Holis *-* Siendo las 23:00 del día Martes, 26 de Noviembre del 2013, y quedando sólo 1 hora para mi cumpleaños Nº 23 ( D: ) me dispongo a publicar un nuevo capítulo de Una buena madre :') Hago un alto en mis estudios para hacerme un auto-regalo xDDDDD y de paso intentar revivir el Fandom que harto botado que está :c
Bueno lindis :D Espero que les guste este nuevo capítulo de las peripecias que tiene que hacer Yuuko para espantar a las bataclanas que rondan a su hijo xD
Aclaraciones: Digimon y sus personajes no me pertenecen :( Y no quiero dejar de tener par de patos :'( Pero para que valga la pena, quiero un Taichi Yagami y un Johnny Herrera para mi cumpleaños :L Así no me molestaría cumplir años todos los días xDDDDD
Una buena madre...
Capítulo II:
Hace de todo por sus hijos
Sonreía como un tonto una y otra vez, pese a que debía estar serio, concentrarse y mantener la calma.
Pero era inevitable para él dejar de hacerlo, y es que tenía una razón muy grande para estar así de feliz…
—Disculpa a mi mamá, es un poco maniática cuando se trata de mi…
—Descuida, ya noté eso. —dijo divertida ella. —Es normal, yo haría lo mismo en su lugar.
El moreno la miró entre que intrigado, alarmado y sorprendido, a lo que ella no hizo más que afirmarlo. —Sí, porque si mi hijo fuera así como tú, yo también lo cuidaría de todas las aprovechadoras que andan rondando por ahí…
—¿Así como yo?, ¿a qué te refieres con eso?
—Así… Ya sabes, con un gran futuro por delante… Prometedor…
Él lo sabía, lo había notado, su tono de voz y sus actos habían cambiado con aquella declaración, había confianza entre ellos, sí, y mucha, sin embargo ahora podía percibir algo de tensión en el ambiente, una tensión agradable…
Comenzó a acercarse a la pelirroja a medida que ella enumeraba las cualidades que según ella, él poseía.
—Simpático, agradable… Atractivo…
—Y buen besador. —acotó él.
—¿De verdad eres buen besador? —inquirió en parte siguiéndole el juego.
Tai no dejó tiempo para más, y tan pronto como ella terminó la pregunta, ya tenía los labios del moreno besando los suyos.
Muchos lo considerarían apresurado y hasta irresponsable de su parte, pero simplemente lo hizo, porque le nació el impulso de hacerlo… Y lo que agradeció infinitamente era que ella le correspondiera.
Ahora la veía desde la cancha, estaba parado en el círculo central, a la espera de que el árbitro diera inicio al encuentro por el torneo interescolar.
Ella se dedicaba a mirarlo desde las graderías, ambos con una enorme sonrisa que delataba toda la felicidad que sentían. En parte con ello olvidaba la presión del momento.
Para el final del primer tiempo el equipo del moreno iba ganando cómodamente por dos goles a cero, sin embargo, ninguno de los integrantes del equipo se confiaba por el resultado parcial, sabían que debían pelear el partido hasta el último segundo. Todos se dirigieron hacia los camarines, menos él.
Además de la pelirroja tenía una razón muy importante para estar nervioso.
En su lugar corrió hacia la reja que dividía la cancha de las galerías, así mismo lo hizo ella, encontrándose en aquella separación. Entrelazaron sus dedos en la reja, y a su vez rozando los del otro.
—¿Jugué muy mal? —preguntó él, sabiendo de antemano la respuesta que daría la pelirroja.
—¡¿Mal?! Jugaste excelente, marcaste un gol y diste la asistencia del segundo gol, además tiraste muchos centros y pases correctos…
—Lo sé, pero es que… —suspiró. —ven conmigo.
Pidió él. Caminó hacia la puerta de la reja, asimismo lo hizo Sora, quien lo siguió del otro lado hasta llegar al lugar solicitado por él.
—¿Qué tienes?, ¿estás bien?
—No…
—Luces nervioso.
—Mi entrenador me comentó algo antes de salir a la cancha, se supone que yo no debería saberlo, pero vino a verme uno de los ayudantes del Director Técnico del equipo titular del Tokyo y el Preparador Físico. —explicó él, hizo una pausa para tragar nerviosamente.
—Pero Tai, eso es excelente. —exclamó. —Quiere decir que el Entrenador está pensando en ti para un próximo partido.
—Es lo mismo que dijo mi entrenador…
—Tiene sentido, pues hay seis delanteros en toda la planilla titular, tres de ellos están con lesiones que aún no les permiten jugar y uno está suspendido por una expulsión. Quedan dos, y al DT le gusta plantear el juego con tres delanteros, ya probó poniendo a un mediocampista haciendo las funciones de "9" y no le resultó. —Tai asentía a todo lo que decía ella, en todo tenía mucha razón. —Lo más lógico es que busque a un jugador juvenil para poner en aquel puesto, y ese podrías ser tú… —habló feliz e ilusionada por él. En poco tiempo de conocerlo, ya sabía exactamente cuales eran las metas y deseos del moreno.
—¿Y si lo hago mal?
—Tai… Por algo eres capitán del equipo de la preparatoria y del juvenil, no sólo porque eres un gran jugador sino porque a tus compañeros les inspiras confianza… Ellos creen en ti, y tú nunca les haz fallado. Tai, todos confiamos en ti…
—¿Tú también? —ella asintió, y mientras sonreía, un leve rubor se acrecentaba en sus mejillas.
