Capítulo 8: Dos vampiros una rubia – Parte 2

—Recuérdame, ¿quién era Gaspar Cortés? —preguntó Rebekah. Minutos antes supieron que el desgraciado se había llevado a Caroline. En ese momento Lucien estaba con Damon, luego se encontraría con él. Uno de sus enemigos ya se había puesto en acción, y había hecho un buen movimiento, el peor de todos. Llevarse a su chica.

—Era parte de una pandilla de caudillos —contestó Klaus

—¿No fueron ellos los que quemaron ese chiquero filisteo que tanto le gustaba a Klaus? —preguntó Elijah con ironía.

—Belaga —aclaró él de mala gana—. Era mi retiro favorito como artista, alguien tenía que pagar que lo hayan destruido, así que maté al bruto del padre de Gaspar y… —No quiso continuar. Ahí la cosa se ponía fea. Además, con Freya ahí presente no le hacia mucha gracia reconocer sus crímenes.

—¿Y? —le dijo Rebekah para que continuara.

—Uno, o dos de sus hermanos quizá —respondió él.

—Cinco en realidad —aclaró Elijah.

—No olvides que también mataste a su amante —agregó Rebekah.

—¡Eso fue un accidente! —reclamó él. No era justo que le echaran la culpa de todo—. Lo importante es que no era nadie hasta que se convirtió en vampiro y empezó a seguirme.

—Ahhh… si, ya me queda claro —le dijo Rebekah—. Muy desagradable el tipo.

—Y de seguro ya está haciendo de las suyas por aquí —dijo Freya.

—Es un pervertido astuto famoso por obligar a la gente a ayudarlo en sus tareas —les dijo él.

—No sé, pero eso me suena bastante a ti —dijo Freya y él la miró indignado. ¡Pero si él ya no usaba tanta compulsión! Bueno sí, pero no tanto. Ok mejor no decía nada.

—Eso es lo que me preocupa, demonios de todo tipo saliendo de sus grietas para atacarme. Y ahora tienen a Caroline —dijo con rabia. No tenían idea de a dónde se la había llevado, según Lucien le estaba siguiendo la pista, pero no podía confiar del todo en él.

—Sabe que te importa —Kol entró al fin. Tuvo que salir un momento para encontrarse con Davina, cosa que seguía sin agradarle. Por él fuera y mataba a esa bruja, por su culpa estaban en esa maldita situación. No es que no le gustara tener de vuelta a Kol, pero no a así. Él podía morir en cualquier momento, aunque se habían encargado de quemar todos los posibles lugares donde ese trozo de roble blanco estuviera, aún sabía que una sola astilla bastaría para acabar con él. Y el hecho que Cortés estuviera ahí reforzaba esa posibilidad.

—¿Cómo reconociste a Cortés? —le preguntó Rebekah.

—Fui a ver a Davina, lo vi en el centro. Luego lo perdí, vine rápido para acá.

—¿Cómo te sientes? – le preguntó Rebekah. Kol acababa de resucitar, y quizá no se sentía bien del todo, las cosas estaban pasando muy rápido. A una señal de él, un sirviente de la casa le alcanzó una bandeja con una copa de sangre que le tendió a su hermano. Como parte de sus labores, esa servidumbre siempre se encargaba de llevarles sangre fresca a todos.

—Tómala, es fresca —le dijo él—. La necesitas —Kol la quedó mirando, no parecía muy contento con eso.

—En realidad, preferiría una bolsa de sangre, no quiero tomar algo tan fresco.

—¿Te portas bien por tu novia? —preguntó él con burla.

—Preferiría estar con mi novia, pero como tus enemigos volvieron buscando venganza, supongo que deben ser asesinados —contestó Kol con molestia—. Antes de seguir, ¿Cortés era pirata o algo así? Me acuerdo de su cara, pero no de quién era. Refresquen mi memoria.

—Su familia diezmó Belaga —le dijo Elijah.

