recordabas haber estando bailando con el mafioso, su voz susurrante cantándote al oído mientras sus cuerpos se mecían despacio al son de la música.
También recordabas haber acompañado a Karamatsu hasta una habitación que había reservado especialmente para los dos y entonces como un montón de imágenes intermitentes llegaron hasta tu cabeza un montón de recuerdos sobre Karamatsu haciéndote el amor.
Tu rostro se tiñó de escarlata. De pronto sentías tu rostro arder cuando tu mente se llenó de imágenes de Karamatsu, sus manos tocando tu cuerpo, sus labios dejando marcas en tu pecho, sus caderas chocando con las tuyas.
—¿Qué con esa cara sonrojada? —Preguntó Karamatsu con una expresión de sorpresa, rápidamente cambiando su mueca a una sonrisa burlona. —¿Estás pensando en cosas pervertidas?
—¿Qué?
—No, Ichimatsu. No podemos hacerlo en el hospital…Bueno, claro que podemos. —El mafioso mando un beso en tu dirección y tuviste que contenerte de no cubrirte completamente con la sabana porque eso te haría ver ridículo.
—¡Es tu culpa! —Te quejaste, fingiendo mal humor para ocultar tu bochorno. Karamatsu enarco una de sus gruesas cejas en espera de más información de tu parte. Le lanzaste una mirada antes de volver a fijar tu vista en tus piernas. Juntando tus dedos con nerviosismo susurraste: —Lo último que recuerdo con seguridad es…cuando hicimos… "eso".
—¿"Eso"? —Preguntó Karamatsu, poniendo la mano un momento sobre su barbilla, al parecer sus pensamientos lo llevaron a la respuesta con facilidad, pues de inmediato el mafioso dibujo una sonrisa, dedicándote una mirada que parecía juguetona. —¿A que te refieres con "eso"?
Estaba claro que lo sabía y que quería que lo dijeras en voz alta.
Sentías tus pequeñas cejas temblar en un pequeño tic que te hacia fruncir el ceño.
—Sabes a lo que me refiero.
—No, no lo sé. Mm podrían ser tantas cosas… —Karamatsu dio un suspiro dramático.
—Tuvimos sexo… —Susurraste inflando un poco las mejillas.
—Oh, hablabas de cuando hicimos el amor. —Recalco Karamatsu, como si quisiera darte a entender el contexto diferente entre uno y otro. Por alguna razón que lo dijera así hacia a tu corazón agitarse. —Pensé que hablabas de cuando me pediste matrimonio.
—¿Qué yo que? —Le lanzaste una mirada incrédula, Karamatsu se puso la mano en el pecho de manera dramática.
—Oh, que no lo recuerdes me parte el corazón. —Te encogiste de hombros sintiéndote terriblemente culpable. Karamatsu pareció notar tu expresión y de inmediato suavizo el tono con el que hablaba. —Es broma, no te lo tomes tan enserio.
Su palma completa se posó en tu cabeza, aplastando un poco tu cabello desordenado, pero de nuevo esa sensación de que era algo desagradable llegó hasta tu cabeza y te alejaste de manera torpe.
La expresión dolida de Karamatsu duró más esta vez.
—L-lo siento.
—Está bien. —aseguró, poniendo las manos en sus rodillas se dio el impulso para levantarse. —Iré a informarle a tu hermana que despertaste.
—¡E-espera! —Le llamaste, te estiraste lo más que podías para alcanzarlo, lograste tomarle la manga del saco y el mafioso se detuvo antes de dar si quiera un paso. Se giró para verte.
—Siento que hay algo desagradable, algo que no se… No es que tenga nada en tu contra… Lo siento. Que una basura como yo te haga poner esa expresión debe ser desagradable ¿verdad?
Karamatsu bufo, con una mezcla de alivio, molestia y felicidad. Soltó suavemente el agarre a la manga de su camisa y dirigió la mano hacia tu frente dando un pequeño golpecito con tu dedo.
—¡Ngh! —No pudiste evitar dar un respingo ante el repentino golpecito.
—No te llames "basura". —Te regañó, incluso puso una expresión seria que se suavizo de inmediato. —Estoy aliviado de que no me odies. —Susurro, dedicándote una sonrisa sincera.
—Como si pudiera hacerlo. —Gruñiste. Karamatsu rio bajito. Estiro la mano para intentar tocarte, pero se detuvo.
Esta vez, rápidamente tus manos tomaron la suya y la llevaron hasta tu cabeza. Te sentiste un poco estúpido de inmediato, pero escuchar la risa sincera de Karamatsu y sentir su mano acariciando tus despeinados cabellos te hizo sentir más tranquilo.
—Eres como un gatito que quiere ser acariciado. —Comentó Karamatsu al ver como cerrabas los ojos, relajándote con su suave caricia.
—Quiero que me toques. —Susurraste, antes de abrir los ojos de golpe al darte cuenta de lo que acababas de decir. —No… quiero decir… N-no de una manera pervertida. Y-yo solo… —Enrojeciste de nuevo encogiéndote de hombros, de no ser por el dolor en tu espalda baja te hubieras hecho un ovillo allí mismo. —Olvida lo que dije.
Pediste, mientras Karamatsu dejaba en paz tu cabello para envolverte entre sus brazos.
—Dios, te extrañe tanto… No tienes idea de cuánto. —Susurró contra tu oído, el tono que uso te hacia creer que su voz estaba a punto de romperse. Y eso, pensar que tu habías causado aquello en Karamatsu te rompía el corazón.
—L-lo siento… —Te disculpaste, abrazando ligeramente al mafioso, la punta de tus dedos era lo único que estaba tocando la espalda ajena y estabas luchando con tus ganas de querer alejarte de inmediato. ¿Se podía considerar aquello un abrazo?
—No, yo lo siento. —Habló de nuevo Karamatsu, alejándose un poco. Rompiendo el abrazo, pero manteniéndose cerca, lo suficiente para que pudieras ver esos ojos añil que tanto te gustaban ser empañados en lágrimas. —Solo mírame, me vuelvo un desastre cuando se trata de ti.
Aunque Karamatsu sonrió, parecía que las lágrimas no dejaban de fluir, ver una faceta diferente del siempre genial mafioso te hacia enamorarte un poquito más de él. (Aunque sería difícil que admitieras eso en voz alta)
—No me culpes de que te hayas vuelto un llorón en mi ausencia… Gattina~ —Trataste de bromear, el cuerpo de Karamatsu tirito ligeramente.
—Si, lo admito. ¡Te amo tanto que no puedo controlar mis emociones! Me he vuelto un llorón, no te culpare, pero no vuelvas a llamarme así. ¡Me causas escalofríos!
—Gattina, gattina, gattina, gattina~ —Susurraste de inmediato, con la vista fija en el mayor.
—¡De verdad detente, esto es espeluznante! —Se quejo Karamatsu, aunque parecía un poco frustrado al menos agradecías que ya no estuviera llorando. —Si no te detienes voy a tener que callarte con un beso. —Amenazó. Dudaste unos segundos antes de volver a susurrar.
—Gattina, gattina, gattina. —Aun cuando bajaste un poco la mirada lograste ver la media sonrisa de Karamatsu, mientras su rostro se acercaba lentamente al tuyo. —Gattina, ga…
Te quedaste quieto cuando los labios del mafioso se encontraron contra los tuyos, aunque fue solo un contacto superficial aquello conseguía hacer que tu corazón se agitara. Los dedos gentiles del mayor recorrieron lentamente tu rostro, tu cuello y terminaron su recorrido en el cabello alborotado de tu nuca.
