Capítulo 7: Evento inesperado

Por esos días pensó que Freya la odiaba en secreto. Quizá pensaba que ella era una extraña en la familia, o quizá que por rescatarla todo acabó en la muerte de Hayley. No la culpaba, hasta ella misma pensaba eso. Además que la entendía, Hayley formó parte de la familia y fue la madre de su sobrina, era lógico que les dolería su perdida. Rebekah era la única que la había declarado su cuñada favorita, Freya pues…

Freya tuvo que ver algo que no vio. Qué vergüenza…

Esa mañana estaba en la cama de Klaus. La noche anterior fue maravillosa, la pasaron de lo mejor y Caroline no sentía el más mínimo deseo de separarse de él. Podía amanecer así todos los días de su vida, entre los brazos de Klaus, ambos desnudos después de haber disfrutado juntos toda la noche.

Acababan de despertar, ella lo besó y él correspondió. Era temprano aún, aunque quizá no tanto para hacerlo antes de salir de la cama. Caroline estaba sobre él, besándolo. Las manos de Klaus iban recorriendo su espalda hasta sus nalgas, las sábanas apenas los cubrían. Y entonces sintieron los toques fuertes en la puerta. Ninguno de los dos respondió, y quizá la persona al otro lado de la puerta tomó eso como que podía pasar. Lo hizo, y ella apenas tuvo tiempo de cubrirse.

—Freya —escuchó decir a Klaus. Caroline la miró de reojo, qué vergüenza, prácticamente la encontró sobre su hermano.

—Vístete, tenemos una emergencia —le dijo muy seria. Ni siquiera la saludó a ella, apenas dijo eso salió rápido de la habitación.

—Creo que me odia —comentó Caroline. Klaus ya se veía disgustado para ese momento, se sentó al borde de la cama, pero la miró y negó con la cabeza.

—Freya es una mujer de pocas palabras, y estamos en momentos de crisis. No es su intención ser grosera contigo.

—Supongo —dijo sin muchas ganas. No estaba para discutir en ese momento, si Freya dijo que tenían una emergencia lo mejor era moverse ya.

Se vistieron rápido y fueron a la sala donde esperaban también el resto de los hermanos y Hope en brazos de Rebekah. Palabras más, palabras menos, hablaron de lo que habían averiguado y del grave peligro que corrían todos. Marcel les había informado que pronto se llevaría a cabo el complejo ritual que desvincularía a todos los descendientes de los originales. Siendo así, ya no importaba si ellos morían pues su descendencia no los seguiría a la muerte… Lo cual iba a degenerar en que todos aquellos que no quisieron matarlos antes acabarían yendo en manada a New Orleans a destruirlos a todos.

Ah pero claro, hasta un idiota sabía que no se podía matar a un original sin los elementos adecuados, el principal de ellos la madera del roble blanco con la que fueron creados. Y que fue destruida, ¿no? ¿NO? Ya no quedaba ni una sola pieza, ¿verdad? No exijas mucho, Caroline. Que por algo esa reunión tenía carácter de emergencia.

La cuestión es que todos se pusieron a pensar si en alguna parte del mundo podría haber siquiera un trozo que pudiera dañarlos. Fue en ese momento cuando Klaus les lanzó la bomba. Si, había un pedazo. Uno lo suficiente grande para matar a toda la familia original. Un caballito de madera que le talló a Rebekah cuando aún eran niños y con el que jugaba Hope.

La casa se puso patas arriba a partir de ese momento, pero nada que el dichoso caballito aparecía. Caroline lo había visto muchas veces e incluso lo había sostenido entre sus manos, ese era uno de los juguetes favoritos de Hope, y si ella no lo tenía entonces no podía haber desaparecido. Se lo habían llevado. Alguien lo supo antes que ellos y tomó la delantera, ahora alguien tenía entre sus manos el arma que podía matarlos a todos. ¿Pero cómo era eso posible? ¿Cómo es que alguien entró y nadie se dio cuenta? El juguete tuvo que salir de casa de alguna forma.

Empezaron a llamar a todo el mundo, pero quien se comunicó finalmente fue Camille. Ella llamó desesperada diciendo que le otro día cuando llevaron a Hope al parque (Caroline lo recordaba bien, Rebekah también apareció por ahí) la pequeña olvidó su juguete. Camille lo cogió para entregarlo luego, pero con el pasar de los días se le pasó. Esa noche Aurora se las ingenió para entrar a su casa, le soltó uno de sus discursos idiotas de celos y de dárselas de ganadora (como siempre la muy básica) diciendo que con esa madera mataría a los originales, la golpeó y se fue. Acababa de despertar, dijo que estaría bien cuidando sus heridas pero que se pongan en acción pronto. Con esa maniática nunca se sabe.

—Nos dividiremos —dijo Klaus, aunque estaba intranquilo intentaba aparentar todo lo contrario. La verdad es que ella también estaba nerviosa, Klaus era quien más enemigos tenía, podían matarlo durante el día y ella también acabaría arrastrada por eso —Freya se encargará de localizar a Aurora. Elijah y yo buscaremos también. Los Strix no permitirán que nadie mate a Elijah hasta que sea el momento del ritual, y pues nadie dañará a Rebekah, no le conviene a Aurora.

—¿Y qué hay de ti? —preguntó Caroline—. Todos tienen un seguro, ¿y tú qué?

—Mi seguro es Marcel, él sabe lo que le pasará si muero. Y Davina también.

—Ella te odia.

—Pero no quiere ver muerto a Marcel. Sé que es poco, y lamentablemente en lo único que puedo confiar —Caroline suspiró, él tenía razón. No quedaba de otra.

—Iré contigo —le dijo de inmediato.

—De ninguna manera —contestó él.

