Capítulo 8: Dos vampiros, una rubia – Parte 1
Mansión Mikaelson, New Orleans.
—No te puedes quedar aquí todo el día, Klaus —le dijo ella intentando animarlo. Él solo la miró de lado y tardó varios segundos en contestar.
—De hecho, si puedo. Ya llevo varios días sin salir de aquí. No pienso poner un pie afuera hasta que solucionemos esto.
—Pero Klaus, no puedes vivir con miedo, no está bien...
—Tierra llamando a Caroline, quitaron el vínculo señorial y las balas de roble blanco se venden a buen precio en el mercado negro. Todo el mundo quiere matarme, ¿eso te parece poco?
—Bien, tienes razón —dijo ella soltando un suspiro.
La verdad es que Caroline si se sentía asustada con toda esa situación. La razón por la que en más de mil años nadie intentó matar a Klaus en serio es porque sabían que morirían con él, pero ahora sin el vínculo señorial cualquiera de sus enemigos podría buscarlo y matarlo sin temor. Con las balas de roble blanco la cuestión empeoraba. Ya Freya y los demás habían buscando alguna de ellas y las habían quemado, pero no estaban seguros que esas sean todas. Bastaba un pequeño pedazo de ella para matarlo, no podían descuidarse.
Con todo ese problema Klaus lucía algo paranoico, cosa que empezaba a desesperarla. No quería salir ni a la ventana por el riesgo de que le dispararan desde ahí con algún proyectil de roble blanco. No le gustaba eso, estaba acostumbrada a un todopoderoso Klaus, el indestructible, el fuerte. Verlo vulnerable la hacía sentir mal, quería ayudarlo de alguna forma y no sabía cómo. Lo único que podía hacer era estar a su lado y apoyarlo, nada más.
—Klaus, va a estar todo bien, en serio —dijo Caroline acercándose un poco más a él. Lo tomó de las mejillas y lo besó, él apoyó las manos y su cintura, la pegó a su cuerpo y correspondió ese beso. Fueron despacio, lento, disfrutándolo. Sabía que era muy joven, muy débil también. Pero estaba ahí para él, quería que se sienta mejor.
—Pronto acabará esta pesadilla —le dijo Klaus en un tono más optimista, siquiera eso logró hacerla sentir más tranquila.
—Claro que si. Ahora iré a ver a Hope, ¿si? Ya le toca comer algo.
—Te alcanzo en un rato —ella asintió y fue caminando al cuarto de la pequeña.
En el camino sintió que su celular vibraba, al ver la notificación vio un mensaje de Damon. "Tengo que hablar contigo", decía. Se quedó unos segundos parada viendo el mensaje, ya no sabía qué hacer.
Desde aquel incidente no se habían visto, unos días después él le escribió diciendo que había logrado perder a la cazadora y que con la ayuda de la pasta que le dio Freya podía caminar a salvo. Eso le alegró, pero no esperó que Damon volviera tan pronto. Le pidió que saliera de casa, ella no lo hizo. Insistió muchas veces y ella apagó el celular. Ahora volvía a escribirle, y lo único que Caroline tenía claro es que no podía evitarlo toda la vida. "Ahora no puedo", escribió como respuesta. Quizá en la noche, ese día iba a pasarlo con Klaus y Hope. El celular volvió a vibrar, estaba ya por cruzar el pasillo pero decidió leer el mensaje. "Voy para allá".
—No... —susurró y sintió miedo súbito. En ese momento no estaba para discutir con Damon, menos en la mansión Mikaelson. Tenía que evitar que él y Klaus se encuentren, había muchas cosas que explicar a ambos. A Damon tenía que contarle que vivía con Klaus, aquel enemigo de Mystic Fallas que odiaron y que intentó matarlos a todos. A Klaus tenía que decirle que tuvo una relación con Damon, y sabía que eso no le agradaría para nada. Todo era muy complicado y no quería problemas, así que tendría que inventarse una excusa para salir de casa. Antes de contestar a Damon levantó la mirada, alguien subía la escalera. El impacto le duró apenas unos segundos, tiempo en el que no logró reaccionar cuando lo vio.