Tai correspondió aquella sonrisa e instintivamente comenzó a acercarse hacia ella, quería volver a sentir sus labios unidos al igual que el otro día. Y estuvo apunto de lograr su cometido.
—¡Yagami!
Aquel grito de su entrenador atravesó toda la cancha hasta llegar a sus oídos y alarmarlo. Volteó para encontrarse con un hombre de brazos cruzados y viéndolo con cara de asesino. Si no iba corriendo, moría en el acto, antes de ver concretado su más grande sueño. Sin más acudió a su llamado, no sin antes susurrarle algo al oído a Sora.
Reunido ya todo el equipo, los alentó, les dio ánimos y consejos para asegurar la victoria en el segundo tiempo y quedar a tan sólo un paso de ser campeones nacionales por tercer año consecutivo.
—Todo esto es tú culpa. —increpó ella a su marido. —Si no te hubieses detenido a comprar cigarrillos nada de esto estaría pasando.
—¿Perdón? No fui yo quien quería devolverse a buscar la cámara, por más que te dije que con el celular también se podía tomar fotos. —se defendió Susumu. Yuuko no hizo más que verlo casi con desprecio, había sido derrotada por su marido, le había echado la culpa de su retraso de una hora, siendo que ambos la tenían, además del tráfico asqueroso de la ciudad, sobre todo a esa hora de la tarde. Y lo peor era que se había perdido el primer tiempo del partido de su hijo.
El hombre se adelantó mientras la orgullosa madre buscaba a su prodigio futbolístico en medio de la cancha, mas fue inútil, aún no concluía el entretiempo.
—¿Sora?
Tan pronto como escuchó su nombre, la pelirroja volteó hasta encontrarse con la del padre de Tai.
—Buenas tardes señor Yagami.
—Disculpa, ¿están ocupados estos asientos?
—No, adelante, siéntese. —indicó con amabilidad que él correspondió.
—¿Cómo está tu tobillo?
—Bien, ya estoy completamente curada. —sonrió.
—Me alegro mucho.
—Hola señora Yagami. —saludó cordial nuevamente cuando vio a la madre de Taichi llegar finalmente al lado de su marido. Ella dejó ver una sonrisa algo torcida para luego sentarse a un lado de Susumu.
—Susumu… —llamó a su marido para que se acercara más a ella. —¿Qué haces hablando con el enemigo? —aprovechó de preguntar en un susurro cuando tuvo su completa atención.
Sora también aprovechó el momento para buscar con la mirada a toda aquella persona sospechosa que pudiera ser el ayudante que había enviado el Director Técnico para estudiar al moreno, y por más que buscaba no encontró a nadie parecido.
—¿Qué enemigo?
—Esa chica…
—No es enemiga de nadie, Yuuko, es amiga de nuestro hijo y es una chica muy agradable. —dijo el hombre susurrando al igual que su esposa.
—Esta es una bataclana más que quiere quitarme a mi hijito. —acusó entre dientes.
—¿Cómo puedes decir eso? Se nota que aprecia a Tai, por algo está aquí viendo su partido.
—Sólo es para aparentar, ya verás como luego tendrá al ingenuo de nuestro hijo comiendo de la palma de su mano como todas esas víboras.
—Cariño, ya basta, siempre con lo mismo. Deja que Tai sea feliz, si quiere tener amigas, que las tenga, si quiere salir, que salga… Él ya casi es mayor de edad, es prácticamente un adulto. Tiene derecho a decidir qué hacer de su vida.
—Bueno, puede que tú pienses así, pero para una madre, nuestros hijos siempre serán unos bebés.
El hombre rodó sus ojos y suspiró frustrado ante la mentalidad tan cerrada de su querida esposa, pero rápidamente enfocó su atención a la cancha pues los gritos se hicieron presentes cuando el equipo titular salió a la cancha, encabezados por su hijo y capitán.
En ese mismo momento Yuuko se levantó y sus gritos destacaron por sobre los de las demás personas que se encontraban cercanas a ella. Como siempre, era la hincha número uno de su retoño.
Tai tomó su posición como delantero, esta vez nuevamente se giró hacia el público para verla a ella, aunque ahora era opacada por los alientos de su siempre efusiva madre, le indicó la puerta de la reja, a lo que la pelirroja asintió con una sonrisa correspondida por él.
—Nos vemos aquí cuando termine el partido. —le susurró él antes de emprender camino hacia los camarines como le pidió su entrenador.
La sonrisa de bobo abundaba en él cada vez que la pensaba, y más cuando la veía, le era imposible borrarla, pero ahora más que nunca debía concentrarse en realizar un buen partido, al menos los 45 minutos restantes.
El tiempo de complemento dio inicio y con él sus piernas comenzaron a correr en busca de llevar el balón al área rival.
Pasó gran parte del segundo tiempo con el marcador igual, con dos goles a su favor, el arquero realizó un par de atajadas dignas de cualquier homólogo jugando en el extranjero, ayudando a mantener su arco invicto. Ahora el reloj indicaba el curso del minuto 71, llevaban varios instantes moviendo el balón cerca del arco contrario, ejerciendo presión, en cualquier momento vendría el remate que daría paso a un tercer gol, pero con tantos jugadores defendiendo les fue difícil. Lo más cercano que pudieron conseguir fue un tiro de esquina a su favor. Como "9", él debería mantenerse en el punto penal a la espera del balón para poder rematarlo, pero no, él mismo fue a patear el balón al banderín del córner. Taichi mejor que nadie conocía las condiciones y capacidades de los jugadores del equipo.
