NOTAS:Los personajes pertenecen al universo de Star Wars. El resto sale de mi cabeza.
Nuevos y conocidos personajes van apareciendo. ¡Espero que disfrutéis el capítulo!
Os recuerdo que podéis seguirme en mi blog tumblr: inanightmareinadaydream
2.
*Días previos a la tormenta de arena en Jakku*
Sede de la Estrella de la Muerte, Tribunal de la Primera Orden.
Imponía a primera vista. El contraste del campo nevado con aquel edificio imposiblemente negro. Era gigantesco, de planta triangular, los extremos de la estructura afilados. Se erguía sobre el monte y ocupaba una gran extensión del terreno, el resto del bosque estaba desierto sin contar aquel recinto de piedra oscura. No existían pueblos cercanos ya que las sedes de la Primera Orden siempre se construían lo más alejadas posibles de la vida humana.
La humanidad no interesaba allí.
Cientos de personas trabajaban allí, bajo una estructura jerárquica en la que solo una persona ordenaba. El Padre Supremo. El resto, denominados los Hijos de la Primera Orden, representaban simples engranajes del sistema totalitarista donde la sumisión y el culto al líder gobernaban.
El Tribunal de la Primera Orden tenía a toda la población agarrada con su puño de hierro. Poseían una influencia inimaginable, y no era para menos con el terror que instigaban. Los miembros se encargaban de castigar cualquier tipo de acto que desafiase lo establecido por el Padre Supremo.
Por el momento, la brujería era el peor crimen que podía cometerse y, obviamente poseía el peor castigo: la muerte. No una breve precisamente.
Los Hermanos o Generales de la Primera Orden constituían un pilar esencial a la hora de idear diferentes métodos de tortura, tanto para interrogar a los acusados como para ejecutarlos.
La realidad es que la mayoría de acusados por brujería y demás actos no eran más que personas inocentes, víctimas de la tiranía.
Los pasos resuenan por los pasillos, tan negros y pulidos que reflejaban las siluetas de aquellos que pasaban. Siluetas enmascaradas.
Los Hijos de la Primera Orden tenían como norma llevar cascos que cubriesen sus rostros, al Padre no le importaba la identidad de sus discípulos. Sin embargo, había ciertos rangos que podían permitirse llevar el rostro al descubierto, como los Generales.
El tipo tenía unos cabellos tan rojos como el fuego, su rostro rabioso como una llama. Con los brazos cruzados por detrás de su espalda, caminaba erguido mientras sostenía una carta entre sus manos enguantadas. Seguía avanzando por el corredor, el cual se estrechaba más y más a medida que avanzaba. Los Hijos se detenían a su paso, a modo de saludo, demostrando que eran conscientes de su inferioridad.
Otro General aparece de frente.
"General Mitaka", los dos hombres se saludan ladeando la cabeza.
"Saludos general Hux, ¿en qué puedo ayudarle?" El pelirrojo, sin tiempo para andar con rodeos le entrega la carta. Por la mirada de comprensión que lanza el otro, podía juzgarse que ya sabía de lo que se trataba.
"Esta vez dígale que no acudan todos" explica Hux en tono serio. "Es una sospecha de baja alarma" el General Mitaka asiente a sus palabras. "Informe a Ren que solo hará falta uno de sus caballeros."
"De acuerdo" Mitaka está listo para irse.
"Ah, y coméntele que ordene la salida en cuanto antes. En Jakku, el destino donde se requiere al caballero, habrá una tormenta de arena en menos de una semana". Hux inclina su cabeza a modo de despedida "Hermano."
Mitaka repite la misma formulación. "Que el Padre Supremo nos guíe." Finalmente, los hombres continúan con su propio camino.
La sala de entrenamiento de los Caballeros de Ren se encontraba al otro lado de la majestuosa sede así que el General Mitaka debía acelerar el paso.
Cuando llegó a la puerta de hierro podían oírse los gruñidos y el chasquido de las espadas chocar. Espero que no se enfade por interrumpir.
No le da tiempo a tocar cuando la puerta se abre de golpe.
Mitaka se adentra en la boca del lobo.
"Más vale que sea importante" La voz grave resuena monótona, pero con un tinte amenazador que causa un estremecimiento en el General.
