Capítulo 5: Venganza

Cuando Caroline despertó se dio cuenta que su situación no era muy diferente. De estar amarrada a una columna con cadenas empapadas de verbena, ahora estaba atrapada en una especie de camilla, atada y sin posibilidad de escape. Se seguía sintiendo muy débil, apenas podía abrir los ojos pues le dolía la cabeza. Pero poco a poco logró fijarse alrededor, eso era una especie de laboratorio, o quizá un hospital. Estaba oscuro, y aunque apenas podía moverse notó que no estaba sola.

Había otras personas en ese lugar en la misma situación que ella. Se inclinó un poco, necesitaba saber quiénes eran y si en caso existía una forma de escapar de ahí. Eso era extraño, porque conociendo a la maniática básica de Aurora no creía que ella sola esté haciendo todo aquello. Además, si la odiaba a ella, ¿qué sentido tenía encerrarla con otras personas? Todo era muy raro. Forcejó un poco, y apenas hizo eso notó que una de las personas que estaba ahí también se sacudió con fuerza, hasta la escuchó maldecir. Y entonces la reconoció.

—¿Hayley?

—¿Caroline? ¿Tú también aquí? Maldita sea…—contestó ella confirmando su identidad.

— Esa miserable Aurora tuvo que ponerme aquí.

—Han sido los Strix —afirmó la híbrida—. Nos cogieron a mí y a Jackson.— Ah, ahora lo entendía, el otro prisionero era su esposo.

—¿Y Hope?

—Está bien, por suerte —dijo Hayley aliviada—. ¿Te ha torturado mucho? ¿Cómo te sientes?

—Muy débil, no sé si pueda hacer algo.

—Yo igual —dijo con molestia—, pero algo tendremos que hacer.

—¿Están bien? —preguntó de pronto Jackson—. No sé cuánto dure esto, pero no me agrada para nada. Los Strix no parecen la clase de gente que solo te retienen y ya, algo deben querer.

—Quizá quieren intercambiarnos por Tristán, los Mikaelson lo tienen. Al menos eso quería Aurora.— No podía verlos, sabía que estaban tras ella y por más que se esforzara apenas lograba ver un poco, y quizá ambos estaban en la misma situación.

—No lo sé —dijo ese Jackson con duda—. Hayley, tenemos que salir de aquí.

—Ya lo sé, es lo que vamos a hacer y no me importa cómo. Necesito volver por mi hija.

—Yo solo quiero que sepas que te amo.— A Caroline se le hizo un nudo en la garganta, quizá el licántropo presentía que algo muy malo iba a pasar. Eso que acababa de decir sonaba a una despedida—. No importa lo que haya pasado, siempre te amé y lo haré hasta mi último aliento, ¿si? Nunca olvides eso.

—Jackson por favor, no hagas esto. No te despidas, vamos a salir de aquí…

—Viene alguien —dijo ella. A pesar de estar débil sus finos oídos escucharon pasos acercándose, y eran varios.

Se quedaron en silencio, ella estaba justo frente a la puerta. Cuando se abrió quienes primero entraron fueron dos hombres de traje (que sospechaba eran Strix), seguidos de la básica menos favorita de New Orleans. Y Tristán. En realidad eso fue lo que le dio miedo, si los Mikaelson no lo tenían entonces no había como negociar. Ahora estaban a merced de esos maniáticos y solo temía lo peor. Tristán la miró directamente a los ojos y sonrió de lado, era una sonrisa llena de maldad. Estaba perdida.

—Maldito seas —dijo Hayley rabiosa—. ¿Qué demonios quieres? Ya estás libre, ¿qué tenemos nosotros que ver con tu patética venganza? Que no hayas superado ser un segundón de los Mikaelson no es nuestro problema.

—Eres tan tierna incluso cuando amenazas, Hayley —se burló Tristán—. Lamentablemente no estás en condición de nada, eres mi prisionera y no puedes escapar.

—Eso lo veremos —dijo molesta. La verdad Caroline no creía que pudieran hacer mucho, pero apoyaba a Hayley en eso de hacerse la dura y no dejar que las vean débiles.

—Gírenlos —ordenó de pronto Aurora. Los Strix que los acompañaron fueron hasta las camillas y siguiendo las instrucciones de la pelirroja al fin estuvieron frente a frente. Los tres podían verse, estaban todos en el mismo estado. Atados y sin posibilidad de escape.