Retrocedió unos pasos y luego remató centrado, y tal como él lo había pensado, su compañero Kazuo, de un metro ochenta y tres de estatura se elevó y cabeceó al arco, otorgándole el tan esperado tercer gol.
Sus festejos no duraron mucho, puesto que rápidamente llegó el descuento del otro equipo y tres minutos más tarde un segundo gol por parte de la otra preparatoria, quedando a tan sólo un gol de empatar el marcador.
Finalmente eso no ocurrió, el encuentro terminó 3-2 dándoles la ventaja a su escuela. Tai se había anotado con un gol, dos asistencia y un sinfín de remates al arco.
Sus compañeros se reunieron en la cancha a celebrar su paso a la final del torneo escolar, todos se abrazaban y saltaban, en contraste a la ira y la tristeza del otro equipo. El moreno por el contrario, pese a que su felicidad era máxima, se acercó hacia el capitán de la otra preparatoria, estrecharon sus manos, se abrazaron y posterior a ello intercambiaron camisetas, después de todo, a él lo conocía desde que eran unos niños, solían jugar juntos en el parque.
Fue con sus compañeros a felicitar a cada uno de ellos. Varios de ellos se fueron al camarín aún con ganas de festejar el triunfo, otros se quedaron en la cancha con sus familiares o sus novias, y él… Giró su cabeza para enfocar su vista en la puerta de la reja y a una hermosa pelirroja que le sonreía apoyada desde el umbral.
Correspondió a su sonrisa y comenzó a caminar hacia donde se encontraba la chica. Aún podía escuchar los gritos eufóricos de su madre, sin embargo, se callaban a medida que él se acercaba a la pelirroja, todo a su alrededor se esfumaba a excepción de ellos dos.
Porque sólo importaban ellos dos… Nadie más.
—¿Taichi Yagami?
Aquella voz lo hizo salir de su mundo fantástico donde nadie más existía, le hizo comprender la realidad, no estaban solos en su mundo perfecto.
—Sí… —afirmó el moreno nervioso. El hombre sonrió de lado al mismo tiempo que se quitaba sus lentes oscuros.
—Mi nombre es Nobuo Kawaguchi, soy el Ayudante…
—Sé quien es, el ayudante técnico del Tokyo, y usted es Yoshiyuki Shinoda, el preparador físico. —acotó con tranquilidad. La verdad en su interior estaba muerto de miedo. Los nervios en cualquier momento le jugarían una mala pasada.
Sora se dedicaba a mirar lo que acontecería luego. Decidió retroceder unos pasos, después de todo, los hombres querían hablar con el moreno.
Ambos rieron con suavidad luego de intercambiar ciertas miradas. Tai tragó saliva, más nervioso que nunca.
—Verás Taichi, hemos estado observándote, nos hemos tomado la libertad de asistir a partidos se la serie juvenil y también del torneo escolar, como el de ahora… Y coincidimos con Ranko —comentó el señor Kawaguchi refiriéndose al Director Técnico del equipo titular, Ranko Popovic. —que eres un jugador que reúne las cualidades que el equipo necesita.
El moreno seguía con su ataque de nervios, los cuales ocultaba de muy buena manera. No sabía que hacer o qué decir.
Ahora sólo titubeaba.
—Nos gustaría que formaras parte del equipo titular.
—Pe-pero yo… No puedo. —atinó a decir.
Shinoda lo miró extrañado. —¿Por qué no?
A ambos miembros del cuerpo técnico les pareció extraño. Muchos eran capaces de hacer cualquier cosa por obtener un cupo en el equipo titular.
—Porque yo no… Yo no estoy en la nómina, soy un juvenil. —hablaba con leves titubeos, su nerviosismo de a poco comenzaba a hacerse notar.
—¿De qué hablas? Tu nombre ha estado en la nómina desde que comenzó el torneo.
—Es cierto, el mismo Ranko anotó tu nombre en la nómina de jugadores que disputarán el torneo. Nos pidió que te evaluáramos, pero ya no hay nada más que evaluar. Jugarás contra Kashima el fin de semana, claro, si es que quieres hacerlo y te sientes preparado realmente… —comentó el ayudante técnico.
—¡Sí! Claro que sí.
Ambos sonrieron.
Para el moreno era todo un orgullo que hayan pensado precisamente en él para un partido tan importante como el que se jugaría contra Kashima, donde se decidiría el primer lugar momentáneo de la tabla de posiciones, pero ganando ese partido y manteniendo el ritmo en los siguientes, ya optaban al título.
—Antes del partido me gustaría evaluar tu estado físico… —comentó Shinoda. —Y hacer una rutina de ejercicios para nivelarte con los demás jugadores… Tus futuros compañeros.
Futuros compañeros… Aún no podía creer que se rodearía y compartiría con sus ídolos.
Miró a la pelirroja quien a su vez lo observaba mordiendo su labio inferior y sonriendo, evitando dejar escapar un grito de emoción, probablemente se encontraba igual o más feliz que él mismo. Le dedicó una sonrisa, para luego volver a llevar de lleno su atención a los hombres del cuerpo técnico del Tokyo.