—¡Ah! Belaga, ese lugar horrible… —dijo Kol. Klaus los miró indignados a ambos, Rebekah y Freya contuvieron la risa, Elijah se mostró satisfecho porque alguien le daba la razón. Insensibles, lo que hizo con la familia de Cortés fue justo. Nadie se metía con sus sitios favoritos sin recibir castigo.

—Gracias, Kol —le dijo Elijah, contento de que su hermano apoyara su postura.

—¡No tienen gusto! Ninguno de los dos —les dijo él.

—Tranquilos —dijo Freya—. Ahora mismo lo importante es encontrar a Caroline, sabemos que la está usando para atraerte.

—Eso solo significa que quizá ya sabe del roble blanco —le dijo Rebekah—. Ahora se siente seguro de poder atacar, ¿si no por qué se metería contigo? Sabe que lo destrozarías a la mínima oportunidad.

—Porque ahora Klaus tiene una debilidad —le dijo Elijah. No quería admitirlo, pero era cierto. No solo una, dos en realidad. Hope y Caroline, cualquier que quisiera lastimarlo iría por ambas. Cortés ya tenía a una de ellas, no podía dejar que le hiciera daño.

—Bueno, no diré nada. Yo sé lo que se siente —agregó Kol.

—Iré por ella. Lucien le sigue en rastro, pero prefiero hacerlo yo mismo. Freya —miró a su hermana—, encuentra el roble blanco, por favor. Es nuestra ventaja.

—Cualquiera de nosotros puede morir —le dijo Rebekah—. Así que también buscaré por mi cuenta, hablaré con Marcel —asintieron. Marcel aún tenía el control de la ciudad, y esperaban que pueda ser de ayuda.

Cada quien tomaba su rumbo para buscar a Caroline por cuenta propia, Klaus iba saliendo de la mansión, cuando de pronto vio a Damon. Frunció el ceño, en verdad esperó que se hubiera largado. Si ese infeliz no hubiera llegado, Caroline no hubiera tenido razones para salir de la mansión, ella estaría a salvo a su lado.

—No debiste venir —le dijo molesto.

—Ni tú acercarte a ella si sabías lo que ibas a provocar en su vida.— En ese momento le sobraban ganas para arrancarle el corazón.

—No voy a perder el tiempo contigo, Damon. Voy por Caroline. Muévete, no estorbes —lo empujó a un lado y empezó a caminar fuera.

—Voy contigo —lo había alcanzando y camina con él—. La rescataré.

—Ya te dije que no te metas donde no te llaman, Salvatore. Estas son cosas de grandes, no me hagas perder el tiempo.

—Voy a buscarla debajo de cada piedra de esta ciudad, así que puedes llevarme contigo para ayudarte, o puedes hacerlo solos. No me malinterpretes, Klaus. Te odio, y si pudiera te mataría. Pero ella es más importante, si tenemos que unirnos por ella, que así sea.— No pudo refutar eso, no tenían muchas alternativas. No creía que Damon fuera de gran ayuda, pero al menos serviría para algo.

—Vamos —le dijo. Segundos antes de ponerse en acción, sintió que su celular vibraba. Era una llamada de Camille. Dudó si contestar, estaba en una situación complicada, prefería no distraerse.

—¿No vas a contestar? Podría ser importante —le dijo Damon. No lo creía, pero aún así contestó.

—¿Pasa algo? —preguntó él.

—Klaus, alguien se ha llevado a Vincent —dijo preocupada—. Estoy en el gimnasio y…

—Camille, estoy en medio de una emergencia aquí. No puedo hacerme cargo de Vincent. Avisa a los brujos, ese no es mi problema.

—No, escucha. Esto está muy raro. Iba a encontrarme con él en la iglesia para entrenar, pero hay un hombre muerto que se ha cortado el cuello a sí mismo y una nota ensangrentada en el piso.

—¿Cómo dices? —eso le parecía extremadamente familiar. Un movimiento típico de Cortés.