Cuando el beso se rompió no pudiste evitar suspirar, tus ojos se vieron reflejados en los ojos claros de Karamatsu cuando él te miro directamente.
—Creo que hubiera muerto sin ti… Ichimatsu, tu eres, lo que más amo en este mundo… —Cuando el mafioso recargo su frente contra la tuya pudiste notar algo demasiado tarde.
—Karamatsu… espe… —Trataste de resistir, pero aun estabas demasiado débil y terminaste golpeando contra la cama con el mafioso sobre ti. —Auxilio… —Susurraste sin aliento.
El cuerpo de Karamatsu era pesado y estaba ardiendo en fiebre. También parecía tener algunas ojeras enormes debajo de sus ojos. Te preguntabas cuanto tiempo había pasado cuidando de ti y eso te hacía sentir incómodo.
¿Algún día serias capaz de regresarle el favor?
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Estabas empezando a entrar en pánico cuando Jyushimatsu y Homura entraron a la habitación. Al encontrar a Karamatsu sobre ti de inmediato se abalanzaron sobre el mafioso, pero al ver que había caído agotado por la fiebre dejaron de ser un poco sobreprotectores al menos por el momento.
—Bien, entonces regresare a Karamatsu a su habitación. —Dijo Jyushimatsu cargando al mafioso en su hombro. —¡Volveré de inmediato! —Dijo energético, pero no pudiste evitar dar un respingo cuando al girarse de manera energética estampo el cuerpo de Karamatsu contra la puerta.
—¡Jyushimatsu ten cuidado! —Advirtió Homura, pero cuando el energético hombre se giró de nuevo volvió a escucharse ese sonido.
—Vas a matar a Karamatsu con tanto golpe…
—¡Lo siento! ¡Tendré más cuidado! —Pero incluso cuando Jyushimatsu cerró la puerta para irse te pareció escuchar de nuevo el sonido de un golpe. Pobre Karamatsu, si no lo mataba la fiebre alta lo haría su amigo con tanto golpe involuntario.
Cuando la habitación volvió a quedarse tranquila te dedicaste a mirar a Homura, ella se encontraba sentada en la silla donde antes estuvo Karamatsu. Mantenía una expresión tranquila, con una sonrisa pequeña en sus labios. Sus manos descansaban sobre sus rodillas y esta era una de las pocas veces en las que su hermoso cabello castaño se encontraba suelto cayendo sobre sus hombros, pechos y espalda.
Su mirada clara se encontró con la tuya y dejaste de verla de inmediato, imaginando que la estabas molestando por verla tan fijamente.
A penas abrías la boca para decir cualquier cosa cuando la escuchaste sollozar. De inmediato volteaste a verla, asombrado. Las lágrimas fluían como pequeños riachuelos por el hermoso rostro de Homura, mojando sus mejillas y cayendo hasta sus manos.
Los sollozos se intensificaron y la castaña termino cubriendo su rostro lloroso con las palmas de sus manos. Podías saber que seguía llorando por la manera en la que sus hombros se movían y por los pequeños gimoteos que dejaba escapar.
—Lo siento… —Te disculpaste, aunque no sabías muy bien porque lo hacías. Disculparse parecía lo más sensato de hacer cuando una mujer lloraba frente a ti.
—No… —Homura negó limpiando las lágrimas con la manga de su blusa. Levanto la mirada hacia ti. —Yo soy quien lo siente. Estoy tan feliz de que estés bien, que no me puedo contener.
—Siento que los preocupe demasiado. —Comentaste encogiendo los hombros, sintiéndote culpable por preocupar a todos, sentías que no valía la pena preocuparse por algo como tú, así tan poca cosa. Desde luego, esa era solo tu forma de pensar.
—No fue tu culpa cariño, existe gente muy mala en este mundo. —La castaña frunció el ceño, como si de pronto recordara todos esos hombres desagradables con los que se había encontrado. —Tú sabes.
—¿Sabes que fue lo que me paso?
—No lo sé, creo que unos tipos te atacaron por la espalda. Es todo lo que sé, pero no quiero hablar de eso. —Dijo cambiando de tema rápidamente. Tomo una de tus manos con cuidado. —Estoy tan feliz de que estés bien.
Y la sonrisa que te dedico, tan amorosa, tan maternal de alguna manera reconfortaba tu alma, era algo difícil de explicar pero se sentía de esa forma. Como si todo lo que necesitaras para empezar a reconstruirte, a volver a juntar los pedazos, se tratara de lo único que no podías tener, el amor de una madre. Pero justo ahora, cuando veías a esa mujer que a penas era unos años mayor que tú, lo entendías.
Cuando Jyushimatsu regreso a la habitación y se lanzo a abrazarte te sentiste un poco mejor, aun no estabas acostumbrado a la manera tan empalagosa de ser que tenia la pareja, era por eso que te sentías un poco cohibido con todo lo que ellos hacían.
Por eso cuando entre los dos te llenaron las mejillas de besos no sabias si avergonzarte hasta la muerte o quedarte como piedra durante el meloso ataque.
Al final por suerte lograste sobrevivir a eso.
Jyushimatsu parecía tener más información de lo que te habia pasado, pero se mostraba renuente a hablar, seguramente por ordenes de Karamatsu. De lo que si te contó fue de lo que pasó después, cuando se le informara que estabas fuera de peligro.
—¡Asistimos a tu funeral! ¿Verdad mi amor?
—¡Si! —La castaña asintió juntando las manos. — Yo lleve un hermoso vestido negro con mangas de encaje.
—Oh, te quedaba tan bien. Estabas tan guapa con el... y también si el. —le susurró al oído, las mejillas de la castaña se tiñeron de rojo.
—Oh, Jyushi, no frente al niño. —Dijo la castaña risueña, rodeando sus brazos al cuello de su esposo.
Volteaste la mirada hacia otra dirección dándoles un poco de privacidad, porque si seguías viéndolos ibas a vomitar el pan de melón que acababas de comerte y eso seria un pecado.
—¿Entonces? ¿Por qué hubo un funeral si sigo vivo? —Preguntaste dando una mirada rápida hacia la pareja, para ver si ya habían terminado su besuqueo.
—Bueno eso era una cuartada de Karamatsu, él estaba tratando de atraer a alguien. —Lo pensó un poco. —Más bien, distraerlo.
—¿Distraerlo? ¿A quién? —Preguntaste sin entender nada.
—Al tirador. ¿Lo recuerdas? El que te disparo ese día nevado.
Te llevaste la mano al pecho, tocando el lugar donde la bala falsa habia impactado, recordabas el dolor como si acabara de suceder. Las palabras de Hatabou llegaron hasta tu cabeza. "Se aproxima una cacería. Y esa marca te hace el objetivo."
—Podemos atrapar al tirador desprevenido ahora que piensa que estoy muerto... —susurraste tratando de averiguar el plan de Karamatsu.
—Así es. —Jyushimatsu asintió. —Además, con ese plan Karamatsu atrajo a un aliado muy poderoso. Un jefe italiano que dijo que lo ayudaría. —Quisiste preguntar un poco más sobre ese hombre pero Jyushi continuo. —Aunque paso algo extraño también, resulta que alguien fue a abrir tu tumba. Como para sacar algo de allí.
