Capítulo 6: El mal acecha
Los días habían pasado y ella se quedó en New Orleans. Sabía que era un peligro, que se estaba exponiendo a que los miles de enemigos de Klaus le hicieran daño, y aún así no le importaba. Le hizo una promesa a Hayley, aunque ella estuviera muerta. Iba a cuidar de su hija mientras todos los demás estaban en lo suyo, y trataría de ayudar en lo posible a los Mikaelson. No es que ellos fueran de pronto santos de su devoción, pero eran una familia, la única que tenía la pequeña Hope. Ya había perdido a su madre, no sería justo que perdiera también a su padre. Así que en aras de cumplir su promesa, Caroline se mudó a la mansión Mikaelson.
Y aunque pareciera increíble, eso no fue del todo del agrado de Lucien. Medio en broma y medio en serio intentó advertirle para que saliera de ahí, que se sentía responsable por su seguridad y que como su amigo quería protegerla.
—No tienes nada que ver en sus problemas. En serio Care, mientras más lejos estés de ellos es mejor para ti. Ya has visto la situación en la que están, todo es inseguro.
—Por eso mismo Lucien, la niña está expuesta a mucho peligro. Me siento responsable por lo que pasó ese día, si no me secuestraban jamás entregaban a Tristán. No puedo dejarlo así no más.
—Solo cuídate, y ven a verme cada que puedas, ¿si? —ella asintió con una sonrisa. Entendía que estuviera preocupado por ella, si cuando le contó a Bonnie amenazó con ir ella misma a arrastrarla de los cabellos hasta Mytic Falls si era necesario—. Y nunca olvides algo, Caroline. No eres parte de esa familia. Ellos nunca te van a poner sobre sus intereses, y menos sobre nadie. El mismo Klaus sería capaz de matarte si le dan a escoger entre tú y Hope. Cuando llegue el momento, que ojalá no pase nunca, ellos te dejarán morir con tal de salvarse el pellejo.
No puso que responder aquella vez, aún lo seguía pensando. No creía que Klaus la dejara morir, ¿y qué había de los demás? Rebekah era algo así como su amiga, Elijah no parecía sentir nada en especial por ella aparte de cierta consideración. Ni siquiera tenía aliados en esa ciudad, se había encontrado un par de veces con el tal Marcel y él tampoco la consideraba lo suficiente. Lucien tenía razón, cuando pasara algo en verdad grave nadie iba a ver por ella. Se estaba poniendo en un alto riesgo estando ahí, además de todo lo que pasaba había que considerar que Aurora seguía prófuga. La razón le decía que lo mejor que podía hacer era irse para siempre de ese lugar y ponerse a salvo. Pero no iba a dejar a Hope y Klaus cuando más la necesitaban.
Esa mañana estaba en la sala jugando con Hope. Le alcanzó unos cubos de juguete, la pequeña hacía lo suyo acomodando las piezas. Caroline acarició despacio sus cabellos, le dio un beso en la frente y miró su reloj. En un momento le tocaba la hora de la comida, y como en esa casa no había nadie interesado en hacer papilla para bebé entonces ella se encargaría. Estaba tranquila, cuando de pronto sus finos sentidos le avisaron que había alguien entrando a la mansión. Esperó unos segundos, quien quiera que entraba era humano, podía sentirlo. Poco después la vio, era Camille.
—Hola —la saludó la chica. Desde que estaba ahí se la había cruzado un par de veces y habían tenido encuentros tranquilos, cordiales en realidad. Tampoco quería forzarse a sentir simpatía por la chica que le quería bajar a Klaus… Ay mierda, ¿eso lo dijo o lo pensó? Esperaba solo haberlo pensado—, ¿todo bien? ¿Estás sola?
—Hola Camille. Si, estoy solo con Hope. Ya luego llegarán los demás. Rebekah prometió venir temprano hoy para cuidarla.
—Ahh… entiendo.
—¿Pasa algo grave?
—Depende de lo que consideres grave. Sé que ustedes son vampiros y todo eso, que tienen otras cosas de que ocuparse. Pero acá los humanos tenemos un problema que estamos tardando en resolver.
—¿De qué se trata?