—No voy a quedarme aquí mientras quieren matarte.— Quizá Klaus quería ordenarle que se quedara, pero una parte de él ya sabía que era en vano. Solo la miró y asintió despacio, ya la conocía y sabía que darle la contra nunca terminaba bien.

—Yo prefiero quedarme en casa cuidando de Hope —dijo Rebekah y los demás asintieron, tenían que proteger a la pequeña sobre todo, no podían permitir que la dañen—. Pero si me necesitan solo tienen que avisar, hablaré con Marcel. Estaré al tanto de lo que están haciendo los maniáticos Strix.

—Vamos de una vez por esa básica —terminó soltando ella. Y a pesar de toda la tensión, notó que Freya sonrió de lado. Un punto más para ganarse a la nueva cuñada.


De todas las personas que pudieron coger ese maldito caballo de madera, tuvo que ser Aurora la que lo tomara. Una persona que los odiaba, con la que no se podía razonar. Estuvieron fuera buscando por su cuenta, pero cuando fueron a ver si Freya tenía un avance, la básica ya había hecho lo suyo. Se llevó a la chica y solo dejó una miserable pista de donde estaba, una especie de rima que pretendía señalar el lugar con flores.

—Maldita idiota —susurró Caroline mientras sostenía la nota de Aurora.

—Muy vulgar, teatral y de mal gusto como siempre —comentó Elijah a su lado. Caroline se giró a mirarlo.

—Es una zorra dramática, no hay muchas vueltas que darle —Elijah asintió, Klaus acababa de salir, ahora no solo estaba enojado sino muy preocupado por su hermana.

—No va a matar a Klaus, si eso te deja tranquila —le dijo el "cuñado"—. A su manera lo quiere aún, así que no creo que tenga el valor.

—Pero a ti si —le dijo ella—. Te odia, cree que por tu culpa ella y Klaus se separaron, además que mientras tú vivas su hermano seguirá muriendo sin parar en el fondo del mar. Apuesto a que va por ahí su idea de venganza.

—Puede ser —contestó pensativo Elijah—. No podemos exigirle mucho a Aurora, no es la persona más brillante de New Orleans. Solo espero que no se le haya olvidado que tenemos una cuenta pendiente. No voy a tener piedad con el asesino de Hayley —cuando dijo eso notó que Elijah bajaba la mirada. Caroline contuvo la respiración un instante, todo ese tiempo creyó sentir hostilidad de su parte, como si la odiara por llegar, ponerse en peligro y provocar la muerte de la persona que amó. Y en ese momento no sabía qué decir.

—Oye Elijah… Yo… bueno… sobre eso —dijo titubeando—. Solo quiero que sepas que lo lamento de verdad, la conocí poco pero sé que era una gran mujer. Entiendo que pienses que quien debió morir ese día tuve que ser yo.

—No pienso eso —respondió con voz tranquila—. Las cosas pasaron así porque Tristán me odiaba, porque quería dañar a su creador. Lo hubiera hecho con o sin ti aquí, no es tu culpa.

—Me alegro que pienses así.

—Y yo lamento si mi silencio te hizo creer que no siento que seas parte de esta familia —Caroline acabó sonriendo, él la miró y también sonrió de lado. Eso le quitaba un gran peso de encima, ahora solo faltaba encontrar a Freya y todos felices. Bueno, eso e impedir que los maten a todos.

—Nos vamos —Klaus entró de pronto, lucía apresurado—. Sé donde es, vamos al bosque rápido —los dos asintieron y sin perder el tiempo salieron tras él.

Cuando llegaron al bosque se acercaron sigilosos a una cabaña en la que posiblemente estaba Aurora. El primero en avanzar fue Elijah, ella y Klaus se quedaron afuera a buscar por los alrededores. Todo estaba bastante silencioso, pero ella se sentía agitada, como esperando que algo terrible estuviera por pasar de pronto.

—Iré por allá —dijo ella señalando al lado oeste de la cabaña, Klaus asintió.

—Sé que Freya está cerca. Si ves a esa maniática no dejes que se te acerque, simplemente corres.

—Klaus, no soy una inútil.

—Ya sé, pero no quiero siquiera que te toque. La mataré antes que lo haga.—Antes de despedirse se dieron un beso corto. Ella se movió hacia el lado indicado. Tenía que encontrar los lirios que indicaban donde podía estar Freya, esperaba que siguiera viva porque con la básica de Aurora nunca sabías qué podía hacer.

Los minutos pasaron, no había muchas pistas. Estaba caminando para regresar con Klaus cuando le pareció escuchar pasos acercándose a ella. Se detuvo y se puso en alerta, segundos después oyó un disparo a lo lejos, venía de la zona donde estaba la cabaña. Iba a volver cuando vio que alguien caminaba en dirección a ella. Al principio no podía distinguir bien quien era, y cuando lo hizo no pudo creerlo. Eso no podía estar pasando, no era real. Pero cuando estuvo lo bastante cerca ya no podía negarlo, tenía que reaccionar. No podía huir en ese momento, tenía que enfrentarlo.

Damon Salvatore había reaparecido en su vida.


Quería matarlo. Pero lo único que hizo cuando estuvo al frente fue abofetearlo. Estaba rabiosa, solo sentía deseos de golpearlo hasta cansarse. ¿Qué hacía ahí? ¿Cómo se atrevía a ir a buscarla? ¿Por qué justo ahora? Maldito sea, ese infeliz de Damon Salvatore no merecía su consideración.

—¿Qué es lo que quieres? —le reclamó molesta.

—Te estuve buscando —dijo con voz suave. Hablaba como antes, como cuando ella creía que la amaba.

—Pues no me interesa, estoy en medio de algo importante. Es una cuestión de vida o muerte.

—Lo sé, Lucien me lo dijo. Ayudas a los Mikaelson, y de verdad no lo entiendo.

