Capítulo 4: Tras las pistas

—Te preguntarás cómo empezó lo nuestro, Klaus y yo. Pero no es muy difícil de adivinar, ¿verdad? Él es un tipo apuesto y encantador cuando quiere, y yo no estoy nada mal.

—Si esto es "no estar nada mal" no quiero imaginar lo horrorosa que habrás sido en el pasado.

—Cierra la boca —le dijo Aurora molesta, pero ella apenas se inmutó.

—No me hubieras quitado la mordaza, para empezar.

Hace un par de horas que despertó, lo último que recordaba era la pelea en esa habitación de la mansión Mikaelson y que luego perdió el conocimiento. Cuando abrió los ojos estaba atada a un tronco, rodeada de cadenas bañadas en verbena y varios trozos de madera clavados en sus piernas. Apenas podía moverse, cualquier leve movimiento le causaba dolor, Caroline estaba segura que no había forma de escapar de esa situación, estaba presa y debilitada. Lo peor no era su estado, sino tener que soportar a Aurora y sus estupideces. Quería provocarla, eso era obvio. Pero hiciera lo que hiciera no iba a lograr nada de ella.

—¿Y cómo fue que Klaus se fijó en ti? —preguntó la básica acercando su rostro al de ella y mirándola fijamente.

—¿Quién dice que se fijó en mi?

—No quieras agarrarme de estúpida, es obvio que le importas y mucho. Quizá tanto como le importé yo alguna vez, como creí que era hasta hace poco.

—Pues ese no es mi problema, ya he dicho que lo único que quería era que dejen de perseguirme los Strix, lo demás me importante bastante poco.

—No te creo, pequeña zorra —le dijo con desprecio—, y si vas a estar aquí me vas a decir la verdad.

—Eres tú quien me puso aquí, así que si quieres preguntarme estupideces es tu problema, yo no me voy a prestar a tu jueguito de básica.— Era la primera vez que se lo decía en voz alta, y Dios, qué bien se sintió. Aunque aquella sensación duró poco, pues Aurora le dio fuerte con una cachetada que le hizo temblar todo el cuerpo, y que bastó para que todo empezara a dolerle.

—Ni siquiera tienes que decirlo, yo lo sé. Klaus el apuesto híbrido, no querías sentir nada por él porque sabías que quizá no era bueno. Tan guapo, misterioso, seductor. Hizo que te olvidaras de ti misma, de lo que no puedes hacer, que cayeras en la tentación. Él te hizo sentir diferente, despertó cosas en ti que pensaste no podrías sentir por nadie, cosas tan intensas que te asustaban.

—Divagas —dijo intentando parecer indiferente. Lo peor era que Aurora estaba en lo cierto, algo así se sintió, más o menos como eso empezó todo. Miró a un lado, no caería en las provocaciones de esa miserable. Y a pesar de eso no pudo evitar pensar que quizá Klaus provocaba, sin querer, lo mismo en las mujeres que se sentían atraídas por él. Era su naturaleza quizá, porque no podía haber explicación lógica para tanta sensualidad.

—Y ya sé lo que sigue —decía Aurora con gracia—. Él te miraba y tus piernas temblaban, tu mirada iba a sus labios y te preguntabas cómo sería besarlo. O mejor aún, sentir esos labios en todo tu cuerpo. Klaus era delicado contigo, te mostraba una faceta que nadie más conocía. Te convenció de eso, que contigo era diferente, que solo contigo se mostraba quien era en verdad.

—En serio Aurora, no estoy interesada en saber cómo te rompieron el corazón, te lo puedes guardar —evitaba su mirada, no quería que note en sus ojos que de alguna forma se sentía identificada con ese testimonio. Y ahora no sabía qué pensar, ¿Klaus era así con todas las mujeres que enamoraba? ¿Buscaba hacerlas sentir especiales, mostrarles cosas que jamás mostraba a los demás? Aurora no sabía nada de lo que ella tuvo con Klaus, y sin embargo hablaba con bastante claridad sobre eso porque también lo vivió. Entonces, ¿fue ella una víctima más del archiconocido método de conquista de Klaus Mikaelson?