—Si, quizá habían usado la compulsión con él. ¿Qué está pasando?

—Tranquila, me haré cargo. Una pregunta más, ¿en la nota dice a dónde tenía que ir Vincent?

—El Rosseau.

—Iré para allá. Tú busca un lugar seguro y no te muevas de ahí.

—Está bien —ella colgó. Ahora sabía cual sería su próximo movimiento para encontrar a Cortés.

—En marcha —le dijo a Damon. Habría que trazar un plan pronto.


Todo había sucedido muy rápido. En un momento estaba con Damon a punto de iniciar una conversación, al otro se desvanecía y estaba inconsciente. Cuando abrió los ojos, Caroline estaba atada y debilitada por la verbena. Sentada en una limusina, la chica vio como un hombre bebía del cuello de una mujer hasta matarla. El vampiro ya había matada a tres, sus cuerpos estaban tirados a un lado como si fueran desechables. Cuando terminó de alimentarse lo vio sonreír, aquello no le gustaba para nada.

—¿Qué quieres conmigo?

—Creo que eso es bastante obvio y tú no eres una chica tonta. Lo sabes, ¿verdad?— No dijo nada, pero si, lo sabía. Esa mañana vieron como los enemigos de Klaus se acercaban a New Orleans y el peligro ya estaba ahí.

—El que parece ser un reverendo imbécil eres tú —le dijo ella molesta—. Pierdes tu tiempo. Si antes no pudiste con Klaus, ¿qué te hace pensar que ahora si podrás? Has cavado tu propia tumba, él vendrá por ti y vas a lamentar esto. Acabó con Tristán y con peligros mayores, tú no eres nada.

—Ah sí, algo de eso escuché. Tristán DeMartell muerto, una gran sorpresa. La diferencia es que él no tenía nada del roble blanco.

—Y tú tampoco, no te quieras hacer el listo —el vampiro sonrió con burla.

—Pero te tengo a ti, y eso ya es bastante. No sé mucho de ti, Caroline Forbes. Lo único que sé es que eres importante para Klaus, y así como él me arrebató a quienes amaba, le devolveré un poco de su propia medicina.

—Qué original —se burló ella.

—Aunque tú no sabes quién soy.

—Ni me importa, estarás muerto antes de finalizar el día.— Más le vale a Klaus que sea así. Confiaba en él, sabía que haría cualquier cosa por ella y la salvaría. Ojalá no tarde mucho. El vampiro rió, cómo lo detestaba. Parecía muy confiado de sus próximos movimientos y quizá debería temer.

—Soy Gaspar Cortés. Y ahora en marcha, Caroline. Tenemos algo importante que hacer.

Antes de irse, ese maldito le ordenó al chofer de la limusina que incendiara todo y se suicidara después. Usando su compulsión, aquello fue cuestión de segundos. Cortés era un cobarde que se servía de otros para hacer lo que quería. Y lo hacía bien. Llegaron al Rosseau y ahí impidió que todos los que estaban ahí salieran. Ordenó con su compulsión que todos permanecieran quietos y en silencio en sus asientos, pero seleccionó a algunos a quienes les dio un cuchillo y ordenó que si alguien intentaba hacerle daño, mataran a los demás. Esa jugada no le pareció muy coherente, porque era obvio que esas cosas a Klaus no le importan.

Pero pronto supo que no se trataba de Klaus. Solo había visto a Vincent una vez, y tampoco tuvieron una conversación muy larga. Ella sabía quien era él, y el brujo también. Intercambiaron una mirada, y supuso que eso le bastó a Vincent para que entienda que estaban en problemas. Ella ya se sentía un poco mejor después del secuestro, aún débil por la verbena, pero podía escapar. El tema era que, si lo intentaba, gente inocente moriría. Cortés ya se lo había advertido, un solo movimiento y aquellos que matarían bajo compulsión iban a actuar.