—Bueno Taichi, mañana realizaremos doble jornada de concentración, te esperamos a las 15:00. Luego veremos el horario de tus entrenamientos para que no interfieran con la preparatoria y para que estés a la par con tus compañeros.
Tai asintió, y sin más se despidió de ambos. Los hombres volvieron a ponerse sus gafas de sol y salieron del lugar con satisfacción.
Él en tanto llevó ambas manos hacia su rostro y cubrió su boca. Estaba pálido, sentía que en cualquier momento sus piernas le fallaban y caía, o que despertaría de aquel hermoso sueño.
Sora dio un par de pasos hacia el frente, mostrando sus dientes en una enorme sonrisa, emitiendo un agudo grito y agitando sus manos empuñadas, demostrando la emoción del momento. De un brinco se arrojó al cuerpo del moreno, abrazándolo por el cuello mientras él salió de su trance y rodeó su cintura, aún incrédulo de lo que había ocurrido recién.
—Pellízcame, golpéame… No sé, pero haz algo para que despierte.
Así lo hizo ella, hizo algo…
Estiró su cuerpo parándose en puntillas y alcanzó los labios del moreno para besarlos.
—Eso no me ayudó. Ahora creo con mayor razón que es un sueño. —dijo él con sus ojos entre abiertos.
—Bueno, entonces te golpeo.
—No, dejémoslo así. —pidió el moreno, esta vez siendo él quien besara los labios de Sora.
—¿Viste? —preguntó Yuuko a su esposo.
Enojada era poco para definir su estado, estaba furiosa.
Susumu rodó sus ojos sin nada más que hacer.
—¿No te lo dije? ¡Te dije! Era sólo cuestión de tiempo para que esta bataclana aprovechadora sacara sus garras… Tan tiernita que se veía, y tú protegiéndola… 'es una chica muy agradable', 'se nota que quiere a nuestro hijo' —imitó ella las anteriores palabras de su marido. —OBVIO que quiere a nuestro hijo… Quiere aprovecharse de su talento. —el hombre suspiró por enésima vez. Ya se sabía ese discurso de memoria. —Lo tiene aquí —alzó la voz indicando con su dedo la palma de su mano izquierda. —, en unos meses más saldrá con que está esperando un hijo de él… o quizás antes. Acuérdate de mi.
—Yuuko, ya basta…
—¡Sabes que es verdad!
—Amor, en serio… Deja que tu hijo sea feliz. Apóyalo una vez en la vida al menos. Entiende, él ya es prácticamente un adulto, ¿no crees que sabe lo que es bueno para él?
—Claro que no sabe, es un niño.
—Entiende, Yuuko, ya no es un niño, deja de verlo como tal. Él sabe lo que hace.
—¡No tiene idea, míralo! —imploró.
Así lo hizo Susumu, y lo que vio no tenía nada de malo, a diferencia de lo que podía pensar su esposa.
Su hijo no hacía nada de malo, simplemente abrazaba a la pelirroja y se besaban.
Era algo normal, después de todo eso hacían los novios, ¿no?
—Me preocuparía si hiciera eso mismo, pero con un chico… —comentó él, bromeando.
—No seas ridículo, ¿quieres?
Tal y como le había dicho el preparador físico el día anterior, fue al entrenamiento de la tarde.
Luego de diferentes pruebas físicas que le aplicaron, se dedicó a entrenar, primero con una rutina especial y luego con los que ya eran sus compañeros… el plantel titular.
Había sido muy provechoso todo, el hecho de compartir con los titulares, haber podido entrenar a la par con ellos, recibir sus consejos y que lo hayan recibido de buena manera, viéndolo como un aporte para el equipo. Y para él era todo un orgullo.
Ahora volvía a su hogar, sonreía a cada momento y más feliz no podía estar…
Entrenó con normalidad, y luego de la práctica el cuerpo técnico los dividió en dos grupos y organizaron un partido de práctica para ver como el moreno se desenvolvía en la cancha, ya lo sabían, lo habían visto actuar en distintos encuentros de fútbol, pero esta vez sería diferente, no estaría compitiendo con jugadores de su mismo nivel, sino con otros mayores y más experimentados.
El moreno se desempeñó con naturalidad en el campo de juego, parecía un profesional más en la cancha. Anotó dos goles, realizó varios tiros desde el banderín del corner, dirigió a su equipo y además actuó en labores defensivas, reafirmando la decisión del Director Técnico de incluirlo entre los titulares.
Había dado una buena impresión a todo el mundo, y cada vez que podía, volteaba hacia el borde de la cancha para ver y sonreírle a la pelirroja, que había accedido a acompañarlo a su primera práctica, no se lo perdería por nada.
Necesitaba sentir el apoyo de alguien, y nadie más además de ella lo sabía, no quería decírselo a sus padres aún, esa era parte de su sorpresa, ya tenía todo planeado para ellos.
—Nunca en mi vida había estado tan nervioso… —comentó Taichi, ya de camino a la estación del subterráneo.
—¿De verdad? —el moreno asintió. —Entonces sabes disimular muy bien, porque te veías como todo un profesional ahí entrenando, como si llevaras años en el equipo titular.