—Sobre el asesino serial, el que deja los rostros marcados, ¿has escuchado hablar de eso? —Caroline asintió. La cuestión salía últimamente en periódicos, redes sociales y la televisión. Siempre pensó que se trataba de un vampiro, pero nunca se sabe—. Bien, la cuestión es que estoy casi segura de quién es.
—Ya veo…
—Por eso vine a buscar a Klaus.— "Si, ya sé. Tú siempre quieres buscar a Klaus", se dijo con molestia internamente. Trató de controlarlo, pero era más fuerte que ella. Esos malditos celos la iban a matar —porque él debería encargarse de eso. El asesino es Lucien.
—¡Qué! —terminó lanzando un grito y de inmediato se arrepintió, había asustado a Hope—. No pero… es que… me hubiera dado cuenta —dijo algo nerviosa. Era un hecho que todos los vampiros eran asesinos, ella misma lo era. Pero lo que estaba haciendo el asesino serial que todos buscaban era matar por placer, solo la diversión de exponer su obra y causar terror—. ¿Puedes contarme más? Quizá pueda ayudarte a detenerlo —le dijo ella.
—¿En serio? —preguntó Camille incrédula.
—Si, Lucien es mi amigo. Y si estoy equivocada no dudaré en hacerle frente.
La chica empezó a contarle sobre el perfil del asesino que hizo, sobre las pistas, las víctimas, las huellas. Camille y la policía habían seguido de cerca el caso, habían llegado a conclusiones interesantes. Más que eso, abrumadoras. No le agradó para nada saber que todo ese tiempo confió en un maniático, que incluso lo consideró un buen amigo. Solo había una forma de averiguarlo, y eso era hablar con él y sacarle la verdad. Si Lucien era el asesino entonces Klaus se encargaría de él. La cuestión es que ya sabía cómo Klaus se encargaba de esos "problemitas". Considerando que la última vez se enteró que andaba planeando con Tristán por lo bajo, según él para protegerlo, debía de tenerle muchas ganas. Y con eso se refería a arrancarle el corazón.
Le dio la papilla a Hope, Camille la acompañó en silencio hasta que Rebekah llegó. La original prometió encargarse de la bebé esa tarde, así ella podría descansar un momento. Aprovecharía esas horas para ir donde Lucien y aclarar todo.
—A ver, a ver. Ustedes dos me explican ahora mismo qué demonios está pasando —dijo Rebekah—. ¿Qué hacen juntas? Para empezar.
—No es nada Bekah —le dijo ella—. Camille tiene una interesante teoría e iremos a probarla ahora mismo.
—Díganme que no es alguna estupidez que tiene que ver con Klaus.
—No tiene nada que ver con él, por ahora —aclaró Camille.
—Caroline, dime a dónde vas —dijo seria la rubia original—. Y antes de que me salgas con un "¿A ti qué te importa?" te recuerdo que cada habitante de esta casa está en riesgo de muerte, así que es necesario saberlo. Por si acaso.
—No es como si de verdad te preocuparas por mi —bromeó ella. Pero Rebekah la miró seria.
—Claro que si, idiota. Eres mi cuñada favorita —habló en serio, a Caroline se le borró la sonrisa. No sabía cómo sentirse, ¿en serio se ganó el afecto de la Barbie Klaus?
—Está bien, iremos a buscar a Lucien.
—Ahh… entiendo. Solo tengan cuidado. No creo que les haga nada, Lucien tiene prohibido tocar rubias. Pero igual cuídense.
Las dos asintieron, sabían que quizá estaban haciendo algo peligroso pero igual tenían que intentarlo. Fueron directo hacia el penthouse, Camille esperaría afuera y llamaría a Klaus si era necesario. La rubia vampiresa subió hasta el piso donde hasta hace unas semanas vivió con Lucien, aún tenía la llave, nada había cambiado. Entró, todo lucía bastante tranquilo a decir verdad, no parecía ser la guarida de un psicópata asesino serial. Miró a los lados, pero no escuchaba ni un solo ruido. Al girarse fue que vio a Lucien parado a pocos centímetros de ella, y aunque no estaba asustada hasta terminó soltando un grito.
—¡Idiota! ¿Qué te pasa?
—¿Buscabas algo, Care?
—A ti, pero ya que estabas jugando a las escondidas no sé qué esperar.
—No seas dramática, acá estoy. Dime, ¿pasa algo?
—Tengo un par de preguntas que hacerte.