—¿Tú? —dijo él sorprendido.
—¡Ahhhhh! —soltó un grito y retrocedió un paso, ¿qué rayos estaba pasando ahí?
—¿Qué pasa? —la voz de Klaus se acercó desde el otro pasillo, al menos eso le dio cierta seguridad.
—Veo gente muerta —contestó ella aún sin salir de su asombro.
—Muy graciosa —dijo el recién llegado de mala gana. Entonces Klaus apareció al fin, y también se quedó impactado con la novedad.
—Kol... —susurró. Así es señoras y señores, Kol Mikaelson de nuevo caminando entre los vivos. ¿Cómo? ¿Por qué? No tenía idea. Pero poco después alertados por tanto grito llegaron los otros miembros de la familia Mikaelson. Superado el impacto, fue Rebekah la primera en abrazar a su hermano resucitado, luego Klaus, Elijah y finalmente Freya. Ella estaba ahí parada sin saber qué hacer, apenas había tratado a Kol, la última vez que supo de él fue en Mystic Falls cuando intentó matar a Elena y terminó asesinado por Jeremy. ¿Qué buscaba? ¿Cómo tomaría su presencia ahí?
—¿Quién fue? —le preguntó Freya con interés.
—Davina me resucitó.
Ahí empezaba la novedad del día, Davina y Kol se conocieron hace un tiempo cuando el original regresó a la vida en otro cuerpo, se enamoraron y ella juró traerlo de vuelta. Lo había logrado, lo que parecía ser bueno, pero no del todo. Caroline escuchaba sin decir nada, pero según contaba Kol, Davina hizo el trato con los Strix que incluía ayudarlos a romper el vínculo señorial a cambio del hechizo que resucitaría a Kol. Lo había hecho, pero nadie en la mansión estaba seguro de que las cosas vayan bien después de eso. Sobre todo Klaus.
—Por lo que a mi concierte, tu novia tiene una sentencia de muerte —le dijo molesto—. Fue ella quien me puso en esta situación.
—No te atrevas a hacerle nada —contestó Kol con rabia—. Le pedí que no lo hiciera, le expliqué que era peligroso pero aún así asumió el riesgo. Ahora déjala en paz, yo me encargo.
—¿En serio? ¿Vas a encargarte de todos los vampiros que vienen por mi? —preguntó Klaus.
—No es culpa de Davina que hayas sido un miserable toda la vida y que ahora quieran matarte, hermanito —se burló Kol—. Te mandaste unas grandes en el pasado, es lógico que apenas tuvieran la oportunidad vinieran por venganza, ¿qué querías? ¿Qué te manden una postal? No jodas, claro que vendrán aquí. Y adivina qué, todos estamos en peligro. Cualquiera que quiera hacerte daño atacará a las personas que te rodean, empezando por mi sobrina, y terminando por... Bueno, Caroline Forbes. O eso supongo.
—No metas a Caroline en esto —le dijo Klaus con molestia—, yo veré como hacer frente a mis enemigos, nadie tiene que salir lastimado.
—Ya estoy metida en esto, Klaus —habló ella al fin—. Y creo que tiene razón, es peligroso para todos. Tendría que haber, no sé, alguna forma de averiguar quienes pueden atacar. Así estaremos prevenidos, ¿no creen?
—Si la hay —dijo Freya – Puedo rastrear en un mapa donde están los descendientes de Klaus y así saber hacia dónde se mueven, quizá así nos demos una idea a quienes nos enfrentamos.
—Eso suena bien, hagámoslo ya —dijo Elijah. Todos asintieron y empezaron a moverse.
