Hermione no sabe qué hacer con la presencia de Malfoy, pero si para ella es difícil ¿Cómo será para él? Sin embargo, a él lo mueve algo más que solo el amor de defender el mundo mágico será un deseo egoísta, pero solo los mortífagos adolescentes saben lo que vivieron.

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Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K. Rowling, excepto por alguno que saque de mi mente retorcida.

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CAPÍTULO 3
«FIESTA»

POV Draco

Después de la guerra, cuando mi madre y yo nos revelamos en contra de las órdenes del Sr. Tenebroso y que le diéramos la espalda, después de... Suspiro recostando mi cabeza en el cómodo asiento de mi gran oficina, hay tantos "después de" que siento que en cualquier momento podría reventar y quedar tan loco como aún se encuentra Lockhart en el Hospital de San Mungo.

—¿Señor Malfoy? —me llama mi asistente muggle por medio de un intercomunicador y lo atiendo de inmediato, tal vez ella tenga algo que pueda sacarme de mis pensamientos.

—¿Sí?

—La señorita Parkinson desea verlo, ¿puede pasar?

—Claro —aunque a decir verdad es algo que me gustaría poder evitar, ya que, aunque Pansy me visitara cada día, su cántico siempre es el mismo.

—¡Por las barbas de Merlín, Draco! ¿Cómo puedes soportar a tanto muggle? Esto es peor que vivir en una casa llena de sucios y tontos trolls.

—Y lo dice la persona que vive igual que yo.

—Ciertamente vivo en el mundo muggle, pero solo lo hago por negocios, cada vez que puedo y lo sabes bien, siempre me retiro al mundo mágico, si paso mucho tiempo aquí, sabes que me da cierto tipo de repulsión.

—¿A qué vienes Pansy? Porque si es solo a quejarte porque estoy viviendo en el mundo muggle puedes irte por donde entraste —le respondo con fastidio y me hace una mueca con el mismo tono. Empieza a hacer varios hechizos para insonorizar mi oficina.

—Eres una vergüenza para todos los ex mortífagos Draco, siendo un Malfoy, el único hijo de una familia tan pura y noble como la tuya, ¿cómo es posible que te hayas establecido con los despreciables muggles por completo?

—¿Cómo es posible? —le hago la pregunta de manera retórica levantándome de mi asiento—. "¿Cómo es posible?" ¿Preguntas? Sencillo... ¡porque yo quiero! ¡Porque por primera vez en mi vida puedo decir que lo hago por mi maldita libertad!

Le grito exaltado y furibundo, estoy harto de todo lo que ha pasado, sí, tengo un maldito estigma el cual debo de seguir, pero después de vernos convertidos en un par de sirvientes que nos pisotearon hasta que ya no quedaba nada de nuestro orgullo, creo que me gané el maldito derecho de seguir con mi vida, de decidir qué es lo que quiero, aunque sea con los muggles que siempre he despreciado.

—Esta es la última vez que me reclamas algo Pansy, de ahora en adelante tu presencia estará estrictamente prohibida —ella se queda observando a mi chimenea, con lo cual me da a entender que ella podía entrar cuando quisiera y que nadie podrá verla—. Solo hay una persona que puede pasar esa chimenea Pansy, y te garantizo que no eres tú.

Ella suspira viendo al suelo, sus ojos empiezan a brillar como si quisiera llorar, pero no lo consigue, creo que muchos de nosotros cambiamos demasiado después de aquellas experiencias, y puedo garantizar que a pesar de que los demás vivieron experiencias terribles, de nuestro lado, también las sufrimos y Pansy no fue la excepción.

Se quita su abrigo levantándose la manga de su blusa verde claro enseñándome la marca negra que nos simbolizaba como mortífagos, sin embargo, el cráneo de donde debería de salir la serpiente que tanto simboliza a Voldermot hay una especie de venda la cual impide que abra la boca dejándola salir, esto fue el detector impuesto por el Ministerio de Magia para podernos controlar en cada parte de la tierra, una especie de GPS, como lo llamarían los muggles.