—En esta ciudad no vas a hacer lo que te da la gana —le dijo Vincent una vez tuvo claro que aquel vampiro era el responsable de lo que estaba pasando—. Esto se acaba ahora mismo —el brujo levantó la mano para realizar un hechizo que detenga al vampiro, pero apenas hizo eso, aquellas personas escogidas se pararon con los cuchillos listos para matar a los demás.

—¡No! —advirtió ella. Entonces Vincent lo notó y se detuvo.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué tienes a la novia de Klaus aquí?— "Ay qué lindo, ahora soy la novia", se dijo ella. Así la conocían todos entonces, como la novia de Klaus. Con razón que querían matarla. Pero considerando los últimos acontecimientos y la discusión con Damon de por medio ya no estaba tan seguro que las cosas sean así.

—Ese es otro asunto, a ella la ejecutaré delante de Klaus, no es tu problema. Aunque podría considerar mantenerla con vida a ella y a la gente que está aquí si tú colabora.

—Ah pero qué amable —se burló ella. Ese tipo era insufrible.

—¿Qué quieres? —preguntó Vincent.

—Eres el brujo regente de New Orleans, eres fuerte. Y solo tú podrás hacer lo que quiero. Necesito que encuentres la ubicación de lo que queda de la madera del roble blanco —Caroline intentó mantenerse serena. Se decía que había gente que tenía aquella madera para matar a Klaus, pero ahora se daba cuenta que solo eran rumores. Ahora ese tipo estaba ahí porque quería encontrarla. Eso no podía pasar, significaría el final de Klaus.

—No… —dijo despacio. Caroline retrocedió e intentó huir, pero Cortés la cogió del cuello y la lastimó. Soltó un grito, el miserable se estaba aprovechando de su debilidad, nunca podría ganarle así.

—Y te sugiero que no tardes mucho —Caroline sabía que Vincent no le importaba ella, pero si la gente que estaba ahí. Eran más de treinta personas que podrían morir si él no colaboraba. Lo peor es que ahora su vida dependía del éxito de lo que hiciera el brujo.

Vincent no necesitó más presión, no tenía alternativa que hacer lo que Cortés le pedía. Caroline lo vio intentarlo una y otra vez, pero no tenía éxito. Eso empezaba a preocuparla, y Cortés empezaba a perder la paciencia. Si las cosas no iban como planeaba, quizá empiece a matar gente pronto. Y quizá la primera sea ella.

—¡Ahhhh! —gritó Vincent de dolor. La nariz le sangraba, eso no estaba yendo nada bien. Caroline sabía como funcionaban esas cosas, por años vio a Bonnie esforzarse con la magia y la vio sufrir cuando el esfuerzo era mucho.

—¿Has visto algo? —le preguntó Cortés.

—No, los ancestros no quieren decirme nada, ¿es que no lo entiendes? ¡Ellos no van a ayudarte! No ayudarán a ningún vampiro.

—Entonces si existe —dijo Cortés sonriendo de lado—. Inténtalo otra vez, tienes que hacerlo. O ya sabes quienes pagarán las consecuencias.

—No lo logrará —dijo Caroline—. ¿No te das cuenta? ¡Es demasiado para él!

—Lo… lo intentaré una vez más —dijo tembloroso. Vincent siguió intentándolo, Caroline rogaba internamente para que Klaus llegara pronto. No quería que Vincent le diera a Cortés la ubicación de la madera, tenía que evitar que eso pasara. Ahora el cuerpo de Vincent temblaba, apenas pudo sostenerse en la silla y cayó al puso mientras la sangre salía de su nariz. Caroline corrió a socorrerlo, el brujo no iba a sobrevivir.

—¡Basta! ¡Vas a matarlo! No te servirá de nada —Cortés dudó un momento. Él sabía que si moría Vincent iba a ser imposible encontrar a alguien más que la ayude. En ese momento escuchó que alguien se acercaba. Cuando Caroline levantó la mirada sintió como si el alma le volviera al cuerpo. Era Klaus.

