Capítulo 1: Bienvenida a New Orleans
Su escolta no habló mucho durante el camino y tardaron poco más de un día en encontrarla desde que cortó la comunicación con Lucien. La verdad estuvo muy nerviosa esperando, temía que los Strix la encuentren antes que Lucien, y ya este le había advertido la clase de personas que eran. Le desesperaba más no saber qué querían con ella, por qué la buscaban tanto. Incluso llamó a Alaric y Bonnie para que la ayuden buscando información de esa gente, quizá si entendía sus propósitos sabría cómo cuidarse. Andaba nerviosa y pensativa, cuando Lucien la llamó para avisarle que la escolta había llegado.
Eran dos vampiros poco habladores, la identificaron y le pidieron que los acompañe. Viajaron en silencio en un auto blindado, era cuestión de horas para llegar a New Orleans. Lo peor, lo que más rabia le daba, es que no se sacaba a Klaus de la cabeza. Sabía que se encontrarían de frente en las próximas horas y eso la desesperaba. No tenía idea de cuál sería la reacción del híbrido al verla, o cómo reaccionaría ella.
¿Cómo estaría él? ¿Llevaría otro corte de cabello? ¿Más largo quizá? ¿Otro estilo al vestirse? Y lo más importante, ¿seguiría amándola? Había pasado tiempo, ella de alguna manera lo rechazó y le dio a entender que no pasaría jamás nada entre ellos, aunque él haya prometido alguna vez ser su último amor. ¿Y si Klaus logró amar a otra? ¿Si había otra cerca? Pensar en eso le molestó, pero le molestó más molestarse por eso. Maldito trabalenguas.
Y de todos modos, ¿a ella qué rayos le importaba si Klaus estaba con otra? Nada, no debería siquiera pensar en eso. Después de todo ella siguió un tiempo con Tyler cuando él se fue, y además tuvo una especie de relación con Damon. No tenía derecho a ofenderse con Klaus por no mantener su promesa del último amor cuando ella solo se dedicó a alejarlo. "¿Pero si lo ves con ella?", se preguntó con temor. Una cosa era saber que Klaus quizá sentía algo por otra mujer, y una muy distinta era velo feliz con ella. ¿Será posible? ¿Existiría acaso otra mujer capaz de ser la luz de Klaus?
"Basta Caroline, eso no importa. No vas a tener nada con él, solo vienes a salvar tu pellejo", se dijo antes de soltar un hondo suspiro. Klaus merecía ser feliz, y ella alguna vez le dijo que si era capaz de amar podía ser salvado. Si había alguien que alegrara su vida entonces bien por él.
El camino en auto duró diecinueve horas y apenas hicieron unas paradas. Los aeropuertos no eran seguros, dijo Lucien, era mejor la carretera y tomar rutas alternas si era necesario. Así que después de tantas horas de camino, Caroline se sintió aliviada al ver que entraban a la ciudad. Leer en un cartel "Bienvenido a New Orleans" la hizo sentir más segura de pronto. No esperaba permanecer ahí más de un mes, con suerte una semana si todo iba como esperaba. "Y ahora a prepararte psicológicamente, verás a Klaus". No pudo evitarlo, los nervios volvieron.
Una cosa tenía que reconocer, la ciudad era preciosa. Tenía una especie de encanto mágico que la hacía atrayente. Los turistas, la gente, la música. Todo invitaba a la fiesta, a la felicidad. Imaginar que eso era solo la punta del iceberg la puso nerviosa. Esa gente no sabía que detrás de esa ciudad turística existía un submundo secreto de vampiros, brujas y misterios. No tenían idea de que un híbrido poderoso de más de mil años era el rey de todos, que ellos no era más que súbditos para su entretenimiento. El reino de Klaus le daba la bienvenida y ella esperaba no ser la siguiente Catherine Howard.
La escolta de Lucien la llevó a una zona residencial con edificios, entraron a uno y subieron hasta el último piso, un pent-house. La guarida de Lucien. Las puertas se abrieron para ella y lo vio de espaldas parado frente a las ventanas mientras contemplaba el paisaje de la ciudad. Segundos después él se giró y le sonrió. A pesar de lo tensa que estaba, igual Caroline fue capaz de corresponder su sonrisa.