Rebekah trajo un mapamundi, lo estiraron en la mesa, Klaus se hizo un corte en la mano para que puedan usar su sangre. Freya recitó las palabras del hechizo, segundos después las gotas de sangre se posicionaron en diversas partes del mundo, ahí donde estaban los descendientes de Klaus. Ahí fue que empezó lo aterrador. Las gotas empezaron a moverse, no importaba donde estuvieran. En lo más profundo de Europa, o en el país asiático más apartado, todos se estaban moviendo en una sola dirección. New Orleans. Vampiros de todas partes del mundo se dirigían a la ciudad para matar a su creador.
—Ehh... yo creo que mejor voy por un mapa de la ciudad —dijo Kol despacio—. Esto se va a descontrolar.
—Como que ya se descontroló —agregó ella en voz baja. La cosa pintaba peor de lo que imaginó.
—Hablaré con Marcel —anunció Rebekah—, si este lugar se va a llenar de vampiros que no respetan sus reglas será mejor que él esté atento y nos avise de cualquier novedad.
—Vamos a encontrar lo que queda del roble blanco, lo juro —le dijo Freya convencida. A Caroline le encantaría tener esa seguridad, porque lo único que sentía era terror. No quería que nadie matara a Klaus, no importaba que ella no llegara ni a los cincuenta años de vida, no iba a permitirlo.
Los hermanos se dispersaron, ella fue rápido con Hope para distraerse, de momento era lo único que le quedaba. Con tanta novedad de la resurrección de Kol y todos los enemigos de Klaus en camino se le olvidó algo delicado. Responderle a Damon y decirle que no vaya a la mansión.
Intentar mantener la calma en un momento crítico definitivamente no era su fuerte. Aunque antes siempre tuvo el temor que sus errores pasados llegaran a las personas que amaba, ahora el temor era más real que nunca. No solo podía alcanzar a su familia, sino a él mismo. Sin el temor de morir junto a su creador, los vampiros que lo odiaban tendrían más razones para matarlo sin miedo a nada. De momento había optado por no salir de la mansión, Freya, Elijah y los demás estaban rastreando los restos de la madera de roble blanco que quedó, así que apenas tuvieran todo él ya podría hacerse cargo.
Mientras Caroline se ocupaba de Hope, Klaus bajó a la sala principal para servirse algo de tomar. Lo que le sorprendió fue ver ahí a Lucien. No se lo cruzaba desde hace tiempo, solo supo que su hermana lo usó para canalizarlo y así despertarlos de la fantasía donde los metieron la noche del ritual. Al verlo su primera reacción fue atacarlo, se lanzó sobre él y lo arrojó contra la pared. Lucien se recuperó pronto, y antes de recibir otro golpe, levantó las manos en son de paz.
—Tranquilo, Klaus. No estoy aquí para molestarte.
—¿Entonces para qué demonios has venido?
—He estado de tu lado hasta ahora, ¿eso no te basta? Incluso ayudé la noche en que rompieron el vínculo, hubiera sido más fácil para mi dejar que pasara, ¿no lo crees?
—Te conozco, sé que algo tramas. Intentaste secuestrar a Caroline.
—Un error lo comete cualquiera —Lucien sonrió y él estuvo a punto de golpearlo otra vez, pero entonces él levantó de nuevo las manos—. Vamos, ¿acaso ella no te contó las cosas completas? Me imagino que no, esto ha sido difícil para todos, incluyéndola.
—¿A qué te refieres?
—Hace tiempo, antes de venir aquí, incluso antes de que supiera lo de la profecía; escuché hablar de ella. Se decía que el gran Klaus Mikaelson estaba enamorado de una joven vampiresa llamada Caroline, pero no más. Solo por curiosidad intenté averiguar sobre ella, hasta que supe que se llamaba Caroline Forbes y que era de Mystic Falls. Luego supe la historia de ese lugar y me quedó claro que no podía ser coincidencia, tenía que ser ella.