—¿Lucien? ¿Qué te dijo ese desgraciado?

—Me dijo que necesitabas ayuda, que estabas en peligro.

—Debí imaginarlo —resopló molesta. Lucien había mandado a llamar a Damon única y exclusivamente para molestar. No quería saber qué tramaba, en ese momento no era importante.

—Tenemos que hablar, hay algo que debo de contarte.

—A ver Damon, quiero que te grabes bien estas palabras. "NO-ME-IN-TE-RE-SA", y ahora mismo estoy ocupada, así que lo que sea que quieras hacer mejor ahórratelo —Caroline retrocedió unos pasos y se giró. No podía seguir frente a él, Damon la engañó y le mintió hasta enamorarla, eso no iba a perdonarlo. Lo peor es que el muy mentiroso la miraba con gesto culpable, la miraba como si de verdad la amara. No iba a creerle nada.

—Caroline, yo te mentí —lo escuchó decir mientras avanzaba.

—¡Eso ya lo sé! —gritó molesta.

—No, te mentí diciendo que no te amaba. Tuve que hacerlo, yo… escucha fue un engaño para ti, lo hice para que te alejaras. Para mantenerte a salvo.—Cuando escuchó esas palabras se giró para volver a verlo. Él avanzó hacia ella con gesto arrepentido. Sus ojos gritaban "perdón y te amo", lo sabía. Lo podía sentir.

—¿Qué estás diciendo?

—Tenía que alejarte de mi para que vivieras, lo hice por salvarte.

—¿De qué?

—Me perseguía una cazadora. Historia larga, pero iba por mí, y te mataría a ti también. Tuve que hacerlo.

—Yo no… no entiendo —dijo confundida. ¿Cómo era eso de que lo perseguía una cazadora? ¿Cómo pasó? ¿Por qué era tan peligroso?

—Me fui y te dejé atrás porque necesitaba que te alejes de mi un tiempo. Que te alejes de verdad, porque sabía que si te decía lo que estaba pasando insistirías en ir conmigo y eso no podía permitirlo. Así me costara estar lejos de ti y aunque me ganara tu odio era mejor a verte muerta. La cazadora me hirió con su cuchillo místico —removió un poco su camisa y ahí vio la herida—. A dónde sea que vaya me persigue porque tengo esto, no hay forma de sacármelo. Y no puedo matarla porque se regenera.

—Oh… —No le salió otra cosa. No sabía qué decir, todo sonaba real y lo era. Damon estaba frente a ella contándole la verdad de esa maldita nota de despedida, mostrando su herida, luciendo arrepentido y desesperado por tener su perdón. Necesitaba explicaciones, era cierto. Pero no en ese momento. Sus oídos escucharon otro disparo, tenía que volver a la cabaña ya—. Damon, ahora no puedo. Hablaré contigo, ¿si? Pero no ahora. Está pasando algo terrible, me tengo que ir.

—Justo por eso he venido, estás en peligro —se acercó más a ella, parecía dispuesto a cerrarle el paso y eso no podía ser.

—Tengo que… —Cuando lo vio cerca a ella ya fue muy tarde. La tomó de las mejillas y la besó, Caroline tardó unos segundos en reaccionar. Sentía sus labios besándola con intensidad, robándole el aliento. Por un corto instante se permitió fantasear en que todo era como antes, que ellos jamás se habían separado, que aún se amaban. Y solo por ese momento lo disfrutó, un instante fugaz que acabó cuando escuchó los gritos de alguien histérica. La básica—. Basta —dijo ella apartándose al fin—. Tengo que irme, es en serio. Y por favor, no te metas. Te juro que vamos a conversar. Ve con Lucien… ¡No! Con él no —dijo recordando lo que pasó entre ambos y como reveló su plan secreto—. Solo… Solo búscame luego, ¿si? Te llamaré —antes de moverse lo vio a los ojos, pero ya no iba a esperar más. Caroline salió corriendo a toda la velocidad que pudo hasta llegar a la cabaña.

Olía a sangre, se escuchaban varias voces allá adentro. Eran Freya, Klaus, Elijah, y la inconfundible básica de Aurora. Ella amenazaba con disparar, y lo primero que se le vino a la cabeza es que tenían que ser balas de roble blanco, era la única forma en que podía hacerles daño. Así que para sorpresa de la desgraciada, Caroline entró en el preciso instante en que iba a dispararle a Freya. Logró desviar su mano para que la bala impactara en otro lado, y aprovechando su sorpresa forcejó con ella para intentar quitarle la pistola. La lucha duró apenas unos segundos, Aurora era más fuerte que ella y la echó a un lado para luego huir.

—Son de roble blanco —advirtió Klaus. En su rostro se podía notar el alivio de verla viva, ella aún estaba agitada con todo. Damon acababa de besarla y ahora la vida de Klaus pendía de un hilo, sentía que iba a estallar en cualquier momento.

—¡Vayan por ella! Yo cuidaré a Freya —los hermanos asintieron, con rapidez ambos salieron al bosque para encontrar a Aurora. Y ojalá que Damon la haya obedecido y no se lo encuentren por ahí. Una vez ambos se fueron ayudó a Freya a recostarse en un sofá—. Estarás bien.

—Pero quizá ellos no —dijo Freya, se notaba apurada por volver a la acción—. Ellos son quienes pueden morir en cualquier momento.

—Aurora está loca, y es demasiado básica para siquiera disparar bien. Está trastornada, no lo logrará.

—Temeré mientras tenga esas balas en sus manos —dijo Freya e intentó ponerse de pie, pero Caroline hizo que volviera a recostarse—. Sé que intentas calmarme, pero no funcionará, necesito ir con mis hermanos.

—Pues en este estado no vas a ayudar a nadie. Necesitas recuperarte, así que vas a tener que quedarte quieta solo por esta vez —le dijo con la voz más firme posible. Freya soltó un suspiro, aparte de herida parecía estar drogada.