—Supongo que se preguntan la razón de todo esto —dijo Tristán con voz calmada mientras caminaba alrededor de ellos—. Una patética venganza, dicen. Puede ser, si lo ponemos desde cierto punto de vista lo que estamos haciendo no tiene sentido. Nada nos va a devolver los años de terror que perdimos creyendo que éramos los hermanos Mikaelson y nos perseguían por todo el mundo. Aún así esto es necesario.

—No lo creo —dijo ella—. Si dicen que se acerca el cumplimiento de una profecía trágica, ¿por qué todo esto? No tiene sentido.

—Claro que lo tiene, idiota —le dijo Aurora molesta—. ¿Acaso crees que vamos a dejar que los Mikaelson triunfen? Esos miserables ya han estado robando aire por mucho tiempo, fue suficiente. Y si estos son sus últimos días, entonces que sufran mucho.

—Lo que quiero que tengan claro —continuó Tristán— es que esto no es una especie de justicia, no se trata de ellos ni de nosotros. Se trata de la verdad, y esa es que ellos no tienen redención. Son monstruos, y destruyen todo lo que tocan, incluso lo que aman. Todas las cosas malas que les pasen es por relacionarse con ellos. Por creer estúpidamente que podían salvarlos. Nadie puede, porque cuando se trata de la familia Mikaelson, los inocentes siempre pagan.— Caroline notó que hizo una señal, fue entonces que los dos Strix se acercaron a ellos. Uno cogió de los hombros a Jackson, quien se sacudía intentando que no lo tocaran. Se le escapó un grito, y por su lado Hayley gritaba por perdón, por piedad. Lo que sea para que se detuvieran. Sabía lo que iban a hacer, todos lo sabían. Lo último que hizo Jackson fue mirar a su esposa, segundos después le arrancharon el corazón ante los ojos de Hayley mientras esta gritaba desesperada y lloraba. A Caroline los ojos se le cubrieron de lágrimas, apenas lo conocía pero notó el profundo amor que sentía por ella. Se fue mirando a los ojos de la mujer que amaba.

—¡Miserable! ¡Te juro que pagarás por esto! —gritaba Hayley mientras se sacudía con todas sus fuerzas. Frente a ellos, Tristán y Aurora sonreían con gracia. Para ese par de desgraciados había sido un juego.

—No querida, alguien más tiene que pagar —le dijo Aurora—. Y míralo bien, porque esto no fue culpa nuestra, fueron los Mikaelson.

—¡Malditos sean! —gritó ella. Ya había pasado buen rato desde que estaban ahí y nada había cambiado, seguían en desventaja.

—¿Quién sigue? —preguntó Aurora. Las matarían, ese era el plan—. ¿La novia de Klaus? ¿O la madre de la niña?

—¿Qué lo haría sufrir más? —preguntó Tristán mientras caminaba entre ellas dos. Estaba casi segura que la siguiente sería ella, de las dos ahí presentes era la que tenía menos importancia para la familia, o al menos eso creía. Era importante para Klaus, pero seguía siendo nadie para los Mikaelson. Cerró los ojos y apretó el asiento, ella era la víctima elegida. Tuvo miedo, ¿entonces ahí acababa todo? Moriría sin pena ni gloria, solo por una estúpida venganza. Todos sus planes acababan de irse al demonio, nada ni nadie podría salvarla. Uno de los Strix que mató a Jackson la cogió a ella también de los hombros, en los próximos segundos sentiría como le arrancaban el corazón—. Deja eso, yo lo haré personalmente —dijo Tristán. "Adiós", se dijo con terror. Todo había acabado.

Y acabó sí, pero no para ella. Caroline abrió los ojos cuando notó que algo no estaba bien, un grito ahogado la sorprendió, para cuando se dio cuenta la mano de Tristán se había hundido en el pecho de Hayley, tenía cogido su corazón, lo apretaba. Un solo movimiento e iba a matarla.

—¿Creíste que ibas a librarte? —dijo él con burla—. La madre de la niña. La mujer que Elijah ama. ¿No es acaso la venganza más sublime?

—¡No! —gritó fuerte Caroline, pero era demasiado tarde. Tristán le arrancó el corazón, lo mantuvo entre sus manos palpitando por varios segundos antes de arrojarlo a un lado como si fuera una basura. La piel de Hayley se puso gris, la vida se le fue—. No… —murmuró ella. Mataron a Hayley ante sus ojos.