Él sonrió y optó por mirar hacia otro lado mientras Sora seguía llenándolo de elogios. Además iba muy emocionada, ya que decía que nunca antes había tenido la oportunidad de ver a sus ídolos tan de cerca, que tenía muchas ganas de correr hacia ellos a pedirles autógrafos y fotografías, pero que le daba vergüenza hacerlo, entre otras cosas.
La pelirroja seguía hablándole sobre lo feliz que estaba. Tai decidió apurar el paso y voltear para quedar frente a ella, causando que detuviera su caminar y también su parloteo.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —dijo Tai, ante lo que ella asintió aún sin entenderlo. —¿Te gustaría ser la novia de un futbolista profesional del FC Tokyo?
Se vio obligado a salir rápidamente de sus pensamientos producto de que casi estampaba su cara contra la puerta del edificio. Rió y negó con suavidad.
Parecía un tonto, sí… Pero un tonto completamente enamorado y feliz, que sonreía a cada momento.
—¿De un jugador profesional como Hideto Takahashi? —peguntó Sora, bromeando.
Tai torció sus labios y ladró un poco su cabeza. —Casi —respondió entrando en su juego. —, de un profesional como Taichi Yagami… Aunque es sólo un principiante…
—¿Ah, sí? Pues yo le tengo fe…
—Bueno, creo que eres la única. —comentó. —Bueno y al final, ¿eso fue un sí o un no?
La pelirroja dejó ver una enorme sonrisa seguido de una suave carcajada, se arrojó a sus brazos, abrazándolo por el cuello para luego chocar sus labios contra los de Tai.
Definitivamente era un "sí".
Caminó cuando las puertas del ascensor se abrieron, aprovechó para sacar las llaves de su mochila. Entró al departamento con su ya característica sonrisa que denotaba que nada podía ser más perfecto en su vida.
—¿Estas son horas de llegar? —fue lo primero que le dijo su madre al entrar. Lo primero y lo único que le había dicho luego del partido del día anterior.
—Querida, relájate… Tal vez tuvo entrenamiento, ya se acerca la final y tienen que entrenar mucho si quieren el título, ¿no es así hijo?
—Exacto. Mi papá tiene razón. —respondió el moreno.
Tampoco le quería decir a su familia la buena y nueva noticia, sería una sorpresa para todos ahí. Ya le habían dado entradas, cortesía de los administrativos del club.
También le habían dicho el número que llevaría en la espalda ese día. La casaquilla número 32.
Estaba más que emocionado, se encontraba feliz y ansioso, quería que llegara luego el día sábado y que sus padres lo vieran jugar por el equipo de sus amores, estarían felices y orgullosos pues lo que habían estado esperando por años al fin se haría realidad.
—Oigan —habló Tai llamando la atención de sus padres y su hermana. —, tengo una noticia que darles.
—¿Sí, y qué sería? —cuestionó la castaña menor sentándose al lado de su hermano en el sillón.
El moreno abrazó a su hermana adorada y continuó. —¿Recuerdas a Sora?
—Claro. Tu amiga que vino el otro día que se había torcido el tobillo… Me cayó bien, es muy simpática. —Susumu estuvo de acuerdo con su hija, no así Yuuko. —¿Cómo está ella?
—Bien, ya sanó de su torcedura.
—¿Y qué pasa con ella? —preguntó su madre con un tono hostil.
—Sora y yo somos novios. —anunció feliz.
Tanto su padre como su hermana celebraron la noticia, lo felicitaron. Ambos concordaban en que era una excelente muchacha, pese al poco tiempo de conocerla, les desearon la mayor felicidad del mundo.
Yuuko era otra cosa…
Respiró fuerte una y otra vez, tratando de tragar esta nueva información.
Apenas salía de una y ya se metía en otra.
¿Que acaso este mundo estaba llena de bataclanas aprovechadoras? No lograba comprenderlo.
Su hijo aún ni siquiera era un futbolista reconocido y ya le llovían las yeguas que buscaban colgarse de él.
—Yuuko, ¿no vas a decir nada? —inquirió su esposo.
La castaña se limitó a posar su vista en el hombre y luego en su hijo, al cual veía como si aún fuese un niño, un niño pequeño que necesitaba el resguardo de su madre.
Y para ella, así era.
—¿Novios? —Tai asintió con su enorme y boba sonrisa de siempre. —Novios, hijo… ¿en serio?
—Sí, mamá… No entiendo qué tiene de malo según tú…
—Ah… No entiendes qué tiene de malo, bueno, te lo explicaré por enésima vez, hijo mío. —comentó con un tono sarcástico. —¿Cuántas veces voy a tener que decirte que esas novias tuyas no te traerán nada bueno, amor?
—Ay, mamá… —suspiró.
Otra vez con su discursito.
—Hijo, entiende que las mujeres sólo desvirtúan la carrera de un futbolista, te lo he dicho siempre, desde que trajiste a esa chica aquí… ¿Cómo se llamaba?
—¿Sakura?
—No, la primera… Bueno, no importa, son todas iguales. —sentenció ella. —Entiende, amor, que ellas sólo te quieren porque estás apunto de convertirte en un futbolista de renombre, luego no tendrás cómo sacártelas de encima… Ellas sólo quieren colgarse de tu fama, hijo, no estarán contigo porque de verdad les importes. Sólo buscan la comodidad, quieren una vida fácil y llena de lujos que tendrás que darles tú, con tu esfuerzo…
—Mamá, ya basta. —pidió Tai. —Sora no es así.
