Título: Giros en el tiempo

Resumen: Dime, Potter, si supieras todo lo que pasaría, ¿tus decisiones serían las mismas? ¿Estarías a gusto con lo que eres ahora?

Ten presente que la primera decisión en tu vida crearán consecuencias difíciles de evadir.

Personajes: Lord Voldemort; Severus Snape; Draco Malfoy; Harry Potter.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sin embargo, los nuevos son y serán siempre de mi autoría.


Cuando estuvo sentando en el pequeño bote se permitió una vez más ser un niño. Por unos instante olvidó todo lo que sabía y disfrutó del aura mágico que gozaba Hogwarts. A pesar de ser de noche, y de que ya todos los alumnos estaban ya en el Gran Comedor, unos cuantos búhos sobrevolaban el castillo. Una sonrisa sincera se plasmó en su rostro, y en su distracción no se dio cuenta como Draco lo observaba con detenimiento.

En el momento en que Hagrid comenzó a hablar con McGonagall Harry aprovechó para analizar una vez más lo que tendría que hacer. Sabía que su verdadera casa era Slytherin, sin embargo, eso no sólo haría que los estudiantes desconfiaran de él comenzando un ciclo de odio, sino también que Dumbledore, alias lo tengo que saber todo pusiera más atención de la necesaria en su persona, y ya sabía de antemano que incluso se atrevería a mandar a los cuadros a informarle todo lo que hiciese. Gryffindor tampoco era una opción, y el sombreo seleccionador bien que se lo había advertido en su tiempo. Además, era la casa menos objetiva y no descansaría hasta que Harry viese las cosas como ellos querían. Eso era lo último que buscaba y necesitaba Harry.

Y, aunque le doliese admitirlo, otra razón por la cual no ir a Gryffindor es que no quería aceptar una vez la verdad. Le había bastado una vez para comprender de primera mano lo poco que le importó a la familia Weasley (quitando a los gemelos y tal vez a Charlie y Bill) y Hermione Granger como para querer vivirlo una vez más. Harry comprendía que estaba siendo infantil, y, conociendo a Dumbledore como lo hacía sólo sería cuestión de tiempo para que intentasen acercase a él para obtener lo prometido por el director. Aún sabiendo, era mejor así, porque tenerlos más cerca de lo necesario sólo entorpecería sus planes.

Hufflepuff tampoco era viable. No sólo por ser la casa más subestimada (que, al igual que estar en Slytherin, haría que la atención del director sobre él fuese mayor), sino que tampoco se sentía lo suficiente altruista para encajar sin sobresalir. Ravenclaw era perfecta; inculcaba la inteligencia y no sería molestado siempre y cuando demuestre una inteligencia decente y no se meta en problemas innecesarios.

Ya finalizado el discurso de McGonagall explicando la importancia de las casas en Hogwarts, lo llevó a un pequeño cuarto mientras buscaba el sombrero seleccionador de la oficina del director junto a un banco para así llevarlo al Gran Comedor. Harry disfrutó escuchar los gritos asustados a su alrededor, y no pudo reprimir una pequeña sonrisa. Lo podía comprender de los nacidos de muggles, desconocedores de muchas cosas del mundo mágico, pero era una vergüenza para los sangre pura, ya que sus padres les tuvieron que haber explicado que los fantasmas eran sólo peligrosos cuando intentaban poseerte o pasaban a través de ti (algo que sucedía muy poco).

Harry escuchó de forma vaga como los fantasmas de las casas hablaban sobre Peeves, especialmente como el fraile repetía que tenía que ser perdonado. Sin embargo, se distrajeron al ver los alumnos, con los cuales charlaron para dirigirse al Gran Comedor. Segundos después entró una vez más la profesora McGonagall, con un largo pergamino en su mano derecha. Les ordenó realizar una fila y así emprendió camino al lugar donde se haría la selección de los alumnos.

Harry aprovechó para colocarse detrás de Draco Malfoy. Jamás se imaginó que se alegraría por ver a ese rubio presumido, pero ahí estaba, feliz de ver a Draco actuar como debía hacerlo: como un niño. Después de descubrir por todo lo que tuvo que pasar Draco con su familia se sintió mal por él. Sin embargo, el resentimiento fue difícil de dejar atrás, porque los años siendo un Gryffindor si terminaron haciendo afectando su personalidad. Harry tuvo que ser sincero consigo mismo, y entender que no sólo a Draco las circunstancias lo terminaron sobrepasando y terminó haciendo cosas que no quería, sino él mismo y más magos y brujas.

Ya en el Gran Comedor Minerva se paró frente a todos los niños para así comenzar a llamar a cada uno. Harry comenzaba a sentirse emocionado, y podía como todos susurraban entre sí, preguntándose cuando quedarían en su casa. Con disimulo se fijo un poco más en los gemelos, quienes, como casi siempre, estaban en lo suyo susurrando entre sí, ignorando al resto.

—Potter, Harry. —Sus ojos se abrieron levemente gracias a la sorpresa, antes de respirar hondo y caminar para así sentarse en el banco.

Mientras el sobrero fue colocado en su cabeza pudo ver por unos cuantos segundos como todos los alumnos se movían hacia adelante para poder verlo mejor, incluso unos cuantos profesores con el director incluido. Harry se abstuvo de rodar los ojos y bufar, la farsa estaba dando comienzo.