—Lo conocí hace mucho tiempo, él apenas estaba aceptando su naturaleza, vivió mucho tiempo como un monstruo en los bosques. Se sentía un monstruo, alguien despreciable que solo se dedicaba a sobrevivir y no merecía nada. Pero de pronto llegué yo —dijo con una sonrisa—, alguien que logró ver en él todo lo bueno que tenía, las cosas que se empeñaba en ocultar de los demás. Y no solo eso, que lo aceptó tal cual era, que no veía lo malo en él. Yo fui la primera que lo amó a pesar de su condición y a pesar de todo.

—Y veo que les duró muy poco —se burló ella. Aurora la miró furiosa otra vez, pero ahora no la golpeó.

—No porque yo quisiera, fue Elijah quien nos separó. Él me obligó a aborrecerlo con su compulsión, me forzó a decirle cosas horribles que no sentía, me hizo apartarme de él. Porque si de mi hubiera dependido jamás me hubiera apartado de Klaus, aún hoy seguiríamos amándonos.

—Pero como ves, no fue así. Y nunca volverá a serlo —le dijo con seguridad, al menos quería convencerse de eso. No creía que Klaus sintiera por ella la misma pasión de esos años, había pasado mucho tiempo después de todo.

—Fui su musa por mucho tiempo, ¿sabes?— La desgraciada sonrió, como si no le importara lo que acababa de decir—. Poesías, pinturas, dibujos. Klaus siempre fue un excelente artista. ¿Qué te hizo a ti?

—¿Y eso qué te importa? —respondió fastidiaba. Un dibujo que aún guardaba, un bello dibujo que no se cansó de ver por mucho tiempo.

—Pero algo habrá hecho, lo conozco bien. Supongo que te crees muy especial, que te crees la única mujer en el mundo que recibió sus atenciones, qué triste debe ser saber que nunca fue así. Ya ves que hasta esa Camille parece ser muy importante de pronto.

—Es su terapeuta —le dijo aparentando tranquilidad, al menos eso le dijo Klaus y lo creía, pero de pronto ya no estaba tan segura.

—Si claro, no me creo esa mierda.— Al menos en algo estaban de acuerdo—. Déjame adivinar, te dijo algo como "eres mi luz". "Brillas con luz propia", "Eres mi luz entre las tinieblas". Apuesto a que fue algo parecido.

—Como...— Eso si que fue un golpe, se le hizo un nudo en la garganta. Klaus alguna vez le dijo "Estás llena de luz", y eso había sido una de las cosas más hermosas que alguien le hubiera dicho nunca. Pensar que le repetía ese discurso de la luz a otras fue como romperse por dentro.

—¿Cómo lo sé? Porque me lo dijo a mi, claro. Ya ves, no eres la única "luz" de Klaus en el mundo —se burló la básica. Caroline apartó la mirada, esa conversación ya era una tortura más terrible que las estacas, las cadenas y la verbena.

—¿Y no tienes nada mejor que hacer? —le dijo esperando que se largue.

—De hecho si, iré a encontrarme con mi verdadero amor.— Aurora se puso de pie, ¿ahora con qué le iba a salir la loca?—. Mi Klaus me está esperando.

—"Mi Klaus", ¡ja! —se burló ella—. Sigue soñando.

—Como quieras Caroline, igual tuyo nunca será. Me encargaré personalmente que sea así, antes lo mato.

No se atrevió a contestarle eso, la tipa sí que estaba loca. Igual seguía preocupada, no sabía en qué iba a terminar todo eso, pero de seguro en nada bueno para ella. Los Mikaelson estaban preocupados por salvar a Rebekah, y lo entendía claro, si hubiera una balanza de hecho ganaría por peso la hermana que la rubia recién llegada. Ella sería un daño colateral, Aurora estaba tan loca que en algún arranque de ira podría matarla. ¿Acaso Lucien la rescataría? No le quedó claro si él estaba de su lado o no, lo único que sabía era que necesitaba ayuda. Cerró los ojos, se sentía muy casada y débil, quizá se quedaría dormida en cualquier momento...


