Edward suspiró —una reacción muy humana sería lo que diría Elizabeth si estuviese con él— cansado. Hacía ya años atrás que dejó de desear dejar de ser un vampiro, pero eso no quitaba el sentimiento de fastidio que sentía cada vez que tenía que fingir algo que no era sólo para que los humanos no sospecharan. Aún así siempre lo hacía, porque si había algo que fuese importante en la vida —o no vida, según se viera— de Edward, era su familia.
Además, Edward tenía que admitir que ese día tendría una variante, y es que llegaba una nueva alumna. Torció la boca al ya ver como todos los estudiantes —en especial los chicos— se revolucionaban por tener a alguien nuevo. No que Edward no sintiese emociones, pero después de tantos años viviendo había pocas cosas que lograran sorprenderlo. Aún así no negaba que esa nueva estudiante haría al menos un pequeño cambio a aquel pueblo inundado en la monotonía.
—Ed, ¿pasa algo?
El lector de mentes ya sabía quien era la que lo llamaba, pero aún así levantó la mirada, para así poder ver a su querida Elizabeth. Estaba apoyada en el umbral de la puerta mientras que lo miraba llena de preocupación. Había veces en que Edward se lamentaba de haber transformado a su Lizzy tan pronto, cuando ella apenas había cumplido los dieciocho años, pero no se arrepentía. Edward era una criatura egoísta, y no se imaginaba un escenario donde viera morir a su hermana, a la cual veía como si fuese su hija. Elizabeth no había era una chica de gran estatura —incluso Alice era un poco más alta—, pero eso no quitaba su belleza.
—Edward —volvió a llamar. ¿Qué ocurre?, ¿pasó algo?, pensó, angustiada.
—No, no pasó nada —respondió, sonriendo—. ¿Ya es muy tarde?
—Aún llegamos a tiempo, aunque ya nuestros hermanos se fueron —informó la vampiresa.
—¿Y eso que no te fuiste con ellos? —preguntó frunciendo el ceño de forma leve. Eso si era nuevo, ya que normalmente Lizzy se iba con ellos, para así charla sobre ropa con Alice y Rosalie, intercambiando opiniones con Emmett sobre las peleas que pasaban por la televisión o sólo estar en silencio con Jasper.
Después de Edward, Jasper era quien más quería a Elizabeth. Su llegada había hecho que pudiese controlar de mejor forma su sed por la sangre, y era algo que siempre agradecía, y, a diferencia de sus otros hermanos, no le molestaba estar sólo en silencio a su lado.
—Quise acompañarte hoy, ya que presiento que algo muy interesante pasará hoy —anunció risueña.
Edward negó con la cabeza, divertido. Sabía que Lizzy no podía ver el futuro, pero sí que disfrutaba con charlar con Alice sobre este, por lo cual había veces en que aprovechaba para saber una que otra cosa, y como tanto como Lizzy como Alice sabían evitar que Edward leyera sus pensamientos, casi nunca se enteraba hasta que pasaba.
—Entonces será mejor irnos ya, no querrás llegar tarde —habló Edward para así salir de la habitación, siendo seguido por Lizzy.
Mientras Edward manejaba no pudo evitar que sus pensamientos viajaran al pasado. Antes de Lizzy casi nunca lo hacía, pero desde su llegaba había vivido momentos tan felices que no podía evitar querer revivirlos con sólo verla. La primera vez que se vieron, cuando habló y caminó por primera vez. Cada acontecimiento importante en la vida de Elizabeth el estuvo presente, y cada vez que la veía no podía más que estar orgulloso de la mujer que se había convertido (teniendo actualmente cuarenta y dos años).
Bajó la velocidad cuando el colegio estuvo cerca, para así estacionarse cerca del carro de Alice. Junto al carro de Edward, era el menos llamativo. Como pasaba siempre, todos los humanos se le quedaron viendo cuando Edward bajó, para instantes después ayudar a Lizzy a bajar del carro. A pesar de no sentir ningún interés romántico en Lizzy, no quitaba el hecho que se le hacía divertido el odio que sentían todos los chicos al pensar que era su pareja, y tampoco lo desmentía. Odiaría que cualquier mortal intentase jugar con los sentimientos de su hermana, y más sabiendo lo sentimental que podía ser Lizzy.
Juntos caminaron a su primera clase, y en transcurso Edward pudo escuchar como la mayoría de los estudiantes pensaban en la nueva chica, Isabella Swan. La vio desde distintas perspectivas, y en la mayoría de la mente de los chicos (y una que otra chica) ya se imaginaban enamorados de Isabella. Eso no sorprendió a Edward, ya que en un colegio tan pequeño —y hablando más general, en un pueblo tan pequeño— era normal que viesen a las personas nuevas como juguetes. Que esto estuviese normalizado, no significaba que el lector de mentes viese esto con buenos ojos.