Interesante, una voz profunda resonó en su cabeza. Hay astucia, bastante diría yo, y una sed de venganza gigantesca. Aún es sorprendente hasta dónde eres capaz de llegar para proteger a los tuyos. Digno de un Hufflepuff, he de admitir. Los ojos de Harry se abrieron gracias a la sorpresa, y por la risa que resonó en su cabeza supo que al sombrero seleccionador le hizo gracia. Pero no es tu casa, tranquilo, y puedes confiar en mí, porque aunque le tenga lealtad al director siempre existirá cosas que no le debo decir.

No voy a descansar hasta que todos lo que me hicieron daño paguen, y no sólo eso, sino aquellos que se aprovecharon de los más débiles para destruir, pensó con furia Harry.

Entonces ya sé a dónde enviarte, pensó risueño el sombrero, y unos segundos después rompió el silencio del Gran Comedor gritando "Ravenclaw".

Harry se quito el sombrero seleccionador sólo para encontrarse con que el Gran Comedor quedó en un silencio sepulcral. Harry estuvo a punto de reírse, porque era realmente patético. Todos esperaban que por ser de la familia Potter quedaría en aquella casa, como si fuese masa cortada con el molde Potter, además que, a más de uno le sorprendió que él que debía salvarlos no encajara en la casa de los valientes.

Honestamente, Harry sí llegó a conocer a profundidad lo cruel y vengativo que podía ser Albus Dumbledore, pero aún no terminaba de entender como logró a convencer a toda la comunidad mágica que un bebé sería el destino de derrocar al una de los magos más poderosos de la historia, cuando el que venció a Grindelwald no pudo.

Tanto Hermione Granger (quien ya había sido seleccionada) como Ronald Weasley lo miraron con la boca abierta, impactados. El director estaba de igual forma, sólo que él si sabía disimularlo. Reteniendo otra carcajada, Harry caminó hacía la mesa de su nueva casa, la cual ya estaba aplaudiendo por tener otra mente brillante con ellos.

Tuvo que pasar varios minutos para que la profesora McGonagall saliera de su sorpresa y siguiera llamando a los niños restantes. Cuando ya todos fueron seleccionados el director Dumbledore dio su típico discurso —el cual, para variar, fue totalmente ridículo— para así con un movimiento de varita hacer aparecer toda la comida.

Harry se permitió ver toda la comida, pero prefirió elegir algo ligero, ya que a pesar de nunca comer las mil maravillas, entendía que no era inteligente comer tan pesado cuando no faltaba mucho para irse a dormir. Sólo le basto mirar a su alrededor para darse cuenta de que así pensaron varios compañeros suyos. Aunque no quiso hacerlo, por unos segundos sus ojos viajaron hacía la mesa de los leones. Ron estaba sentado al lado de su hermano Percy, y Hermione estaba comiendo sola. Se preguntó por sólo unos instantes como se conocerían ahora que él no estaría de por medio, y si por azares del destino se llevarían mejor.

Después de cenar e ignorar completamente los postres servidos, Harry junto al resto de primer año siguieron a los prefectos —Jessica Lincoln y Robert Ramiro— a la Sala Común de Ravenclaw. Harry admitió para si mismo que aun le impresionaba la forma de entrar a la sala, ya que a diferencia de Gryffindor y Slytherin se entraba respondiendo una pregunta que variaba siempre. Una forma ingeniosa de demostrar inteligencia además de conocer a más personas de tu casa intentando resolverla.

Al pisar la Sala Común Harry volvió a sentir lo mismo que la primera vez que estuvo en Hogwarts: estaba en casa. Aún a pesar de comer ligero se sentía cansado, por lo cual tuvo que esforzarse para escuchar el pequeño discurso de los prefectos. Anunciaron lo felices que estaban de tener nuevos compañeros entre ellos, además de que no podían esperar a ver las grandes ideas que aportaban a la casa de Ravenclaw. Cuando Jessica y Robert se despidieron, Harry se llevó una grata sorpresa al ver que tenía una habitación para si mismo. Al parecer los libros que explican que Hogwarts se mueve a través de las necesidades de los magos y brujas en vez de ordenes del directo es cierta, pensó satisfecho Harry.

Con rapidez se dirigió a su baúl, para así sacar el mapa del merodeador, la capa de invisibilidad y una carta, la cual ya se veía arrugada y un poco amarillenta. Harry podría conocer el castillo como si el mismo lo hubiese construido, pero si era cierto que no conocía al cien por ciento las rutinas de los profesores, por lo cual nunca estaba de más tener una pequeña ayuda extra.

Al percatarse de que Severus no estaba en sus aposentos aprovechó para así poder dejarle la carta en un lugar visible. Con extremo cuidado, se movió a través del castillo para así llegar a las mazmorras. Evito que sus dientes castañetearan por el frío, pero lo que si no pudo evitar es que su cuerpo temblara. Con cuidado, atravesó la puerta del cuarto de Severus, quitando los hechizos de protección.

De todas las personas que Harry planeaba ayudar se le fue más difícil terminar de perdonar a Severus, ya que a pesar de que su padre fue una horrible persona con él, y que su madre a la final le terminó dando la espalda, él no fue una blanca paloma. Había cometido errores muy grandes, pero a regañadientes admitió que todo comenzó con una mala estructura familiar, en conjunto con los maltratos de su padre y las manipulaciones de Albus.

Le sonrió a la carta, sintiéndose contento, para así emprender camino a su Sala Común.