—Bien dicen que cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta —se burló el híbrido. La miró, él parecía más tranquilo de verla—. ¿Estás bien? —le preguntó y ella asintió.

—Están bajo compulsión —le avisó, porque en cuanto Klaus se acercó a Cortés, los hombres se pararon a amenazar con su cuchillo a la gente inocente.

—Supongo que piensas que al fin podrás a cambiar conmigo.

—Definitivamente tú no sabes perder, Klaus Mikaelson. Puedo arrancarle el corazón a tu querida novia en un abrir y cerrar de ojos, y tú no podrás hacer nada para impedirlo.

—Sigue fanfarroneando, que yo podría hacerlo ahora mismo —Caroline en ese momento pensó en encontrar una manera de huir, no quería estar en medio de la pelea de esos dos. El único objetivo de Cortés era matarla para hacer sufrir a Klaus, no podía quedarse ni un segundo más.

—Entonces, adelante —se burló Cortés—. Mátame, y mata a toda esta gente conmigo —ella miró a Klaus. Una mirada que significó mucho. No lo hagas, no mates a esta gente inocente, Klaus. Te conozco, eres mejor que eso. No mates a nadie porque me amas. Y eso pareció hacer dudar a Klaus un instante.

—Vas a arrepentirte de venir aquí —le dijo Klaus. Notó que esbozaba una sonrisa, parecía que él ya había decidido que hacer. Caroline no pudo decirle nada cuando en no más de tres segundos, Klaus se movió con rapidez y les rompió el cuello a todos los que amenazaban a la gente con los cuchillos. Una jugada arriesgada, sacrificar a unos pocos para salvar a los demás. No le gustó aquello, pero reconoció que no hubo alternativa. Apenas hizo eso, Cortés estuvo a punto de írsele encima. En serio que casi la atrapa, pero entonces intervino alguien más. Cuando se dio cuenta, Damon había entrado y la llevó a un lado para evitar que Cortés la coja. Klaus se adelantó y cogió una madera y se la clavó a Cortés en el pecho bastante cerca del corazón. El vampiro gritó, ya lo tenía en sus manos.

—¡Sácala de aquí! —le ordenó Klaus a Damon y este asintió.

—Klaus, él quería que Vincent averiguara donde está el resto de la madera de roble blanco —le advirtió antes de irse. Klaus asintió, luego ella y Damon salieron con rapidez del lugar. Estaban a salvo.

Después de todo un día de tensión, al fin se sentía tranquila. Respiró hondo, sabía que Klaus se hacía cargo de la situación y que Vincent nunca obtuvo la ayuda de los ancestros. Aún así no quería dejarlo solo, puede que en ese momento solo Cortés estuviera ahí, pero según el hechizo en el mapa, todos los enemigos de Klaus dispersados por el mundo iban por él en ese momento para matarlo.

—Damon, dame tu celular.

—¿Para qué?

—Voy a llamar a Rebekah, le avisaré que ya está todo bien.

—¿Y qué más?

—Y que vengan a apoyar a Klaus, no sé. Quiero ayudar en algo, esto ha sido todo un lío.

—No ha sido "un lío". Te secuestraron, ese tipo quería matarte solo para molestar a Klaus —dijo él irritado—. ¿Acaso no está claro que ese miserable solo te pone en peligro?

—Ya sé, Damon. No tienes que explicarme nada que no soy una cría. Cuando decidí quedarme aquí era consciente de los riesgos.

—Y aún así no te importó —volvió la mirada hacia él. Hablaba decepcionado, y al verlo a los ojos lo notó también. Estaba triste—. Sabías que tu vida corría riesgo, pero decidiste quedarte aquí con él a pesar de todo. Su familia nos dañó a todos en Mystic Falls, pero parece que ya lo olvidaste.

—No lo he olvidado, Damon. Lo he perdonado. Y la verdad no sé a dónde quieres llegar con esta conversación.