Y como parece costumbre, estamos rodeados de mentirosos, escuchó que pensó Lizzy. Edward negó ligeramente con la cabeza, para que de este modo sólo su hermana se diese cuenta, y evitó soltar una carcajada.
Tal vez Lizzy no pudiese ver el futuro como hacía Alice, pero si podía percibir si una persona mentía incluso antes de que hablara. Esto podría en un principio no parecer útil, pero Lizzy, junto a Jasper si tenían que irse cuando alguno de ellos metían la pata. Alice también podría hacerlo, pero había veces en que no se identificaba con rapidez la persona que había visto algo fuera de lo normal, por lo cual en ocasiones su visión futura no ayudaba mucho.
Cuando las clases terminaron para dar comienzo al almuerzo, Edward suspiró aliviado, ya que no sólo tener que escuchar clases que ya sabía pero de distintas personas aburría, sino que sus compañeros no se cansaban de pensar en Isabella (la cual ya había corregido a varias personas y pedido que la llamaran Bella). En su casa Edward pensó que sería interesante una nueva estudiante, pero ya se estaba cansando del mismo tema.
Después de agarrar una bandeja con comida —para así guardar las apariencias—, se encaminó junto a Lizzy para así sentarse con sus hermanos.
Como ya era costumbres, estos ya compartían la mesa más lejana de los demás estudiantes. Nadie se acercaba a ellos, porque a pesar de la belleza que poseían los Cullens, había algo que le decía a los humanos que era mejor guardar distancia. Edward sabía que era por el peligro que su subconsciente identificaba, y este hecho lo agradecía el lector de mentes.
—Veo que llegaron bien —dijo Alice como saludo.
—Curioso que llegaras tarde, Edward —comentó con sorna Rosalie.
Edward rodó los ojos, y se abstuvo de responder. No sabía el porqué, pero desde que conoció a la rubia ésta le guardaba cierto rencor, y disfrutaba restregarle en la cara cualquier error, sin importar lo mínimo que fuese.
—Bueno, que tampoco hemos llegado tan tarde —salió a su defensa Lizzy, mientras que fruncía un poco el ceño.
—A ti nadie te ha preguntado, Margaret —rugió en voz baja Rosalie.
—Tranquila, amor —susurró Emmett abrazando a su pareja, pero al ser todos vampiros los escucharon. Emmett podía ser muy distraído la mayoría de las veces, pero la mirada que le estaba enviando Jasper prometía dolor a Rosalie si seguía lastimando a Elizabeth. Lizzy le sonrió a Jasper, quien se tranquilizó notablemente.
Edward se acercó a Lizzy, por lo cual ella se apoyó en él. Edward no comprendía porque había veces en que Rosalie mostraba los celos que sentía hacía Lizzy, y se lo había preguntado varias veces, sólo para que la rubia se pusiese evasiva con él. Al fin de cuentas Edward no se preocupaba demasiado, porque a pesar de todo sabía que Rosalie amaba a Lizzy.
¿Qué tendrá esa que no tenga yo?, fue el pensamiento lleno de rencor de Jessica Stanley que lo hizo regresar a la cafetería. Hacía ya hace un tiempo que Jessica había intentado enamorar a Edward para así demostrar que era superior a sus compañeras. Edward sabiendo sus intenciones (además de que no le atraía ni un poco) se negó, pero al ver lo intensa que se estaba poniendo la humana, Lizzy intervino diciendo que tenían una larga relación ella y Edward. Desde ese momento Jessica aprovechaba cualquier oportunidad para insultar mentalmente a Lizzy.
Edward volteó, interesado, haciendo que sus hermanos imitaran la acción. Jessica estaba al lado de la nueva, a la vez que Ángela, Mike y Eric la rodeaban. Isabella se notaba visiblemente incomoda, al tiempo que Stanley parecía estar en su mejor momento, bombardeando a la nueva con preguntas. Lizzy achicó los ojos para así bufar.
—¿Pasa algo, Lizzy? —preguntó preocupada Alice, y a su lado, Jasper puso su atención en su hermana menor.
—Jessica pasa —informó molesta—. No hace más que soltar una mentira tras otra —terminó irritada, si había algo que le molestaba eran las mentiras.
—Eso no es algo nuevo, ¿o sí? —indagó con tranquilidad Rosalie. Se sentía culpable por haber hecho sentir mal a su hermana pequeña (y así la veía, ya que fue la ultima en ser transformada), y más cuando recordaba que desde que supo hablar le decía lo hermosa que era, pero era muy orgullosa para disculparse. Supo que todo estaba bien cuando su hermana sonrió divertida para negar con la cabeza.
—No, pero lo que si es nuevo es que hasta ahora Isabella no ha mentido.
Este hecho impactó a los vampiros, quienes desde que Elizabeth se convirtió habían comprobado que una persona decía tres mentiras por cada diez minutos de conversación, y la que llevaba Swan con Jessica ya sobrepasaba los treinta minutos.