— ¿Entonces no funciono el plan? —cuestionaste, la verdad todo te parecía un poco difícil de entender. Muy creepy. Jyushimatsu se froto la barbilla pensativo parecía que iba a decir algo pero al final se quedo callado. ¿Eso era un tema del que no podía hablar? Suspiraste antes de hacer otra pregunta.
—¿Quién querría escavar en mi tumba? —preguntaste enarcando una ceja.
—Al parecer alguien llamado Minnie. ¿Te suena? —Preguntó curioso, negaste. Era una mentira pero para no preocupara a Jyushi era mejor no decirle que ya la habías conocido. —Bueno, como sea. Oficialmente Fukuyama Ichimatsu esta muerto. Ahora eres solamente "Ichimatsu".
—Al menos hasta que te cases con Karamatsu-sama. —Comentó Homura. —Él podría darte el apellido Matsuno.
—¡No! Mi Ichimatsu bebé es demasiado bebé para casarse. ¡No dejaré que mi bebé se case hasta que tenga 50 años! —Lloriqueo Jyushimatsu y tu te preguntaste si era un mal momento para decirle que prácticamente ya estabas comprometido con Karamatsu.
Por el momento guardarías el secreto.
[}-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
La visita de tus padres adoptivos no duro tanto como te hubiera gustado, al parecer habia muchas personas que querían visitarte y ellos aunque te querían mucho no eran egoístas para acaparar todo tu tiempo.
Cuando salieron te quedaste solo unos minutos antes de que una persona entrara a tu habitación.
Le reconociste de inmediato, con su cabello castaño perfectamente peinado y su usual traje gris corte ingles de tres piezas. Sus ojos platinados se veían casi negros y opacos, te pareció que recuperaron un poco de su usual brillo argentado cuando su mirada se encontró con la tuya.
Abrió la boca para decir algo pero las palabras no salieron de su boca y volvió a bajar la mirada, como si no se sintiera digno siquiera de verte.
—Hola Atsushi... —Al final fuiste tu quien lo saludaste, no entendiendo muy bien porque se comportaba de esa forma.
—Hola. —Saludo de regreso, dando un pequeño paso a donde te encontrabas. —Yo... antes que nada, quiero decirte... —se acercó más a donde estabas sentado. —¿Puedo abrazarte?
—Em... si quieres... —te parecía un poco extraño el comportamiento del castaño pero no comentaste nada sobre ello cuando con fuerza te tomo entre sus brazos.
—No sabes cuanto me alegra que te encuentres bien... me moriría si algo te pasara. —Susurro Atsushi a tu oído y sentiste un hueco en el estomago, porque sonaba algo parecido a lo que Karamatsu te habia dicho, pero con Atsushi no existía esa emoción, esa chispa que hiciera a tu corazón volverse loco como con Karamatsu.
—Estoy bien... perdón por asustarlos. —Susurraste dando unas pequeñas palmadas a la espalda del castaño.
—No vuelvas a hacer algo tan estúpido. —te regañó, frunciendo el ceño y tomándote del rostro para verte mejor.
—No sé exactamente que fue lo que hice pero... no lo haré, creo. —Pusiste tus manos sobre las suyas para alejarlas de tu rostro, Atsushi parpadeo rápidamente un par de veces antes de dejar que alejaras sus manos.
—Entonces es verdad que no recuerdas... ¿Qué tanto es lo que recuerdas? —Preguntó, siendo todo lo cauteloso posible.
—Pues... no mucho de diciembre, solo cosas con Karamatsu. —y trataste de que tus mejillas no se sonrojaran, pero era algo inevitable cuando recordabas tu noche con Karamatsu.
Quizás esa reacción le dio una idea a Atsushi de lo que podría tratarse y no hizo preguntas sobre aquello.
—¿Y sobre mi? —Su tono de voz parecía demostrar que estaba.
Lo pensaste un poco, en tu cabeza los recuerdos más sobresalientes eran los que tenían que ver con Karamatsu y quizás tu memoria los habia registrado con más cuidado porque en todos ellos estabas feliz, ¿Quien no seria feliz al lado del hombre que ama?
Sacudiste un poco la cabeza, este no era momento para pensar en Karamatsu, Atsushi esperaba por una respuesta.
—Mm... creo que... Rompiste con Totty y tenias que decirme algo... ¿no?
Te pareció que Atsushi palideció un poco, como si hubiera escuchado justo lo que no quería escuchar. Se alejo unos pasos antes de regresar la mirada al suelo. Se veía tan pálido que parecía que podría desmayarse allí mismo asi que trataste de levantarte para llamar a una enfermera de ser necesario, solo lograste sentarte a la orilla de la cama cuando Atsushi levantó una mano pidiéndote que te detuvieras.
—Tengo algo que decirte... Yo... yo soy ...tu... —Su voz se volvió un susurro imposible de escuchar.
Si justo ahora tuvieras la habilidad de Karamatsu de leer los labios seguramente hubieras entendido esa ultima parte. Ibas a pedir que te lo repitiera pero en ese momento la puerta de la habitación se abrió de un gran golpe que te hizo dar un salto y buscar por instinto el arma que no tenias.
La cabellera rosada y su ropa ligeramente desalineada eran fáciles de reconocer, dibujo una sonrisa maliciosa al verte sentado a la orilla de la cama, siendo pillado mientras intentabas pararte para salir de la habitación.
—Hola, tú~ —Dijo como saludo y se acerco picoteando tus costillas con algo de fuerza. Dejaste escapar un alarido de dolor.
—Totty... —Gruñiste disgustado, más que nada por llamarlo asi ¿Cuando habías pasado a llamar al cabrón ese tan familiarmente?
—Veo que estas vivo y me alegro por eso. —Dijo dando golpecitos a la bolsa de suero a un lado de tu cama. —Pero como estas vivo me hiciste perder mucho dinero. —Arrugo las cejas.
—¿Apostaste a que me moría?
—Ve el lado bueno, perdí. —Sonrió burlón, por alguna razón eso te hizo sonreír también aunque fue solo un poco. —Como sea, ¿Que están haciendo aquí? ¿Algo interesante?
—Bueno, Atsushi estaba por decirme algo. —Ambos pusieron la mirada en el inusualmente intranquilo castaño.
—¿Aun no se lo dices? —Pregunto Todomatsu enarcando una ceja. —Vamos, hazlo rápido que Karamatsu me mando por ti.
—Yo...
—Ya, se lo diré yo. —Viste una mueca de terror dibujarse en el rostro del castaño antes de que Todomatsu lo abrazara por el cuello. —Atsushi y yo nos reconciliamos~ —Dijo con una gran sonrisa.
—¿Eh? Felicidades...
—Y tuvimos sexo de reconciliación justo en la cama donde estas acostado, de hecho creo que termine justo allí donde tienes la mano. —pusiste una mueca de asco antes de alejar la mano del colchón.
Estabas empezando a sentirte asqueado pero entonces algo de lógica llegó hasta tu cabeza.
—Espera, ¿Cómo se supone que paso eso si yo estaba en esa cama inconsciente? —Preguntaste entrecerrando la mirada sobre Todomatsu.
—Bueno, me pregunto si eso habrá contado como un trio. Estabas de cuerpo presente si sabes a lo que me refiero. —Escondió su sonrisa maliciosa detrás de sus dedos. —Espero que la enfermera si cambiara las sabanas y no te dejara dormir sobre todo ese coctel de fluidos.