—Caroline Forbes, ha pasado tiempo.
—Solo unos meses.
—Te ves bien.
—Tú también —dijo mientras caminaba para encontrarse con él.
—Aunque no me está yendo de maravilla, no me quejo. Puedes quedarte tranquila, aquí estás a salvo. Nadie te hará daño.— Sin querer soltó un suspiro. Qué bueno era sentirse tranquila y no andar con el temor de que en cualquier momento te arrancaban la cabeza.
—Eso me alegra, ya no soportaba tanta tensión.
—Pero ahora puedes relajarte, ha sido un viaje largo. Hay una habitación para ti a la derecha, ve a tomar una ducha y luego descansa. Tu casa es mi casa, cielo. Puedes ponerte cómoda.
—No pienso quedarme mucho tiempo, solo lo necesario para arreglar esto.
—Ah... y yo que pensaba que querías quedar en la mansión Mikaelson.— Lucien sonrió de lado. Había algo en su mirada que le daba a entender algo muy delicado. "Yo lo sé", decía.
—No digas tonterías, Lucien.
—Por favor, somos amigos. No tengamos secretos, tú y Klaus...
—¡No metas a Klaus en esto!— Sin decir nada más tomó su maleta, el vampiro aún la miraba divertido, para él eso era una gracia. Klaus ni estaba presente y ya la estaba sacando de sus casillas.
—No te pongas así Care, igual hoy tendremos que ir a ver a Elijah y Klaus para solucionar tu problemita —sintió que se paralizaba. Ese mismo día estaría frente a él—. No creí que te afectara tanto...
—¡Cállate! —Se dio la vuelta y empezó a caminar rumbo a esa habitación, no quiso voltear otra vez, pero sabía que Lucien estaba conteniendo la risa. Maldita sea.
Entró a la habitación que le dio Lucien, era amplia y cómoda, se veía bastante bien en realidad. Sin pensarlo más se tumbó en la cama, necesitaba esa comodidad. Y tomar un baño primero, se sentía asquerosa. Un baño, y una siesta. Lo necesitaba, al fin se sentía a salvo. Durante esos días casi no durmió por estar alerta, pero ahora podía permitirse un relajo. En realidad lo necesitaba, si era posible un día de spa. Cuando despierte iría a ver a Klaus.
Un recuerdo...
—¿Cómo dejamos que esto sucediera? —le preguntó ella. Damon no respondió, solo le alcanzó un vaso con bourbon—. No quiero ser alcohólica como tú.
—Pero necesitas relajarte.— Sin hacer más escándalo, Caroline cogió el vaso y bebió en silencio.
—Los hemos perdido —dijo después de un rato.
—Ya los habíamos perdido hace mucho, es ahora que lo aceptamos —miró de lado a Damon. Era cierto aquello. Hace un tiempo que Stefan y Elena estaban muertos, pero se aferraron a la idea de que podrían traerlos de vuelta. Para ella, ambos eran grandes amigos. Y para él fueron el hermano y la mujer que amó con todo el corazón. Lo intentaron, de verdad que si. Vivieron esos meses con la idea de que eso no era un adiós para siempre, solo una breve despedida y que ellos iban a volver. Pero no fue así, ellos partieron para siempre y apenas lo estaban aceptando. Estaban solos.
—No sé como sentirme —dijo ella de pronto en voz baja mientras miraba su vaso—. Una parte de mi aceptaba que estaban muertos, que todo se acabó. Pero ahora es real... y no lo sé Damon, me siento tan mal.
—No deberías. Hiciste todo lo posible, todos lo hicimos.— Él especialmente. Lo miró de lado con esa expresión tan triste que sentía se le iba a partir el corazón. Pobre de él, había perdido a un hermano. Perdió a la mujer que amaba.
—¿Estarás bien?
—Siempre encuentro la manera, Caroline. Siempre puedo estar bien —dijo cabizbajo. Esperaba que sea cierto, no quería volver a verlo como antes. Desalmado, sin escrúpulos, sin humanidad. Como el vampiro que conoció, aquel que abusó de ella. Qué distantes estaban de aquellos días, parecía que hubiera sucedido hace siglos. Ya ni siquiera podía sentir rencor por eso.