—No tuviste que hacer algo como eso —le dijo molesto, lo que faltaba, vampiros buscando a Caroline. Y ahora que sabían que vivía con él las cosas se iban a poner peor. Sintió una punzada de culpa, la estaba condenando. Solo por estar a su lado Caroline sería perseguida por sus enemigos.
—Bueno, la cuestión es que lo hice. Me acerqué para conocerla, nos llevamos bien y todo. Me quedó claro que si algo pasó entre ustedes fue hace un tiempo, y que a nadie le serviría intentar extorsionarte haciéndole daño, ella tenía una vida propia. No estaba para nada relacionada contigo.
—¿Cómo estabas tan seguro de eso?
—Pues nadie anda por la vida poniéndole el cuerno a Klaus Mikaelson con tanta frescura —comentó él relajado. Aquello lo dejó paralizado un instante, ¿qué rayos quería decir?
—¿Perdón?
—Ahhh... no lo sabías.— Y por alguna razón le pareció escuchar algo de burla en su voz —. No importa, Klaus. Eso fue antes que se reencontraran, supongo que no te importa. En fin, yo la conocí con una pareja. Algo, digamos, estable. Estaban enamorados.
—Cierra la boca —dijo molesto. En parte Lucien tenía razón, si Caroline tuvo a alguien durante el tiempo en que estuvieron separados a él no tenía que importarle. Después de todo él tuvo algo con Hayley, luego Genevieve y finalmente estuvo por involucrarse con Camille. Solo que había una pequeña pero gran diferencia en todo. Klaus le había contado a detalle de todas ellas a Caroline, en cambio ella se había reservado aquella historia. No había confiado en él.
—Bueno, tú preguntaste —le dijo Lucien—. Los conocí a ambos, me cayeron bien, incluso viajamos un tiempo. Ya luego Tristán se enteró, se me ocurrió que si Caroline te importaba podía usarla para presionarte, tonterías así. Y plop, todo salió mal, pero para mi ese ya es asunto superado. Tú y ella están juntos, es lo que importa, ¿no crees?
—Claro —respondió pensativo. ¿Quién pudo ser el amante de Caroline? ¿Por qué ella no le había contado nada? Podía ser que Lucien esté exagerando solo por molestar. O que Caroline no quiso contarle porque era algo delicado para ella. Algo que quizá no había superado.
—Si, como te decía, es tiempo pasado. Ahora estoy acá para mostrar, otra vez, mi lealtad a ti. No estamos ligados por sangre, pero sigo preocupado por la profecía que sigue en curso. Así que vengo a advertirte, otra vez, que algo tienes que hacer para frenarla si no quieres morir.
—Me encargaré de eso, pero ahora mismo tengo otras prioridades.— Como evitar una muerte a corto plazo por disparo de bala de roble blanco, por ejemplo. Solo que ahora que Lucien había hablado, de pronto tenía una gran duda —. ¿Quién? —preguntó de pronto.
—¿Qué cosa?
—La persona que Caroline amó, lo conociste. ¿Quién es? —Lucien abrió la boca para contestar, pero entonces se escuchó algo de alboroto allá afuera, al parecer alguien forcejeaba para entrar.
Klaus decidió salir a ver qué rayos sucedía en su mansión, y entonces vio que uno de los guardias que habían puesto a la entrada discutía con alguien que quería entrar a la casa. Al parecer ya le habían permitido hacerlo antes, así que estaba casi con un pie adentro. Al principio no lo reconoció, pero conforme se fue acercando vio a Damon Salvatore. Frunció el ceño, ¿qué hacía ese cretino ahí? Le habían contado que apareció justo el día del ritual a pedir ayuda y terminó participando en el plan, ¿pero qué rayos hacía ahora ahí? Quería saberlo.
—Déjalo —ordenó y el tipo lo soltó, pero le dio un empujón que por poco lo hace caer al piso. Damon se incorporó y camino al centro del patio mientras lo miraba. Eso no lo agradó para nada, parecía desafiante. Y no iba a tolerar que ese imbécil vaya a desafiarlo a su territorio.