—Uhg, que asco. —Te levantaste rápidamente de la cama, casi haciendo caer el suero, lograste detenerlo mientras escuchabas la risa de Todomatsu.
—Te dejaré para que lo pienses ¿esta bien? —Te dio un guiño antes de ponerse detrás de Atsushi empujándolo desde atrás. —Ahora tenemos que irnos, tu hermana llegara enseguida y mandare a alguien con sabanas limpias. Bye~
Diciendo esto empujo a Atsushi por los hombros hasta salir de la habitación. Una vez fuera y con la puerta cerrada Todomatsu alejo sus manos de los hombros del castaño.
Atsushi que se había mantenido callado y cabizbajo hasta ese momento levanto la mirada buscando la de Todomatsu.
—Gracias por no decirle… —Susurro, una pequeña sonrisa dibujando sus labios, se veía aliviado.
—No lo hice por ti. —Gruño Todomatsu, pasándose la mano por el cabello, trataba con todas sus fuerzas de no mostrarse afligido ante el castaño, de que esa pequeña sonrisa no le hiciera perdonarlo, porque eso no iba a curar su corazón roto.
Y él podía ser un maldito, pero también tenia un limite de cuanto podían lastimarlo antes de que se quebrara. Así que ahora aparentando ser fuerte escupió todo su rencor en esa frase venenosa dirigida hacia Atsushi.
—Lo hice por Ichimatsu, él esta muy mal en este momento como para enterarse de toda esa mierda que cargas. Puede que no sea mi amigo por ahora, pero es mi compañero, y si te atreves a lastimarlo… Voy a matarte. —Amenazó el de cabello rosa antes de meterse las manos a los bolsillos y perderse por el pasillo.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-
[]-[]-[]-[]-[]]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Justo como Todomatsu lo había dicho una mujer llego a cambiar las sabanas de la cama, también abrió las ventanas para dejar de entrar un poco el aire fresco, fue en ese momento que notaste que había vigilancia puesta debajo de tu ventana y te preguntaste que se suponía estaban vigilando.
Una vez que la mujer se fue te quedaste solo en la habitacion alrededor de dos minutos antes de que la puerta se abriera de nuevo dejandote ver a Ichiko.
Ella fue menos efusiva que otras personas, pero tu hermana había sido siempre así por lo cual n o te lo tomaste a mal. Te envolvió con cuidado en un abrazo cariñoso, alejándose justo antes de que te pusieras ansioso, como si ella conociera los limites de tolerancia que tenía al tratar con una mujer.
Aun cuando su abrazo termino el contacto no lo hizo del todo, pues su manos recorrieron tus mejillas con cuidado, en una suave caricia, dedicándote una pequeña sonrisa.
Observaste a Ichiko, su largo cabello negro estaba sujeto en una coleta alta, el flequillo casi le cubría los ojos y tenía unos mechones más largos a cada lado de la cabeza, esto enmarcaba su rostro pálido contrastando a la perfección.
Sus ojos se veían más cansados de lo usual, con largas líneas negras y rojas debajo de sus ojos que había tratado de disimular un poco con maquillaje, pero no había tenido suerte con eso. Hablando de maquillaje, llevaba puesto un poco de rubor en sus mejillas, los labios de un color rosa muy claro, casi del mismo color de sus labios, llevaba un poco de color en los ojos y sus largas pestañas se veian un poco más tupidas de lo normal, seguramente por el maquillaje.
Llevaba puesto un vestido de chifón con manga corta de color violeta, con un cinturón del mismo color ceñido a su cintura y un pequeño bordado alrededor del cuello cortado en forma circular. Llevaba en la mano en largo saco de color negro y un pequeño bolso de mano del mismo color del vestido.
Te pareció que ese look en definitiva no era para visitar un hospital y no pudiste evitar sentirte mal creyendo que le habías arruinado algo importante a tu hermana, pero entonces notaste algo que faltaba o mejor dicho alguien.
—¿Y Karako? ¿No viene contigo? —Preguntaste, lanzando una mirada hacia la puerta, como esperando que la chica americana entrara llenando la habitación de su desbordante alegría en cualquier momento. Pero esto no paso, Ichiko se encogió de hombros antes de sentarse en el silloncito de visitas que Karamatsu habia mandado a tu habitación. Soltó un largo suspiro antes de hablar.
—No he visto a Karako desde hace dos semanas. —Se tallo los nudillos de manera nerviosa, era uno de esos malos hábitos que demostraban su nerviosismo y que tu habías aprendido sin querer. —Estoy muy preocupada.
—¿Qué pasó?
—Hace dos semanas, durante la noche una extraña mujer vino hasta nuestra puerta. Nunca antes había visto a esta mujer, pero al parecer Karako la conocía. Estuvieron hablando un par de minutos fuera de la puerta y cuando terminaron Karako entro a casa, se puso su ropa de "trabajo" y me dijo que tenia que salir un momento. —La viste apretando un momento los parpados, negando ligeramente como si tratase de apartar una idea desagradable. —Desde entonces no sé nada de ella, no contesta su teléfono y no he podido contactarme con ella ni siquiera en los números de emergencia que me dio.
Ichiko se quedo un momento en silencio, parecía que tenia un nudo en la garganta que trataba de disipar, al igual que las pequeñas lagrimas que aparecían en sus ojos. Ella era un manojo de nervios, temblando angustiada, podías darte cuenta de cuanto estaba preocupada.
Quizás para alguien más ella parecería muy tranquila, incluso en un momento así, pero tú conocías a Ichiko y sabias que estaba casi al borde de un ataque de pánico.
Te estiraste hasta ella y tomaste una de sus manos con cuidado, dando un pequeño apretón que trataba de transmitirle un poco de tranquilidad. Ichiko levanto la cabeza, sus ojos malva encontrándose con los tuyos, volvió hablar entonces.
—Hoy teníamos planeada una cena romántica, con todo esto yo me había olvidado, pero me llamaron del restaurante diciendo que había una recervación con el nombre de Karako Jones. Así que fui al restaurante pensando que ella estaría allí, con su estúpida sonrisa y con una tonta disculpa por desaparecer tanto tiempo… pero ella no apareció. —Sus manos temblaron ligeramente. — ¿Y si algo malo le paso? ¿Qué tal si ella esta en problemas y necesita ayuda? Y-yo n-no sé…
Se soltó de tu agarre y se puso de pie, caminando un poco por la habitación. Podías darte cuenta que estaba conteniendo sus ganas de llorar y que caminar por la habitación le ayudaba a disimular un poco su nerviosismo.
Pensaste entonces en todo lo que Ichiko había dicho, no conocías mucho a Karako, pero aun así te preocupaba que algo pudiera pasarle, más que nada por el como esto podría afectar a tu hermana.
Repasaste la información en tu cabeza.
—¿Cómo era la mujer que fue a buscar a Karako? —Ichiko clavo la mirada en ti, confusa. —¿Cuál era su apariencia?
—Mm… Bueno. —Lo pensó un poco. —Ella era de la altura de Karako, complexión delgada… ¡Oh! Tenia cabello corto a la altura de los hombros y era de color castaño.
¿Acaso podría tratarse de la mujer que habías conocido en la tienda de Atsushi?
—¿Supiste cual era su nombre?
—No, pero estaban hablando de una ¿Minnie? N-no lo sé. ¿Por qué preguntas esto? ¿La conoces?
—No… —Mentiste, en realidad no estabas seguro de que se tratara de ella. —Lo siento.