—Hey... —Caroline posó despacio su mano sobre la suya. Damon la miró, le dio aún más temor por él. Se veía tan apenado que temía cometa una locura—. Yo estoy aquí.
—¿Y eso qué? —dijo algo brusco.
—No intentes hacerte el fuerte conmigo, sé que duele, puedo verlo en tus ojos. Damon, tú no estás solo. Tienes a Alaric, a mi madre, a Bonnie, a mi incluso. Nosotros no vamos a abandonarte, yo no lo haré.
—¿Eres mi amiga? —preguntó incrédulo. Durante los últimos meses habían sido más próximos, no fue necesario decirlo, así lo sentía. Eran amigos.
—Claro que si. Vamos a estar bien, ya verás. Algún día todo esto será solo una horrible pesadilla.
—Espero que esos días no estén muy lejanos.— Él tomó de nuevo su vaso y lo bebió todo de un sorbo. Se sirvió un poco más, ella apenas iba en la mitad del suyo—. Salud entonces, por los nuevos mejores amigos.
—Por nosotros.— Caroline sonrió de lado. Él también merecía ser feliz, ya había sufrido demasiado. Y bueno, ella también merecía calma en su vida.
Cuando despertó no pudo quitarse aquel momento de la cabeza y decidió concentrarse en eso. Aunque el recuerdo haya sido bello, seguía siendo amargo. Mirando atrás Caroline se daba cuenta que ese fue el inicio de la relación, todo empezó con aquella promesa de no abandonarlo. Creyó en verdad que él necesitaba una mano amiga, luego se convenció que la necesitaba a ella. Pero no fue así, a Damon no le importó y se fue. Aún así, a pesar de lo que ese recuerdo le provocaba, prefería pensar en eso para no recordar que iba al encuentro de Klaus.
Lucien condujo un poco hasta cierto punto, luego bajaron y empezaron a caminar por el barrio. Había un desfile afuera, el lugar estaba lleno de turistas y músicos, casi no se podía hablar. Así que ella solo caminaba detrás de su amigo, sabía que iban a la casa donde vivían los Mikaelson ahora. Una vez dentro, Lucien cerró una enorme puerta y el ruido del desfile se redujo. Caroline miró alrededor, había un patio amplio con una fuente al centro, la residencia era techada y todo se veía un poco más oscuro. Alrededor del patio estaban las puertas de las habitaciones al segundo piso, se notaba que era un lugar enorme. Y de momento parecía solitario.
—Parece que no hay nadie.
—Klaus está aquí —dijo él tranquilo—. Escucha bien.— Caroline afinó su sentido del oído. Podía escuchar el ruido de unas pisadas en una habitación de arriba, aunque parecía haber más gente por ahí.
—Entonces vamos de una vez a reunirnos con él.
—Claro... —Justo en ese momento el celular de Lucien empezó a sonar, este se apresuró en contestar con obvias intenciones de mandar al desvío a quien quiera que llame. Pero no podía cortar, quizá si era importante—. Ve subiendo, ya te alcanzo —le dijo despacio antes de volver a la conversación telefónica.
Caroline asintió y buscó las escaleras. Ahí había una especie de despacho, podría esperar en ese lugar. Mientras andaba se fijaba en todo, como la letra "M" tallada en un escudo, entre otros detalles. Ese debía de ser el primer hogar de los Mikaelson en la ciudad, y habían vuelto a reconquistarlo. Sin poder evitarlo empezó a caminar rodeando las habitaciones, se preguntaba cuántos ambientes tendría ese lugar.
Estaba por ahí caminando con curiosidad, cuando al mirar al espejo notó que alguien pasaba al otro lado por una habitación. Apenas fue unos cuantos segundos, pero lo reconoció. Se quedó paralizada y el alma le volvió al cuerpo, él no se había dado cuenta que estaba ahí. Se giró rápido, en ese momento tenía dos opciones. O se iba por donde llegó, o seguía hasta llegar a Klaus. Tarde o temprano se iban a encontrar, no tenía caso retrasar el momento. "Y si es así entonces que vea que no le tengo miedo, que vea que no me intimida", se dijo muy convencida. Así que a paso firme empezó a caminar hacia la dirección por donde se fue Klaus. Tuvo que hacerlo antes de que se arrepienta.