—¿Dónde está Caroline? —preguntó molesto el Salvatore.
—Ah... mira qué gracioso que ambos hagan preguntas tan simpáticas que conducen a lo mismo —dijo Lucien en tono juguetón—. Caroline debe estar arriba cuidando de su nueva hijastra. Y Klaus, con respecto a tu pregunta, es él.— No tuvo que agregar nada más, ahora lo tenía claro. Damon Salvatore fue el amante de Caroline.
La sorpresa le duró apenas unos segundos, pero eso fue pronto reemplazado por la rabia. Caroline jamás le contó sobre Damon, ¿hace cuánto pasaba algo entre ellos? Él estuvo hace unos días ahí, ahora entendía que fue a buscarla, ¿y simplemente decidió pasar de él? ¿No contarle nada cuando ellos dos eran pareja? Nunca tuvo en buena estima a Damon, siempre le pareció un patán infeliz que no valía la pena, y si antes le había perdonado la vida fue por su hermano Stefan. Ahora ya no tenía motivos para salvarlo, al contrario, quería partirlo en pedazos en ese momento. Pensar que Damon tuvo el amor de Caroline se le hizo insoportable. Y aunque quizá no debería ser, en ese momento se sentía traicionado. Ella le ocultó información, le mintió.
—¡Caroline! —gritó colérico. Necesitaba explicaciones y las necesitaba ahora.
—No la llames así —dijo Damon en el mismo tono—. Tú no tienes ningún derecho a hablarle de esa forma —estaba a nada de ir donde ese imbécil y arrancarle el corazón, incluso dio un paso adelante, pero pronto escuchó que ella se acercaba rápido.
—Pero qué está... —Quizá estuvo a punto de decir "pasando", pero entonces ella misma fue testigo de la situación y eso la dejó paralizada. Abrió los ojos sorprendida, los miró a ambos y ni siquiera se movió por varios segundos.
—¿Es verdad que tenías una relación con este infeliz? —preguntó Klaus mientras señalaba a Damon.
—¿Qué? —preguntó ella nerviosa. Terminó de bajar las escaleras, pero caminaba tan despacio que parecía que en cualquier momento se iba a desmayar.
—Cielito no te hagas la sorda, acá todos escuchamos —dijo Lucien en ese tonito de burla.
—¡Tú no te metas! —le gritó Klaus y miró de nuevo a la rubia—. Te hice una pregunta, responde.
—Para empezar, ¿quién te has creído que eres para exigirle explicaciones así? —le reclamó Damon—. No tienes ningún derecho, ella no es nada tuyo, no te atrevas a tratarla como si fuera de tu propiedad —el Salvatore se acercó más a él, ahora ambos estaban frente a frente sin mucha distancia entre ambos. Se miraron furiosos, parecían a punto de matarse en cualquier momento.
—Cálmense —pidió Caroline—. Klaus, no es lo que parece. Él y yo no tenemos nada hace tiempo...
—Espera, ¿qué? —preguntó Damon—. ¿Qué acabas de hacer? ¿Le debes explicaciones a este?
—Cállate Damon, estás empeorando las cosas. Te dije que iría a hablar luego, ¿por qué rayos tenías que venir aquí?
—Ah... ya veo, se encontraban en secreto, ¿es eso? —estaba rabioso, y en ese momento se sentía engañado. Era obvio que no solo le había mentido, sino que lo engañó. Aquello era más de lo que podía soportar.
—No es eso, es que...
—Uhh... ya veo que la teoría de que hacer cornudo a Klaus Mikaelson era pecado se acaba de desplomar por completo —se burló Lucien.
—¡Tú cállate! —le gritó ella—. No sé qué rayos están pensando, pero no es eso, ¡yo no estoy engañando a nadie! —decía intentando defenderse.