—Por supuesto, ¿no quieres tomar nada primero? Tengo una buena selección aquí —el vampiro fue hacia el minibar, él se sirvió algo de gin y la quedó mirando mientras esperaba le de indicaciones.
—No estoy con ánimos de beber ahora, solo responde.
—Pregunta primero —bromeó él.
—Hay un asesino serial en New Orleans.
—Ajá.
—Y la policía ha llegado a la conclusión que…
—Soy yo. Si, ya sé. Hay quienes agarran de pasatiempo culparme de todo lo malo que pasa alrededor, no hay problema.— No entendió su respuesta. Estaba relajado, como restando importancia al tema.
—¿Y qué tienes que decir sobre eso?
—No hay mucho que pueda decir a mi favor, Caroline.
—Entonces…
—Si, soy yo —contestó mirándola con una sonrisa. Dio un sorbo a su bebida, para él eso parecía una pregunta casual—. Deberías probar esto, está muy bueno.
—Cállate.
—Bueno, tú te lo pierdes.
—Acabas de confesarme que eres un maldito psicópata asesino serial, ¿y solo se te ocurre ofrecerme alcohol? ¿ES QUÉ ESTÁS MAL DE LA CABEZA O QUÉ MIERDA TE PASA? —terminó gritando. Apenas estaba asimilando eso, Camille tenía razón. Y ahora ella estaba a solas con ese loco. La cosa no pintaba nada bien.
—Eres tú la que acaba de decirme "maldito psicópata asesino serial", y eso no parece nada sinónimo de salud mental. Así que la respuesta la diste tú misma.
—A ver, a ver… ¿En serio te lo tomas tan a la ligera? Lucien, ¡has matado gente!
—Todos los vampiros hemos matado gente, así que no me vengas con eso ahora.
—No, sabes que no estoy hablando de eso. Una cosa es matar para comer, por necesidad, por pelea, pero eso… ¡Lucien qué te pasa! Tú no eres eso, yo te conozco, yo…
—Me conoces, ¿cuánto? ¿Unos meses? Hazme el favor de no opinar mucho, querida.
—¿Qué rayos sucede contigo? —preguntó indignada. Se suponía que eran amigos, era algo que él no se cansaba de decir—. Confié en ti Lucien, ¿por qué de pronto esto?
—Eso no es cierto del todo, confías más en Klaus. Klaus Mikaelson, un asesino bastante evidente que tiene más de mil años masacrando gente, y además vives con él. ¿Coherencia dónde?
—No es lo mismo.— Bien… tenía que admitir que quizá su coherencia se fue de paseo, porque viéndolo desde ese ángulo, Klaus tenía muchos puntos en contra —. Además no estamos hablando de eso, sino de tu método de entretenimiento matando a la gente de New Orleans. Es problemático, Lucien. Si la policía te tiene en la mira eso puede significar problemas.
—Nunca tendrán pruebas.
—Tienes que parar.
—Oblígame —bromeó él. Caroline soltó un bufido, claramente se estuvo engañando bastante tiempo y este vampiro era un verdadero imbécil, no debería siquiera hablarle.
—¿Sabes qué? No estoy para tus juegos, me largo de acá y espero no volver a verte en mucho tiempo —se giró, pero apenas lo hizo él apareció delante de ella—. Muévete.
—¿Te vas tan pronto? Pero si apenas estamos empezando a ponernos al día con los chismes. ¿Qué tal todo en la mansión? ¿Cómo va papi Klaus?
—Ya basta, quítate —lo empujó con fuerza, pero él apenas se movió. Llegó al ascensor, pero él apareció de nuevo bloqueándole el paso.
—Verás Caroline, hay muchas cosas que no te he contado y que sería interesante que sepas ahora.
—Lo único interesante que verás será mi puño en tu cara si no cierras la maldita boca, ¡déjame salir!
—Eso puedo hacerlo sin problemas, además que tú y yo sabemos que no eres rival para mi. Pero volviendo al tema, ¿quieres que te cuente algo?
—Quiero que te muevas de mi camino.— El ascensor llegó, Lucien no se esforzó mucho en seguirla. Caroline apretó el botón del primer piso, Lucien seguía ahí parado y sonriente.