—Eso si es nuevo —dijo divertido Emmett—. Edward, ¿por qué no lees sus pensamientos? Lo más seguro es que ya la chica Stanley le ha llenado los oídos con chismes nuestros.
Edward sólo asintió, para así centrarse en Isabella. Intentó escuchar lo que pensaba, pero sólo hubo silencio. Edward lo intentó una vez más al tiempo que fruncía el ceño. Ya sabía como se escuchaba la voz de Isabella, después de todo, lo identificó en los pensamientos de Jessica, pero cada vez que intentaba adentrarse en su mente no lo lograba.
—No puedo hacerlo.
—¿Cómo que no puedes? —preguntó con tranquilidad Jasper, pero su cuerpo se tensó.
—Lo que significa; no puedo oír sus pensamientos. —Edward ignoró los pensamientos de sus hermanos (en especial los de Rosalie) para centrar su atención a la mente de Elizabeth.
—Lizzy, no te atrevas —advirtió, haciendo que la atención de sus hermanos fuera hacía él.
—¿Qué es lo que hará? —preguntó irritada Rosalie, exteriorizando como se sentían tanto Jasper como Emmett. Por alguna razón, Alice se quedó calmada, sonriendo de una forma que demostraba que sabía algo que los demás no, por suerte toda la atención estaba en su hermana pequeña, por lo cual nadie se dio cuenta.
La pregunta de Rosalie fue respondida con rapidez ya que Lizzy, ignorando la advertencia de Edward, comenzó a caminar hacía la mesa de Isabella. Más de uno volteó a verla, porque a pesar de su baja estatura, Lizzy resaltaba por su belleza sobrehumana (la misma que poseía su hermanos), y su cabello largo junto a su vestido verde parecían flotar al tiempo que caminaba con extrema delicadeza.
—Hola —saludó Elizabeth con una suave sonrisa—. ¿Puedo sentarme con ustedes?
—¡Por supuesto! —accedió entre tartamudeos Mike.
Manteniendo la sonrisa, Elizabeth se sentó entre Jessica y Isabella, para así dirigir su atención a la última. La observó por unos segundos, notando que su piel era pálida —no tanto como la suya ni la de sus hermanos— y sus grandes ojos eran de un color marrón. Aparte de eso, no entendía porque todos tenían tanto revuelo por la humana, aunque Lizzy tenía que admitir que sus ojos si que eran bonitos, además de que a través de ellos se notaba lo nerviosa que estaba.
Sonrió un poco más (cuidando que sus colmillos no se vieran) para así hablar:
—¡Hola!, supongo que ya lo te hablaron de mí, pero por si acaso me llamo Margaret Elizabeth, aunque la mayoría me dice Elizabeth o Lizzy. Tú eres Isabella Swan, ¿no?
—Sólo Bella, si no es mucha molestia —musitó en voz baja. Se notaba que no le gustaba ser el centro de atención.
—Bueno, Bella será. —Dejó de verla para centrarse en los adolescentes a su alrededor—. Y, ¿de qué hablaban antes de que llegara?
Sin demostrarlo, Elizabeth disfrutó ver lo incómodos que se notaban Jessica, Mike y Eric, sobre todo Ángela, por su pregunta. Lizzy ya sabía de antemano que estaban contándole todos los chismes que se sabían de su familia a la chica nueva, pero siempre disfrutaba ver como los humanos, a pesar de verse descubiertos, buscaban una forma de evitar decir la verdad.
—Lizzy, ¿te puedo llamar Maggie? Ya sabes, para así tener un saludo especial. Si quieres tu me puedes decir Bells —interrumpió el silencio incomodo Bella.
La vampiresa volvió su vista a la chica nueva, ligeramente impresionada, pero sin dejar ver dicha emoción. Bella seguía sin mentir, además de que había ayudado a sus compañeros apenas conociéndolos. Sin querer ser muy mala, Lizzy decidió dejar el tema de lado.
—Me parece bien. —Dio una mirada a su alrededor y reprimió una carcajada al ver las caras de alivio de los demás—. Bells, me pareciste muy interesante, espero poder hablar contigo en otra ocasión. —Los adolescentes a su alrededor miraron a la vampiresa asombrados, y no sólo ellos, sino algunos estudiantes más que se acercaron a escuchar lo que decía Lizzy. Nunca esperaron ver a una Cullen interesada en alguien más que no fuese familia.
—Gracias —musitó Swan con una pequeña sonrisa. Sus mejillas estaban rosadas, y su piel pálida no hacía más que acentuar este hecho.
—Yo ya me voy, mis hermanos deben estar preocupados y más porque no les dije que vendría aquí. —Sin esperar respuesta se levantó, y camino devuelta a su mesa con tranquilidad, como si lo que hubiese hecho fuese cosa de todos los días.
Cuando estuvo sentada Lizzy se dio cuenta de que tenía la atención de todos sus hermanos en ella, a pesar de que ninguno la miraba, sino que fingían estar comiendo. Sonrió enigmática, para así sonreír.
—Por los momentos, no es un peligro.