—¿En serio? —dijo él—. Este tipo viene acá a buscarte y todo parece ser que se han encontrado antes sin que yo sepa nada. ¿Qué puedo pensar de eso? Para mi es bastante claro.
—¿Tienes algo con él? ¿Es eso? —reclamó molesto Damon—. ¿Pero qué tienes en la cabeza? ¿Justo con él, Caroline? ¡Con este maldito monstruo que casi acaba con todos! ¿Cómo has sido capaz?
—¡Ya cállense los dos! ¡Me están volviendo loca!
—La presión de una infiel es abrumadora... —dijo Lucien en tono dramático. El muy desgraciado estaba disfrutando del espectáculo, y si no fuera porque estaba más preocupado por la situación, hace rato se arrojaba sobre él para arrancarle la maldita lengua de una vez.
—¿Entonces qué vas a decir sobre esto? Porque debe haber una explicación, ¿verdad? —preguntó Damon. Ella respiró hondo y finalmente habló después de varios segundos sin decir nada.
—Si Klaus, tuve algo con Damon. Una relación seria que acabó mal porque él me mintió diciendo que solo me usó para olvidar a Elena, pero en realidad solo buscaba protegerme de la cazadora que lo perseguía. Duró unos meses... y si, fue amor —escuchar eso fue peor que recibir una bala de madera de roble blanco. Fue como matarlo. Amor. Lo amó. Amó a Damon Salvatore, aquel miserable que no merecía nada, que abusó de ella en el pasado, que quizá la usó como consuelo y plato de segunda mesa para olvidar a Elena. Lo amó... Lo escogió a él, tuvo algo con él. Y si no fuera por esa manera que terminaron quizá aún estarían juntos. No podía soportar eso.
—Claro que fue amor —dijo Damon—. Aún hay amor —remató.
—Déjame terminar —continuó Caroline—. Yo no supe de eso hasta hace unos días, y con toda esta locura preferí no contarte, ya tenías bastantes problemas. Es eso, nada más.
—Cariño, tienes que inventar mejores excusas, no está funcionando.— Gracias Lucien, por existir. Ese tipo era un venenoso que sabía cuando meter leña al fuego, y aunque lo odiara, lo estaba logrando.
—¡Deja de decir tonterías! —gritó ella molesta—. Yo no estoy mintiendo a nadie, Klaus, nunca te engañé, no he estado con él mientras...
—¿En serio? Porque esos besos que nos hemos dados me dicen todo lo contrario —dijo Damon con ironía.
—¡Bam! Punto para Mystic Falls. En serio Caroline, tienes que planificar mejor tus argumentos —siguió el vampiro. Lucien, gracias por tanto, perdón por tan poco. Maldito venenoso.
—¡Eso ha sido casi a la fuerza! —gritó ella desesperada, incluso se acercó más a él—. Tienes que creerme.
—¿Cómo esperas que te crea ahora? —preguntó él dolido. Porque si, le dolía saber eso. Que amó a otro, que lo vio a escondidas, que incluso lo besó cuando ya estaban juntos. ¿Qué era eso? ¿Acaso merecía su engaño? La amaba, se lo había dicho, ¿por qué ella prefería al Salvatore entonces?
—No tienes que explicarle nada, que estés aquí no significa nada... —dijo Damon.
—Bien, basta... Déjenme hablar. Damon, tú y yo terminamos, ¿recuerdas? Corrección, me dejaste. Hace poco has venido a contarme cosas que aún no me creo del todo, y nosotros no hemos vuelto ni nada. Y yo estoy viviendo aquí, ¿si? No por loca, no porque me estén obligando y menos por protección. Estoy aquí con Klaus, los dos tenemos una relación, es eso.— Ahora el Salvatore también tenía gesto dolido. Quizá sin querer Caroline los lastimó a ambos.
—No... —dijo él sorprendido—. ¡Cómo puedes hacernos esto! Es nuestro enemigo, Caroline, ¿acaso lo has olvidado?