No tenía claro cómo empezó todo. Alguna vez había pasado por su mente la idea de que todo empezó cuando decidieron olvidar el pasado y ser amigos de verdad. Claro, ese era una especie de "origen", pero ahora las cosas eran diferentes. Quizá el inicio real fue cuando se besaron por primera vez y ella correspondió con intensidad. Cuando deseó en serio que la bese, cuando disfrutó como nunca el sabor de sus labios. Antes de eso hubo ciertos momentos de tensión, algo que ella no sabía distinguir si era real o quizá solo producto de su imaginación.

Se volvió muy real esa noche cuando quedaron tan cerca que ya no hubo deseos de separarse, se volvió más real aún cuando él la atrajo para besarla. Y Caroline, en lugar de pegarle alguna cachetada y recriminarle, simplemente se pegó más a él y lo disfrutó. Deseó más. Sus sentidos se encendieron, aquello que estuvo dormido mucho tiempo renació con fuerza. El deseo, las ansias de experimentar el placer con otra persona.

Pero huyó antes de ceder ante esos deseos, no podía ser. Se separó de él y antes de cualquier palabra o de que Damon pudiera seguirla, usó su velocidad para esfumarse en el acto. Eso simplemente no podía ser, tenía que detener esa locura. Ellos dos eran amigos, o al menos eso intentaban. Y Dios, de todas las personas que podía escoger para tener sexo casual, la menos indicada era Damon. Alguien a quien veía a diario, el hermano de quien fue su mejor amigo, el novio de su amiga. Bueno, Elena ya no estaba presente entre ellos pero eso no importaba.

Caroline no era tonta, sabía que era muy poco tiempo para que el recuerdo de Elena desaparezca del corazón de Damon, quizá nunca lo haga. Un amor tan intenso como ese no se olvida fácil, y ella no pensaba ser la distracción sexual del vampiro mientras él se dedicaba olvidar a la Gilbert. No podía, así de simple. Por más que haya deseado ese beso con todas sus fuerzas, por más que sintiera que lo necesitara, no iba a caer en esa trampa. Ya había pasado por demasiadas cosas terribles en su vida como para ir ella misma en busca del dolor.

Los siguientes días estuvieron en ese limbo. Se veían, pero no hablaban al respecto. Hasta le parecía ver en el rostro de Damon una expresión culpable, quizá hasta él era consciente que se precipitó y no debió besarla. Los días pasaron y al menos parecía que ya no les importaba lo que pasó, siguieron con su vida como si nada. O eso creyó estúpidamente. En el fondo, y aunque ambos quisieron evitarlo, sabía que dieron un paso en territorio prohibido y que no había marcha atrás. Solo había un camino que seguir, y ese era perderse en el deseo que sentían.

Cuando otros besos llegaron, ya ninguno de los dos intentó alejarse. Ni siquiera hablaron al respecto, al contrario. Como todos unos adolescentes aprovechaban que los otros se daban la vuelta para darse besos furtivos. Todo empezó así, a escondidas. Porque quizá en el fondo siempre supieron que eso estaba mal, y que sus amigos jamás lo aceptarían.

Pronto los besos quedaron atrás, eso ya no era suficiente. Caroline hizo un enorme esfuerzo por apartar de su mente el recuerdo de lo sucedido en el pasado cuando un Damon sin humanidad abusó de ella con su compulsión. Ellos ya no eran los de ese entonces, Damon tenía humanidad, ella más experiencia. Una experiencia, que por cierto, los llevó a la gloria en la cama. Caroline no recordaba la última vez que sintió tanto placer, quizá desde que estuvo con Klaus (y aunque intentara engañarse, eso era insuperable aún). Ahora eran amantes, y ya no podían estar tranquilo sin pasar la noche haciéndolo, o parte del día. En donde sea.

Al igual que con los besos, tampoco hablaron del tema, simplemente lo disfrutaron y ya. Ella sabía que en algún momento tendrían que tocar ese tema, que tarde o temprano se haría evidente para todos en Mystic Falls y tendrían que hablarlo. Que si, era sexo. Pero también era algo más, o al menos así lo sentía. Quizá solo se lo estaba imaginando, pero esos encuentros con Damon tenían algo más que deseo y pasión. Entre ellos había complicidad, amistad, quizá (y por desconcertante que parezca) cierto afecto.