Nunca tuvo nada contra ella, ni siquiera le importó mucho que ella y Klaus hayan tenido algo una vez, sabía que eso no se había repetido ni volvería a pasar. Lo entendió todo, lo que Tristán quería era vengarse de Elijah, aquel que lo maldijo años atrás con el vampirismo y lo obligó a huir de Mikael por cien años. Pero había sido una venganza doble, mataron a la madre de la pequeña Hope para castigar a la familia, y mataron a la mujer que Elijah amó. Eso ni siquiera lo sospechó, si Tristán no lo decía no se le pasaba por la cabeza. Todo era un asco, pero había sido una buena jugada. Una venganza sublime, como dijo el desgraciado.

—¿Qué? ¿Acaso creíste que seguías tú? —se burló Aurora—. ¿Es que eres estúpida? Tú no vales lo suficiente, tu muerte no le importará a nadie. En cambio ella…—Si, en eso Aurora tenía razón. La muerte de Hayley era una catástrofe para los Mikaelson. Hope acababa de quedar huérfana, y lo lamentaba tanto por esa pequeña bebé. Nadie merecía eso, no era justo. Ese par se consagró como los miserables del año.

—¿Te ha gustado el juego, Caroline? —se burló Tristán. Ella lo miró con desprecio, si antes ya lo detestaba, ahora lo odiaba.

—Vas a pagar por esto —dijo con toda seguridad, pero él solo se burló.

—¿No te has dado cuenta dónde estás? ¿Acaso crees que puedes hacernos algo?

—Yo no, y puede que me mates como quieres. Pero sabes que cuando lleguen los Mikaelson, porque sabes que en algún momento ellos estarán aquí y verán los cuerpos, irán por ustedes. Destruirán todo lo que amas, ¿no dices que es lo mejor que saben hacer? Pues lo harán, y serás tú quien chille como un crío cuando destripen a tu hermana ante tus ojos, y cuando sigan contigo. Lo sabes mejor que yo, a ellos no se les escapa nada.— Mientras hablaba lo notó ponerse muy serio, quizá había algo de temor en los ojos. Él lo sabía, cuando la venganza de los Mikaelson llegue su sufrimiento sería eterno.

—Creo que ya te llegó la hora —le dijo con frialdad.

—Déjamela, ella es mía —dijo Aurora. Ah no, eso no. Sería la básica quien la matara, las cosas no podrían ponerse peor.

Luego las cosas se desarrollaron muy rápido. Unos ruidos afuera los alertaron, apenas unos segundos después un vampiro entró por la puerta, en realidad habían arrojado su cuerpo con fuerza y la derribó. El Strix estaba muerto, y al parecer todos los secuaces que vigilaban fuera también. Caroline no pudo contener la sorpresa, quien echó ese cuerpo fue Rebekah, y tras ella iban Elijah y Klaus. Sus miradas se cruzaron apenas un instante, él la vio atrapada y sus ojos se llenaron de preocupación. Lo que quería hacer era correr hacia ella y salvarla de todo mal. Los Mikaelson ya se iban a arrojar sobre ellos, pero los dos Strix que estaban dentro de la habitación fueron rápidos y los atacaron, aunque matarlos no fue mucho esfuerzo para ellos.

—¡Vete de aquí! —le gritó Tristán a su hermana.

—¡No voy a abandonarte! —dijo ella, sabía que estaban perdidos y que ninguno de los dos sobreviviría.

—¡Vete! Estaré bien, te lo juro. Luego vendrás a rescatarme.— Los hermanos se miraron apenas un segundo, Aurora obedeció y usando su gran velocidad se fue por otra puerta. Pero ella seguía presa en las garras de Tristán, y para asegurarse el muy maldito decidió ganar tiempo. Hundió la mano en su pecho y tomó su corazón, Caroline gritó de dolor, iba a matarla en cualquier momento—. Quietos —amenazó. Nadie se movió, estaban todos listos para atacar, pero nadie podía hacer nada. O al menos eso pensó, hasta que escuchó el típico ruido de un cuello romperse. Tristán soltó su agarre y su mano se deslizó lenta y dolorosamente fuera de su cuerpo. La herida iba cerrando, y aún herida vio el cuerpo de Tristán caer a un lado, le habían roto el cuello. ¿La responsable? Freya, ella acababa de aparecer.