Esta vez Ichiko no pudo contener su llanto, parecía que había llegado a su limite. Se cubrió el rostro, sollozando. Y se mantuvo así por unos segundos antes de acercarse hasta donde estabas, dejándose caer de rodillas.
—Perdóname, sé que es egoísta de mi parte pedirte esto, pero por favor ayúdame a encontrarla. —Buscó tu mano entre las suyas sollozando bajito. —Por favor, si tú le pides a Karamatsu que la encuentre él moverá cielo y tierra para hacerlo, si es por ti él hará lo que sea.
—P-pero yo…
—¡Por favor! —Suplicó. —Yo no puedo pedírselo, no después de todas esas cosas horribles que le dije cuando te creí muerto. Por favor…ayúdame.
Cuando su voz se quebró también sentiste algo romperse dentro de ti, simplemente no podías negarte a una petición tan desesperada de tu única familiar de sangre.
—Lo haré, le pediré a Karamatsu que me ayude a buscarla. Y la encontraremos, incluso si tengo que ir a buscarla yo mismo. Te lo prometo.
—Gracias. —con fuerza Ichiko te abrazo, aun sollozando.
Acariciaste su cabello tratando de calmarla, habías mentido un poco pero era por el bien de Ichiko. No podías involucrar a Karamatsu en ese asunto, si la prometida de tu hermana estaba en negocios peligrosos con esa misteriosa Minnie lo ultimo que querías era que el mafioso saliera involucrado en algo peligroso.
Pero no habías mentido con lo de ir a buscarla por ti mismo.
Aunque eso era mejor que nadie lo supiera por el momento.
La noche había llegado y una mujer entro a tu habitación muy nerviosa, empujando un carrito con platos vacíos. Verte despierto casi provoca una mueca de alegría en ella, no entendías muy bien porque las enfermeras y el personal de limpieza estaban siempre tan cuidadosas a tu alrededor, pero nadie respondía ante tu duda.
La mujer de turno te había llevado la cena y en ese momento regresaba por la charola, viendo con ceño fruncido que a penas habías tocado la cena.
—Disculpe… —Le llamaste, la mujer dio un pequeño salto antes de dedicarte una mueca sorprendida, al parecer no pensaba que pudieras hablar. —¿Sabe cuando vendrá una enfermera? Necesito saber cuando me darán de alta.
—Bueno niño, si sigues sin comer adecuadamente seguro no será pronto. —respondió la mujer, te encogiste de hombros.
—N-no soy de los que comen mucho.
—¿No? Que pena, porque un amable y atractivo hombre me dio esto… —dijo buscando en su carrito y sacando un paquete con un pan de melón.
Si fueras un perro seguramente estarías agitando la cola y dándole la pata para conseguirlo.
—Si terminas al menos los fideos, te lo daré. —Dijo la mujer agitando ligeramente el paquete frente a tus ojos.
Nunca habías terminado un plato de fideos tan rápido.
—Termine… —dijiste aun con las mejillas llenas de comida, parecías una ardilla guardando bellotas dentro de su boca, la mujer río antes de darte el pan de melón, acompañado también de una nota. —Buenas noches
—Mm… —La viste salir y cerrar la puerta antes de tragar con algo de esfuerzo el ultimo bocado. —Que asco…
Habías escuchado antes que la comida del hospital es un asco, pero ya que este era tu primera vez en uno pudiste comprobarlo.
Al menos ahora tenias esa delicia azucara que te había mandado el hombre guapo. ¿Flores para enamorar? ¡No! Karamatsu se ganaba tu corazón con pan de melón.
Abriste el empaque dando una pequeña mordida, tratando de quitarte con ello el horrible sabor de los fideos.
Mientras masticabas el bocado alcanzaste la nota, estaba escrita con una hermosa caligrafía que eran tan elegante, tan dolorosa y tan Karamatsu.
"Hello, my little kitty.
Te envió este pequeño obsequio, algo que sé que te gustará y ayudara a endulzar un poco tu noche.
Espero también que con esto recuerdes nuestra primera cita, una noche hermosa que vivirá en mis recuerdos para siempre. Me gustaría repetirlo, me gustaría llevarte de nuevo a un lugar bajo las estrellas donde solo estemos tú y yo.
Donde pueda cantarte toda esa lista de canciones que me recuerda a ti.
Do you wanna see the stars before they fall?
Esperare con ansias ese momento.
Te amo.
-Karamatsu.
—Karamatsu… —leíste su nombre con un suspiro, sintiéndote estúpido por ello justo después. Aun había algo más, un posdata.
"P.S: Puse más guardias para cuidar de ti esta noche, ya sabes… por si acaso querías tomar un paseo nocturno. Ni se te ocurra.
Buenas noches"
Eso ultimo te hizo arrugar un poco la nota. ¿Habías leído bien? ¿Acaso Karamatsu podía leer tu mente?
No. Desde luego que tenía que haber algo lógico en todo eso, pero ahora mismo eso no importaba. Tu plan de fugarte para buscar a Karako estaba comprometido a menos de que encontraras una forma de evadir a los guardias de Karamatsu.
Volviste a meter el pan de melón a la bolsa a penas le habías dado una pequeña probada, así que lo guardarías allí para después. Te levantaste de la cama y te acercaste a la ventana viendo hacia el suelo atraves de ella, allí abajo había al menos cuatro hombres haciendo guardia y dando vistazos esporádicos hacia tu ventana. Alcanzaste a esconderte antes de que uno de ellos te viera.
Caminaste un rato por la habitación tratando de pensar en como salir, ya que no podrías salir por la ventana tal vez tu única salida era por la puerta de tu habitación. Pero ¿Cuántos hombres estaban allí? Tenias que averiguarlo y para ello dejaste pasar algunas horas.
Conocías el modo de trabajar de los hombres de Karamatsu y habías logrado entender que cuando estaban con un compañero solían bajar un poco la guardia a altas horas de la noche. Esto sin duda seria un dato interesante para un enemigo, porque encontrarían el momento perfecto para atacar, pero por suerte estabas de su lado.
Cuando la hora indicada llegó abriste con cuidado la puerta, los guardias hablaban bajito por el pasillo a unos metros de tu habitación, dando la espalda al lugar donde te encontrabas. Perfecto, era el momento ideal para escapar.
Sigiloso caminaste por el pasillo, hacia el lado contrario, sí lograbas llegar a las escaleras todo seria pan comido. Pero fuiste un poco ingenuo al pensar que aquellos guardias que habías visto eran los únicos, pues al girar por el pasillo te topaste de frente con otro grupo de hombres y entre ellos estaba nada más y nada menos que el yankee de cabello rosado.
—Pero miren, me encontré un cachorrito perdido. —Comentó Todomatsu con una de sus típicas sonrisas. —¿Qué haces fuera de tu cama a estas hora, pequeño?
—Solo iba al baño. ¿Acaso no puedo? ¿vas a detenerme o algo? —Contestaste malhumorado. Estabas seguro de poder escabullirte de los demás, pero con Todomatsu seria diferente, él bien podría doblegarte y atacar a tus puntos débiles ahora.
—No, claro que no. Es por allí, por cierto. —Señaló hacia el lado contrario del pasillo.
Caminaste hacia el lugar siendo seguido de cerca por Todomatsu y sus dos acompañantes. Te giraste hacia ellos cuando llegaste hasta la puerta.