No lo supo hasta el día en que al fin, después de ignorar el tema por mucho tiempo, lo hablaron. Aunque no se podía decir "hablaron", porque no hubo mucho diálogo. Simplemente fue una declaración que dejó claro todo. Habrá sido las tres de la madrugada, quizá más. La mansión Salvatore estaba solitaria, y el silencio había sido reemplazado por los gemidos de ambos. Caroline estaba sobre él, montándolo desnuda, moviéndose frenéticamente mientras sentía sus manos posadas en sus caderas. Cuando llegaron al climax, ella se abandonó a las sensaciones y se recostó a su lado mientras intentaba recobrar la normalidad. Miró de lado sin querer, él también lo hizo. Ahí pasó.

Damon la miró a los ojos casi sin parpadear, acarició su mejilla y habló.

Caroline, creo que te amo...


Cuando Klaus llegó al lugar donde creía podía estar Aurora terminó dándose una grata sorpresa. Sonrió de lado, después de todo ella seguía siendo una loca predecible. Estaba en el lugar donde pensó estaría, saliendo de una cabaña en el pantano, donde por cierto tenía a Caroline. Desde donde estaba, Klaus podía oírla. Apenas se le escuchaba, quizá estaba muy débil. Pero sabía que era ella, o eso creía. Eso esperaba con todas sus fuerzas, en verdad.

Coger a Tristán de rehén para que Aurora entregue a Rebekah era un seguro, podría cumplir con esa parte. Su hermano por la suya, así se solucionaba aquello. Ya luego se encargaría de destruirlos a todos, en realidad era lo que deseaba hacer hace mucho tiempo. Ni siquiera saber cómo lo separaron de Aurora años antes tuvo que distraerlo, esa maldita era su enemiga, así de simple. Tenía a su hermana, y ahora también a Caroline.

Todo pasó muy rápido y no pudo evitarlo, eso fue lo que más rabia le dio. Pensó tener la situación controlada, creyó que cogiendo a Tristán ya tendría todo asegurado. Pero ahora Aurora tenía a dos rehenes, y la vida de una de ellas no valía nada para la De Martell. Tenía que salvar a Caroline, si algo le pasaba no podría perdonárselo jamás. Ella era inocente en todo ese asunto, no debió dejar que se quedara en New Orleans. Ahora estaba en medio de toda esa guerra, y Tristán tendría muy claro que la rubia le importaba más de lo que debería. Era su nueva debilidad, y en la situación en la que estaban no podría permitírselo.

Klaus tenía que proteger a su familia, a su hija, hasta a Camille que después de todo era su amiga. Si a eso le sumabas a Caroline en peligro iba a estallar. Aunque todo ese tiempo extrañó su presencia y volverla a ver lo había hecho feliz de alguna forma, lo que en verdad quería era que no le pasara nada. Su vida ya era bastante tormentosa, alguien tan hermosa y perfecta como ella no merecía sufrir por su causa. Siempre la amó, y porque la amaba la dejaría ir y la pondría a salvo así le cueste estar separado de ella.

Ahora mismo su prioridad era alejarla de Aurora. Pasó la mañana siguiendo las pistas de la loca, pistas que lo llevaron a recorrer la ciudad. La mayoría de ellas hacía referencia a lo que fue su relación hace años, y él no sabía si lo hacía por torturarlo o qué demonios le pasaba. Mientras él seguía el ridículo juego de Aurora, sus hermanos se dedicaban a buscar a Rebekah. De momento no sabían mucho, solo que tenía fuertes hechizos de localización. Por suerte Marcel logró convencer a Vincent de que lo ayudara, después de todo su ex aprendiz parecía aún sentir algo por Rebekah, y aunque no sea algo como amor al menos servía para conseguir su ayuda.

Antes de llegar al lugar donde encontró a Aurora, Elijah le avisó con un mensaje que ya tenían ubicada a Rebekah, que podía proceder capturando a Aurora y poniendo a salvo a Caroline. Completó las pistas antes del tiempo estimado, y gracias a un hechizo de ubicación que hizo Freya, fue rápido hacia donde estaba la rubia Forbes. Estaba ya cerca, cuando Aurora salió y se quedó paralizada al verlo. La cogió de sorpresa, acababa de darle un golpe a sus planes.