Con el camino despejado y el enemigo inconsciente, Klaus fue rápido hacia ella. Usando su fuerza rompió sus amarres, al fin era libre. Le tendió la mano para ayudarla a pararse, y apenas estuvo de pie lo primero que hizo fue abrazarlo con todas sus fuerzas. No pudo evitarlo, y una vez que sintió los brazos del híbrido rodeándola tuvo la sensación de estar al fin a salvo. No debió desconfiar de él, conocía bien a Klaus y sabía que jamás hubiera permitido que la lastimen. Llegó a tiempo para salvarla, pero no a tiempo para los demás.

Escuchó que alguien se lamentaba. Al girar notó que Elijah sostenía en sus brazos el cuerpo de Hayley. A su lado, Rebekah intentaba contener las lágrimas sin éxito. Lo sabía, ella fue de alguna forma parte de la familia y su perdida era irreparable. Elijah la apretaba con fuerza, besaba su frente, maldecía. Entendía su dolor, habían matado a la persona que amaba y nada iba a remediar eso. Klaus también acababa de darse cuenta de lo que pasó, quizá por fijarse solo en ella no vio aquello. Caroline lo miró de lado, el híbrido observaba pasmado la escena, ni siquiera parpadeaba. Quizá no sentía nada por Hayley, pero le habían quitado la madre a su hija y estaba segura que nunca lo iba a perdonar.

—¿Quién fue? —le preguntó Elijah—. ¿Fue alguno de estos infelices? ¿O fue…?

—Tristán —respondió ella—. Quiso hacerlo personalmente.— Elijah lanzó un grito de rabia. Ella solo se aferró más fuerte a Klaus, todo eso era terrible y no tenía siquiera una palabra de consuelo.

—Pero ya lo tenemos —dijo Rebekah secándose las lágrimas.

—Aurora escapó —dijo molesto Elijah—. Pero volverá, tenemos al miserable de su hermano. Volverá y yo me encargaré personalmente de ella.

—Puedes hacerlo —le dijo Klaus. Hasta el momento no había dicho ni una sola palabra, seguía impactado por toda esa escena—. Por lo que a mi respecta la vida de Aurora no vale nada. Ella pagará por esto.

—¿Y es ahora cuando lo dices? ¡La dejaste libre y mira lo que hizo! —le reclamó Elijah. Lo peor que podía pasar era que los hermanos se pusieran a pelear.

—No, esto no es culpa de Klaus —dijo ella despacio—. Él quería vengarse de toda la familia. Primero mató a Jackson, quería que ella sufriera. Y luego la mató porque era la madre de Hope, porque quería lastimarte. Lo hizo por ti, Elijah. Él quería verte así —dijo la verdad, que si, era dolorosa y terrible, pero era lo que era. Klaus había cometido muchos errores, pero uno de esos no era dejar morir a Hayley, no permitiría que lo culpen por eso. Apenas escuchó su testimonio, Elijah bajó la mirada. Segundos después se puso de pie sosteniendo el cuerpo de Hayley en sus brazos. Caroline apartó la mirada, ya había sido suficiente muerte. Esa mujer no lo merecía, era insoportable ver lo que quedó de ella.

—Será mejor que nos vayamos —dijo Rebekah—. Vayan, yo me encargo del cuerpo de Tristán. ¿Me ayudas, Freya? —le preguntó a su hermana. La bruja asintió, hasta el momento había guardado silencio, pero notó como se secaba las lágrimas. Eso era duro para todos.

El primero en salir fue Elijah llevando a Hayley, luego Rebekah y Freya con Tristán. Ellos dos se quedaron al último, y cuando estuvieron solos Klaus la tomó despacio de las mejillas. La miró a los ojos y le dio un suave beso en la frente, uno bastante largo.

—¿Estás bien? —le preguntó y ella solo asintió.

—Aún me siento débil, pero estaré bien pronto.

—Lo lamento tanto, Caroline. No quería que pases por nada de esto, debí llegar antes por ti.

—Olvídalo, ya pasó. Ya me salvaste.

—Te juro que no sé qué hubiera hecho si te perdía.— No supo que contestar, solo se quedó quieta mirándolo. Lo notaba en sus ojos, esa preocupación, el dolor. El amor que le tenía, el que nunca dejó de sentir. Ella le dio un beso en la mejilla, ya estaba con él, lo demás no importaba. Con él estaba a salvo.


Todos los Mikaelson estaban muy ocupados, así que ella se ofreció a cuidar de Hope. Sabía que estaban rastreando a Aurora por toda la ciudad, pero para nada la encontraban. Quizá se haya ido, quizá esté bien oculta y protegida. Lo único que quería era que atrapen a la maniática esa, la desgraciada no merecía piedad.