—Siempre supe quién eras tú, incluso antes de acercarme a ti.— Apenas escuchó eso presionó el botón para que la puerta se abriera. Ya empezaban las revelaciones.
—¿Qué?
—¿No te parece demasiada coincidencia? Justo yo, el primer vampiro convertido por Klaus Mikaelson, se encuentra contigo y con Damon por las casualidades de la vida. ¿De verdad crees que era tan estúpido para no saber quiénes eran ustedes dos?
—Pero qué rayos… —Ahora lo veía todo claro. Lucien decía la verdad, ese encuentro no fue coincidencia. Él fue a buscarlos. Fue a por ella.
—Por cierto, ¿qué fue de Damon? No está contigo, ni cerca. Apuesto a que se aburrió de ti.
—Cierra la boca antes que yo…
—O mejor dicho, Klaus no tiene idea, ¿verdad? Porque una cosa es que se estuvieran acostando y ya, pero no fue así. Tú estabas enamorada de él. Ummm… creo que eso le molestará mucho a cierto original. Y puede que alguien que comienza con "Lu" y termina con "Cien" vaya y le cuente el chisme…
—¡Deja de ser tan infantil maldita sea! ¿Qué demonios quieres ahora? ¿Chantajearme? Pues anda ve y dilo, para lo que me importa.
—Es que aún no llegamos a lo interesante del asunto, la razón por la que te busqué —Caroline apretó una vez más el botón para cerrar el ascensor. Lucien se acercaba peligrosamente, debió irse hace buen rato. Pero él detuvo las puertas y entró rápido hasta ella, la echó a un lado haciendo que su espalda chocara contra la pared del ascensor —, te dije que sabía quien eras, y al igual que Tristán, yo también quería capturarte. Pero me pareció mejor estrategia tenerte cerca y de mi lado, haciendo rabiar a Klaus. Quería que confíes en mí, por eso los Strix te perseguían y yo aproveché eso para traerte aquí. A la boca del lobo, al lugar donde corrías más peligro. Así tenía a Klaus donde quería.
—No…. —Una vez más estaba en peligro por Klaus. Aunque no era su culpa, ellos apenas se habían relacionado, ¿cómo Lucien lo sabía? ¿Desde cuándo seguía el rastro de Klaus para saber lo que sentía por ella? Tenía que salir de ahí, si el objetivo de Lucien siempre fue lastimar a Klaus a través de ella entonces su futuro sería el peor.
—Y lo logré, ¿verdad? Te tragaste el cuento de mi amistad, distraje a Klaus contigo, aún lo hago. Ahora pagarás.— La lucha duró apenas un instante. Ella se defendió como pudo, pero Lucien era más fuerte y más rápido. La derrotó rompiéndole el cuello.
No podía adivinar que eso iba a pasar. Estaban bien, cuando de un día para otro él decidió dejarla. La noche anterior incluso cenaron juntos, rieron, conversaron, hicieron el amor. Todo parecía de maravilla, eran felices y amaban otra vez. Juntos habían logrado superar los miedos del pasado.
Pero a la mañana siguiente él ya no estaba. Le restó importancia pensando que quizá fue por algo de comer. Y cuando intentó llamar a su teléfono, este ya estaba apagado. Ahí empezó a preocuparse, aunque llevaban una temporada relativamente tranquila sin enemigos cerca, nunca se sabe. Fue ahí que encontró la nota. Estaba en la sala al lado de un florero, y era sin dudas la letra de Damon. La tomó con manos temblorosas, temía encontrar ahí una despedida. Lo que encontró fue peor.
"Caroline,
Quiero que me perdones. He cometido errores, pero sin duda el peor de todos ha sido intentarlo contigo. He sido feliz, no te lo voy a negar. Hasta creí que estaba enamorado de ti, la ilusión fue perfecta, pero solo me he engañado.
Elena aún vive en mi corazón, en mis pensamientos, en cada cosa que hago. A veces, cuando estoy contigo, pienso en ella. Nunca he dejado de amarla, nunca podré. Perdóname, eres una buena chica y mereces lo mejor del mundo, pero lo mejor del mundo no soy yo. No quería lastimarte, pero ya no puedo seguir con esta mentira.
Me voy, y no creas que esto es una especie de trampa o truco. Estuve averiguando, aún hay formas de traer a Elena de vuelta. Pasé días pensando, y aunque ha sido difícil al fin tomé mi decisión.