—¡Él ya no es nuestro enemigo! Así que deja de meterte en mi vida, ya te dije como son las cosas, no creo que tengas mucho más que decir.
—¿En serio? ¿Entonces me has dejado por este maldito monstruo y pretendes que me quede callado? ¿Así de simple?
—¡Él no es un maldito monstruo y ya cállate!
—¿Lo vas a defender ahora? ¿Después de todo lo que nos hizo?
—¡Él no me hizo nada! —Klaus despertó de pronto de esa especie de estado se shock en que quedó después de las declaraciones de Caroline. Ella dijo muy claro que estaba con él ahora, y además lo estaba defendiendo de las acusaciones de Damon.
—No, en serio no puedo creer que actúes como una niña tonta y que hayas caído en la trama de este miserable, no puedes...
—Lárgate de aquí —dijo Klaus con la voz llena de rabia—. No te quiero en mi mansión, no te quiero en mi ciudad. Y sobre todo, no te quiero cerca de ella. Ya la escuchaste, está aquí y nadie la está obligando a nada. Vete ya.
—Escucha Klaus, puede que de alguna forma lograras engañarla, pero conmigo esa basura de hacerte el padre del año no funciona. Sigues siendo un maldito monstruo que destruye todo lo que toca y que pone en peligro a todo lo que le rodea, así que a ella no la vas a lastimar. No voy a permitirlo.
—"Maldito monstruo", esa está buena. Pero vamos Damon, piensa algo bonito, ya estás siendo muy repetitivo —se metió de nuevo Lucien. Maldito sea.
—No te metas en lo que no te importa y vete de una vez antes que te arranque el corazón, no me interesa que sigas vivo, Damon. Lárgate —amenazó. Una vez más ambos estaban frente a frente, a solo centímetros de distancia, matándose con la mirada. La tensión estaba presente, las chispas estaban ahí, iban a explotar.
—Me voy con ella, porque a diferencia tuya, me alejé cuando supe que la iba a poner en peligro. ¿Y sabes por qué? Porque la amo —dijo Damon muy seguro. Le daba rabia escucharlo decir eso, no lo iba a aguantar.
—No sabes lo que dices.— ¿Quién se había creído ese imbécil para decirle eso? No tenía idea de nada, él se alejó de Caroline hace un tiempo, no la buscó antes por protegerla, incluso le pidió que se vaya cuando se arregló el asunto con los Strix. La amaba también, y obviamente quería protegerla—. Yo mataría a cada vampiro de esta ciudad solo para que ella no tenga que sufrir ni un solo rasguño, quemaría New Orleans entero si eso la pone a salvo. Así que cierra esa maldita boca y lárgate de aquí antes que te mate.
—¿En serio? Porque hay cientos de vampiros que vienen a por ti. Hasta donde veo, no haces otra cosa que destruir. Y yo no voy a dejar que toques a la persona que amo.
—No me interesa lo que pienses, te vas —le dio un empujón, Damon respondió haciendo lo mismo. Ya no pudo contenerse más, le dio fuerte con toda la fuerza de su puño, haciendo que salga despedido hacia el otro lado golpeándose contra una pared. Klaus avanzó amenazante mientras Damon se incorporaba y se lanzaba hacia él, pero el original lo superaba en rapidez y fuerza, lo cogió del cuello y lo mantuvo suspendido en el aire unos segundos—. ¿Así dices que quieres protegerla? No me haces ni cosquillas, Salvatore. Eres patético.
—¡Ya basta! ¡Deténganse! —gritó Caroline desesperada.
—Ah eso no, estaba esperando los golpes y esto apenas empieza —dijo Lucien en un tono burlón, casi cantado. Lo disfrutaba mucho el desgraciado.
—Bájalo, Klaus. Detén esto —y solo porque ella se lo pidió, soltó a Damon. En realidad lo arrojó a un lado.