En cuanto a Tristán, por lo que había escuchado, su sufrimiento sería eterno. Lo estaban llevando al puerto, lo encerrarían en un contenedor que arrojarían al fondo del mar para que nunca pudiera escapar. Cuando despertara iba a ahogarse hasta quedar inconsciente. Ese ciclo se repetiría sin parar por siglos, nadie podría salvarlo. Ahí estaría, hundido para siempre. Qué conste que fue ella quien lo advirtió primero, las iba a pagar. A los Mikaelson no se les escapaba nada.

A su lado Hope jugaba con unos cubos de madera. Era una preciosura, una bebé inocente que no merecía estar en medio de esa guerra. Era muy pequeña aún para entender que habían asesinado a su madre, aunque quizá una parte de ella sepa que le hacía falta alguien que la amara y la cuidara. Sentiría su ausencia, lloraría. Caroline acarició despacio sus cabellos, pobre de ella.

"Y Klaus…", pensó sin querer. Ahora él había quedado solo a cargo de la crianza de Hope. Sabía que su familia iba a ayudarlo y que no lo iban a desamparar, pero era su padre y toda la responsabilidad recaía sobre él. Klaus estaba pasando por un momento muy duro, no solo por la cuestión de la maldición, sino por saber que su familia estaba cada vez más desunida. Nada le sacaba de la cabeza que Elijah lo culpaba por la muerte de Hayley, quizá no lo diga ahora pero en algún momento estallaría y le iba a reclamar, cosa que podría degenerar en alguna pelea.

"No podrá solo", pensó desanimada. Ni Hope ni Klaus merecían estar a la deriva, eran padre a hija, tenían un vínculo que nada ni nadie podría romper. Ahora la familia estaba enfocada en enfrentar una profecía que amenazaba con destruirlos, no había tiempo para dedicarles. Alguien tenía que hacerlo, y ese alguien podía ser ella. Tomó la decisión rápido mientras miraba a Hope, vio morir a su madre, quizá ella tuvo que tomar el lugar de Hayley. Se lo debía, cuidaría a su hija mientras los Mikaelson resolvían sus problemas.

Fue en ese momento que escuchó pasos subiendo la escalera, al girar vio a Rebekah y Klaus llegando. La rubia fue directo donde su sobrina, después de darle un beso en la mejilla la cargó. También le habían contado que Rebekah se llevó a Hope hace unos meses cuando habían problemas en New Orleans, quizá la "cuñada" estaría gustosa de cuidar de la pequeña. Pero Caroline también sabía que la profecía afectaba a Rebekah, ella no podía dedicarse a una niña cuando habían muchas cosas por hacer. Con gusto tomaría su lugar.

—La llevaré a dormir —dijo Rebekah—. Gracias por cuidarla.

—No fue nada.— Hope la miró y Caroline le sonrió. Le dijo adiós con las manos y la niña acabó sonriendo también. Pronto ambas desaparecieron de su vista, estaba a solas con Klaus—. ¿Cómo está Elijah?

—Encargándose de Hayley —respondió despacio. Ella solo asintió, suponía que se refería al tema del entierro.

—Ya veo, lo siento tanto por él.

—Esto no tuvo que suceder, ahora mi hija es huérfana de madre —dijo con tristeza—. Tristán ya está pagando su insolencia en el fondo del océano, pero eso no soluciona nada.

—Lo sé, y lo entiendo. De verdad Klaus, lo lamento tanto, sé que esto es un duro golpe para tu familia.

—Lo es. Pero ya no hay Tristán, los Strix deben buscar un nuevo líder. Y la orden de captura contra ti ya fue dada de baja.

—Ohh… eso es bueno —dijo aliviada. Al menos eso le quitaba un peso de encima.

—Lucien llamó preguntando por ti, le dije que estás bien y que pronto volverás a casa.

—¿Cómo? —preguntó sin entender. ¿Exactamente a qué se refería diciendo "a casa"?

—Ya nadie te persigue, puedes volver tranquila a Mystic Falls. Eres libre de irte.

—¿Quieres que me vaya?

—Tienes que hacerlo.

—Quiero creer que no me estás echando de acá.

—Pero tienes que irte, lo sabes. Estamos en una situación crítica, New Orleans parece a punto de explotar en todo momento, no es un lugar seguro para ti.

—Soy una vampiresa, Klaus. El mundo no es un lugar seguro para mí, y créeme que no hay mucha diferencia con Mystic Falls.