—¿Ah, no?, ¿Cómo lo sabes?
—Porque la conozco.
—¿La conoces?, ¿hace cuánto, dos, tres semanas?
—Eso da igual, mamá… Sora no es ninguna… "bataclana" como tú dices, ella es diferente a las demás chicas con las que he estado, nunca había sentido algo igual por otra mujer, mamá, yo pienso que es… amor… Es mi novia.
—Tai, escúchame… Si estás saliendo con esa bataclana sólo para fastidiarme, créeme que lo lograste. Lo has logrado con cada una de las yeguas que has traído a la casa y las has presentado como tus novias. Y no me cansaré de decírtelo, hijo: Las mujeres sólo…
—Desvirtúan la carrera de un futbolista. Lo sé, me lo haz dicho como un millón de veces.
—Y si lo sabes, ¿por qué no lo entiendes?
—Porque es ridículo.
—Ah… Ahora piensas que tu madre es ridícula.
—¿Sabes? Mejor me voy a mi cuarto antes de que sigas poniendo más palabras en mi boca.
Y dicho esto el moreno tomó su bolso deportivo y sus demás cosas para emprender rumbo a su cuarto, para luego no salir.
—Mamá, esta vez te pasaste… —acusó Hikari.
—Nuestra hija tiene razón, amor, lo que le dijiste a Tai no está bien.
—¿Y qué querían que hiciera, que le celebrara también? Por favor… ¿Cómo no se da cuenta que sólo echará a perder su vida y todo lo que se ha esforzado durante años por culpa de una muchachita que no vale la pena?
—Bueno, y si es así, ¿qué importa? Nuestro hijo es feliz… ¿acaso no lo has notado? Anda más alegre, sonríe más, está con más ánimo… Si él dice que está enamorado, entonces yo le creo, porque se le nota.
Yuuko tragó saliva. Puede que su marido tenga razón, y que su hijo sí había tenido un cambio en su actitud.
Antes solía decirle que se sentía agobiado con las labores de la escuela y las prácticas tanto de la preparatoria como del club, que sentía que no tenía tiempo para nada más, que todo lo que realizaba lo hacía casi por inercia, sin embargo, ahora, iba con más ánimo a la escuela, a las prácticas de fútbol, al llegar a casa la saludaba con un beso y un abrazo apretado, cosa que a ella no le disgustaba para nada…
Tal vez su esposo tenía razón y esta… muchachita, le hacía bien a su hijo…
Pero no.
Ella no daría su brazo a torcer, sabía que tarde o temprano su hijo terminaría sufriendo por culpa de su nueva novia, porque siempre era igual, el único perjudicado siempre era su hijo… Luego ella le iba a exigir tener más tiempo para ella, que deje el fútbol, etcétera, etcétera… Como siempre. Luego su hijo, como siempre, hacía lo que ellas le pedían, dejaría sus obligaciones y, de paso, sus sueños por correr detrás de una falda.
Lo sabía. Lo intuía…
Por lo mismo, no podía quedarse de brazos cruzados como su marido y su hija, ella haría algo, no permitiría que de derrumbara el sueño de su primogénito.
Sintió las casi fulminantes miradas de su marido y su hija sobre ella, ambos viéndola con reproche. No bastaba más que esa mirada para comprender que, según ellos, ella estaba haciendo las cosas mal.
Suspiró y sin nada que alegar empezó el camino hacia la habitación del moreno. Golpeó un par de veces con sus nudillos.
—¿Tai? —nada. —¿Puedo pasar, hijo?
Al no obtener respuesta así lo hizo, y como casi siempre que él se dirigía a su alcoba luego de una discusión con ella, se encontraba acostado boca arriba sobre su cama, mientras alzaba su balón de fútbol al aire, lo atrapaba y repetía la acción una y otra vez.
—¿Qué quieres, mamá?
—Taichi, por favor, dime que lo de tu novia es una broma… Como la última vez, ¿recuerdas? —sonrió albergando esa pequeña esperanza en su interior mientras tomaba asiendo en el borde de la cama.
Comprendió que no era así cuando él atrapó la pelota con sus manos luego de lanzarla, la dejó sobre la cama y se incorporó, quedando sentado a un lado de su madre. —No, mamá, no es una broma.
—Pero hijo…
—Mamá, Sora es distinta… Sé que a ti no te parece que sea lo correcto para mi, pero tú no sabes lo que yo estoy sintiendo ni lo que pienso… Mira, sé que conozco a Sora desde hace muy poco tiempo, y que quizás pienses que estoy loco o que soy un arrebatado, y tal vez sí, pero de verdad esta vez es… diferente. Con ella me siento bien, ¿entiendes? Me gusta estar a su lado, hablar con ella, hacerla reír, abrazarla… Tenemos los mismos gustos, ¿sabes? Es la primera chica que conozco que le gusta el fútbol…
—Hijo… Sé lo que estás sintiendo, yo también fui joven, ¿sabes? También pasé por lo mismo que tú ahora, no eres la primera ni serás la última persona en sentirlo. Pero los adolescentes ven todo tan grande… Cada cosa que les pasa sienten que siempre es única y especial, pero cuando crezcas te darás cuenta de que no lo es… Ahora puede que tu noviazgo con esa niñita te parezca especial, hijo, pero más adelante llegarán muchas chicas más mucho mejores que ella… Llegarán más cosas a tu vida, hijo, y serán mejores, créeme.