—Somos pocos Draco los que hemos logrado estar fuera de Azkaban, estamos siendo controlados por los Aurores, inclusive somos despreciados por la sociedad mágica por nuestras acciones pasadas a pesar de que solo éramos unos niños llenos de prejuicios, ¿realmente crees que los pocos que quedamos, debemos enemistarnos?

—¿Por qué crees que salí del mundo mágico en primer lugar? Si hubieras sido inteligente, estarías aquí conmigo a tiempo completo.

—¿Desprecias a tu madre por haberse encerrado en su casa para evitar el contacto con...? —antes de que ella pueda terminar de hablar la arrincono contra la puerta agarrándola por el cuello.

—Si vuelves a decir algo sobre mi madre Pansy, no solo te lo juro, te prometo que no me importará que me lleven a Azkaban por haber utilizado la maldición asesina contigo. Nuestras miradas furiosas se encuentran, no dice nada, pero al cabo de un par de segundos intenta zafarse de mi prisión para poder conseguir respirar.

—Tie...nes razón... me pasé... —asegura con dificultad por la falta de aire, así que finalmente la suelto. Ella cae al suelo sobre una de sus rodillas tosiendo intentando recuperar su postura, pero se le dificulta conseguirlo.

Ha pasado un año desde que abandoné el mundo mágico y solo lo visito cuando tengo que ir al Ministerio de Magia o a la casa de mi madre, el mundo muggle me ha proporcionado la tranquilidad que andaba buscando tras haberle dado la espalda al señor Tenebroso y que los otros mortífagos también nos aborrecieran. Son pocos los amigos que he conservado tras nuestra «traición», Pansy, ha sido una de ellas a pesar de nuestra historia.

Al cabo de un rato se levanta con gracia como solo ella podría hacerlo, pasando sus manos sobre su corta y lisa cabellera negra arreglándose.

—¿A qué has venido realmente Pansy?

—Solo quería saber si vendrás esta noche.

—Lo haré —aseguro con determinación, ella se sorprende ya que durante más de un mes he dejado de asistir a nuestras reuniones semanales—. Aunque no deberá sorprenderte a quien llevaré en esta ocasión.

—¿Llevarás a alguien? —pregunta confundida, no respondo algo tan obvio especialmente después de que se lo acabo de decir—. ¿Quién?

—Solo dile a tu mestizo que se controle cuando la vea —ella frunce sus ojos.

—Vamos Draco, dime ¿a quién llevarás?

—Creo que la sorpresa se podría atrofiar si te lo digo, además —digo bajando el tono de mi voz y acercándome a su oído— siempre me ha gustado los gestos de confusión de los demás ante mis actos.

Pansy se sonroja bajando su mirada, aclara su garganta y luego se despide sin decir mayores palabras más que un escueto «nos vemos». Cuando sale de mi oficina, vuelvo a sentarme sobre mi sillón dejando caer mi cuerpo, creo que estoy por hacer (nuevamente) la cosa más estúpida y arriesgada de mi vida, si todo sale mal, no solo seré yo quien pague los platos rotos, sino que será ella también.

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Mi primer encuentro con Granger ha sido tal y como lo he previsto, inclusive mejor, aquella leona está dispuesta a clavar sus dientes en cualquier presa y estoy más que seguro que no se detendrá si lo que tiene frente a ella es una serpiente, pero ¿qué pasaría si esa misma serpiente sea quien la deje como a un manso gatito? Mi orgullo se exalta solo con el pensamiento.

He querido permanecer sereno ante su desnudez y al tocar sus senos al colocarle los vibradores, pero algo dentro de mí se ha agitado, ¿la come libros y yo? Eso es como pensar que los Malfoy no somos de sangre pura. Sacudo mi cabeza al salir de su habitación, la he dejado sola para que termine de arreglarse, espero que no me decepcione.

Al cabo de unos minutos aparece en el salón, el color verde le queda perfecto en su piel clara, se ve completamente diferente, seductora, pero al mismo tiempo recatada, lo cual me conviene, no quiero que llame la atención más de lo que lo hará, además, no creo que esté preparada para hacerlo.

—Te... —la voz me sale algo cortada ¿qué ha sido eso? ¿me he puesto nervioso? Aclaro mi garganta simulando que tengo alguna molestia y ella me ofrece un vaso con agua el cual niego—. Deberíamos de irnos ya.