—¿No pueden darme un poco de privacidad? —Preguntaste frunciendo el ceño, los dos hombres se encogieron de hombros retrocediendo un paso, pero no Todomatsu.
El chico de cabello rosa se cruzo de brazos dedicándote una sonrisa burlona.
—Sabes que hay como cinco baños allí ¿verdad? ¿Qué tal si yo también quiero usar uno de ellos? —cuestiono antes de estirar su mano hasta la chapa de la puerta, casi por instinto tu mano fue a detener la suya. Todomatsu entrecerró la mirada sobre ti. —¿Para que necesitas tanta privacidad? ¡No me digas que vas a entrar allí para pensar en Karamatsu?
Al decir eso ultimo hizo un movimiento con su puño cerrado, agitándolo arriba abajo un poco. Le mostraste una mueca de confusión.
—¿Qué?
—¡Oh vamos! Nadie puede ser tan inocente. —Se quejó antes de volver a cruzar los brazos.
—En realidad yo… voy a.. cagar… mucho. Demasiado… —Dijiste, los tres pusieron una mueca de desagrado, en especial Todomatsu.
—Ugh, no necesitaba saber eso. —Arrugó la nariz y se alejó un poco antes de recargar la espalda en la pared.
Una vez seguro de que no iban a ir tras de ti abriste la puerta y entraste, te aseguraste de que todos los cubículos estuviera vacíos antes de tratar de buscar una forma de salir. Había una ventana en lo alto de pared, pero no había forma de que llegaras a ella con tu altura. Quizás había una forma, pero no lograbas dar con ella.
Estabas estresándote, así que fuiste hacia los lavabos. Abriste el grifo empapando tus manos de agua fría y después mojaste tu rostro, repetiste aquello u n par de veces antes de levantar la mirada hacia el espejo, tu reflejo te regreso la mirada.
—Vamos tengo que pensar… —Susurraste y tu mirada no pudo evitar fijarse en algo.
Obviamente lo habías notado casi desde que te despertaste, pero ahora que te veías frente a un espejo parecía algo extraño. Te faltaba un diente.
No sabias como había pasado eso y hace mucho que tus dientes de leche se habían caído así que tener un hueco en la dentadura era algo a lo que le pondrías atención al menos por un momento. Abriste la boca llevando tus dedos hasta tu encía.
Y entonces de manera estrepitosa los recuerdos empezaron a golpearte, uno tras otro. Tan vividos que aquel baño iluminado se convirtió de repente en una oscura bodega.
Respiraste agitado, reviviendo todo como si estuviera ocurriendo de nuevo.
—No, no, ¡no! —Gimoteaste tratando de alejar aquellos recuerdos, no los querías de regreso, los habías olvidado por una razón.
Estabas sudando, tu cuerpo entero estaba temblando y podías sentir un dolor punzante en tu cabeza mientras recordabas la sensación dolorosa de tu diente siendo arrancado y lo que vino después…
Corriste hacia uno de los baños llegando a penas antes de vaciar tu estomago, tu cuerpo tembló con fuertes arcadas y continuo asi aun cuando ya no habia nada más en tu estomago.
Aferrado con fuerza a los bordes del retrete, tratando de sujetarte con fuerza a algo que te mantuviera en la realidad, que no te hiciera recordar esas cosas horribles que habías suprimido.
A tu alrededor podías sentir una oscuridad invadirte, como una espesa niebla negra que intentaba arrastrarte de nuevo a esa noche, a esa bodega.
Respiraste agitado cuando escuchaste la puerta abrirse y los pasos acercándose, mientras más cerca los escuchabas más temblaba tu cuerpo. No, nadie debería acercarse a ti en este momento, te sentías tan sucio justo ahora que sentías que podías contaminar a cualquiera que estuviera cerca.
—Ey, ¿estas bien? —Escuchaste la voz de Todomatsu detrás de ti.
—¡Lárgate! —Gritaste volteando ligeramente la cabeza hacia él. Tu voz sonaba ajena a tus oídos porque era raro escucharte levantar la voz de esa manera, seguramente lo mismo pensó Todomatsu, pues la mueca de sorpresa en su rostro ye decía que no se esperaba aquello. —¡Vete!
—Yo... estoy... por si tu...
—¡Dije que te largues!
—Yo... estaré aquí ¿esta bien? N-no estas solo. ¿entiendes? —Lo viste retroceder un poco justo antes de que cerraras la puerta del cubículo. El lugar se quedo en silencio por unos segundos, casi un minuto completo antes de que un pequeño murmuro llenara el lugar. Todomatsu estaba tarareando una canción bajito, no decía nada realmente pero te hacia saber que él estaba allí, que no estabas solo.
Eso ayudo un poco a que las arcadas dejaran de sacudir tu estomago. Cuando lograste calmarte un poco te pusiste de pie, bajaste la palanca y saliste del cubículo mirando a Todomatsu por el reflejo del espejo. Te dio un poco de privacidad mientras te enjuagabas la boca y salio, aunque dejando la puerta abierta.
Enjugaste tu boca un par de veces hasta que ese extraño sabor de agua de grifo se quedo pegada en tu paladar, levantaste la mirada hacia el espejo. ¿Era posible que de pronto te pareciera habías envejecido en un tan poco tiempo? No sabias como explicarlo, pero sentías que te habías acabado en cuestión de minutos e incluso las ganas de escapar y buscar a Karako habían desaparecido, no y te sentías con fuerza para hacer nada.
Saliste del baño justo en el momento en el que Todomatsu levantaba su teléfono, fingiendo que estaba ocupado viendo algo en él. Era bastante obvio para ti que te estaba vigilando desde el pasillo. Los otros hombres de Karamatsu estaban allí también, listos para escoltarte a tu habitación, te sentías un poco como un criminal con tanta vigilancia, pero justo en ese momento no tenias la fuerza suficiente ni para quejarte.
Caminaste despacio hasta tu habitación, con la vista clavada en tus pies. Cuando sentiste una mano tomarte por la muñeca no pudiste evitar dar un pequeño salto antes de encogerte de hombros tratando de protegerte. Se trataba de Todomatsu deteniéndote de que te pasaras de largo tu habitación.
—Lo siento, no quería asustarte. Esta es tu habitación. —Abrió la puerta dejándote libre el paso, volviste a bajar la mirada a penas te soltó y caminaste despacio hasta la cama.
Te pareció que el chico de cabello rosado le pedía a los hombres que le dejaran encargarse de ti y cuando ellos replicaron gruño diciendo que él respondería ante Karamatsu si algo pasaba. Después de eso todo se quedo en silencio antes de que tu compañero entrara a la habitación.
—Ey, si quieres escapar este es el momento justo. Ya no hay vigilancia más que yo, pero a veces soy distraído. —Dijo Todomatsu, señalando la puerta detrás de él. Al no ver respuesta continuo hablando. —T-también soy bueno haciéndome de la vista gorda, ya sabes, puedo pretender que no te vi salir asi como pretendo que mi prometido esta enamorado de ti jaja... —Su risa nerviosa te hacia saber que estaba igual de incomodo que tú.
—No voy a escapar... —Dijiste mientras dejabas caer tu cuerpo en la cama, de inmediato tus brazos te envolvieron lo mejor que podías abrazándote a ti mismo.
—¿No? Vaya que aburrido. —Todomatsu mantuvo su vista clavada en el suelo, haciendo pequeños pucheros antes de revisar en sus bolsillos de manera perezosa. —Toma...