—No me interesa lo que pueda pasar más adelante. —habló con determinación mirando los ojos de su madre. —Me interesa mi presente, y es junto a ella. Ya lo decidí, y te guste o no, es lo que voy a hacer, ¿de acuerdo?
—Oye, tú no te mandas solo. Yo soy tu madre. —exclamó con voz dura. No iba a soportar que su hijo pasara por sobre su autoridad.
—Lo sé, pero soy lo suficientemente grande y maduro como para saber y poder decidir sobre lo que es mejor para mi, y tú como mi madre sólo quieres mi felicidad, ¿no?
Y bueno… Ante esa afirmación no podía competir.
¿Cómo rebatirle aquello, si ella misma se lo repetía todo el tiempo?
—Taichi, mi amor, yo sólo quiero tu felicidad, cariño…
¿Cuántas veces no le había dicho lo mismo?
Estaba frita. Ahorcada y sepultada con sus propias palabras.
No encontrando nada más que decirle a su retoño que opacara aquellas lindas pero sentenciantes palabras, simplemente prefirió callar.
Cada palabra que empleara sería utilizada en su contra, y eso no sería bueno para ella.
Y el moreno lo notó, entendió que su madre prefería mil veces el silencio antes que caer víctima nuevamente de sus palabras llenas de aquel amor incondicional de madre que irradiaba siempre.
Suspiró.
—Oye, ya… No es para tanto, no es como si fuera a mudarme a otro país, o algo así… Simplemente es una novia —intentó restarle importancia a su nuevo amor que tanto atormentaba a Yuuko. —, no es gran cosa… ¡Mira! —exclamó levantándose de su cama para caminar hacia su mochila arrojada en un rincón de su cuarto. —Tengo algo que te alegrará mucho.
La castaña vio extrañada a su hijo mayor, hurgueteando afanadamente entre sus cosas hasta que finalmente gritó victorioso.
—¡Las encontré! Mira mamá, sé que esto te alegrará muchísimo. —habló alegre él, extendiendo su mano y enseñándose unas pulseras de plástico a su madre.
—¿Qué es esto…? —preguntó tomando una de las pulseras.
—Léela.
Pidió él sin borrar la sonrisa de su rostro.
Así lo hizo ella, ladeó un poco su cabeza para leer e intentar entender el propósito de aquel objeto.
—"FC Tokyo Pase Liberado". —leyó ella, pero sin caer en cuenta aún de su real significado. Luego enfocó su mirada en las pequeñas insignias del equipo dibujadas a ambos lados de las palabras, recién entonces alzó la mirada hacia Taichi, entendiendo al fin. —¡¿Es una broma?!
—No, mamá, es muy en serio.
—Tai, esto no es cualquier cosa, es un pase liberado.
—Lo sé.
—¿Cómo lo conseguiste?
Y esa era la pregunta del millón.
—Bueno… ¿ves que siempre me regalan entradas para los partidos de local? —su madre asintió. —Bueno, como era un partido más importante, se vendieron todas, y a los jugadores nos dieron pases liberados para que pudiésemos asistir con nuestras familias.
—¿Y te dieron aunque no seas titular? —Tai asintió.
Odiaba mentirle a su madre… Aunque técnicamente no era mentira, aún no jugaba en el equipo titular, simplemente había entrenado con ellos, eso no lo hacía un jugador titular… ¿O sí?
—Ay, hijo… Ojalá te dieran estas cosas más seguido. —anheló Yuuko sonriendo.
—Tal vez pase seguido, mamá…
Yuuko no lo entendió, ni siquiera se esforzó en entenderlo, estaba muy concentrada en la hermosa pulsera con aquellas hermosas y perfectas palabras escritas en ella. Nunca pensó que la frase "Pase Liberado" la haría tan feliz. Tanto, que hasta probablemente había olvidado el hecho de que una nueva bataclana había aparecido en la vida de su hijito querido.
Pero no le importaba en ese momento.
Ya habría tiempo de lidiar con ella, ahora era otra cosa la realmente importante.
Desde que él tenía memoria sabía que si tenía alguna mala noticia que darle a sus padres, en medio de un partido del FC Tokyo era un momento perfecto para contarla, pues sabía que nada malo podía pasar entonces, y si el equipo iba ganando, mejor aún. Por eso, las malas noticias para sus padres se opacaban con una ida al estadio. Ellos, y también él, eran bastante simples con respecto a eso.
Sonrió cuando vio a su madre salir emocionada de la habitación, con las tres pulseras en su mano en dirección a la sala. Iría a contagiar su emoción a Susumu, no así a Kari, que la verdad todo eso del fútbol le daba igual.
Al fin se olvidaría de ese asunto de la "bataclana".
—¡Pásamelo, estoy solo! —avisó el moreno a su compañero para que le lanzara el balón, luego de confirmar que no llevaba ninguna marca consigo.
Satoshi alzó la vista y rápidamente pateó el balón en dirección al moreno, éste la detuvo y comenzó a correr hacia el arco contrario, engañó a un par de compañeros que se le acercaban con claras intenciones de arrebatarle la pelota hasta que finalmente con un golpe fuerte y certero pateó al arco, el portero logró alcanzar a rozar con sus dedos el balón, sin embargo, eso no fue suficiente para evitar el gol del moreno.
Él celebró, al igual que el entrenador que alzó sus manos y aplaudió las acertadas acciones de Tai.