La puerta estaba entreabierta, la habitación en penumbras. Vio el borde de una cama, ese tenía que ser su cuarto. Antes de que los temores la invadieran, abrió la puerta de par en par. Listo, al carajo con todo, ya estaba adentro.
—Klaus —lo llamó. Estuvo segura que apenas escuchara su voz aparecería al instante frente a ella. Pero esa seguridad le duró apenas unos segundos cuando su vista se posó en la cama. Si, esa era la habitación de Klaus, pero él no estaba solo.
Había una mujer recostada en la cama. Una pelirroja desnuda envuelta en sábanas blancas. La chica se incorporó y la quedó mirando con sorpresa unos segundos. Las miradas de ambas se encontraron, ninguna de las dos dijo nada. Eso era justo en lo que estuvo pensando, el temor de que Klaus ya tuviera a otra, de verlo con otra. En realidad eso había sido peor, porque encontró a esa otra en la cama del rey. De su rey.
—¿Caroline? —Se giró de inmediato, ahí estaba él mirándola con sorpresa. Como era obvio no esperaba que aparezca ahí. "Si será desgraciado, sabía que yo venía y aún así se mete con otra para restregármela en la cara", pensó molesta. Una parte de ella sabía que no era cierto, no creía que Klaus tuviera esa intención. En realidad la intrusa era ella por meterse sin permiso en cuarto ajeno para ver una escena post sexo.
—¿La conoces? —preguntó la chica—. Claro que si, se nota que te tiene mucha confianza.— Ahora la pelirroja parecía molesta. Y aunque Caroline sabía que estaba en falta, también sabía que podía revertir la situación.
—¡No deberías dejar tu puerta abierta!
—¿Cómo llegaste aquí? ¿Por qué estás aquí?
—¡Todavía me reclamas!— Quizá Lucien no se lo contó, eso parecía. Quizá iba a ser una sorpresa para él. Y ahora después de tanto tiempo al fin estaban frente a frente, mirándose. El único que la hacía temblar así, sentir que el fuego la quemaba por dentro. Esa voz, su mirada, sus labios. Todo él.
—No te estoy reclamando, solo pregunto.
—Lárgate, impertinente —le dijo la pelirroja con desprecio.
—Aurora, por favor.— Klaus le hizo una seña para que no se meta. Así que ese era el nombre de la desgraciada. ¿Una amante ocasional? ¿Nuevo amor? ¿Compromiso serio? No quería saberlo, no quería estar ahí. No debió ir en primer lugar, ¿qué tenía en la cabeza?
—Me largo.— Fue lo único que dijo antes salir de la habitación.
Mientras caminaba alejándose por el pasillo empezó a sentirse rabiosa. Acababa de ver a otra en la cama de Klaus, a él tratándola como si su presencia fuera inoportuna e inesperada. Eso no podía soportarlo, no pensaba quedarse ahí a ver como esa Aurora marcaba territorio con Klaus en su cara.
—Entonces te vas, ¿no hay un "Hola"?— A una super velocidad, Klaus apareció frente a ella, Caroline apenas fue capaz de detenerse antes de chocar con él.
—Hola. Adiós. Ahora muévete, estoy de salida.— Pero Klaus no parecía tener esa intención. Simplemente se había plantado frente a ella con la decisión de no dejarla salir. Lo peor, lo que más la irritaba, era ver esa sonrisita que tenía. Disimulada, con la mirada alegre. Consciente que la desesperaba, que la hacía descontrolarse. Maldito híbrido.
—Yo exijo saber dos cosas. Uno, ¿qué haces en New Orleans? Dos, ¿cómo llegaste a mi habitación?
—¡Eso no te importa y ya déjame salir!
—¿Ahora quieres irte? No es necesario, amor. Me estabas buscando y acá estoy, soy todo tuyo.— Caroline tragó saliva. Esa sonrisa de híbrido malévolo se hizo más amplia. Pero no iba a caer, no señor.
—Pues creo que quien te necesita es tu amiguita Aurora, ¿no deberías volver a la cama con ella? Te está esperando.— Irritada, pasó de largo empujándolo con el hombro. Caminó un poco más pero él iba tras ella.
—¿Entonces estás celosa?
—¡Claro que no! ¿Quién te has creído que eres? ¿Celosa yo de ti? Pisa tierra, Klaus.