—No quiero basura en mi casa, vete de una vez —llenó de rabia, el Salvatore se incorporó y se acomodó la ropa mientras lo miraba con odio.
—Esto no ha acabado, Mikaelson. Caroline y yo aún tenemos una conversación pendiente.
—Ella no...
—Si la tenemos —interrumpió Caroline. Lo que faltaba.
—No vas a hablar con este tipo —le ordenó él.
—No me mandas, Klaus. Tú no eres mi dueño y el hecho que esté contigo no significa que voy a obedecerte. Tengo que hablar con él y solucionar todo, luego volveré.
—Vete entonces, vete con él —dijo colérico. Ni siquiera midió sus palabras, sus miradas se cruzaron y notó su molestia.
—Bien, me voy —debió adivinarlo, con Caroline las cosas no funcionaban así. No podía darle órdenes, ella no era una posesión, ella era una persona independiente. Y acababa de mandarse una cagada con ella al decir eso.
—¿Te vas con él? ¿Así va a hacer entonces? —preguntó él. No quería rogarle que se quede, aunque por dentro sintiera deseos de arrodillarse a sus pies.
—¿No me estabas echando de aquí? —dijo fastidiada.
—Claro que no, yo...
—Ya regreso, Klaus. No me sigas —dijo ella antes de empezar a caminar hacia la salida. Sin decir nada, Damon la siguió. Maldita sea, ahora se iban juntos delante de él, ¿por qué tuvo que pasar eso? No podía permitirlo, pero tampoco podía salir de la mansión por seguridad. Ah, y eso Caroline lo sabía. ¿Por qué actuaba así? Su amor sabía vengarse con precisión a veces.
—Esto si que estuvo bueno, de verdad uno no espera esta clase de entretenimiento —dijo Lucien acercándose a él.
—Cállate, y haz algo útil. Síguelos.
—Ah caramba, pero qué falta de confianza...
—Solo cuida que no se la lleve de aquí —estaba preocupado por eso. Que Damon haga alguna jugada desesperada por "salvar" a Caroline de él y la secuestre. Eso no iba a permitirlo.
—Bien, iré. Pero cobraré altos mis honorarios por eso.
—Solo hazlo —dijo de mala gana.
Una vez estuvo solo en la mansión sintió deseos de destrozar todo. De rabia, de frustración, de celos, de todo. La amaba y no quería perderla, saber que le había ocultado algo tan importante como un antiguo romance con Damon le dolía, pero era más fuerte el deseo de tenerla a su lado. Si, odiaba la idea de que esos dos hayan estado juntos, le hacía arder la sangre de la rabia. Pero podía olvidar todo eso con tal de tenerla a su lado, no podía y no iba a perderla.
En lugar de ponerse a destrozar todo decidió servirse un trago. Iba ya a dar el primer sorbo cuando sintió que el celular sonaba, antes de contestar vio que era Lucien.
—¿Qué pasa? —preguntó ni bien contestó.
—¿Quieres la buena o la mala noticia?
—Solo habla de una vez.
—La buena es que hay salud.
—Deja de hacerte el estúpido.
—La mala es que vampiro con aspecto español misterioso acaba de llevarse a Caroline.
—¡¿Qué?! —gritó histérico. Eso no podía estar pasando.
—Pues no pude hacer mucho, cuando intenté seguirlo ya se había ido. Damon está por acá también algo histérico, todo fue muy rápido... —En ese momento sintió que alguien se acercaba corriendo, al girar vio a Kol.
—Cortez está aquí —informó su hermano.
—Lo sé, y tiene a Caroline —agregó él preocupado—. Lucien, quédate cerca, voy para allá.
—¿Qué? ¿Vas a salir? —preguntó Kol sorprendido.
—Saldré —porque Caroline estaba en peligro, no la dejaría en manos de ese maldito. No le importaba arriesgarlo todo por ella.