—Me parece que no me esperabas.

—¿Qué quieres acá, Niklaus?

—¿Ahora hablamos con formalidades?

—Lárgate, no voy a entregarte nada.

—Claro que no, he venido a tomarla por la fuerza. No pienso hacer tratos contigo.

—Tienes a mi hermano, no puedes decirme esto.

—Y tú tenías a la mía, así que muévete.

—¿Tenía? —notó su rostro de desconcierto, se le había adelantado. Oportunamente su celular vibró, lo cogió para leer el mensaje y vio lo que mandó Elijah. "Tenemos a Rebekah".

—Si, tenías. No tengo tiempo que perder —la hizo a un lado y empezó a caminar hacia la cabaña, ella le cerró el paso nuevamente.

—Entonces es por ella, es más importante de lo que creía.

—Lo es —contestó sin mirarla.

—Voy a matar a esa miserable —dijo con rabia. Pero conocía muy bien a Aurora, sabía que era capaz de cumplir sus amenazas. La miró molesto, o podríamos decir incluso que era una mirada siniestra.

—El día que te atrevas a tocar a Caroline, yo acabaré contigo. Vas a desear nunca haber existido, porque te haré sufrir de formas que harían llorar al diablo.

Dicho esto, se apresuró en entrar a la cabaña. El olor de verbena era penetrante, le dio rabia pensar que estuvo torturándola con eso. Encontró unas cadenas en el piso cerca de una columna. Ahí se supone que debería estar. Molesto, echó las cosas a un lado. Fue ahí, Freya le dio la ubicación de ese lugar. Caroline tenía que estar ahí, o quizá lo estuvo pero ya no más. No debió pasar mucho tiempo de eso, quizá esos segundos en que conversó con Aurora fueron suficientes. Al girarse encontró a la maldita detrás de él, sonriendo triunfante. Klaus maldijo por dentro, al parecer tenía un cómplice, podría ser cualquier de los Strix.

—¿Sorprendido?

—¿Dónde está ella?

—No veo que preguntes con un "por favor"

—¡Dónde está! —gritó furioso, ni siquiera fue consciente de lo que hizo, pero cuando reaccionó la tenía cogida del cuello y la asfixiaba. Soltó su agarre poco a poco, ella ni siquiera parecía molesta. Y eso era peor, porque Aurora estaba segura que tenía el control de la situación.

—Sé que ya rescataron a Rebekah, cosa que ya me esperaba. Todos los Mikaelson se pondrían a ello, ¿pero quién velaría por la pobre Caroline Forbes? Solo Klaus sería capaz de todo por ella, ¿o me equivoco?

—No estás en condición de exigir nada, Aurora. Tengo a Tristán, tú no puedes chantajearme.

—Te equivocas, a diferencia de Rebekah, quien de momento no puede morir y claro que no me conviene matarla, asesinar a Caroline no sería ningún esfuerzo. No afectaría la vida de nadie, acaso solo la tuya. ¿Qué sentirás cuando te entregue la cabeza de esa zorra en una bandeja de plata? ¿O su corazón en un guiso? Apuesto a que será muy divertido de ver.

—Voy a...

—No Klaus. Yo voy a matar a Caroline. Tienes media hora para entregarme a Tristán. Ya tienes a tu hermana, ahora yo quiero al mío. Me das a Tristán y yo no mato a tu mujercita, ¿estamos de acuerdo?

—Te vas a arrepentir mucho de esto, y vas a rogar que te mate cuando acabe contigo.

—Eso lo veremos —se burló otra vez. Pronto se esfumó y él solo se quedó rabiando ahí. Esa maldita se las iba a pagar.

Pero ahora tenía que serenarse, no tenía muchas opciones. Su hermana estaba a salvo, pero Caroline corría riesgo de muerte y solo contaba con media hora para salvarle la vida. Liberar a Tristán era un riesgo, tenerlo era bueno para todos. Mantenían controlados a Aurora y los Strix, si lo soltaba todo empezaría de nuevo, y estaba seguro que el desgraciado querría vengarse. Su familia tampoco aprobaría eso, ahí se trataba de hacer lo mejor para todos. Tenían una profecía destructora encima, no podían darse el lujo de perder ventaja.