—Bien, solo por hoy —dijo llevándose una mano a la cabeza—. Vaya que eres mandona – parecía bromear, Caroline esbozó una sonrisa.

—Claro que lo soy, ni sé cómo Klaus me aguanta.

—Creo que lo hace con gusto —respondió su "cuñada"—. Disculpa si he sido ruda contigo últimamente, supongo que entiendes que no estamos en la mejor situación y me siento muy estresada con todo.

—Descuida, lo entiendo perfectamente.

—Aún así quería decirte que…—soltó un quejido mientras se llevaba una mano a la cabeza del dolor—. Que es bueno tenerte en casa. Eres un alivio para todos desde la muerte de Hayley, es como si hubieras llegado cuando más lo necesitábamos.— Nunca imaginó escuchar esas palabras. No era su intención reemplazar a nadie, pero que Freya sintiera que su llegada era un alivio para la hizo sentir mejor. Más que mejor, excelente. Los Mikaelson la necesitaban, y quizá poco a poco se hizo parte de ellos sin querer.


—¿Y tú a dónde mierda crees que vas? —Caroline soltó un grito sin querer. Estaba ya por salir de la mansión Mikaelson cuando de pronto escuchó la voz de Rebekah desde el segundo piso.

—Pues… emmmm….Por ahí —respondió intentando mantener la calma.

—A ver, estamos en medio de una crisis de carácter catastrófico y a ti de pronto se te ocurre ir por las calles de New Orleans, ¿es eso o se me pasó algo?

—Escucha, sé que suena bastante ilógico que justo salga ahora, pero en verdad es urgente.

—¿Alguna emergencia?

—No exactamente, pero es algo que tengo que resolver pronto.

—Ajá, voy a hacer como que te creo. ¿Klaus sabe de esto?— Pues claro que no. No podía decirle "Klaus, voy a salir a ver a mi ex, al que por cierto creo que odias. Y del que no te conté nada además. Casual"—. Tomaré tu largo silencio y tu cara de culpable como un no.

—Será rápido, volveré pronto.

—Ya sé, no es que tengas que pedirme permiso, no eres una prisionera aquí.

—Solo no vayas a decirle a Klaus, por favor —él acababa de salir junto con Elijah pues les habían informado que sabían dónde estaba Aurora y tenían que atraparla antes que esas balas acaben en manos que si sean capaces de matarlos a todos.

—Yo iré tras ellos —anunció Rebekah—. A mi Aurora no va a matarme, así que apareceré ahí para cuidar que esa maniática no quiera pasarse de lista. Tú has lo que tengas que hacer, no le diré nada a Klaus.

—Gracias —dijo aliviada.

—Gracias no, más te vale que no sea ninguna tonería. Si haces sufrir a mi hermano con alguna estupidez de rubia pueblerina yo misma te arranco el corazón, ¿estamos?

—Ugh, cuánta agresividad —bromeó ella. Rebekah sonrió de lado antes de seguir con su camino, pero Caroline sospechaba que sus palabras eran ciertas. Primero intentaría solucionar ese asunto con Damon, luego volvería a la mansión lista para hacer lo que le tocara para evitar la tragedia.

No tenía claro nada, ni siquiera cómo es que una cazadora acabó persiguiéndolo. Y como Damon había insistido todo el rato para hablar, diciendo que iría a la mansión Mikaelson si ella no salía pues aceptó hablar esa misma noche. No quería que se armara un escándalo con eso, lo que menos quería era que algún problema personal afecte a la familia en una situación tan crítica.

Salió al fin para encontrar a Damon. Seguía confundida, ¿qué quiso decir él? ¿Eran excusas? Pasó varios días sola, decepcionada y sintiéndose terrible. Ahora la situación era diferente, ella estaba con Klaus. Lo quería a él y a su familia, incluyendo a su hija. Era consciente de que vivir con los Mikaelson era un peligro constante, pero aún así no quería dar un paso atrás. Ellos la necesitaban y no podía abandonarlos en ese momento. Si Damon la necesitaba ahora pues que pena.

Llegó al punto de encuentro acordado, un lugar no muy apartado pues ella no quería llamar al peligro. Miró alrededor, no había nadie al principio, pero de pronto lo vio avanzar entre los árboles. Se quedó quieta, apenas podía parpadear. Esa tarde él la beso y Caroline se sintió como en los tiempos en que lo amaba. Incluso por su mente pasó la idea de que quizá nunca dejó de hacerlo, solo que se decidió a dejarlo atrás después de su traición.

—Viniste.

—Pues claro —dijo ella tratando de ponerse firme, incluso se cruzó de brazos—. Si amenazas con hacer un escándalo, obviamente tenía que venir. Quiero escucharte y que sea rápido, no tengo mucho tiempo.

—¿Por qué estás en la mansión Mikaelson?

—No es de eso a lo que he venido a hablar.— Claro que no, no quería explicarle que tenía una relación con Klaus en ese momento—. Dijiste que te perseguía una cazadora, no lo entiendo. ¿Qué sucedió? —Damon suspiró. Se acercó un poco más a ella. La miraba a los ojos con ese arrepentimiento que la sobrecogía. Su mirada azul y hermosa hacia que todo su cuerpo temblara. "No, basta. Él te dejó, no valen las excusas", pensó intentando ser firme. No iba a caer otra vez en la trampa de Damon Salvatore, por más tentador que fuera.