—Solo quería parecer amable, después de todo, no quiero que mueras y yo sin saber qué rayos es lo que estoy haciendo.

—No te preocupes Granger, no moriré tan fácilmente —abro la puerta de su apartamento para que podamos irnos en mi auto, al llegar mi chofer nos abre la puerta y ambos nos metemos.

—¿Qué estamos haciendo aquí? —pregunta desconcertada cuando nos acomodamos sobre los asientos de cuero

—¿No los conoces? —pregunto con sarcasmo—. Se llaman automóviles y sirven para desplazarse de una manera absurda de un lugar a otro. Vamos Granger, pensé que por ser hija de muggles conocerías mejor que yo estos aparatos.

Entorna los ojos fastidiada, yo introduzco mi mano a la bolsa de mi saco y presiono el botón del control remoto de uno de los dos vibradores que está en su pezón derecho, lo cual hace que, de un salto sobre el asiento, mientras sus mejillas se ruborizan

—Por Merlín, ¿qué estás haciendo? —pregunta en voz baja completamente desconcertada.

—Tu irrespeto lo castigaré Granger, cada vez que entornes tus ojos, tu pezón derecho será el que sufrirá, si me respondes mal, será el izquierdo, si la falta es más grave, lo tendrás en los dos.

—Maldit... —nuevamente da un brinco sobre el asiento cuando la descarga llega a su cuerpo solo que en esta ocasión castigo ambos pezones, clava sus uñas en el asiento apretando sus claros ojos todo lo que puede y frunciendo sus labios.

—¿Más tranquila? —cuando la corriente que ha traspasado su cuerpo termina, éste veo cómo se relaja, inclusive puedo notar que respira más agitada como si estuviese completamente agotada, aunque ella intenta disimularlo.

—Todo lo que se me permite —responde con sarcasmo una vez más, frunce sus ojos asumo que, esperando la descarga en su pezón izquierdo, pero decido ignorar su falta, es divertido ver sus reacciones y que cada una de éstas sean provocadas por mí, pero cuando es algo tan predecible, aburre.

Me muevo acercándome al compartimiento refrigerado del auto para sacar una botella de champagne y una copa, primero destapo con familiaridad la botella y luego le sirvo un poco entregándole la copa, luego hago lo mismo con la mía. Al regresar la botella al compartimiento doy y sorbo a mi bebida para luego entregarle un antifaz del mismo color de su vestido.

Ella lo acepta sin decir una palabra y después de probar su bebida decide empezar a entablar conversación.

—Por un momento pensé que utilizaríamos la chimenea, nunca imaginé que a donde vamos, sea a donde sea eso, nos desplazaríamos en un artefacto muggle.

—Mi habilidad —digo en voz baja para que ella pueda entenderlo y que Mikael, mi chofer, no pueda mal interpretarlo, los muggles nunca han lidiado bien con la magia— no debe de ser expuesta Granger, así que te pido que también restrinjas la tuya.

—Es bastante considerado de tu parte.

—O quizás —digo dejando la copa a un lado y subiéndome la manga de mi saco junto a mi camisa para que ella pueda ver la restricción de mi brazo— sabio.

Ella observa con detención mi marca y antes de que pueda bajar las mangas me toca con uno de sus dedos.

—¿Dolió?

—¿Cuándo me la impusieron? —pregunto desconcertado, ella asiente—. No lo recuerdo —miento.

—Actualmente, ¿te duele?

—No particularmente —¿por qué se muestra tan curiosa?

—¿Puedes hacer... —ella baja la voz acercándose a mi oído, mi piel se eriza— hechizos? ¿O solo son las maldiciones las que te restringen?

—Puedo hacer uso pleno de mis habilidades, sin embargo, cada vez que lo hago la serpiente intenta salir del cráneo y cuando lo hace una pequeña espada aparece provocándome un pequeño dolor, creo que podría asemejarse como a una picada de un mosquito, pero si intentara crear una maldición alertaría al Auror a quien he sido asignado, él aparecería frente a mí utilizando el hechizo que crea conveniente y me llevaría directamente a Azkaban sin hacer pregunta alguna.