Levantaste la mirada hacia lo que te ofrecía, parecía ser un dulce, lo aceptaste solo para quitarte la extraña sensación de la boca. Al mismo tiempo que tú Todomatsu se llevó un dulce a la boca también, entonces permanecieron en silencio por unos minutos.
—¿Quieres hablar de lo que paso? —Escuchaste preguntar.
—¿De mi vomitando mi bilis? No. —Gruñiste antes de buscar refugio debajo de las sabanas haciéndote un ovillo en medio de la cama. —Ademas eres la ultima persona con la que quisiera hablar.
—Bueno, tampoco es como si me gustara mucho la idea. —Replico de inmediato.
—Déjame en paz. Vete y déjame solo. —Solo obtuviste un gruñido de respuesta antes de escuchar los pasos de Todomatsu y el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose casi en seguida.
Y aunque era lo que habías pedido te arrepentiste de inmediato, porque justo en ese momento no querías estar solo. Tampoco querías hablar pero te gustaría tener compañía, al menos para saber que alguien estaba cerca.
Te abrazase con fuerza apretando más tu cuerpo contra el colchón, lo que empezó con una respiración agitada termino convirtiéndose en pequeños sollozos y quejidos, tu llanto mojando tu rostro.
—Lo siento Ichiko... ni siquiera puedo cumplir mi promesa de buscar a Karako... —Susurraste entre sollozos, te sentías un poco traicionero y era seguro que si algo le pasaba a la chica de alguna manera terminarías culpándote por no ir a buscarla, por ser un manojo de nervios y no poder hacer algo para cumplir lo que le habías prometido a Ichiko.
Continuaste llorando bajito por un rato hasta que un toque a tu cabeza te hizo quedar petrificado, el que alguien te tocara de repente te habia asustado más de lo usual.
—Calma, ella esta bien. —Era Todomatsu, escucharlo te hacia sentir una mezcla de emociones, enojo, frustración, vergüenza por mostrarle un lado tan indefenso y también un gran alivio de que estuviera allí. No necesitabas preguntar que hacia allí, era obvio que nunca habia dejado la habitación en primer lugar, si tan solo hubieras salido de tu escondite debajo de las sabanas podrías haberlo notado.
—¿Como lo sabes? —Preguntaste alejando la mano que acariciaba tu cabeza tratando de tranquilizarte.
—Solo lo sé... —Sacaste la cabeza a penas lo suficiente para lanzar le una mirada, aun en la oscuridad podías ver un poco sus gestos. —Vas a tener que confiar en mi. —Dijo con un tono de voz serio, volviste a esconder el rostro bajo las sabanas.
La sorpresa de no encontrarte solo habia sido suficiente para que dejaras de llorar por el momento.
—Bueno. —empezó a hablar. —Si eso era todo entonces te dejare solo.
El solo pensamiento de estar sin compañía te aterro lo suficiente para hacer algo que, de otra manera, no hubieras hecho nunca. Dejaste de esconderte y tu cuerpo se estiro tomando la orilla de la chaqueta de Todomatsu, este giró la cabeza sorprendido.
—¿Puedes quedarte aquí? —Pareció dudarlo un poco, pero al final acepto, no sin antes decir un par de comentarios a forma de broma, quizás solo para no sentirse tan incomodo.
—Bien, me quedaré aquí. Pero que sepas que cuando esto termine nunca dejare de burlarme de lo patético que te ves en este momento.
Bueno, ciertamente si no lo hacia estarías muy preocupado.
[}-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Despertaste cuando la habitación estaba ya ligeramente iluminada. Habías estado durmiendo por pausas durante toda la noche, dormitando y despertando, generalmente acompañado por un salto o un movimiento estrepitoso. Pero al final habías logrado quedarte dormido de alguna forma y eso era bueno. Aunque parecía que eso no te habia ayudado en lo absoluto, pues tu cuerpo se sentía más cansado.
Lo primero que hiciste cuando tus ojos se acostumbraron a la luz de la habitación fue recorrer esta con la mirada, fue allí cuando te percataste que no estabas solo en la habitación. Dos hombres parados al pie de la cama te dedicaban una mueca de sorpresa se trataba de Karamatsu y Atsushi.
El mafioso acompañaba su mueca perpleja con una sonrisa, mientras que el castaño estaba completamente rígido como una pierda, con la vista clavada en un punto en especifico, al seguir la mirada de Atsushi hasta la cama pudiste darte cuenta de lo que estaba viendo.
A tu lado, aun durmiendo se encontraba Todomatsu, lo que era más sorprendente era que tenias entre sus dedos su chaqueta, te habías sujetado a él de forma inconsciente. Ahora entendías la perplejidad de ambos.
—Vaya esta es una sorpresa. —Hablo por fin Karamatsu, al contrario de Atsushi que parecía molesto, el mafioso se veía genuinamente curioso por lo que estaba pasando. —¿Desde cuando son amigos?
—Nosotros no somos amigos. —Gruñiste dándole un golpe con el codo a Todomatsu, este salto asustado antes de sentarse en al cama de manera presurosa.
—¡Estúpida, mi cabello, idiota! —Dijo Todomatsu, aun medio dormido. Le tomo unos segundos darse cuenta de donde estaba y clavo la mirada en Karamatsu. —Ah, cambio de turno. Lo cuide bien, deberías subirme el sueldo. —Bostezo levantándose y estirando los brazos, Karamatsu rio bajito.
—Muy bien diría yo.
—Sí, soy prácticamente una niñera. Sé que me tienen envidia por ser capaz de compartir la misma cama que Ichimatsu, pero contenganse por favor. —Dijo eso ultimo más para Atsushi que para el mafioso. El castaño solo bajo la mirada, sin atreverse a encarar a Todomatsu. —Y ahora... iré a dormir más, diviértanse en su reunión.
Dijo mientras salia de la habitación, recibió un "oye" de Karamatsu, una mezcla de una queja y un regaño.
—¿A donde vamos? ¿Me darán el alta?
—Algo asi... Es más bien como un "permiso", para salir unas horas. Tienes que regresar, aun no estas recuperado del todo y u herida podría abrirse de nuevo. —Explico Karamatsu acercándose hasta donde estabas, paso los dedos por tu desordenado cabello.
—¿A donde? —Preguntaste dejando que sus dedos acariciaran tu cabeza.
—A una reunión con alguien que quiere conocerte. —Esta vez fue Atsushi quien hablo, Karamatsu rodó los ojos. —El jefe italiano.
—Me gustaría que no conocieras nunca a ese hombre. —Gruño el mafioso. —Eres lindo y seguramente también su tipo, el solo pensar que quiera coquetear contigo hace que me den ganas de dispararle. —Miro a Atsushi. —Lo siento.
—No, no... tienes razón. Seguro que mi abuelo lo encontrara, muy lindo y también es seguro que tratara de coquetear con él.
—Esperen... Yo.. ¿voy a conocer al Don de la mafia italiana? —Ambos asintieron. —¡¿Por qué?!
—Bueno, fue una de las condiciones para que nos ayudara. —Respondió Atsushi, viste a Karamatsu encogerse un poco de hombros, seguro que habia alguna otra condición que no le habia contado al castaño aun.
—Solo ve y conocerlo, habla un poco con él y regresa ¿si? Si te sobra tiempo tu y yo podemos ir a alguna parte secreta, donde pueda tener un poco de tiempo con mi adorable Ichimatsu. —Dijo Karamatsu con coquetería. —Te dejaré para que te prepares. Atsushi te acompañara. Ven a verme antes de que te vayas ¿Esta bien? —Preguntó antes de dejar un pequeño beso en tu frente.