—Alguien me tendió una emboscada, un viejo enemigo quizá. Esa noche cuando te dejé durmiendo recibí una llamada urgente, aparentemente era de Bonnie, no la entendí. Salí fuera de casa en busca de más señal, me aparté un poco. Solo entonces la vi aparecer. Era una cazadora experta, se llama Rayna Cruz, y créeme que no hay nada que pueda detenerla. Apenas pude defenderme, pero ya era demasiado tarde. Estaba marcado, y ella sabía mi ubicación. Donde quiera que vaya ella me perseguiría…

—¿Pero en qué momento pasó todo eso? —interrumpió ella sorprendida—. Yo estaba cerca, pudiste avisarme, despertarme, ¡no lo sé! Cualquier cosa que me alertara.

—Todo fue muy rápido, me di cuenta justo cuando iba camino a verte. Creía haberla perdido, pero ella reapareció dispuesta a acabarme otra vez. Esa mujer no solo quiere acabarme a mi, ella irá por cualquier vampiro que esté cerca. Si ella te encontraba conmigo iba a matarte, no podía permitir eso.

—No tiene sentido —dijo molesta, aunque apenas estaba asimilando las cosas. La dejó para salvarle la vida, porque la amaba y no quería que muriera. Dios, ¿qué había hecho?—. Entonces dime, ¿cómo fue que tuviste tiempo de dejar esa maldita nota para mí?

—Envié a alguien a dejártela mientras dormías, una persona que estaba bajo compulsión. Ya me había alejado bastante para que esa cazadora se mantenga lejos de ti. Ya había amanecido, necesitaba respuestas y no tenía muchas opciones. Podía llamarte y explicarte lo que pasaba, sabía que insistirías en venir conmigo, en ayudarme. Que ibas a buscarme. Tuve que hacerlo, mientras buscaba una solución para esto te iba a proteger.

—Eres un idiota —le dijo conteniendo las lágrimas—. Y cuando tuviste que elegir entre decirme la verdad y destrozarme el corazón, claro que elegiste pasar sobre mí, ¿verdad? Elegiste algo que sabías me iba a romper el alma, siempre supiste de las dudas que tenía por tu relación con Elena, ¿por qué tuviste que hacerlo así? —dijo llorando. No pudo aguantar más, lo entendía todo, incluso las razones que tuvo para dejarla. Pero eso era lo que más le dolía, ¿por qué así?

—Porque solo de esa forma no ibas a seguirme —él estaba lo suficiente cerca para darle una cachetada. Y lo hizo, levantó la mano, tenía que hacerlo. Pero Damon fue rápido y tomó su mano, la detuvo justo a tiempo cuando iba a golpearlo. Ella intentó apartarse, pero Damon la sostuvo, y luego besó despacio la palma de su mano—. Sé que es difícil, en el momento me pareció la mejor decisión. Fue horrible, no debí, ahora lo sé. La única verdad de todo esto es que te amo, Caroline. Y que eres la única razón por la que lucho. Quiero vivir para estar contigo.

No fue capaz de responder aquello. Había caído en la estrategia de Damon para alejarse mientras buscaba una alternativa. Pero él se fue, la dejó, la abandonó… ¿Y ahora pretendía recuperarla? ¿Ahora le decía que todo fue un engaño para salvarle la vida? Podía creer eso, su mente lo tenía claro. Pero su corazón no sabía qué sentir, estaba confundido. Y la cuestión empeoró cuando aprovechando la proximidad de ambos, Damon la tomó del cuello y la acercó para besarla. En ese momento debió empujarle, debió dejarle claro que estaba inconforme, que todo lo que dijo le parecieron excusas, que las cosas no podían ser tan fáciles. Solo que no pudo, se perdió en la pasión de sus besos, en sus ardientes labios.

Ese beso pudo durar aún más tiempo, pero algo estaba pasando cerca. Una pelea. Caroline se separó y vio el cuerpo de una mujer siendo arrojado cerca de ellos. Segundos después un malherido Lucien apareció y le rompió el cuello.

—Uhhh… esta cazadora si que dio trabajo. Me ha costado mantenerla ocupada durante el día —comentó Lucien. Tenía la boca cubierta de sangre, estaba malherido. Cayó de rodillas y ambos fueron rápido hacia él.

—Pensé que te habías librado de la cazadora y que por eso volvías —le dijo Caroline a Damon.

—Aún no, solo vine porque Lucien me advirtió que estabas en peligro por culpa de los Mikaelson.

—¡Pues no puedes creerle nada a este tipo! No es nuestro amigo, es un miserable que intentó raptarme, que se acercó a mi solo por Klaus y…

—Si, si querida. Aún hay mucho drama de por medio que contar —dijo él adolorido—. Pero ahora mismo tenemos que parar esto. Hay que actuar o todos moriremos. Tenemos que salvar a Klaus.


Habrá sido todo un espectáculo. Caroline entró llevando arrastrado a Lucien, a la luz se dio cuenta que estaba bastante seco y necesitaba unas bolsas de sangre. A su lado iba Damon ayudándola con el cuerpo de Lucien, y en la sala principal de la mansión Mikaelson estaban Freya y Marcel.

—¿Pero por qué de pronto confiamos en este tipo? —preguntó Freya indignada —. Quiso raptarte, está jugando del lado de Tristán, ¿qué nos importa ahora lo que le pase?

—¿Y quién es él? —preguntó Marcel en referencia a Damon.

—Sé que esto parece una locura —dijo ella intentando parecer serena cuando en realidad sentía que todo se estaba yendo lenta y de puntitas a la mierda—. Pero tiene sentido. Él —dijo señalando a Damon— es un viejo amigo de Mystic Falls que apareció oportunamente.— En realidad muy inoportuna, pero bueno, que nadie se entere—. Y Lucien tiene algo que decir, es sobre lo que están haciendo los Strix.

—Ya lo sabemos —interrumpió Freya—, Marcel dice que tienen el corazón de Hayley, profanaron su tumba. Con eso podrán romper el vínculo señorial.