—¿Es por eso por lo que restringes tu... tus habilidades?

—Quién sabe —respondo encogiendo los hombros como si eso no me importara.

Cuando vine al mundo muggle, realmente lo hice por huir del mágico, para todos, mi familia y yo éramos unos traidores, despojados de todo, nuestra fortuna había decaído, pero no tanto como para perderlo todo, lo que más nos afectó fue la caída de nuestro estatus especialmente cuando mi padre fue condenado a Azkaban.

Fue bastante difícil el adaptarme, pero el vivir aquí también era una restricción para no utilizar ningún hechizo y hacerlo todo por mi cuenta. Descubrí que tengo habilidades que para el mundo muggle son bastante remuneradas y aunque nuestra fortuna se sigue incrementando también la mía propia la he hecho desde cero.

Me muerdo los labios conteniéndome para no decir una palabra, por alguna razón me gustaría contarle una pequeña parte de mi pasado, pero hay otra que me está dando de patadas, ¿por qué tendría que decirle algo a ella?

El resto del camino lo llevamos en silencio y agradezco a Merlín porque no deseo que pregunte nada más de mi vida. Estamos en Londres, no en el mundo mágico, trasladándonos por medio de un automóvil, una limusina bastante lujosa y ella ha acatado mi orden de dejar su varita, yo la llevo escondida en mi bastón, uno que es bastante parecido al que utilizaba mi padre, solo que a diferencia de la de él que era una serpiente con la trompa abierta enseñando sus colmillos, la mía es una que mantiene cerrada con su lengua de fuera, justo como el emblema de la casa de los Slytherin, debo de admitir que de esa manera puedo llevarla a donde desee engañando a los muggles.

Cuando el auto se detiene, el chofer se baja y nos abre la puerta delante de una increíble mansión, llena de jardines espectaculares, estamos en las afueras de la ciudad. Los mayordomos van elegantemente vestidos con su fraq negro y guantes blancos. Es hora de ver si Granger realmente nos puede ser útil.

—Muy buenas noches señor Malfoy —me hace una reverencia uno de ellos y yo solamente asiento con la cabeza entregándole mi gabardina negra, le quito a Granger el abrigo de piel beige y el mayordomo lo recibe también—. Muchas gracias señorita. La señorita Pansy está esperándolo señor Malfoy.

—Iré con ella enseguida Arthur. Gracias —ella me vuelve a ver completamente desconcertada—. ¿Qué?

—¿Te he escuchado decir, a ti, Malfoy, al grandioso Draco Malfoy, el hurón orgulloso, la serpiente más soberbia y orgullosa de todos los Slytherin un: «gracias»? —siento que un calor intenso que se aloja en mi rostro, espero no haberme ruborizado con aquella maldita pregunta.

—Al país que fueres, haz lo que vieres.

—¿Cómo es posible que te hayas familiarizado tan bien con los muggles cuando nos considerabas lo peor del mundo? —pregunta con curiosidad.

—Si te portas bien, algún día te lo contaré.

Ella vuelve a ver al lado contrario y puedo observar como sus orejas están rojas, ¿tendrá alguna alergia?

En nuestro trayecto a través de los grandes salones de la enorme mansión que posee Pansy, vemos como varias personas llevan antifaces, los magos y brujas que estamos pasando por simples muggles se sorprenden al verme especialmente al reconocer a Granger a un lado mío, los demás simplemente lo hacen por verme con alguien. Supongo que todos deben de pensar que somos una pareja bastante inusual, todo el tiempo ambos nos auto proclamamos como enemigos acérrimos, no por la guerra en sí, si no por nuestros estatus sociales, ¿un sangre pura junto a una sangre sucia?

El inmenso salón que está lleno de mamparas de cristal, por donde quiera que se vea todo brilla, hay cuadros normales de pintores muggles famosos, así como de algunos magos camuflajeados, son estáticos y no se mueven como los del mundo mágico, sin embargo, aquellos que sí han sido dibujados por magos o brujas, tienen un encantamiento especial que logran que las personas se enamoren de ellos pagando cualquier costo.