—Bueno, solo como recomendación, la próxima vez que quieras pisar mi cuarto solo necesitas enviarme un mensaje. Te esperaré con los brazos abiertos.
—Eres un idiota —dijo irritada. No podía estar ahí, menos después de verlo con otra. No le iba a entrar a ese jueguito de indirectas, que se joda.
—Ya hasta había olvidado que adoraba cuando te pones así —respiró hondo. Necesitaba calmarse, estaba haciendo toda una escena de mujer celosa cuando no era así. "¿De verdad?", se preguntó de pronto. No quiso responder aquello.
—¡Ajá! Acá estabas.— Lucien llegó a salvar el día—. ¿Dónde te has metido? ¿Buscabas en el baño? —bromeó él. Caroline se giró, ahora ella estaba al medio entre ambos vampiros. Y al mirar a Klaus notó que su expresión se había puesto bastante seria.
—¿Y ustedes qué? —preguntó molesto—. ¿De dónde se conocen?
—Es una historia larga, nos encontramos por los caminos de la vida.
—Caroline y Lucien, quien lo diría.— Ella hizo todo por contener la sonrisa. Ahora el celoso era él, se notaba en su mirada y en su voz. Celoso de Lucien, y eso que eran solo amigos. Qué bueno, que le arda así como a ella al verlo con Aurora. Eso se llamaba justicia, triunfó el mal.
—Bueno, eso a ti no te importa —le dijo ella poniéndose al lado de Lucien—. Pero antes de que te pongas idiota en tu plan de macho alfa territorial, solo diré que vine a resolver unos asuntos personales y estoy bajo la protección de Lucien.
—Su protección —seguía molesto, y ella hasta lo estaba disfrutando—. Lamento decirte, querido amigo, que tú no eres apto para proteger a nadie ahora mismo. Menos a ella.
—¿Disculpa? —le dijo molesta—. ¿Y a ti quién te ha pedido opinión?
—Tu labor— Klaus continuó como si no la hubiera escuchado. Desgraciado, ¿cómo se atrevía a ignorarla?— es asegurar que esa profecía no se cumpla, y de paso salvas el trasero a ti y toda tu descendencia.
—Incluyéndola —le dijo Lucien. Acababa de decir algo que no entendía, ¿De qué profecía estaban hablando?—. Porque Caroline fue convertida por Katerina, quien a su vez fue convertida por Rose. No me hagas repetir el resto, ella es de tu línea de sangre.
—Eso es ridículo, Klaus no puede morir —dijo ella. Aunque escuchar aquello no la tranquilizó para nada, ¿entonces Klaus estaba en peligro mortal?
—Ahora si —le dijo el híbrido—. Ya que según la profecía que trajo Lucien, los Mikaelson pareceremos. Uno por un enemigo, uno por un amigo, y el otro por la familia. ¿Verdad?—O rayos, venía a salvarse de un problema y se venía a enterar que Klaus y sus hermanos podían morir. Y todos los vampiros del mundo con ellos. La ley de Murphy lo hizo otra vez—. Y por lo que veo, te has encargado de traer a una "amiga".
—A ver a ver —interrumpió ella—. ¿Estás insinuando que he venido a traicionarte y que voy a matare? Niklaus Mikaelson, te doy cinco segundos para que retires esas palabras antes de que te rompa la cara a cachetadas.— Y lo dijo muy en serio, hasta apuntándolo con el dedo. Eso entendió que dijo, ¿es que estaba loco? Eso si no lo toleraba. Klaus la miró sin decir nada unos segundos, pero para cuando se dio cuenta había tomado su mano y con suavidad la besó. Como todo un caballero. La cuestión es que ese simple gesto la puso nerviosa. Solo recordar la sensación de sus labios recorriendo toda su piel desnuda la hizo temblar.
—Lo siento, amor. Tú serías incapaz de algo así —dijo para luego soltar su mano—. Pero sigo sin entender por qué estás aquí.
—Ya te dijo Lucien, es una historia larga.
—Que podemos aclarar ahora mismo —les dijo Lucien—. ¿Vamos a la sala?— Klaus asintió. Bien, había mucho que aclarar. Y ella solo esperaba que esa Aurora no aparezca a torturarla con su presencia, ya bastante tenía con resistirse a Klaus.