Este inclina su cabeza. "Maestro Ren" tarda varios segundos en volver a erguirse. Coge aire y habla al fin. "Nos han llegado nuevas sospechas y
neces-"
"Dame esa carta de una vez" el hombre extiende una mano enguantada, una mano tan grande como la cabeza de Mitaka. "Has interrumpido mi entrenamiento y el de mis soldados." No puede ver sus ojos ya que lleva un casco que le esconde toda la cabeza, pero el General siente la mirada fulminante sobre él. Los caballeros de Ren también llevan sus rostros cubiertos, la tensión invade sus cuerpos. Nadie que aprecie su vida desea ver al Maestro enfadado.
Ren le echa una ojeada a la carta. "Vale. Puedes largarte" no se molesta ni en dirigirle una despedida y se da la vuelta.
Mitaka da un paso hacia atrás dubitativo. Debe cumplir su deber pero no quiere sufrir en el intento. "Señor… el General Hux me ha encomendado avisarle de que solo se necesitará a uno de sus caballeros" Silencio absoluto. "…Cuanto antes."
"Me ha quedado claro. Largo."
El General Mitaka acude a la puerta. Antes de abrirla se inclina hacia Ren y hace otra inclinación a sus soldados.
La puerta se abre de golpe.
"¡FUERA!"
*Jakku*
"Despacio joven, no vayas a atragantarte" Maz observaba como bebía. Con tanta desesperación que el agua le chorreaba por el cuello, empapándole las ropas.
Estaba sentado en el suelo, sus ropas echas jirones y coloreadas por el polvo. Su tez oscura agrietada, completamente seca por la falta de líquido.
Esto es de lo más extraño. Rey se encuentra parada aún en la entrada de la cabaña, sus brazos cruzados analizando el escenario que hay frente a sus ojos. Debía de ser un forastero, porque nadie de Jakku en su sano juicio se le ocurría salir durante una tormenta de arena.
El joven por fin sacia su sed y le entrega el cuenco a Maz. "Gracias…Mu-muchas gracias", pronuncia entrecortadamente. Se reincorpora y comienza a observar a su alrededor. Parece que estaba estudiando la cabaña con curiosidad. Demasiada.
Rey deja su posición inicial y recoge el bastón, acercándose al chico. Los ojos de ella le perforan la espalda, hasta que él siente una mirada sobre él y se gira.
"¿De dónde vienes?" La voz sobresalta al joven. No era el tono que esperaba escuchar viniendo de una chica como ella.
Una sensación de terror le inunda al oír la pregunta. Los nervios se apoderan de él e intenta enmascararlos con un rostro serio que la anciana y Rey identifican, compartiendo una mirada cómplice entre ellas. Cuando el chico recuerda la historia que debía contar, vuelve a calmarse.
Se endereza y apoya las manos en sus caderas. "Verán, soy un importante comerciante. Me dedico a deambular de un pueblo a otro para llevar productos a mis clientes. Estoy muy solicitado." Esto último lo pronuncia mirando a la joven, quien enarca una ceja automáticamente. "No tenía ni idea de la tormenta, así que me pilló completamente por sorpresa, como ustedes pueden ver..."Maldito Ren y sus entrenamientos, en vez de dejarme salir antes…
"¿Y dónde están tus productos tan solicitados?" Rey se acerca más a él y levanta el mentón, su puño bien agarrado al bastón.
"Pues… la tormenta" susurra pensativamente. "¡Claro! La tormenta de arena. Tuve que salir corriendo. Esa cosa parece que va a tragarse a uno vivo."
Maz y Rey no se creen nada. Pero le siguen la corriente.
"Bueno joven, siento mucho lo que has tenido que pasar. Imagino que este lugar para ti será de lo más hostil", Maz se acerca y estira su brazo para apoyar la mano sobre el hombro del chico. Este tensa su cuerpo, y su mirada parece transmitir… ¿miedo? "Esta noche podrás quedarte aquí. Mañana llegará un buen amigo, él puede llevarte a tu destino" Rey sabe que va a quedarse toda la noche en vela, no se fía absolutamente de ese tipo. Maz acerca su mirada para analizar el rostro del joven. "Eso sí, si esta noche compartiremos techo contigo, merecemos saber vuestro nombre" Finaliza la frase sonriendo. Qué bien se le daba a esa mujer engatusar, pensaba Rey.
Al chico le pilla completamente de sorpresa. Mierda. No le habían dicho nada de eso. Rápidamente intenta buscar un nombre. Como su inicial de Caballero era la letra "f", se le ocurre. "Finn, mi nombre es Finn", sonríe a las dos mujeres.