En ese momento el celular vibró una vez más. Eran fotos que enviaba Aurora de Caroline maniatada, herida y con una estaca peligrosamente situada cerca de su corazón. "Entrégame a mi hermano, tienes 25 minutos", escribió. Klaus lanzó un grito y destrozó una pared, ya no tenía alternativa. Si, entregar a Tristán significaba perder el seguro que tenían. Pero eso no importaría si a Caroline le pasaba algo. Tendría que sacrificar eso por mantenerla a salvo. Una cosa era perder el contacto con ella, otra saber que la perdería para siempre. Que no podía cumplir su promesa de ser el último amor, algo que aún estaba dispuesto a realizar le pese a quien le pese. Tendría que salvar a Caroline.

Marcó el número de Aurora y esperó impaciente a que contestara, a la mierda con todo. Caroline valía el sacrificio.

—Te daré a Tristán —dijo ni bien contestó—. ¿Dónde dejarás a Caroline?

—Buen chico —se burló al otro lado de la línea—. El reloj corre, Klaus. Solo libéralo de donde quiera que esté. Él vendrá a mí antes de que se cumpla el plazo.

—¿Y si no va?

—Qué pena por tu rubia...

—¿Dónde vas a soltarla? —la interrumpió. Quería matarla, estaba ardiendo en rabia. El gran Klaus Mikaelson extorsionado por una vampiresa loca como ella, eso era de vergüenza. Tenía que aguantarse eso si quería salvar a Caroline, así que no le quedaba otra opción que tragarse su orgullo.

—En el cementerio.

—Bien. Verás a tu hermano en veinte minutos.

Colgó, no le quedaba mucho tiempo y solo tenía una persona a la que recurrir. Marcel. No podía decirles a sus hermanos que iba a liberar a Tristán, lo impedirían. Pero Marcel podría vigilar el cementerio y rescatar a Caroline de las garras de Aurora mientras él liberaba a Tristán. Cuando llegó a su auto condujo lo más rápido posible mientras le daba las indicaciones a Marcel por teléfono. Si podía rescatar a Caroline incluso antes de que soltara a Tristán sería todo un triunfo. Lo bueno fue que Marcel no hizo muchas preguntas, quizá entendía lo importante que era Caroline para él y lo que sentía por ella.

Al llegar al lugar donde escondieron el cuerpo de Tristán, se apresuró a romper el sello que lo encerraba. El vampiro estaba débil, así que le arrojó una bolsa de sangre que llevaba en la maletera. Después de beberla con rapidez, al menos ya parecía más compuesto.

—Tu hermana te espera en el cementerio. Tienes quince minutos para llegar.

—Ya veo que negoció contigo.

—Solo lárgate. Y a partir de ahora cuídate las espaldas, no descansaré hasta matarte.

—Eso lo veremos.— Tristán se fue, él soltó un suspiro. Lo hizo, maldita sea. Ahora solo quedaba esperar, y no le gustaba esa sensación. Marcel tampoco había llamado con buenas noticias, así que insistió por teléfono hasta que le contestó.

—¿La tienes?

—No... ha pasado algo.

—Maldita sea, ¿qué pasó? ¿Acaso Aurora no cumplió?

—No solo no ha cumplido, sino que me acaba de llamar Elijah. Tienen a Jackson y Hayley, los acaban de coger...

—¿Qué? Mierda, no... Dime que no...—Hope estaba con ellos, eso sin duda. Todo el mundo le tembló de solo pensar que podrían tener a su hija.

—No, Hope estaba con Freya, quédate tranquilo. Pero si los tienes a ellos. Aurora apareció acá con un cuerpo, pero en cuanto recibió una llamada, supongo de Tristán, lo dejó. Nos acercamos, pero es otra persona, no tengo idea de quién y tampoco importa. No han entregado a Caroline, y ahora tienen a dos personas más. ¿Qué vamos a hacer?

—Destruirlos a todos —colgó mientras presionó el teléfono de tal forma que casi lo rompe. Si esa maniática de Aurora quería guerra, guerra tendría. Ese día no pasaba sin Caroline a salvo en sus brazos.