—Si lo sabes —se acercó a ella. La tomó del mentón, la mirada a los ojos. La miraba suplicante—. Que te amo, nunca dejé de hacerlo. Te alejé de mi para salvarte del peligro, no quería lastimarte. Esa es mi verdad, y sé que tú aún sientes lo mismo por mí.

—Damon… —No sabía qué decirle. Sabía que esa era la verdad, que era lo que él sentía. La amaba y la protegió. Pero, ¿qué sentía ella por él? ¿Aún lo amaba? ¿Aún quería volver a su lado? Por mucho tiempo fantaseó con eso, que él volvía y las cosas eran como antes.

—Ven conmigo, vámonos de aquí ahora. Los Mikaelson están ocupados con sus problemas, que son muchos, ya lo notaste. Este lugar es un infierno, hay enemigos por todos lados y todos quieren dañar a Klaus. Ese Cortés ha sido el primero, pero vendrás más y lo sabes. ¿Podrán mantenerte a salvo de todos? Si sigues aquí no durarás más de una semana.

—Damon, no puedo abandonarlos ahora. Ellos me necesitan.

—Ellos no te necesitan. Ellos te usan. Tú no eres parte de esa familia. Esa niña no te necesita, ni los hermanos Mikaelson, ni nadie. Sálvate, ven conmigo.

—Cállate, no sabes lo que dices. ¡Claro que Hope me necesita! Llevo varias semanas cuidando a esa niña, yo la dejé sin madre, ¿cómo puedes decir algo así?

—Entonces vámonos con esa niña. Tienes razón, es una bebé inocente que no merece ser parte de esa familia de maniáticos, si te importa la niña pues nos vamos con ella.

—Deja de decir estupideces, los Mikaelson son su familia. Y son la mía también.

—Estás loca…

—¡No lo estoy! —gritó irritada—. Es mi decisión, Damon. Ellos me necesitan ahora, conozco los riesgos. Soy consciente de todo, y aún así me quedo con ellos.

—Con él —dijo dolido.

—Si, con él —admitió sintiéndose mal de pronto. No quería hacerlo sufrir, ahora que sabia que todo fue un truco para alejarla y salvarla de la cazadora ya no podía odiarlo. Es cierto, ya no estaba resentida con él. Pero tampoco sentía lo mismo, y por eso no podía irse de New Orleans con Damon. Ya nada iba a ser igual entre ellos dos.

—Solo dime una cosa, Caroline. ¿Lo amas? ¿Amas a Klaus?

—No voy a contestarte eso.

—Te hice una pregunta.

—¡Y yo te dije que no te iba a contestar! ¿Para qué quieres saberlo de todas maneras? ¿De qué te va a servir?

—Porque me estás dejando por él, y quiero saber si lo amas. Nada más.

—Yo no te estoy dejando por nadie, Damon. Tú te fuiste, no importa si tus intenciones fueron buenas. Te fuiste, me dejaste. Yo era libre, aún lo soy. No te he dejado, no hables de esa manera que no vas a lograr que me sienta culpable de algo que no soy. Y si, lo estoy eligiendo a él, no necesitas saber más.—Mientras hablaba sentía que las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Aún, en alguna parte de su corazón, había algo para Damon. Aún recordaba lo feliz que fue a su lado, lo mucho que lo amó. Pero también admitía con dolor que aquello que tuvieron ya era parte del pasado. Que ya no podía volver con él cuando tenía a otro en el corazón. Se acabó, ahora si de verdad. Dolía, pero así eran las cosas.

—Si lo amas… —dijo él despacio. Como si apenas cayera en cuenta de eso, como si él lo admitiera incluso antes que ella. Quizá para Damon eso era una especie de sentencia de fin.

—Lo siento —le dijo ella. No quería que sufra, ya habían tenido suficiente de eso.

—Ámalo si quieres, Caroline, eso no importa. Puedes amarlo, pero no te quedes aquí. No podré soportar que te maten.

—No lo harán. Él nunca dejaría que me hagan daño.