Estaban a un paso de la final del torneo interescolar, y prácticamente ya eran ganadores.
—¡Hijo!
Todos voltearon hacia la poseedora de aquella voz, excepto para quien iba dirigido aquel grito.
Tai giró la cabeza hacia otro lado y finalmente llamó a su compañero que tenía el balón en ese momento.
—¡Kyo, patea! —pidió Taichi
—Tai, ¿esa es tú mamá? —le preguntó un compañero cercano a él.
—¡Patea!
El entrenador hizo sonar su silbato, y con ello Kyo dejó el balón en el césped, tomó distancia y pateó hacia la mitad de la cancha.
—Takeshi, dales un respiro a estos chicos… —habló Yuuko al entrenador.
Taichi en medio de las jugadas se dedicaba a ver las reacciones del entrenador Kobayashi, según sabía, él y sus padres se conocían de la escuela, pero de igual forma él se veía exasperado con la presencia de su madre ahí en su lugar de trabajo.
—Yuuko, sé lo que hago.
—Le traje algo para comer a mi hijo.
—La hora de almuerzo ya pasó.
—No me interesa, mira a mi pobre hijo como está. Está muy delgado y débil. —se quejó. —Necesita comer algo, recuperar energías.
—Él está bien, Yuuko, relájate.
—¡Estás explotando a mi pobrecito hijo!
Takeshi Kobayashi no soportó más. Suspiró ya harto de las constantes quejas de Yuuko, la madre sobreprotectora. Hizo sonar constantemente su silbato una vez más y agitó sus brazos.
—Se acabó chicos. La práctica terminó, vayan a los vestidores.
Avisó el entrenador cuando su paciencia desapareció. Avanzó por la cancha de pasto para comenzar a recoger los implementos deportivos mientras los jóvenes se dirigían a los camarines.
Varios iban felices porque la práctica había terminado mucho antes de lo previsto, muchos también se reían del moreno, golpeaban levemente su brazo o agitaban su cabello. Las burlas se acrecentaban cada vez más a medida que los llamados y gritos de Yuuko seguían.
—¡Taichi…!, ¡Hijo! —nada.
Tai alzó su mirada hacia ella, pero rápidamente la desvío. Algunos de sus compañeros se acercaron a él, entre ellos Daisuke.
—¡Hijo…! ¡Hola Daisuke! —saludó ella, ante lo cual el joven moreno correspondió a su eufórico saludo. Tai rápidamente lo obligó a bajar el brazo entre medio de las risas de sus demás compañeros. —¡Taichi, mamá llegó!, ¡Y trajo tu almuerzo!
—Dios, esto no puede estar pasando… —habló él por lo bajo mientras llevaba su mano derecha hacia su rostro y lo restregaba avergonzado.
Si era uno de los juegos sucios de su madre, había caído muy bajo. Ella no era de llevarle almuerzo, sabía que era su hijito adorado, que era prácticamente la luz de sus ojos, pero no para tanto.
Había algo muy extraño en todo aquello.
A tan amplia distancia, él en la mitad de la cancha y ella detrás de la reja, en las gradas, le sería imposible a Tai percibir la sonrisa triunfante de su madre. Porque sí, una madre sobreprotectora, una BUENA madre, era capaz de espantar a todas aquellas mujerzuelas que sólo veían en su hijo una oportunidad de llevar una vida mejor a costa de él, a esas a las que en realidad no les importaba los sentimientos ni los ideales o metas de su hijo.
Pero para eso estaba ella ahí, para proteger a su adorado hijo de aquellas amenazas andantes, porque ella lo sabía, la carne es débil, y más la de un adolescente que poco sabía de la vida.
Vio hacia atrás a las gradas, distinguiendo diversos grupos de chicas sentadas viendo a los jugadores entrenar, era obvio saber el propósito de su visita, no querían alentarlos, querían CATARLOS, porque a las muy aprovechadoras se interesaban sólo por el mejor, y de entre todos ahí, el mejor era su hijo, y con justa razón. Intentó apreciar a cada una de ellas de forma detallada, y por más analítica que fue su visualización, no fue capaz de encontrar a la pelirroja entre todas esas niñitas.
Una menos, la más importante y la más peligrosa. Pero aún así no podía desestimar a las demás.
Ella se encargaría de cuidar siempre a su retoño, velaría por su prometedor futuro, como la buena madre que era.
Bueno, así es como avanza el fic xDDDD La Meny me abrió los ojos la otra vez y por lo que estoy cachando, yo seré así con mi hijo después xDDDDD Quiero un hijo para meterlo a la escuela de fútbol de la U y luego ir gratis a los partidos! *-* Será lo máximo xDD Seré una EXCELENTE madre :D
Así con Tai y Sora que anda todo pasando ahí 1313 Así con Kari y Susumu que apoyan a Tai, así con Tai que será un jugador profesional muy pronto! *-* Y así con Yuuko y su plan perfecto para espantar bataclanas xD
Termino el semestre como a mediados de Diciembre, así que lo más probable es que recién para esa fecha me digne en actualizar cualquiera de los fics xD El que primero se me venga a la mente :') Para entonces espero no encontrarme FF lleno de telarañas D:
Bueno niñis *-* Cuídense mucho! :D Espero saluditos y fic de regalo de cumpleaños x'DDDDD Ok no D:
Nos leemos :)
*Len~