—No, hay otra cosa. Tienen a Rebekah, Elijah y Klaus, los han metido a una especie de hechizo con magia representativa, tenemos que sacarlos de ahí. Pero primero vamos a tener que darle sangre a Lucien, y cubrir esto —dijo señalando a Damon, quien les mostró la herida—. Una cazadora lo persigue y no podemos dejar que llegue aquí.

Todos se movieron, Marcel le alcanzó bolsas de sangre a Lucien para que se recuperara, y Freya se encargó de poner una especie de pasta sobre la herida de Damon y así evitar que la cazadora lo encuentre. Durante el camino Lucien les contó lo que sabía, y completando con Marcel ahora sabían que era muy posible que esa noche se concluya el ritual que rompería el vínculo señorial con los tres originales vivos.

—¿Y acaso crees que es tan simple? —le decía Lucien a Marcel mientras tomaba su sangre—. De verdad no puedes ser tan ingenuo y creer que una bruja adolescente va a romper uno de los hechizos más poderosos de la historia, Davina no va a conseguirlo, no va a romper nada. Ahora Aya tiene las balas de roble blanco, lo primero que hará cuando concluya el ritual fallido será disparar a Klaus para probar.

—Oh no… —dijo ella por lo bajo. Moría de miedo, ni siquiera se había despedido de él. Podía estar muy confundida ahora con el retorno de Damon, pero tenía claro que no podía perder a Klaus, no iba a permitir eso.

—Van a matarlo de todas maneras, no importa si funciona o no. Y ya sabes lo que eso significa. Todos ustedes —dijo Lucien señalando a Damon, Marcel y ella —, incluyéndome a mi, vamos a morir. Y si, podré tener muchas cosas en contra de los originales, podré odiarlos incluso, pero no voy a morir. Tenemos que evitar que ese rompa ese maldito vínculo.

—Y lo vamos a hacer —les dijo Freya con voz firme. También se notaba nerviosa, pero no era momento para eso. Tenían que salvar a los originales.

Lo primero que hicieron fue trazar un plan para entrar a la sede donde los Strix ejecutarían el ritual. Era una misión suicida, literal. Ese lugar estaba lleno de vampiros mayores que podrían derrotar a cualquiera en cuestión de segundos, no tenían oportunidad. Solo Marcel podría entrar, pero Damon y Caroline la tenían difícil.

—Quizá deberíamos intentar con una distracción —dijo Damon.

—Oh claro —se burló Lucien—. Tres vampiros que no pasan los trescientos años se van a ir a enfrentar a los vampiros más viejos del país, anda ya, cuéntame otra. Ustedes no podrán sin mi, es un hecho.

—La mejor forma es despertar a mis hermanos, así podrán ellos mismos detener el ritual mientras nosotros hacemos lo nuestro —les explicaba Freya—. Romperé ese hechizo de magia representativa, pero aún así es muy difícil, no tengo suficiente poder. Necesito canalizar algo poderoso.

—¿Algo como qué? —preguntó ella.

—Como Lucien.

—¡Qué! —gritó este—. ¿De qué vas?

—Eres el vampiro más viejo aquí, así que servirás. Voy a canalizarte y romperé el hechizo.

—¿Es que no escuchaste lo que dije? ¡No podrán sin mí! Tengo que ir con ellos y… —Con un solo movimiento de su mano, Freya le rompió el cuello a Lucien, haciendo que se desplome al piso, y que se calle al fin. Estaba bastante desesperante.

—Eso nos hubiera servido bastante hace buen rato —comentó Damon.

—¿Qué decías sobre la distracción? —le preguntó Freya con interés.

—La única capaz de cargarse tantos vampiros viejos como sea posible y además regenerarse es una cazadora. La que va tras de mí.

—Entonces piensas quitarte esa pasta cuando estés cerca de la mansión de los Strix —le dijo Marcel, ya la había captado.

—Cerca no, dentro. Rayna entrará y acabará con todo el que se le cruce. Eso nos abre paso para llegar al sitio del ritual y detener todo. Para ese entonces Freya ya habrá roto el hechizo, ¿verdad? —preguntó Damon. La bruja asintió.

—Vamos rápido, estamos perdiendo el tiempo —dijo Caroline caminando fuera de la mansión mientras Marcel y Damon la seguían.

Ya que Marcel podía entrar sin ser detenido a la mansión de los Strix, acordaron que él iría en auto, ellos podían entrar escondidos en la maletera. Era lo mejor que se les ocurría de momento, solo esperaba que funcione, de lo contrario todos iban a morir. "Klaus puede morir hoy", se dijo con un nudo en la garganta. Eso era lo que más la atormentaba, saber que la persona que la amaba podía morir y ella ni siquiera le había dado un beso de despedida. Pasó todos esos días al lado de Klaus, sintiéndose feliz por volver a sentirse querida y por amar una vez más. Dejó atrás todos los rencores pasados y simplemente se entregó. Ahora no quería perderlo, haría todo lo posible por salvarlo cueste lo que cueste.

—¿Estás cómoda?— La voz de Damon sonó de pronto. Por estar metida en sus pensamientos apenas le prestó atención, aunque prácticamente sus cuerpos estaban juntos en la maletera del auto.

—Estoy bien —contestó sin entrar en detalles.

—¿Y qué piensas?

—¿De qué?

—De lo que te dije —se quedó unos segundos sin responder, ni siquiera había tenido tiempo para asimilar toda la historia de Damon y la cazadora.

—No creo que sea buen momento para hablar de eso, estamos rumbo a una misión suicida.

—Y puede que ninguno de los dos sobreviva a esta noche.

—Lo sé, por eso quiero estar preparada —Damon se quedó en silencio unos segundos más. Creyó que todo acabaría ahí, pero eso no pasó.

—¿Qué haces con los Mikaelson?

—Tú ni siquiera me has contado como te enteraste que estaba acá, creo que no te debo explicaciones.