—Quizá él no esté, Caroline. Viene una legión de vampiros antiguos a matarlo —se le hizo un nudo en la garganta, porque Damon tenía razón. Aún estaba esa maldita profecía, los Mikaelson caerían. Klaus caería. Y no quería siquiera pensar que quizá quedaban pocos días para tenerlo a su lado.

—Por eso mismo me voy a quedar. Y no intentes impedírmelo.

—Caroline…

—Por favor, Damon. Acabemos bien esto, ¿sí? No insistas, es mejor —él parecía resignado. Asintió despacio, no quería dejarla ahí.

—Te esperaré el tiempo que sea necesario, Caroline. Si me necesitas, no dudes en llamarme.

—No será necesario.—"Porque él ya me esperó, y aquí estoy. Él dijo que vendría a buscarlo, y si vine. No me iré de aquí", se dijo segura.

—Te amo, nunca lo olvides.

—No lo haré —Damon se inclinó a ella. Pensó que iba a besarla, pero solo le dio un suave beso en la frente antes de desaparecer. Quizá para siempre. O quizá lo vería pronto. Caroline solo suspiró. Ya había elegido. Y ahora tenia que volver con Klaus.

Lo primero que hizo fue volver al Rosseau esperando encontrar ahí, pero al llegar ya no había nadie. Klaus se encargó de echar fuera a todos los inocentes que corrieron peligro por la culpa de Cortés. Y tampoco estaba Vincent, así que supuso que el brujo logró salvarse. Lo que no sabía era si en algún momento los ancestros le revelaron la ubicación del roble blanco, ojalá que no. Eso estaría terrible.


Caroline decidió ir a la mansión, si quizá Klaus estaba en algún lugar sería ahí. Y si estaba en otro lado, igual volvería. Era su hogar después de todo. Al llegar fue directo a ver a Hope. La pequeña estaba tranquila, Rebekah jugaba con ella. Su "cuñada" terminó dándole un abrazo y le pidió que no salga al menos durante el día. Sabían que más enemigos de Klaus iban en camino y que llegarían en cualquier momento. Peor ahora que sabían que existía madera de roble blanco en New Orleans.

Después de pasar un rato con Hope, Caroline salió de la habitación un momento. Había sido un día largo y peligroso, por poco aquel vampiro la mata. Estaba decidido a eso, y así como él, vendrían otros. Muchos que sabían que matándola a ella lastimarían a Klaus, que la usarían como parte de su venganza. Aún así se quedaría, ya se lo dijo a Damon, había hecho su elección. Pensar en eso la hacía sentir intranquila. ¿Por qué decidió quedarse? ¿Por qué los Mikaelson la necesitaban? ¿En verdad los sentía como su nueva familia? La protectora Freya. La sarcástica y cariñosa Rebekah. El elegante Elijah. La dulce Hope. Hasta Kol, quien acababa de aparecer. Pero, sobre todo, Klaus.

Klaus. Aquel que alguna vez le dijo que estaba llena de luz. Que la hizo sentir diferente, especial, única. El que le dijo que la esperaría el tiempo que sea con tal de estar a su lado. El que quería ser su último amor. El que era capaz de amarla con todo de sí, sin siquiera importarle si le correspondía o no. El que daría cualquier cosa por ella, el que era capaz de cambiar para bien si eso la hacía feliz. Por él se estaba quedando. Tardó mucho tiempo en entenderlo y ya no había marcha atrás. Lo amaba, y no importaban los riesgos. Se quedaría siempre a su lado.

Apenas acababa de aceptar del todo aquel sentimiento, cuando lo escuchó llegar. Él iba caminando lento a su habitación. Cansado quizá, preocupado también. Caroline le salió al encuentro, se le encogió el corazón de verlo tan desolado, sintiendo que el peligro llegaba por él y los que amaba. No iba a justificarlo, no era un santo, nunca lo fue. Hizo el mal, arruinó a mucha gente. Y quizá podían decir que después de todo lo que ocasionó no merecía ser feliz, pero eso a ella no le importa. Caroline sabía que él podía cambiar, que podía ser un buen padre, un buen hermano. Un amante. No le importaba que todos crean que era un monstruo. Era la persona que amaba.