—Quiero que te vayas.— No se la creía. Buscó su mirada, pero él la apartaba.

—¿En serio?

—Si.

—Si vas a decirme algo como eso al menos mírame a los ojos, maldita sea —le dijo molesta. Se acercó más a él, y a tanta insistencia Klaus levantó la mirada. Estaba triste, podía verlo en sus ojos. Aunque sus palabras decían que la quería lejos, su mirada le decía todo lo contrario.

—Tienes que irte, corres peligro aquí. Has estado dos días desaparecida, y yo no podía dejar de pensar en lo que podía pasarte. Solo quería mantenerte a salvo y todo salió mal.

—Lo de Hayley no es tu culpa, ya te dije que…

—¡Si lo es! —gritó de pronto tomándola por sorpresa—. Aurora me amenazó con matarte si no liberaba a Tristán, así que tuve que hacerlo. Y por dejar libre a ese miserable es que ahora Hayley está muerta. Yo dejé huérfana a mi hija.

—Oh no…Klaus no digas eso —se acercó más y lo tomó de las manos, las apretó despacio. Ahora entendía la culpa que estaba sintiendo, y ella misma se contagió. Si no fuera por ella nunca hubieran liberado a Tristán y Hayley aún estaría viva. Por eso mismo tenía que quedarse, no podía abandonar a la niña—. Me quedaré —le anunció.

—¿Es que acaso no has entendido nada de lo que dije? No te quiero aquí, Caroline. No puedo protegerte, necesito cuidar de mi familia y mi hija, no puedo permitir que te hagan daño.

—Ya sé cuáles son tus prioridades, está bien, lo entiendo. Pero no puedes pedirme que me aleje de ti ahora cuando más necesitas a alguien a tu lado.

—Yo lo que necesito es que te vayas para que nunca te pase nada. Lo que menos quiero es que mis errores te alcancen y te lastimen.

—Ya me han lastimado. Tristán sabía que yo era importante para ti, ahora cada vampiro en New Orleans debe saberlo. Si me quedo o me voy será lo mismo, cualquiera que quiera dañarte me buscará. Por eso prefiero estar aquí, cuidaré de Hope y así tú estarás más tranquilo.

—No estaré tranquilo si dos de las mujeres que más amo están en constante peligro. Eso sin contar a Rebekah que es otro dolor de cabeza, ustedes me van a volver loco.

—¿Qué dijiste?

—¿De qué?

—"Dos de las mujeres que más amo", no te hagas el que no entendiste —se sintió emocionada sin querer. Él aún la seguía amando y acababa de admitirlo. Ni Camille, ni Aurora ni ninguna otra. Era ella, siempre fue ella. Y no había nada que la alegrara más en ese momento.

—Pues si… —dijo despacio, acababa de darse cuenta que habló de más y ahora hasta parecía avergonzado.

—Entonces la mujer que amas no te abandonará ahora cuando la necesitas.

—La mujer que amo no me corresponde, y no la quiero aquí por lástima —le dieron ganas de golpearlo en serio. ¿Ahora le salía con eso?

—¿Y qué sabes tú de lo que siento?

—Dímelo.— Rayos, no debió hablar. Él representaba sus deseos más íntimos. La pasión, lo prohibido. Querer a Klaus siempre estuvo mal, pero las cosas ya no eran las de antes. Él no era más aquel despiadado que todos en Mystic Falls odiaron alguna vez. Era otra persona, era un padre capaz de todo por su hija. Era el hermano dispuesto a lo que sea para salvar a su familia. Y era el que la prefería lejos antes de lastimarla, aunque doliera. Klaus estaba acostumbrado a salirse con la suya, y esta vez no le iba a dar el gusto. Se iba a quedar en New Orleans aunque le joda. Quererlo ya no estaba mal, si pudo perdonar y amar a Damon, ¿por qué no hacer una excepción con Klaus? Él le había pedido que le diga lo que siente. Y era ahora o nunca. Sin pensarlo más se inclinó hacia él y lo besó. Fue algo corto, pero se sintió maravilloso. Probar otra vez esos labios la hacían sentir arder por dentro.

—Ahí está tu respuesta —dijo al separarse de él. Klaus estuvo sorprendido un instante, pero eso no duró mucho. La cogió de la cintura, la pegó a él y volvió a besarla. Se abandonó a esa sensación, a aquel beso tan ardiente como el fuego. Todo perdía sentido cuando estaba entre sus brazos. Besarlo era la gloria.