—Vamos. —Ordeno Atsushi, señalándote el camino.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-{]
Como habia dicho Atsushi te acompaño a prepararte para tu encuentro con el misterioso hombre, mientras estabas tomando una ducha el castaño te contó de un suceso que habia tenido lugar cuando aun no despertabas del todo.
—¿Que yo hice qué?
—Tu atacaste al jefe de la mafia y aun no estabas consciente del todo. —Explicó Atsushi envolviéndote en una toalla de baño, poniendo otra sobre tu cabeza. —No estaba allí, pero dicen que lo amenazaste colgándote de su espalda, con su propio bolígrafo contra el cuello. Él cuando era joven mato a un hombre con las llaves de su auto, saben el daño que alguien puede hacer aun con el objeto más inofensivo, asi que se tomaron la amenaza muy en serio. Además después de eso literalmente te arrojaste por la ventana y lograste escapar.
Te quedaste boquiabierto, eso explicaba porque la repentina vigilancia debajo de tu ventana. Te inquietaba más el hecho de que al parecer habías hecho uso de ese otro "tú". No sabias muy bien como explicarlo, pero el asesino de la mascara de kabuki era una parte de ti que habia sido entrenada para actuar por instinto, era más fácil de esta forma porque asi todas las atrocidades que Osomatsu te mandaba hacer eran más fáciles de realizar, porque ese no eras tu. Lo eras y al mismo tiempo, no.
Era algo complicado de entender, incluso para ti.
Solo esperabas no haber levantado las sospechas de nadie, era mejor si no sabían que tu eras aquel al que tanto le temían.
—Y... si hice eso ¿Por qué quiere conocerme?
—Porque eres interesante. —Respondió Karamatsu entrando al cuarto de baño, sentiste a necesidad de cubrirte aunque en realidad no estabas mostrando nada. —¿Me permites unos minutos con Ichimatsu?
—Claro. —Respondió Atsushi antes de salir.
—¿Estas nervioso? —Preguntó Karamatsu, acercándose hasta donde estabas. Te encogiste un poco cuando sus labios besaron tu frente. —No te preocupes, Atsushi estará allí y todo saldrá bien.
—¿E-estas seguro de que no puedes venir tu conmigo? —Preguntaste, tus dedos se aferraron a la chaqueta de cuero que llevaba puesta. —M-me sentiría más protegido si vienes tú. —Susurraste bajando la mirada, estabas seguro que si Atsushi escuchaba aquello se sentiría herido, pero te sentías de esa forma.
Te sentías más protegido acompañado de Karamatsu, es decir, el solo tenerlo cerca, poder respirar su esencia y poder escuchar su voz te hacia sentir más calmado. Además, cuando tenia ropa común como en ese momento, sentías que de alguna forma lo tenias más para ti. Que no era el jefe, sino simplemente Karamatsu, el hombre guapo y genial que amaba la música y el recordarte sobre los picnics con pavo.
—Estoy seguro.. lo siento. —Te dedico una mirada antes de inclinarse un poco para besar tu mejilla. —Tengo una idea.
Levantaste la mirada cuando se alejo pero al ver como se quitaba la ropa volteaste el rostro.
—¿Q-qué demonios estas haciendo? —cuestionaste, tratando con todas tus fuerzas no ver como se quitaba la camisa, pero tus ojos traicioneros terminaban viendo de nuevo en su dirección.
—Ponte esto... —Ordenó con una gran sonrisa en el rostro, parpadeaste confundido antes de que pusiera su camisa en tus manos.—Vamos, hazlo~
Asentiste. Un poco avergonzado por tener que hacerlo frente a Karamatsu comenzaste a ponerte su ropa sin saber bien porque, al final él termino solo en boxer y tu terminaste vestido con ropa que te quedaba un poco grande. No era como si te molestara, de hecho te gustaba, la ropa de Karamatsu olía un poco a suavizante para telas, mezclado con su perfume que ya conocido para ti y el cual amabas. Además, secretamente siempre quisiste ponerte su "perfect fashion", asi que ahora mismo estabas emocionado.
—Solo falta un detalle... —Susurró Karamatsu antes de ponerte sus gafas oscuras. —¡Perfecto! —Exclamó.
Cuando te miraste en el espejo casi te dieron ganas de decirlo también, aunque claro, nadie se veía igual de bien que Karamatsu con esa ropa, pero tu no te veías nada más. Evitaste hacer unas cuantas poses delante del espejo, simplemente porque el mafioso estaba allí viéndote.
—¿Que se supone que hago con esto?
—Bueno, ahora eres totalmente un Karamatsu boy. —Dijo mandando un beso en tu dirección. —Además, si te sientes nervioso, solo respira profundo y puedes imaginar que estoy justo allí, envolviéndote entre mis brazos. Diciéndote... "Todo ira bien, my love". —Susurró a tu oído, tu piel se erizo al instante.
—¡Ponte ropa o algo! —Te quejaste, girando el rostro y tratando de ocultar el sonrojo que aquello te habia provocado. Karamatsu se puso una bata de color blanco. —Este plan es estúpido.
—Bueno, si no estas agradecido con ello. Puedes devolverme la ropa y las gafas justo ahora. —Karamatsu enarco una ceja, y estiro su mano abierta hacia ti. Giraste un poco el cuerpo aferrándote a la chaqueta de cuero.
—¡M-muchas gracias Karamatsu-Kamisama!
—Sí, eso creí. —Karamatsu sonrió victorioso mientras tu te encogías de hombros.
¡Ahora eras total y absolutamente un Karamatsu boy!
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Un rápido beso en los labios y unas cuantas frases de apoyo fue lo que obtuviste de Karamatsu antes de que Atsushi llegara interrumpiendo, recordándote que ya era hora de partir.
"Termina pronto para nuestra cita"
Fue lo ultimo que te dijo Karamatsu y pensar en Karamatsu y en la cita que querías tener con él alejaba de tu cabeza todos aquellos recuerdos de la noche anterior, no era como si los hubieras olvidado, pero habías pasado por tantas cosas horribles durante tu vida que sabias que la mejor manera que tenias para no entrar en pánico era no pensar en ello. Eventualmente eso terminaba siendo un arma de doble filo, pues cuando te encontrabas solo de nuevo todo regresaba cayendo sobre ti, hundiéndote de nuevo.
Por el momento tratarías de no pensar en ello... tenias que concentrarte en la reunión.
Al llegar al lugar sentiste de inmediato las miradas sobre ti, los hombres parecían precavidos con cada paso que dabas y eso no hacia más que ponerte nervioso.
Al final llegaste hasta el gran jefe y tan solo hizo falta una de sus miradas para que casi entraras en pánico.
El hombre era más atemorizan te de lo que creías. Te encogiste de hombros respirando el olor de Karamatsu, tratando de visualizarlo haciéndote compañía,.
—Ciao. Es un placer volver a verte, estoy ansioso por llevar a mi nuevo perro a casa.
Te quedaste de piedra. ¿Que demonios quería decir con eso?
Espero que les guste~
#SaveMySoulEstaDeRegreso
#KaramatsuBoy
#TottyEsBuenoSeLeSalioElChamuco
#IchimatsuXMelonPanOTPSUPREMA
#Han Pasado 86 años.
Saludos~