—Lucien me llamó. Me contó que esos Strix te persiguieron un tiempo, pero que los Mikaelson se encargaron. Que murió la madre de la hija de Klaus durante tu rescate, y por eso sientes que tienes una especie de deuda con ellos y les ayudas a cuidar a la niña. No tiene sentido, y lo digo en serio.

—Tiene más sentido que tú dejándome una maldita nota de despedida para romperme el corazón cuando pudiste contarme la verdad.

—Auch —dijo dolido.

—Si, auch. Así que no vengas a reclamar tonterías cuando no tienes idea de nada. Nadie me está reteniendo aquí, son consciente de lo que hago. Esta mañana mientras estaba perdiendo el tiempo contigo una maniática por poco mata a Klaus y con eso a mi también, ¿lo entiendes ahora? Esto es delicado.

—¿Y dónde es que está esa maniática ahora?

—No lo sé, pero te juro que cuando la encuentre le voy a dar una paliza tan fuerte que nunca se va a olvidar de mí. Estúpida básica —dijo con rabia. La maldita de Aurora se había asociado a última hora con los Strix y les entregó las balas asesinas. En venganza, tenían atrapados a Klaus, Elijah y Rebekah en una fantasía, encerrados con los hermanos De Martel hasta que Freya resuelva eso, ¿acaso no es para odiarla hasta el último aliento?

—Creo que te lo tomas muy en serio.

—Yo me tomo en serio lo que quiero, y guarda silencio que ya vamos a llegar.

Los dos se callaron en cuanto el auto se detuvo, Marcel estaba registrándose y segundos después avanzó. El momento había llegado. Intercambió una mirada con Damon y este empezó a remover la pasta que Freya utilizó para evitar que la cazadora lo encuentre. Ahora esa tal Rayna Cruz iría a cargarse a todos los Strix que se crucen en su camino. La hora había llegado y nada iba a detenerlos.

Marcel entró primero, como líder de los Strix estaría presente al momento del ritual, ellos pasaron a esconderse en un lugar más discreto para actuar cuando empiece todo. Ni ella ni Damon hablaron, estaban en completo silencio escuchando todo mientras el ritual se iniciaba. Caroline ya se estaba desesperando cuando la señal de acción que estuvo esperando llegó. Rayna Cruz había llegado a la mansión y había acabado con los guardias de la entrada. Todos empezaron a moverse para intentar detenerla, ahora el salón del ritual estaba desprotegido. Había llegado la hora.

Ella y Damon entraron rápido, apenas tuvo unos segundos para horrorizarse cuando vio que los tres originales estaban inconscientes en una piscina ritual, rodeados de su propia sangre. Las brujas estaban concentradas en lo suyo, incluyendo a esa tal Davina. El primero en poner manos a la obra fue Damon, después de todo era su vida la que estaba en juego y nadie ahí quería morir. Con rapidez llegó hasta una bruja y le rompió el cuello. El ritual se interrumpió.

—¡No! —gritó Davina desesperada. Marcel también actuó, cogió a otra bruja y la dejó inconsciente—. ¡Te dije que confiaras en mi! ¡No dejaré que arruines esto!— La joven bruja estaba furiosa. Usando su poder los echó a todos a un lado, a ella incluida. Quedaban aún varias brujas vivas y entre ellas seguían recitando las palabras, presurosas de romper el vínculo.

Pero fue en ese instante cuando Rebekah abrió los ojos y segundos después Elijah. Ninguno tardó mucho en darse cuenta de la situación, así que se incorporaron con rapidez. Elijah le rompió el cuello a otra bruja, Rebekah mordió a otra y la sacó de la jugaba. Y Caroline atacó a otra que estaba cerca. Ya no quedaba nadie, solo esa Davina, cuando Klaus abrió los ojos. Caroline quiso decir algo, pero él estaba furioso. Se incorporó de un salto, sin importarle nada se iba contra Davina. Ella quería matarlo, aún quería hacerlo. Lo detuvo en el aire usando todo su poder, Klaus seguía indefenso en garras de la bruja.

—¡Tu oportunidad ha pasado! ¡Voy a liberar a todos de ti! ¡Lo haré por todos ustedes! —gritó colérica. Arrojó una vez más a Klaus contra la piscina y ya no podía moverse de ahí. Davina seguía recitando las palabras, Klaus se retorcía de dolor. Ni siquiera sus hermanos podían hacer algo en ese momento. Y aún sabiendo que era peligroso, Caroline corrió hacia él.

—¡No! ¡Detente! —le gritó Damon cogiéndola del brazo.

—¡No me toques! —se soltó. Iba de nuevo hacia él, pero algo la detuvo. Sintió que los brazos le quemaban y gritó de dolor. Su piel parecía quemarse poco a poco, iba subiendo por sus brazos, el dolor se extendió poco a poco por todo su cuerpo. Y notó que no era la única, Marcel y Damon también estaban en la misma situación. Se estaba rompiendo, Davina consiguió romper el vínculo señorial.

Cuando el dolor se hizo soportable hasta acabar finalmente, Davina cayó desmayada y Marcel corrió a auxiliarla. Caroline fue rápido hacia la piscina, y esta vez Damon no pudo detenerla. No le importó la sangre, no le importó nada. Cogió a Klaus de la espalda y lo ayudó a incorporarse, pero él estaba ahí conmocionado, apenas podía moverse.

—Los vi… los vi irse —le dijo con la voz entrecortada mientras la miraba a los ojos—. Cada vida, cada persona que convertí… se fueron… se ha roto el vínculo. Estoy solo… —No podía creer que Davina lo haya logrado, no fue capaz de cumplir con todos, pero con Klaus era suficiente.