Cuando Klaus levantó la mirada, ambos se quedaron viendo en silencio un instante. Fue Caroline la que corrió hacia él, lo abrazó fuerte y buscó sus labios desesperada. Lo besó, aunque ya se habían besado tantas veces, esa fue la primera vez que se sintió de esa manera. Era intenso, era fuego, era entrega. Era todo. Y quizá Klaus lo sintió también, porque correspondió de la misma manera, la apretó contra su cuerpo. Apenas se separaron un poco, él buscó su mirada. Ella sentía que se le iba a salir el alma del cuerpo, no podía más con lo que sentía.

—¿Y Damon?

—Se fue.

—¿En serio?

—Si… —murmuró ella. Él parecía confundido, ¿qué pasaba por su cabeza?

—Te quedaste.— Oh, era eso. Estaba sorprendido, como si no se la creyera. Quizá por un instante pensó que lo abandonaría, que se daría cuenta que no le convenía quedarse con él, que lo mejor era irse de ese lugar donde corría tanto riesgo.

—No iba a abandonarte ahora.

—Pero…

—Te amo, Klaus —lo dijo al fin. Y en serio nunca se sintió tan libre como en ese momento. Pasó años negándose esa verdad, intentando apartarlo de sus pensamientos, sacarlo de su corazón. Pero ya no podía mentirse más, era hora de admitirlo con todas sus letras—. Te amo —repitió. Sonrió, se dio cuenta que las lágrimas habían escapado de sus ojos. Klaus la miraba sin reaccionar, como si jamás se hubiera esperado algo como eso—. Por favor, dime algo.

—Tú… me amas —decía sorprendido. Quizá él siempre lo supo, pero no era hasta ese momento, hasta escucharlo de sus labios, que todo se hacía real. Se amaban, ya no iban a negarlo más.

—Si, te amo. Y me voy a quedar contigo, ¿tienes algún problema con eso? —intentó bromear, quería que se relaje. Que sonría. Pero para él ese era un momento de otro mundo, algo que quizá nunca imaginó iba a pasar.

La respuesta de Klaus fue una suave caricia en su mejilla, luego tomó despacio su mentón y volvió a besarla. Caroline cerró los ojos, se sentía tan feliz en ese momento que no le importaba nada más. No quería que él viva diciéndole todo el día que la amaba, no necesitaba aquello. Lo sabía, y también sabía que lo iba a demostrar siempre.

Pero en ese momento quería estar con él en todos los sentidos. Sentir que la lleve a la gloria. Tampoco era necesario decírselo, él lo sabía. Él también la deseaba. Rápido, usando la velocidad de vampiros, llegaron a su habitación. Y aunque podían quitarse la ropa en cuestión de segundos, Caroline prefirió ir lento. Le dio un empujón hasta tumbarlo en la cama, él la quedó mirando a la expectativa con los ojos llenos de deseo mientras ella se quitaba la ropa. Fue lento, quería provocarlo, volverlo poco por ella. Lo logró. Klaus no pudo resistirse más a ella y la tumbo en la cama, ahora estaba bajo él. Sonrió, ese día quería que él disfrutara mucho. Que la gozara entera. Que haga lo que quisiera con su cuerpo.

Se lo entregaba, no prestado, era un regalo para siempre. Su alma, su corazón, su cuerpo, su vida. Todo se lo daba a él, y sabía que Klaus ya le había entregado todo eso hace mucho. Que al fin se tenían el uno al otro por completo.

Ojalá nadie esté escuchando lo que pasaba dentro de ese cuarto. Cosa imposible en realidad. Todo temblaba. Todo era irreal y glorioso. Klaus y Caroline juntos para la eternidad.