Adiós,
Damon"
Arrugó la carta y la tiró furiosa a un lado. Las lágrimas salieron por sus ojos, sentía que la quemaban. Cuando terminó de leer se llevó las manos al rostro y lloró. Había pasado otra vez y ella como tonta cayó en la trampa. Una vez más la usaron como plato de segunda mesa, como premio consuelo. Damon solo estuvo con ella porque se sentía solo y quería olvidar a Elena, pero el muy cobarde en lugar de decirle las cosas de frente y dejar claro lo que sentía le hizo creer que estaba enamorado también. No la amó, todo fue falso. Entregó su corazón a alguien que no lo merecía y esa persona lo pisoteó.
Lo único que siempre había querido es que alguien la amara de verdad, ser la primera opción, ser la única. Pero solo se llevaba fracasos, ¿es que tenía algo malo? ¿Por qué nadie podía amarla sin cambiarla por otra opción apenas tenía la oportunidad? Matt la dejó cuando no pudo enfrentar su naturaleza, Tyler eligió su venganza antes que ella, y ahora Damon prefería irse a buscar una resurrección para Elena antes de amar a alguien que era real.
Lloró mucho ese día, lloró todo lo que pudo. Y se juró que no volvería a creer en las palabras de Damon, que la próxima vez que se enamorara sería todo o nada. Ya estaba harta, quería ser feliz y dejar de lamentarse por imbéciles.
Abrió los ojos despacio, esperó encontrarse amordazada tal como pasó cuando Aurora la capturó, pero solo estaba recostada en algún lugar que parecía ser una cripta. Habían incluso velas encendidas. Se incorporó, al parecer no estaba en medio de un hechizo ni nada, solo era un lugar que usaban las brujas. Se limpió un poco la ropa, alrededor no había nadie aunque si se escuchaba ruido. Iba a salir, pero fue entonces que Camille entró a la cripta.
—Ya despertó —dijo en voz alta, segundos después aparecieron Marcel y una muchacha. No llegaría ni a los veinte, se veía muy joven.
—¿Qué me pasó? —preguntó ella de inmediato.
—Lucien intentó secuestrarte —le dijo Camille—. Mientras estabas arriba, yo llamé a Marcel. Sospeché que íbamos a necesitar refuerzos, así que cuando él te retuvo Marcel ayudó a rescatarte de ese maniático.
—Pues gracias —le dijo al chico—. Por cierto, Lucien confesó. Es el asesino.
—No fue muy inteligente de su parte secuestrarte sabiendo lo importante que eres para Klaus —dijo Marcel—. Debe estar tramando algo.
—No sé que quiso lograr con eso, pero algo me dice que tiene a todos exactamente dónde nos quiere —le dijo Caroline pensativa—. Todo eso parecía ser parte de un plan mayor donde Lucien tenía todo controlado, hasta ese secuestro fallido.
—Así que ella es la que tanto le interesa a Klaus —habló al fin la muchacha.
—Me llamo Caroline, por cierto.
—Davina —dijo la chica—. Marcel me llamó porque necesitaban esconderte en algún lado hasta saber si era seguro. No te pareces nada a él.
—No creo que haya mucha gente parecida a Klaus en el mundo.
—Vampiros despiadados si, pero no pareces ser mala persona. Sé que hasta cuidas a su hija —Caroline asintió. Esa chica Davina parecía estar a la defensiva, y no parecía sentir mucha simpatía por Klaus.
—Caroline, presta atención —empezó a decir Marcel—. Las cosas se están poniendo feas por acá. Los Strix están buscando un arma para matar originales, y por lo que sé, están muy cerca de conseguirlo.
—Oh vaya… —Klaus le había comentado que Marcel era ahora el líder de los Strix y les informaba de sus pasos, así que tenía que creerle.
—A ellos no les importa matar a Klaus, su creador es Elijah. Pero a nosotros sí, sabes lo que puede pasarnos —asintieron. Morirían con él, era algo que tenían que evitar a toda costa—. Davina es bruja —le informó—, y los Strix la han contactado, quieren que hago algo importante y peligroso, no me fio nada de eso.
—¿Algo como ubicar el arma? —preguntó ella.
—Puede ser —dijo Davina—. Aunque creo que es algo peor.