—No estás solo, estoy contigo —le dijo. Aunque no sabía si eso podía confortarlo en ese momento, si ella había sufrido ese terrible dolor cuando se rompía el vínculo quién sabe lo que sintió él. Un enorme vacío interno, soledad, dolor. Eso parecía ser.


—Deja, la llevo yo —le dijo Klaus mientras bajaban del auto. Caroline había insistido en ir con él, tenía que hacerlo.

—Bien —asintió ella. Klaus abrió la maletera y sacó el cuerpo inconsciente de Aurora y caminó hacia esa casa en ruinas. Por su lado, Caroline llevó el cemento y el agua. Los ladrillos ya estaban ahí, todo estaba casi listo.

Habían pasado unas horas desde que terminó el ritual, Klaus parecía más él mismo ahora. Aún lucía silencioso y pensativo, ella entendía que todo era muy difícil y decidió no forzarlo a nada. Antes de irse registraron todo el lugar, Rayna Cruz lo hizo bien y acabó con muchos Strix. Damon se fue del lugar para evitar que los ataque a ellos también, y como Freya le dio más de esa pasta la usó cuando estuvo lo suficiente lejos para que Rayna no les haga daño. Si claro, se fue de New Orleans al menos unas horas, pero regresaría. Ellos dos aún tenían asuntos pendientes.

Lo sorprendente fue otra cosa también. Aya reapareció. Dolida, derrotada, viendo como su plan de desvincularse de Elijah se había ido por el tacho. Fue el mismo Elijah quien acabó con su vida arrancándole el corazón, Aya fue alguna vez una líder implacable, alguien que el original amó incluso. Pero ahora lo odiaba, ella fue quien trazó ese plan que casi acaba con todos. Cuando Elijah la mató notó su gesto dolido, pero era lo que tocaba hacer.

Antes de irse buscaron a Aurora, y tuvieron suerte. Ella seguía inconsciente en la mansión de los Strix. Rebekah le contó que en esa fantasía, ahora destruida, Tristán se mantuvo todo ese tiempo a salvo. Las brujas del aquelarre de los Strix protegían su mente mientras su cuerpo moría una y otra vez. Pero ya no había quien esté pendiente de él, y ahora si Tristán estaba pagando sus culpas. Seguía Aurora, ya la tenían entre sus manos.

Cuando Klaus se ofreció a hacerse cargo de ella, Caroline decidió sumarse. Y quizá él estaba sin ganas de reprochar nada, porque simplemente aceptó y le contó lo que quería hacerle. Fue cuestión de dar unas cuantas órdenes para conseguir cemento y ladrillos, además de llamar a Freya para que pusiera un hechizo y encerrar a Aurora.

Dentro de la mansión en ruinas ya los esperaba Freya. Habían encontrado un lugar ideal para dejar encerrada a Aurora, secándose para siempre sin que nadie pueda ayudarla. Caroline la dejó parada en el espacio elegido, Freya puso el sello que la encerraría. Mientras, Klaus preparaba el cemento. Freya los dejó a solas, y en silencio Klaus y Caroline pusieron ladrillo por ladrillo. Ninguno dijo nada, Caroline no sabía que decirle. Klaus estaba desvinculado de toda su descendencia. Antes sus enemigos no lo atacaron ni intentaron matarlo porque sabían que ellos morirían con él cuando eso pasara. Ahora cualquiera podría intentar matarlo, porque en la mansión de los Strix no estaban las balas de roble blanco. Klaus tenía una sentencia de muerte encima.

Un ruido le llamó la atención, era Aurora despertando apenas. Somnolienta, se restregó el rostro con las manos, abrió los ojos y notó su situación. Primero miró a Klaus, luego a ella. Caroline le sonrió con burla. Al fin la básica iba a pagar.

—¿Qué significa esto? —dijo angustiada—. ¡Klaus sácame de aquí! —gritó, quiso salir, pero entonces notó el hechizo de Freya.

—Cortesía de mi querida hermana, a la que casi matas por cierto.

—No… no… ¡No puedes hacerme esto! ¡Klaus tú me amas!— Ahora si Caroline no pudo contener su risa, lo hizo con toda gracia y en la cara de Aurora—. ¡Qué te pasa maldita idiota! ¡Cuando salga de aquí vas a pagar!

—Oh claro… eso si es que sales —se burló Caroline—. Freya Mikaelson te ha encerrado, no habrá bruja capaz de liberarte. Estás donde mereces estar.

—Por algo cubrí tu pintura tras un muro —dijo Klaus mientras seguía poniendo los ladrillos, Aurora ya estaba cubierta por un muro que estaba a la altura de su cintura, y seguía subiendo—. Ya lo dijo Caroline, es aquí a donde perteneces, y de donde nunca saldrás.

—¡No! ¡Klaus por favor no hagas esto! —lloriqueaba, ya sabía lo que le esperaba.

—Quizá eso debiste pensar antes de intentar ir contra mí —le dijo Klaus sin ningún tipo de emoción en su voz—. Y ahora mientras te pudres aquí para siempre, tu hermano muere una y otra vez en el fondo del océano. Te quedarás aquí sabiendo que te quité todo lo que amabas y que yo te traje a esto.

—¡Por favor Klaus no! —seguía llorando. Al final el Mikaelson había ganado, cosa que no le sorprendía, porque ella misma sabía lo que era enfrentar al original y perder. En Mystic Falls no pudieron derrotarlo, y si él se fue es simplemente porque así lo quiso, ellos jamás le ganaron nada—. ¡Es por ella! ¡Ella te ha mentido! No te ama Klaus, yo si. Perdóname por favor…. —El muro seguía subiendo. Ahora apenas se veía su rostro.

—Medícate, loca —le dijo ella antes de que Klaus pusiera el ladrillo que le cubrió el rostro.

Ella seguía llorando ahí dentro, pero era en vano y lo sabía. Adiós Aurora De Martel.