A medida vamos llegando al salón en donde están mis amigos, ella carraspea su garganta disminuyendo el paso, varias personas me saludan a lo lejos y yo simplemente asiento, pero al darme cuenta de que ella se acerca a mí me voy alejando del resto disimuladamente. Entramos en un pequeño salón, la biblioteca personal de Pansy, el único lugar en donde tiene una pequeña y acogedora chimenea junto a un sillón verde, el cual es el paso para nuestro mundo.

—Habla.

—¿Se me permite hablar? —el cuello se le tensa al momento en que su cuerpo se estresa al sentir la corriente eléctrica en su pezón izquierdo.

—Solo si lo haces con respeto, si no, un conjuro para que no hables durante el resto de la noche te caería bien.

—¿Ahora sí puedes hacer magia? —otro toque por su sarcasmo, estoy seguro de que debe de estar maldiciéndome en su interior y eso hace que mi cuerpo se erice y caliente.

—Tienes un minuto Granger.

—¿En dónde estamos?

—En la mansión de Pansy. Esta noche tiene su presentación de su colección de invierno para sus amigos e inversionistas exclusivos.

—¿Pansy Parkinson?

—Sí.

—¿Por qué ustedes, los Slytherin más conservadores, sangres puras que odiaban tanto a los muggles viven con ellos y dependen de su economía?

—No es algo que te importe por el momento, pero sí, la mayoría de nosotros vivimos aquí. Pansy es una diseñadora famosa, Blaise es dueño de una compañía de publicidad, Astoria es diseñadora gráfica y le ha ido bastante bien, mientras que yo tengo una compañía de subastas y venta de artículos antiguos. De vez en cuando todos visitamos el mundo mágico con el mismo objetivo: nuestras revisiones periódicas con el ministerio de magia y nuestro auror designado.

Aunque a decir verdad Pansy es la que más pasa en el mundo mágico, detesta a los muggles más que yo, pero es algo que no pienso decirle, no todavía.

—¿Estamos en una exhibición de... ropa?

—Una pasarela Granger, pensé que por ser una... hija de muggles conocerías de este tipo de cosas —gruñe frunciendo sus labios, estoy seguro de que no ha dicho todo lo que está en su cabeza—. Te quedan 30 segundos Granger.

—¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Estamos representando que somos una pareja? —¿Cree que estamos representando un noviazgo? Eso me hace sonreír haciéndome recordar que eso sería imposible de «representar», ni nosotros mismos nos tragaríamos esa ridiculez, mucho menos los demás, pero al ver a Pansy con el idiota mestizo y que se ha integrado tan bien al grupo, es probable que Astoria y los demás crean en esta farsa.

—¿Qué estamos representando? —le hago la misma pregunta haciendo que se estrelle contra la librera, un par de libros tambalean mientras que otros caen a nuestros pies sin tocarnos. Me acerco a su cuello oliéndolo como si fuese un depredador, cierro mis ojos aspirando su aroma para que éste se me impregne en cada uno de mis sentidos, es uno agradable, tal vez eso pueda darme fuerzas para continuar—. ¿Crees que nos haremos pasar como novios ante todos mis amigos?

—No sé qué es lo que quieres de mí Malfoy, y ciertamente si no me lo dices es probable que esta farsa no salga tan bien, así que sí, necesito que me digas, ¿qué estamos representando?

—Que eres mi mascota, una fiel y obediente, sumisa y callada, solo esperando a acatar mis órdenes.

—¡¿Qué?! —grita separándose de mí—. ¡No puedo hacer algo así! —Hermione Granger, una fiel Griffindor, integrante del trío dorado que salvó el mundo mágico ¿sumisa y callada? Con solo pensarlo me echo reír separándome de ella.

—Estás aquí para aparentar que después de tu desaire con el Ministerio, con todos tus rechazos a pesar de tener una buena reputación y por todos los desprecios que has tenido hasta el momento, te encuentras harta y necesitas de algo más y ¿qué más que meterte en un nido de serpientes arrepentidas?

—¿Estás hablando en serio?

—Si te comportas Granger, al final de la noche podré decirte el porqué estás aquí, pero si no lo logras hacer, puedes despedirte de esa adrenalina que tanto ansías sentir una vez más.