—Te trajimos aquí para estar tranquilos mientras averiguábamos unas cosas —les dijo Camille—. Pero ya puedes irte, es seguro. Klaus ha venido por ti.
—¿Ah si? ¿Y por qué no entra?
—Digamos que en territorio de brujas no es bienvenido —le dijo Davina. Caroline asintió, ahora con esa información importante debía de hablar con él e informarle.
—Gracias por todo, ¿qué pasó con Lucien, por cierto?
—Huyó —le dijo Camille. Tal como lo sospechaba, ese desgraciado lo tenía todo bajo control.
Caroline caminó fuera del cementerio, una vez abrió la reja vio a Klaus esperándola sentado en la capota del auto. Cuando la vio caminó hacia ella, se quedaron unos segundos frente a frente. Él parecía molesto y preocupado, ya se las veía que le iba a reclamar.
—¿En qué estabas pensando cuándo fuiste sola donde Lucien?
—No estaba sola, me acompañó Camille.
—Y por suerte ella siquiera llamó a Marcel, porque sino quién sabe lo que te hubiera pasado.
—Pero no me pasó nada, ¿ves? Estoy bien.
—Pudiste llamarme a mi, sabes que podría sacarle la verdad a Lucien sin que tú tengas que pasar por esto.
—Ya tienes bastantes cosas que hacer…
—No, Caroline. Estás aquí por mi hija y por mi, eres parte de mis prioridades. Así que no vuelvas a hacer una tontería. Sube al auto —dijo muy autoritario él. Le dieron ganas de mandarlo al carajo, a veces se ponía en un plan protector de lo más estresante. En ese momento no tenía ganas de discutir, había sido un día largo. Ah pero para la próxima ese híbrido del mal no se libraba.
—Si, papi Klaus —dijo ella con molestia.
Klaus no respondió a eso, subieron al auto juntos. Durante el camino ella le contó sobre lo que sabía Marcel, y ahora él estaba preocupado. Pero principalmente eso le sirvió para diez minutos sin interrupción de reclamos por ponerse en peligro.
—¡Ya deja de actuar como mi padre! Ni él se ponía tan histérico conmigo —terminó gritando.
—Me preocupo por ti Caroline, así que por favor…
—Si, ya me lo repetiste, ahora déjame en paz —se bajó del auto, se sentía irritada. Por suerte ya habían llegado a la mansión, entró sin mirar atrás y sin ganas de verle la cara a ese híbrido paternalista. Iba ya llegando a su habitación, cuando el muy desgraciado llegó frente a ella y le cerró el paso—. ¡Qué!
—¿Es en serio? ¿Te molestas conmigo porque me importas?
—A ver Klaus, nos ordenamos. Uno, que no te he pedido protección. Dos, que si fui a hablar con Lucien es porque éramos amigos y quería evitarte un problema más. Tú ya tienes bastante aquí, tu familia está preocupada por otras cosas. Podía encargarme de eso.
—Claramente no pudiste hacerlo.
—Bien, tienes razón. Escapó de mis manos, pero todo salió bien. No volveré a ponerme en riesgo porque no soy idiota, sé lo que me conviene. Tú puedes estar tranquilo.
—Pero no lo estoy, me siento harto de ponerte en peligro —dijo fastidiado. No con ella, sino con la situación—. Si Tristán fue por ti, si Aurora quiso matarte, si Lucien ahora sale con esa estupidez… todo es mi culpa. Yo los llevé a ti.
—Vamos Klaus, no seas dramático, ¿cómo ibas a saber que ese trío de enfermos mentales irían por mi? No tenías forma de saberlo en Mystic Falls.
—Siempre has sabido que no soy bueno —Klaus bajó la mirada un instante. Caroline se acercó un poco más, no quería que se sienta culpable por eso. Posó despacio las manos en sus hombros, él la miró entonces.
—Hey, no pienses eso. Ya no eres el de antes, lo sé.
—Lo que menos hubiera querido es que mis errores pasados te alcancen. Por eso me fui, y por eso tampoco quería que vinieras —lo entendió. Todo fue por protegerla. Por más deseos que Klaus sentía de estar con ella prefería mantener la distancia para que nadie la lastime.