"¿Finn qué más?" pregunta Rey.
"Finn a secas. No tengo familia" el joven se encoge de hombros. A pesar de su hostilidad, Rey le contesta con una mirada comprensiva. Sentía que en esa parte no mentía. "¿Y tú?", ante esto la chica se sobresalta ligeramente.
"Eh… ¿a qué te refieres?"
Finn la observa curiosamente. "Que si tienes apellido".
"Oh", Rey se calma al oír eso. No le apetecía hablar de su inexistente familia. Tampoco tenía apellido, ahora que lo pensaba.
"Kanata" La anciana interviene en la conversación. "Rey vive conmigo desde hace varios años. Mi nombre es Maz, por cierto." Esta le tiende la mano a modo de presentación, así que Finn la corresponde.
"Muchas gracias a las dos por vuestra hospitalidad" Finn no podía creerse que había sido tan fácil infiltrarse en el hogar de la sospechosa.
No estaba acostumbrado a realizar este tipo de misiones, solo si debía a acompañar al Maestro Ren y al resto de sus compañeros, y cuando lo hacía, apenas intervenía. Nunca le gustó este juego sádico. Pero no tenía otra alternativa.
"Rey, muéstrale a Finn la pila para que pueda limpiarse. Yo prepararé algo de comer."
Rey algo dudosa a primeras, se dirige al joven para que la acompañe.
La cabaña no era muy grande, observaba Finn. Lo justo para una o dos personas. Habría espacio suficiente para alguna más si no fuese por las numerosas estanterías repletas de frascos y recipientes. Mmm…tendría que contenerse las ganas de mirar lo que había dentro ellos. Aunque tarde o temprano debía hacerlo y así acabar con su misión en cuanto antes.
Llegó la hora de la cena. A diferencia de lo que estaba acostumbrado, en esa cabaña no existían ni mesa ni cubiertos. Bueno, sí que había una mesa, pero llena de más trastos y de algún libro que Finn no entendía para qué servían.
La anciana tomaba su comida en una especie de sillón, y la chica en el suelo. Así que Finn la imitó.
Observaba sorprendido como la joven engullía la comida, a la vez saboreando cada bocado como si se tratase del mejor manjar. Bajó la cabeza hacia su cuenco. Esto no era un manjar. La "comida" era de un color marrón y había una especie de tallo verde robusto apoyado al filo del pequeño recipiente. Finn se lo mete en la boca.
"¡Ajjj!" el chico lo escupe al instante. Qué narices, ¿es que me van a envenenar?
Maz y Rey se giran hacia él, con una interrogación en la cara de cada una.
De repente Rey empieza a reírse. Descontroladamente. Finn sigue pasando su lengua por la boca, intentando borrar el mal sabor. Maz hace lo posible por contenerse, pero la risa de Rey es demasiado contagiosa.
"¿Ib-ibas" Rey suelta otra carcajada. "¿Ibas a comerte la corteza de un cactus?"
Finn lo mira perplejo, siente el calor subir a su cuello.
"Perdona que no esté al tanto de la gastronomía desértica". Rey se levanta y le alcanza un vaso de agua.
"Toma anda, pero la próxima te aguantas. Que aquí el agua no abunda."
"Pero los cactus sí ¿verdad?", contesta Finn levantando ambas cejas. Rey le sonríe. Él responde igual.
"Es para que puedas llevarte la comida a la boca, joven Finn." Maz lo mira, una medio sonrisa burlona adora su rostro envejecido.
Están listos para dormir así que Rey apaga las velas. Mañana será un día de trabajo, pero tiene ganas de que llegue.
"Descansad jóvenes" se despide la anciana Maz antes de acostarse. "Rey, tendremos que madrugar para tenerlo todo preparado."
Rey bosteza y toma una posición ladeada sobre el suelo de paja. "Sí, Maz. Todo estará listo para Han."
¿Será otro sospechoso? Piensa Finn. Sus pensamientos son interrumpidos por Rey.
"Que descanses, Finn. Espero que tengas dulces sueños con cactus."
Finn se ríe en la oscuridad. "Buenas noches señoritas." Estas dos mujeres le estaban cayendo demasiado bien.
La cabaña se sume en un profundo sueño.
NOTAS: Si has llegado hasta aquí, ¡muchas gracias por leerme!
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Nos vemos pronto ;)