—Como que ya es bastante tarde para eso, ¿no crees? —Caroline sonrió a medias. Él también la imitó—. Ya todo el mundo sabe de nosotros, y estoy aquí contigo. No creo que irme ahora solucione las cosas, no puedo alejarme de ti.
—No quiero que sea una obligación para ti.
—No lo es. Me gusta estar aquí contigo —le dijo con sinceridad. Él la miró sorprendido, parecía que tenía que ser específica para que queda claro—. Quiero decir, me gusta tu mansión, tu ciudad, tu familia, mis "cuñadas", hasta tu hermano que como que me odia.
—Elijah no te odia, él…
—Shhhh déjame terminar —interrumpió ella con una sonrisa—. Me gusta tu hija, me gusta estar aquí. Y me gusta estar cerca de ti.
—¿Por qué? —preguntó él aún confundido—. No he hecho nada para que pienses así, no te merezco.
—¿Y por qué siempre estás diciendo eso? Ya te lo he dicho, mereces una oportunidad.
—No respondiste mi pregunta —Caroline asintió. Sus rostros estaban muy cerca, no había nadie alrededor. Sabía que si le decía la verdad las cosas podían cambiar entre ellos. A pesar del último beso había una barrera entre ellos que no pudieron romper. Quizá él no quería hacerle más daño, no quería que todos digan que era su amante y que por eso vayan tras ella. Pero a esas alturas a Caroline ya no le importaba. Estaba a su lado, vivía con él. Y quería estar con él de verdad.
—Porque eres el único que me ha amado como si fuera la única. Cuando estaba contigo sentía que todo desaparecía, que no había otras. Que yo era tu única opción, y que si me amabas a mi así sería siempre. Por eso —sabía que lo dejó sin palabras. La emoción la invadió conforme veía que los ojos de Klaus brillaban, como parecía estar a punto de estallar de la alegría. Él llevó una mano a su mejilla y la acarició con suavidad. Un delicioso hormigueo recorrió todo su cuerpo cuando sintió que acariciaba también sus labios.
—¿Cómo sabías que era amor? —le preguntó él con voz suave.
—Porque lo veía en tus ojos, así como lo veo ahora. Aunque nunca me lo dijiste, era como si esperaras que simplemente lo supiera —ella sonrió. Él también. La distancia entre ambos se había acortado. Sabía lo que iba a pasar, lo sentía. Y no le importaba, porque ella también lo deseaba más que nada.
—Entonces lo digo ahora. Te amo, Caroline. Nunca dejé de hacerlo.
No sabría decir quien buscó primero los labios del otro, quizá lo hicieron a la vez. Pero se besaron, primero suavemente, y cuando se dio cuenta ese beso le estaba robando el aire, no había espacio para pensar en nada más. Los labios ardientes de Klaus la tenían atrapada, sus brazos también. Era la prisión más exquisita en la que había estado y no quería escapar jamás.
Estaban a solo un paso de su habitación, no era necesario que lo dijeran porque quedaba claro lo que ambos querían. Con rapidez, Klaus la tomó de la cintura, ella se aferró a su pecho. En un abrir y cerrar de ojos ya estaban en la habitación, al siguiente segundo Caroline estaba de espaldas a la cama. Se sentía ansiosa, porque sabía lo que le esperaba. No, el recuerdo de lo que pasó en el bosque sería nada comparado con lo que iba a suceder en ese momento. Porque ahora ambos tenían claro lo que sentían por el otro, y ya no había culpa ni miedo.
Se fueron quitando la ropa con rapidez, casi había olvidado lo bien que se veía Klaus, pero cielos Caroline… ¿Cómo pudiste? Ese cuerpo magnífico es inolvidable. Ahora ella también estaba desnuda delante de él, sintiendo el deseo de su mirada recorriéndola. Más que deseo, él la hacía sentir como si fuera la más hermosa, la única. Los labios de Klaus marcaban un suave y delicioso recorrido por su piel, los labios del híbrido iban lento, haciéndola arder deseosa. Quería más, lo necesitaba. Pero ya iban a eso. El silencio fue interrumpido por sus gemidos. Él sabía donde tocarla para hacerla delirar. Ella también sabía como moverse para volverlo loco de placer.
Era eso y más. Se querían, se deseaban. Quemaban.
Fuego. Eso eran juntos. Fuego, infierno. Llamas que destruían todo. Eran indestructibles.
